¿Sabes dónde estás?

La brújula, esa mágica agujilla imantada que nos indica dónde está el polo magnético, fue inventada en China allá por el siglo IX. ¿Quiere decir que hasta entonces la gente, los viajeros y los navegantes siempre andaban perdidos? ¡Claro que no! Existen métodos de orientación muy anteriores. La palabra orientación, por ejemplo, nos revela su significado: ubicar el Oriente. O dicho de otra manera, el lado desde donde sale el Sol. Simétricamente, se puede establecer como Occidente el punto en donde se pone el Sol y basta una sola referencia para ubicar los cuatro puntos cardinales. Ubicando el Este, por ejemplo, se puede deducir el Oeste, el Norte y el Sur.

¿Y qué ocurre durante la noche? Las estrellas nos sirven como puntos de referencia. Tradicionalmente, en el hemisferio Norte se emplea la Estrella Polar y en el hemisferio sur una constelación, la bella Cruz del Sur. Las fases de la Luna, así como el momento de su salida en relación con la puesta del Sol, también sirven para orientarse con bastante precisión.

Sin embargo, se dan situaciones en las que resulta muy difícil e incluso imposible guiarse por los astros. Esto ocurre cuando las nubes o una tormenta los cubre por completo.

Paradójicamente, la otra situación complicada surge en horas del mediodía, justamente cuando el Sol está encima de nuestras cabezas y no es sencillo advertir hacia dónde “se mueve” (aunque ya sabemos que lo que en realidad se mueve es la Tierra).
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