Al caer la luna quisiera
encontrar la utopía de sus labios.
Aquelarres en sus pechos y
machacadas uvas jugosas
en sus manos.

Las lilas campanarias
de su voz entrecortada
en el alma pura de mis estrellas
sensuales erguidas en clamor.

La senda del higo en su boca,
la carne macerada en mi camino y
con el placer del manzano mordido
absorber su pulpa cosechada
en el huerto de la pólvora/

En esta hora nocturna enardecida
abrir las puertas de sus algas
en la oblicuidad de las ingles/
Rozar la suavidad de su vello
y en derrotero a su ombligo
arraigarme en ese foso profundo
de tempestuosa sustancia viva/

En planicie de vuelo otear
su vientre hasta el camino
de abras perfumadas/

Erectos muros oliendo
a madreselvas,
alumbrar la sangre de sus venas
en el retrato vivo de mi tierra conquistada.

Que se quiebren mis manos doloridas
cuando halle su mirada
de vacío desorbitado y
en cada balcón de labios
deje un beso sentado
que despierte un hilo de gemido,
anegando los poros con mi mador
desnudo en las cuevas armadas
del descabellado fuego repentino.
Que ardan mis mudas palabras
en la combustión de su leño de estío/
Que me consuma el amor arraigado
en todas sus insaciables esquinas/

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