Textos sacados de distintos blogs


Buenas, aca les traigo unos textos que lei, que en mi parecer son muy buenos!
Tomense un rato de su dia, relajense y leanlos

Espero que les gusten! Un saludo




LA MANO DE DIOS
Textos extraidos de blogs. (Muy buenos)



Hace exactamente una semana nacía mi cuarto hijo y el primero en sorprenderme
con su forma audaz de salir del útero materno, como alguien que
patea una puerta y entra por la fuerza a discutir paritarias con los burócratas
del parto. Eran las tres menos cuarto de la madrugada y Mariana me despertó
explicándome que había roto bolsa y que el parto era inminente. Me vestí
rápido, me puse una bermuda verde, una camisa de manga corta y zapatillas.
Todo para salir lindo en las fotos en el Anchorena donde iba a nacer Milo.
Guardé el celular en el bolsillo, tenía batería: el mundo estaba OK.
Mientras me despabilaba de las dos horas de sueño que cargaba encima,
Mariana empezó con el trabajo de parto en el baño. En ese momento pensé
que exageraba y solo atiné a entreabrir la puerta con precaución, para preguntarle
si necesitaba algo, pero lo que vi en su cara era sorpresa pura. No conocía
esa cara de ella, entre el dolor y la novedad, con la boca abierta y los ojos
verdes enormes como dos esmeraldas recién talladas por un fino joyero que
ni ella sabía que tenía adentro. Cerré la puerta de inmediato porque me di
cuenta que ya teníamos que salir, le pregunté otra vez como estaba y ahí
escuché el grito más salvaje desde que tengo memoria. Un alarido primario,
proveniente de lóbulo límbico, la raíz primitiva de lo que somos. Nunca había
estado preparado para asistir a alguien en un parto y no leo libros tipo “cómo
esperar tu bebé” ni cosas por el estilo, así que lo único que podía ayudarme
era lo que había visto en los partos de mis tres hijos anteriores y en el cine.
Ni bien Mariana salió del baño le pregunté si desinflaba una enorme
pelota de gimnasia que teníamos pensado llevar a la clínica para las
teóricas 4 o 5 horas de trabajo de parto. Me dijo que no y se sentó en la
pelota para soportar la próxima contracción. La sostuve con los brazos y
volvió a gritar: se me heló la sangre por lo que podrían pensar los vecinos;
estaban matando. El grito sacudió el departamento y los dos nenes que
dormían empezaron a llorar. Fui a verlos, los tranquilicé y les dije que
estaba naciendo Milo, que esperaran los dos en una cama. Maxi (5) lo
abrazó a Manu (3) y me preguntó por la doctora “sacamilo”, un apodo
amigable que le pusimos con Mariana a la obstetra. Segundos después
llegó Vero, mi cuñada, que se quedó con los nenes hasta el final.
Mariana llamó a Mirta, la partera, para preguntar qué hacíamos. Mirta
le dijo que estaba en viaje y, como vive en Wilde, en ese mismo instante
descarté que fuera a llegar. Mariana tuvo otra contracción, hubo otro grito
y salió un montón de líquido amniótico y un poco de sangre, y ella me
pidió que trajera toallas para que no se levantara el piso flotante. Fui al placard
y agarré todas. Pensé: ¿como alguien en ese estado puede acordarse
del piso flotante? Tiré las toallas al piso y ella se arrodilló, con la frente
apoyada en el futón negro, el mismo en el que miramos Dexter. Yo veía
muy poco, estábamos con una luz tenue y no sé por qué no se me ocurrió
encender todo, parecía una escena dieciochesca.
Cuando me agacho a ver qué pasaba en su vagina, se me detiene el pulso: veo
la coronilla de Milo, y un segundo después se vuelve a meter adentro. Antes
que volviese a su nido, le toco la cabeza y rozo con el revés de la mano el
muslo de Mariana, que da un grito de bronca y me pide que por favor no la
toque. En ese momento pensé, ¿cómo voy a ayudarla sin tocarla? pero fue un
instante. Volvió otro grito y salió completa la cabeza de Milo. No sabía qué
hacer pero me acordé que no me había lavado las manos (a^2+b^2=c^2) una
ecuación que de alguna forma se disparó en mi cabeza y corrí al baño a enjabonarme.
Mariana me pedía que volviera y lo hice con las manos limpias. La
cabeza seguía ahí, no respiraba, no hacía gestos, parecía muertito. A todo esto
yo estaba empapado de líquido amniótico y pensaba por qué no me había
vestido para la ocasión. Todo era un desastre; la pileta de natación de Milo se
estaba vaciando a medio metro de la zapatilla donde están conectados todos
los enchufes de la tele y demás. Eran demasiadas preocupaciones para tan
poco tiempo. Pensé que moriríamos todos electrocutados, si el disyuntor, la
térmica, los tapones de abajo… y la cabeza de Milo seguía ahí.
El tiempo se había detenido y la cabeza empezó a tomar un color azul—los
labios más que el resto. Fue cuando supe que todo podía fallar. Sin tocarla, le
pedí a Mariana que pujara. Me dijo con cansancio que no tenía contracciones
y que no podía pujar, que había que esperar a la próxima. Le ordené, con voz
de médico (como había visto en los anteriores partos) que con la próxima
contracción lo tenía que expulsar sí o sí. Me abstuve de decirle que Milo ya
estaba completamente azul y me dispuse a sacarlo sí o sí. "¡Ahí viene!" me dijo
ella y gritó otra vez desde la oscuridad de los tiempos, desde la caverna y los
lobos acechando, pidiendo a la tribu que viniera a ella, a protegerla. Pero en la
tribu de Avenida Pueyrredón ningún cavernícola salió de su cuevita. Entonces
vi la oportunidad de sacarlo. Sabía que no podía fallar porque el color de la
piel era cada vez más como una tiza de pool, y en la siguiente contracción le
dije, sereno, que puje, vi los hombros que asomaban, lo tomé con los dedos y
sin fuerza salió como quien descuelga un teléfono de línea. Me sorprendió lo
resbaloso. Acostumbrado en mi juventud a la pesca, me vino la imagen de
sacar un pez del agua, igual de resbaladizo y pringoso. Lo envolví rápido
en una de las toallas y se lo di a Mariana que lo puso automáticamente en
la teta, con el cordón saliendo de su vagina y el bebé en su pecho. Ella me
sonrió y me dijo “tiene el cordón corto”.
Muchos amigos me preguntaron que sentí, cómo no me desmayé ni
llamé al 911. La única respuesta que tengo es que nada de eso se me pasó
por la cabeza. Creo que en momentos de crisis absoluta, todos estamos
preparados. El shock de adrenalina me tuvo dos días sin dormir. En cuanto
a la experiencia, si me hubieran pagado habría respondido que no. Es más,
yo me había negado a tener un parto domiciliario con apoyo profesional,
en el que habría sido un simple espectador. Pero a pesar de mi negativa,
el confrontar la realidad con las herramientas de la ignorancia me otorgó
una sensación de poder que me duró varios días. Fue como resolver una
ecuación dificilísima, sin siquiera saber sumar ni restar ni haber pasado
nunca por la primaria, sin goma de borrar y sin guardapolvo blanco.

Fuente: eBlog


LA TEORIA DE LA BALDOSA
inseguridad



Mi amiga Paula es una de las mujeres más graciosas que conozco. Es
linda, divertida e inteligente. Además es curiosa: lee mucho, va al cine,
mira series y saca fotos. Sin embargo, como no es despampanante, ni
usa tacos aguja con pantalones ajustados, casi siempre se hace amiga de
los hombres. Y por eso está soltera. Bueno, por eso, y por culpa de las
ladronas de baldosa como Marilyn Monroe.
La mayoría de los hombres busca mujeres escandalosamente atractivas a
cualquier precio. Incluso si son estúpidas. Las aman aunque vivan preocupadas
por lo que le dijo una amiga a la otra, por lo mal que les cortaron el
pelo, o por el kilo y medio de más que subieron cuando se fueron de vacaciones.
Aunque sean profundas como un charquito callejero. Aunque su
única aspiración en la vida sea tener un marido exitoso que les ponga una
casa en un country, que las lleve a Punta del Este, que les traiga la revista
Gente a la salida de la oficina, y les pague una empleada doméstica que
trabaje de lunes a lunes. Es la verdad. Algunos lo asumen directamente,
y otros magnifican atributos comunes y fantasiosos en cada pava que
encuentran para justificarse. Prueba de ello son los cientos de actores,
conductores, músicos y directores de cine que en vez de salir con actrices,
conductoras, músicas o directoras de cine, salen con modelos anoréxicas
que no son más que una percha de ropa elegante.
Y está bien. Cada uno debe privilegiar las cualidades que más desee en una
pareja. Si para ellos la belleza física es lo más importante, pues adelante. Que
sigan diciendo que son “lindas”, “dulces”, “compañeras” o “buenas madres” para
justificar que se casaron con un par de piernas largas sin nada en la azotea.
Sin embargo, este derecho legítimo y privado que a primera vista es irreprochable,
tiene sus consecuencias. Principalmente para el universo; porque
cuando una mujer tonta se casa con un hombre inteligente, está ocupando
una baldosa ajena, un lugar que estaba destinado a otra mujer, un espacio
que no le pertenece. Está sacudiendo el orden natural del cosmos, tomando
una mitad que no era suya, la mitad de una mujer inteligente.
Al resto de las mujeres, este fenómeno nunca deja de extrañarnos. Casi a
diario nos preguntamos como un cantante talentoso o un director de teatro
puede estar casado cinco años con una mensa que sale en revista Caras,
en cuatro patas y hecha milanesa en la arena, diciendo que su sueño es
bailar en lo de Tinelli o escribir un libro de poemas. Es una duda que nos
carcome por dentro: ¿Cómo se relaciona alguien que disfruta el arte con
una mujer que sólo sabe de esmaltes de uñas y depilación brasilera? ¿Qué
hacen cuando ven una película, leen un libro o tienen un vacío existencial?
¿Con quién hablan, con quién debaten, con quién intercambian ideas y se
enriquecen? ¿Quién les devuelve los chistes? ¿Quién los hace reir? ¿Cómo es
casarse con alguien que uno no admire?
La respuesta a esta pregunta diaria, que para algunas es el gran problema
amoroso de sus vidas, es, sin embargo, sumamente simple: los hombres
inteligentes y divertidos pueden darse el lujo de poder enamorarse de una
idiota, porque tienen una amiga como Paula. Con la novia tienen sexo y
con Paula van al cine. Con la novia van a la playa y con Paula hacen chistes.
Con la novia se casan y con Paula se asocian, trabajan, charlan, maduran,
se encuentran. Es decir que mi amiga Paula es la que suple la carencia de la
novia oficial. Es el ventilete intelectual de esa relación superficial, la muleta
creativa, el bálsamo que sana la llanura pelada que ofrece el intelecto de la
mamerta. Paula hace posible esa relación despareja. Sin una Paula con la que
ir a tomar el té y al teatro el domingo, la otra relación estaría muerta.
Es por esto que es muy importante que emprendamos una acción conjunta.
Que pensemos en nuestras primas, amigas, hermanas solteras que
sufren tratando de conquistar a un galán talentoso que siempre cae en
manos de una tarada mental que llora porque este verano no va a ir a
Punta del Este. No seamos amigas de hombres que salen con taradas.
Neguémosles la posibilidad de sostener este tipo de relaciones a largo
plazo. No hagamos más de muleta. Que sientan el vacío y la soledad de ir a
dormir todas las noches con un maniquí.
Neguémosles la amistad. Seamos todo o nada. Digámosles que vayan a
hablar de historia con las taradas. Que les pregunten qué piensan de una
obra de teatro, de una película checoslovaca o del conflicto entre Rusia
y Georgia a sus lindísimas esposas milanesa. Dejemos de ser las amigas
piolas, la mina “cago de risa”, las copadas, las hermanas de la vida y las
que los escuchan cuando la mensa los deja. Porque si dejamos esa baldosa
lateral vacía, la otra no podrá llenarse con cualquiera.
Negúemosle la amistad. Neguémosle la amistad. Neguémosle la amistad.
Hagámoslo por nuestras futuras hijas, por la armonía del universo o por
la justicia divina. O al menos por mi amiga Paula, que desde que Marilyn
Monroe se casó con Arthur Miller, es la más ingeniosa y la más talentosa,
pero siempre la más soltera.

Fuente: Bestiaria


TAXISTA
la mano de dios



Un día yo había parado a comer un pancho y tomar una coca y, cuando
termino, veo una mujer, joven, digamos treinta años, que se me acerca y
hace un gesto, como para ver si salía con el taxi. Le dije que sí, le abro la
puerta del auto, y cuando estamos arriba me dice “a Moreno”. Le pregunto,
“¿a la calle Moreno?” y me dice, “no, a Moreno, Provincia de Buenos
Aires”. Estábamos en San Telmo, era flor de viaje a Moreno. Le pregunté
si tenía idea de cuánto salía… porque estábamos en un boliche de mala
muerte, me sorprendió que tuviera guita para garpar semejante viaje. Me
respondió que sí, que no me preocupe, que ella siempre hace ese viaje y
sabe cuánto sale. Bueno, empezamos a andar… empezamos a conversar. La
mina me cuenta que a pesar de la crisis, por suerte, a su marido le va bien.
Que es ingeniero. Que tienen dos hijos, que les va bien en la escuela. Que
van a un colegio privado, bilingüe. Todo súper correcto.
Cuando estamos llegando a Moreno le digo que no conozco la zona, y la
mina me entra a indicar. Agarre por acá, en la próxima doble a la derecha, y
así… Finalmente llegamos a la casa, y ahí me di cuenta de que había algo que
estaba mal. Pero mal, re-mal, re-jodido. Porque la casa donde supuestamente
vivía con el ingeniero y los dos pibes, resulta que es una casa abandonada.
Con un frente lleno de yuyos, cadenas en las persianas, grafitti, llena de grietas.
Le digo, “¿Acá?”. Ella me dice, “Sí, espere que no encuentro la billetera,
voy a tocarle el timbre a mi marido”. “Cagamos”, pensé.
Apenas se bajó del auto salieron dos vecinos, un hombre y una mujer,
los dos mayores, y la abrazaron. La llenaron de besos, “Martina, tanto
tiempo… ¿estás bien? Vení, pasá a casa”. El hombre se acercó al taxi y me
dijo: “Pobrecita, siempre hace lo mismo. Nunca se recuperó desde que su
esposo y sus hijos murieron en un accidente. Cada tanto se escapa de la
clínica y viene para acá. No se preocupe, nosotros nos encargamos de todo
y llamamos para que la pasen a buscar”.
El tipo amagó a pagarme el viaje pero yo no acepté. Me volví manejando
despacito para Capital. Tenía como un gusto amargo en la boca.

Fuente: OnGus



INSEGURIDADES
blog




Hace rato que venía con ganas de escribir sobre el tema de la inseguridad
pero me resulta muy difícil. Quizá valga la pena empezar por explicar por
qué el título “Inseguridades”. La razón es que a mi modo de ver, al hablar
de inseguridad, es esencial no perder de vista dos distinciones sutiles.
Por un lado, no es la misma inseguridad la de la clase media y alta que la de
la clase baja. Las personas de clase media y alta que se quejan de la inseguridad
que padecen no están viendo las cosas con claridad. Los que sufren a
diario la verdadera inseguridad son las personas más pobres, a quienes no
sólo les roban mucho más seguido sino que les quitan algo, en términos
relativos, mucho más valioso.
A mí me asaltaron dos veces. En ningún caso mi vida corrió serio riesgo,
aunque me asusté mucho en ambas. Para alguien de clase media/alta, la
posibilidad de ser asaltado a lo largo de los años es casi una certeza. La
posibilidad de ser gravemente herido o morir víctima de un delito en países
como la Argentina es prácticamente inexistente.
Sin embargo, acá entra en juego lo que a mí más me molesta sobre este
tema: el valor sumamente dispar de la vida según la clase social de la que
uno provenga. Muere una persona humilde y sale en la página 38 del
diario. Muere un joven pudiente de la zona norte y más de cien mil personas
llenan la plaza del Congreso. Muere el peluquero de una diva televisiva
y montones piden la pena de muerte. Por eso el clamor por seguridad
de los ricos me produce algo parecido al reclamo del campo: tengan razón
o no, no puedo simpatizar con quien reclama pensando sólo en sí mismo.
La segunda distinción es entre la inseguridad objetiva y la subjetiva. Yo no
sé quién gana con hacernos vivir muertos de miedo. Pero la realidad es
que las personas de clase media y alta nos hemos convertido en seres
inseguros. Seres asustadizos que vivimos temiendo a fantasmas que no
son. Algunos hablan de robos de billeteras y secuestros de niños como si
fueran cosas equivalentes. Eso es como hablar de un caballo y un unicornio:
uno existe, el otro no.
Lo mismo pasa con el morir víctima de un delito. En un año muere entre el
doble y el triple de personas por accidentes de tránsito que en homicidios (y no
todos los homicidios son causados por otros crímenes). Es mucho más proba-
ble morir en un accidente en auto que ser asesinado. ¿Qué hacemos nosotros?
¡Manejamos sin cinturón de seguridad pero con las puertas bien trabadas!
Quiero ser claro. Yo tampoco dejo a mis hijos andar por la calle de la
manera en que yo andaba. ¿Por qué? La verdad que no tengo la menor idea.
Si me guío por los riesgos objetivos, reales, tangibles, la cosa ha cambiado
mucho menos de lo que el enorme cambio en hábitos hace suponer.
Los chicos no son robados en la calle. Los secuestros planificados son
sumamente raros. Los homicidios por robo muy infrecuentes. Pero, igual
que ustedes, miro a todos con desconfianza (incluso con el prejuicio de
temerles más si tienen cara de pobres), encierro a mis chicos, ando en
el auto con las puertas bien trabadas, camino mirando a todos lados en
búsqueda de asesinos ocultos.
El daño a los lazos sociales que produce dejar de confiar en los demás, el
vivir con miedo, es mucho mayor que el de haber ido de 5 homicidios cada
100.000 habitantes a 10. Yo quisiera vivir confiando en los demás. Tengo
las estadísticas de mi lado. Pero vencer el miedo es difícil.
Ojalá hubiera más marchas por condiciones de vida dignas para todos y
por recuperar la solidaridad. ¿Y saben qué? Si esas marchas lograran menos
marginalidad y pobreza y vínculos sociales más fuertes tal vez serían más
efectivas para bajar la tasa de homicidios que un millón de Blumbergs y
Susanas clamando por la pena de muerte a los pobres.


Fuente: Riesgo y Recompensa


INSTINTO ANIMAL
instinto animal



Al contrario de lo que mucha gente piensa, la mayoría de los comportamientos
que consideramos más civilizados están cargados de un 99,9% de
instinto animal.
Siempre me gustó ver los canales de animales. Me encanta quedarme mirando
cómo los animales coexisten o se asesinan sin piedad. Cuando una
leona amamanta a su cachorro tiene exactamente la mirada de la mujer
que mece a su hijo recién nacido. Sostiene con sus garras poderosas al pequeño
cuerpo con la suavidad con que una abeja se apoya sobre una flor.
De igual manera, los animales manejan con absoluta destreza la noción
de juego. Los cachorros de una misma manada juegan entre ellos estableciendo
sus propias reglas y sanciones. A través de estos juegos crean un
sentido de pertenencia a la manada comparable al que experimentan los
chicos del jardín de infantes "Pinocho" por su salita azul.
Sin embargo, aunque los animales sean capaces de estos elaborados patrones
de acción, cada vez que la gente pierde el sentido común en alguna situación,
sea porque siente ira, celos o porque tiene comportamientos extraños, se
describe esas reacciones por medio de una burda comparación con los
animales. Lo mismo sucede hoy en día en los temas del amor. Se pregona
por todos lados que hay que seguir los instintos. Se justifican relaciones
descartables y situaciones de gran vacío emocional apelando a argumentos
hormonales. Y todos nos olvidamos de algo muy importante. ¿De qué?
De los rituales de apareamiento.
Los gallos, por ejemplo, para conquistar a las hembras, abren las alas, inflan su
cuello, levantan la cresta y pelean con los otros gallos en frente de ellas.
Los grillos machos cantan. Sólo los machos cantan para atraer hacia ellos
el objeto de deseo tan cotizado. Las hembras sólo escuchan el canto. Y no
hacen nada más. Nada más. No tienen que mandar un mail, ni un mensaje
de texto, ni firmarle el fotolog al grillo macho. Los sapos esperan a las hembras
en las zanjas listos para el más húmedo encuentro de reproducción. A
veces se suben más de dos sapos arriba de la hembra lo que termina por
asfixiarlas y matarlas. No hay mejor definición de un crimen pasional.
También hay casos más extremos, por supuesto. La hembra de algunas
especies de arañas devora al macho que la acaba de fecundar. Cualquier
semejanza con Mujeres asesinas o Amas de casa desperadas no fue premeditada
por la escritora. Todo vale dentro del reino animal donde, para que
las leyes de nacimiento, reproducción y muerte se cumplan al pie de la
letra, la naturaleza dio forma a un complicado pero a la vez simple ritual:
el cortejo. ¿Qué otra cosa es sino un ritual de apareamiento? Así que
cuando una mujer le dice a un hombre que quiere que la corteje no debe
entenderse otra cosa: sólo quiere que la naturaleza siga su curso habitual
sin saltearse ninguna etapa.
Basta de excusas. Las mujeres necesitamos que nos lleven a pasear, al cine, a
caminar bajo el influjo de la luna. Porque el influjo de la luna no es invención
poética: existe. Todo pescador sabe que cuando hay luna llena no va a
haber pesca. Las mujeres rompen fuente cuando cambia la luna. Las mareas
cambian. De la misma manera, el romanticismo no es un invento azaroso.
No. Es una necesidad biológica.

Fuente: Hablemos mal de los hombres


MARROC
marroc



Tengo una idea desopilante para una nueva campaña de Marroc. Estamos
en una calle desierta de la periferia de Temperley. La vemos a Jésica Cirio
caminando sola mientras come un Marroc y pasea un coqueto Yorkshire
Terrier. Jésica viste un sugerente pantalón de vinílico blanco y tacos aguja
de 15 cmts. Se está haciendo de noche y Jésica camina provocativamente;
cada uno de sus movimientos es una invitación al pecado (esta caminata se
mostrará en cámara lenta, resaltando toda la sensulidad de Cirio: cada uno
de sus pasos, el movimiento de su cadera, sus labios degustando el Marroc
y cómo introduce su dedo índice en su boca para disfrutar el chocolate
derretido que marcaba sus huellas dactilares). Jésica contrasta con el austero
paisaje de la zona, plagado de veredas rotas, paredes cubiertas con
pintadas soeces y zapatillas colgadas en clara señal de zona liberada.
Ahora vemos cómo avanza por la misma calle un colectivo transportando
a la barrabrava de Deportivo Laferrere. Están el Gordo "Cabeza de Poronga",
el "Trípode" Gutiérrez, el "Violín" Gómez y otros 35 malvivientes
y prófugos de la justicia envueltos en las banderas de su club. Están
descamisados: hacemos un paneo por sus torsos sudorosos y peludos que
revelan un sinnúmero de cicatrices y tatuajes tumberos. La música crea
una atmósfera muy heavy: la calle está desierta y "los chicos" aguardan
espectantes el momento para cometer alguna de sus fechorías.
Entonces se corta el aire. Ese colectivo tambaleante se detiene frente a la
Cirio y estos 40 descamisados sacan sus manos y sus cuerpos enardecidos
a parar las monedas. Pero acá me pregunto, como energúmeno que no
conoce el guión: ¿cómo se puede pasar de rico a pobre tan derepente si en
el planeta seguimos estando casi los mismos que estábamos hace seis
meses y tenemos más o menos las mismas cosas que teníamos? Y menos se
entiende cómo de una crisis producida por exceso de consumo, producción
y globalización sin control de los mercados se puede salir incentivando las
mismas variables. Y menos todavía se puede descrifrar que se les pregunte
cómo salir del bolonqui a los mismos que lo crearon y que ni siquiera
embocan a explicar lo que ellos mismos inventaron.
Así que, bueno, como con la culebriya o el empacho, habrá que buscar
otras melecinas.
por las ventanas del ómnibus. Es un griterío infernal en una calle desolada
que en silencio sugiere una brutal impunidad. Entonces la hinchada
empieza a aplaudir rítmicamente contra la carrocería del colectivo como
si este fuera un enorme tambor de chapa al que castigan sin pausa: PAF!
PAF!! PAF!!! PAF!!!!
Los golpes sobre la chapa caliente son cada vez más fuertes y el colectivo
se sacude para todos lados; es un caldo a punto de hervir. PAF, PAF, PAF.
Uno a uno comienzan a sumarse silbatos, cornetas, bombos y la música se
convierte en una gran orquesta de cancha. La Cirio está paralizada, muerta
de miedo: un plano corto muestra cómo deja caer la correa de su canino
que se hizo pis encima. Jésica empalidece, sabe que su vida corre peligro
y que no eligió la indumentaria más adecuada para pasear su voluptuosa
humanidad por la marginalidad de un Temperley desolado. Entonces la
hinchada empieza a corearcon voz gruesa:
"Entregá el Marroc... entregá el marroooc... entregá el marrooooc... entregaaalo
de una veeeez... "
Ahora vemos el logo de la marca y la imagen se abre en un plano en el que
vemos a la Cirio alentando a Deportivo Laferrere con la barrabrava, todos
comiendo Marrocs. Cuando Deportivo Laferrere hace un gol, todos se
abrazan a los saltitos con Jésica y levantan sus Marrocs en alto.

Fuente: Blog Pelotudo


Aca me despido por hoy, si quieren mas, va a haber mas. Prometido. Espero que los hayan leido, y que los hayan disfrutado
Un saludo, me despido.
GUCCI05