Les dejo el primer capitulo de mi novela que sale a la venta el 28 de Diciembre.
Disfruten.


FORASTERO

Desesperanza se encontraba colmado de gente. Como nunca el bar estaba lleno. El pueblo había sido invadido, últimamente, por una extraña Nube que bajaba del cielo, u otras veces subía desde el suelo como vapor. Una vez instalada la Nube, nada podía verse, ni oírse, formaba una densa niebla que pocos se atrevían a cruzar. Hubo desaparecidos, apareció gente muerta, nuevos vecinos.
Lo cierto es lo siguiente, cuando la Nube bajaba, o subía, todo el mundo se resguardaba. Lo cierto es también qué, la Nube no bajaba, o subía, de un segundo a otro, tardaba en instalarse por completo en las calles del pueblo unos siete u ocho minutos, tiempo más que suficiente para abrigarse y salir corriendo al bar.
Las mujeres corrían por las calles maquillándose, de esta forma, pues no podría ser de otra forma, al llegar al baile lo hacían maquilladas como prostitutas. Los hombres no hacían tiempo a afeitarse, por ende todos parecían marineros recién llegados de altamar. En un principio la Nube arribaba los días sábados, pero luego comenzó a aparecer aleatoriamente cualquier día, a cualquier hora.
Esa noche la niebla ya estaba formada, bien espesa y densa. El ritual era simple, una vez todos dentro de Desesperanza, se bajaban las persianas, se cerraba con llave la puerta, y adentro todo era tierra de nadie.
Las mujeres perdían todo tipo de vergüenza y se desinhibían, y eran pocas las veces que rechazaban alguna propuesta amorosa. Los hombres, que mayoritariamente no gozan de la vergüenza y la inhibición bailaban al compás de la música del bar mientras daban saltitos y les tocaban el culo a las mujeres. Ellas solo reían picaronamente.
Los Fantasmitas Blues Band era la banda encargada de musicalizar la velada, se autoproclamaban la banda de sonido de la lujuria. Su formación podía variar, verán, si la Nube bajaba muy rápido algunos integrantes de la banda no hacían tiempo a llegar, y por temor a quedar a mitad de camino preferían quedarse en sus casas. Si el cantante no llegaba, la banda tocaba instrumentales, si los instrumentistas no llegaban, el cantante cantaba a capella.
Con el correr de las horas y el alcohol, sobre todo esto último, la fiesta se terminaba convirtiendo en una orgía masiva, donde decir que no, no era una opción.
Durante aquella velada, cuando la orgía se encontraba próxima, alguien comenzó a golpear la puerta. Tan fuerte fue aquel llamado que los presentes debieron apagar la música y encender las luces. Todo permaneció en silencio unos segundos antes de volver a oír el golpe.
- Debe ser la policía – dijo el Empresario Rocker.
- No, nosotros estamos acá – gritó la seccional desde el fondo.
- Entonces deben ser los vecinos que vienen a quejarse por el ruido.
Un nuevo golpe detuvo por completo todo posible debate sobre la identidad de quien golpeaba la puerta.
- ¿Y si abrimos? – sugirió Lole.
- No sabemos a quién o qué trae la Nube – se asustó el viejo Monjes, el dueño del bar - ¿Y si del otro lado hay un monstruo? ¿Alguien sin códigos? ¿Un ser que viene a corromper toda nuestra tranquilidad y buena moral?
- Amigo – dijo el cantante de los Fantasmitas – Este lugar está lleno de gente así. ¿Qué puede ser peor?
Otro golpe.
Fue Margarita, la viuda del pueblo, quien tuvo los cojones suficientes de abrir la puerta ante la atónita mirada del resto. Del otro lado de la puerta se pudo ver a un hombre corpulento, alto y relativamente gordo, con la cabeza cuadrada y un canoso pelo peinado hacia atrás. Llevaba una chaqueta negra. Ingresó rengueando, a cada paso que daba un sonido a madera sonaba, como los antiguos piratas y su pata de palo, este hombre había sufrido una mutilación en su cuerpo, y la prótesis de pino, o roble, marcaba con un sonido seco cada uno de sus pasos.
Este hombre tendría unos ochenta años, quizás noventa y cinco, o por ahí andaba. Sin decir palabras se sentó en una mesa. Jenny, la camarera del pueblo conocida por sus dotes como amante, le preguntó que iba a tomar. El Forastero respondió: - Traeme lo que vos quieras nena, lo que vos quieras -. Jenny le sirvió un tequila doble.
La noche continuó de forma normal, con el pequeño detalle que por culpa de aquel incidente con el Forastero esa vez no hubo orgía. Nadie quiso ponerse en bolas delante de un desconocido. Cuando la Nube se fue y se hizo de día todos se fueron cabizbajos.
- Ojalá la Nube vuelva pronto – dijo Bauer – Yo le había echado el ojo a una.
- La próxima vez no sé si vamos a poder venir, porque nos vamos de viaje – lamentaron las primas Gonzales.
Jenny cumplió con su trabajo como siempre. Levantó las sillas y barrió el suelo. Debajo del vaso que había utilizado el Forastero había un billete de diez pesos doblado a la mitad como propina.
Ella se marchó a su casa y mientras aguardaba que el agua de la ducha se calentara leyó un par de páginas de un guión que debía estudiar para la próxima clase de teatro. Se quitó la ropa, y como era su costumbre, caminó desnuda por el pasillo hasta llegar a su habitación, donde guardaba, debajo de un osito, una billetera donde depositaba las propinas. Esa noche, gracias a que no hubo orgía, fue una noche pobre, tan solo el billete del Forastero. Al desenrollarlo cayó al suelo una carta. Se agachó para recogerla y la observó.
La carta era un Ancho de Espadas.
La dejó apoyada sobre su almohada y caminó hacia la ducha, pues su casa ya estaba inundada de vapor por el agua caliente.
- Viejo de mierda – murmuró para sí misma mientras se enjabonaba los pechos – Nos cagó la noche.


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