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The Yellow Wallpaper: El Papel de Pared Amarillo

‚ÄúThe Yellow Wallpaper‚ÄĚ

The Yellow Wallpaper: El Papel de Pared Amarillo

Sinópsis
La Narradora y su marido m√©dico John han rentado una mansi√≥n para poder descansar en el verano, mientras que ella se recupera de una depresi√≥n post-parto. A√ļn as√≠, la Narradora no cree que ella se encuentre enferma, pero John se encuentra seguro de que su esposa sufre neurastenia, prescribi√©ndole una cura de descanso. Se la confina a descansar en cama de tal forma que pareciese estar en un hospital, y se le proh√≠be el trabajo, e incluso tareas m√°s simples, como la lectura o escritura. Pero en ella encontrar√° su forma de desahogo y las fuerzas para romper su confinamiento.
Su (ahora nueva) habitación es espaciosa, muy iluminada y posee un papel de pared amarillo algo viejo, gastado y despegado, con un tramado antiestético. La Narradora detesta ese tapiz, pero John rechaza la idea de cambiar de cuartos argumentando que es el mejor lugar para su futura recuperación.
Dos semanas m√°s tarde, la salud de la Narradora ha empeorado. Constantemente tiene sensaciones de ansiedad y fatiga, y apenas puede reunir la energ√≠a necesaria para romper con su rutina, escribiendo en su diario. Afortunadamente Mary cuida de su hijo, mientras que Jennie (hermana de John y por ende cu√Īada de la Narradora) es quien se encarga del cuidado de la Narradora y de la casa entera.
La irritación de la Narradora con el papel va en aumento: descubre en ese patrón, ojos desorbitados y cuellos rotos, así como una imagen acechante detrás del mismo.
Cuantos m√°s d√≠as pasan, la ansiedad y depresi√≥n de la Narradora se ve incrementada, pero ese papel que odia tanto es lo que figura como su √ļnica estimulaci√≥n. Por lo que gasta la mayor√≠a de su tiempo estudiando la confusa trama del mismo. Ella afirma que esta actividad es ‚Äúbuena como el ejercicio‚ÄĚ, y la figura encorvada y atemorizante escondida detr√°s del papel le parece m√°s clara cada d√≠a. Con la ayuda de la luz de la Luna ella puede ver infinidad de mujeres atrapadas tras barrotes.
La Narradora intenta convencer a John para ir de visitas a las casas de sus familiares, pues comienza a sentirse inc√≥moda con su confinamiento y el descubrimiento acerca del papel de pared, a lo que √©l se niega rotundamente. Este comportamiento de John, y algunas veces los de Jennie, hacen crecer una paranoia excesiva en la Narradora creyendo que ellos tambi√©n est√°n interesados en el secreto del papel de pared, lo cual la determina a ser la √ļnica conocedora de ese misterio.
Su salud mejora a medida que su inter√©s en el papel crece, mientras que John y su hermana vigilan su comportamiento, conciente de esto √ļltimo comienza a verlos como un obst√°culo entre ella y el papel de pared. Comienza, adem√°s, a percibir un fuerte y distintivo olor proveniente del papel, un ‚Äúolor amarillo‚ÄĚ que se esparce por toda la casa y la persigue, incluso cuando sale a dar peque√Īos paseos.
Al anochecer, la mujer del papel sacude las barras con violencia, mientras ella trata de romperlo, sin lograrlo. La remolinante trama del papel ha estrangulado a las mujeres que han tratado de liberarse. Por el día, la Narradora comienza a alucinar, creyendo que ella ha visto a aquella mujer espeluznante bajo la luz del Sol en el exterior de la casa, por lo que se promete arrancar ese papel antes de marcharse, lo cual será en dos días.
Esa misma noche la Narradora ayuda a la mujer del papel, quit√°ndolo a medias de la pared. A la ma√Īana siguiente Jennie se sorprende, pero la Narradora se excusa de que s√≥lo ha sido un acto de desprecio hacia su tan ‚Äúodiado‚ÄĚ papel. Jennie es capaz de comprender el por qu√© lo ha hecho, por lo que lo trata como algo cotidiano sin tocar el tema con su hermano.
A la noche siguiente, la Narradora se confina en su habitación prohibiendo la entrada de cualquiera, muy decidida a arrancar ese papel de pared. A medida que lo hace escucha gritos provenientes del tapiz, intenta saltar, pero las barras lo prohíben, además, se asusta por las mujeres que se encuentran fuera de la casa. Cuando llega el amanecer, ella ya se ha deshecho de todo el papel de pared y comienza a deslizarse alrededor de la pared donde se encontraba el tapiz. Eventualmente John ingresa al cuarto, pero nuestra Narradora no le reconoce. Le informa que ha destruido ese tapiz, y que nadie podrá encerrarla en él. John se desmaya y ella sigue deslizándose por la habitación, e incluso sobre él.

Acerca de ‚ÄúThe Yellow Wallpaper‚ÄĚ
‚ÄúEl Papel de Pared Amarillo‚ÄĚ es un relato, un tanto exagerado creado por Charlotte Perkins Gilman, que ha sido basado en sus propias experiencias. En 1887, luego del nacimiento de su hijo, Charlotte sufre una seria depresi√≥n post-parto y fatiga. Por su enfermedad, recurre a un destacado especialista en trastornos nerviosos femeninos, Weir Mitchell. Quien le diagnostica neurastenia y le prescribe la cura de descanso, forzando su inactividad.
Mitchell creyó que su depresión nerviosa fue el resultado de una sobre actividad nerviosa. Ordenándole a Charlotte cualquier actividad creativa, inclusive escribir. El objetivo del tratamiento fue el promover la domesticidad y calmar su actividad nerviosa.
Gilman trat√≥ de aceptar la cura de descanso y no escribi√≥ ni realiz√≥ tareas laboriosas por tres meses. Eventualmente, comenz√≥ a sentirse fuera de si, al punto de arrastrarse debajo de su cama con una mu√Īeca de trapo. No alcanz√≥ tal grado de demencia como el de su personaje, pero sab√≠a que su condici√≥n estaba empeorando por culpa del r√©gimen opresor de su m√©dico que estaba destinado a ‚Äúcurarla‚ÄĚ.
Charlotte dejó de seguir los consejos de Mitchell y se trasladó a California para curarse por sí misma. Su estrategia resultó un éxito, aunque aclaró que sufriría por el resto de su vida a causa del tratamiento con Mitchell.
En 1890, Charlotte escribe ‚ÄúThe Yellow Wallpaper‚ÄĚ (‚ÄúEl Papel de Pared Amarillo‚ÄĚ) en un esfuerzo por salvar al resto de mujeres que sufren del mismo tratamiento opresivo.
El tratamiento de Weir Mitchell jugó un rol importante en el desarrollo del relato; en una sección del texto, John incluso amenaza con enviar a su esposa con Weir Mitchell en caso de no mejorar con el tratamiento.
En 1890, Gilman envi√≥ la historia al escritor William Dean Howells, quien la present√≥ a Horace Scudder, editor de la prestigiosa revista "The Atlantic Monthly". Scudder rechaz√≥ la historia por su deprimente trama, y la devolvi√≥ a Gilman con una nota manuscrita que dec√≠a: "Estimada se√Īora: W. Howells me ha entregado esta historia. No podr√≠a perdonarme a m√≠ mismo si hiciese a los dem√°s tan miserables como yo mismo me hecho al leerla! Atentamente, Horace Scudder‚ÄĚ.
Con el correr del tiempo la historia fue publicada finalmente en el mes de mayo de 1892, en la revista ‚ÄúThe New England Magazine‚ÄĚ. Seg√ļn su autobiograf√≠a, Charlotte envi√≥ una copia de ‚ÄúThe Yellow Wallpaper‚ÄĚ a Weir Mitchell luego de su publicaci√≥n oficial. Aunque no recibiese respuesta, asegura que Mitchell cambi√≥ su tratamiento para la depresi√≥n nerviosa como resultado directo de su historia. Afirm√≥ tambi√©n que sab√≠a de una persona que fue salvada de la cura de descanso luego de que la familia de esa mujer leyera su relato.
La reacci√≥n del p√ļblico a la obra fue fuerte y variada. En varios c√≠rculos ‚ÄúThe Yellow Wallpaper‚ÄĚ no pas√≥ de ser m√°s que una historia de horror derivado de los ejemplos g√≥ticos de Edgar Allan Poe. Y no fue hasta 1970 que este relato fue reconocido como una obra feminista de la historia y la literatura.


El Papel de Pared Amarillo
Charlotte Perkins Gilman.

No es habitual que gente normal como John y yo alquile una casa para el verano. Una mansi√≥n, una heredad... Dir√≠a que una casa encantada, y llegar√≠a a la c√ļspide de la felicidad rom√°ntica. ¬°Pero eso ser√≠a pedir demasiado! De todos modos, dir√© con orgullo que hay algo extra√Īo en ella. Si no, ¬Ņpor qu√© iba ser tan barato el alquiler? ¬ŅY por qu√© iba a llevar tanto tiempo desocupada? John se r√≠e de m√≠, claro, pero es lo que se espera del matrimonio. √Čl es pr√°ctico. No tiene pacien¬≠cia con la fe, la superstici√≥n le produce horror, y se burla en cuanto oye hablar de cualquier cosa que no se pueda tocar, ver o reducir a cifras.

Es m√©dico, y es posible (claro que no se lo dir√≠a a nadie, esto lo escribo s√≥lo para m√≠) que √©se sea el motivo de que no me cure m√°s deprisa. ¬°No me cree enferma! ¬ŅY qu√© puedo hacer? Si un m√©dico prestigioso, que adem√°s es tu marido, afirma a los amigos y parientes que lo que le sucede a su mujer no es grave, s√≥lo una depresi√≥n nerviosa transitoria (una ligera propensi√≥n a la histeria), ¬Ņqu√© se le va a hacer?

Mi hermano, que tambi√©n es m√©dico, dice lo mismo. O sea, que tome no s√© si fosfatos o fosfitos, y t√≥nicos, y viajo, y respiro, y hago ejer¬≠cicio, y tengo prohibido traba¬≠jar hasta que vuelva a encontrarme bien. Personalmente disiento de sus ideas. Creo que un trabajo agradable, interesante y variado, me sentar√≠a bien. Pero ¬Ņqu√© se le va a hacer? Durante una temporada escrib√≠ pero es verdad que me agota. Tener que llevarlo con tanto disimulo, a riesgo de topar con una oposici√≥n firme... A veces me parece que en mi estado, con algo menos de oposici√≥n y m√°s trato con la gente, m√°s est√≠mulos... Pero John dice que lo peor que puedo hacer es pensar en mi estado, y confieso que hacerlo me produce siempre malestar. As√≠ que cambiar√© de tema y hablar√© de la casa.

¬°Qu√© maravilla! Es solitaria, apartada de la ruta, y a buenos cinco kil√≥¬≠metros del pueblo. Me recuerda esas casas ingle¬≠sas que salen en los libros, porque tiene setos, muros y verjas que se cierran con candado, y muchas casitas desperdigadas para los jardineros. ¬°Adem√°s tiene un jard√≠n hermoso! No he visto otro igual: grande, con sombra, atravesado por caminos con boj en los bordes, y en todas partes hay p√©rgolas, con parras y asientos debajo. Tambi√©n hab√≠a invernaderos, pero est√°n todos rotos. Hubo problemas legales, cuesti√≥n de herederos; el caso es que lleva a√Īos vac√≠a. Me temo que eso echa por tierra lo del fantas¬≠ma, pero me da igual: en esta casa hay algo raro. Lo noto.

Hasta se lo dije a John una noche de luna, pero me contestó que lo que notaba era una corriente de aire, y cerró la ventana. ¡Corriente de aire! A veces me enfado con él sin motivo. Estoy más sensible que antes, eso seguro. Yo creo que es por mi problema de nervios. Pero John dice que si pienso olvidaré controlarme como es debido; así que hago esfuerzos por controlarme, al menos en su presen­cia, cosa que me cansa mucho.

No me gusta nada el dormitorio. Yo quer√≠a uno de la planta baja que daba a la galer√≠a, con rosas enmarcando la ventana; pero John se neg√≥. Dijo que s√≥lo hab√≠a una ventana, que el espacio no daba para dos camas y que tampoco hab√≠a nin¬≠g√ļn otro dormitorio cerca para que se instalara √©l. Es muy atento, muy cari√Īoso, y casi no me deja dar un paso sin intervenir. Me ha preparado un horario con indicaciones para cada hora del d√≠a. John se ocupa de todo, y claro, yo me siento una desagra¬≠decida por no valorarlo m√°s. Dijo que si hab√≠amos venido a esta casa era por m√≠, que aqu√≠ tendr√≠a reposo y todo el aire que se puede respirar. -El ejercicio que hagas depende de tu fuerza, cari√Īo -dijo-, y lo que comas, de tu apetito, pero el aire lo puedes absorber siempre.- En definitiva, nos instalamos en el cuarto de ni√Īos, el m√°s alto de la casa.

Es una habitaci√≥n grande y aireada, con ventanas orientadas a todos los flancos, y aire y sol a raudales. Por lo que se ve empez√≥ siendo cuarto de los ni√Īos, luego sala de juegos y al final gimnasio, porque en las ventanas hay barrotes para ni√Īos peque√Īos. Es como si la pintura y el tapiz estu¬≠vieran gastados por todo un colegio. Est√° arrancado a trozos grandes alrededor de la cabecera de mi cama, m√°s o menos hasta donde llego con el brazo, y en una zona grande de la pared de enfrente, cerca del suelo. En mi vida he visto un papel m√°s feo. Uno de esos dise√Īos exagerados que cometen todos los pecados art√≠sticos posibles. Es lo bastante insulso para confundir al ojo que lo sigue, lo bastante pronunciado para irritar constantemente e incitar a su examen, y cuando miras un rato las l√≠neas, pobres y confusas, de repente se suicidan: se tuercen en √°ngulos exage¬≠rados y se destruyen a s√≠ mismas en contradiccio¬≠nes inconcebibles. El color es repelente, repugnante: un ama¬≠rillo chill√≥n y sucio, deste√Īido por la luz del sol, que se desplaza lentamente. En algunas partes se convierte en un naranja p√°lido y desagradable, y en otras toma un tono verdoso repelente.

¬°No me extra√Īa que no les gustara a los ni√Īos! Yo, si tuviera que vivir mucho tiempo en esta habitaci√≥n, tambi√©n lo odiar√≠a. Viene John. Tengo que esconder esto. Le irrita que escriba.

Llevamos dos semanas en la casa y desde el primer d√≠a no he vuelto a tener ganas de escribir. Estoy sentada al lado de la ventana, en este cuarto de los ni√Īos que es una atrocidad, y nada me impide escribir todo lo que quiera, salvo la falta de fuerzas. John se pasa el d√≠a afuera, y hasta hay noches en que tiene casos graves y se queda. ¬°Me alegro de que no lo sea el m√≠o! Aunque estos nervios son lo m√°s deprimente que hay. John no sabe lo que sufro. Sabe que no hay raz√≥n para sufrir, y con eso le basta. Claro que s√≥lo son nervios. ¬°Me agobian tanto que dejo de hacer lo que tendr√≠a que hacer! ¬°Yo, que quiero ayudar a John, servirle de descanso y consuelo, y aqu√≠ estoy, tan joven y convertida en una carga!

Nadie se creería el esfuerzo que representa lo poco que puedo hacer: vestirme, recibir visitas y hacer pedidos. Afortunadamente Mary se las arregla con el bebé. ¡Qué criatura divina! Pero no puedo, no puedo estar con él. ¡Me pongo tan nerviosa...!

Supongo que John no habrá estado nervioso en toda su vida. ¡Cómo se ríe de mí por el papel tapiz! Quiso poner uno nuevo, pero luego dijo que estaba dejando que me obsesiona­ra, y que para una enferma de los nervios no hay nada peor que ceder a esa clase de fantasías. Dijo que una vez puesto un papel nuevo pasaría lo mismo con la cama, y luego con los barrotes de las ventanas, y luego con la reja que hay al final de la escalera, y que se con­vertiría en el cuento de nunca acabar.

-Sabes que este sitio te sienta bien -dijo-, y francamente, cari√Īo, no pienso reformar la casa s√≥lo para un alquiler de tres meses.
-Pues vamos abajo -dije yo-. Abajo hay dor­mitorios muy bonitos.

Entonces me tomó en brazos y me llamó tonti­ta. Dijo que si se lo pedía yo bajaría al sótano, y hasta lo encalaría.

De todas maneras tiene raz√≥n con lo de las camas, las ventanas y el resto. Es una habitaci√≥n tan aireada y c√≥moda que m√°s no se puede pedir. L√≥gicamente, no voy a ser tan tonta como para incomodar a John por un simple capricho. La verdad es que me estoy encari√Īando con el dormitorio. Con todo menos con ese tapiz tan horrible. Por una ventana veo el jard√≠n, las misteriosas p√©rgolas con su sombra impenetrable, flores de otra √©poca, los arbustos los √°rboles nudosos... Por otra tengo una vista de la bah√≠a, y un embarcadero, privado, que pertenece a la casa. Se baja por un sendero precioso, con mucha sombra. Siempre me imagi¬≠no que veo gente caminando por todos esos cami¬≠nos y p√©rgolas, pero John me ha advertido que no alimente fantas√≠as. Dice que con la imagina¬≠ci√≥n que tengo, y con mi costumbre de inventar cosas, una debilidad nerviosa como la m√≠a s√≥lo puede desembocar en toda clase de fantas√≠as desbordantes, y que deber√≠a usar mi fuerza de voluntad y mi sentido com√ļn para controlar esa tendencia. Es lo que intento.

A veces pienso que si tuviera fuerzas para escribir un poco se aligerar√≠a la presi√≥n de las ideas, y podr√≠a descansar. Pero cada vez que lo intento me doy cuenta de que me agoto. ¬°Desanima tanto que nadie me aconseje ni me haga compa√Ī√≠a en mi trabajo! John dice que cuando me ponga bien invitaremos al primo Henry y a Julia; pero dice que en este momento preferir√≠a ponerme petardos en la almohada antes de dejarme en una compa√Ī√≠a tan esti¬≠mulante.

Ojal√° me curara m√°s deprisa. Pero no tengo que pensarlo. ¬°Me da la impre¬≠si√≥n de que este tapiz sabe la mala influencia que tiene! Hay una zona recurrente donde el dibujo se dobla como un cuello roto, y te miran dos ojos saltones puestos al rev√©s. Es tan impertinente, tan pertinaz, que me enfurece. Se repite hacia arriba, hacia abajo, de lado, y por todas partes aparecen esos ojos rid√≠cu¬≠los, mir√°ndome sin pesta√Īear. Hay un sitio donde no encajan bien dos rollos, y los ojos se repiten de arriba a abajo, uno m√°s alto que el otro. Nunca hab√≠a visto tanta expresi√≥n en una cosa inanimada, ¬°y ya se sabe lo expresivas que son! De ni√Īa me quedaba despierta en la cama, y saca¬≠ba m√°s diversi√≥n y m√°s miedo de una pared en blanco o de un mueble normal y corriente que la mayor√≠a de los ni√Īos en una tienda de juguetes. A√ļn recuerdo la simpat√≠a con que me gui√Īaban el ojo los tiradores de nuestro escritorio antiguo, y hab√≠a una silla a la que siempre tuve por una amiga fiel. Me parec√≠a que si alguna de las dem√°s cosas ten√≠a un aspecto demasiado amenazador siempre pod√≠a subirme a la silla y ponerme a salvo.

Lo peor que puede decirse del mobiliario de esta habitaci√≥n es que le falta armon√≠a, porque tuvimos que subirlo de la planta baja. Supongo que cuando serv√≠a de sala de juegos tuvieron que quitar todo lo de cuando eran peque√Īos los ni√Īos. ¬°No me extra√Īa! Nunca he visto destrozos iguales. Ya he dicho que el tapiz est√° arrancado en varios sitios, y eso que estaba bien pegado. Adem√°s de odio deb√≠an de tener perseverancia. El suelo, adem√°s, est√° cubierto de rayas, agu¬≠jeros y trozos desprendidos. Hasta el yeso tiene alg√ļn que otro boquete, y esta cama tan grande y pesada, que es lo √ļnico que encontramos en la habitaci√≥n, parece salida de una guerra. Pero a m√≠ me da igual. S√≥lo me molesta el tapiz... Viene la hermana de John. ¬°Qu√© atenta es! Que no me encuentre escri¬≠biendo. Es un ama de casa perfecta y entusiasta, y no aspira a ninguna otra profesi√≥n. ¬°Estoy convenci¬≠da de que para ella estoy enferma porque escribo! Pero cuando no est√° puedo seguir escribiendo, y estas ventanas hacen que la vea de muy lejos. Hay una que da a la carretera, una carretera muy bonita y con muchas curvas. Otra tiene vis¬≠tas al campo, lleno de olmos frondosos, y de prados aterciopelados. Este tapiz tiene una especie de dibu¬≠jo secundario en otro color; es de lo m√°s irritante, porque s√≥lo se ve cuando la luz entra de cierta manera y ni siquiera as√≠ queda n√≠tido. Pero en las partes donde no se ha descolorido y donde da el sol as√≠... Veo una especie de figura extra√Īa, provocadora, amorfa, algo que parece acechar por detr√°s de ese dibujo principal tan tonto y llamativo... ¬°Ya sube la hermana!

¬°Bueno, pues ya ha pasado el cuatro de julio! Se han marchado todos y estoy agotada. John pens√≥ que me ayudar√≠a ver a gente, y por eso hemos tenido a mam√°, a Nellie y a los ni√Īos durante una semana. Yo no he hecho nada, claro. Ahora se ocupa Jennie de todo. Pero igualmente me he cansado. John dice que si no mejoro me enviar√° en oto√Īo a ver al doctor Weir Mitchell. No quiero ir por nada del mundo. Una vez fue a verlo una amiga y dice que es igual que John y que mi hermano, s√≥lo que peor. Adem√°s, un viaje tan largo son palabras mayores. Tengo la sensaci√≥n de que no vale la pena esforzarse, y es horrible lo nerviosa y quejosa que me estoy poniendo. Lloro por nada, y me paso casi todo el d√≠a llo¬≠rando. Cuando est√° John no lloro, claro, ni con √©l ni con nadie, pero cuando estoy sola s√≠. Y √ļltimamente paso mucho tiempo sola. A menudo John se queda en la ciudad por casos gra¬≠ves, y Jennie, que es buena, me deja sola siempre que se lo pido. Entonces paseo por el jard√≠n o por aquel camino tan simp√°tico, o me siento en el porche debajo de las rosas, y paso bastante tiem¬≠po estirada aqu√≠ arriba.

Me est√° gustando mucho el dormitorio, a pesar del papel tapiz. O puede que a causa de √©l... ¬°Lo tengo tan metido en la cabeza! Me quedo estirada en la cama enorme e imposible de mover (creo que est√° clavada al suelo), y me paso horas mirando el dibujo. Es como hacer gimnasia, en serio. Por ejem¬≠plo: empiezo por la base, en aquella esquina donde no lo han arrancado, y me comprometo por en√©sima vez a seguir ese dibujo absurdo hasta lle¬≠gar a alg√ļn tipo de conclusi√≥n. Algo s√© de los principios del dise√Īo, y veo que este dibujo no sigue ninguna ley de radiaci√≥n, alternancia, repetici√≥n, simetr√≠a o cualquier otro principio que conozca yo. Se repite en cada rollo, l√≥gicamente, pero en nada m√°s. Seg√ļn c√≥mo se mire, cada rollo es indepen¬≠diente, y las pomposas curvas y adornos (una especie de rom√°nico degenerado con delirium tremens) suben y bajan torpemente en columnas aisladas y fatuas. Visto de otra manera se conectan en diagonal, y la proliferaci√≥n de l√≠neas crea grandes oleadas de horror √≥ptico, como una vasta extensi√≥n de algas movidas por la corriente. Tambi√©n funciona en sentido horizontal, o al menos lo parece. Me esfuerzo tanto en distinguir el orden que sigue en esa direcci√≥n que acabo cansada.

Pusieron un rollo en horizontal, a modo de friso. Parece mentira lo que ayuda eso a compli¬≠carlo todav√≠a m√°s. Hay una esquina de la habitaci√≥n donde est√° casi intacto, y cuando ya no se cruzan los rayos de sol y le da directamente la luz del atardecer casi me parece que s√≠ que hay radiaci√≥n. Los interminables grotescos dan la impresi√≥n de originarse en un centro com√ļn, y de salir todos despe¬≠didos con el mismo enloquecimiento. Me cansa seguirlo con la vista. Me parece que voy a dormir un poco.

No sé por qué escribo esto. No quiero escribirlo. No me siento capaz. Además, sé que a John le parecería absurdo. ¡Pero de alguna manera tengo que decir lo que siento y lo que pienso! ¡Es un alivio tan grande...! Aunque el esfuerzo está siendo más grande que el alivio. Ahora me paso la mitad del tiempo con una pereza horrible, y me acuesto con mucha fre­cuencia. John dice que no tengo que perder fuerzas. Me ha hecho tomar aceite de hígado de bacalao, tóni­cos a mansalva y no sé qué más; y no hablemos de la cerveza, el vino y la carne poco hecha. ¡Qué bueno es John! Me ama y no le gusta nada que esté enferma. El otro día intenté hablar con él y contarle las ganas que tengo de que me deje salir y hacer una visita al primo Henry y Julia. Pero dijo que no estaba en condiciones de viajar, ni de resistirlo; y yo no me defendí demasiado bien, porque antes de aca­bar ya estaba llorando.

Me est√° costando mucho razonar. Supongo que ser√° por los nervios. Y el bueno de John me tom√≥ en brazos, me llev√≥ arriba, me puso en la cama y me ley√≥ hasta que se me cans√≥ la cabeza. Dijo que yo era la ni√Īa de sus ojos, su consue¬≠lo, lo √ļnico que ten√≠a en el mundo; que tengo que cuidarme por √©l, y ponerme bien. Dice que de esto s√≥lo puedo salir yo misma; que tengo que usar mi voluntad y mi autocontrol, y no dejarme vencer por fantas√≠as tontas. Una cosa me consuela: el beb√© est√° bien de salud, y no tiene que estar en este espantoso cuarto de los ni√Īos, con su horrendo papel tapiz. ¬°Si no lo hubi√©ramos usado nosotros habr√≠a sido para el pobre ni√Īo! ¬°Qu√© suerte hab√©rselo ahorrado! Ni muerta dejar√≠a yo que un hijo m√≠o, una cosita tan impresionable, viviera en una habi¬≠taci√≥n as√≠. Es la primera vez que lo pienso, pero a fin de cuentas es una suerte que John me dejara aqu√≠. Lo digo porque puedo soportarlo mucho mejor que un beb√©.

Claro que ahora ya no se lo comento a nadie. ¡Tan tonta no soy! Pero sigo observándolo. En ese papel tapiz hay cosas que sólo sé yo; cosas que no sabrá nadie más. Cada día se destacan más las formas impreci­sas que hay detrás del dibujo principal. Siempre es la misma forma, sólo que repetida. Y es como una mujer agachada, arrastrándose detrás del dibujo. No me gusta nada. Me pregunto si... Empiezo a pensar... ¡Ojalá que John se llevase esto de aquí!

Es muy difícil hablar con él de mi caso, porque es tan listo, y me quiere tanto... De todos modos anoche lo intenté. Había luna. La luna entra por todos los lados, igual que el sol. Hay veces en que odio verla; va subiendo muy poco a poco, y siempre entra por alguna de las ventanas. John dormía, y como no me gusta despertarlo me quedé quieta y miré la luz de la luna sobre el papel tapiz, hasta que tuve miedo. Parecía que la figura borrosa sacu­diera el dibujo, como si quisiera salir. Me levanté sigilosamente y fui a tocar el papel, a ver si era verdad que se movía. Cuando volví, John estaba despierto.

-¬ŅQu√© te pasa, amor? -dijo-. No te pasees as√≠, que te resfriar√°s.
Me pareció buen momento para hablar. Le dije que aquí no mejoro nada, y que tenía ganas de que me llevara a otra parte.
-¬°Pero cari√Īo! -contest√≥- Nos quedan tres semanas de alquiler, y no se me ocurre ninguna manera de marcharnos antes. En casa a√ļn no est√°n hechas las reparaciones, y no puedo marcharme de la ciudad. Si corrieras peligro lo har√≠a, por supuesto, pero la cuesti√≥n es que est√°s mejor, amor, aunque no te des cuenta. Soy m√©dico, cari√Īo, y s√© lo que digo. Est√°s ganando peso y color, y tu apetito mejora. La verdad es que estoy mucho m√°s tran¬≠quilo que antes.
-No peso ni un gramo m√°s -dije-; al rev√©s. ¬°Y puede que mi apetito haya mejorado por las noches, cuando est√°s t√ļ, pero por la ma√Īana, cuando te vas, est√° peor!
-¬°Pobre amor m√≠o! -dijo John, abraz√°ndome con fuerza-. ¬°Te dejo estar todo lo enferma que quieras! Pero a ver si ahora aprovechamos para dormir. Ya hablaremos ma√Īana por la ma√Īana.
-¬ŅO sea, que no quieres marcharte? -pregunt√© con voz triste.
-¬ŅC√≥mo quieres que me vaya, mi vida? Tres semanas m√°s y saldremos de viaje unos d√≠as, mientras Jennie acaba de preparar la casa. Est√°s mejor, cari√Īo. Hazme caso.
-Físicamente puede que sí... -empecé a decir; pero me quedé, porque John se incorporó y me dirigió una mirada tan seria y car­gada de reproche que no fui capaz de seguir hablando.
-Cari√Īo -dijo-, te ruego por mi bien y el de nuestro hijo, adem√°s del tuyo, que no dejes que se te meta esa idea ni un segundo. Para un car√°cter como el tuyo no hay nada m√°s peligroso. Ni m√°s fascinante. Es una idea falsa, adem√°s de tonta. ¬ŅNo conf√≠as en mi palabra de m√©dico?

Yo, como es lógico, no dije nada más. Tardamos en acostarnos. John creyó que había sido la primera en dormirme, pero era mentira. Me quedé despierta varias horas, tratando de decidir si el dibujo principal y el de detrás se movían juntos o separados. A la luz del sol, hay una falta de secuencia, un desafío a las leyes, que produce irritación constante en un cerebro normal. El color de por sí ya es bastante repulsivo, inestable y exasperante, pero el dibujo es una tortura. Parece que lo tienes dominado, pero justo cuando lo sigues sin perderte da una voltereta hacia atrás. Te pega un bofetón, te tira al suelo y te pisotea. Es como una pesadilla. El dibujo principal es un arabesco recargado, que recuerda a un hongo. Hay que imaginarse una seta con articulaciones, una ristra interminable de setas, brotando en circunvoluciones que no se acaban nunca. Es algo así. ¡Pero sólo a veces!

Este tapiz tiene una peculiaridad, algo que por lo visto s√≥lo noto yo: que cambia con la luz. Cuando entra el sol por la ventana del este (yo siempre vigilo la aparici√≥n del primer rayo), cambia tan deprisa que nunca acabo de cre√©rlo. Por eso siempre lo observo. A la luz de la luna (cuando hay luna entra luz toda la noche) no me parece el mismo papel. ¬°De noche, sea cual sea la fuente de luz (el crep√ļsculo, una vela, la l√°mpara o la luz de la luna, que es la peor), se convierte en barrotes! Me refiero al dibujo principal, y la mujer de detr√°s se ve con absoluta claridad. Tard√© bastante en reconocer lo que se ve detr√°s, ese dibujo secundario tan impreciso, pero ahora estoy segura de que es una mujer. A la luz del d√≠a est√° borrosa, inm√≥vil. Yo creo que no se mueve por el dibujo principal. ¬°Es tan desconcertante...! Yo, mir√°ndolo, me quedo horas sin moverme.

√öltimamente paso mucho tiempo estirada. John dice que me conviene, y que tengo que dor¬≠mir todo lo que pueda. Empec√© por culpa suya, porque me obligaba a estirarme una hora despu√©s de cada comida. Estoy convencida de que es mala costumbre, porque el caso es que no duermo. Y eso fomenta el enga√Īo, porque no le digo a nadie que estoy despierta. ¬°Ni hablar! El caso es que le estoy tomando un poco de miedo a John. Hay veces en que lo veo muy raro, y hasta Jennie tiene una mirada inexplicable. De vez en cuando, como mera hip√≥tesis cient√≠¬≠fica, pienso... ¬°que quiz√° sea el papel tapiz!

En m√°s de una ocasi√≥n he observado a John sin que se diera cuenta, uno de esos d√≠as en que entraba en el dormitorio sin avisar con cualquier excusa inocente, y lo he sorprendido varias veces mirando el tapiz. A Jennie tambi√©n. Una vez sorprend√≠ a Jennie toc√°ndolo. Ella no sab√≠a que yo estuviera en la habitaci√≥n, y cuando le pregunt√© con voz tranquila, muy tran¬≠quila, control√°ndome al m√°ximo, qu√© hac√≠a con el papel... ¬°Dio media vuelta como si la hubieran sorprendido robando, y me mir√≥ con cara de enfa¬≠dada! ¬°Me pregunt√≥ que por qu√© la asustaba! Luego dijo que el papel lo manchaba todo, que hab√≠a encontrado manchas amarillas en toda mi ropa y en la de John, y que a ver si ten√≠amos m√°s cuidado. Qu√© inocente, ¬Ņverdad? ¬°Pues yo s√© que est√° estudiando el dibujo, y estoy decidida a ser la √ļnica que descubra la soluci√≥n!

Mi vida se ha vuelto mucho más interesante. Es porque tengo algo más que esperar, que vigi­lar. La verdad es que como mejor y estoy más tranquila que antes. ¡Qué contento está John de que mejore! El otro día se rió un poco y dijo que se me veía más sana, a pesar del papel de pared. Para no hablar del tema, me reí. No tenía la menor intención de decirle que la causa era justamente el papel tapiz. Se habría burlado. Hasta puede que hubiera querido sacarme de esta casa. Ahora no quiero irme hasta que haya descu­bierto la solución. Queda una semana, y creo que será suficiente.

¬°Me encuentro cada vez mejor! De noche no duermo mucho, por lo interesante que es observar los acontecimientos; de d√≠a, en cambio, duermo bastante. El d√≠a cansa y desconcierta. Siempre hay nuevos brotes en el hongo, y nue¬≠vos matices de amarillo por todo el dibujo. Ni siquiera puedo llevar la cuenta, y eso que lo he intentado concienzudamente. ¬°Qu√© amarillo m√°s raro, el del papel! Me recuerda todo lo amarillo que he visto en mi vida; no cosas bonitas, como los ran√ļnculos, sino cosas amarillas podridas y mal√©ficas. Todav√≠a hay otra cosa en el papel: ¬°el olor! Lo not√© en cuanto entramos en la habitaci√≥n, pero con tanto aire y tanto sol no molestaba. Ahora lle¬≠vamos una semana de niebla y lluvia y da igual que est√©n cerradas o abiertas las ventanas, porque el olor no se marcha. Se filtra por toda la casa. Lo encuentro flotando por el comedor, agaza¬≠pado en el sal√≥n, escondido en el vest√≠bulo, ace¬≠ch√°ndome en la escalera. Se me mete en el pelo. Hasta cuando salgo a montar a caballo. De repente gir√≥ la cabeza y lo sorprendo: ¬°ah√≠ est√° el olor! ¬°Y qu√© raro es! Me he pasado horas intentando analizarlo, para saber a qu√© ol√≠a. Malo no es, al menos al principio. Es muy suave. Nunca hab√≠a olido nada tan sutil y a la vez tan persistente. Con esta humedad resulta asqueroso. De noche me despierto y lo descubro flotando sobre m√≠. Al principio me molestaba. Llegu√© a pensar seriamente en quemar la casa, s√≥lo para matar el olor. Ahora, en cambio, me he acostumbrado. ¬°Lo √ļnico que se me ocurre es que se parece al color del papel! Un olor amarillo.

Hay una marca muy rara en la pared, por la parte de abajo, cerca del zócalo: una raya que recorre toda la habitación. Pasa por detrás de todos los muebles menos de la cama. Es una mancha larga, recta y uniforme, como de haber frotado algo muchas veces. Me gustaría saber cómo y quién la hizo, y para qué. Vueltas, vueltas y vueltas. Vueltas, vueltas y vueltas. ¡Me marea!

Por fin he hecho un verdadero hallazgo. A fuerza de mirarlo cada noche, cuando cam¬≠bia tanto, he acabado por descubrir la soluci√≥n. El dibujo principal se mueve, efectivamente, ¬°y no me extra√Īa! ¬°Lo sacude la mujer de detr√°s! A veces pienso que detr√°s hay varias mujeres: otras veces que s√≥lo hay una, que se arrastra a toda velocidad y que el hecho de arrastrarse lo sacude todo. En las partes muy iluminadas se queda quieta, mientras que en las m√°s oscuras toma las barras y las sacude con fuerza. Siempre quiere salir, pero ese dibujo no hay quien lo atraviese. ¬°Es tan asfixiante! Yo creo que es la explicaci√≥n de que tenga tantas cabezas. Lo atraviesan, y luego el dibujo las estrangu¬≠la, las deja boca abajo y les pone los ojos en blanco. Si estuvieran tapadas las cabezas, o arrancadas, no ser√≠a ni la mitad de desagradable.

¬°Me parece que la mujer sale de d√≠a! Voy a decir por qu√©, pero que no se entere nadie: ¬°la he visto! ¬°La veo por todas mis ventanas! Estoy segura de que es la misma mujer, porque siempre se arrastra, y hay pocas mujeres que se arrastren a la luz del d√≠a. La veo por el camino largo que pasa debajo de los √°rboles. Se arrastra, y cuando pasa un coche de caballos se esconde debajo de las zarzamoras. La entiendo perfectamente. ¬°Debe de ser muy humillante que te sorprendan arrastr√°ndote en pleno d√≠a! Yo, cuando me arrastro de d√≠a, siempre cierro con llave. De noche no puedo, porque s√© que John enseguida sospechar√≠a algo. Y √ļltimamente est√° tan raro que prefiero no irritarlo. ¬°Ojal√° se cambiara de habitaci√≥n! Adem√°s, no quiero que a esa mujer la saque nadie de noche como no sea yo. A menudo me pregunto si podr√≠a verla por todas las ventanas a la vez. Pero por muy deprisa que d√© vueltas, s√≥lo consigo mirar por una. ¬°Y aunque siempre la vea, cabe la posibilidad de que la velocidad con que anda a gatas sea mayor que la de mis vueltas! Alguna vez la he visto lejos, en campo abierto, arrastr√°ndose con la misma rapidez que la sombra de una nube en un d√≠a de viento.

¬°Ojal√° el dibujo principal pudiera separarse del de debajo! Me propongo intentarlo poco a poco. ¬°He descubierto otra cosa extra√Īa, pero esta vez no pienso decirla! No conviene fiarse dema¬≠siado de la gente. S√≥lo quedan dos d√≠as para quitar el papel, y me parece que John empieza a notar algo. No me gusta c√≥mo me mira. Adem√°s, le he o√≠do hacer a Jennie muchas pre¬≠guntas profesionales sobre m√≠. El informe de Jennie era muy bueno. Dice que de d√≠a duermo mucho. ¬°John sabe que de noche no duermo demasiado bien, y eso que casi no me muevo! Tambi√©n me hizo toda clase de preguntas a m√≠ fingi√©ndose muy tierno y atento. ¬°Como si no se le notara! De todos modos no me extra√Īa nada su com¬≠portamiento, despu√©s de tres meses durmiendo debajo de este papel. Lo m√≠o s√≥lo es inter√©s, pero estoy segura de que a John y a Jennie, en secreto, les afecta.

¬°Hurra! Es el √ļltimo d√≠a, pero no me hace falta ninguno m√°s. John se queda a dormir en la ciu¬≠dad, y no volver√° hasta tarde. Jennie quer√≠a dormir conmigo, pero le he dicho que descansar√≠a mucho mejor qued√°ndome sola una noche. ¬°Una respuesta muy astuta, porque la verdad es que no he estado sola en absoluto! En cuanto sali√≥ la luna y la pobre mujer empez√≥ a arrastrarse y sacudir el dibujo, me levant√© y corr√≠ a ayudarla. Yo estiraba, y ella sacud√≠a; luego sacud√≠a yo y estiraba ella, y antes del amanecer hab√≠amos arrancado varios metros de papel. Una franja como yo de alta, y de ancha como la mitad de la habitaci√≥n. ¬°Despu√©s, cuando ha salido el sol y el dibujo ha empezado a burlarse de m√≠, he jurado acabar con √©l hoy mismo!

Nos vamos ma√Īana. Est√°n trasladando todos mis muebles a la planta baja para dejarlo todo como al llegar. Jennie ha mirado la pared con cara de sorpre¬≠sa, pero le he dicho que ha sido pura rabia, por lo horrible que era el papel. Se ha puesto a re√≠r y me ha dicho que no le habr√≠a importado hacerlo ella misma, pero que no est√° bien que me canse. ¬°Qu√© manera de quedar en evidencia! Pero estoy aqu√≠, y este tapiz no lo toca nadie m√°s que yo. ¬°Antes muerta!

Jennie ha intentado sacarme de la habitaci√≥n. ¬°C√≥mo se le notaba! Pero le he dicho que ahora est√° tan vac√≠a y tan limpia que me entra¬≠ban ganas de estirarme otra vez y dormir todo lo que pudiera; que no me despertara ni para cenar, y que ya la avisar√≠a yo cuando estuviera des¬≠pierta. Vaya, que se ha marchado, y los criados no est√°n. Los muebles tampoco. S√≥lo queda la cama clavada al suelo, con el colch√≥n de lona que encontramos encima. Esta noche dormiremos abajo, y ma√Īana tomaremos el barco a casa. Me gusta bastante esta habitaci√≥n, ahora que vuelve a estar vac√≠a. ¬°Qu√© destrozos hicieron los ni√Īos! ¬°La cama est√° como si la hubieran mordido! Pero tengo que poner manos a la obra. He cerrado la puerta y he tirado la llave al camino de delante. No quiero salir, ni quiero que entre nadie hasta que llegue John. Quiero darle una buena sorpresa.

Tengo una cuerda que no ha encontrado ni Jennie. ¬°As√≠, si sale la mujer y quiere escaparse, podr√© atarla! ¬°Pero se me ha olvidado que no puedo llegar muy arriba si no tengo nada a que subirme! ¬°Esta cama no hay quien la mueva! He intentado levantarla y empujarla hasta quedarme lisiada. Entonces me he enfadado tanto que le he arrancado un trozo de un mordis¬≠co, en una esquina; pero me he hecho da√Īo en los dientes. Despu√©s he arrancado todo el tapiz hasta donde alcanzaba de pie en el suelo. ¬°Est√° pegad√≠¬≠simo, y el dibujo se lo pasa en grande! ¬°Todas las cabezas estranguladas, y los ojos saltones, y la proliferaci√≥n de hongos, todos se mofan de m√≠ a gritos! Me estoy enfadando tanto que acabar√© hacien¬≠do algo desesperado. Saltar por la ventana ser√≠a un ejercicio admirable, pero las barras son dema¬≠siado fuertes para intentarlo.

Además, tampoco lo haría. Desde luego que no. Sé perfectamente que sería un acto indecoroso, y que podría interpretarse mal. Ni siquiera me gusta mirar por las ventanas. ¡Hay tantas mujeres arrastrándose, y corren tanto...! Me gustaría saber si salen todas del papel, como yo. Pero ahora estoy bien sujeta con mi cuerda, la que no encontró nadie. ¡A mí sí que no me sacan a la carretera! Supongo que cuando se haga de noche tendré que ponerme otra vez detrás del dibujo. ¡Con lo que cuesta! ¡Es tan agradable estar en esta habitación tan grande, y andar a gatas siempre que quiera...!

No quiero salir. No quiero, ni que me lo pida Jennie. Porque fuera hay que arrastrarse por el suelo, y en vez de amarillo es todo verde. Aqu√≠, en cambio, puedo andar a gatas por el suelo liso, y mi hombro se ajusta perfectamente a la marca larga de la pared, con la ventaja de que as√≠ no me pierdo. ¬°Anda, si est√° John al otro lado de la puerta! ¬°Es in√ļtil, jovencito, no podr√°s abrirla! ¬°Qu√© berridos, y qu√© golpes! Ahora pide un hacha a gritos. ¬°Ser√≠a una l√°stima destrozar una puerta tan bonita!

-¬°John, querido! -he dicho con la m√°xima amabilidad-. ¬°La llave est√° al lado de la escalera de entrada, debajo de una hoja!
Con eso se ha callado un rato. Luego ha dicho (con mucha serenidad):
-¬°Abre la puerta, cari√Īo!
-No puedo -he contestado-. ¬°La llave est√° al lado de la puerta principal, debajo de una hoja!

Lo he repetido varias veces, muy poco a poco y con mucha dulzura; lo he dicho tantas veces que ha tenido que bajar a comprobarlo. La ha encontrado, como era de esperar, y ha entrado. Se ha quedado a un paso del umbral.

-¬ŅQu√© pasa? -ha gritado-. ¬ŅPero qu√© haces, por Dios?
Yo he seguido andando a gatas como si nada, pero le he mirado por encima del hombro.
-Al final he salido -dije-, aunque no qui¬≠sieras ni t√ļ ni Jane. ¬°Y he arrancado casi todo el papel, para que no puedan volver a meterme!

¬ŅPor qu√© se habr√° desmayado? El caso es que lo ha hecho, y justo al lado de la pared, en mitad de mi camino. ¬°O sea que he tenido que pasar por encima de √©l a cada vuelta!




theyellowFeminismoWallpaper

10 comentarios - The Yellow Wallpaper: El Papel de Pared Amarillo

elmax99 +1
No es demasiada obsesión hacia un papel ? esa obsesión viene del interior no del papel; en fin voy a ver que tal esta pero no me gusta mucho eso de !FEMINISMO!
elmax99 +2
Tenes Razon por sobre el relato; pero el FEMINISMO lo unico de bueno que ha provocado son los derechos de la igualdad.... Pero el papel del hombre se ha perdido no? ahora es por eso en contrarespuesta que hay tanto movimiento GAY (no tengo nada en contra).
Shenn +1
Te dejo 10, porque me gusto un comentario que hiciste en otro post

Este

Kuroi182 dijo:
angelasero91 dijo:
Kuroi182 dijo:
Neo_ExCombicto dijo:
BrkStereo2 dijo:
angelasero91 dijo:Para este ARGENTINO no hay planes Cristina?

ME TIENEN PODRIDO LOS POL√ćTICOS DE TARINGA!!


cerra el culo putazo, ponete en su lugar. inmigrante de mierda


No voy a decir todos, pero ¬Ņpor qu√© la mayor√≠a de comentarios de argentinos en la historia de Taringa frente a estos hechos es tan xen√≥fobo?, somos todos personas che. Vamos a crear un esp√≠ritu tolerante y fraterno por lo menos. Mientras exista gente como vos nunca vamos a poder romper esas barreras

piden igualdad, le dan casas y $... y LA IGUALDAD?


No me meto en pol√≠ticas que me son extra√Īas a mi lugar de or√≠gen, porque no tengo pie para comentar nada, pero no se puede insultar a alguien por ser de otro pa√≠s. "Inmigrante", no pueden decir eso.
fernandomedel +2
BUEN POST MA√ĎANA +10 A FAVORITO Y RECOMENDADO