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Lisandro Aristimuño, 2 entrevistas de esta semana.

"No me sale ser malo y rockero"

Paso a paso, disco a disco, este cantautor de Río Negro fue creciendo en popularidad. Ahora presentará su nuevo álbum en el Gran Rex, donde antes subió como invitado de Fito, Drexler y Dread Mar-I.Durante la última década, el nombre de Lisandro Aristimuño pasó de ser un secreto a voces a ser una figura reconocida por un público cada vez más masivo.

Lisandro Aristimuño, 2 entrevistas de esta semana.

Por: Marcelo Fernández Bitar

También por colegas como Teresa Parodi y Liliana Herrero, que grabaron temas de su primer álbum Azules turquesas, de 2004. Otros artistas, como Fito Páez, Jorge Drexler y Dread Mar-I, lo invitaron a sus recitales en el Gran Rex, el mismo teatro donde ahora tocará el propio Aristimuño para presentar su último disco, Mundo anfibio.
Justamente este quinto disco es un paso importante en su carrera, no sólo por consolidar gran parte de su trabajo casi artesanal, independiente y de autogestión. Además, y esto es lo realmente importante, se trata de un álbum bello, original e impactante desde su tapa misma, una pintura de Gabriel Sainz. Si hubiera que calificarlo o buscar comparaciones, sin dudas que ya es uno de los mejores discos del año y de esta década que recién empieza, y candidato a convertirse en uno de los grandes trabajos del rock argentino.
Antes de iniciar una gira por el Sur que desembocará en el Gran Rex de este viernes, Lisandro Aristimuño contó detalles de la producción y del concepto de sonido, donde suena más rockero que nunca, sin dejar de lado los arreglos orquestales ni el uso de electrónica.

–Un disco con una tapa tan linda no puede ser feo. ¿Cuáles recordás que te hayan gustado?
–Hay un montón de tapas que me gustaron cuando aparecieron. Últimamente me está gustando mucho la estética que están usando las bandas de Islandia, como Sigur Ros, que es medio sepia y amarillenta, vieja. La tapa de Mundo anfibio, por ejemplo, está inspirada en Animals de Pink Floyd, con las chimeneas. De hecho, se la mostré a Gaby para que vea eso, además de cosas de El Bosco. Quería que hubiera muchas situaciones dentro de un mismo cuadro.
–Después del último disco hubo muchos viajes y colaboraciones con otra gente. ¿Cómo desembocan esas experiencias en este álbum?
–Un poco la idea con Mundo anfibio era cortar con una parte mía de influencias folklóricas. Mi lado argentino venía más por ahí, porque las otras influencias eran sobre todo de afuera. Y tuve la necesidad de investigar un poco más sobre el rock argentino y poder mostrarme con mi música en la faceta argentina pero desde ese lado, con esa influencia. Toda mi vida escuché rock nacional, pero nunca lo incorporé como influencia en mis canciones, salvo quizás por el Flaco para usar la poesía para expresarme en letras. Pero no sé si en lo musical. Entonces quise que este disco tuviera esa crudeza del rock. Por eso empecé a escuchar discos de otra manera, porque toda mi vida escuché discos de rock nacional, pero nunca pensando en ver los detalles e investigar qué sonidos estaban usando. ¡Bien de obsesivo: viendo las fechas de grabación y lo que estaba pasando en el país en esa época! Un laburo de investigación más periodístico.
–¡Te pusiste a bucear!
–Sí. Por eso el disco tiene que ver con la influencias de Canción animal y Ciudad de pobres corazones.
–Escuchándolo, hasta pensaba en lo ambicioso y bello de El amor después del amor.
–Es que estoy menos contaminado. (Risas) Quizás un arreglo sucio mío puede sonar dulce, porque no soy un tipo tan sucio. No me sale ser malo y rockero. ¡Es como si fuera un chiste de Capusotto: un tipo que es tan dulce que no puede ser rockero! (risas) Pero intenté mostrar también una parte más pop, si se quiere, de mi corta carrera.
–En el disco se combinan orquestas, electrónica y rock.
–Me gusta manejar el audio cinematográficamente, sobre todo por el tema de las fronteras: el mundo tiene fronteras, pero la música no. ¡Y con Internet menos! Me gusta conseguir audios raros e insertarlos. Soy mucho de grabar audios afuera, todo el tiempo. Cuando voy de gira grabo charlas, sonidos de la naturaleza. O ahora el audio de mi bebé en la panza. Eso está en el disco camufladísimo. Mi hija que nació este año hizo coros desde la panza.
–Con este álbum y el hecho de tocar en un gran teatro, ¿te asusta hablar en las notas de "haber llegado" o es un escalón más?
–Lo bueno de la independencia y la autogestión es que vas viendo todos los pasos, los pisás vos y hacés vos los escalones. A mí me ofrecieron hacer el Rex hace dos años atrás y dije que no, que faltaba un escalón. Es distinto cuando sos el albañil de tu propia casa, porque ya sabés que la piscina se pone después que las ventanas y los remaches. No le temo a eso porque es parte de lo que tenía que venir.
–¿Te cuesta delegar?
–Es un tema delegar. Yo soy un tipo al que no le resulta fácil delegar. Soy muy bueno encontrando la gente indicada, como el que armó el equipo de Brigada A, pero no puedo delegar. Yo cumplo esa función de dirigir y hacer los arreglos y todo. Soy solista y las ideas son algo que salen muy de adentro mío.
–Hacer todo vos también puede ser como una “deformación profesional” por haber hecho todo de manera independiente, a solas.
–Está buenísimo lo que decís, porque tiene mucho que ver con andar solo por la selva y te queda el instinto de que no tenés a nadie atrás. Y eso que ahora tengo a una productora asociada y aun así me cuesta delegar, pero está planteado desde el vamos que no se hace nada sin mi supervisión. Tengo la suerte de que sea así. Esperé quizás en su momento, porque si me hubieran agarrado antes no podría hacer las cosas así.
–¿Por qué Mundo anfibio?
–La temática del disco era mi hija, la panza, el agua, todo ese proceso. Me volvía loco pensar que ella estaba ahí adentro. También tiene que ver con la falta de consideración hacia la naturaleza. Todo lo que estamos viviendo hoy. Tenía ganas de contar eso. La minería, la iglesia y el hecho que no vamos a tener más espacio y vamos a tener que hacer casas bajo el agua. Un apocalipsis raro. «


El arte de tapa de mundo anfibio, digno de vinilo
Artesanal y prodigioso. El universo que encierra Mundo anfibio aparece retratado por el artista plástico Gabriel Sainz en el arte de tapa, cuyo nivel de detalle es digno de un vinilo. De hecho, se hicieron algunas reproducciones del tamaño de un LP, para sacarse las ganas.
"Es un laburo muy lindo –dice Lisandro– el que hizo Gaby, medio en conjunto. No quería laburar sin que yo le tirara algunas pautas e incluso me pidió el demo con las canciones del disco. Lo escuchó mucho, y también le di algunas fotos mías de lagos y paisajes, porque a lo largo de toda la gira anterior estuve pensando en el concepto de este disco.
–¿Cómo se conocieron?
–Él hizo toda una muestra de obras inspiradas en Las crónicas del viento, y ahí lo conocí. Me mandó mails preguntando si podía usar la música en la muestra y le dije que sí. Cuando me mandó por mail algunas fotos de sus cuadros, sentí una afinidad muy grande, vi mi música con esa estética y me pareció muy interesante.


Componer sin sufrir ni torturarse
La dinámica de trabajo. Lisandro Aristimuño dice que ya tenía todos los arreglos de Mundo anfibio terminados antes de entrar al estudio. ¿O sea que hizo todo mientras estaba de gira con Las crónicas del viento?
"Siempre hago eso –cuenta– porque cuando sale un disco ya estoy pensando en otro. No es un esfuerzo, eh, sino que es como un instinto. Tengo la suerte de no padecer mi oficio y disfruto cuando hay que preparar un álbum nuevo. Incluso me pongo ansioso para que salga un disco, para que se me vacíe el cuerpo, para volver a cargarlo. ¡Puedo borrar el rígido y cargarlo con otras cosas! Disfruto mucho del hecho de la edición, pero no para ver la repercusión, sino porque me vacía a mí".
–Siendo tan perfeccionista, ¿Cuándo sale el disco estás realmente conforme?
–¡Súper conforme! Con ningún disco me pasó de arrepentirme de algo o quedar disconforme. Me encanta cómo están y hasta hay discos donde han quedado temas afuera y no los voy a tocar nunca. Son de ese momento y por algo no quedaron.


Los invitados
Amigos y colegas. Cada uno de los invitados especiales de Mundo anfibio aporta su talento y estilo a las canciones en que participan. Ricardo Mollo, por ejemplo, canta en "Un dólar, un reloj y una frase sin sentido."
–¿Cómo surgió invitarlo?
–Lo conocí en FM La Tribu, cuando tenía mi programa, y una vez nos vimos en una charla pública en la Universidad de Comunicación Social. Justo él estaba saliendo de las multinacionales y queriendo sacar su disco en forma independiente, charlamos y quedamos con buena onda. Me pareció que encajaba justo para estar en un tema así. Qué mejor que un ex-Sumo diga: "El mundo alrededor se quedó sin testigos, la prensa se olvidó de contarlo en su titular". Pensé en su voz para el tema, y cuando fue al estudio le dije que hiciera lo que quería, y me dijo: "No, producime, decime lo que tengo que hacer". ¡Yo no lo podía creer!
–También está Boom Boom Kid.
–Sí. Me encanta su voz y soy un fan suyo, cosa que nadie puede creer. Me gustan sus ideas, su ideología y su forma de trabajar. Siempre le pispeaba los pasos, y de pronto se comunicó conmigo porque se enteró que era independiente y de autogestión, y entró por ahí el vínculo, por lo ideológico y militante. Nos empezamos a mandar mails e intercambiar contactos. A la canción "How Long?", que dice "¿O acaso también se paga?", le quise poner al punk más hermoso, dulce y a la vez guerrero. Ya nos habíamos invitado en vivo. Me parece un tipo re interesante y me encantaría hacer un disco juntos. Me encanta desestructurar al que me escucha. Sacar los prejuicios que hay con los músicos y con la música. No lo hago de loquito, sino que me encanta jugar con eso.
–En "Donde vayan tus pies" canta Hilda Lizarazu.
–Sí. Es muy lindo que de pronto te encontrás con gente que dice que te escucha en su auto. Me dijo: “Tengo 39º en el auto y no lo puedo sacar.” Es muy llamativo que lo diga gente de otros estilos, y por eso disfruto no pertenecer a un estilo o género musical. Para mí, que me inviten Teresa Parodi y Fernando Ruiz Díaz o Dread Mar-I es como un golazo, el premio mayor, porque son colegas. Hay músicos de quienes yo cantaba sus covers y quería imitarlos, así que imaginate la felicidad que me da. El tema con Hilda tiene una cosa muy Charly, medio Lennon también, y le mandé un mail a ver si quería participar. Es como un hada madrina que entra en la mitad del tema, como si fuera Campanita.

Fuente: Diario Tiempo Argentino, 01.08.2012

Lisandro Aristimuño: "Lucho por contemplar el silencio"

El cantautor habla de “Mundo anfibio”, el disco que presenta en el Gran Rex. Dice que su sonido ha mutado por otro más crudo y carnal, sin dejar de ser optimista.

POR JUAN MARIA FERNANDEZ

lisandro aristimuño


Lisandro Aristimuño presenta “Mundo anfibio”

Cuando era pequeño, Lisandro Aristimuño pasaba las tardes con su guitarra criolla, sacando temas de los Beatles en una habitación perdida en Viedma, Río Negro. Tal vez por eso, por su origen patagónico, su música fue una bocanada de aire fresco para la escena porteña. En sus composiciones, el cantautor trenza, con una naturalidad sorprendente, ritmos folclóricos, samplers , incursiones electrónicas y toda una tradición de rock nacional.

El quinto disco de Aristimuño, el flamante Mundo anfibio , muestra su costado más roquero. Según él mismo dice, sus canciones están atravesadas por una misma problemática: la capacidad humana de adaptarse a la hostil vida moderna y sus continuas agresiones a la naturaleza. Aunque algunas de sus letras delinean un paisaje desolador (“todo se hunde en la noche”, canta en la intensa “Elefantes”), Aristimuño sostiene que el disco no tiene un tono pesimista. “Por el contrario, me parece que es muy realista y positivo. La posibilidad de mutar y revertir lo que el sistema dicta, no implica una mirada pesimista, sino más bien esperanzadora”, dice. Esta semana, el músico se presentará en Buenos Aires en el marco de la Gira Anfibia, que lo llevará a tocar en varias provincias, Chile y Uruguay.


¿Qué determinó el sonido de “Mundo anfibio”?

El sonido del disco es, quizás, más directo, crudo y carnal que el de mis trabajos anteriores. Quise poner en primer plano las guitarras eléctricas, la batería y las cuerdas. Intenté que el sonido fuera preciso y parejo y que el mensaje lírico no tuviera dobles sentidos. Cada disco tiene su personalidad. El capítulo dos de Las crónicas del viento , mi disco anterior, tiene un audio limpio y acústico, sin contaminación, porque su temática es la niñez. En este caso, es música para un mundo anfibio.

¿Por qué quiso hacer un álbum atravesado por un mismo concepto?

En los cinco discos que llevo editados, traté de trabajar bajo una temática o un concepto que funcione como un disparador de ideas, letras, sonidos y ambientes. Me gusta pensar los discos como películas y generar historias, personajes y una escenografía para cada canción. Me resulta más fácil verlo desde ese lugar. En este trabajo tuvo mucho que ver el nacimiento de mi hija Azul. Pude cerrarlo contemplándola en su hábitat acuático. A lo largo de la vida, uno va madurando, creciendo y mutando, y eso repercute en el oficio. Es este caso, en mi música.

¿Le resulta más fácil escribir con una idea clara en mente?

Sí, claro. Cuando tenés una idea y un guión –por decirlo de alguna manera– es más cómodo escribir, elegir los invitados, producir, etcétera. En Mundo anfibio la temática que quería abordar era muy clara: la mutación del hombre en el sistema. De todos modos, escribir las letras me demanda muchísimo. Es el campo en el que menos capaz me siento y, a veces, sufro mucho por no encontrar el vocabulario adecuado. Para escribir algunas canciones, puedo pasar meses tachando, reescribiendo y tirando papeles.

En las letras repiten imágenes de animales, ¿hay alguna razón?

Estoy en contra del asesinato de animales, de los mataderos, de la explotación. Cada día me estruja más el corazón la falta de humanidad del hombre en su trato con la naturaleza y con los animales en particular. Incluir figuras de animales deformados es una manera de manifestarme y colaborar desde mi pequeño mundo. La idea es dar alerta de todo el mal que le estamos haciendo a nuestro planeta.

¿Cambia de algún modo su percepción de los temas al tocarlos en vivo?

Siempre intento que, en vivo, los temas tengan una vuelta de rosca más y suenen aún más directos. En los recitales hago versiones de mis canciones porque me gusta que suenen diferentes al disco. Si quisiera que suenen iguales, preferiría que se escuchen las grabaciones, que tienen un arduo trabajo de estudio encima. Sobre el escenario, uno vive más que nada la comunicación con la gente. Creo que eso es lo que más me importa y lo más valioso de mi oficio como músico.

Viniendo de Río Negro, ¿tiene algún significado particular emprender una gira por las provincias?

Siempre intenté llegar a todo el país. El hecho de ser del interior me ayudó a construir esa visión. La gira de Mundo anfibio involucra a un staff de 15 personas: hay ocho músicos en escena, más los técnicos y los responsables de los efectos visuales. En los conciertos de esta gira vamos a contar con el equipo completo; no vamos a tocar con formaciones reducidas. Habrá cuerdas, percusión, muchas máquinas, guitarras...

Vive en Buenos Aires desde hace ya una década, ¿qué cosas ganó y perdió en este tiempo?

Acá atravesé muchas situaciones distintas y creo que todas fueron muy positivas. Lograr vivir de mis canciones es algo muy importante. Conocer de tan cerca a músicos que admiro y aprender de ellos, también es maravilloso. Quizás perdí un poco de calma, pero lucho todos los días por bajar la marcha y poder contemplar el silencio.

Fuente: Revista Ñ, 02.08.20012

1 comentario - Lisandro Aristimuño, 2 entrevistas de esta semana.

@Tynchuz
muy buenas las entrevistas!! hace un par de dias encontre a este chabon, y no paro de escucharlo!