¿Qué pasó con los viejos salones de videojuegos!



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Pese a que aún quedan algunos salones recreativos, aquí o allá, no son más que una minúscula parte de los que llegaron a haber en su cúspide, a principios de los 80. La muchachada se reunía allí para disfrutar de los últimos videojuegos, socializar un poco y, en definitiva, hacer algo sin que los padres les controlasen.

La llegada de consolas tan potentes como cualquier arcade a mediados de los 90 les condenó a extinguirse. ¿Y dónde acabaron todos aquellos preciosos muebles? Algunos, en manos de aficionados. Pero la realidad es que la mayoría de ellos acabaron desguazados.



xbox 360

Estadísticamente, la edad dorada de estos salones a nivel mundial fue a principios de los 80. Fue entonces cuando juegos como Space Invaders, Pac-Man o Donkey Kong batieron records de fabricación. La venta de cada uno de estos arcades, normalmente por unos 2000$, suponía para los fabricantes unos ingresos muy apetitosos. Estos elevados precios hicieron que, en Europa, se optasen por muebles “genéricos” cuya placa era cambiada, adecuándose los precios a los de una economía más débil que la americana o japonesa.

El ‘gran crash’ de los videojuegos’ dejó seriamente tocada la industria en los EEUU. La saturación del mercado de estos terminó por explotar, y entre 1983 – 1984, miles de fabricantes de videojuegos tuvieron que bajar su producción o cerrar. La apatía, por lo visto, se contagió al sector de las maquinitas. Los videojuegos se habían pasado de moda en el país más rico del mundo, y toda la industria notó este cambio, con salones recreativos cerrando por todas partes.

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En América, esta industria jamás se recuperó, aunque muchas aguantaron el chaparrón, y se crearon franquicias como la pizzería-salón de arcades Chuck-E-Cheese. En Europa y Japón, sin embargo, la situación fue diferente. La irrupción de los ordenadores personales baratos (Spectrum, Amstrad, C64) en Europa y de la primera consola de Nintendo, en Japón, mantuvo el interés.

Pero el declive llegó igualmente a mediados de los 90, momento en el que el proceso ya era irreversible. Los jugadores se quedaban en casa para jugar, así que los muebles tenían que ser cada vez más grandes y espectaculares. ¿Y qué hicieron los propietarios? Pues en la mayoría de los casos… tirarlas y desguazarlas.

commodore 64

Muchas de estas fueron “destripadas” para conseguir piezas de repuesto, siempre útiles. Así que los muebles fueron destrozados para poder aprovechar dichos componentes. En otros, sencillamente, quedaron cogiendo polvo y pudriéndose en almacenes hasta que hubo que hacer sitio y las destrozaron. Dada las altas tiradas de algunos modelos como ;Centipede;o Tempest;, su valor de coleccionista no era especialmente elevado.

En aquella época. Hasta principios del nuevo siglo, no comenzó la labor de “rescate” de los fans, aunque para entonces ya se habían destruido centenares de ellas. Los que en su día fueron chavales querían cumplir su sueño de tener una recreativa en casa y comenzaron a construir sus colecciones aprovechando el escaso valor que tenían los muebles en aquella época.

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Su labor restauradora suele ser bastante más meticulosa que la de Cecilia y su Ecce Homo, y exhiben sus colecciones en foros y ferias de retroinformática. Eso sí: es práctica común utilizar partes de otros muebles para dejar uno de ellos como nuevo, con lo cual las otras quedan también inútiles. Otros optaron por hacerse con una simple recreativa para aprovechar el mueble e instalar un ordenador en su interior.

Con la popularización del emulador MAME, es posible tener todos los títulos míticos en una sola máquina. Claro que eso de acercarse a echar cinco duros y ver el logotipo de Windows siempre es algo turbador…
Nintendo

Los recreativos sobreviven como pueden en occidente desde mediados de los 90, creando espectaculares despliegues para llamar la atención del jugador. Donde antes se alineaban decenas de cabinas con su mando y sus botones, ahora tenemos réplicas gigantes de coches, motos y ruidosas máquinas de baile para tratar de dar una experiencia diferente a las de las casas. Localizados principalemente en centros comerciales, quedan como testimonio de lo que en día fue el refugio de millones de jóvenes de todo el mundo.

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Aún queda, eso sí, algún salón que resiste de manera épica, ya más como tributo a una época y divertido museo. La sala Funspot Family Entertainment Center tiene una extensísima colección donde jugadores de todo el mundo se acercan para volver a encontrarse con una parte de su pasado y echar unas moneditas. O incluso tratar de batir algún record, como cuentan en la película ‘The King of Kong’.

¿Y Japón? Japón, como siempre, es otra historia, y allí siguen quedando salones a tutiplén, donde batir los últimos records tanto de los juegos de baile y música tan de moda en los últimos años como de disfrutar de algún matamarcianos old-school. A ellos les corresponde la labor de auténticos preservadores de esta tradición lúdica.

Más información en Pixfans, Zona Arcade, The Examiner y Gamefilia.




PORQUE DESAPARECIERON?

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Los salones de arcade fueron la cuna de los videojuegos, lugares donde grandes títulos vieron la luz y que se convirtieron en referencia para los jugadores. Pero aun con su magia estos locales son un negocio en decadencia. Y por mas que me entristezca esta situación (todavía recuerdo con nostalgia cuando jugué X-Men Vs Street Fighter en una pantalla gigante), no puedo dejar de pensar que estaba destinado a pasar. He aquí una lista de razones por las cuales los jugadores han abandonado lo que antes era su centro neurálgico.

Económicas:

A la larga, resulta mas económico adquirir un juego para una plataforma domestica que jugarlo en un arcade. Aunque el precio de un juego exceda por mucho el de una partida del mismo en un arcade, en el arcade tienes que pagar por cada partida en cuanto que por la versión domestica solo pagas una vez.. Solo piénsenlo: si dos jugadores deciden intentar jugar un juego 2 horas todos los días durante un año, pero uno se compra la versión domestica por 50 euros y el otro va al arcade todos los días y tiene que usar de 2 a 5 monedas por día, la cantidad total del gasto de este ultimo seguro supera los 50 euros gastados por el otro, quien de paso podrá repetir el proceso otro año a costo 0.

Mayores Opciones:

Las versiones domesticas siempre cuentan con varios añadidos que las vuelven mas atractivas que sus originales del arcade. Varios modos de juego, personalizar las opciones ( si quieres hacer eso en un arcade tienes que convencer al encargado de la tienda de que lo haga por ti, lo que yo nunca he visto que suceda) o la capacidad de guardar la partida y continuar donde te quedaste cuando quieras en lugar de empezar todo de nuevo en tu siguiente visita al arcade.

¿Qué pasó con los salones de videojuegos?

Menos Competencia:

¿Quién no tubo que hacer fila para probar un juego?, ¿quién fue a un arcade pensando en jugar x titulo y se quedo con las ganas porque uno o varios individuos literalmente no se despegan de la maquina?, ¿quién no estaba todo feliz jugando a un juego de pelea y en cuanto llevas algo de avance (o cuando a penas estas comenzando) viene otr@ ti@ a retarte, te consigue derrotar, y tu pierdes tu turno y tu moneda? A mi me pasaron todas estas cosas, y varias veces di media vuelta en la puerta del salón al verlo muy lleno porque sabia que me pasaría mas el tiempo compitiendo por la maquina que contra la maquina. En tu casa apenas tienes que competir contra tus familiares cercanos o compañeros de habitación, y con ellos puedes llegar a un acuerdo de horarios o jugar a 2 de común acuerdo ( como odiaba ese asunto de los retos, recuerdo un día a un tipo que no paro de meter monedas en la maquina hasta que me la robo).

Mas Comodidad:

En un arcade tienes que jugar de pie o en un banco que no necesariamente es cómodo, y de paso aguantar un montón de cacofonía que casi oculta el sonido del juego, especialmente de esos tipos que no entienden el concepto de tono moderado de voz. En tu casita puedes recostarte en el sofá, con u montón de bocadillos, en pijamas y con ningún otro sonido que no venga del televisor.

Perdida de Ventaja:
En este momento alguien dirá “ pero todo eso ya pasaba casi desde el inicio de los arcades y aun así mira cuanto duraron”. Es verdad, y la razón es que los arcades eran tecnológicamente superiores a las consolas, y las conversiones domesticas siempre eran inferiores técnicamente hablando, y en los tiempos de las 8 bits a veces ni tenían nada que ver con lo visto en los recreativos. Esta calidad superior hacia que los jugadores se olvidasen de los mayores incómodos para poder probar el juego en todo su esplendor. Esto se acabo con la llegada de las consolas de 128 bits, que estaban a par con los arcades y eliminaban su ventaja por completo. Los jugadores pensaron “si ahora el titulo es igual en ambas versiones, ¿por qué me molesto?. Y si no me creen , solo vean que la decadencia de los salones recreativos empezó con la llegada de esa generación de consolas.



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EL ultimo Adiós a los salones de arcade








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Creo firmemente que los emuladores son una de las mejores cosas que se pudieron crear, y el MAME es su expresión más gloriosa como bien expresó nuestro amigo Wertygol en su post festejando los 15 años de este maravilloso proyecto. A medida que el tiempo pasa, más y más máquinas se emulan, y las que ya están emuladas, se perfecciona su funcionamiento para que sea exacto, heredando incluso los mismos defectos que la máquina original poseía. Sin embargo hay algo que ningún emulador por más avanzado que sea jamás podrá igualar: el mágico y ruidoso ambiente de una sala repleta de arcades, lugares que debido a los avances de la tecnología desaparecieron casi por completo de la geografía urbana. Básicamente la cuestión es que las consolas actuales tienen mucho más poder gráfico y de proceso que los arcades, sumado al cambio de gustos y costumbres relacionadas al gaming, hicieron que estos lugares no tengan mucho sentido. Sin embargo se extrañan, y cómo. Recordemos un poco esas épocas gloriosas.


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Estos locales rebosaban de olor a humedad, neón multicolor, paredes oscuras, calor insoportable en verano y frío indescriptible en invierno, sórdidos galpones que acobijaban a miles de niños y adolescentes con el único deseo de gastar cantidades enormes de dinero jugando y muchas veces queriendo demostrar quién era el mejor, pero viendo la cara de tu adversario, nada de leaderboards, ni de achievements, ni online….en los salones de arcade todo era personal. La posibilidad de ser visto por muchas personas que se juntaban alrededor del juego en el que éramos expertos era el momento de gloria del gamer, sus 15 minutos de fama. Los cheats eran en aquella época sólo para elegidos, ya que antes de la existencia de Internet los trucos y las tácticas de los videojuegos sólo se difundían de boca en boca. Quiénes y cómo descubrían dichos trucos en una época en la que no existía Internet es todo un enigma.


Recordar las filas de arcades extendiéndose hasta el infinito ocasionaba una alegría difícil de describir y como era muy bajito su tamaño se multiplicaba, sintiéndome como si estuviera en una ciudad de altos rascacielos con pantallas, escena digna de Tron, la original de los 80 y no esa porquería que hicieron recientemente. Conocí mi primer salón a los 6 años (hoy tengo 36) y si pasaba frente a uno era obligación para mi entrar en estos pequeños países de sueños eléctricos, maravillándome ante cada juego nuevo que aparecía (en ciertas épocas había varios juegos nuevos por semana) e intentando grabar en mi memoría cada sonido, cada pixel, cada jugada, para después reproducirlos en mi mente y “jugarlos grátis”, intentando burlarme inútilmente del sistema que requería que pague para una sesión de juego que con suerte duraba 3 minutos. Y sí, los juegos de los salones eran muy difíciles por una cuestión estrictamente de negocios, para que sigamos alimentando la máquina con nuestras monedas hasta que no nos quede ni un centavo. Salíamos pobres de estos salones, pero con el corazón gamer lleno y contento, que joder.


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ada sonido de ficha cayendo en el monedero de cualquier máquina generaba en mí una cantidad de sensaciones alucinantes, mezclas de alegría y emoción. Pero si hablamos de sonidos sin duda estos templos del gaming tenían algunos aspectos nocivos para nuestra salud en algún sentido, como ser el ruido. Si bien el volumen de cada máquina no era excesivo, juntando 20 o más andando al mismo tiempo podían volver sordo a casi cualquier ser humano normal. Pero no por nada aquí en Ecetia somos gamers, por lo que esos ruidos y sonidos para nosotros son para nosotros auténtica “música para nuestros oídos”. Incluso hay gente como Andy Hofle que trata de recordar ese ruido en esta página llamada “Arcade Ambience Project Page” que transmite puro amor por el sonido de los locales de arcades y sobre todo nos da la posibilidad de usarlos mientras jugamos al MAME tratando de achicar más la distancia entre emulación y realidad. Pongan estos sonidos de fondo mientras juegan algún buen juego de los 80 tipo Pacman, Defender, Donkey Kong o Ghost’n Goblins y luego me cuentan.


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Como todo negocio que va bien la saturación fue inevitable y hasta entendible ya que estos locales generaban excelentes ganancias en el momento en el que los arcades estaban de moda, por lo que en ciertas épocas se podían encontrar hasta tres locales por cuadra. Recorriendo hoy las calles del centro de la Capital Federal, Buenos Aires, la imagen es de lo más desoladora y los que vivimos en aquellas épocas no podemos menos que dejar caer una lágrima al ver la situación actual. En Florida, una de las calles peatonales más conocidas de la Capital hoy sólo queda un local donde los neones siguen estando, pero el público ya no accede masivamente, en parte por el alto costo de las fichas, en parte porque hoy mucha gente dispone de los mismos juegos en sus consolas o computadoras.


El resto de los locales cerraron para convertirse en galerías, iglesias de pastores brasileros, tiendas de artículos chinos o se retiraron a lugares tales como balnearios o lugares de veraneo y o mismo es lo que está ocurriendo en el mundo, salvo en lugares donde todo es distinto como Japón donde todavía se pueden encontrar tiendas de 5 pisos o más repletas de arcades de todas las épocas e incluso con juegos nuevos que por su costo probablemente nunca conoceremos en persona. No quiero usar el viejo axioma “todo tiempo pasado fue mejor” ya que creo firmemente que es falso, considero que su tiempo pasó porque así tenía que ser, porque estos salones pertenecieron a otra época, otro momento en los que la palabra gamer no estaba establecida como hoy y que los videojuegos seguían siendo vistos como “diversión para niños”.


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Es muy raro pensar en que hay generaciones nuevas de gamers que nunca pisaron estos lugares, que nunca sabrán lo que es estar rodeado de gente viendo nuestras hazañas gamer o la locura de tener que hacer cola para jugar al juego de moda. Los salones de arcade servían no sólo como lugar en el que descargar las pasiones gamers, sino que además funcionaron como lugares de socialización, de reunión de amigos con ganas de divertirse y olvidarse durante un par de horas de sus problemas en la vida real. Un lugar en el que compartir anécdotas y momentos, preparándose para el momento de salir al bailar o ir a una fiesta, un lugar que nos permitió enamorarnos y acercarnos más a este hobby apasionante.



Sin ellos probablementen uestra infancia hubiera sido quizás mejor, quizás peor, pero sin duda muy, muy distinta. Los que allí estuvimos y pasamos gran parte de nuestra infancia y adolescencia los recordaremos con cariño y nostalgia, porque son parte de nuestro ADN gamer, de esta cultura que día a día suma adeptos y de la cual nosotros estamos sumamente orgullosos de pertenecer.


¡Larga vida a los salones de arcades!