Hola Taringueros, este es mi primer post y quiero contarles un poco la historia del Dodge Charger, para mi el mejor muscle car de todos.

La compañía Dodge, durante mucho tiempo filial de Chrysler, sufrió en la década de los 60 una campaña de lavado de imagen. La marca que se había ganado la fama de fabricar autos pesados y que solo atraían a los conductores ancianos, era conocida como “la especial jubilados”, se propuso desde aquel momento hacer coches mas ligeros y compactos, de línea mas deportiva y actual. Apoyados por una campaña publicitaria basada en slogans como “Únete a la rebelión Dodge”, las ventas comenzaron a dispararse y a mediados de los 60, se estaban vendiendo medio millón de coches al año.
La gama de los Coronet, muy deportiva y moderna, se presento en 1965. A esta le siguió en 1966 un automóvil grande de líneas sensuales, el Charger, que era una versión fastback de aquel mismo chasis, como única opción. De pronto, el Charger proyecto la marca Dodge a un plano muy alto, no solo por la imagen que este ofrecía surcando las calles, sino porque esta iba inevitablemente ligada al legendario motor de carreras de Chrysler, el “Hemi”. Ver y oír aquellos Chargers con motor “Hemi” (que llegaban a alcanzar los 500CV) en el circuito de Nascar, constituía una experiencia alucinante.
Convertir un sedan convencional en un fastback de corte deportivo no era fácil; sobre todo establecer la nueva imagen del coche y las proporciones adecuadas para un automóvil de cuatro plazas con solo dos puertas.
Plymouth (otra marca de Chrysler), solo había tenido éxito con su modelo Barracuda, pero sus directivos consideraron que debían ponerse al día siguiendo las ultimas tendencias en los formatos Fastback, la moda entonces en los Estados Unidos.
Bajo su elegante vestido, el chasis del Charger era de los clásicos de Chrysler, completado con una suspensión frontal con barras de torsión y ballestas semielipticas bajo la barra fija trasera. Los frenos de disco venían instalados de serie, pero eran bastante inadecuados para controlar las versiones mas potentes, aunque también estaba disponible la opción de frenos de disco delanteros.
Todos los Charger iban originariamente propulsados por un motor V8, pero había en opción 4 tipos de motores. El más suave de todos era el de 230 CV y 5,2 lts, pero el mas impresionante de todos era el colosal “Hemi” de 7lts, que desarrollaba una potencia de 425CV. Aun equipado con un árbol de levas en cabeza movido por varillas, la culata de los motores Hemi tenían una cámara de combustión parcialmente esféricas, que generaban un par máximo enorme y cuya “respiración” era algo digno de escucharse. Muchos de estos llamados “motores de serie” desarrollaban en la practica una mayor potencia de la anunciada y cuando fueron mejorados, se convirtieron en los motores de 8 cilindros en V mas potentes de la Norteamérica contemporeana.
Por supuesto, una mecánica como esta requería un diseño exterior acorde, cosa perfectamente lograda por el Charger. Aunque era un cuatro plazas tenia un techo de líneas largas y estilizadas, rematado en la parte trasera por un par de “arbotantes”. Delante montaba unas pantallas retractiles, que descubrían los faros por la noche, merced a unos motores eléctricos, y en la parte trasera destacaban unos pilotos enormes. Además, los asientos anatómicos delanteros y traseros y una gran consola central le conferían la clase de imagen que lograba que el nombre de un coche traspasara las fronteras de los mercados norteamericanos.
Además, resultaban bastante baratos. El precio de un Charger de 1966 era de solo 3.122 dólares, aunque si el comprador decidía añadirle parte de las múltiples opciones disponibles, podía dispararse hasta los 5.000 dólares. Puesto que en aquella época la inflación en los Estados Unidos era prácticamente nula, estos precios se mantuvieron hasta 1970.
Aunque este coche era sobre todo un coche “de grandes prestaciones”, un “muscle car”, lo cierto es que era mucho mas versátil que la mayoría de los vehículos norteamericanos de aquel tiempo. Los asientos traseros podían abatirse (por separado o ambos a la vez), con el fin de aumentar la capacidad del ya espacioso maletero, y no cabe duda de que, aunque el Charger entraba por los ojos y de que muchos lo compraban por su impacto visual, lo cierto es que luego eran apreciados por sus magnificas prestaciones.
Se vendieron mas de 37.000 unidades de aquel primer modelo de 1966; posteriormente las ventas continuaron su ascenso y, en el año 1969, mas de 100.000 norteamericanos ya disfrutaban de su Charger. A pesar de que Chrysler retocaba cada año el estilo, la base mecánica perviviría hasta 1970, momento en que tomo el relevo una nueva generación de Chargers, algo mas pequeños pero infinitamente mas rápidos.
La combinación de Charger con motor Hemi resulto tan efectiva en los circuitos, que Chrysler decidió emplearla como base para el alucinante Charger Daytona de 1969, cuyo afilado morro unido a su elevado alerón trasero lo hacían volar en las carreras de Nascar. Este y su hermano, el Plymouth Roadrunner Superbird de 1970, tuvieron tanto éxito que al poco tiempo las autoridades tuvieron que limitar su velocidad.


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