Fue una hermosa velada la que pasamos aquel día, primero cine, pochoclos, bebidas, películas y para terminar una cena maravillosa en nuestro restaurante favorito. Pedimos unas pizzas exquisitas, y el vino era el mejor. Pero al terminar la noche decidimos ir a su casa para buscar mis cosas que había dejado y así no andar con tantas cosas encima. Tomé mis cosas, despedí a los familiares de él que estaban allí y salimos a la calle a buscar un taxi para que yo vaya a casa. Era tarde, la una de la madrugada, y no pasaba ni un alma por ahí. Así que fuimos hasta una avenida más concurrida para ver si pasaba alguno. Al llegar esperamos un buen rato y no aparecía ninguno, cada vez se hacía más tarde y no era seguro estar parados ahí. Pasó media hora, y a lo lejos pude visualizar un taxi, un poco viejo el coche se acercaba lentamente. La buena noticia es que venía con el cartel de libre encendido, así que me despedí lo más rápido que pude y alcé la mano en señal de que me iba a subir. El coche se estacionó medio chueco, al entrar la puerta no cerraba del todo bien, el vidrio estaba rayado, y no había luz dentro solo alumbraban las luces de afuera. Me dirigí al conductor y le dije la dirección de mi casa, no habló. Miré por la ventana y saludé por última vez a mi novio hasta que arranco el auto. No me sentía cómoda, el ambiente tenía un olor raro, los asientos estaban duros y gastados, y hubo algo que me preocupo mucho pero que no tardé en olvidar, la ficha del conductor no tenía foto. Al parecer este hombre se llamaba Frincht, un nombre extranjero pensé. Muy poco me importaba entablar una conversación y mucho menos mirarlo, me puse los auriculares y me quedé dormida, el viaje duraba unos 40 minutos.


Al despertar me aterroricé, el conductor no estaba y el coche estaba estacionado en una calle oscura y desolada. ¿Dónde estaba? ¡¿Qué pasó?! Tenía mucho miedo, pensaba que tal vez habría sido secuestrada. Me bajé del auto tratando de no hacer ni el más mínimo ruido, mis tacones no me lo permitieron. Corría mucho viento y sentía frío, caminé hasta la esquina esperando encontrar algún cartel de indicación. Pero al llegar me di cuenta que ya no había nada más allá, solo había una extensión de terrenos. Entré en pánico total, corrí hasta el coche vacío y me subí al volante, intenté arrancar pero la llave no estaba. Me senté ahí por un buen rato a pensar que hacer, pues estaba en un lugar que no conocía, la batería del celular estaba agotada y el auto no arrancaba. ¿Cómo o por qué llegue ahí?


Habían pasado ya 2 horas, y seguía en la misma situación. Hasta que una sombra apareció en aquella esquina, algo se acercaba, no sabía si correr a pedir ayuda o correr de lo que venía, así que aguardé. Se acercaba lentamente, pero al doblar la esquina noté que era alguien de estatura muy baja y cubierta totalmente por una túnica marrón. En medio de la oscuridad su rostro no se dejaba ver, pero notó mi presencia y se fue acercando al auto un poco lento al principio, pero a cada paso el rostro se iluminaba un poco más. Su caminar era un poco lento, pero a medida que se acercaba cada vez era más rápido y chueco como si le costara. Cuando pude observar su rostro de la nariz para abajo, estaba lleno de arrugas, era casi asqueroso su nariz era retorcida y aun no podía ver sus ojos pero seguramente eran todavía peor. Me asusté demasiado algo así no podía ser bueno, no era una persona normal y tampoco parecía amigable así que con todas mis fuerzas cerré la puerta del conductor y puse el seguro a todas las puertas. Cuando vió que hice esto paró de repente, se quedó allí en medio de la calle que estaba alumbrada por un solo faro. Permanecí inmóvil, lo que sea que fuere levanto sus brazos y los llevo a la capucha y en el momento que pude observar toda su cara por completo, y mirar directamente a sus ojos enormes con un brillo oscuro y profundamente malvado, me dedicó una sonrisa totalmente macabra y el faro se apagó.


Me encontraba en plena penumbra, empecé a temblar solo quedaba la luz de los controles del auto. Habrán pasado 5 minutos eternos en pleno silencio y oscuridad lo único que me acompañaba era el viento y eso. Cuando de pronto escuché tres golpecitos en el vidrio de atrás, pero eran suaves. Estaba disfrutando verme temblar de miedo, pasaron unos instantes y volvió a insistir pero esta vez con 5 golpecitos un poco más fuertes. Yo moría de miedo, y no sabía que hacer quería salir de allí, luego se escucharon otros golpecitos pero esta vez en el vidrio del asiento trasero. Quise gritar pero, eso le gustaría todavía más, tal vez empeoraría las cosas así que me lo guardé. Pero yo sabía que esto no acabaría bien, volvió a insistir pero esta vez con diez golpes fuertes en el vidrio. Quería que lo dejase entrar. Se prendió la luz del faro y miré por la ventana, no había nadie. Y esta vez escuché golpecitos chiquitos como al principio pero en el vidrio del asiento del acompañante. Fue diferente esta vez, porque retumbaron en todo el auto sonaban como si fueran desde adentro. Me dí vuelta muy lentamente esperando mi destino cada vez insistía más con los golpes y en el último instante me arrepentí de darme vuelta y empezó a golpear más y más el vidrio. Comencé a llorar, pero se me ocurrió una idea. Abrir la puerta y salir sin mirar atrás, era un plan maravilloso pero ¿y si todo era una trampa? Debía darme vuelta, tal vez todavía seguía afuera. Los golpes no cesaban, me estaba explotando la cabeza sentía que el vidrio se iba a romper. Me dí vuelta sin más rápido, para no sufrir y ver de una vez por todas que era lo que estaba pasando.


Me dí vuelta tan rápidamente que mi cabeza se golpeó con la ventana, me desperté estaba casi llegando a casa, respire profundo ya todo se había ido. Eso creía yo. El conductor no era el mismo, esta vez iba de túnica marrón y al parar en la puerta de mi casa giró y me vió directamente a los ojos con la cara arrugada, unos ojos enormes y profundos, me dedicó una sonrisa macabra. Y preguntó: ¿Disfrutaste del viaje?

El Taxi