Mi reloj despertador marcaban las 7:00 a.m., con la misma alarma de desde hace 12 años, la de mi padre. 12 años seguidos escuchando el mismo despertador, tan solo por la causa de que era el único recuerdo que me quedaba de el. El se fue cuando tenia solamente 6 años, ¿la razón?, pues no la se ni yo, ni ningún miembro de mi familia, por lo menos eso creo. 12 años levantándome escuchando las mismas palabras todas las mañanas: ‘Vamos Cassie, es hora de levantarte, se hace tarde cariño’. Lastima que es solo una tonta alarma.

Me levante pensando lo mismo que todas las mañanas. Porque tengo un despertador con la voz de mi padre, si me abandonó. Son cosas que hago sin saber, así soy yo.

Baje las largas escaleras de mi casa, rumbo hacia la cocina. Como todas las mañanas, mamá había dejado mis tostadas en el microondas. Las tomé, y calenté mi leche chocolatada, la cual tomo desde que soy pequeña.

Desde el comedor, se veía una linda mañana de invierno, con un poco de neblina pero no le quitaba lo bonito que tenia aquella mañana que parecía ser como cualquier otra. Como cada mañana, termine de tomar mi desayuno, y tome un baño rápido. Se escucharon algunos fuertes relámpagos, los cuales arruinaron mis planes de salir con mi novio, Ethan que teníamos en mente.

Tomé mi mochila, el paraguas, por las precauciones, y tome rumbo a la academia. En mi último cumpleaños, mamá me había regalado su auto viejo, lo cual era muy útil para mí. Al arrancar, vi algo que me dejo con la boca abierta. Un cartel gigante plantado en la casa de mis vecinos llamo mi atención. El cartel tan llamativo, anunciaba que la casa estaba en venta. Me pareció tan extraño. Brenda Dylan, una señora ya mayor, cerca de los 80 años, ¿para que querría mudarse a aquella edad? Se veía tan contenta, bueno, lo único que afectaba su humor de vez en cuando era que su marido falleció hace bastante tiempo atrás ya. Pero de todas formas era muy feliz allí. Estuve pensando todo el viaje en aquella extraña mudanza.

Al llegar a la academia Ethan me estaba esperando como todas las mañanas en aquel murito color ladrillo frente al salón de química. Se veía muy feliz. Al bajarme del automóvil, Ethan se acerco a mí y me saludo con un calido beso en la mejilla. Sonreí y cariñosamente le pregunte a que se debía el motivo de su felicidad.

- Bueno, veo que estas muy contento, ¿a que se debe?
- A que te tengo al lado mío, te extrañe mucho durante el fin de semana.

Ethan siempre fue muy cariñoso, pues, digamos que es el chico de los sueños de cualquier chica. Aparte de ser apuesto, lo cual era un arma mortal, era cariñoso y compresivo. Apenas termino su dulce ‘’mini discurso’’, sonó el timbre de clases. El lunes, el peor día de la semana, lo único que me gustaba de ese día era que tenía 2 horas de química, la cual amo.

Aquel día pasó MUY lento si podría decir. Ethan se quedaba hasta tarde en la academia por su clase de fútbol americano, y como todos los lunes, Jessy, mi mejor amiga, suele venir a casa conmigo, pero aquel lunes faltó. Volví a casa un tanto cansada. Mamá no había llegado, lo habitual siempre se atrasa. Al estacionar mi auto, recordé lo de la mudanza de mi vecina. El cartel ya no estaba, y no había señal de la Sra.Dylan.

Al bajarme del auto, pude ver mejor. Un muchacho, no debía tener más de dos años que yo, moreno, alto, muy bronceado por el sol, y con un físico excelente, bajaba muebles de un camión. Me asombre, ya que nadie lo estaba ayudando.

Me acerqué, y amablemente pregunté:

- ¿Necesitas ayuda?

Creo que no fue de ayuda mi pregunta, se sorprendió al escucharme, y dejo caer al suelo un espejo, lo cual parecía ser muy antiguo y tener su valor. El vidrio del espejo rozó su mano y cortó un pedacito de piel del dedo meñique, su sangre era de un color extraño, no era roja, era un color mas intenso que el rojo, pero sin darle importancia a eso, preocupada; exclamé:

- Oh, lo siento mucho, ¿te encuentras bien?

Me miro con una expresión que no sabría definir. Ocultando su dedo, me dijo sorprendido:
- No le des importancia, es solo un rose.
- Soy Cassie, vivo en la casa de al lado.
- Oh, un gusto.
- Y ¿tu…?
- Oh, disculpa lo descortés que he sido, mi nombre es Alex Linton.

Quedé pálida al oír su apellido. Recuerdo perfectamente, el socio de mi padre; Ralph Linton. Sin pensarlo dos veces le pregunte:

- Oh, ¿tú eres…? Olvídalo. – Dije con toda mi cara pálida.
- ¿Que ocurre?
- Nada, nada, solo que hace frío.
- ¿Frío? Ja ja, yo encuentro calurosa esta cuidad!

Lo miré de arriba a abajo, y le pregunté:

- Wow, debes ser de un lugar muy frió para tener calor aquí.
- Acertaste, podría decir que vengo de uno de los lugares más fríos del planeta entero.
- Interesante. ¿Puedo hacerte una pregunta un tanto descortés?
- Claro, no te cohíbas.
- ¿Por qué estas solo en una cuidad que casi ni conoces?

Miró fijo a cualquier sitio, menos a mis ojos.

- Dios, lo siento, creo que he metido la pata.
- No, no es eso. – Dijo como si me conociera de toda la vida.
- No te preocupes si no quieres responder.
- Gracias, me quitas un peso de encima – Dijo mientras bajaba más muebles y los colocaba en la puerta.
- Pues, si quieres puedo ayudarte con todo esto. Ja ja – Dije frotando mis manos por el frío.
- ¡Claro! así nos podríamos conocer mas, ¿no lo crees? – Exclamo fascinado con la idea.
- Suena divertido. Vuelvo en un rato, Alex.
- Adiós, Cassie. – Dijo sonriendo.

Al voltear, vi la camioneta de mama, y a mama, claro, agitando su mano y gritando:

- Hola cariño, ¿Cómo te fue en la academia? – Exclamó abriendo la puerta de automóvil.
- Mamá, no grites, tenemos vecinos nuevos, ¡que pensaran!
- Veo que ya le haces echado el ojo, Cassie. Le contare a Ethan, ja ja. – Dijo haciéndome burla.

Me quede pensando en esa frase: Me quitas un peso de encima. ¿Por qué habrá dicho eso? Prometí volver a visitarlo esa tarde, así que lo averiguaré.

- ¿Y Jessy? – Preguntó mamá, mirando por todos lados para ver si la encontraba.
- No lo sé, falto a la academia hoy, más tarde la llamaré. – Dije tirada en el sillón mirando el techo.
- ¿En que piensas, cielo?
- Olvídalo.
- Te ves preocupada hija, ¿puedo ayudarte en algo?
- Si te pregunto algo, ¿me respondes?
- Claro.
- ¿Recuerdas a Ralph Linton?

Creo que la expresión de mamá, fue una de las mas extrañas de todas las preguntas que le hice en mi vida: desde si santa claus existe, hasta de donde vienen los bebés.

- ¿A que viene esa pregunta, hija? - Preguntó pausadamente.
- Has dicho que me ibas a responder madre. – Dije quejándome.
- Pues, recuerdo que era un socio de el canalla de tu padre, y que tenia un hijo que venia muy seguido a jugar contigo, Cassie. Pero no recuerdo nada más. – Dijo muy nerviosa.
- Ah, si recuerdas algo más no dudes en decirme madre. Voy a visitar a nuestro nuevo vecino. – Dije mientras le daba un beso en la mejilla.
- Ten cuidado hija, ¡es casi un extraño! – Dijo mamá mientras cerraba la puerta.

Con mucho animo, corrí desde mi puerta, hasta la casa de Alex. El camión ya no estaba. Toqué timbre, me abrió, Alex, por supuesto, era el único que habitaba en aquella casa. Con su sonrisa colgante que descubrí desde el primer segundo que lo vi, me invito muy amablemente a entrar. Entre muy agradecida, y dije sorprendida:

- Wow, veo que eres muy rápido para arreglar cosas. – Dije mirando alrededor, ya la casa estaba directamente con casi todos sus muebles.

Rió alegremente y me comunico:

- Ja ja, eso parece. Pero me queda acomodar un baúl muy valioso para mí. No se donde ponerlo.
- Será un gusto ayudarte, Alex. Dime, ¿Por qué es tan valioso aquel baúl?
- Pues, ahí llevo toda mi niñez. – Dijo ocultando la cabeza.
- Oh, entonces, ¿tienes fotografías allí?
- Si, muchas. Pero no me gusta recordar mi pasado. – Dijo con la mirada triste.
- Oh, ¿y porque aún conservas aquellos recuerdos, si no te gusta recordarlos?
- La razón es muy simple. Rescato el recuerdo de una persona muy especial para mí.
- Oh, que dulce eres. Esa persona debe ser muy importante para ti.
- Si, lo es. Te ofrezco leche chocolatada, es lo único que tengo, ja ja. Bueno, confesándote, es lo único que me gusta tomar. – Me dijo mirándome con una expresión pícara.
- ¿Es broma?, también es lo único que tomo, desde pequeña. – Comunique muy ilusionada ya que habíamos encontrado algo en común.
- Lo se… - Dijo Alex en voz baja mientras servia la leche chocolatada en un vaso.
- ¿Disculpa? ¿Qué has dicho?
- Oh, nada, olvídalo, Cassie.

Terminamos nuestra leche chocolatada con una cálida charla. El tiempo estaba pasando más rápido de lo que parecía, se hicieron las 8:30 p.m., y yo seguía muy entretenida hablando con Alex. Me asombró que mamá no me hubiera llamado, por lo que decidí volver a casa.
- Descansa bien, Cassie. Vuelve mañana, ¿si? – Dijo Alex mientras lavaba los vasos que habíamos usado.
- Lo haré, Alex.

Al llegar a casa, mamá no estaba, la busque por toda la casa, hasta en el patio de atrás, en la barbacoa, no había señales de ella. Me preocupé, corrí a buscar el teléfono y la llame.

- Madre, ¿dónde estas? – Dije en tono de preocupada.
- ¡Hija!, no te preocupes, estoy en camino a casa. – Se escucho como hubiera descubierto un tesoro.
- Date prisa.

Pasaron minutos, hasta horas, y mamá no llegaba. Eran las 12:30, cuando a mamá se le ocurrió aparecer.

- ¡Madre!, ¿A dónde has hido?
- No le des importancia, Cassie. Ve a dormir, es tarde. – Dijo acomodando su bolso.
- Pero…
- Sin peros, Cassie.

Subí muy malhumorada a mi habitación. Me dormí en menos de 3 minutos.

- Vamos Cassie, es hora de levantarte, se hace tarde cariño. – Se escuchó una mañana más.

Apagué aquel tonto despertador con todas mis fuerzas. Como todas las mañanas fui a buscar mis tostadas, no estaban. Desde que tengo 6 años mamá dejaba las tostadas en el microondas, y esa mañana no. Tal vez estaba algo apurada. No le di importancia, tomé mi leche chocolatada, tomé mi baño, me vestí, tomé mi bolso y emprendí rumbo hacia la academia. Antes de unas pocas cuadras de llegar a la academia, vi un clon de Alex. Pf, como van a existir los clones – Pensé estúpidamente. Pues claro, era Alex caminando solo por la vereda. Toque mi bocina con sonido a autito de juguete. En ese instante, Alex volteo la cabeza bruscamente, como la primera vez que lo vi.

- ¡Cassie! – Exclamó con una sonrisa en el rostro.
- ¿Quieres un aventón? Tengo espacio para dos aquí.
- Te lo agradezco. ¿A dónde vas Cassie? – Pregunto subiéndose al automóvil.
- A la academia, ¿tu? – Pregunte bajando el volumen del radio para poder escuchar su respuesta claramente.
- Déjame allí, solo tendré que caminar unas pocas cuadras. Te lo agradezco, Cassie.
- No hay de que. Pues, ¿pudiste colocar aquel baúl de el que tanto hablamos?
- Todavía no, creo que voy a deshacerme de aquel baúl. – Dijo con cara de decepción.
- ¡No!, no hagas eso, Alex. Pues, ¿Qué hay de la persona tan especial que me habías dicho?
- Ya que, esa persona ni me recuerda, Cassie.
- No digas eso, Alex. Dime, ¿dónde vive?
- Cassie me bajo aquí, gracias por el aventón. – Dijo rápidamente al bajarse del automóvil.

Me dejo con la palabra en la boca, cosa que odio. Más tarde lo volvería a visitar. Llegue a la academia, y estaba Ethan, no con la misma expresión que tenia ayer a la mañana, estaba algo enojado.

- Ethan, ¿Qué ocurre?
- ¿A mi me preguntas?, a ti que te ocurre. Te estuve llamando toda la tarde ayer a tu casa. Tu madre me dijo que estabas en la casa del vecino nuevo. Y ahora me entero por Jessy que estabas con el en tu automóvil.

Creo que olvide mencionar que aparte de todo lo bueno que Ethan tiene, tiene algo MUY malo, si podría decir. Es más celoso de lo que parece.

- Ethan, es solo un compañero de barrio, apenas lo conocí ayer, y… - No me dejo terminar de hablar, para variar.
- Por eso mismo, Cassie, es un completo desconocido y pasas la tarde en su casa.

En ese momento sonó el timbre.

- Luego hablamos. – Dije un tanto triste.

Ethan tenía razón, ¿en que estuve pensando? Lo mejor será que me disculpe luego. Estuve toda la mañana pensando en lo mismo: en Alex, hasta en la clase de química. Me sentí como una completa idiota, ya que estaba en las nubes, el profesor James, me hizo una pregunta, la cual supuso que yo sabía, no la respondí, ya que no preste atención en clase, todos se rieron de mi, incluyendo a Jessy. Ese día fue un tanto extraño, Jessy ni me había saludado, pasó bastante tiempo con Ethan en todos los recreos. Me acerqué a Ethan y Jessy, quedaron totalmente serios al verme.

- ¿Ocurre algo?

Nadie respondió.

- Bueno, Ethan, ¿podríamos hablar?... a solas.

En ese momento Jessy me miro con una expresión de odio. Como si fuera su enemiga de toda la vida. Por lo tanto, volteo, y se fue.

- Ethan, quisiera pedirte disculpas sobre lo de Alex. Realmente estuve pensando, y tienes razón.
- Olvídalo, Cassie. No crees que debemos, eh… ¿tomarnos un tiempo? – Dijo como si fuera lo más común en la vida.

Quede pálida y dura, como una roca. Justo en ese momento, tocó la campana, cada uno para su clase, desde ese entonces, ya que el señor quería tomarnos un tiempo, en lo primero que pensé fue en Alex, claro, como toda la mañana. También pensé en Jessy, algo raro estaba ocurriendo.

Terminó aquella jornada. Baje las escaleras de la clase de matemáticas, y vi algo, demasiado sorprendente: Jessy y Ethan tomados de la mano. Voltee, no los quería ver nunca más. Por lo menos eso pensé.

Arranqué mi auto y fui derecho a casa. Mamá estaba allí, estaban pasando cosas raras con mamá y las quiero averiguar.


Al abrir la puerta, choque con mamá, con lo que provoqué que tire su bolso. Se abrió al caer al suelo, y pude identificar un álbum de fotos.

- Déjame verlo – Exclamé emocionada.
- ¡Cassie!, suéltalo. – Gritó mamá, como si hubiera una prueba de algo demasiado importante.

Cuando mamá recogió el álbum, una foto cayó al suelo. Para que no la viera, la pise disimuladamente. Apenas cerro la puerta, recogí la foto. No lo pensé dos veces. Era una foto de papá con un señor, no recuerdo bien quien era. Dejé la foto en la mesa de living, y comencé a estudiar química, no quería repetir el papelón que hice hoy.

No pude concentrarme más de 15 minutos, ya que alguien llamaba a la puerta. Fui lo más rápido que pude. No había nadie allí, solo había un sobre. Lo abrí con toda mi ansia, y leí atentamente: Cassie, espero que algún día puedas entenderme, lo siento.

¿Sería una broma?, Hay tanta gente que no tiene nada que hacer, pero parecía bastante serio. No podría distinguir la letra, ya que estaba a computadora, y no tenia ni firma, ni nada. Lo examiné todo, de pronto vi tres pequeñas letras en un costado del sobre: B T R.

Intente de descifrar esas tres letras. ¿De que serian? Lo primero que se me vino a la mente fueron las iniciales de papá: Ben Thomas. ¿Pero la R? De pronto alguien llamó a la puerta. Era Alex, me saludó con un amistoso abrazo, y me preguntó como me había ido en la academia, igual que mamá. Le respondí la verdad: MAL. Me miro con unos ojos que ya conocía, y me dijo:

- ¿Qué ha pasado, Cassie?
- Mi novio, bah, mi ex novio, y mi mejor amiga. Ya ninguno es lo que era. – Dije dejando caer una lágrima.
- Oh, Cassie. Eres muy joven, tienes muchas cosas por vivir. – Dijo Alex quitándome la lágrima con su dedo pulgar.
- Lo sé. No lo puedo creer. Tú también eres muy joven. ¿Qué edad tienes?
- 19. Te invito un helado para levantar el ánimo, ¿Aceptas?
- Ja ja, claro que si, Alex. Te agradezco todo lo que estas haciendo por mí.
- No es nada, Cassie.

De pronto Alex miro sobre la mesa, como si hubiera distinguido algo; la carta que me habían enviado. Miro preocupado y asombrado. Tomó mi mano, subimos al automóvil, y nos dirigimos a la heladería. De pronto el celular de Alex comenzó a sonar.

- Llama luego, estoy ocupado ahora.

No se lograba escuchar lo que decía la voz del otro lado.

- Si, hay novedades, hablamos luego. – Respondió Alex a la otra voz.

No me atreví a preguntar quien era. Pocos minutos después, llegamos a la heladería. Bajamos del automóvil, tomados de la mano, por supuesto. Al entrar todos nos miraron como si fuéramos extraterrestres. En especial dos personas de una mesa. No lo podía creer. Jessy y Ethan sentados solos en una mesa. Fingí no darle importancia. Me di cuenta que ese: tomarnos un tiempo. Significaba terminar esa relación, para siempre.

Alex estaba muy ilusionado con la idea de salir juntos, pues yo también. En ese instante, me preguntó:

- Sabor limón granizado, ¿no? – Pregunto para asegurarse como si me conociera desde que tengo noción.
- ¿Cómo sabes? – Pregunte realmente sorprendida.
- Es el que tomas desde pequeñ…, pretende que no he dicho nada.

No lo entendía, hace 2 días que lo conocía, y ya sabia, si puedo decir, prácticamente la mitad de mi vida. Sin darle importancia a que mi ex novio, y mi ex mejor amiga, hayan salido juntos, la pase bomba con Alex, si puedo presumir. Terminamos nuestro helado, y Alex me cuestionó algo:
- Dime, ¿Cómo esta Alice?

Ya era todo demasiado extraño. ¿Cómo sabia el nombre de mi madre?

- ¿Disculpa?, ¿Ya te he hablado de ella? – Pregunte como si me hubieran pregunta la cosa más rara del mundo.

Puso una expresión como si hubiera metido la pata, y luego de varios segundos, respondió:

- Oh, pues claro, Cassie. Olvídalo. Regresemos a casa, ¿quieres?
- Si, vamos.

Tomó mi mano, y nos dirigimos hacia el auto. Desde que me hizo esa pregunta, se cohibió. No se el motivo. Estuvo todo el viaje callado.

Todavía me preguntaba muchas cosas sobre Alex; ¿Por qué vivía solo? ¿Por qué no quería recordar su pasado? Y lo que mas me intriga, ¿Por qué me dijo que le quitaba un peso de encima con aquella pregunta?

- Llegamos, Cassie. – Dijo, al fin.
- Alex, ¿te ocurre algo?
- No, no es nada, Cassie. Te invito a cenar a casa esta noche, ¿aceptas?
- J aja, suena divertido, acepto. – Dije sonriendo.
- Fantástico, te veo a las 20:30. – Dijo saludándome con un sonoro beso en la mejilla.

Bajé del automóvil, y mamá no estaba. Al entrar a la cocina, ví una nota pegada en el refrigerador, que decía:

Cassie, debo salir del país por tres días a Canadá. Perdona que no te dijera nada antes, lo siento cielo. El viernes regreso a Boston hija. Cuídate, mamá.

Definitivamente, era la semana mas extraña de mi vida. ¿Por qué mama se iría a Canadá, de un día para el otro?

Tomé un baño para relajarme, me vestí, y me maquillé. Eran las 20:20, así que tomé mi bolso, cerré la puerta, y caminé la poca distancia que había entre mi casa y la de Alex.

Estaba a punto de tocar el timbre, pero escuche una conversación. Solo se escuchaba la voz de Alex, así que suponí que estaba hablando por teléfono. Intente escuchar algo, y lo hice:

- No sabe nada, es la persona más inocente que conozco. Si, le llego una carta. ¿No lo has encontrado?, padre hablamos más tarde, esta apunto de llegar. Adiós.

En ese instante me di cuenta que hablaba de mi. Toqué el timbre. Decidí hacerme la tonta con lo que había escuchado. De pronto abrió la puerta; sus ojos brillaban como diamantes recién pulidos, y sus dientes blancos y perfectos resaltaban su sonrisa hermosa.

- Te ves hermosa, Cassie. – Dijo luego de quedar hipnotizado por 50 segundos.
- Gracias, Alex. Mmm, huele rico. – Dije con una sonrisa en mi rostro.
- J aja, espaguetis, tus fav… . Olvídalo.


Tomo los dos platos, y con mi ayuda, prendimos unas hermosas velas que le daban un calido ambiente al lugar. Tuvimos una charla como las de siempre. Y llegamos al tema del baúl:

- Alex, muéstrame aquel baúl.

Pensó dos veces antes de hacer algo. Se paro, y se dirigió a hacia una esquina del comedor. Lo abrió, y se aseguro de que falte algo. Quitó un álbum, recogió el baúl como si no hubiera echo nada, y me lo entrego.

- Aquí esta.

Sabía que algo raro había con aquel álbum, mas tarde lo averiguaría. De mientras, mire las fotos del baúl. La primera foto que vi, era una del sanatorio, el día que nació.

- ¿Quién es ella? – Pregunté con intriga.
- Mi madre. – Dijo sin mucho entusiasmo.
- Oh, y ¿Qué hay de ella?
- No vive en Boston.

Decidí no hacer mas preguntas, creo que lo estaba poniendo algo incómodo.

De pronto ví una foto. Quede con la boca abierta. Alex no me pregunto nada sobre mi expresión. Era una foto de un pequeño que de algún lado conocía.

- ¿Eres tú? – Pregunte con mucha ansia de escuchar la respuesta.
- Si. – Dijo sonriendo.

Si no estaba loca, y recuerdo bien; Alex es el hijo de Ralph. No quería preguntar nada por ahora, seguí mirando fotos, para ver si encontraba más datos. Y así fue. Encontré una foto con un señor, que debía ser Ralph.

- ¿Es tu padre? – Pregunté con cara de loca.
- Así es.

En ese instante Alex volteo hacia la cocina en busca del postre, aproveché la ocasión para guardar la fotografía disimuladamente. Y recordé el álbum que Alex había apartado, camine ligeramente hacia el y lo tomé. Abrí el álbum. No podía creer lo que vi. Habían dos personas en aquella foto, Alex y… yo. Me agarró con las manos en la masa, ya que justo entró al comedor con una expresión de sorprendido, dejo caer al suelo el postre y no dijo nada.

Por unos minutos no hablamos. Hasta que me animé a romper el hielo:

- Creo que es hora de irme.

No dijo nada más. Volví corriendo a casa y lo primero que hice fue recoger las dos fotos: la de Alex y su papá y la que encontré en el álbum de mamá. Era el mismo. Pensé por un segundo y saqué mis conclusiones: Alex es el hijo de Ralph Linton. Ahora tenía más preguntas que antes. Pues, si es el hijo de Ralph, seguramente sepa algo de mi padre. No dude ni un segundo, corrí desde mi casa hacia la suya. Y sucedió lo mismo que hoy. Alex estaba hablando por su teléfono celular. Y volví a escuchar lo que decía:

- Padre no es mi culpa, es más astuta de lo que pensé. No me creo capas de seguir con esto padre. Quito las fotos, si. Eso creo. ¿Venganza? Es lo único que te importa. ¡Es que tú no entiendes! No voy a seguir con esto.

En ese momento Alex cortó la llamada. No resistí más, y abrí la puerta.

- ¡¿Qué sabes sobre padre?! – Exclamé mirándolo fijo a los ojos.

Me miro como si le hubiera partido el corazón, es más, creo que vi una lágrima caer de sus ojos. No entendía absolutamente; NADA.

Se sentó sobre una silla, y coloco las manos sobre su cabeza como si hubiera matado a alguien. Se quedó quieto sin decir ni una insólita palabra por 3 minutos.

- Prometo explicarte todo mañana por la mañana. – Dijo, al fin.

Sin decir nada, me retire en silencio. Volví a casa, me tire en la cama y pensé, pensé, pensé y pensé. Hasta dormirme.

El timbre de mi casa me despertó, mire mi reloj, eran las 9:47 a.m., no podía creerlo. No sonó mi reloj despertador para ir a la academia. Pero ya ni pensé en eso, baje rápidamente a abrir la puerta con mi look de recién levantada, era Alex. Lo hice pasar, y sin preguntar, serví la leche chocolatada en dos vasos. Le entregué uno a él y dije:

- Te escucho.
- Mira Cassie, es más complicado de lo que parece…
- Tengo tiempo. – Dije seriamente acomodando mi bata.
Mira. Soy el hijo de Ralph Linton, si. Ya te habías dado cuenta, o por lo menos eso pensé.
- ¿Qué hay de mi padre?
- ¿Escuchaste sobre un plan, es cierto?
- Si, no me atreví a preguntar nada.
- Es difícil, no me vas a comprender. – Dijo muy preocupado.
- ¡Habla!
- Recuerdas a mi padre, ¿No es asi?
- Si, pero quiero saber de mi padre, no del tuyo.
- Mi padre tiene que ver con la desaparicion del tuyo.
- Mi padre no desapareció, el me abandonó, simplemente eso. - Dije mirandolo con los ojos mojados fijamente.
- No, Cassie, no fue así, tu padre no te abandonó. Mi padre lo...

Mire a Alex con mis ojos mas abrietos que dos manzanas, y hasta que no responda, no le iba a quitar los ojos de ensima.

- Mi padre lo, lo..., lo secuestró.

Creo que fue el momento más shokeante de mi vida. Detení mi mente por varios segundos, mientras Alex me miraba fijo. De pronto, una imagen vino a mi mente. El día que fue a ''trabajar'' y nunca volvio, 12 años atras, cuando tenia tan solo 6 años. Lo saludé con un fuerte beso sonoro en la mejilla, ya que iba a ''trabajar'', y nunca más volvio.

- ¿Qué? - Pregunté para darme cuenta si estaba loca, o era la triste realidad.
- Eso mismo, Cassie, pero ahora dejame explicarte todo.
- Recuerdas el gran trabajo de tu padre, ¿y el sueldo que ganaba?
- Si. - Dije shokeada.
- Mi padre, lo usó.
- Cc, co, ¿como? - Tartamudié.
- Mi padre siempre envidio a tu padre. Nunca fueron socios de verdad, mi padre siempre espero el momento para quitarle todo, pero como no pudo, tubo que recurrir a algo más violento.

Mi cerebro volteo, y mi ser se shokeo, otra vez. No entendia varias cosas, pero principalmente no entendía porque me contaba esto, si es el hijo.

- Alex, ¿porque me cuentas todo esto?, es tu padre.
- Mi padre me prometio que al tener la fortuna de tu padre, iba darme una parte. Pero al llegar aquí, me di cuenta que el dinero no es felicidad. No me interesa nada mas que..., olvídalo.

Me quedaban mil dudas, y pensaba alcararlas todas.

- ¿Dónde esta mi padre? - Pregunté con seriedad.
- Eso no lo sabe nadie, ni m[_i padre, ni yo.
- Pero, esta..raptado, ¡diós!. - Dije pensando dos veces lo que iba a decir. No podia creer que mi padre hubiera caido en una trampa tan tonta.
- Al parecer tu padre es muy ábil, Cassie. El escapó hace ya 1 año. Por eso mi padre me mando a...
- ¿A que?
- Cassie, es tan dificil esto...- Dijo con los ojos mojados.
- ¡Dilo! - Exclamé furiosa.
- Mi padre me envio para que te lleve con el.
- ¡Que no le alcansa a tu padre con arruinarme mi infancia, y la mitad de la juventud de mi padre!. - Dije pensando en la idea tan loca, que todavia no cabia en mi cabeza.
- Tranquila, Cassie. Pensé en cumplir las ordenes de mi padre, hasta que te vi otra vez, luego de 12 años.

Mis ojos luego de escuchar tantos planes espantosos, se iluminaron. Algo ocurria con Alex, química, diria yo. Era una persona muy especial para mi.

- Mi padre, ¿esta libre ahora?
- Si, como tu y yo.

Una sonrisa salio magicamente de mi rostro.

- Mi padre es capas de algo horrible si se entera que te he dicho todo, no podia seguir con ese peso en mi corazon, Cassie. - Dijo seriamente tomando mis manos sobre la mesa.
- Tu tranquilo, tenemos que armar un plan. - Dije sintiendome Sherlock Jomes.

Los dos miramos fijamente a un punto y pensamos. Luego pregunté:

- ¿Dónde ocurrió todo esto?
- Canadá, Ottawa.
- ¿Canadá has dicho?
- Si, ¿ocurre algo?
- Mi madre viajo a Canadá hace unos dias, y no se la razon. Dejo una nota en la nevera.

Puse una expresion de felicidad como si hubiera ganado la loteria, o algo aún mejor.

- ¡Sígueme! - Ordené.

Se levantó en menos de dos segundos, tomé sus manos, y corrimos lo mas rápido que pudimos hacia el lugar que yo guiaba, mi casa, claro. Abrí la puerta y fui directo hacia la mesa de living, tomé la carta, y con brillo en los ojos, dije:

- Es papá. - Dije demasiado feliz.

Alex se acercó a mi, tomó la carta y la examinó.

- ¿Sábes de donde viene esa R? - Dijo con cara de interesado.
- No, ¿tu si?
- Ralph.
- Oh, ¡que complicado que es papá!, yo que el hubiera puesto el nombre completo, asi podria ayudarme un poco más, ¿no crees?
- No puede dar muchos datos, mi padre de algún lado lo vigila, lo esta buscando, de todas formas es muy dificil que lo encuentre en un país tan grande.
- ¿Y porque no ha vuelto a casa, ya que esta libre?
- Se enteró de que volveria aqui, en busca de ti. Con más motivo, intento volver, pero mi padre le ha quitado una pequeña parte de la fortuna, la otra gran parte, esta guardado, nadie sabe donde. Tu padre esta solo alli, sin dinero, ni casa.
- Oh, hay que ir ya.
- Hay un problema, bah, hay más de uno. Uno de ellos es que mi padre intentara comunicarse conmigo por novedades y el otro...

No deje que continue. No tenia palabras para agradecerle todo lo que me habia dicho, y lo mucho que me habia ayudado, por lo tanto, la unica forma de agradecerselo fue dandole un suave beso en sus labios. Luego, murmuré en tono bajo:

- Gracias, Alex. Gracias.

Pasamos toda la tarde discutiendo el tema, haciendo calculos de la fortuna, tratando de averiguar la localidad de papá, y rechazando las llamadas de Ralph. De tanto cansancio nos dormimos, tirados en el sillon. Fui la primera en despertar. Accidentalmente, Alex se durmio sobre mi barriga. Me detuve un momento a mirarlo. Lo mire, lo mire, hasta que suspiré y pensé: Lo amo.

Lo desperté con un beso en la mejilla. Y suavemente susurre en su oído.

- Es hora.

Se levantó, y me dijo:

- Regreso en 15, Cassie.

Aproveché esos 15 minutos para tomar mis cosas, el viaje a Canadá nos esperaba. Tome lo mas importante, no tenia mucho tiempo. Alex se tardó mas de lo que creí. Luego de 30 minutos, volvió con una expresión de felicidad.

- ¿Su maleta My.Lady? -Dijo bromeando.
- Ja ja, aqui esta, señor.

Con sus musculosos brazos, tomó las 4 maletas, es necesidad de una mujer llever todas sus cosas y solo cabian en 3 maletas, y eso que quedaban cosas en casa. Mientras Alex guardaba las maletas en el coche, subi la escalera corriendo, y tomé los ahorros que tenia. Corri abajo otra vez, y cerre la puerta con llave. Me subí al automóvil, y bromeando dije:

- Hacia el aeropuerto, chofer. - Dije con cara de pícara.
- Con gusto, señorita. - Dijo Alex siguiendome el chiste tirandome una guiñada.

No lo podia creer, luego de tantos años, podria volver a ver a mi padre. Pero no sabia todo lo que me esperaba en Canadá.

- ¡Mamá! ¿Para que crees que fue? - Recordé.
- No lo se, Cassie.

Después de tanto sufrir, y de noticias espantosas, habian pasado muchas cosas positivas en esa semana, excepto lo de Ethan y Jessy, pero casi ni pensaba en ello.


Despues agrego la segunda parte .