los ¿por qué? de la vida

LOS ¿POR QUÉ? DE LA VIDA


Nunca se preguntaron ¿de donde venimos? ¿a donde vamos?¿por que existimos?

¿de donde venimos y a donde vamos?


El hombre, desde que el mundo es mundo se ha preguntado muchas veces, ¿qué hago yo en esta vida? ¿De dónde vengo? ¿Hay otra vida más allá de esta que vivimos? Y, por supuesto, muchos, a través de los siglos de la historia humana han dado una respuesta a todos estos interrogantes.

Según el punto de vista materialista, somos el producto de la casualidad, nacemos, morimos y todo se acabó; no hay otra vida, no hay Dios, y, aunque estas respuestas no solucionan los grandes vacíos del sentimiento humano por todo lo espiritual, misterioso y transcendental que le rodea, hay unos pocos inocentes que aceptan estas respuestas como válidas.

Desde el punto de vista filosófico (aunque hay varias líneas de pensamiento) la respuesta más popular es que todo comenzó con el agua o en el fuego, por una pequeña célula viva que fue desarrollándose casualmente hasta llegar a ser un ser vivo, un pez o una ave, y así poco a poco, pasar a formas más concretas y desarrolladas, un mono, el cual por el uso va desarrollando facultades y a través de un proceso de milenios llegar a ser el hombre de la actualidad.

Sólo que, si por esta teoría, se nos quiere decir que todas las cosas tienden a perfeccionarse por el uso, y aceptamos esta respuesta como válida, nos encontramos en un verdadero problema racional y lógico, ya que según nuestra experiencia de la vida, todo tiende a deteriorarse y estropearse con el paso del tiempo; en la vida animal y la vegetal y humana , así está demostrado, todo degenera y nada tiende a perfeccionarse, por eso la evolución no nos contesta a esos interrogantes del principio de este capítulo, no nos soluciona las grandes demandas de nuestra conciencia y espíritu, dejándonos aún más confusos, pues no hay elementos que estén evolucionando actualmente, pero estos militantes del racionalismo justifican este problema de la forma más irracional; dicen ellos, pues, de seguro que debe de haber algún eslabón de la cadena evolutiva perdido, y así, tan bonitamente se lo tragan muchos en el día de hoy. La filosofía de la evolución no contesta a las profundas necesidades del ser humano, ni a sus ansias de justicia, respeto mutuo, paz y amor, cosas éstas que sólo se exigen al ser humano, y no entre los monos o los lagartos; además, esta verdad está apoyada por la experiencia racional de todos los hombres de la tierra.

¿Tiene el cristiano respuestas válidas para estos problemas? ¡Claro que sí! Además, espirituales, lógicas y científicas apoyadas por la experiencia universal del individuo.

En la narración del primer libro de la Biblia, sobre la creación, se destaca como única y especial la creación del hombre, a diferencia de la creación animal o de las otras especies, minerales o vegetales.

La creación del hombre, según la historia bíblica, estaba precedida por el anuncio de Dios de que el hombre había de poseer una personalidad que reflejara a su Creador en ciertos aspectos. Dice el relato: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza, y señoree en toda la tierra y en todo animal...» (Génesis 1:26).

Esto, por lo menos, concuerda con la experiencia universal de todos los hombres que pueblan los continentes de este planeta, por lo menos el hombre y no el mono (aunque las películas de ciencia ficción nos quieran decir que esto último pudiera llegar a ser) es el que señorea y extermina a toda la subcreación animal, y él es el único que domina los elementos físicos de toda la creación.

En el relato más extenso del capítulo 2 del libro de Moisés, llamado el Génesis, se indica que el hombre se relaciona con el orden natural, ya que Dios lo formó del polvo de la tierra, pero también nos informa que el hombre contiene alma, a diferencia de todos los animales, por un acto especial y poderoso de Dios. «Y alentó Dios en sus narices soplo de vida y fue el hombre un alma viviente» (Génesis 2:27).

Repasemos la historia. La imagen no puede ser física, pues Dios es Espíritu, de modo que esto se refiere a la personalidad del hombre, que fue dotado de cualidades racionales y morales, que le distinguen del todo de los animales, aun de los más desarrollados.

Además, los animales sin excepción están sujetos a unas leyes que les impiden ser otra cosa que lo que son, tienen derroteros marcados para siempre, pero el hombre está dotado de voluntad propia, de libertad, pues Dios quería que su criatura coronara de una forma perfecta a toda la creación, y correspondiera libremente a su amor por medio de la obediencia pronta y voluntaria. El apóstol San Pablo nos dice que el hombre completo es... «Espíritu, alma y cuerpo...». Por medio del espíritu el hombre está capacitado para tener comunión con Dios, su Creador, y su alta Dignidad; por medio del alma, asiento principal de su personalidad, es consciente de sí mismo y de los demás seres humanos, y por medio del cuerpo el hombre hace contacto con su medio ambiente material.

Por su desobediencia, el hombre ha caído en desgracia, se ha alejado de su Creador, y por eso sufre las consecuencias y desgracias que él mismo aborrece y desearía erradicar de su propia vida. Para este tema véase "Si Dios es tan poderoso,...".

Concluyo diciendo que el hombre ha sido creado por Dios, que éste se ha alejado voluntariamente de su Creador acarreándose para sí mismo la desgracia y desventura humana,que si nos arrepentimos y volvemos a Dios para hacer su voluntad, de esa forma, nos hallamos a nosotros mismos recuperando la paz y la esperanza con plena seguridad; no hay seres casuales, todas las formas animales pertenecen al orden creativo de Dios, ni tan siquiera el orden ecológico existente es casual, sino mantenido por la Omnipotencia divina.

No hay ni habrá un mono que haga o componga una obra musical como la que estoy escuchando en este mismo momento (El Mesías) de Hándel o cualquier otra de las obras inmortales que el hombre ha realizado.

Como no hay ningún animal que se arregle el día del Señor para ir a la Iglesia y adorarle dándole gracias por la vida preciosa que le ha dado, sencillamente porque no puede, pero tú sí puedes, y tu Creador te invita a que dejes todas las quimeras de esta vida creadas por los hombres, y te vuelvas a Él de todo corazón.

¿por qué existimos?


Esta pregunta es de las difíciles. Un científico ateo diría que es casualidad, evolución y quien sabe por qué otra razón. Siempre he pensado que Dios nos dio la existencia por amor. Ya sé que parece raro que por amor deje que ocurran tantas guerras, hambrunas, contaminaciones y demás males de la Tierra. Pues mira Milena, si algún día vas a ser madre te darás cuenta que a tus hijos no siempre les vas a tener que dar la mano para que no se caigan. Para que maduren, debes dejarlos cometer sus errores, y te juro que eso duele, pero no hay otra posibilidad, tienen que hacer su vida. Es lo más cercano a una explicación, si como humanidad no cometemos estos errores, tal vez no maduremos, pero es cierto que somos responsables de ellos. Solo espero que no nos juzgue muy severamente.

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