FAHRENHEIT 451 (1953)

Ray Bradbury


Fahrenheit 451: Fragmentos


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“-¿Leyó alguna vez alguno de los libros que quema?
Montag se rió.
-Lo prohibe la ley.
-Oh, claro.
-Es un hermoso trabajo. El lunes quemar a Millay, el miércoles a Whitman, el viernes a Faulkner; quemarlos hasta convertirlos en cenizas, luego quemar las cenizas. Ése es nuestro lema oficial.
Caminaron un poco más y la niña dijo:
-¿Es verdad que hace muchos años los bomberos apagaban el fuego en vez de encenderlo?
-No, las casas siempre han sido incombustibles.
-Qué raro. Oí decir que hace muchos años las casas se quemaban a veces por accidente y llamaban a los bomberos para parar las llamas.”


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“-A veces pienso que los automovilistas no saben qué es la hierba o las flores, pues nunca las ven lentamente -dijo la muchacha -. Si usted les señala una mancha verde, i oh, sí!, dicen, ¡eso es hierba! ¿Una mancha rosada? ¡Un jardín de rosales! Las manchas blancas son edificios. Las manchas oscuras son vacas. Una vez mi tío pasó lentamente en coche por una carretera. Iba a sesenta kilómetros por hora y lo tuvieron dos días en la cárcel. ¿No es gracioso, y triste también?
-Piensas demasiado -dijo Montag, incómodo.
-Casi nunca miro la televisión mural, ni voy a las carreras, ni a los parques de diversiones. Me sobra tiempo para pensar cosas raras. ¿Ha visto esos anuncios de ciento cincuenta metros a la entrada de la ciudad? ¿Sabe que antes eran sólo de quince metros? Pero los coches comenzaron a pasar tan rápidamente que tuvieron que alargar los anuncios para que no se acabasen demasiado pronto.”


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“ Qué parecido a un espejo, también, ese rostro. Imposible, ¿pues a cuántos conoces que reflejen tu propia luz? La gente es más a menudo -buscó un símil y lo encontró en su trabajo - una antorcha que arde hasta apagarse. ¿Cuántas veces la gente toma y te devuelve tu propia expresión, tus más escondidos y temblorosos pensamientos?”


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“Sintió de pronto que la sonrisa se le borraba, se fundía, se doblaba sobre sí misma como una cáscara blanda, como la cera de un cirio fantástico que ha ardido demasiado tiempo, y ahora se apaga, y ahora se derrumba. Oscuridad. No era feliz. No era feliz. Se lo dijo a sí mismo. Lo reconoció. Había llevado su felicidad como una máscara, y la muchacha había huido con la máscara y él no podía ir a golpearle la puerta y pedírsela.”


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“Somos demasiados, pensó. Somos billones, y eso es demasiado. Nadie conoce, a nadie. Gente extraña se te mete en la casa. Gente extraña te arranca el corazón. Gente extraña te saca la sangre. Buen Dios, ¿quiénes eran esos hombres? ¡No los he visto en mi vida!”


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“-Bueno, al fin y al cabo, ésta es la época de los tejidos disponibles. Suénate las narices en una persona, ensúciala, avergüénzala. Busca otro, suénate, ensucia, avergüenza. Todos utilizan el borde de la chaqueta de los demás. ¿Cómo puedes aplaudir al equipo local cuando ni siquiera tienes un programa ni conoces los nombres? A propósito, ¿de qué color eran las camisetas cuando salieron al campo?”


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“Cuando hablo, usted me mira. Cuando dije algo de la luna, usted miró la luna, anoche. Los otros nunca harían eso. Los otros seguirían su camino y me dejarían hablando. 0 me amenazarían. Nadie tiene tiempo para nadie. Usted es uno de los pocos que me han hecho caso. Por eso me parece tan raro que sea un bombero.”


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“ Pero sobre todo me gusta observar a la gente. A veces me paso el día en el tren subterráneo, y miro y escucho a la gente. Me gusta imaginar quiénes son y qué hacen y a dónde van. A veces hasta voy a los parques de diversiones y me subo a los automóviles de reacción cuando corren por los suburbios a medianoche y a los policías no les importa con tal que la gente esté asegurada. Con tal que tengan una póliza de diez mil, todos contentos. A veces me escurro por ahí y escucho en los subterráneos. 0 en los bares de bebidas sin alcohol. ¿Y sabe una cosa?
-¿Qué,
-La gente no habla de nada.”


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“Tiene que haber algo en los libros, cosas que no podemos imaginar, para que una mujer se deje quemar viva. Tiene que haber algo. Uno no muere por nada.”


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“Un libro, en manos de un vecino, es un arma cargada. Quémalo. Saca la bala del arma. Abre la mente del hombre. ¿Se sabe acaso quién puede ser el blanco de un hombre leído?”


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“¿La muchacha? Era una bomba de tiempo. La familia había estado alimentando el subconsciente de la niña. Estoy casi seguro; examiné los registros de la escuela. No quería saber cómo se hacen las cosas, sino por qué. Esto puede resultar embarazoso. Uno empieza con los porqués, y termina siendo realmente un desgraciado. La pobre chica está mejor muerta.”


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“No es posible construir una casa sin clavos ni maderas. Si no quieres que se construya una casa, esconde los clavos y la madera. Si no quieres que un hombre sea políticamente desgraciado, no lo preocupes mostrándole dos aspectos de una misma cuestión. Muéstrale uno.”


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“Que la gente intervenga en concursos donde haya que recordar las letras de las canciones más populares, o los nombres de las capitales de los Estados, o cuánto maíz cosechó Iowa el año último. Llénalos de noticias incombustibles. Sentirán que la información los ahoga, pero se creerán inteligentes. Les parecerá que están pensando, tendrán una sensación de movimiento sin moverse. Y serán felices, pues los hechos de esa especie no cambian. No les des materias resbaladizas, como filosofía o psicología, que engendran hombres melancólicos. El que pueda instalar en su casa una pared de TV, y hoy está al alcance de cualquiera, es más feliz que aquel que pretende medir el universo, o reducirlo a una ecuación. Las medidas y las ecuaciones, cuando se refieren al universo, dan al hombre una sensación de inferioridad y soledad.”


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“«No hay porches. Mi tío dice que antes había porches.
Y la gente se sentaba allí en las noches de verano, y hablaba cuando tenía ganas de hablar, y se balanceaba en las mecedoras, y no hablaba cuando no tenía ganas de hablar. A veces se quedaban allí, simplemente, y pensaban cosas. Mi tío dice que los arquitectos suprimieron los porches con la excusa de que no quedaban bien. Pero la verdadera razón, la razón oculta, era otra. No querían que la gente se pasase las horas sin hacer nada, ésa no era la verdadera vida social. La gente hablaba demasiado. Y tenía tiempo para pensar. Así que suprimieron los porches. Y los jardines también. Ya no más jardines para estar en ellos. Y mire los muebles. No más mecedoras. Son demasiado cómodas. La gente debe estar de pie, y corriendo de un lado a otro. Mi tío dice... y... mi tío... y... mi tío... » La voz de Clarisse se apagó poco a poco.”


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“-«No sabemos en qué preciso momento nace una amistad. Cuando se llena una vasija gota a gota, una de ellas rebasa al fin la vasija; así en una serie de actos bondadosos hay al fin uno que enciende el corazón.»”


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“-No hablo de cosas, señor -dijo Faber -. Hablo del significado de las cosas. Estoy aquí y sé que estoy vivo.”


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“Tenemos lo necesario para ser felices y no lo somos. Algo falta. Busqué a m¡ alrededor Sólo conozco una cosa que haya desaparecido: los libros que quemé durante diez o doce años. Pensé entonces que los libros podían ser una ayuda.
-Es usted un romántico incurable -dijo Faber -. Sería gracioso si no fuese serio. No son libros lo que usted necesita, sino algunas de las cosas que hubo en los libros.”


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“Los libros eran sólo un receptáculo donde guardábamos algo que temíamos olvidar. No hay nada de mágico en ellos, de ningún modo. La magia reside solamente en aquello que los libros dicen; en cómo cosen los harapos del universo para darnos una nueva vestidura. Por supuesto, no conoce usted estas cosas, no sabe de qué hablo. Pero usted tiene intuitivamente razón. Eso es lo que cuenta. Tres cosas faltan.
Primero: ¿Sabe usted por qué un libro como éste es tan importante? Porque tiene calidad. ¿Y qué significa esta palabra? Calidad para mí, significa textura. Este libro tiene poros. Tiene rasgos. Si lo examina usted con un microscopio, descubrirá vida bajo la lente; una corriente de vida abundante e infinita. Cuantos más poros, cuantos más pormenores vivos y auténticos pueda usted descubrir en un centímetro cuadrado de una hoja de papel, más «letrado» es usted. Ésa es mi definición, por lo menos. Narrar pormenores. Frescos pormenores. Los buenos escritores tocan a menudo la vida. Los mediocres la rozan rápidamente. Los malos la violan y la abandonan a las moscas.
¿Comprende ahora por qué los libros son temidos
y odiados? Revelan poros en la cara de la vida. La gente cómoda sólo quiere ver rostros de cera, sin poros, sin vello, inexpresivos. Éste es un tiempo en que las flores crecen a costa de otras flores, en vez de vivir de la lluvia y la tierra. Los mismos fuegos de artificio, tan hermosos, proceden de la química de la tierra. Y sin embargo, queremos nutrirnos de flores y fuegos de artificio, sin completar el ciclo que nos llevaría de vuelta a la realidad. Conocerá usted la leyenda de Hércules y Anteo, el luchador gigante, de fuerza increíble mientras pisase la tierra. Pero cuando Hércules, abrazándolo, lo alzó en el aire, pereció fácilmente. Si no hay algo en esa leyenda que se refiere a nosotros, nuestra ciudad, nuestro tiempo, entonces estoy loco. Bueno, eso es lo primero que necesitamos, me parece. Calidad, textura de información.
-¿Y lo segundo?
-Ocio.”


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“-Eso es lo bueno de estar muriéndose. Cuando ya no hay nada que perder, se puede correr cualquier riesgo.”


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“Los libros nos recuerdan que somos unos asnos y unos tontos. Son la guardia pretoriana del César, que murmura mientras los desfiles pasan ruidosamente por las avenidas: ‘Recuerda, César, que eres mortal’”.


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“Y no busque salvación en una sola cosa: persona, máquina, o biblioteca. Ayúdese a sí mismo, y si se ahoga, muera sabiendo por lo menos que estaba acercándose a la orilla.”


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“Ya sé. Teme cometer algún error. No tema. Los errores pueden ser provechosos, Cuando yo era joven echaba mi ignorancia a la cara de la gente. La gente me apaleaba. Cuando llegué a los cuarenta, ya había logrado afilar mi instrumento. Si oculta su ignorancia, nadie le pegará, y no aprenderá nunca.”


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“Luego de haber flotado mucho tiempo en la tierra, y poco tiempo en el río, Montag supo por qué no volvería a quemar.
El sol ardía continuamente. Quemaba el tiempo. El mundo corría describiendo un círculo y giraba sobre su eje, y el tiempo quemaba los años y los hombres, de algún modo. Y si él, Montag, quemaba junto con los bomberos, y el sol quemaba el tiempo, nada quedaría sin quemar.”


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“Golpeé a un bombero cuando vino a quemar mi biblioteca, hace años. He estado ambulando desde entonces. ¿Quiere unirse a nosotros, Montag?
-Sí.
-¿Qué puede ofrecernos?
-Nada. Pensé que sabía una parte del Eclesiastés y quizá un poco de la Revelación, pero no me acuerdo ni siquiera de eso.
-El libro del Eclesiastés sería realmente magnífico. ¿Dónde lo tenía?
Montag se tocó la cabeza.
-Aquí.
-Ah -Granger sonrió, asintiendo.
-¿Qué pasa? ¿No está bien? -dijo Montag.
-Mejor que bien, perfecto. -Granger se volvió hacia el reverendo.- ¿Tenemos un libro del Eclesiastés?
-Uno. Un hombre llamado Harris, en Yougstown.
-Montag -Granger tomó firmemente el hombro de Montag. Camine con cuidado. Cuide su salud. Si algo le ocurre a Harris, usted será el Eclesiastés. ¡Advierta qué importancia ha adquirido usted en este último minuto!
-¡Pero me he olvidado!
-No, nada se pierde. Tenemos métodos para sacarle lo que sea.
-¡Pero he tratado ya de recordar!
-No trate. Saldrá a la luz cuando sea necesario. Todos tenemos una memoria fotográfica, pero nos pasamos la vida aprendiendo a olvidar. Sinimons, aquí presente, se ha ocupado del asunto durante más de veinte años. Con la ayuda de su método podemos acordarnos de cualquier cosa que hayamos leído una vez. ¿Le gustaría, Montag, leer algún día La República de Platón?
-¡Por supuesto!
-Yo soy La República de Platón. ¿Le gustaría leer a Marco Aurelio? El señor Simmons es Marco Aurelio.”


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“Mejor guardar los libros en las viejas cabezotas, donde nadie puede verlos o sospechar su existencia. Somos trozos de fragmentos de historia, y literatura, y derecho internacional, y Byron, Tom Paine, Maquiavelo o Cristo.”


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“Vagabundos por fuera, bibliotecas por dentro.”


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“Pero eso es lo maravilloso en el hombre; nunca se descorazona o disgusta tanto como para no empezar de nuevo. Sabe muy bien que su obra es importante y valiosa.”


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“Montag miró de soslayo a uno y otro mientras caminaban.
-No juzgue a un libro por su cubierta -dijo alguien.”


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“Mi abuelo murió cuando yo era niño. Era escultor. Era además un hombre muy bondadoso, dispuesto a querer a todo el mundo. Ayudaba a limpiar la casa de vecindad, hacía juguetes para los niños, y un millón de cosas. Tenía siempre las manos ocupadas. Y cuando murió, comprendí que yo no lloraba por él, sino por todas las cosas que hacía. Lloraba porque nunca volvería a hacerlas. Nunca volvería a labrar otro trozo de madera, ni nos ayudaría a criar palomas y pichones en el patio, ni tocaría el violín de aquel modo, ni nos contaría aquellos chistes. Era parte de nosotros, y, cuando murió, todos los actos se detuvieron, y nadie podía reemplazarlo. Era un individuo. Era un hombre importante. Nunca pensé en su muerte. Sí en cambio en todos los objetos labrados que nunca nacieron a causa de esa muerte. Cuántas bromas faltan ahora en el mundo, cuántas palomas que sus manos nunca tocaron. Mi abuelo modelaba el mundo. Hacía cosas en el mundo. Con su muerte el mundo perdió diez millones de actos hermosos.”


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“La diferencia entre un hombre que sólo corta el césped y un jardinero depende del uso de las manos, decía mi abuelo. La cortadora de césped pudo no haber estado allí; el jardinero se quedará en el jardín toda una vida.”


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“«Odio a un romano llamado Status Quo» me decía. <Llénate los ojos de asombro, vive como si fueses a morir en los próximos diez segundos. Observa el universo. Es más fantástico que cualquier sueño construido o pagado en una fábrica. No pidas garantías, no pidas seguridad, nunca hubo un animal semejante. Y si alguna vez lo hubo, debe de ser pariente del perezoso, que se pasa los días cabeza abajo, colgado de una rama, durmiendo toda la vida. Al diablo con eso>> decía. «Sacude el árbol, y que el perezoso caiga de cabeza.»”


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“Mira el mundo allí fuera, Dios mío, Dios mío, míralo allí fuera, fuera de mí, más allá de mi cara. Sólo hay un modo de tocarlo: hacerlo finalmente mío, metérmelo en la sangre, donde latirá diez veces, diez mil veces en un día. Lo tendré siempre conmigo para que nunca se me escape. Lo tendré conmigo algún día. Por ahora lo he rozado con la punta de los dedos. Es un comienzo.”


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“Granger miró el fuego.
-Fénix.
-¿Qué?
-Había un tonto y condenado pájaro antes de Cristo llamado Fénix. Cada tantos centenares de años construía una pira y se arrojaba a las llamas. Debió de haber sido primo hermano del hombre. Pero cada vez que se quemaba a sí mismo, surgía intacto de las cenizas, volvía a nacer. Y parece ahora como si estuviésemos haciendo lo mismo, una y otra vez; pero sabemos algo que Fénix nunca supo. Sabemos qué tonterías hemos hecho. Conocemos todas las tonterías que hemos hecho en estos últimos mil años, y mientras no lo olvidemos, mientras lo tengamos ante nosotros, es posible que un día dejemos de preparar la pira funeraria y de saltar a ella. En cada generación seremos unos pocos más para recordar.”


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Si te interesa, te dejo mis otros aportes:
La naranja mecánica: Fragmentos
Cándido, o el optimismo: Fragmentos
El examen: Fragmentos
Rayuela: Fragmentos
Diario de Andrés Fava: Fragmentos
El túnel: Fragmentos


Fin del post, con permiso.