Hola esta es una pequeña historia, que si tienes ganas de leer te invito a que le des una oportunidad. Cualquier critica es bienvenida

En un pueblo de neblina

Se habla de que él estuvo aquí. El pueblo necesitaba de ayuda, nadie se atrevía a comentar lo que pasaba pero era imposible negar la verdad, la maldad venia de la casa al otro lado del puente. Esa casa alejada del pueblo, era hogar de aquella mujer de cabellos dorado y rasgos fuertes y atrayentes. Sus ojos dorados llamaban mucho la atención pero todos sabían de sus paseos a media noche a esa cueva. La primera víctima fue el hijo del posadero, se vio que había hablado con aquella mujer dorada y luego una noche ya no estaba.
Inútil fue tratar de hablar con la mujer, ya que en su extraña casa no había nada. Solo una cama que parecía sin utilizar y frutas que parecían puestas solo como decoración. Aquel pueblo donde la neblina rodeaba cada casa y en las noches frías solo se oía el cantar de insectos ahora estaba centrado en ayudar a un padre, pero todo fue inútil el muchacho nunca se encontró.
Una noche los perros y los gatos se escondieron y la neblina no permitió ver ninguna de las lunas. Alguien creyó ver al hijo del posadero llevando consigo a las niñas del pueblo, que al otro día aparecieron muertas en las puertas de las casas. El terror invadió a todos, los soldados no tenían explicación. Siete niñas en total muertas de manera desconocida, sin heridas y el medico no sabía que podía ser la causa de la muerte.
La desesperación dominaba todo y la mujer dorada era para todos la causa del mal. Su manera de vestir, su raza diferente a los típicos pueblerinos, su acento, su piel trigueña diferente a los pálidos de aquel pueblo y su rostro hermoso tan distante de la antes madres del pueblo. Los soldados no pudieron controlar la horda de personas cruzando el puente para hacer justicia por su mano y ahí estaba él.
Su nombre para aquel entonces era desconocido. Un extraño de las tierras perdidas, un Uztark. Nunca había visto a un ser como tal de orejas puntiagudas, de parpados extraños, de ojos solo de una pupila de color violeta sin iris en un fondo blanco. Su cabello era liso y llegaba hasta más allá de su cuello. Sus facciones eran casi perfectas como todos los Uztark. En conjunto el inspiraba algo extraño una especie de confianza combinada con un miedo profundo. Tal era su imponencia que todo el pueblo se detuvo al verlo.
El Uztark luego de escuchar lo que pasaba, ofreció a encontrar al culpable y si era necesario acabarlo. Dijo solo necesitar a alguien del pueblo que lo guiara atreves de la espesa neblina, yo fui el escogido para tal tarea. El Uztark viajaba acompañado de una mujer fuerte con una armadura de color morado oscuro y un escudo tan grande como sus largas piernas, poco pude ver su rostro ya que se quitaba su casco solo en su cuarto junto al Uztark, pero al menos pude ver que era humana.
Al momento de partir el Uztark se colocó su armadura, un simple traje de dos partes de cuero remachado que según él, me dijo era de un bandido que hace poco había matado. Su espada era extraña parecía tener algo en el mango como si formara la figura de un sol y el Uztark hacia lo posible porque la espada no saliera de su cinto.
Empezamos la búsqueda en la casa de la mujer dorada pero ella no estaba. El Uzartk abrió la puerta con una ganzúa y encontró lo mismo que todos cuando fuimos a buscar al hijo del posadero, una casa que parecía no ser utilizada. La mujer que en su armadura que parecía un roble se acercó al Uztark y le pasó un objeto. Era un amuleto circular rodeados de garras al parecer de oso que apuntaban al centro del amuleto dorado. El Uztark examino el objeto y pude ver que algo le sorprendía.
Así que salió de la casa y se dirigió a la alforjas de su caballo y saco una daga que me ofreció, diciéndome que si lo deseaba podía irme, pero que si por el contrario quería seguir siendo su guía tendría que tomar aquella daga. La desprecie por no ser amigo de las armas de filo y tome mi arco de caza, asegurándole que con el me podría defender. Proseguimos a la cueva que el pueblo rehuía.
El bosque el que había que atravesar para llegar a aquella extraña cueva, era de árboles sin hojas, de ramas puntiagudas que se movían al son del frio viento neblinoso, que las hacia crujir e infundía de terror a todo aquel que pasaba por allí, pero el Uztark y la mujer parecían no temer de aquel lugar, ni menos a la cueva de la cual una neblina diferente a la del ambiente salía.
La neblina se hacía cada vez más espesa. El Uzark tomo una poción de su cinto y tomo un poco, igual hizo la mujer. La mujer me ofreció a mí también y me respondió en una voz muy suave desacorde con su anatomía que era poder ver mejor. Así hice y pude ver claramente a pesar de la neblina, inclusive podía ver los animales correr a lo lejos. Y cuando vi al Uztark pude ver que su espada brillaba de manera extraña pero poca atención puse a eso porque habíamos llegado a la cueva.
Aquella cueva era un rampa de piedras que bajaba muy profundo, de la cual se decía salían criaturas extrañas y ruidos extraños, además de ser fuente de la neblina. Nadie desde las épocas de los padres fundadores, se había acercado a aquella cueva por miedo a su interior. El Uztark lanzo una piedra y espero el sonido para asegurarse que la bajada era segura y así continuamos enfrentando mis miedos y a la neblina que ahora notaba a un olor extraño.
La cueva descendía de manera brusca para terminar en terreno plano, alumbrado tenuemente por unos hongos que colgaban de las paredes. A orden del Uztark la mujer tomo muestras de aquellos hongos y los guardo en su mochila. El Uztark empezó a preparar algo en sus manos, una especie de hechizo mientras nos adentrábamos más en aquella caverna. La neblina de olor mohoso se hacía casi palpable y si fuera por un poco más podría que fuera tan sólida como para detenernos.
El Uztark encendió una antorcha para disipar un poco la niebla en nuestro camino pero era casi inútil. Al caminar un poco más empezamos a notar pasos cerca nuestro. La mujer lentamente desvaino su espada procurando hacer el menor ruido, mientras el Uztark empuñaba su mano y un manto de escarcha empezó a revolver su mano.
Aun con la poción fue difícil ver pero para mis dos acompañantes era como si vieran a plena luz del día. La mujer dio una estocada detrás de mí y luego cargo en plena carrera con su escudo al frente. En su carga empujo a lo que estaba en la neblina contra una pared, para luego rápidamente clavarle una daga. Mientras el Uztark parecía seguir algo con la mirada y de un momento soltó su hechizo, empujando una estaca de hielo que cruzo la neblina, e impacto en algo que solo dio un grito sordo. Fue entonces que sentí que algo tomaba mi pierna.
En un impulso desconocido, le di una patada y tome mi arco, disparando dos flechas que no dieron en su objetivo. Entonces la mujer se acercó y con su espada clavo a lo que sea que fuera aquello al suelo. Luego en la calma el Uztrak se acercó a lo que había herido. Y lo arrastro cerca de su antorcha, lo que vimos nos sorprendió a todos por igual, con lo que habíamos luchado eran las niñas del pueblo.
De repente toda la neblina pareció apartarse para mostrarnos que estábamos rodeados de más de las niñas. En lo alto estaba el hijo del posadero sentado en una extraña silla con la mujer dorada a su lado. El Uztark hizo una reverencia y guardo sus manos hechizadas. Lo mismo hizo mi salvadora y no tuve más opción que bajar mi arco. La mujer dorada se acercó al Uztark y le dijo algo al oído.
Después todo ocurrió de manera imprevista. El Uztark clavo la daga que antes me había ofrecido en el vientre de la mujer dorada. Y mi salvadora tomo mi arco del suelo y tomando una de las flechas a mi espalda disparó al hijo del posadero entre los ojos. Las niñas empezaron a correr hacia nosotros pero entonces, mi salvadora me tiro al suelo y me cubrió con sus brazos. Solo pude ver que el Uztark desvainaba su espada y un brillo me cegó y me dejó inconsciente.
Desperté en la posada donde se celebraba algo. Mi salvadora se encontraba a mi lado dormida también si su armadura pero no pude ver su rostro solo su pelo castaño. El Uztark se acercó y me dijo que todo había acabado. Al pedirle explicación solo me dijo que era mejor que no supiera a que nos habíamos enfrentado. Pera le pregunte que le había dicho la mujer dorada. Su repuesta fue con una expresión un tanto extraña en el rostro ‘Libérame’. El Uztark me dejo el amuleto.
Aun hoy no sé qué ocurrió en aquella cueva. Después descubrimos que la cueva se había derrumbado y no había manera de entrar. El amuleto es mi única pista algunos dicen que era obra de la mujer dorada, algún hechizo demoniaco. Yo pienso que quizás no era ni ella, ni el hijo del posadero. Después de todo el Uztark decía que el verdadero mal, esta donde menos lo pensamos.
Y en el pueblo donde la neblina era nuestra amiga jamás hubo madres que recordaran haber tenido hijas.