Jacinto (cuento corto propio)

Jacinto



Jacinto (cuento corto propio)


Hasta ahora nunca había aprendido que era un perro. O sea, que él era un perro. Tampoco se consideraba humano, eso nunca. Bien sabía diferenciarse de ellos. Tan obvio resultaba el contraste. Sólo bastaba ver la actitud ante la vida: él siempre buscaba estar cerca de lo que más le gustaba, sea un amigo, un abrigo, sea una rama o algo de comida; la persona en cambio parecía buscar querer agobiarse con las cosas que le hacían mal, sea un trabajo que no permitía descansos, una comida que no quitaba la ansiedad, un cigarrillo que ocupaba los pulmones con nada útil. Y eso es lo que simplemente se veía a flor de piel. Si se ponía a pensar en los detalles más finos encontraba diferencias que cada vez se hacían más grandes: él, sin saber que era un perro, se podía sentir sólo, triste, abatido, cansado, dolido, acalorado, hambriento… pero cuando se acercaba una mirada amiga y honesta, todo desaparecía en un instante. El hombre no hacía más que encerrarse en su propio laberinto, bajo cien llaves. No dejando que nadie lo vea, que nadie lo escuche ni que nadie corra tras de él. Y lo triste es que, generalmente, casi nadie tampoco correría detrás de él.

Pero, ¿cómo llegar a la conclusión de lo que era? Había conocido historias ya. Por ejemplo, la de ese perro que el dueño le quiso enseñar a hablar y en medio del aprendizaje, lo dejó sólo (no entendía bien el concepto de la muerte, afortunado él). O la otra, la de aquel que habría esperado a un dueño que nunca volvería, convencido de que no lo había olvidado. ¿Sentirse un reflejo de ellos era suficiente para considerarse perro? Tenía tantas ganas de saber que sí. Si simplemente alguien se lo hubiera dicho a los ojos… o en una caricia perdida, alguien hubiera elogiado su mirada de paz perruna que solía transmitir… Sin embargo ya nadie lo hacía. ¿Tan sucio estaba?

Lo cierto es que hacía mucho que no podía sentirse limpio… pero, ¿qué podía hacer? Siempre alguien, humano, se había encargado de esa tarea (que a veces resultaba un milagro, otras la peor de las catástrofes… era al azar, dependía del humor del día, aunque rara vez un jueves a la tarde lo pudo tomar con una sonrisa). Pero ya había pasado mucho tiempo. Miles de años. Ni se acuerda quién era que lo hacía, ni que día, ni por qué. Sólo sabía que los jueves por la tarde no lo solía tomar de buena gana. Y tampoco mucho quería pensar en por qué de un día para el otro ya no pudo gozar de esos beneficios (él se consideraba muy afortunado realmente). Cada vez le resultaba más fácil asimilar la idea de que un humano abandone a otro humano, o a un perro, o a un gato… o a alguien como él, que no se sabía perro. Pero, tampoco mucho quería pensar en eso ya. Ya no. Menos ahora que los años pesaban en los párpados.

Entonces resumía sus días a sentarse, o acostarse, y mirar a la gente pasar. Le gustaba más que nada cuando veía algún abuelo acompañando a su nieto a una plaza… aunque no podía evitar notar que cada vez se daba menos esa realidad.

Si tan sólo alguien se acercara un día y le dijera que tan linda era su mirada de paz perruna, cuántos argumentos para irse a dormir esa noche y buscar soñar con ser, eso que él no sabía que era un perro, nuevamente joven, alegre… o simplemente, sin hambre ni frio. No podía evitar pensar que él tendría ese gesto con cualquiera que sienta que lo necesite. Sin embargo él estaba allí, con los párpados que ya tanta carga se hacían, y nadie parecía notarlo.

Cerró los ojos porque estaba cansado ese día, un poco más que el anterior. Pasó un rato. Miles de horas. Escucho unos pasos que se acercaban. Por dentro, se sintió sonreír al pensar la idea de que podría ser un abuelo acompañando a su nieto a elogiar la mirada de paz perruna que él tan bien sabía transmitir.

Esa noche volvió a ser, sin que él lo supiera, perro. Uno más joven y alegre, sin hambre ni tanto frío.




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Se agradecen los comentarios y cualquier crítica constructiva o sugerencia. La foto también es propia y la pueden encontrar en uno de mis post de fotos.

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6 comentarios - Jacinto (cuento corto propio)

@AmttoO_Barrios Hace más de 4 años
me gusto el cuentito
lo pase a word para agrandar las letras jeje
@FrancoArielS Hace más de 4 años
Para resumir ; Exelente nacho.
@DrPitoseco Hace más de 4 años
me acuerdo que cuando estaba en la secundaria y tenia que madrugar, veia a mi perro calentito acurrucado durmiendo y lo envidiaba tanto. Nosotros razonamos, ese es el problema.

PD: Tambien hay perros malos eh.
PD2: Perdon por desvirtuar, lindo post
@DrPitoseco Hace más de 4 años
Nacho_LS dijo:
DrPitoseco dijo:me acuerdo que cuando estaba en la secundaria y tenia que madrugar, veia a mi perro calentito acurrucado durmiendo y lo envidiaba tanto. Nosotros razonamos, ese es el problema. PD: Tambien hay perros malos eh. PD2: Perdon por desvirtuar, lindo post


No comparto lo de los perros malos... no está en su naturaleza. Se pueden engendrar malos si no son cuidados, si son maltratados. Y agarrá uno de esos perros malos y dale el trato que merece y te va a mostrar quién realmente es. Saludos y gracias x el comentario!


acabas de conocer a uno , saludos!