Que Alemania posee una nutrida cantera de pilotos es algo que salta a la vista tan sólo con mirar sus números. Si hablamos de Fórmula 1, hasta 5 pilotos de la actual parrilla provienen de tierras germanas. Si nos fijamos en tradición y actividad del país en el mundo del motor, nos encontramos con que su DTM es una de las competiciones nacionales más seguidas en todo el globo y el circuito de Nurburgring-Nordschleife uno de los más alabados en todas las esferas del automovilismo.

Paradójico es observando estos datos que en mas de 50 años de historia de la máxima competición del automovilismo fuera Michael Schumacher el primer alemán en lograr un campeonato de F1. Desde entonces la hegemonía alemana es más que palpable: de los últimos 10 campeonatos disputados han sido un total de 6 los que se han llevado entre dos muchachos de sus tierras. Primero Schumi, ahora Vettel, están consiguiendo para Alemania los títulos que siempre les fueron negados.



Anteriormente los pilotos alemanes pasearon por la parrilla de Fórmula 1 con insistencia pero sin llegar a cosechar grandes resultados en las tablas clasificatorias. Quien en su día quizá estuviera más cerca de la gloria fué Wolfgang von Trips, quien podía haber ganado el Campeonato del Mundo con Ferrari en 1961 cuando trágicamente perdió la vida en el circuito de Monza. Tuvieron que pasar muchos años, hasta 1984, para que propios y extraños se volcaran con la carrera automovilística de un joven piloto alemán: Stefan Belloff. Toca meterse en la cámara del tiempo…

Fué en 1980 cuando un rubiales de 23 años empezara a hacer algó más que ruido en el panorama deportivo alemán. Pronto en McLaren se fijaron en él y llegó a compartir coche de pruebas con Ayrton Senna y Martin Brundle en 1983. En aquella época las filas de la escudería británica estaban copadas por Prost y Lauda, con que Senna recaló en las filas de Toleman y tanto Brundle como Belloff fueron acomodados en los Tyrrell con números 3 y 4 respectivamente.



En pleno apogeo de los motores turboaliementados, Tyrrell seguía montando sus Cosworth naturalmente aspirados. Esto hacía del coche lento e incapaz de seguir la estela de los más rápidos en circuitos preparados para altas velocidades, pero por contra le hacía un coche muy manejable en circuitos revirados y con poca necesidad de velocidad punta.

Bellof poco tardó en conseguir sus dos primeros puntos, en el circuito de Zolder, y una mágica carrera bajo la lluvia de Mónaco fué solo una pequeña demostración de lo que puede llegar a hacer un hombre sin miedo y con 150cv menos que sus rivales.

Si aquella carrera de Mónaco 84 quedó grabada a fuego en la corta historia de F1 por muchos factores, como la remontada de Senna, el incesante ritmo de hombres chocados contra las barreras, o el incomprensible final de la misma, no tiene menos mérito el recital que dió Belloff bajo la lluvia del Principado. Inició la carrera desde el P20, y una vuelta antes de la bandera negra estaba ocupando la tercera plaza a tan sólo 15 segundos de Senna. Además estaba recortando distancia vuelta a vuelta.
 


link: http://www.youtube.com/watch?v=uqdM6RtqZ4Y

De las grabaciones que se conservan subidas en la red se puede ver cómo exprimía su motor atmosférico al máximo bajo la incesante capa de lluvia, con una conducción más que extrema y sin cortarse en adelantar en sitios tan delicados como la salida del túnel o en la bajada a Miraboux. Puntos donde hoy por hoy los adelantamientos no son más que cosas del pasado (o penalizaciones del presente).
Stefan sigió sumando puntos, Detroit también estaba siendo una genial carrera para el alemán cuando el piloto acabó chocando contra las protecciones  y su escudería contra otro muro aún más duro: la FIA. Tras la carrera y a tenor del sospechoso buen rendimiento de los bólidos (a pesar de su modestos propulsores) ambos coches fueron revisados de cabo a rabo encontrando unos sospechosos lastres en el sistema de refrigeración y restos de hidrocarburantes en el depósito de combustible.

La escudería recurrió, pero de poco sirvió mas que para conseguir que les empuraran por más conceptos: al parecer el fondo plano no era tan plano, y tenía perforaciones no autorizadas en su diseño. El resultado fué la descalificación de la escudería y la retirada total de todos los puntos obtenidos por sus pilotos. Belloff volvería a competir en 1985 a los mandos de un Tyrrell, pero jamás finalizaría aquella temporada.



Visceral, sin miedo y con talento, Belloff había forjado su reputación en el campeonato de GT alemán. Habia logrado conseguir, incluso, un record que perduró durante más de 20 años y no es otro que la vuelta rápida al circuito de Nürburgring-Nordschleife. Fué el primero en lograr finalizar un giro completo a los poco más de 20 km de los que constaba el trazado en aquella clasificatoria de 1984 en menos de 7 minutos. El chico era rápido, su pasión por la velocidad iba más allá de la F1 y participaba en sendos campeonatos a lo largo de su país natal.
Sería en uno de sus actos de pasión donde desgraciadamente la vida del alemán quedaría triuncada, en el circuito de Spa, subido a los mandos del  Porsche 956B que tántos y tantos éxitos le había dado. Se disputaba entonces el primer puesto de carrera con el inglés Jackie Ickx, aquel 1 de septiembre de 1985, y desde luego que no le iba a poner las cosas nada fáciles. Y eligió difícil: La maniobra mas complicada del Mundo, la más espectacular… adelantar en Eau Rouge.El siguiente vídeo no es apto para sensibles:



link: http://www.youtube.com/watch?v=ZgtZe-iQH1U

Cuando ambos coches salieron disparados desde La Source bajando hasta la curva con más carácter del trazado, Belloff llegó al rebufo del inglés y trató de adelantarle por el interior.  Intentó romper toda regla física cuando a más de 200km/h trató de mantener el coche sobre el asfalto para finalmente llevarse por delante el coche de su rival con consecuencias fatales. El Porsche patinó, se llevó por delante el Ferrari de Ickx y acabó brutalmente estampado contra las protecciónes a  150km/h. Su muerte fué instantánea.
Un accidente que aún viéndolo hoy en día sigue poniendo los pelos de punta, con el aterrador sonido de fondo de las gomas chirriando tras sobrepasar su límite de adherencia. Un hecho que demostró que realmente aquel joven de 27 años tenía madera de ser lo que se esperaba de él: un fuera de serie que podía haberle dado aquellos triunfos que tanto ansiaba la afición alemana, si bien su falta absoluta de miedo al serpenteo vertiginoso de Eau Rouge acabó sesgando su vida y dando al traste con las esperanzas de muchos aficionados.