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Marciano durán - crónicas mas destacadas

Marciano durán - crónicas mas destacadas


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Ahora les dejo algunas de sus cronicas, la mas destacadas


Si tienen tiempo leanse alguna x que estan mortales!!!


¡ Llame ya!…al siquiatra, Carmen


–Vos tenés que estar loco– me dijo mi mujer que sigue sin entenderme.

–¿Qué es lo que te preocupa tanto, Carmen? — le pregunté un poco molesto.

–¡Todo, Leonardo, tooooodo! Últimamente, todo me molesta de vos. Vos me molestás, desde los cayos hasta la pelada. Porque vos no estás bien ¿Entendés que no estás bien?

–Mirá Carmen, vos comprás en la feria lo que querés, en el Chuy lo que querés, en el supermercado lo que querés, en el shoping lo que querés y porque a mí se me dio por comprar unas cositas resulta que te querés ir de casa.

–¡¿Unas cositas?! Mirate Leonardo. Mirate un poquito y mirá a tu alrededor. Me voy, me voy a la casa de mamá.

–¿Lo decís por la crema Baba de Caracol que me puse en la cara? Parece que no te has enterado que ahora los hombres también usamos cosméticos. ¿No querés tener en casa un metro sexual?

–Me alcanzaría con un “diez centímetros sexual”, Leonardo.


–Deberías informarte un poco más. Te enterarías que Gelltone se hace con extracto de baba de caracol y me cura el acné.

–¡Vos le estás poniendo vino al mate, Leonardo! El acné te desapareció hace 40 años.

–No me dejaste terminar: te cura el acné, te saca las arrugas, las cicatrices, porque tiene Alantoina.

–A la Antonia vas a tener que llamar para no quedarte solo porque yo… me las tomo.

–Mirá…me mandaron gratis, escuchá bien: GRATIS, una máscara reafirmante.

–¿Me podés decir que es eso que tenés escondido debajo de la cama?

–No tengo nada.

–Eso que asoma contra la mesa de luz

–Es…este…eeeeeh…es una Versaleider 36 en uno.

–¿Versaqué? ¡¡Eso es una escalera!!

–¡¡No te lo permito!! ¡Te juro que no te permito que le digas “escalera” a la Versaleider– dije sacándola de abajo de la cama y armándola contra el placar. Mirá, es liviana, se le puede colocar una plataforma de trabajo o una tabla para andamio. Lo vi en la tele, ahora la vida es distinta Carmen. Yo vi que un señor gordo cinchaba con una escalera enorme de madera y tiraba los cuadros y la esposa se caía. Fue horrible. Pero con esto podés hacer pruebas de circo arriba de ella. La señora dijo que con las otras escaleras se sentía inestable en su vida sentimental pero a partir de ahora se siente equilibrada y segura en la vida. Me salió apenas…

–¡Noooo! ¡No me lo digas! No me digas por favor cuanto gastaste en la escalera de la felicidad. Aunque me vaya para siempre no quiero saberlo, porque supongo que habrás pagado lo mismo que pagaste por el aparato para caminar, remar, bicicletear, nadar y saltar que está atravesado en la puerta de la cocina y no hay quien pase por allí y lo más importante: no hay quien se le suba arriba.

–No lo llames aparato, sabés bien que es un Car Fry Long y sabés bien que si no lo uso es porque ahora me compré el Fat y Fol Straider que me salió la tercera parte y te hace dos ejercicios en uno. El señor dice en el reclame que su vida comenzó el día que se compró el Fat y Fol Straider. Esto te afirma y te modela la parte inferior del cuerpo al mismo tiempo.

–Al mismo tiempo que te roban la plata. Tu hija no quiere ir más al zoológico con vos porque la última vez dijeron por los parlantes que se había escapado el elefante de mar. Subite viejo, subite de vez en cuando al aparato y … hablando de subirse de vez en cuando…¿que pasó con el Rejuve-Sex? ¿No era que ibas a empezar a subirte más seguido?

–Perdoname, pero no te estoy atendiendo porque me parece que a Carmencita se le cayó una aguja al suelo en el dormitorio de al lado.

–¿Querés sacarte ese aparato de la oreja? ¿Para que querés escuchar las agujas que se caen? Vos estás enfermo Leonardo. ¿Qué vas a hacer con ese cuchillo?

– Es el Daili Pro que garantiza fetas perfectas. La señora que lo vende dijo que hoy es el primer día del resto de su vida. Que a partir de Daili Pro se siente otra persona. Mostraron como era ella antes de tener el cuchillo ajustable. Mirá…no me vas a creer, pero ella antes era en blanco y negro y gorda. Se cortaba los dedos y tenía las medias rotas. Después la vi con el Daili Pro y estaba en colores, de biquini, se reía y cantaba mientras cortaba un pepino. Y sin que yo lo pidiera me mandaron de regalo un pelador a pilas. ¡Nunca vi en mi vida nada parecido! El pelador vale 20 dólares pero me lo mandaron gratis.

–¿Y esa manguera tirada en el living desde hace dos meses?

–No está tirada y no es una manguera. Es la Roll a House, compacta y liviana. ¿Vos has visto las mangueras comunes? Son duras, pesadas y no sabés donde guardarlas. Yo lo vi en la tele, las mangueras de antes se rompen cuando se le clava la espina de un rosal, pero a la Roll a House no la pincha nadie.

–Como a mí Leonardo, como a mí.

–No me interrumpas Carmen. Todas las mangueras tienen 8 metros, pero esta tiene 15 por lo que alcanza para llegar a los rosales del fondo.

– Vivimos en un apartamento, no tenemos fondo, no tenemos rosales, no tenemos pastito, no tenemos espinas… Los únicos Rosales son los vecinos del 306.

–Como quiera Señora Negativa, pero me regalaron un rociador rotativo con cuatro sprays…y ¿sabés cuanto pagué por todo?

—¡Noooooo! No me lo digas por favor. Quiero irme a la casa de mamá sin más sorpresas. En la mesita te dejo la tarjeta del siquiatra para que te vea. Llamalo. Cuando estés bien vuelvo.

–¿La mesita? Esa es la Taible Maite, plegable, de gran resistencia, cómoda y útil.

–¡Eso es una mesa!

–¡Nooooooo! ¡Le podés poner un bidón de 20 litros arriba! Podes comer en la cama, mirar tele y ajustarla a seis alturas. ¡Seis alturas! Y cuando la compré me regalaron un organizador de controles y puedo guardar mis botanas en él.

–No tenés control. Y no tenés ni idea de lo que es una botana Leonardo. ¿Me podés decir qué son todos esos cables que tenés enchufados en el abdomen?

–Te explico, yo probé todo pero nada funcionaba. Ahora he tomado el control de mi vida. Antes usaba pesados caminadores y máquinas que no daban resultado. Me pasé al Piramid Raik. Ahora soy otra persona.

–Sos el mismo pero enchufado, ridículo.

–¡Noooo, mirá que firmes tengo los abdominales!

–Esos no son abdominales, eso es un cementerio de pollos y un depósito de vinos. Mirate un poco, por más que te enchufes si no dejás de comer y de chupar no vas a bajar un gramo.

–Eso es cierto, ahora que me compré el Magic Rullet puedo cocinar cualquier cosa en 10 segundos. Lo que pasa Carmen es que el Magic Rullet viene con 17 piezas y dos cápsulas contenedoras de alto rendimiento. Se puede hacer incluso guacamole casero.

–¿Qué es guacamole casero, Leonardo?

–Eeeeh…y también podés hacer un tentempié de bajas calorías. Lo que pasa es que la cápsula es versátil y me regalaron dos cuchillas extras.

–¡No te soporto más!

–Pará, no te vayas. Aguantá que me tomo un Amerilav Silhoete efervescente y vas a ver que silueta le meto. Dame unos días y te prometo que cambio. Medime el abdomen antes de irte y medime cuando vuelvas. ¡No vas a poder creerlo! ¡Hoy es el primer día del resto de nuestra vida! Caminaremos por el parque de la mano, con las fajas que te hacen transpirar, coseremos ropita en la orilla del lago, nos sacaremos fotos antes y después de usar el pelahuevos. ¡No te vayas Carmen, dame otra oportunidad! ¡Tomemos el control de nuestras vidas! Caminemos sonriéndoles a los vecinos mientras ellos se enredan con las viejas mangueras en blanco y negro, gordos, pelados y mal vestidos. Aparquemos nuestro carro cerca de la alberca. Sonriamos con nuestros dientes blancos y mostrémosles nuestros abdominales firmes. Pongamos los caminadores en el jardín, cocinemos en la playa con la cacerola Ultra Nill. No te vayas Carmen por favor, no me dejes. Comprendeme , desde hoy seré un ser humano simple, compacto, poderoso y versátil y lo más importante me podrás guardar en cualquier lugar. No te vayas ahora que compré una máquina de coser Sewing Press que es ideal para agregar ese toque personal a las ropas. ¡No te vayas ahora Carmen! ¡Pagué una y me entregan dos! ¡Te necesito, te necesito para que te quedes con la otra Sewing Press!

Marciano Durán
Mayo 2006

ESOS LOCOS QUE CORREN


Yo los conozco.
Los he visto muchas veces.
Son raros.
Algunos salen temprano a la mañana y se empeñan en ganarle al sol.
Otros se insolan al mediodía, se cansan a la tarde o intentan que no los atropelle un camión por la noche.
Están locos.
En verano corren, trotan, transpiran, se deshidratan y finalmente se cansan… sólo para disfrutar del descanso.
En invierno se tapan, se abrigan, se quejan, se enfrían, se resfrían y dejan que la lluvia les moje la cara.
Yo los he visto.
Pasan rápido por la rambla, despacio entre los árboles, serpentean caminos de tierra, trepan cuestas empedradas, trotan en la banquina de una carretera perdida, esquivan olas en la playa, cruzan puentes de madera, pisan hojas secas, suben cerros, saltan charcos, atraviesan parques, se molestan con los autos que no frenan, disparan de un perro y corren, corren y corren.
Escuchan música que acompaña el ritmo de sus piernas, escuchan a los horneros y a las gaviotas, escuchan sus latidos y su propia respiración, miran hacia delante, miran sus pies, huelen el viento que pasó por los eucaliptos, la brisa que salió de los naranjos, respiran el aire que llega de los pinos y entreparan cuando pasan frente a los jazmines.
Yo los he visto.
No están bien de la cabeza.
Usan championes con aire y zapatillas de marca, corren descalzos o gastan calzados. Traspiran camisetas, calzan gorras y miden una y otra vez su propio tiempo.
Están tratando de ganarle a alguien.
Trotan con el cuerpo flojo, pasan a la del perro blanco, pican después de la columna, buscan una canilla para refrescarse… y siguen.
Se inscriben en todas las carreras… pero no ganan ninguna.
Empiezan a correrla en la noche anterior, sueñan que trotan y a la mañana se levantan como niños en Día de Reyes.
Han preparado la ropa que descansa sobre una silla, como lo hacían en su infancia en víspera de vacaciones.
El día antes de la carrera comen pastas y no toman alcohol, pero se premian con descaro y con asado apenas termina la competencia.
Nunca pude calcularles la edad pero seguramente tienen entre 15 y 85 años.
Son hombres y mujeres.
No están bien.
Se anotan en carreras de ocho o diez kilómetros y antes de empezar saben que no podrán ganar aunque falten todos los demás.
Estrenan ansiedad en cada salida y unos minutos antes de la largada necesitan ir al baño.
Ajustan su cronómetro y tratan de ubicar a los cuatro o cinco a los que hay que ganarles.
Son sus referencias de carrera: “Cinco que corren parecido a mí”.
Ganarle a uno solo de ellos será suficiente para dormir a la noche con una sonrisa.
Disfrutan cuando pasan a otro corredor… pero lo alientan, le dicen que falta poco y le piden que no afloje.
Preguntan por el puesto de hidratación y se enojan porque no aparece.
Están locos, ellos saben que en sus casas tienen el agua que quieran, sin esperar que se la entregue un niño que levanta un vaso cuando pasan.
Se quejan del sol que los mata o de la lluvia que no los deja ver.
Están mal, ellos saben que allí cerca está la sombra de un sauce o el resguardo de un alero.
No las preparan… pero tienen todas las excusas para el momento en que llegan a la meta.
No las preparan…son parte de ellos.
El viento en contra, no corría una gota de aire, el calzado nuevo, el circuito mal medido, los que largan caminando adelante y no te dejan pasar, el cumpleaños que fuimos anoche, la llaga en el pie derecho de la costura de la media nueva, la rodilla que me volvió a traicionar, arranqué demasiado rápido, no dieron agua, al llegar iba a picar pero no quise.
Disfrutan al largar, disfrutan al correr y cuando llegan disfrutan de levantar los brazos porque dicen que lo han conseguido.
¡Qué ganaron una vez más!
No se dieron cuenta de que apenas si perdieron con un centenar o un millar de personas… pero insisten con que volvieron a ganar.
Son raros.
Se inventan una meta en cada carrera.
Se ganan a sí mismos, a los que insisten en mirarlos desde la vereda, a los que los miran por televisión y a los que ni siquiera saben que hay locos que corren.
Les tiemblan las manos cuando se pinchan la ropa al colocarse el número, simplemente por que no están bien.
Los he visto pasar.
Les duelen las piernas, se acalambran, les cuesta respirar, tienen puntadas en el costado… pero siguen.
A medida que avanzan en la carrera los músculos sufren más y más, la cara se les desfigura, la transpiración corre por sus caras, las puntadas empiezan a repetirse y dos kilómetros antes de la llegada comienzan a preguntarse que están haciendo allí.
¿Por qué no ser uno de los cuerdos que aplauden desde la vereda?
Están locos.
Yo los conozco bien.
Cuando llegan se abrazan de su mujer o de su esposo que disimulan a puro amor la transpiración en su cara y en su cuerpo.
Los esperan sus hijos y hasta algún nieto o algún abuelo les pega un grito solidario cuando atraviesan la meta.
Llevan un cartel en la frente que apaga y prende que dice “Llegué -Tarea Cumplida”.
Apenas llegan toman agua y se mojan la cabeza, se tiran en el pasto a reponerse pero se paran enseguida porque lo saludan los que llegaron antes.
Se vuelven a tirar y otra vez se paran porque van a saludar a los que llegan después que ellos.
Intentan tirar una pared con las dos manos, suben su pierna desde el tobillo, abrazan a otro loco que llega más transpirado que ellos.
Los he visto muchas veces.
Están mal de la cabeza.
Miran con cariño y sin lástima al que llega diez minutos después, respetan al último y al penúltimo porque dicen que son respetados por el primero y por el segundo.
Disfrutan de los aplausos aunque vengan cerrando la marcha ganándole solamente a la ambulancia o al tipo de la moto.
Se agrupan por equipos y viajan 200 kilómetros para correr 10.
Compran todas las fotos que les sacan y no advierten que son iguales a las de la carrera anterior.
Cuelgan sus medallas en lugares de la casa en que la visita pueda verlas y tengan que preguntar.
Están mal.
-Esta es del mes pasado- dicen tratando de usar su tono más humilde.
-Esta es la primera que gané- dicen omitiendo informar que esa se la entregaban a todos, incluyendo al que llegaba último y al inspector de tránsito.
Dos días después de la carrera ya están tempranito saltando charcos, subiendo cordones, braceando rítmicamente, saludando ciclistas, golpeando las palmas de las manos de los colegas que se cruzan.
Dicen que pocas personas por estos tiempos son capaces de estar solos -consigo mismo- una hora por día.
Dicen que los pescadores, los nadadores y algunos más.
Dicen que la gente no se banca tanto silencio.
Dicen que ellos lo disfrutan.
Dicen que proyectan y hacen balances, que se arrepienten y se congratulan, se cuestionan, preparan sus días mientras corren y conversan sin miedos con ellos mismos.
Dicen que el resto busca excusas para estar siempre acompañado.
Están mal de la cabeza.
Yo los he visto.
Algunos solo caminan… pero un día… cuando nadie los mira, se animan y trotan un poquito.
En unos meses empezarán a transformarse y quedarán tan locos como ellos.
Estiran, se miran, giran, respiran, suspiran y se tiran.
Pican, frenan y vuelven a picar.
Me parece que quieren ganarle a la muerte.
Ellos dicen que quieren ganarle a la vida.
Están completamente locos.

Marciano Durán
Marzo 2008

marciano


PORQUE TODAVIA NO ME COMPRE UN DVD


En los últimos días, en oportunidad de estar en Europa presentando nuestro último libro comenzamos a recibir decenas de correos electrónicos.
En todos ellos se nos advertía que un texto nuestro circulaba por Internet con la firma de Eduardo Galeano.
Al llegar a Uruguay los correos se multiplicaron y en todos ellos se nos consultaba al respecto.
Utilizamos los buscadores de internet y nos enteramos que nuestra crónica titulada “Desechando lo desechable” escrita en mayo del 2006 e incluida en esta misma página estaba circulando con otro título y efectivamente llevaba la firma de Galeano.

Encontramos el texto en páginas de Italia, Chile, Cuba, Argentina, México, Australia, España y en foros, páginas, diarios y semanarios de una enorme cantidad de ciudades del mundo con el título de “Porque todavía no me compre un DVD”.
En otras páginas llevaba el título “Para los de más de 40” y en otras “Ahora todo se tira”.
En todos los casos al pie figuraba la firma de Eduardo Galeano.
En el día de hoy comenzó a circular un desmentido confirmando que el texto no pertenece al reconocido escritor compatriota.
Hemos escrito a Eduardo Galeano solicitando las disculpas del caso (a pesar de no tener responsabilidad en lo sucedido) y reafirmando nuestra admiración a su obra que descansa –muy poco- en los estantes de nuestra biblioteca.

A continuación publicamos el texto original, sin las modificaciones que se le han hecho en los últimos meses y con la firma correspondiente.
Lamentamos la situación producida y el perjuicio que pueda haber sufrido nuestro estimado Eduardo Galeano a quien leemos y admiramos desde Marcha y desde “Las venas abiertas de America Latina”.

DESECHANDO LO DESECHABLE


Seguro que el destino se ha confabulado para complicarme la vida.

No consigo acomodar el cuerpo a los nuevos tiempos.

O por decirlo mejor: no consigo acomodar el cuerpo al “use y tire” ni al “compre y compre” ni al “desechable”.

Ya sé, tendría que ir a terapia o pedirle a algún siquiatra que me medicara.

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.

No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los gurises.

Los colgábamos en la cuerda junto a los chiripás; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

Y ellos… nuestros nenes… apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales).

¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables!

Sí, ya sé… a nuestra generación siempre le costó tirar.

¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables!

Y así anduvimos por las calles uruguayas guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad.

¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor.

Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra.

Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto.

Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plast de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de alpaca en el cajón de los cubiertos!

Es que vengo de un tiempo en que las cosas se compraban para toda la vida.

¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después!

La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza.

Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.

¡Nos están jodiendo!

¡¡Yo los descubrí… lo hacen adrede!!

Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo.

Nada se repara.

¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike?

¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommier casa por casa?

¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?

¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?

Todo se tira, todo se deshecha y mientras tanto producimos más y más basura.

El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.

El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!!

¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de 50 años!

Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)

No existía el plástico ni el nylon.

La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan.

Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.

De por ahí vengo yo.

Y no es que haya sido mejor.

Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el “guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo” pasarse al “compre y tire que ya se viene el modelo nuevo”.

Mi cabeza no resiste tanto.

Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.

Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya sí era un nombre como para cambiarlo)

Me educaron para guardar todo.

¡Toooodo!

Lo que servía y lo que no.

Porque algún día las cosas podían volver a servir.

Le dábamos crédito a todo.

Sí… ya sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no.

Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas de jardinera… y no sé cómo no guardamos la primera caquita.

¡¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?!

¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones.

El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto.

Y guardábamos.

¡¡Cómo guardábamos!!

¡¡Tooooodo lo guardábamos!!

¡Guardábamos las chapitas de los refrescos!

¡¿Cómo para qué?!

Hacíamos limpia calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares.

Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela.

¡Tooodo guardábamos!

Las cosas que usábamos: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus.

Y las cosas que nunca usaríamos.

Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón.

Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar.

Cañitos de plástico sin la tinta, cañitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón.

Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor. Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraran al terminar su ciclo, los uruguayos inventábamos la recarga de los encendedores descartables.

Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de paté o del corned beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave.

¡Y las pilas!

Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa.

Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más.

No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

Las cosas no eran desechables… eran guardables.

¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al cuadril!

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque del Banco de Seguros para hacer cuadros, y los cuentagotas de los remedios por si algún remedio no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos.

Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posamates, y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de cartas se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía “éste es un 4 de bastos”.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito de metal.

Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.

Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos.

Así como hoy las nuevas generaciones deciden “matarlos” apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada… ni a Walt Disney.

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron “Tómese el helado y después tire la copita”, nosotros dijimos que sí, pero… ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.

Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos.

Las primeras botellas de plástico -las de suero y las de Agua Jane- se transformaron en adornos de dudosa belleza.

Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de bollones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos.

No lo voy a hacer.

Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.

Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero.

No lo voy a hacer.

No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.

No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares.

De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva.

Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo que la bruja me gane de mano … y sea yo el entregado.

Y yo…no me entrego.

CON SU MISMO ENDEUDAMIENTO


¡Qué querés que te diga!
Mis problemas de adaptación al siglo XXI van en aumento (y recién empieza)
¿No seré realmente un marciano?

¿Qué me pasa?
Que sigo sin entender algunas costumbres de los humanos.
No entiendo por ejemplo a los que compran y compran, gastan y gastan… y no saben si podrán pagar (en realidad me preocupan los que saben de antemano que no podrán pagar).

Sí… acá estoy otra vez transitando en sentido contrario por la autopista.
Acá voy otra vez a contramano en mi viejo camión tratando de convencerlos de que los que circulan mal son los diez mil autos que se me vienen encima.

Me estoy poniendo verde y se me paran las antenitas porque me duele, me alarma y me entristece el endeudamiento de los terrícolas.
Aclaremos… no me refiero al consumo de los países desarrollados que ahítos, llenos, desbordantes de euros o petróleo encuentran en las compras la mejor manera de vivir sus vidas.
Allá ellos.
Aclaremos… hablo de los muchachos –y no tan muchachos– de los países superarrollados que sin una moneda en sus bolsillos agujereados resuelven comprar sus plasmas, renovar sus computadoras, cambiar sus celulares y actualizar su vestuario.

¡Claro que tienen derecho!
Pero alguien debería avisarles que esas campañas de publicidad tan bien pensadas, tan estudiadas por expertos en comunicación y marketing no son para ellos.

Alguien debería avisarles que eso fue pensado para las sociedades donde las necesidades básicas están cubiertas.

Alguien debería avisarles que es inmoral que nos hagan creer que necesitamos comprar lo que ellos necesitan vender.

Alguien debería avisarles que esos tipos han dedicado millones de dólares para aprender a engañarnos y que siguen estudiando cómo estafarnos sin que nos demos cuenta.

Deberíamos avisarles en la escuela, cuando todavía son chicos; cuando aceptan ir a misa y vacunarse sin cuestionarlo, que intentarán violarlos ni bien sepan prender la tele.
¡Que los violarán, apenas lleguen al control remoto!
¡Que el marketing será la ropa que usarán hasta el día de su muerte (cajón y cementerio privado incluido)!
¡Deberíamos usar las escuelas para eso!
¡Deberíamos aflojarle un poco al germinador y a los números primos!
Eso me tiene mal, me pone verde y no me deja dormir.
Que hayamos permitido que naciera una generación que dedica su vida a “trabajar para pagar lo que debe”.
Mirá… en mi país hay agricultores, hay solidarios, hay sacerdotes, hay egoístas, hay deportistas, hay militares, hay empleados públicos y hay –desde hace pocos años– una generación que trabaja para pagar lo que debe.

Es que sin que lo advirtiéramos nos modificaron los valores más elementales, incluso nos cambiaron el significado de “comprar”.
Comprar es para muchas personas, más importante que rezar, gritar un gol, hacer el amor o elegir al presidente.
Por estos días se disfruta más parado frente al mostrador que hincado en la capilla, sentado atrás del arco o acostado en una cama.

¿Está claro lo que quiero decir?
Veamos un ejemplo:
“Comprar un televisor de plasma”
La frase de cinco palabras debería estar acentuada en el vocablo “plasma” o en todo caso en “televisor”.
¡Pero lleva acento en “comprar”!
Porque ese es el valor: ¡Comprarlo… y disfrutarlo hasta el día que ya te hayas acostumbrado a tenerlo!
Como un fetiche, el objeto vale más que las funciones que te ofrece.

Instrucciones para la compra:
1ero. Martes: elegirlo en la tanda del viejo televisor.
2do. Jueves: comentar la compra con los compañeros de trabajo.
3ro. Sábado: hablar de él en la reunión de amigos.
4to. Lunes: ir al comercio y señalárselo al vendedor.
5to. Domingo: llevarlo a casa y mostrárselo a familiares y amigos (como hacíamos cuando traíamos del hospital a nuestro nuevo hijo).
El encantamiento durará hasta el día en que en esa misma pantalla ofrezcan un modelo más nuevo. ¡Sí, el aparato se habrá devorado a sí mismo!
6to. Al cabo de unos meses debe reiniciarse el procedimiento.
(Válido para celulares, dvd, máquinas fotográficas, etc., etc.)

Entonces me pregunto con verde inocencia:
¿Qué cambio produce un aparato de estos en relación con el televisor que teníamos? ¿Cuánto ha mejorado nuestra vida al recibir una imagen más nítida y un mejor sonido? ¿Qué será lo que veremos mejor ahora?
¿Un teleteatro mexicano filmado en el dormitorio y en la cocina pero en pantalla plana?
¿Qué escucharemos ahora con absoluta fidelidad?
¿Un programa en el que cuatro degenerados cuentan la vida privada de las personas… pero en estereo?

De lo que estoy seguro es de que ahora estaré obligado a trabajar una hora más por día durante dos años para poder pagarlo.
¡Una hora por día por dos años!
Una hora sacada ya sabemos de dónde.

¿De qué hablamos?
¿De capitalismo versus comunismo?
¿Del consumo contra el ahorro?
¿Es que no nos damos cuenta de que este modelo está basado en el consumo y que si todos resolviéramos dejar de consumir, el mundo colapsaría porque el desempleo alcanzaría a la mitad de la población?
¿Qué proponemos?
¿Volver a las carencias de nuestra infancia para exorcizar los excesos de este siglo?

No, no estamos hablando de eso.

Lo que hacemos es preguntarnos por qué tenemos que pasar el límite de lo que podemos pagar con cosas que no necesitamos.

Me da mucha lástima ver como no llegan a fin de mes, aunque no sean mis hijos.

¿Por qué endeudarnos con tarjetas y préstamos si inexorablemente llegará el momento en que tengamos que pagar esa deuda?
¿Por qué empeñarte para tener ese ipod con capacidad para 30.000 temas?
¡30.000 canciones!
¿Cómo hacer para escucharlas antes de que lo cambies?
¿Cómo consumir las 100 horas de video que te ofrece?
¿Cuándo vas a ver las 150 películas que pudiste bajar en tu computadora?
¿Por qué bajar trescientas canciones por el celular, escuchar treinta y pagar tres?

Mirá…cuando yo era chico navidad era el 25 de diciembre y el pinito lo armábamos unos días antes.
¡Hoy los centros comerciales y los grandes supermercados dan por iniciada la temporada de caza…perdón…la navidad, en los primeros días de noviembre!
¡Y a endeudarse que se acaba el mundo!
¡Rápido, señor, se termina octubre y ahí está viniendo Papá Noel!
¡Aproveche ahora los créditos para las compras de navidad y empiece a pagar al desarmar el pinito!
¡Rápido, Papá Noel! Apúrese, gordito que en la vereda están esperando los reyes para enseñarnos los celulares que filman en cámara lenta!
¡Vaaaamos Melchor, no se me demore que tenemos que empezar con la liquidación de verano!
Por favor, Baltasar, Gaspar, no se me distraigan con el pasto de los camellos que se viene el Día del Niño, del Padre, de la Madre, de los Abuelos, de la Secretaria, de Pascuas, de la Maestra, del Amigo… ¡Están de vivos! ¡Se están riendo de nosotros atrás de un escritorio! Se agarran sus enormes barrigas. Las lágrimas caen por sus mejillas, resuenan las carcajadas, leen sus gráficas y se sientan en el suelo a reírse descaradamente de los imbéciles como nosotros que “no dejaremos que le falte nada a nuestros hijos”.

¡Inventaron esos días y nosotros los compramos todos!
Y de tan generosos que somos les pedimos más.
Y ellos nos dijeron: “No tenemos más festejos”.
Y nosotros les dijimos: “Sí… ¿y esos que alcanzamos a ver ahí?”.
Y ellos nos dijeron: “No, eso no es para ustedes”.
Y nosotros les dijimos: “No importa, los llevamos igual” y nos compramos festejos tan nuestros como San Patricio, Halloween, San Valentín y el Día de Acción de Gracias.

“Porque lo importante es tener”, nos dijeron
Y como nosotros somos de poca atención y mucho gerundio entendimos que lo importante es “estar teniendo”.

Lo importante no es lo que has consumido…lo importante es lo que estás consumiendo y más aun…lo que vas a consumir.

Nada de lo que tenemos ahora es mejor que lo que vendrá.
¿El mejor celular?
El que llegará.
¿La mejor computadora?
La que vendrá.
¿El mejor auto?
El que saldrá a la venta en un mes.

No hace mucho tiempo vivíamos permanentemente en el pasado.
“Todo tiempo pasado fue mejor”, nos dijeron.
Más adelante resolvimos vivir intensamente “el hoy”.
“No hay que tener ojos en la nuca, disfruta el ahora”, nos dijeron.
Desde que empezó este siglo hemos resuelto vivir en “lo que se viene”.

Porque será la mejor mujer la que llegará, y el mejor presidente el que no hemos votado, el mejor nueve el que no ha contratado nuestro equipo y la mejor vida la que nos preparamos a disfrutar el año que viene, cuando terminemos de pagar lo que debemos y podamos volver a comprar.
Con un poco de suerte –si existe la reencarnación– podrás comprarte otra vida y hacer en ella lo que no tuviste tiempo de hacer en ésta.

Claro… todo tendría algo de sentido si estuviéramos en condiciones de pagar lo que estamos consumiendo.
Pero resulta que la única capacidad intacta que nos va quedando es la de endeudarnos.
Porque el crédito a la producción es una víbora que se escabulle pero el crédito al consumo es una tortuga renga; ahí está, a la vuelta de cada mostrador, ofrecido indiscri¬minada e impúdicamente a cualquiera sin siquiera confirmar si el tipo tiene capacidad de pago.
Con avisos explosivos, letras grandes, colores y sonidos fuertes pero sin una sola línea de explicación del monto real de las tasas de interés y de los intereses moratorios.
Porque se parece mucho a la historia de aquel buen señor que preguntó a su joven esposa si se había casado con él por el capital.
–No, mi amor– le contestó. Me casé por los intereses.
Exactamente de eso se trata.
Ellos están interesados en los intereses.
Porque no nos venden electrodomésticos: nos venden dinero en cuotas.

“Sin entrega inicial”, “A sola firma”, “Aunque estés en el clearing”, “Cómodas cuotas mensuales”, “Solamente con el recibo de sueldo” son las frases de moda del incipiente siglo XXI.

Así que para poder continuar pagamos el mínimo de la tarjeta y comenzamos un nuevo endeudamiento.
Y sacamos otra tarjeta para pagar la anterior, y obtenemos un nuevo crédito y tapamos un hueco abriendo otro más grande, y aparecen los prestamistas, y llegamos al 30 por ciento mensual para intentar salir y caemos en un círculo cerrado (claro… si no fuera cerrado no sería círculo)

Y de a poquito nos vamos avivando de que consumir es el negocio de todos… menos del que consume.
Los bancos cobran 140 dólares por cada 100 que te dan y apenas terminaste con un préstamo los muy desgraciados te llaman a tu casa para ofrecerte otro y si no pudiste pagar el anterior te prestan más para que puedas hacerlo.
Esto se llama generosidad… y reprogramación de deudas; pedir un préstamo barato para pagar el otro y entrar en un laberinto de terror del que solo saldrás si consigues un nuevo empleo que te aleje un poco más de la vida y te acerque un poco más a los bancos.

Y si el gerente del banco se distrajera, el sistema tiene previstas otras ingeniosas maneras de atenderte sin que tengas que sacar número: puedes empeñar tus joyas, puedes malvender los electrodomésticos que no pagaste, puedes hipotecar tu casa, puedes venderla.

Y como si todo eso no alcanzara, hemos abandonado la cultura del ahorro con la que nos educaron.
No solamente por cambiar el auto o comprar el mp3; es mucho más que eso.
La cultura del ahorro no implicaba únicamente colocar monedas en una alcancía con forma de cerdo, incluía apagar la luz de la habitación de la que salíamos, cerrar la canilla cuando el cepillo de dientes estaba en la boca, usar botas de goma para no romper el calzado los días de lluvia o no servirnos en el vaso más de lo que íbamos a tomar.
Hoy gastamos una llamada para pedir a “informes” el número que no tenemos ganas de buscar en guía, subimos al auto para ir al supermercado de la esquina, llamamos el ascensor para bajar un piso, avisamos por celular que estamos llegando.
Porque ahorrar no es solamente no comprar lo que no necesitamos.

Así está el mundo amigos, con niños cuidados por empleadas, tías y abuelos o llevados al depósit… a guarderías cuando aún no han cumplido los cinco meses.
Con padres ignorando que viven en sociedad, sin destinar un solo minuto de su tiempo para una tarea comunitaria.
Así está el mundo amigos, quejándose por mensajes de texto a los programas de radio.
Y acá estamos nosotros… endeudándonos una vez más para intentar salir, para poder entrar, porque queremos salir otra vez… a ver si podemos volver a entrar.
Me dan pena, me dan mucha lástima.
Todos me dan lástima.
Incluso un pelado medio verde que alcanzo a ver ahora mismo –reflejado en un vidrio– escribiendo en una notebook con pantalla táctil.

Marciano Durán
Abril 2008

PRIMER DICCIONARIO DE PALABRAS FALLUTAS DEL IDIOMA CASTELLANO


¿Por qué “todo junto” se escribe separado y “separado” se escribe todo junto?

Hasta donde sé, esa frase es de Quino y la puso en boca de Miguelito en los finales del 60 o principios del 70.
Siempre me gustó esa reflexión, porque sirve para poner en duda el sentido de los vocablos y particularmente porque sirve para que desconfiemos de algunas palabras que son verdaderos lobos disfrazados con piel de oveja.
Convengamos… los tipos que le pusieron nombre a las cosas hicieron un trabajo desparejo.
Algunas palabras les quedaron realmente bien, como “Felicidad” que empieza con “Fe” y termina con “Dad”. Pero otras es como si las hubieran inventado un viernes a la tarde con la cabeza puesta en el partido del fin de semana.
O peor aun, es como si a algunas palabras las hubieran creado un domingo a la noche o un lunes a la mañana temprano.
Un día me di cuenta de que los tipos usaron en la palabra “dar” apenas tres letras y en la palabra “recibir” más del doble.
Ahí me avivé de las intenciones de ellos.
Más adelante, buscando en nuestro vocabulario me fui encontrando con una cantidad de palabras fallutas que se nos fueron colando y que hoy usamos alegremente sin analizarlas mucho.
Me refiero a las palabras que no solo no significan lo que nosotros suponemos sino lo que es peor: ¡significan lo contrario!
Señor Director de la Real Academia Española Don Víctor García: me presento ante usted para denunciar a una serie de vocablos mentirosos, farsantes y fallutos que nuestras maestras nos enseñaron inescrupulosamente en la infancia.
Señor Director de la Real Academia Española Don Víctor García: ahora que la nueva gramática es desvelo de unos cuantos, les dejo una muestra gratis y sin valor del PRIMER DICCIONARIO DE PALABRAS FALLUTAS DEL IDIOMA CASTELLANO.

Aguda

Esta es una palabra bien falluta.
Veamos la definición del diccionario: “Palabra cuyo acento carga en la última sílaba”.
¡Salud “esdrújula”! ¡Salud por ser coherente y por ser esdrújula!
¡Felicitaciones “grave” por ser seria y por ser grave!
Ahora…fijate en “aguda”.
¡Miente descaradamente y contradice al diccionario!
¡Carga el acento en la penúltima sílaba!
¡No se puede ser tan falluta!
Por lo tanto, Señor Director de la Real Academia Española Don Víctor García, propongo que a partir de la fecha este vocablo comience a pronunciarse: “Agudá”.

Ahorrativa

¿Alguien puede creer que “ahorrativa” es ahorrativa?
Ninguna palabra que se precie de ahorrativa derrocharía una hache al santo botón ni bien empezó el vocablo. Para ser ahorrativo hay que predicar con el ejemplo.
Esta palabra Don Víctor es simplemente una palabra atacada por el consumismo. Me la imagino caminando entre dos góndolas de supermercado, manoteando una hache que no necesitaba solo porque estaba barata. Imagino al marido: “No sé, es problema tuyo, yo te dije que no te iba a quedar bien, ahora usala. No te la pongas adelante porque te la ve todo el mundo, pero usala.”
Propuesta para el Diccionario Falluto: “Aorrativa”

Anagrama

¿Qué es un anagrama? Es una palabra que si uno cambia de lugar sus letras, consigue vocablos diferentes.
Ejemplos:
“Crónica” se transforma en “Cocinar”.
“Colorados” se transforma en “Rosca Dolo”.
“Partido Nacional” en “Patrón Adicional”.
“Encuentro Progresista” en “Arrepentirse con gusto”
Casi todas las palabras resisten uno o varios anagramas.
Casi todas.
Anagrama no tiene anagramas de una sola palabra.
¿Se puede ser tan incoherente?
Cambiemos por Anogroma que por lo menos se puede transformar a “Agrónoma”.

Abreviatura

“Representación de una palabra con sólo una o alguna de sus letras”.
¡Andá! ¡Once letras!
¿Usaron una palabra que tiene once letras para intentar abreviar algo?
¡Abrevie en serio Víctor García!: “Abr..”

Acentuada

¿Cómo es esto que una palabra que define a todas las palabras que están acentuadas, no está acentuada? Es como si Tabaré representara a los piqueteros del puente, Omar Gutiérrez a los ñatos y Chávez a los mudos. Hágame un favor, ni siquiera le pido que cambie la palabra, pero… métale un acentito: “Acentúada”

Ascensor

¡Un verdadero disparate! Estos señores viven en una carpa. Si esta palabra tuviera algo de decencia estaría diciendo que los ascensores sólo sirven para ascender.
Si para usted es lo mismo, lo invito a que barra una escalera de abajo hacia arriba.
De lo contrario… ¿Cuál es la idea? ¿Tomar un descensor para bajar?
Ese aparato debería llamarse: “Asdescensor”

Bisílabo

“De dos sílabas”
¡Falluta! ¡Tenés el descaro de llevar cuatro sílabas para definir a una de dos!
Desde este año las palabras de dos sílabas se llamarán “Bisi” (o las gallinas serán cuadrúpedas).

Capicúa

“Palabra que tiene el mismo significado cualquiera que sea el sentido en que se lea”.
Ejemplos: “Sometemos”. “Reconocer”.
¡Mentirosa!
Para que sea capicúa de verdad deberá ser: “Capicuaucipac”

Cubierta

“Suelo de la embarcación que queda a la intemperie”
¡No puedo creer que sean tan idiotas!
¡Hay que ser muy estúpido para ponerle “cubierta” a la única parte del barco que está descubierta! ¿Estaban borrachos? ¿Ese día le habían dado un toquecito, no?

Diptongo

Para que exista diptongo en un vocablo deben juntarse dos vocales diferentes y deben pronunciarse en una sola sílaba.
¡¿Y todos esos tipos juntos no fueron capaces de meter un miserable diptongo en la propia palabra que lo define?! ¡Si no saben dejen! Propuesta: “Diptuongo”

Destornillador

Otra mentirosa. Para poder destornillar alguien tuvo primero que atornillar, porque los tornillos hasta donde yo sé, no nacieron atornillados.
Sirven -entre otras cosas- para destornillar, pero no es lo único que saben hacer.
Con ese criterio a mi dedo chiquito en vez de “meñique” tendrían que haberle puesto “cotonete”
Anote Don Víctor por favor: “Atordestornillador”.

Diéresis

Son esos dos puntitos que se le pone a la “u” cuando va a continuación de una “g” para que la gente no se la saltee al pronunciarla. Como la Gladys que en la empresa se puso dos puntos encima para que comenzaran a tenerla en cuenta.
Prefiero: “Diégüesis”.

Diminutivo

“Que disminuye el significado”.
Ejemplo: poquito, buenito, solito, Partidito Independiente.
A propósito…apetito ¿es el diminutivo de hambre?
Para ser coherentes esta palabra debió llamarse: “Diminutivito”.

Eco

¡Otra pavada! Acá se pusieron amarretes y no quisieron gastar más de tres letras. ¡Justo en una palabra que no para de repetirse!
Propuesta para el Diccionario Falluto: “Eco-co-co-co.”

Entrevero

“Mezcla desordenada de personas o cosas”.
Para que esta palabra realmente se parezca al Monumento de Belloni propongo que a partir de la fecha se llame “Etnerover”

Equis

Esta sí que no tiene gollete. Esta es la más falluta de todas las letras. Es la única de todo el abecedario que no usa su propia letra para definirse. ¡Eso es como si un panadero no comiera pan, es como un bombero piromaniaco, es como un gallo que te haga dormir, es como…. me caliento, esta letra me saca de las casillas! Anotá: “Equix.”

Femenino

Si yo fuera mujer a esta palabra le haría un juicio.
Es una de las más repugnantes.
“Dícese del género del nombre que significa mujer”
¡Y resulta que “femenino” es masculino!
¡¿Lo hicieron adrede?! ¿Cómo no se les iba a ocurrir una palabra que terminara en “a” para definir a las mujeres? ¡Viejos machistos! ¡La palabra correcta es “¡Femenina!”

Gerundio

¡Mirá que me costaba aprender estas cosas en la escuela!
¡Qué fácil, queridas maestras, hubiera resultado que las palabras predicaran con el ejemplo!
“Que denota acción” me decía la maestra de sexto.
“Recuerda Marcianito: Saltando, volviendo, cantando”.
Entonces Don Víctor; cambiando el diccionario: El vocablo es: “Gerundiendo”.

Incompleta

Esta no necesita explicaciones. A partir de ahora se llamará: “Incomplet”

Incorrectamente

Esta es una palabra que deberíamos eliminar del diccionario.
¿Por qué?
Porque siempre se pronuncia incorrectamente.
No es un buen ejemplo para las demás.

Jeringozo

Apacapa nopo tenpegopo dupudapas. Lapa papalapabrapa depediópo llapamarpasepe: “Jeperinpigozopo”

Larga

¡Mirá que son bobos! La palabra “cortísima tiene nueve letras y la palabra larga tiene cinco. Propuesta: “Laaaaaaaaarga”.

Morse

Samuel Morse murió de pulmonía por inventar el código de rayas y puntos. ¡¿Y ustedes no son capaces de usarlo?! Homenaje a Morse: “_ _ _ _ _ ._. … .”

Plural

¡Otra palabra que está absolutamente para la joda! ¿Cómo es eso que “plural” está en singular? Un rato más que se hubieran quedado a trabajar ese día se daban cuenta del disparate que estaban haciendo. No lo tomen a mal, pero es mucho más lógico: “Plurales”

Rara

¿A estos tipos les parece que una palabra rara es una palabra de cuatro letras? ¡Y de las cuatro, dos están repetidas! ¡Rara es “Xmdkjwoh”!

Tartamudez

Ya que se les ocurrió inventar una palabra bastante larga y difícil de decir para un tartamudo, la podrían haber hecho completa y haberla llamado: “Tartartartamudez”.

Señor Director de la Real Academia Española Don Víctor García: No es tan difícil lo que le pido. Lo hago en nombre de las generaciones que no se han puesto todavía las túnicas.
Ellos sabrán agradecer que las palabras se parezcan a lo que quieren decir.
Revise, hay muchas más.
Estos son solo algunos ejemplos de falluteadas.
No sea cosa que un día de estos empecemos a mentir usando palabras mentirosas y terminemos diciendo grandes verdades.
Gracias por su tiempo Don Víctor García De La Concha
Hablando de palabras… ¿De la Concha por parte de madre, no?

Marciano Durán
Abril 2007

Si les gustaron entren a la pagina que hay muchas mas!!!

Fuente: http://www.marcianoduran.com.uy/

16 comentarios - Marciano durán - crónicas mas destacadas

@etelvino
cambialo de la categoria humor,
esta bueno che , este tipo es un capo
@hanurg
Excelente escritor
@xyzmarian
a favoritos y luego lo leo
@andras1
che ya te deje mis 10 los libroes estan buenasos yo los tengo y ya los lei son totalmente recomendables.-
P.D.Es increible el video que colgo \"elrestu\" lo estaba buscando hace años ya lo descargue muchas gracias
@ARGENTINO2009
jajajajajajaajaaja casi lloro de la risa con
¡ Llame ya!…al siquiatra, Carmen
EXELENTE te dejo +5
@SOYCELESTESOY
ARGENTINO2009 dijo:jajajajajajaajaaja casi lloro de la risa con
¡ Llame ya!…al siquiatra, Carmen
EXELENTE te dejo +5
@mathias95
Cuando leí "Esos Locos Que Corren" comencé a llorar, o podía creer que alguien haya podido expresar en palabras lo que los loco pensamos. Este tipo es un genio.