Graffiti. Una palabra un tanto gastada hoy en día. A cualquier cosa hecha con un spray se la llama graffiti, a cualquier cosa pintada en una pared se la llama graffiti, incluso a cualquier imagen con estética urbana, independientemente de su soporte, se la llama graffiti (por ejemplo un rótulo, una decoración en un bar o incluso a la portada de un disco).


Pues bien, hace años, debajo de mi casa, había en una pared una frase en spray que decía "Puta Burgos" y eso no era un graffiti, era una pintada. Hace años también, en el antiguo cauce del río Esgueva, antes de su remodelación, a la altura de la plaza de las Batallas, tuve el placer de ver a un anciano realizando una pintura con brochas y pinceles en una de las paredes de los márgenes del río y eso no era un graffiti, era un mural. Así mismo, en numerosas ocasiones, he tenido por ocupación la rotulación y la decoración de distintos negocios comerciales que, por comodidad, he realizado con aerosoles, pero no eran "graffitis", eran precisamente eso, rótulos o decoraciones.


Ahora bien, cerca de mi casa otra vez (¡Vaya! Cerca de mi casa pasan cosas muy interesantes) hay una zona de paredes con inscripciones y dibujos detrás de las cuales hay algo más que el insulto a un equipo de fútbol, o que un mural "bonito" pintado tranquilamente a plena luz del día a la cara de los transeúntes o que el encargo del rótulo de un negocio. Hay unas letras, a veces un personaje, a veces un icono... Lo cual identifico como una señal, como un símbolo, parece que pone algo... ¡Si! Un nombre, lo que me indica que detrás de esa pieza hay una persona, pero ¿quién? No parecen nombre corrientes parecen apodos, y ninguno de ellos coincide. También veo una técnica a la hora de hacer las formas de las letras, veo que todas son diferentes entre sí, aunque algunas tienen similitudes ¿quizás obras diferentes sean de una misma persona? Si, quizás. Quizás haga diferentes obras pero con algo característico en ellas, quizás esa persona busca un estilo o algo que la diferencie de los demás. También veo, a veces, las mismas inscripciones en obras totalmente diferentes... ¿Significa esto que son de la misma persona? O quizás... ¡Si! Eso es, quizás sea una inscripción que pongan varias personas... Ya lo tengo, ¡Un grupo! Quizás busquen ser más fuertes siendo varios componentes. Quizás estas personas estén unidas, aunque también veo algunas obras como tachadas o que hubiesen pintado encima, quizás se lleven mal unos con otros, o quizás... ¡Quién sabe que historias hay detrás de todo esto! En una de ellas pone: "Toy, no copies", vaya... ¿Qué será eso? ¿Un código secreto? Todo esto tiene que significar algo. Algunas de estas obras tienen fuerza, sin duda y un proceso fruto de una evolución y una técnica, aunque todas tienen un carácter, no se como decirlo... Espontáneo. Como que hubiesen sido realizadas con rapidez. O bien podrían haberse pintado de noche, a juzgar por algunas zonas peor coloreadas que otras, pero ¿Por qué? ¿Tendrían permiso para hacerlas? Y el dueño de la pared... ¿Qué opinará de ellas? ¿Serán para el un regalo o una desgracia? De todos modos, algo así de elaborado tiene que tener una razón de causa. ¿Por qué sino iba alguien a arriesgarse a realizar una obra elaborada durante un tiempo considerable, a plena noche y sin permiso y (esto es lo que más me cuesta entender) sin el beneficio de poder atribuirse la autoría de la obra en caso de que ésta fuese un buen trabajo? No parece encajar. Detrás de esto tiene que haber algo más, porque, ahora que recuerdo, este no es el único lugar de mi barrio en el que hay zonas enteras con este tipo de obras. Ni siquiera mi barrio es el único que tiene este tipo de zonas. Es más, si mal no recuerdo, en casi todas las ciudades en las que he estado hay multitud de zonas incluso más extensas que ésta. ¿Cómo puede ser que algo tan clandestino esté tan extendido? Verdaderamente detrás de todo esto tiene que haber algo. Ésto si que es graffiti.



El graffiti Arte e Historia

Lo que se muestra a continuación se trata de un estudio en el que texto e imagen se complementan de forma que una explica a la otra. Vengo a hablar del graffiti, elemento compuesto por la fusión de texto e imagen en su aspecto superficial aunque también abordaré su aspecto interior, es decir, lo que hay detrás de esa materia pictórica, como por ejemplo su causa de producción, simbología, estilos... En primer lugar comenzando con sus antecedentes, integrantes, desarrollo, difusión, etc. Pasando posteriormente por varios de sus diferentes campos, intentando tocar algunas de sus vertientes más destacadas y tratando de encaminarlo hacia sus últimas tendencias como iconografía, cartelismo, intervenciones urbanas, diseño, ilustración... Símbolo de su proceso de adaptación a nuestros tiempos y a las nuevas tecnologías, aunque también veremos que esta cierta “integración” en el sistema y en la sociedad no deja de verse bajo la sombra de su esencia: La ilegalidad.


He intentado enfocar el tema y estudiarlo desde varios puntos de vista, por ejemplo el de la escritura, tomándolo, por decirlo de alguna forma, como diseño gráfico. Esto nos llevará a una clasificación de diferentes formas de presentación de las letras y, inevitablemente, al nacimiento de lo que llamamos estilo.


A lo largo del texto he querido establecer comparaciones entre el fenómeno del graffiti con otros acontecimientos contemporáneos de los que puede influenciarse y de los que debe diferenciarse. Quiero, ante todo y antes de empezar a hablar del tema, dejar bien clara la diferencia entre el desarrollo de una cultura como la del graffiti del fenómeno político-social de las pintadas urbanas, que si bien comparte alguna de sus características (como por ejemplo el hecho de que se desarrolle en la calle de manera ilícita, su afán por expresar algo, su anonimato...) nada tiene que ver con el género también artístico que conlleva el graffiti. Debemos, entonces, situarnos en una posición inicial de diferenciación entre “las pintadas” y lo que realmente es graffiti, tema que creo aún no sabe diferenciar la inmensa mayoría de la sociedad e incluso de algunos intelectuales como sociólogos o periodistas que han tratado el tema. Dentro de este ámbito de las comparaciones también quiero especificar la semejanza de este arte urbano y la publicidad y es que “el graffiti es publicidad” como dice El Tono en una entrevista. Su manera de llegar a la gente, el nuevo afán de utilización de iconos como elemento identificativo, utilizando el poder de pregnancia de la imagen frente al texto y algunas cosas más.


Otro punto a dejar claro es mi inevitable visión introspectiva del fenómeno a tratar, a pesar del carácter subjetivo que pueda dar al texto como autor del mismo, se que ésto supone precisamente una ventaja a la hora de obtener información de experiencias personales (aparte de mi investigación) que de otra manera me hubiese resultado imposible de conseguir. He de decir que el hecho, para mí “normal”, de usar palabras propias de la jerga de la gente de este mundo y alrededores, me ha llevado a no entrecomillarlas, sino a utilizarlas de forma normal. Términos como writing (graffiti), escritor (el que pinta graffiti), tag (firma), bombardear (pintar por todos los lados), toy (novato)... Se utilizarán a lo largo del texto de manera habitual y corriente.


Testimonios, anécdotas, innovaciones, eventos, mercado, ingenio... Todo ésto rodea al graffiti, mundo de color, creatividad y diseño “La imaginación al poder ”. Comencemos...
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graffiti

El término graffiti es de procedencia italiana (“graffiare” o garabatear). Decir que su plural es el sustantivo graffiti, no graffitis, es decir, estaríamos hablando de los graffiti o, como se diría en castellano, los grafitos (letrero o dibujo trazado o garabateado en paredes u otras superficies de carácter popular y ocasional), aunque veremos que esta definición quedará invalidada varias veces a lo largo de este texto.


Se tiene conocimiento de que ya los romanos “guarreaban” las paredes y los sitios públicos con profecías y protesta con un incontenible deseo de compartirlas con sus ciudadanos. Pero sabemos que tiene antecedentes más remotos aún en el tiempo. Escribir sobre los muros es un impulso tan antiguo como los indicios de racionalidad del ser humano: Los macedonios, los griegos o los antiguos egipcios con sus indescifrables jeroglíficos ya utilizaban esta superficie como soporte de su escritura y de su arte. Pero quizás el ejemplo más significativo y a la vez el más antiguo sea el de las pinturas rupestres realizadas en las paredes de las cuevas por el hombre primitivo. Las representaciones de animales, de escenas de caza, etc. No tenían otro objetivo que el de satisfacer uno de los más ancestrales instintos del hombre: El de comunicarse.

Hasta el siglo XIV la pared ha sido uno de los principales soportes de la producción artística (recuérdese la pintura mural). Sin embargo, en la actualidad, éste no es un espacio creativo libre, sino un espacio clausurado por el poder que históricamente se ha reservado su usufructo. Tanto es así que este fenómeno espontáneo ha llegado a interpretarse como una amenaza, una transgresión. Podría decirse que la ley ha prohibido el libre acceso al mayor lienzo del mundo y, precisamente por eso, éste se ha llenado de trazos incontrolables, extendiéndose a todo tipo de superficies. El muro y sus extensiones metonímicas (puertas, mobiliario urbano, vagones, autobuses...) pasan a ser el soporte de lo que venimos hablando: El graffiti.


Una de sus muchas definiciones podría ser: “Acto de escribir (nombre) o representar (símbolo que nos identifique o con el que nos identificamos) en una superficie ajena”. Si lo miramos desde este punto de vista, casi todo el mundo habría hecho graffiti , por ejemplo las inscripciones en los árboles co una navaja (Jose x María), paredes (¡Ala Madrid!), pintadas en las mesas del colegio, frases en retretes públicos... y un largo etcétera. Ese gesto tan humano que deja nuestra huella, un “pedacito” de nosotros mismos tan personal, ese acto tan íntimo y a la vez tan público no deja de ser la exteorización de un sentimiento... Lo que curiosamente coincide con una de las definiciones del término arte. Pero... ¡Cuidado! Lo que hoy en día entendemos por graffiti y la fuerte personalidad que está cobrando nos adentrará en unos laberintos de creatividad y de posibilidades infinitas que más tarde veremos, y que nos harán darnos cuenta de que, aun siendo una cultura cronológicamente reciente (unos treinta años) se anula toda posibilidad de calificarla como una moda, puesto que trae a sus espaldas ya tres generaciones y la llegada de una cuarta. Además de la comercialización que hoy en día produce este fenómeno, los numerosos e importantes eventos, todas las publicaciones y sobre todo, ese espíritu urbano y esa siempre presente necesidad, hacen de ésta una cultura sólida, a pesar de estar en manos de gente de la calle y precisamente sorprende que ante esta, digamos... "Integración", siga conservando su espíritu ilegal.


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Es concretamente a finales de los sesenta cuando los concienciados activistas políticos y los no tan concienciados miembros de las gangs (las bandas callejeras) retoman este antiguo método de comunicación de escribir en los muros: Los primeros para hacer públicas sus protestas y los segundospara delimitar su territorio.


Poco después en la ciudad norteamericana de Filadelfia el bombing (bombardear, acto de pintar el nombre por todas partes) sienta los primeros antecedentes del graffiti tal y como hoy lo conocemos: Bombardeo de jóvenes artistas de las paredes de la ciudad con su nombre o apodo con la finalidad de llamar la atención de la sociedad y de los medios. Pronto esto evolucionó y se trasladó a la parte sur del barrio neoyorkino del Bronx (SouthBronx), donde el arte del writing (escribir en paredes y vagones) toma la morfología definitiva de diálogo con la sociedad en general. Va a ser ahí, en Nueva York, donde se desarrolle plenamente esta cultura y evolucione hasta donde hoy la conocemos.




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A finales de los sesenta los adolescentes en la ciudad de Nueva York empezaron a escribir sus nombres en las paredes de sus barrios, aunque en realidad utilizaban pseudónimos, creandose así una identidad propia en la calle. Estos chicos escribían para sus amigos o incluso para sus enemigos. Quizás el ejemplo más significativo y a la vez el más conocido por todos sea el de Taki 183, un chico de origen griego que a la edad de 17 años comenzó a poner su apodo. Su verdadero nombre era Demetrius (de ahí el diminutivo “Taki”) y 183 era la calle donde vivía (poner el nombre de la calle fue un elemento usado por muchos más escritores). Taki trabajaba como mensajero y viajaba constantemente en el metro de un lado a otro de la ciudad. En el trayecto estampaba su tag (firma) en todos los lados, dentro y fuera del vagón. El no lo consideraba como algo malo, de hecho respondía así a las preguntas que le formularon en una entrevista en el New York Times: “Simplemente es algo que tengo que hacer. Trabajo, pago mis impuestos y no hago daño a nadie”. Estos actos le convirtieron en un héroe y poco después cientos de jóvenes empezaron a imitarle.


Algunos de los escritores también destacados de aquella época fueron: Frank 207, Chew 127, Julio 204, Bárbara 62... En principio no buscaban estilo, sólo querían aparecer por todos los lados. Es a partir de aquí cuando surgió el boom y cientos de adolescentes comenzaron a poner su nombre por toda la ciudad, haciéndose necesaria la creación de un estilo, tanto en la caligrafía, como en los métodos de ejecución o incluso los lugares utilizados para dicho fin. Por ejemplo, Soul 1, un escritor de la zona de Manhattan, se dedicó a escribir su nombre a media altura en los laterales de los edificios. Tracy 168 citaba: “Eran inalcanzables para el resto de los humanos. Parecía que podía volar”. También podríamos destacar la anécdota de Bama, cuyo deseo por superar a los demás en cuanto a emplazamiento de sus pintadas le llevó a intentar escribir su nombre en lo alto de una montaña situada en el norte del estado de Nueva York. Cual sería su sorpresa cuando al apartar los ramajes y limpiar la superficie vió que se le habían adelantado: “¡Mierda!”. Se lamentaba el muchacho. Un caso muy sonado fue el de Seen al pintar su nombre en letras gigantescas en el mismísimo letrero de la colina de Hollywood.
En cuanto a la caligrafía, en principio se utilizaba una bastante legible, hasta la llegada a Nueva York de un graffitero de Filadelfia llamado Top Cat, quien afirmaba que todo lo que sabía sobre graffiti lo había aprendido en el legendario pan de maíz de Filadelfia. Escribía su nombre en letras finas y alargadas muy juntas. Eran difíciles de entender, pero precisamente esto las hacía destacar de las demás y llamaban la atención del resto, por lo que un gran número de escritores de Manhattan adoptaron su estilo y lo bautizaron como “Broadway Elegant”. Como contra, algunos escritores de Brooklyn inventaron su propio estilo, que consistía en letras más separadas adornadas con corazones, flechas, espirales... Y, por supuesto, el Bronx también tuvo su periodo de popularidad de estilo cuyo resultado era la mezcla de los dos anteriores. Aunque hay que decir que al final cada escritor optó por la creación de su propio estilo. Llegó un momento en el que el amasijo de firmas era tal, que surgió la necesidad de concentrarse en el tamaño y color de las letras, surgiendo así los primeros tags con “outline” (filete o línea de borde) iniciados por Super Kool y que más tarde Phase 2 perfeccionó dando como resultado unas letras más gordas perfiladas y coloreadas: bubble letters o letras pompa. De aquí posteriormente nacieron los ya famosos throw up o vomitados, que como su nombre indica, son piezas espontáneas y de realización rápida. Otro tipo de letras son las block letters, perfectamente legibles similares a los rótulos. Pero el afán competitivo va más allá, y la obsesión por conseguir popularidad y respeto llega a una complejidad artística tal que las letras empiezan incluso a ser difíciles de entender, culminando así en el estilo más genuino del Bronx: Wild style o estilo salvaje.

Ya a finales de los setenta, el graffiti alcanza sus cotas más altas con la incorporación de imágenes de la iconografía popular tales como personajes de cómic o dibujos animados, e incluso retratos y autorretratos en forma de caricatura (estas influencias se verán más adelante en un apartado especial). Con la incorporación de estas imágenes aparecen en escena las complejas master pieces (piezas maestras), que además de hacer distinguir a los grandes maestros de los principiantes, amplían de manera considerable el tamaño de las obras.
La comunidad del writing arde de expresividad, y esto lleva a un estado de competitividad feroz que se traduce en el auge de las conocidas Guerras de estilo (Style Wars) para nada violentas. Esta competición desemboca en las alianzas entre escritores. Es un momento muy importante, puesto que nos encontramos ante el nacimiento de las crews (pandillas, grupos). Su objetivo es la de hacerse más fuertes y así conseguir el respeto de los demás. Hay que tener en cuenta de que el hecho de que haya más miembros de un mismo grupo poniendo el mismo nombre facilita el acto de “dejarse ver” (gettin’ up).


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A mitad de esta década de los ochenta nos encontramos ante un periodo que podríamos denominar como una fase de supervivencia. Cuando todo parece ya perdido con la MTA como dueña y señora de la situación y la Transit Police en plenitud de fuerzas, cuando los tags, throw ups y demás elementos empiezan a escasear de manera alarmante o bien están tan escondidos que nadie los ve, aparece el nuevo héroe de la película que rescatará al graffiti de esta oscura fosa. La explosión a mediados de los ochenta del movimiento Hip-Hop reaviva la llama de la neoyorkina cultura del writing. Esto anima de nuevo a los adolescentes. Todos quieren ser b-boys (seguidores del hip hop). Los writers acompañados ahora por los breakers (bailarines de breakdance) y los Mc’s (cantantes de rap), están otra vez en el disparadero. Desde la Costa Oeste (California) llegan las noticias de la relativa facilidad para pintar trenes de mercancías, lo que animará a muchos escritores a coger sus latas (aunque muchos puristas neoyorkinos verán mal el graffiti en los mercancías).
El graffiti Arte e Historia

El graffiti, en cuanto a influencias se refiere, es un modo de expresión artístico indicativo de un estilo de vida urbano. Sus más directas influencias vienen dadas, pues, por otras expresiones culturales de la calle como puedan ser el rap o el break dance, de hecho es bastante estrecha la relación de estos tres elementos, aunque no siempre.


Además de la morfología en la escritura y en los estilos de letra de los tags, los throw-ups, wildstyles, etc. El graffiti toma prestados diversos elementos de la iconografía popular como el cómic o los cartoons (dibujos animados). De hecho, la primera y la más destacada influencia viene determinada por el trabajo de Vaughn Bodé (continuado por su hijo Mark Bodé), quienes fueron de los primeros artistas del cómic underground de la década de los sesenta y los creadores de personajes como: Deadbone, Junkwafel, Cheech Wizard o Belinda Bloom. Hoy en día no se puede hablar de la historia del graffiti sin mencionar a Bodé, quien fue objeto de homenajes y dedicaciones por parte de algunos escritores, por ejemplo Kel 129 o Dondi, o incluso su trabajo llegó a hacerse referencia en un tema del legendario grupo de Hip Hop Beastie Boys. Los personajes de Bodé sirvieron como complemento para las piezas de muchos escritores del antiguo metro neoyorkino, aunque hoy en día se sigue haciendo tributo a este artista underground de gran popularidad en la década de los sesenta asociado al movimiento hippie o en los noventa al hip hop.

Como anécdota podríamos contar que destaca el cierto contenido erótico de los cómics de Bodé (sobre todo en los de la serie Erotica, plagados de mujeres desnudas) y que, precisamente, ésta es una de las principales razones de que los escritores tuvieran acceso a ellos. En los principios de gestación de la cultura la mayoría de los chicos que comenzaron a pintar tenían una media de unos catorce o quince años de edad, con lo que eran demasiado pequeños para consumir este tipo de revistas por lo que la casi todos ellos las tomaban “prestadas” de sus hermanos mayores. La simple curiosidad de adolescente por el erotismo se convirtió (de manera indirecta) en una de las principales fuentes de inspiración de este arte, inspiración que incluso hoy todavía perdura. Efectivamente, seguimos viendo a Cheech y a Junkwafel en las piezas de muchos autores contemporáneos inspirados a su vez en los de primer generación.

También en sus inicios tuvo especial popularidad entre los escritores la figura del Santo (The Saint), un icono perteneciente a unas novelas basadas en una serie televisiva de carácter popular, que llegaba a reducirse tan esquemáticamente que parecía un monigote infantil o un pictograma.


En el graffiti también se perciben ecos publicitarios muy fuertes, especialmente de los grandes carteles de los comercios urbanos y de las grandes marcas. Graffiti y publicidad van en ocasiones estrechamente ligados, y es que, como dice El Tono,“el graffiti es publicidad, y en publicidad si no intentas aparecer por todos los lados, no existes”. También son usados en este arte personajes populares de cómic o cine, textos o citas famosas, iconos universales como el símbolo de la paz... La razón puede ser doble: Simplemente el autor se identifica con la imagen representada o la representa precisamente para llamar la atención de los observadores que reconocen la imagen de una forma inmediata. También, aparte de elementos publicitarios, el graffiti llega a imitar logotipos de marcas o empresas reconocidas adaptándolos al nombre de su autor (método similar al utilizado por el Pop Art, que más que una limitación creativa supone un recurso innovador e ingenioso de reintrepretación). Aunque lo más común es representar personajes carismáticos entre el público adolescente, generalmente superhéroes como Spiderman, Batman, Superman... U otros más populares como Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape o las más actuales Supernenas. También podríamos destacar la representación de personajes históricos, estrellas del cine o de la música (esto depende de los gustos personales del realizador). También se representan ideologías, mensajes y hasta temas de actualidad de interés social como la droga, la liberación animal y hasta catástrofes humanas como la de las Torres Gemelas o la guerra de Irak, que ya han sido objeto de temática en algunas piezas y murales. En Francia fue muy frecuente durante algún tiempo las frases en piezas de escritores arremetiendo contra Chiraq y las pruebas nucleares.


Otra influencia directa sobre el graffiti es la del tatuaje (puerta de salida para muchos escritores) y que de manera recíproca influye en el estilo de las piezas de muchos. Esto se ve sobre todo en la representación de tribales, simetrías, o personajes y elementos típicos del tatuaje como corazones, puñales... Siempre en colores vivos y planos que tanto caracterizan a los tattos.


Como no, el arte influye también de manera directa en muchas de las obras. Se ha representado desde las míticas sopas Campbell de Warhol pasando pon una reinterpretación del Guernica de Picasso o incluso el arte fantástico de Rodney Matthews también ha recibido su homenaje. Aparte de estilos pictóricos o escultóricos, se ha llegado a representar, total o parcialmente, obras de arte tanto clásico como moderno, así obras de Leonardo da Vinci, Dalí, Van Gogh, Lienchestein o Giacometti entre otros, son acompañadas de piezas de escritores con un estilo de graffiti genuino. Como anécdota podría comentar -ya que parece algo casi obligatorio al hablar de graffiti en relación con el arte- es la atribución que se les a dado a personajes del mundo del arte neoyorkino de los 80 de escritores de graffiti. Hablo de Jean Michelle Basquiat y de Keith Haring. El primero, bajo el psudónimo de Samo parece ser (hasta donde he podido saber yo) que si que llegó a escribir su nombre en las paredes y en el metro. Pero queda totalmente fuera de lugar que fuese un hito y mucho menos un escritor activo en la época. De hecho, no he conseguido localizar ni una sola firma u obra suya fuera de otro formato que no fuese un lienzo o similar. Haring, por su parte, nunca se consideró un escritor de graffiti. Sin embargo, si se ha constatado que éste dibujaba en los carteles de las estaciones de metro (no en los vagones) iconos y símbolos típicos de su obra gráfica.

Por último se podría mencionar la influencia que recibe el graffiti de disciplinas más actuales como el diseño gráfico, la ilustración o la estética de la nueva corriente conocida como Street art. Así, no es raro encontrarnos, aparte de temáticas con alguna de estas estéticas, piezas individuales de escritores en las que se perciben ecos de estas disciplinas, perdiéndose cada vez más la identidad, en algunos casos, del original diseño de letras y colorido típicas del graffiti tradicional. No es raro, pues, encontrarnos con motivos geométricos y formas poligonales, obras a sólo dos colores, recursos tipográficos, etc. En obras de escritores en las que lo que se supone es el factor principal del graffiti, el nombre del autor, se pierde en ocasiones de manera total o parcial. También podemos encontrarno con murales en los que la existencia de letras con morfología del graffiti es nula, llenando sin embargo el espacio con la representación de personajes o fondos realistas. O también podemos encontrarnos con una integración de carteles o plantillas representando personajes, siluetas, tipografías o logotipos componiendo un mural de caracter urbano. Algunos son partidarios de estos avances, de estas nuevas tendencias calificadas como la evolución del graffiti, otros no lo ven así y piensan que estas manifestaciones poco tienen que ver con el fenómeno del writing neoyorkino. Hay quien expresa abiertamente que lo que hace no lo califica explícitamente como graffiti, no sabiendo situarlo entre una obra de arte moderno o una de arte callejero. Hay quien incluso cobra dinero por pintar, la polémica y el debate sigue abierto... Muchas de las cosas que vemos hoy en día que se nos presentan como tal ¿son realmente graffiti?

graffiti

Se sabe que los primeros utensilios para dibujar en los vagones de metro eran en principio pinceles y pintura hasta el descubrimiento del spray (aerosol). Empecemos por establecer un orden arbitrario para poder hacer una clasificación, por ejemplo rotuladores y aerosoles (puesto que son los más importantes) y luego otros métodos.

En un principio valía cualquier cosa. Por ejemplo, en el Nueva York antiguo, Pray utilizaba una llave con la que rasgaba su nombre en los metales pintados (más tarde se descubriría que Pray era una venerable anciana que se dedicaba a poner su nombre al más puro estilo writer).


Los primeros marcadores eran de un tamaño pequeño, el tradicional Edding 2000 de unos pocos milímetros de grosor y punta redonda es un buen ejemplo hasta que se instaló con éxito el Pilot de punta cuadrada de 1x1 cm. Fue muy utilizado por los escritores. Algunos querían ir más allá e incluso se fabricaban sus propios rotuladores utilizando envases de pegamento con sistema de muelle (lo que hoy se conoce como camaleones), botes de pegamento de barra vaciados y con una punta casera acoplada. Generalmente se usaba la esponja de los borradores de las pizarras del colegio (eso sí, sin estrenar, puesto que si estuvieran usados, las partículas de tiza podrían obstruir el paso de la tinta). Incluso se llegaban a rellenar recipientes de Canfort para zapatos. El repuesto preferido solía ser laca de bombilla, un material bastante económico y viable además de disponer varios colores. El inconveniente es su poca resistencia al sol, dejando los tags prácticamente invisibles después de varios días.


Con el tiempo los rotuladores caseros han dado paso a otros más sofisticados. Aparte de rotuladores de tinta aparecen rotuladores de témpera, con lo que ahora, aparte de haber más colores, los que hay son cubrientes, es decir, existen colores claros aptos para escribir en superficies oscuras, lo que hizo que se ampliasen el número de superficies susceptibles de ser atacadas. Generalmente se los llama Posca, debido a que la marca más extendida se llama así. Llevan un sistema de muelle y bola mezcladora debido a que los materiales que contiene son más espesos que la tinta y hay que asegurar la fluidez.
No sólo varió la tinta sino también el grosor de los rotuladores. Desde el camaleón de 1,5x1 cm de punta, pasando por el 20mm de 2x1cm y llegando hasta un linterna de 3x1cm, lo que da más vistosidad y mayor tamaño a las firmas. Pero la escala sigue subiendo y nos encontramos con el Ultra Wide o espátula, que aumenta el ancho a 4cm (aunque es más fino y más estrecho, de ahí el nombre de espátula y que parezca un desodorante). Haze, un viejo escritor noyorkino, se especializó en su uso. Por si esto fuera poco el último invento del mercado ha desencadenado en el Biggie, llevando la punta a un grosor de 5x1cm, casi el doble que la revolucionaria linterna. Desde el punto de vista comercial la cosa acaba aquí, pero en ansia de los escritores en su búsqueda del “todavía más” les lleva a sacarse a la calle una esponja y humedecerla con tinta. El resultado es de imaginar: Trazos tan grandes como el tamaño de la esponja. Y, sin duda, el último grito: Derramar directamente la tinta del bote sobre la superficie ¿Es este el grado extremo? No, por si fuera poco ya no basta con el tamaño o la cantidad de tinta derramada sino que ahora se busca que ésta sea indeleble. Hacia el 98 nos llega desde Italia la temeraria tinta Inferno originaria para tintar zapatos y pieles que pasa a sustituir a la tradicional Industrial (más negra pero más fácil de eliminar) que hasta el momento se había estado usando en España. Los escritores cargan sus rotuladores con esta tinta, cuya principal característica es la de su poder de penetración en los poros de las superficies más pulidas, haciendo en algunos casos imposible la eliminación total de la pintada, tornando su original color negro en un gris de un tono bastante oscuro después de un duro frotado incluso con los más fuertes disolventes. No contentos con el ya debastador poder de la tinta milanesa, los escritores le añaden “pluses” a la sustancia, como por ejemplo el aceite negro residual de los motores de coche, o una especie de bolas que se desacen convirtiéndose en un polvo negro que fomenta el agarre de la tinta a la superficie. Todo ésto, especialmente la tinta Inferno, trae de cabeza, por un lado a los dueños de los comercios que demandan una solución al problema, y por otro pone en jaque a las autoridades, una vez más.


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Pero sin duda, la técnica por excelencia del graffiti es el aerosol, el spray. Las razones son su convencionalismo, sus abundantes colores ya mezclados, su relativa limpieza, su fácil uso... Aunque todas estas ventajas de las que hoy gozan sus usuarios no son otra cosa que el fruto de la evolución de los primeros propelentes técnicamente muy pobres. Aunque nos ceñiremos más en concreto al caso español, cabe mencionar algunas de las marcas que se usaban en los inicios del writing en Nueva York por su importancia: Los genuinos Krylon, los Rust-Oleum o los Red-Devil son los más destacados entre muchos otros (Lucas, Broma, Utilac, etc).


En España a mediados de los ochenta destacaba la marca Novelty, que podían encontrarse en tiendas de barrio, droguerías, etc. Los botes se presentaban en envases de 200 ml y 400 ml. A pesar de su gran capacidad cubriente la gama de colores era muy escasa, por lo que también se comenzó a utilizar la marca Duplix, pintura especial para coche, que ya se encontraba en grandes almacenes y tiendas especializadas, aunque esta pintura era más acuosa y cubría peor, puesto que estaba pensada para retoques y no para grandes superficies. Otra marca a destacar era Pictex, una pintura muy cubriente, tanto que se obstruían con facilidad. Su precio era muy económico lo que provocaba grandes colas en el Rastro de Madrid los Domingos por la mañana (desde las 6:30-7:00) puesto que era el único sitio donde se vendían.
A pricipios de los noventa la mítica Spray Color era mejorada por Felton Spray, llegando a ampliarse aún más la gama, pero todavía era insuficiente. Esto, una vez más, tocó la fibra sensible de los escritores sacando a relucir su ingenio creativo. Se inventó la manera de mezclar los colores pasando la pintura de un spray a otro ¿El método? El gas de uno de los botes se calentaba y el del otro se enfriaba. Luego se le quitaba a los dos difusores el punto por el que salía la pintura y en los nuevos orificios se introducían los dos extremos de un tubo de tinta gastado de un bolígrafo Bic. Se insertaban cada boquilla en el correspondiente bote, se presionaba a la vez y el bote con aire caliente llevaba la pintura al otro consiguiendo que se mezclasen los dos y obteniendo un tercero. Había una manera similar que consistía en inyectar pintura directamente a un bote, habiendo sido éste previamente congelado para evitar que se escapase el gas o la transfusión directa de un bote a otro mediante un trozo de tubo de Bic.

Hacia el 92 surge en Barcelona un cambio importante cuando dos escritores (Moockie y Kapi) abren Game Over, la primera tienda en nuestro país especializada en graffiti. Se dedicaron a la venta de Felton Spray y posteriormente empezamos a oír la marca Montana, que es la líder actual.


En cuanto a los difusores nos encontramos con dos tipos de boquillas o caps: Macho y hembra. Las primeras en la parte inferior tienen un tubito que entra en la válvula del bote hembra. Las segundas al contrario, tienen en la parte inferior un hueco en el que entra el tubo del bote macho. A su vez las boquillas, independientemente de que sean macho o hembra, tienen diferentes característica en cuanto al tipo de trazo que realicen (finos o gruesos, limpios o difusos, redondos o direccionables...). Nos encontramos entonces con los Fat cap (boquillas de trazo grueso) que sueltan más cantidad de pintura, son capaces de hacer un trazo con un grosor de 20 centímetros, por lo que son idóneos para rellenar grandes superficies. Por otro lado están los Skinny cap (boquillas de trazo fino) que sueltan menos cantidad de pintura permitiendo trazos de varios milímetros, ideales para detalles. Las skinny han pasado a sustituir el viejo truco de meter una aguja en el punto difusor para obstruirlo y reducir el grosor del trazo. Otro elemento diferenciador de boquillas es el hecho de que tengan falda (siendo más ancha y cómoda para el dedo) o no. Actualmente existen las llamadas crestas (boquillas con falda pero de cabeza estrecha) con una forma hergonómica que se adapta perfectamente al dedo de su usuario.


Hoy en día los botes más destacados y utilizados a nivel mundial son los de la marca española Montana. La razón es que está concienciada de que los consumidores más habituales de spray son los escritores de graffiti y ésto le ha llevado a hacer mejoras tanto en la calidad de la pintura, como en el diseño de los botes, accesorios, productos... Siempre encaminándolos en este campo. Podrían destacarse otras marcas a nivel europeo como Felton, CRC, Sparvar, Belton, Molotov...


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