"Que yo sea paranoico no significa que no sea cierto que todo el mundo tiene algo en mi contra".
Kurt Cobain.
Yo sabía que tarde o temprano esto iba a suceder. No sé cómo, pero lo sabía. Cosas así siempre pasan. Claro que cada uno tiene su propia perspectiva del asunto (y contra eso no se puede). Pero un trastorno delirante es un trastorno delirante (eso no admite discusión alguna). Y yo me lo veía venir; es sólo por eso que nunca pude confiar.
Todo esto tiene una explicación lamentablemente perversa (lo he pensado tanto…). Triste: se han confirmado todas mis sospechas.
Ahora te propongo un ejercicio simple. Dejá de lado tus rígidos esquemas de pensamiento: un hermoso vestido, un piano levemente desafinado. Y sumergite en un sueño profundo. Morirse no es tan malo, porque con uno mueren todas las mentiras, las miserias, los pecados. Este mundo ya se ha vuelto loco: necesito un arma.
Volverás a ese lugar del que provienen tus antiguos antepasados. Pero te moverás mejor que ellos. Mucho mejor. Te agitarás frenéticamente en un medio demasiado denso para semejante acto de destreza y liberación. La auténtica liberación de la especie.
A la mierda con tus percepciones y creencias sistemáticas y erróneas. Se hará justicia. La sustancia que nace de la vertiente de tu cabeza teñirá con tu color favorito los alrededores. Claro que, quizás, no puedas verlo. Cosas así siempre pasan.
Yo estoy limpio: me he dedicado full time a defender la integridad de la verdad. Paradoja: perder todo contacto con el oxígeno será tu indiscutible forma de elevación, de atravesar el cielo. Al fin.
La promesa fue la piedra fundamental de la desconfianza: en un mundo sin justicia los virtuosos nunca tienen premio. La justicia no ha sido menos que tu manía persecutoria. Y yo no he sido menos que Dios. ¿Y por qué iba a serlo?
La violencia siempre fue ocasional. ¿Debería pedir disculpas por eso? El pedestal de tus conocimientos no logró darte el status de ser superior que siempre quisiste ostentar. Yo siempre desconfié de eso. Las frustraciones proyectadas sobre mí no eran más que impulsos, fantasías y tensiones que nunca supiste explicar. Y el precio de eso te resulta inaceptable e insoportable.
Tu mente, rígida e incorregible, no tuvo nunca en cuenta mis razones. Sólo supiste recoger datos o signos que utilizaste para confirmar tus prejuicios. Luego convertiste esos prejuicios en convicción.
¿Dónde estarás ahora? Yo me siento libre, ¿cómo te sentirás vos? En paz camino a casa, liberado y satisfecho regreso a mi hogar, disfrutando del paisaje. Al costado del camino veo una flor negra, pienso en acercarme a ella, pero tengo miedo de lo real, temo dejarla sin aroma. Cosas así siempre pasan...
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