Dos poesías de mi autoria. Una habla de la revolución, de la trova, del ser humano como inspiración. La otra habla del matíz del rostro, del alma.
Espero les guste.
Saludos a todos.

Como la guitarra.

A veces intento penetrar este bosque de huesos olvidados, de aromas encerrados en el miedo, de voces que se vuelven sombras en la niebla.
Este pequeño lugar infinito, construido de horas y días, que parecen ecos salidos de tumbas circulares.
Este subversivo espacio, ametrallado, esclavizado, encarcelado, pero que siempre es verde, si lo revive la guitarra.
Este bosque a donde llego cuando la nada es todo y el mundo se cubre de gritos, de balas silbando y de macabras melodías en pos de la opresión.
Porque como la guitarra, tampoco podría olvidar la memoria del hombre, la memoria de la tristeza, la memoria de los que siguen caminando.

El cuarto de los espejos

Esta noche de palabras cristalinas. Como gotas de lluvia, como a llanto; respiran dentro mio en busca de un terreno virgen, en donde soltar sus amarras de sentidos y sonidos.
Mi sola presencia al borde de una pared, como asomada al precipicio o al principio de la nada, es lo mismo, da lo mismo.
Ella sola establece en mi, vínculos que asemejan memorias de alguien que ya vivió, quizás del futuro, quizás en mi próximo no vivir.
El lamento se vuelve una epopeya, un festejo demasiado sombrío, una sombra en demasía, un intento por gestar la comunicación, entre lo que ya no fui y la próxima linea en blanco.
Esta noche me quisiera asemejar a tu soledad en la boca, o a tu sendero de piel recorriendo tus manos, o ha tu primitiva condición en estado de involución crónica.
Esta noche se hace de día en la memoria de lo que calla, mi rostro de esperar recupera su felicidad de puerto abandonado.
Y recurro al lenguaje para establecer mi morada y dormir, simplemente dormir y dormir, hasta que no quede más que sentidos en el plumaje del pájaro del miedo.

Paul Leonard