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Una historia de piratas

EL TEMPESTAD
La Tormenta De Los Mares

Después de haber saqueado la ciudad portuaria de Quishn, en Yemen, en la península arábiga, el capitán Frans Leeuwenhoek comanda a su barco El Tempestad y a su tripulación hacia Mumbay, en la India, donde tienen planeado robar el puerto más grande de la costa de Kerala, donde atracan los barcos mercantes provenientes de África, cargados de oro y joyas.
El capitán Leeuwenhoek es pirata desde hace trece años; malvado, vil y sanguinario se ha ganado fama en todos los mares. Saqueando ciudades y asesinando a sangre fría hombres, mujeres y niños en su afán de poder. Ha forjado su reino de terror a bordo de un galeón del siglo XVII, el cual lleva flameando una gran bandera negra atravesada por el dibujo de un puñal escarlata, como símbolo del mal que la embarcación transporta.
Antes de convertirse en pirata, Leeuwenhoek pertenecía a la marina de Holanda, era almirante y tenía bajo su mando a los mejores hombres y los más poderosos navíos del país.
Llevaba una buena vida; dinero, privilegios, todo lo que deseaba a cambio de los mejores resultados en las batallas.
Hace quince años, en un enfrentamiento con las fuerzas navales noruegas que tuvo lugar en el frío Mar del Norte, Leeuwenhoek fue derrotado. Los noruegos incendiaron el puerto holandés, los astilleros y muchas casas y edificios de la ciudad costera.
El gobierno holandés, no habituado a las derrotas acusó a Leeuwenhoek de no haber hecho todo lo posible para evitar la invasión y de ser aliado de los noruegos. Fue destituido de su cargo y expulsado de la ciudad.
Leeuwenhoek sin un lugar a donde ir, sin alguien en quien confiar se las arregló para pasar la primera de muchas noches como trotamundos.
Sentado en el banco de la plaza central, bajo una leve llovizna, no dejaba de pensar en aquel fallo injusto por parte de la corte holandesa. Pensaba como podían haberle hecho eso, después de todo lo que él había sacrificado por su país.
Esa misma noche, iracundo y con su corazón acongojado por la traición, se entregó al mal, jurando venganza hacia todos aquellos que lo acusaron de conspirar contra su patria.
Unas horas después había secuestrado un barco de la armada equipado con varios cañones. Comenzó a disparar a las casas que tenía a su alcance, a los comercios del puerto y a las personas que allí caminaban. Riéndose y gozando de sus actos, agarró un rifle que había en la cubierta y descargó sus balas en los policías que intentaban proteger a la gente.
Leeuwenhoek zarpó en la madrugada y jamás lo volvieron a ver por aquellos lugares. Robando en distintas ciudades supo hacerse con riquezas invaluables y con una de las tripulaciones más peligrosas, formada por los criminales más perversos que se recuerden.
Ese barco secuestrado es ahora el galeón mas temido de los mares y navega comandado por el bandido más pérfido y traicionero que a surcado casi todas las aguas del mundo, sembrando el terror y el miedo a donde quiera que vaya.
Han pasado cuatro días desde el asalto en Yemen y Leeuwenhoek, haciendo girar un viejo globo terráqueo advierte que están cerca de la isla Socotra. Piensa que no seria mala idea hacer una visita a sus habitantes. En esa isla se encuentran los pastores de Arabia, que crían enormes rebaños de ovejas que servirían perfectamente como fuente de carne, además la tripulación se encuentra escasa de vino y licores, por lo tanto decide hacer una parada allí.
En los muelles de Quaysoh, en la isla, los pescadores amarran los botes pesqueros y se preparan para descargar lo que han obtenido en el mar.
Uno de los navegantes, mientras sostiene una gran red de pesca, divisa una figura oscura que se acerca a gran velocidad. Sabe que es un barco, pero no sabe que pertenece a los piratas más crueles del océano.
Los pescadores siguen en sus tareas sin alterarse por la presencia del navío que se aproxima.
A medio kilómetro de la bahía de Quaysoh El Tempestad ya es perfectamente distinguible y la bandera que flamea en el extremo del mástil mas alto anuncia lo que está llegando.
Los pescadores se preparan para hacer frente a la invasión; las mujeres con sus niños se ocultan en las casas y edificios cercanos, los hombres toman las armas que tienen a su alcance, alistan dos pequeños veleros que podrían enfrentarse a la nave pirata; se ubican en posiciones estratégicas y aguardan el momento para atacar.
Ahora con El Tempestad mas cerca, los marineros se asombran por su magnificencia. Notan una gran embarcación de color negro, con gigantescas velas blancas con detalles en rojo y una insignia que ondea al compás del viento, anunciando al mismo terror.
Las baterías de cañones dispuestas en los dos pisos del barco, asomándose a través de pequeñas compuertas en el casco y las carronadas, morteros con plataforma deslizante sobre ruedas de madera, dispersas por toda la cubierta demuestran el gran poder destructivo de la embarcación. En el extremo de la proa ven a un hombre señalando con una espada hacia delante, vestido de blanco, con una capa que es sacudida por la brisa marina y que en su cabeza lleva puesto un sombrero negro en forma triangular.
El miedo y la desesperación se apoderan de los pescadores que están apostados en el muelle. La tensión en el aire se hace cada vez mas extrema y amenazante; el navío sigue aproximándose, ahora a menor velocidad.
Todos los hombres de Leeuwenhoek están en sus puestos, listos para atacar, atentos a la señal de su capitán.
En el amarradero todos observan con pánico el detenimiento del galeón pirata a unos doscientos metros de la costa y el movimiento que hace con el brazo que sostiene la espada, el hombre que está en la parte anterior del buque.
El Sol emanando un resplandor escarlata, daba la despedida al atardecer.
Los cañones de El Tempestad estallaron en un frenesí de destrucción. Los piratas apuntaban los cañones a las precarias edificaciones de madera del mulle, haciéndolas explotar. Los pescadores disparaban al barco invasor, intentando acertar en alguno de sus tripulantes.
Los marineros a bordo de los diminutos veleros disparaban con sus rifles a la bestial embarcación, pretendiendo, al igual que sus compañeros en tierra, causar algún tipo de daño. Pero todo era inútil; El Tempestad estaba equipado con lo mejor de la armería de asalto de la época y eran muy pocos los barcos que eran capaces de hacerle frente.
El muelle, fue destruido casi por completo, todas las personas que allí estaban murieron por las explosiones y el fuego que se generó, las dos pequeñas galeras fueron hundidas por los impactos de las balas de los cañones y sus tripulantes murieron ahogados; solo quedaron algunas barcasas pesqueras a flote, como testigos del feroz ataque.
Leeuwenhoek ordenó a toda su malvada tripulación que bajen los botes para ir a la costa.
Con el capitán a bordo de una de las barcas, se dirigieron hacia el muelle destruido, desembarcaron y comenzaron a caminar por las estrechas calles empedradas con sus espadas y revólveres en las manos sucias de pólvora.
Los peligrosos piratas llevaban bolsas de arpillera, donde ponían comida, botellas de vino y todo lo que consideraban de valor. El capitán caminaba deprisa, acompañado por dos de sus hombres, empuñando un revólver de madera y plata, mirando a través de las ventanas de las casas y las cantinas.
De repente, salido de la nada apareció un lugareño que portaba una vieja carabina. Apuntaba a los invasores gritándoles y haciéndoles ademanes que Leeuwenhoek y sus hombres no entendían, ya que no conocían el idioma de la isla.
Uno de los piratas sacó de entre sus ropas un puñal y antes de que se den cuenta todos los demás presentes, el aldeano tenía la garganta atravesada por la daga.
-Muy bien señor Smith. Es bueno tenerlo a mi lado.
Dijo el capitán, mirando con asco al hombre apuñalado que trataba de respirar y se desangraba lentamente sobre el empedrado.
Un grito lejano alerta a Leeuwenhoek.
-¡Capitán! ¡Muchachos! ¡Vengan a ver esto! ¡Rápido! ¡Por Acá!
El capitán corrió con sus acompañantes hacia la voz que los guiaba a través de unos pasajes entre los derruidos edificios.
-¡Por acá! ¡Dense Prisa!
Agitados los dos piratas y su jefe llegaron al pórtico de una iglesia. Allí los esperaba un camarada, que les hacía señas para que se acerquen a ver lo que había encontrado.
-Hoy es nuestro día de suerte.
Dijo el capitán con cinismo. Esta noche parece que habrá fiesta en El Tempestad.
Los tres piratas se reían a carcajadas como borrachos desquiciados.
-¡Silencio!
Bramó Leeuwenhoek. Las risas y los alaridos cesaron de inmediato. El viento rugía y se escuchaba como rompían las olas a lo lejos contra las ruinas del muelle. El aire comenzaba a enfriarse por la lenta retirada del Sol del atardecer.
Dentro de la iglesia había al menos unas doce mujeres, tres niños y seis niñas; las edades de estos últimos rondaban los diez años.
Se habían ocultado dentro de la iglesia, pensando tal vez, que los piratas nunca entran a lugares religiosos por las supersticiones. Todos ellos temblaban del miedo y tenían en sus caras una expresión de terror que alimentaba la maldad de los malvivientes.
-Señor ¿Qué hacemos con estas personas?
Preguntó el hombre que las había encontrado.
-Ustedes dos vengan conmigo. Llevaremos al barco a estas damas con los infantes y tu Smith, busca a los demás. Carguen todo lo que puedan en los botes y aborden rápido la nave. Esta misma noche debemos zarpar. No podemos perder mucho tiempo en esta roñosa isla.
Leeuwenhoek y sus lacayos se dirigieron al galeón junto con sus nuevos rehenes que no tenían idea del horror que les aguardaba a bordo de El Tempestad.
Cayó la noche y en el barco todo era fiesta y jolgorio. Los piratas que se habían quedado en la isla encontraron centenares de botellas de vino, cerveza e incontables kilos de carne de oveja, suficiente para alimentarlos por semanas. El cocinero del barco asó varias piezas de carne que los marineros disfrutaron junto con el vino y las demás bebidas.
En el momento en que todos estaban presos del éxtasis que les producía el alcohol, el capitán se puso de pie y exclamó silencio.
-Este atraco a la isla fue muy provechoso. Propongo un brindis por el éxito.
Todos a bordo comenzaron a gritar.
-¡Viva el capitán!
-¡Larga vida al señor de los ladrones del mar!
Uno de los piratas se le acercó a Leeuwenhoek para preguntar:
-Señor ¿Qué hacemos con las mujeres y los mocosos?
-Hagan lo que quieran. Me voy a dormir y al amanecer no quiero ver a esas basuras a bordo de mi barco.
-Entendido.
El pirata esparció la orden de su capitán y el terror de desató en El Tempestad.
Los niños fueron degollados frente a sus madres y arrojados al mar; las niñas fueron azotadas y también las arrojaron al agua. A las mujeres las golpearon y violaron sin compasión.
Amanece sobre el Océano Índico. Los piratas han asesinado a varias de las rehenes y las que quedan con vida son obligadas a caminar por la pasarela hasta caer al mar.
A kilómetros de la isla El Tempestad navega sin problemas, se mueve a gran velocidad, como si los marineros que controlan su marcha, estuvieran ansiosos por llegar a un lugar que ni ellos conocen.
Leeuwenhoek, de pie junto al marinero que comanda el timón, sosteniendo en su mano derecha una brújula, hace algunas indicaciones para orientar el barco hacia su destino, la India.
- Marinero, treinta grados a estribor. Mantenga velocidad.
En el extremo del segundo mástil mas alto, sobre una plataforma, se encuentra apostado y sosteniendo un catalejo contra su ojo izquierdo el marinero con mas conocimientos sobre navegación de toda la tripulación, el señor Stewart; excelente contrabandista buscado en varias ciudades de Europa.
Stewart observa hace dos horas muy atento, los movimientos de un barco mercante a tres kilómetros de El Tempestad. Está esperando el momento oportuno para dar aviso a los demás, ya que cerca de ese navío se encuentra una galera de la armada inglesa que podría ser peligrosa.
-¡Muévanse asquerosas ratas! ¡Limpien la sangre de la cubierta! ¡Quiero reflejarme en la madera! Inútiles.
Gritaba el capitán mientras caminaba por la cubierta del barco mirando hacia el horizonte aparentemente vacío.
-¡Capitán! ¡Capitán! ¡Aquí arriba!
-¿Qué sucede señor Stewart?
-A poco mas de dos kilómetros hay un barco mercante navegando a baja velocidad. Cerca de él hay una galera inglesa.
-¿Usted propone atacar?
-Podría resultar beneficioso hacerse con lo que transporta.
-Me agrada la idea.
-Pero...
-¿Pero qué?
-El otro barco. Es de la armada inglesa. Puede ser peligroso.
-Nada es suficiente amenaza para El tempestad. ¡Guíenos señor Stewart!
-¡Si mi capitán! ¡Veinte grados a babor!
-¡Ya escucharon Marineros! ¡A toda marcha! ¡Y alístense en sus puestos que vamos tras un navío mercante!
Ordenó Leeuwenhoek, eufórico por el hallazgo.
Todos los piratas a bordo del galeón se prepararon para el asalto al barco mercante; aliñaron los cañones, las carronadas y cargaron rifles, carabinas y revólveres.
Stewart, con El Tempestad mas cerca del objetivo y haciendo uso de su catalejo, puede observar con detalle la nave mercante y a sus tripulantes.

-¡Capitán! ¡Puedo ver el nombre del barco! ¡Lucero Plateado!
-Muy Bien señor Stewart. ¿Puede decirme cuantos hombres hay a bordo?
-¡Debe haber unas veinte almas en cubierta! ¡No veo cañones!
-Excelente. ¡Ya casi nos acercamos Señores! ¡Estén listos para la embestida!
En el Lucero Plateado, los marineros se han percatado de la presencia de sus seguidores y se están preparando para enfrentar a los piratas.
El contramaestre a bordo del barco comienza a organizar a su tripulación para la arremetida del navío negro, que se aproxima amenazante a gran velocidad.
Un marinero asustado se acerca al contramaestre.
-Señor. Los ingleses se están alejando rápidamente de nosotros. ¡Nos están abandonando!
-Son unos cobardes. Pero no me asombra. El gobierno inglés siempre evita las confrontaciones marinas por miedo a perjudicar su comercio.
No se preocupe hombre. Defenderemos la nave con todo lo que tenemos. ¡A toda marcha!
-Si señor. Lo que usted diga.
Respondió el marinero, desconfiando de la palabra de su superior ya que un barco que solo transporta bienes y alimentos no posee armamento para hacer frente a los ataques de los ladrones que viajan en tanques de guerra marinos. Solo hay algunos rifles y arpones en las bodegas que son prácticamente inútiles para evitar asaltos.
La tripulación de El Tempestad está ansiosa por interceptar al Lucero Plateado.
Si bien la nave pirata posee gigantescas velas siempre desplegadas, El Tempestad está equipado con dos poderosos motores que mueven dos turbinas que impulsan el barco a velocidades poco comunes en los grandes navíos de la época; las velas reciben un mejor uso cuando hay escasez de combustible.
El agua es rebanada por el filo del borde del casco, salpicando la cubierta como si lloviera.
- ¡Capitán! ¡La nave inglesa se aleja a toda velocidad del barco mercante!
-Sí. Lo estoy viendo. Los ingleses son muy cuidadosos de los problemas que puedan arruinar los pactos comerciales. ¡Esto es mucho mejor de lo que esperaba!¡Ya casi nos acercamos señores! ¡Tengan listas las armas!
En el Lucero Plateado todo es pánico y descontrol.
-¡No pierdan la calma marineros!
Gritaba el contramaestre tratando de tranquilizar a sus hombres.
-¡Señor! ¡Los tenemos encima!
Aterrado, el Contramaestre dio su última indicación.
-¡Defiendan la Nave! ¡Defiendan la Nave! ¡Disparen! ¡Disparen!
EL Tempestad se ubicó sobre el lado izquierdo del Lucero Plateado y sus cañones descargaron la furia de la pólvora y las grandes balas de metal que atravesaban el casco del barco mercante como sí fuera de madera balsa. Se produjo un tiroteo entre las tripulaciones, pero estaba claro que los piratas tenían las de ganar. Estaban infinitamente mejor armados.
Desde la cubierta de su barco, Leeuwenhoek con sus dos pistolas de madera y plata, repartía balas a los marineros de la otra nave que tenía a su alcance.
-¡Listos ganchos y sogas! ¡Prepárense para el abordaje!
Ordenó el capitán pirata que parecía fuera de sí.
Sus hombres arrojaron sogas atadas con ganchos hacia la cubierta del Lucero Plateado y comenzaron a pasar sujetos a las cuerdas de un barco al otro con sus armas colgando en sus espaldas.
Asesinaron a toda la tripulación del barco mercante. Robaron toda la comida y los objetos de valor que encontraron.
Como festejo por su victoria incendiaron el Lucero Plateado casi destruido y mientras se alejaban a bordo de El Tempestad, los bandidos contemplaban como se hundía, envuelto en llamas, con los cadáveres de sus tripulantes en su interior.
-Verdaderamente es un lucero, pero incendiado.
Dijo uno de los piratas. Los demás estallaban en carcajadas.
El capitán observaba de pie el espectáculo desde el extremo de la popa, limpiando una de sus armas con un pañuelo manchado con sangre.
Unas horas después todos volvieron a sus tareas habituales, los piratas guardaron los elementos de valor en una bodega, donde almacenaban las riquezas que obtenían en sus atracos y los alimentos que encontraron se los entregaron al cocinero para que prepare una gran cena para celebrar el triunfo, como de costumbre.
Esa noche los malvados bucaneros comían, cantaban y se embriagaban; también hacían apuestas en las peleas que se generaban entre ellos en la cubierta del barco.
Leeuwenhoek disfrutaba de una botella de vino, acostado en su cama, sobre una frazada de terciopelo rojo, mirando el cielo estrellado a través de la escotilla de su camarote, pensaba como la vida le estaba devolviendo de a poco todo lo que perdió hace quince años.
Alguien golpea la portezuela del camarote.
-Señor. ¿Está durmiendo? ¿Puedo hablar con usted? Soy Cortés.
-Adelante. Puedes pasar Felipe.
A pesar de que Leeuwenhoek es malvado y cruel, siempre trata de mantener la seriedad con sus hombres. Él piensa que al tratarlos bien y mostrarse tranquilo, evita conflictos que podrían perjudicarlo o desencadenarían actos de traición por parte de alguno de sus marineros. Además Leeuwenhoek nació en el seno de una familia aristocrática y nunca olvida las costumbres de buen comportamiento y modales que le fueron fijados de niño.
Felipe se unió a la tripulación hace doce años cuando El Tempestad hizo una parada en la estación marítima de Málaga, en el sur de España.
Leeuwenhoek estaba en un bar bebiendo cerveza, sentado junto a una ventana que daba a la calle. Vio pasar corriendo a un hombre y dos policías que lo perseguían. El hombre fue acorralado en un callejón, los policías amenazaban con disparar si no se entregaba.
-¿Que sucede aquí? Preguntó Leeuwenhoek.
Los dos agentes se sobresaltaron al escuchar la voz que les hablaba porque no habían visto a nadie cerca de allí.
-¡Aléjese! Este individuo es muy peligroso.
Advirtió uno de los policías.
-¿Qué hizo para ser peligroso? ¿Robar verduras?
-Esto a usted no le incumbe.
-Me parece que dos contra uno... no es justo.
-¿Qué dice? Váyase de aquí o también lo arrestaremos.
-No lo creo.
Leeuwenhoek desenvainó un sable que estaba oculto por su capa. El hombre en el fondo del callejón miraba atónito como el sujeto con capa y sombrero exterminaba a los dos policías con movimientos rápidos y precisos. Los agentes no tuvieron oportunidad de defenderse.
-¿Se encuentra bien?
-Si. ¡Eso fue extraordinario! Gracias.
Respondió con alegría el sujeto, soltando las hortalizas que tenía en las manos.
-No es nada. No me agrada la policía. ¿Robas para dar de comer a tu familia?
-No tengo familia. Robo para mí.
-¿Le interesaría ser parte de mi tripulación? Soy el capitán de un gran galeón.
-¿De verdad? Porque eso sería grandioso.
-Debo decirte algo más. Soy pirata. Quizás el más buscado.
-No me importa. Si quiero ser parte de tu tripulación. Perdón. ¡De su tripulación señor!
-¿Cómo te llamas?
-Felipe Cortés.
Desde ese día Cortés se ha convertido en la mano derecha de Leeuwenhoek y solo él tiene permitido entrar en su camarote. Además es al único de sus piratas que lo llama por su nombre.
-Señor, cuando registrábamos los compartimentos del barco que destruimos, en el cuarto de mando encontré esto.

Cortés sostenía un periódico arrollado para que nadie de la tripulación pudiera ver el gigantesco título de la portada.
-A ver que tienes ahí Felipe.
Leeuwenhoek leía con detenimiento la noticia, luego se volvió hacia la fotografía que abarcaba gran parte de la página principal. En ella había una bella mujer en un muelle, de pie, sosteniendo una espada junto a un barco anclado.
-Interesante. Nunca pensé que lo lograrías.
Decía tocando con su dedo índice el papel.
-Señor. ¿Usted conoce a esa mujer?
-Su nombre es Annita Turner. Tuvimos una corta historia hace tiempo. La conocí en Portugal hace veinte años, cuando pertenecía a la marina holandesa. Ella era capitana de una pequeña galera de la armada alemana. Una vez me dijo que algún día se convertiría en la pirata más buscada del mundo. No le agradaba mucho pertenecer a la marina bienhechora. Ella quería aventuras y peligros constantes.
-Parece que lo consiguió. Asaltó nuestro muelle en la India.
-No importa. Pronto llegarán nuevos barcos desde África y con el muelle debilitado por nuestra amiga será más fácil hacernos el botín.
-Tiene toda la razón señor.
-Puedes retirarte.
El marinero cerró la puerta y Leeuwenhoek se quedó solo en su camarote, mirando la imagen de esa mujer. Minutos después se quedó dormido.
A la mañana siguiente solo algunos de los piratas estaban en la cubierta, limpiaban y tiraban al mar la basura; los demás seguían durmiendo. Stewart, el experto en navegación, estaba en su puesto, apostado sobre una pequeña plataforma en el extremo de uno de los mástiles, con su catalejo, un pequeño sextante y una brújula que le servia para marcar el curso.
Stewart observaba el firmamento, que a lo lejos se tornaba gris y sombrío.
Es una tormenta monzónica, común en estas aguas aunque muy peligrosa para los barcos, ya que la fuerza del viento genera grandes olas capaces de tumbar buques de carga.
Leeuwenhoek emerge de su camarote pidiendo a todos que se reúnan en cubierta.
-Felipe. Despierta los demás y diles que se presenten. YA.
-Enseguida señor.
Minutos después todos estaban frente a su capitán a la expectativa de lo iba a decir.
-Señores. Han sucedido eventos que me obligaron a cambiar de planes. La gema que buscábamos fue robada. Por “otro” pirata.
-¡Hallémoslo y matémoslo!
-¡Sí! ¡Robémosle la joya! ¡Y colguémoslo de la punta del mástil mas alto de nuestro barco!
Los hombres de Leeuwenhoek gritaban, insultaban, se habían puesto furiosos por la humillación que sentían.
-¡No! No perderemos tiempo buscando a un principiante con suerte y que solo tiene una piedra de poco valor. Tengo una idea mucho mejor. Según mis cálculos nos encontramos aquí.
Leeuwenhoek desplegó un planisferio sobre unos barriles y señalaba un punto en el Océano Índico.
- Catorce grados latitud norte, sesenta y siete longitud este. Estamos mas cerca de las costas de la India. Si no me equivoco, manteniendo la velocidad y el curso, en tres días podríamos llegar a Panaji. Es una vieja ciudad portuaria donde podríamos asaltar el puerto, conseguir provisiones, combustible y lo que nos haga falta.
Stewart se acercó preocupado al capitán, sosteniendo un trozo de papel en el que había escrito números y coordenadas.
-¿Qué le sucede Stewart?
-Señor. Se nos acerca una tormenta. Calculé la velocidad con que nos movemos y la distancia a la que estamos del tifón. Esta noche podríamos pasarla muy mal.
-¡Señores ya lo oyeron! Amarren todo en cubierta. Cierren las escotillas del casco y estén preparados.
Los marineros comenzaron a moverse inmediatamente, alistando todo para la turbulencia que los vientos monzónicos generarían esa noche.
Leeuwenhoek se fue a su camarote. Ya en su cubículo, tomó la página del periódico donde estaba la fotografía de la pirata que se le había adelantado; le echó una última mirada, la arrolló y la metió en una botella que arrojó por su escotilla al mar. Él se quedó sentado, frente a su escritorio, haciendo medidas y cálculos sobre un mapa hasta pasada la tarde, quería asegurarse que no hubiera errores en el viaje programado.
Comenzó a anochecer; los nubarrones negros y espesos taparon a las estrellas, el viento soplaba con mas fuerza y ya se observaban resplandores en el cielo que presagiaban el peligro del monzón.
Leeuwenhoek estaba junto al marinero que controla el timón, mirando como el cielo negro se traga al mar en el horizonte. Segundos después es sobresaltado por el llamado desesperado de Stewart, que soporta allí arriba, las ráfagas frías, amarrado con una soga al mástil.
-¡Capitán! ¡No me lo va a creer! ¡Adelante hay un gran barco!
-¿Está lejos? ¿Qué tipo de nave es?
-¡Es un galeón! ¡Similar al nuestro!
-¿Numerosa tripulación?
-¡No lo sé! ¡No logro ver bien!
-¡Todos a sus puestos de combate! ¡Tenemos un barco!
Como es de costumbre, los hombres de Leeuwenhoek atienden a las órdenes inmediatamente y más cuando se trata de atracar embarcaciones o combatir, ellos disfrutan destruyendo, robando y matando; cualquier oportunidad que se presenta y que incluye destrucción de algún tipo es buena para estos piratas. Ni siquiera la amenaza de una tormenta es suficiente para detenerlos.
En el barco que Leeuwenhoek acecha, los marineros están ocupados asegurando las velas, las escotillas y todo lo que puede resultar dañado por la salvaje marejada; no tienen idea de que son perseguidos por malvados y codiciosos bucaneros.
Uno de los marinos estaba sujetando con cadenas unas cajas de madera en la popa y sin desearlo se percató de algo que se acerca. No podía distinguirlo bien, se quedó mirando con detenimiento. Un marino que andaba cerca, vio a su camarada esforzándose por ver algo en la oscuridad, le llamó la atención y se le unió.
-Tomas. Eh Tomas. ¿Qué miras?
-Allí hay algo.
Señalaba con su brazo extendido hacia la negrura.
-Debes haber visto la silueta de una ballena.
-No. Creo que es un barco.
-No creo que haya otro barco cerca. Con esta tormenta nadie quiere navegar. Debemos ser los únicos idiotas aquí.
-Tráeme un catalejo. ¡Apúrate!
-Toma, aquí tienes.
En cuanto el marino pudo enfocar y ver lo que los persigue se quedó petrificado. Su compañero no entendía lo que le ocurría.
-Tomas. ¿Tomas que pasa? ¿Qué ves?
-Barco pirata.
Pronunció tembloroso.
-No te entiendo. ¿Qué dices?
-Barco pirata.
-Haste a un lado y déjame ver.
-¡Maldita sea! ¡Barco pirata! ¡Barco pirata!
Comenzó a gritar despavorido el marinero mientras señalaba en dirección a El Tempestad. Toda la tripulación enloqueció, el capitán se dirigió a la popa para observar. No podía concebir que esos piratas tenían deseos de causar problemas a pesar de las terribles condiciones climáticas.
El Tempestad se aproxima rápidamente al galeón, los piratas ya están listos, dispuestos a todo por algo más de dinero y vino.
La noche ya es un hecho. El viento ruge y golpea con fuerza las velas de los barcos. La lluvia y el granizo que comenzaron a caer, castigan a todos los marineros; Stewart no soportó mucho más en lo alto del mástil y descendió a cubierta para alistarse. Leeuwenhoek armado con sus dos pistolas está ansioso de conocer y asesinar al capitán del barco que persiguen.
En el navío víctima, todos están atentos a los movimientos de sus perseguidores, que se acercan por el lado derecho para ponerse en paralelo y atacar, una maniobra muy utilizada en las batallas navales.
La tormenta gana fuerza rápidamente, las ráfagas de viento golpean a los barcos con la furia de una manada de bueyes desbocados, las olas son mas altas y poderosas, hacen que las naves se tambaleen bruscamente, algunas cajas y barriles a bordo de El Tempestad prácticamente levantan vuelo. Todos los hombres resisten en sus puestos, ya falta muy poco para el contacto.
En el otro barco la situación no es muy diferente, los marineros están preparados con sus cañones y ametralladoras, listos para recibir a sus atacantes. Están bien armados porque pertenecen a la armada española, para Leeuwenhoek será problemático vencerlos.
Luego de la difícil persecución El Tempestad finalmente alcanzó a sus víctimas; y como era de suponerse se posicionó en paralelo al barco español, en lado derecho.
-¡¿Listos señores?! ¡Ataquen!
Ordenó Leeuwenhoek a sus excitados piratas.
En el otro barco los cañones y las armas de los marineros descargaban todo su poder sobre la nave pirata y esta respondía con la misma violencia. En la espesura de la noche sobre un mar agitado, solo se escuchaba el estruendo de las explosiones de la pólvora y se veía el resplandor de los rayos y de los cañones, que iluminaban la silueta de los navíos.
-¡No se detengan! ¡Continúen atacando a esas ratas!
Gritaba el capitán español.
-¡Destruyan a esos malditos! ¡Hundan ese barco!
Exclamaba Leeuwenhoek mientras disparaba sus armas contra los marineros de la nave contraria. El viento y la lluvia habían cobrado una fuerza antes jamás vista por los marineros de los barcos, el fragor de los truenos era ensordecedor y se fusionaba con los cañones que los piratas y los marinos españoles que no dejaban de hacer estallar. Ninguna de las dos tripulaciones estaba dispuesta a dejarse vencer.
Pero en su afán de victoria nadie se percató del monstruo que se estaba formando muy cerca. La corriente monzónica es famosa por generar tornados en el agua, varias veces más potentes que los que se desatan en tierra.
El tubo de agua que giraba a más de doscientos kilómetros por hora se dirigía hacia las naves que no dejaban de disparar sus cañones; de repente un gran relámpago reveló a la bestia, que se acerca rugiendo sobre el agitado océano, desde el sudeste, detrás de los barcos.
Uno de los hombres de Leeuwenhoek lo vio y dio el aviso, pero nadie lo escuchó, el estampido de la batalla ahogaba la voz del pirata. Un nuevo relámpago iluminó al ciclón; aterrado, el pirata gritó nuevamente con todas sus fuerzas. Esta vez algunos lo escucharon pero ya era tarde.
La fuerza devastadora del viento y el agua que giraban a una velocidad vertiginosa, arrasaron con los dos navíos.
El barco español fue destrozado en milésimas de segundos; El Tempestad, fue tragado por el tubo de agua y elevado por el aire con todos sus tripulantes a bordo.
Mientras giraba en el interior del embudo, era despedazado por la presión del viento y del agua. Los restos de la nave fueron arrojados al mar junto con algunos marineros, entre ellos Leeuwenhoek.
El tornado siguió su marcha hacia la costa india, alejándose a gran velocidad de los despojos de madera que había dejado. Agonizante y el único con vida en ese momento era Leeuwenhoek, que trataba de mantenerse a flote moviendo sus brazos y piernas. Estuvo en esa situación varios minutos pero sentía que las fuerzas lo abandonaban. Mirando en el cielo los rayos que iluminaban su rostro empapado por la incesante lluvia pensaba en la ironía del destino, El Tempestad destruido por una tormenta.
La vida lo abandonó minutos después. Su cuerpo se hundió en las oscuras y frías aguas del Océano Índico, llevándose consigo el último vestigio de uno de los piratas mas recordados de los mares del mundo, no solo por su villanía, sino también, por sus hazañas.

21 comentarios - Una historia de piratas

@jhendry
buen post, pero mira el mio videos de rrisa comenta porfavor
@Loremprincess
Gracias, buen post
cuando puedas visitame si? un beso
@VIJOSCA
¿Esto es tuyo? en serio.
@jose_anibal_1708
que buen escrito... ya hacia tiempo que no leia algo asi entre los novatos... mira tengo puntos prometidos pero mandame un mp el sabado para darte 10 puntos el domingo....
@IVANZERO
Te dejo +10 porque es bueno ver personas que intentan escribir y usar la imaginación. Son estos los usuarios que hacen la Inteligencia Colectiva, y espero que puedas desarrollar tus habilidades narrativas en el futuro.
@Duraznito11
Excelente, al fin algo de calidad, sin problemas, sin imagenes de muertos ,etc con el solo fin de conmover y obtener beneficios. te dejo +5 nu tene mas saluditos.
@jose_anibal_1708
ldmorion dijo:
IVANZERO dijo:Te dejo +10 porque es bueno ver personas que intentan escribir y usar la imaginación. Son estos los usuarios que hacen la Inteligencia Colectiva, y espero que puedas desarrollar tus habilidades narrativas en el futuro.
Gracias por los puntos y me alegro que te haya gustado. En realidad lo escribí por hobby, no me dedico a esto, soy profesor de biología


yo escribo poemas y soy psicologo.... y escribes muy bien.....
@gatemv
+10, Creo que vale 100 pero no hay como brindártelo, por eso lo recomiendo a la espera que diez usuarios más crean convenir el darte los puntos que te mereces, la narrativa, impecable, atrapante y de interés para todo los gustos, asi lo creo yo.-
@VIJOSCA
lo prometido es deuda, mis 10 de hoy son tuyos.
@_goon87
Vas a ser NFU dentro de poco che. Un abrazo
@carlochess
Bienvenido, ya eres NFU Saludos
@Wabloo
ldmorion dijo:
Walkitoki dijo:piratas

Con escribir "No me gusta" es suficiente. Creo que calificar el trabajo de alguien como mierda es propio de una mente limitada.



con poner de nombre "walkitoki" y seguir siendo novato ya es suficiente prueba de su "viveza".