Poemas de Isaac Felipe Azofeifa, Costa Rica

Poemas de Isaac Felipe Azofeifa, Costa Rica
poeta

Biografía
Isaac Felipe Azofeifa Bolaños, (Costa Ric
a, Heredia, Santo Domingo, 11 de abril de 1909 - San José, 3 de abril de 1997). Es uno de los más importantes intelectuales costarricenses.
Se dedicó a la poesía, a la crítica literaria, a la docencia y a la política y en todos estos campos dejó una huella indeleble e imperecedera. Como poeta, Azofeifa cantó al amor, al erotismo, a la mujer, al dolor del prójimo y a las tribulaciones del mundo. Por eso, se le ha considerado como el poeta más importante del siglo XX en su país. Azofeifa fue además docente, primero en el Liceo de Costa Rica y luego en la Universidad de Costa Rica.

Primeros años de vida

De hidalga estirpe campesina, su obra refleja una fina sensibilidad contemplativa pero apasionada, que alterna el vuelo lírico con su conciencia social. Estilísticamente evolucionó desde el modernismo, sorbiendo de las vanguardias y del postmodernismo hasta conformar su propio verbo.
En 1929 ingresó al Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, donde se recibió como Profesor de Estado en Castellano. Formó parte del grupo vanguardista "Runrunismo" y convivió con poetas como Pablo Neruda, Juvencio Valle, y destacó dentro de sus amistades el poeta chileno Pablo de Rokha.
En 1935 regresó a Costa Rica y dedicó su vida a la literatura, la educación y la política. Creó el Centro de estudios de los problemas nacionales, y la revista Surco. De 1943 hasta su jubilación, fue profesor de literatura en la Universidad de Costa Rica. Desde esta posición introdujo nuevos métodos de enseñanza y discutió el significado y la función de la educación.

Vida literaria


Joaquín Gutiérrez, Isaac Felipe Azofeifa y Fabián Dobles. Pilares de la Literatura Costarricense.
Se estrenó en la literatura tras obtener el segundo lugar en un certamen de El Diario de Costa Rica. Sin embargo habrían de pasar muchos años antes de que publicara su primer libro de poemas, Trunca Unidad (1958). Con el tiempo se sumaron Vigilia en pie de muerte (1962), Canción (1964), Estaciones (1967), Días y territorios (1969), entre otros.
En el campo del ensayo, fue pionero en los estudios de la literatura nacional. También buscó definir las características que definen la identidad del costarricense.
Azofeifa obtuvo importantes distinciones y premios: Académico de la Lengua; Premio Nacional de Poesía, y en 1972 se le concedió el Premio Nacional de Cultura Magón.

Vida política

Políticamente, Azofeifa fue uno de los principales fundadores de la social democracia, destacando entre los fundadores del partido Liberación Nacional, en cuyas filas figuró, siendo embajador en Chile y la Unión Soviética durante los gobiernos de los presidentes Orlich (62-66) y Monge (82-86) y Arias Sanchez (86-87).
En 1989, renuncia al partido Liberación Nacional y funda el Partido del Progreso, por el cual fue candidato a la presidencia de Costa Rica. Posteriormente, junto a disidentes de varios partidos funda el partido Fuerza Democrática, ambos con tendencia de centroizquierda, buscando consolidar una tercera fuerza política que neutralizara el bi-partidismo tradicional costarricense.

Últimos años de vida

En abril de 1996, y cuando revisaba su último poemario Orbita, sufrió un derrame cerebral que lo mantuvo en coma por un año.
Y aunque, “todos los poetas son santos y se van al cielo”, como dice el escritor colombiano Cobo Borda, Isaac Felipe era humilde y declaraba: “El poeta es también un ser ordinario, común, y más semejante que los demás al hombre. Ama, come, duerme y es rencoroso y dulce y también trabaja como los honestos bueyes vencidos para ser útil y quizás por esto recordado”.
Tres fueron sus rutas a lo largo de activos y prolíficos 87 años: la educación, la poesía y la política, entendidas las tres como acciones para mejorar la vida de todas las personas. En los tres campos brilló, supo ser innovador, fiel a su ideario humanista hasta el fin, y un hombre jovial y generoso con visión penetrante de la realidad, sus bellezas y sus injusticias.
Obras Literarias

Trunca Unidad (1958)
Vigilia en pie de muerte (1962)
Canción (1964)
Estaciones (1967)
Días y territorios (1969)
Cima del gozo (1974)
Cruce de vía (1982)
Órbita (1996)
Enlaces externos

Editorial Costa Rica
Letras Ticas

ALGUNAS DE SUS OBRAS

TRÓPICO VERDE

Verde lluvia, vertiente y territorio.
Verde el espacio. La luz verde.
El clima verde. Verdes las colinas.
Las hondonadas y los ríos verdes.
Un lago verde el valle. La montaña
verdeazul, verdemar, verdeprofundo.
Lo cerca y lo lejano en aire verde.

Verde lluvia, vertiente y territorio.

Roto temblor el verde de los plátanos.
Casi líquida lágrima, el verdor
del sauce. El verde
militar del café, el verdor húmedo
de junco, caña y lirio. Verde música
en el órgano -¡oh verde viento!- del bambú.
La plata verde
del eucalipto. El verdor silencioso
de los pastos, las malvas, las legumbres.

Verde lluvia, vertiente y territorio.

De mi sangre saltó una estrella verde.
Y verdín, verdinal y verdolaga,
mayo estira su lluvia hasta diciembre
en el trópico verde.

ITINERARIO SIMPLE DE SU AUSENCIA


Qué manojo de rosas olvidadas.
Qué tibia pluma y mansa luz
tu cuerpo como un árbol,
como un árbol gritando,
con tanto poro abierto, con tanta sangre
en olas dulces elevándose.
Oh, sagrado torrente del naufragio.
Cómo amaría perderme
y encontrarte.

SE OYE VENIR LA LLUVIA

La casa de mi infancia es de barro del suelo a la teja,
y de maderas apenas descuajadas, que en otro tiempo obedecieron
hachas y azuelas en los cercanos bosques.
El gran filtro de piedra vierte en ella, tan grande,
su agua de fresca sombra.
Yo amo su silencio, que el fiel reloj del comedor vigila.
Me escondo en los muebles inmensos.
Abro la despensa para asustarme un poco
del tragaluz, que hace oscuros los rincones.
Corro aventuras inauditas cuando entro
en el huerto cerrado que me está prohibido.
En la penumbra de la tarde, que va cayendo lenta
sobre el mundo, el grillo del hogar canta de pronto,
y su estribillo triste riega en el aire quieto,
paz y sueño sabrosos.

Cuando venían las lluvias miraba los largos aguaceros
desde el ancho cajón de las ventanas.
Nunca huele a tierra tanto como esa tarde.
Se oye la lluvia primero en el aire venir como un gigante
que se demora, lento, se detiene y no llega,
y luego, están ahí sus pies sobre las hojas, tamborileando,
rápidos, mojando,
y lavando sus manos deprisa, tan deprisa, los árboles,
el césped, los arroyos,
los alambres, los techos, las canoas.

Pero también su llanto desolado,
su sinrazón de ser triste, su acabarse de pronto,
sin objeto ni adiós,
para siempre en mi infancia, para siempre.

Llueve en mi alma ahora, como entonces.


AL ALBA SIEMPRE



El alba es un camino.
Por el alba se llega a la dulzura.
El aviso general de los gallos abre a la luz las puertas de la tierra.

El aire reparte una casta voz de campanas.
Un trino de pájaro rompe el cristal del cielo y riega
el silencio fresco de la madrugada.
El árbol duerme vuelto hacia sí mismo.
Tú, mi fiel compañía, dices
palabras irreales para salvar el sueño
que se aleja en el agua sutil de la noche.
Despierta tiritando en el vacío
un ángel retardado.
Un fantasma, una sombra, un soplo, nada.
Y amanece.

Vida, mi vida, al alba siempre.


OH, TEMPESTAD DE FORMAS


Oh, tempestad, a dónde, a dónde me conduces, lleno de ti,
girando en el vacío, arrebatado por tu cruel ventura.
Yo quiero descansar, pero me avienta tu pulmón de violencia,
me arrebata tu vértigo, a dónde, a dónde me conduces.
Sobre tu móvil lomo avanzo, retrocedo, giro sobre mí mismo,
todas las cosas que conozco y recuerdo se precipitan en tu vórtice.
Ah, los pequeños animales que ahora están pegados a la tierra,
que tu ímpetu ignoran, tu dominio, tu posesión voraz del hombre.
Esta cima conquisto cada día, esta región de vendavales,
este mundo infinito donde nada subsiste y todo permanece.
Participo de este poder creador de seres, en sí mismo sin límites,
me hundo en la pasión paridora del cosmos, me deseo, me elijo,
desafío, asciendo entre castigos y catástrofes, y en lo alto,
pongo mi libertad, la tuya, la de todos, la del mundo infinito.
Oh, tempestad de formas!
Que la estéril rutina no me encadene a su vil gramática,
a su camino donde las estatuas ya son blancas vacas muertas,
y los paseantes se saludan -qué tal, qué tal-, mientras adulan
el pasado, y escupen juicios hacia el presente sin futuro,
hasta que el día es una alberca de peces muertos y agua inmóvil.
Dame la llama interior, dame la rebelión, dame lo real,
dame la puerta abierta hacia los otros,
dame aceptar activamente,
libremente vivir aún lo que es necesario.
Oh, aventura!
De tus manos espero seguir recibiendo el bien perfecto
de la súbita iluminación del rayo,
de la ilusión que se derrumba como un muro.
Dame vivir heroicamente,
aunque este reto sea tan pequeño que cabe
toda mi libertad en la forma interior de este verso.
Vigilia en pie de muerte, 1962.


YO SOY MI PROPIA PALABRA


Yo soy mi propia palabra.
Yo soy los libros que leo.
Yo soy el pueblo que amo y que está hecho
de miseria y palabras.
Yo soy el mar de palabras y deseos que navego.
¡Oh savia viva, río de sangre, raíz mía!
Yo soy don Quijote soñador, pero también Justo Sánchez, jornalero,
y José Arcadio Buendía, loco de sueños como don Quijote,
pero también Roque Chaves, que me trae
lechugas y naranjas.
Yo soy mi santo civil, García Monge,
pero también Mendoza, mi ladino abogado,
y soy mi Luis de Góngora, lengua de artífice irónico,
pero también José Salvatierra, el albañil.
Y Cortázar, Darío, Asturias, la Mistral, Carmen Lyra,
y Neruda, pero también Antonio Siles, jardinero,
y Unamuno, y Don Ramón del Valle Inclán, pero también
la triste doña Emilce, doméstica, con su vocabulario desusado,
y don Vito el sastre, y Jaime, el vendedor,
y don Jacinto en su tienda,
pero también los sonetos de Julián Marchena,
y los cantos para niños de Carlos Luis,
y la poesía de piedra y lumbre de Mario Picado,
y la cólera cívica de Luis Barahona, que acaban de morir
y ahora hojeo sus libros incorruptibles
en el estanque de otro tiempo.
Yo soy mi propia palabra.
Herramienta de trabajo de Isaac Felipe, obrero
de la lengua castellana, torcidos los renglones,
y atareado de versos, lector sin hora de descanso,
que cada amanecer sale a cazar metáforas semidormidas
como un furtivo ladrón de estrellas poéticas
y compone el poema escuchándose como músico
y a veces también pide silencio universal
como si estuviera ayudándole a Dios
a crear una nueva criatura
con trabajo digno de alegría y justo descanso,
como acabo ahora, cuando amanece, este poema, y digo que
entero, como persona,
el hombre está en su palabra.
El mundo se aclara y forma
si el hombre da su palabra.
Tiene dignidad de hombre
el hombre por su palabra.
La mentira le corrompe
si no enfrenta su palabra.
Dada en falso, le descubre,
sin hombredad, su palabra.
Tuvo el mundo su principio
en una sola palabra.
Y crea la patria humana
el hombre, con su palabra.
Ensayo sobre la palabra (en seis discursos líricos), 1988.

VIVÍAMOS CERCA DEL CIELO

Yo soy,
me llaman, soy, me digo
Isaac Felipe,
nacido en Santo Domingo,
una ciudad en medio del campo,
una vieja ciudad fuera del tiempo,
donde los años antes se medían por cosechas,
y ahora sólo están las campanas de las iglesias
y las golondrinas,
que desclavan la corona de Cristo
cada día, como antes.
Ahí entonces hace mucho
me nació el miedo de ser otra cosa
que una simple criatura simple,
y me dolía el vivir, como ahora.
Pero en aquel tiempo
la luz me confortaba largamente
la llaga de los nervios,
-Yo amo todavía la fresca claridad del verano-
y aunque el invierno pertinaz prolongaba sus lluvias,
me protegía su bandera verde sobre el campo.
De todos modos, yo y la ciudad vivíamos cerca del cielo.

SE OYE VENIR LA LLUVIA

La casa de mi infancia es de barro del suelo a la teja,
y de maderas apenas descuajadas, que en otro tiempo obedecieron
hachas y azuelas en los cercanos bosques.
El gran filtro de piedra vierte en ella, tan grande,
su agua de fresca sombra.
Yo amo su silencio, que el fiel reloj del comedor vigila.
Me escondo en los muebles inmensos.
Abro la despensa para asustarme un poco
del tragaluz, que hace oscuros los rincones.
Corro aventuras inauditas cuando entro
en el huerto cerrado que me está prohibido.
EN la penumbra de la tarde, que va cayendo lenta
sobre el mundo, el grillo del hogar canta de pronto,
y su estribillo triste riega en el aire quieto,
paz y sueño sabrosos.
Cuando venían las lluvias miraba los largos aguaceros
desde el ancho cajón de las ventanas.
Nunca hele a tierra tanto como esa tarde.
Se oye la lluvia primero en el aire venir como un gigante
que se demora, lento, se detiene y no llega,
y luego, están ahí sus pies sobre las hojas, tamborileando,
rápidos, mojando,
y lavando sus manos de prisa, tan de prisa, los árboles,
el césped, los arroyos,
los alambres, los techos, las canoas.
Pero también su llanto desolado,
su sinrazón de ser triste, su acabarse de pronto,
sin objeto ni adiós,
para siempre en mi infancia, para siempre.
Llueve en mi alma ahora, como entonces.

EDAD MAYOR

El hombre, ese ser confuso, rodeado
de oscuridad y estrellado silencio,
pero con voz y valeroso,
marcha entre hombres semejantes
a él,
y junto a ellos halla su firmeza,
su día claro, su ser libre,
y finalmente,
su apagarse de terca llama.
Con el nombre de la mujer,
con su vientre y su leche,
empieza su sonrisa.
La infancia es una voz mojada de ternura,
un corazón de panal
y una escala de sol por donde el niño sube
al sueño y a la miel.
El monte, el pueblo, el prójimo, entran
de la mano del cielo
cuando se abren de par en par
los ojos de la casa
con oficio de puertas y ventanas
y el alma joven sale a descubrir su pueblo,
a poner sus señales,
a sumar sus raíces a raíces,
a componer su voz con la de pájaros,
la de ríos y vientos,
la del pueblo profundo.
Pero también la tierra entrega su redonda forma
de fruta,
y el hombre llega y muerde
y conoce el demonio de la posesión,
y le persigue la necesidad, su perra hambrienta,
y le regala muerte
su imagen, repetida del viento y los espejos,
-falso país del nombre-,
mientras el tiempo de discordia
deja una arena estéril en sus manos
y en el oído un canto triste.
Finalmente,
son uno solo el trabajo de la sangre y el canto.
He aquí las manos operarias,
su noble forma de herramienta y vaso.
He aquí el agrio bullicio de la vida,
su negra bilis de mercado.
He aquí la forma y el color del mundo,
su solar territorio, su alegría.
He aquí los corazones juntos,
su mágico círculo, su dorado anillo.
He aquí el sueño, y el verso, y la esperanza.
He aquí la llama y su
inextinguible material de ceniza.
He aquí la soledad.
Así alcanzó el poeta su edad mayor de hombre.

REPOSO A LA SOMBRA DEL ALMENDRO

Por decir algo digo
que un mar lentísimo se aparezca en su sueño
y que un día sin nubes cae en el horizonte
como un gran pez dorado en las redes del tiempo.
El verano es un dios terrible sentado en la montaña
mientras cunde el incendio de la luz, y en vano el agua
saca contra la llama inútiles espadas de diamante.
El viento es otro bañista delirante.
Con un millón de manos frescas atraviesa la hoguera
del cielo,
rapta de ola en ola dulces sirenas distraídas,
se moja de un oscuro adiós ausente en la vela que lejos...
y se aquieta aquí cerca, donde una lenta voz
desde hace cierto tiempo, -me parece-,
repite una canción sin tema.
El cuerpo de los paseantes tiene color de arena mojada
o humedad aterida de caimito, y su voz es
semejante a este golpe lerdo de la ola que arrulla
el tiempo, como a un niño recién muerto.
La sombra verde baja de los almendros y se instala
en el sillón de mi pereza. Como y bebo sin prisa,
duermo mucho y despierto despacio, entre gritos
de niños sin escuela y pájaros salvajes.
Y si quiero hacer algún esfuerzo, me abandono
en la hora más suave, al mar, o dibujo
algún sueño en la arena,
o escribo versos como estos, casi un poema.

AL ALBA SIEMPRE

El alba es un camino.
Por el alaba se llega a la dulzura.
El aviso general de los gallos abre a la luz las puertas de la tierra.
El aire reparte una casta voz de campanas.
Un trino de pájaro rompe el cristal del cielo y riega
el silencio fresco de la madrugada.
El árbol duerme vuelto hacia sí mismo.
Tú, mi fiel compañía, dices
palabras irreales para salvar el sueño
que se aleja en el agua sutil de la noche.
Despierta tiritando en el vacío
un ángel retardado.
Un fantasma, una sombra, un soplo, nada.
Y amanece.
Vida, mi vida, al alba siempre.

ITINERARIO SIMPLE DE SU AUSENCIA

b


Hoy no has venido al parque.
Podría ponerme a recoger del suelo
la luz desorientada y sin objeto
que ha caido en tu banco.
Para qué voy a hablar
si no está tu silencio.
Para qué he de mirar sin tu mirada.
Y este reloj del corazón que espera
golpeando
y doliendo.

c

Esta noche de luna y tú lejana.
Necesito a mi lado tus preguntas.
Y encontrarte en aire vuelta brasa,
vuelta una llama dulce,
vuelta silencio y regazo,
vuelta noche y reposo, como cuando
guiábamos la luna nuestra hasta la casa.

ch

Qué manojo de rosas olvidadas.
Qué tibia pluma y mansa luz
tu cuerpo como un árbol,
como un árbol gritando,
con tanto poro abierto, con tanta sangre
en olas dulces elevándose.
Oh, sagrado torrente del naufragio.
Cómo amaría perderme
y encontrarte.

POEMA VI

¿Tú me dejas aquí o partes conmigo?
¿Estoy dentro de ti o es que me llamas?
¿Vives única en mí o encuentro el mundo en ti,
contigo?
El orden de las cosas en que te amo,
¿dónde empieza o acaba?
Ahora está el silencio aposentado
en la rosa del aire
y un árbol cerca trina entre los pájaros
para sombrar tu sueño, ¿ o es mi sueño?
¿Es esta una prisión o acaso el vasto cielo
empieza aquí donde tus pies
tocan juntos la tierra, o es la luna?
De pronto entro en la luz que ya habito
y mis ojos se encuentran con tu frente.
Busco salir de ti y te llevo dentro
de mí, sin encontrarte.
Sin cómo, dónde o cuándo
Ciego en la luz con mi mirada abierta
a tanta multitud de ti que ando
extraviado en la noche en la mitad del día.

Primer Dia

El grito es lo más claro, todavía
la piedra es una estatua oscura. El viento
vaga sin arpa, solo. La Poesía
es un enigma, un canto sin acento.

El mismo sol, no halla aún su día.
Hasta el tiempo se agota en su momento.
Hay una agua sedienta. Hay una vía
sin hombre aún, sin ser, sin movimiento.

Un color, una luz, un solo aroma.
Un estar sin sustancia, un vivir puro.
Un aspirar que nada deja o toma.

Un rumor extasiado, sin idioma.
Un olvido celeste del apuro.
Aquí nace el poema o la paloma

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2 comentarios - Poemas de Isaac Felipe Azofeifa, Costa Rica

@vick1027 Hace más de 3 años
pues vaya que se tarda uno leyendolos jejeje pero si puedes pon una poquita de su biografia para que lo conoscamos mejor +10