La Cohetería en la Argentina

MANUAL DE INFORMACIONES

VOL. XII – No. 1 – 2 – 1970




COHETES EN LA ARGENTINA

Por Benjamín Meiojas



La Cohetería en la Argentina
(Orión II de la FAA. Esta replica en escala voló en el año 2007 hasta los 4.000 metros de altitud, transmitiendo telemetricamente a una computadora portatil ,su trayectoria , aceleracion, velocidad, altura, tiempo de vuelo, momento de apertura del paracaidas y lugar exacto de recuperación. Un buen elemento educativo..)



La apabullante serie de realizaciones espaciales nos hace, muchas veces, olvidar o subestimar los estudios, investigaciones y logros –si bien pequeños cuando se los compara con los fabulosos proyectos Apolo- efectuados en nuestro país, en mancomunado esfuerzo de técnicos y científicos argentinos, militares y civiles. Otras veces no es la maravilla de los paseos lunares lo que hace que desconozcamos el esfuerzo argentino, sino simplemente una ausencia de promoción y difusión de tales esfuerzos, o más concretamente, la mayoría del pueblo argentino ignora lo que en este campo están realizando sus compatriotas. Para salir de esta situación intentaremos ahora ofrecer un panorama de tales trabajos.


PRIMERAS EXPERIENCIAS A NIVEL OFICIAL

Los estudios e investigaciones espaciales realizados en el país se remontan a varias décadas atrás, cuando tímidamente nuestros técnicos y científicos empezaron a encarar el desarrollo de una posibilidad que se abría por igual a todo el mundo. Variados fueron los ensayos oficiales, individuales y particulares realizados, pero hay una fecha clave en todo ese proceso: el 2 de febrero de 1961.
En efecto, ese día en la localidad cordobesa de Pampa de Achala, se produjo un acontecimiento que marcaría rumbos incontenibles para la conquista espacial argentina: la realización del primer experimento tentativo oficial en lo que sería una carrera en la investigación aeroespacial; el empleo de cohetes nacionales con miras a la conquista del espacio.

En dicha oportunidad, un cohete APEX A1-02 “Alfa Centauro” fue lanzado para estudiar la alta atmósfera, con resultados más satisfactorios. A partir de ese momento nada detendría a los estudiosos, técnicos, científicos y hombres del arma aérea, empeñados en hacer realidad algo que parecía imposible. Es así como posteriormente se efectuaron otros lanzamientos empleando cohetes similares al primero, ya sea para verificar el comportamiento dinámico y el seguimiento de la cápsula en descenso de los cohetes “Alfa Centauro” y “Beta Centauro”, como para la medición con sistema telemétrico de abordo, realizar pruebas de separación de la segunda etapa, recuperar la cápsula y obtener otros datos afines.

Hasta el 12 de febrero de 1962 –un año después del primer experimento- se efectuaron 18 lanzamientos aproximadamente, y sus resultados, si bien no fueron del todo satisfactorios, en general permitieron alcanzar los objetivos trazados.
Siete días después, precisamente el 19 de febrero de 1962, se efectuaron en la guarnición aérea de Córdoba, 5 lanzamientos utilizando motores Scar 2,65 y cápsula recuperable. Se trataba de comprobar la separación de la cápsula, comandada por un “timer” regulado a 5 segundos y medio de la partida; verificar la apertura del paracaídas portador de la cápsula; medir la altura a que se producía la separación de la misma después del lanzamiento; verificar el encendido de una carga fumígena de 16 gramos puesta dentro del explosor; controlar el funcionamiento del equipo telemétrico; efectuar la prueba de una carga fumígena de 30 gramos; el seguimiento del paracaídas con telémetro; la recuperación del mismo en vuelo; etc. En la mayoría de los casos, los resultados tampoco fueron del todo satisfactorios.

Nuevamente, entre el 9 de abril y el 4 de mayo, se efectuaron en Pampa de Achala otros 3 lanzamientos con cohetes APEX-Scar para la medición de la temperatura ambiente y la presión estática; verificar el funcionamiento de la llave de velocidad y la apertura del paracaídas, y comprobar el encendido de una carga fumígena de 260 gramos.
En mayo de 1962, otra vez en Córdoba, se hicieron experimentos con dos cohetes similares a los descriptos anteriormente, pero la diferencia principal estribaba en que la carga fumígena empleada alcanzaba a 350 gramos (65% de fumígeno amarillo y 35% de pólvora negra aproximadamente), pero los resultados volvieron a dejar que desear.

No resultará difícil para el lector comprobar cómo, paulatinamente, se fueron produciendo adelantos en las investigaciones, tal el caso del aumento de la carga fumígena. Se avanzaba en forma lenta, pero positiva, pese a los muchos fracasos.
Desde el 5 de mayo al 2 de agosto de 1962, se llevaron a cabo nuevos ensayos en Córdoba; esta vez para poner a prueba un sistema de localización de paracaídas en vuelo, por medio de un avión y apoyo de tierra; la lectura de aparatos; la comprobación del encendido de la carga fumígena a partir de un lapso determinado de la separación de la cápsula; la verificación del sistema de recuperación accionado con llave de presión dinámica, regulada para actuar a 60 metros por segundo y una altura de 1300 metros sobre el nivel del mar y a los 9 segundos del lanzamiento; el uso de un acelerómetro de máxima, para registrar la aceleración de la cápsula de separación; el registro del funcionamiento del sistema de transmisión por radio, y la comprobación y funcionamiento del sistema fotográfico. Esta vez los resultados fueron coronados por el éxito.
Resulta auspicioso comprobar en qué forma se fue progresando. Nótese que ya se comenzó a hablar de recuperación de la cápsula en un lapso determinado, de transmisión por radio y de sistemas fotográficos, elementos estos fundamentales para poder proseguir con los ensayos.



CHAMICAL

El 10 de mayo de 1962, el Centro Experimental de Lanzamientos de Proyectiles Autopropulsados (CELPA) de Chamical, provincia de La Rioja, inició sus actividades con miras a superar los semifracasos anteriores, especialmente para verificar la comprobación del encendido de una bengala; la prueba dejó saldos positivos.
Con el mismo éxito se realizó en este campo de pruebas, el 6 de diciembre, el lanzamiento de la segunda etapa del cohete “Gamma Centauro”, a los efectos de comprobar su comportamiento dinámico.

Nueve días después se realizaron 5 lanzamientos con cohetes “Apex”, “Alfa y Gamma Centauro”, por medio de los cuales se intentó comprobar la separación de la ojiva y el despliegue del paracaídas; medir la altura alcanzada mediante la visualización de una granada fumígena; el registro de puesto alejado de destellos de flash, emitidos por el cohete, etc.

Durante el año 1963 se efectuaron varios lanzamientos con distintos tipos de cohetes, ya sea el “Gamma Centauro” modelo I y II, y el “T-10”; los objetivos de estos operativos fueron entre otros: el registro de trayectoria mediante el uso de teodolitos; comprobar el funcionamiento de trayectoria del “Gamma Centauro” modelo II, con cineteodolitos; la verificación visual de estela de sodio y yodo, formada por la carga química de cabeza.

En el año 1964 se hicieron pruebas con cohetes “Scar”, con cabeza “Orion” y “Gamma Centauro” para verificar el funcionamiento de separación de la carga útil, la recuperación del cohete y ensayo de recuperación de la cabeza telemétrica para su empleo en zonas frías, y la mediación de radiaciones. Con cohetes DIM (BOOSTER M-2T) las pruebas consistieron en la mediación de vientos hasta 8000 metros de altura. Este fue un año de satisfacciones por cuanto el 90 por ciento de las experiencias resultaron exitosas.



EL OPERATIVO ION 64

En la plataforma del CELPA 1, en Chamical, se erigió en noviembre de 1964 la inconfundible figura del cohete “Niké-Cajun 02” (Niké, 1ra etapa; “Cajun”, 2da), de 800 kilos de peso.
Momentos después se pudo observar las volutas de humo y la clásica llamarada anaranjada de la deflagración causada por el iniciador del cohete, que indicaban el comienzo de su viaje ascendente, el cual llegó a más de 130 Km de altura. Esto ocurrió el 3 de noviembre y significó la culminación del “Operativo Ion 64.”

Si bien en esta emergencia los objetivos buscados no diferían mucho de los de las experiencias anteriores, se hace necesario sin embargo mencionar la labor que cumplió –y sigue cumpliendo- un grupo reducido de 8 técnicos especializados en esta materia, pertenecientes al Instituto de Investigación Aeronáutica y Espacial (I.I.A.E) de Córdoba, a los cuales se les dio el apodo de “los Intocables”, parangonando así a los personajes de la famosa serie de televisión.
Claro que las investigaciones que realizan estos “intocables” se diferencian mucho de las de los conocidos agentes federales, ya que los obliga a mantenerse informados y actualizados sobre la constante evolución del material con que operan, así como en el conocimiento de nuevos tipos de cohetes, misiles, rampas y materiales en general.

Es verdaderamente encomiable resaltar las tareas previas y posteriores de cada lanzamiento, en las cuales intervienen, y que van desde el control, revisión, ajuste, etc., del cohete, hasta el cumplimiento de horarios de trabajo que no tienen límite, ya que tanto se desempeñan en Chamical, la Antártida, como en Córdoba.
La mayoría de ellos ha participado activamente entre 50 y 70 lanzamientos, o sea que ya poseen la suficiente experiencia como para ser considerados justificadamente como pioneros y los futuros maestros de la cohetería argentina.




LA BASE BENJAMÍN MATIENZO

El año 1965 se inició con experiencias que marcaron etapas excepcionales en la carrera de la cohetería argentina. Más precisamente, el 5 de febrero de ese año, en la base antártica “Benjamín Matienzo” comenzó una actividad inusitada tras el arribo del avión TA-05. Se trataba de llevar a cabo la primera experiencia latinoamericana en zona fría, por la cual nuestro país pasaría a ser el tercero en el mundo –después de EE.UU. y la URSS- en realizar este tipo de experimentos.
Lo destacable del caso es que el “Operativo Matienzo”, que consistía en el lanzamiento conjunto de cohetes y globos sonda en la Antártida y en Chamical, a cargo del CELPA, se realizó íntegramente con materiales, técnicos y personal argentinos. Se buscaba el estudio de las condiciones de la radiación Roentgen y meteorológica en la alta atmósfera, para lo cual se contó con cohetes del tipo “Gamma Centauro” fabricados por D.I.N.F.I.A, y material facilitado por la Universidad Nacional de Tucumán, que contribuyó asimismo con técnicos y personal.

La operación, que venía siendo planificada desde septiembre de 1963 por el I.I.A.E, constituyó un brillante éxito científico.
Los requerimientos efectuados para llevar a cabo esta experiencia fueron los siguientes: un vehículo portador (cohete); equipos (carga útil) para medir el parámetro designado; equipos de apoyo terrestre especiales para el lanzamiento; personal entrenado en las diversas fases del operativo; apoyo logístico de una base meteorológica; comunicaciones y transporte de los materiales desde el continente a la base Matienzo.

Cabe señalar que dicha base se encuentra en el islote Larsen, perteneciente al archipiélago volcánico Munatak Foca, situado en medio de densas masas de hielos perennes y zonas de presión. En los meses de verano la barrera de hielo se acerca a 30 kilómetros de la base, la que entonces puede ser alcanzada solamente por naves rompehielos.
La Fuerza Aérea de Tareas Antárticas (FATA) prestó su más decidido apoyo, preparando especialmente un avión del tipo C-47 para realizar vuelos sin escalas desde Río Gallegos. Gran parte de la carga fue transportada en dos viajes efectuados con anterioridad, en septiembre de 1964.

Por su parte, la Universidad de Tucumán aportó los globos sonda utilizados y las cargas útiles de los mismos, así como el personal técnico especializado que actuó principalmente en la parte del experimento conjunto realizada en la base Chamical.
Las comunicaciones entre la base Matienzo, y la de Chamical, así como la de éstas con la Secretaría de Aeronáutica, fueron aseguradas por la Fuerza Aérea. En cuanto a la responsabilidad total del experimento, la misma recayó en el I.I.A.E.

Los cohetes “Gamma Centauro” utilizados en el operativo –tres en la Antártida y dos en La Rioja- pertenecían a la última etapa del “Proyecto Centauro”, una serie de tres tipos (Alfa, Beta y Gamma) con un alcance vertical máximo de 45 kilómetros.
La carga útil empleada, tanto en los cohetes como en los globos sonda, consistió en un cristal plástico montado sobre un fototubo, cuya función era la de convertir la energía electromagnética de los rayos de la alta atmósfera en energía lumínica, que excitara al fototubo, dando por el mismo un impulso de salida. Ese impulso era amplificado y transformado hasta 6 voltios y 100 microsegundos de duración y la señal resultante, conformada y ampliada a su vez, era recogida por un transmisor telemétrico, cuyos mensajes se recibían en tierra y se registraban en grabadores fotomagnéticos.
A menos de 24 horas de la llegada del avión con los materiales solicitados, ya se había efectuado un lanzamiento, lo que habla a las claras de la eficiencia y organización del personal adscripto a dicho operativo.
En total, en la base Matienzo se lanzaron tres cohetes y dos globos, entre el 6 y el 8 de febrero de 1965.


FIJACIÓN DE OBJETIVOS

Los esfuerzos realizados hasta aquí parecerían dar la razón a los que arguyen que sería mejor obtener equipos en países más adelantados en este campo. Sin embargo, los responsables –en este caso el Comando de Investigación y Desarrollo- tenían y tienen la convicción de que con esa labor se procuraban objetivos de gran trascendencia, a saber:

a) Mantener a nuestro país en un adecuado nivel de cooperación con los otros países del mundo dedicados a la investigación científica en el espacio.
b) Tener un conjunto mínimo de personal capacitado para interpretar los adelantos de la tecnología espacial, incluso para poder asesorar a las autoridades superiores cuando deban tomar decisiones en materia de tanta importancia.
c) Sentar bases ciertas, para eventualmente contar, en el plan de defensa nacional, con el poder de la cohetería.
d) Afianzar personal científico en el país, contribuyendo a crear condiciones que eviten el tan lamentado éxodo de científicos nacionales.


LAS EXPERIENCIAS CONTINÚAN

Entre el 3 de octubre de 1965 y el 10 de noviembre de 1966, se efectuaron, a cargo de CELPA, 13 lanzamientos, empleando diversos tipos de cohetes “Orion II”, tratándose de ensayos dinámicos, temperatura en el cono, medición de radiaciones atmosféricas, evaluación de performances, flujo de neutrones y otros datos necesarios para poder continuar las futuras experiencias.
Cabe acotar que los lanzamientos mencionados se efectuaron en las bases de Chamical, Tartagal y Wallops –esta última en Virginia, Estados Unidos-. En la base Wallops fue posible obtener el descenso de la carga útil de uno de los cohetes, el que fue retardado por medio de un paracaídas y recuperado por un helicóptero a 800 metros de altura, constituyendo la primera recuperación en el aire efectuada en dicha base.
Igualmente, en la base norteamericana los tres lanzamientos se efectuaron empleando cohetes argentinos, es decir el “Orion”.


LA OPERACIÓN ORION-ECLIPSE

Esta operación formó parte del programa nacional de actividades desarrolladas en el país con motivo del eclipse solar del día 12 de noviembre de 1966 que constituyó la culminación de todo un programa de desarrollo técnico-científico totalmente argentino, llevado a cabo por la Fuerza Aérea, e integrado en otros programas conjuntos realizados por otros países: EE.UU. (National Science Foundation) y Francia (Centro Nacional de Estudios Espaciales). Con este último país se llevó a cabo la experiencia “Titus”, en Las Palmas, provincia del Chaco, y con la NASA (norteamericana) se emplearon 12 cohetes “Arcas” en Vespucio, provincia de Salta.

En efecto, con motivo de las performances altamente satisfactorias obtenidas con los cohetes “Orion II” durante los lanzamientos realizados en el CELPA (Chamical), el 13 de agosto de 1966, las autoridades de la Aeronáutica resolvieron llevar a cabo este operativo.
El día 12 de noviembre, en un lugar situado a 3 kilómetros de la carretera General Güemes, próximo a la localidad de Ciro Echesortu y a 9 kilómetros de Tartagal, Salta, el I.I.A.E tuvo a su cargo la instalación de la base de lanzamientos para esa experiencia.

El principal objetivo fue medir el flujo de neutrones en la alta atmósfera, provenientes del Sol, y la determinación de su energía durante y después del eclipse. Solo 27 personas estuvieron afectadas a la operación, todas ellas pertenecientes al I.I.A.E.
El traslado del furgón de recepción de telemetría, rampa de lanzamiento y grupo electrógeno, se hizo por vía terrestre, mientras que por vía aérea lo hizo el grueso del personal, como también las cargas útiles científicas, los vehículos cohetes, equipos electrónicos y científicos de tierra, en viaje directo de Córdoba a Tartagal (Salta).

Para esta experiencia se emplearon dos “Orion II” tratándose de cohetes sonda de una etapa, integrados por un motor-cohete de propulsante sólido (1) de alta performance (2), que transportaban una carga útil de 20 kilogramos, consistiendo la misma en un cono de nariz construido en chapa de acero con estructuras internas para la instalación del instrumental y equipo de telemetría.
Como corolario de este operativo, cabe consignar que el mismo fue coronado por el mayor de los éxitos, habiéndose logrado una precisión satisfactoria, como si se tratara de un cohete guiado, en cuanto a trayectoria, correcciones por vientos, altura y zonas de impacto previstas.
A fin de dar una idea de la magnitud y precisión de esta actividad técnico científica, cabe mencionar que la exigencia era colocar una carga útil de 20 kilos a 100 kilómetros de altura; es decir, en el apogeo del cohete, exactamente en un recorrido en el espacio que hiciera que el vehículo incursionara en la sombra del eclipse total, durante el mayor tiempo posible.

Con esta gran experiencia quedó demostrado una vez más que nuestros técnicos y científicos (civiles y militares) poseen los conocimientos, capacidad y por sobre todo, gran sentido de responsabilidad. Si tenemos presente el compromiso contraído en esa eventualidad en el orden internacional, de esos resultados se sacaron conclusiones de valor científico incalculable, demostrando, por sobre todo, que nuestro país quedaba integrado en el conjunto de naciones que poseen una acabada experiencia en esta materia.


EL PROYECTO “BIO I”

No hace muchos años nació un ambicioso proyecto cuando algunos hombres de nuestra Fuerza Aérea decidieron dar un paso significativo en la investigación y experiencia científica argentina: poner a punto y desarrollar un sistema que permitiera la utilización de cargas útiles de cohetes de fabricación nacional en operaciones biológicas, basándose en la moderna técnica científica llamada “biónica”.
De ahí que se pensara en la preparación y lanzamiento de un animal de pequeñas dimensiones a gran altura, cuyo cohete transportador pudiera ser telemetrado y recuperado en óptimas condiciones.
Por tal motivo, dicha experiencia se denominó “Bio I”, empleándose la carga útil del “Orión II” que llevó en la base del cono la cápsula Bio I, conectado a un cohete “Yarará” de menor empuje.

La elección animal recayó en una rata blanca, debido a su similitud con mamíferos superiores, incluso con el hombre; claro está, en lo que hace a las reacciones fisiológicas. Su nombre, “Belisario”; sexo, masculino; edad, cinco meses; peso, 170 gramos.
En la pista de la Escuela de Tropas Aerotransportadas (Córdoba) el día 11 de abril de 1967, se produjo el lanzamiento de tan preciada carga, ante la expectativa y ansiedad de los asistentes. El éxito del disparo fue tan extraordinario como el resultado final, pues a los 28 segundos se abrió el paracaídas que portaba la cápsula y en su interior al primer navegante argentino que contribuyó al progreso científico nacional en el espacio: “Belisario.”








MANUAL DE INFORMACIONES

VOL. XII – No. 3 – 4 - 1970




COHETES EN LA ARGENTINA

Segunda Nota: por Benjamín Meiojas


Se narra aquí los estudios realizados por la iniciativa privada y los últimos desarrollos estatales y privados que han colocado a nuestra cohetería espacial en un relevante lugar dentro del concierto mundial.


Los primeros pasos en la investigación espacial argentina en el orden privado fueron dados hace unos 15 años. En efecto, allá por diciembre de 1959 surca el espacio el primer cohete civil argentino. El Instituto de Experimentaciones Astronáuticas –creador del aparato precursor- lo había bautizado con un nombre caro al sentir nacional: “Martín Fierro”, de muy modestas pretensiones: sólo 1700 metros de altura de alcance. Era un pequeño cohete de sólo 20 centímetros de largo por 2,5 de diámetro, que comúnmente denominaban “lápices cohetes.”

IDEA (Instituto de Experimentaciones Astronáuticas) surgió en febrero de 1957, pocos meses después efectuaba una exposición en la calle Florida que fue concurrida por más de 300 mil personas. De allí se desprendieron varios grupos; el más importante fue el CEDAO (Comisión de Estudios y Difusión de Astronáutica y Ovnis.)

Hacia 1963, se funda el ICTE (Instituto Civil de Tecnología Espacial) el cual en cinco años desarrolló el llamado Programa Felino –llamado así por los nombres puestos a sus realizaciones- con el objetivo de cubrir las necesidades de aprendizaje, adiestramiento y formación de personal, así como chequear materiales y elementos para trabajos de mayores ambiciones. Durante el Programa Felino se efectuaron 87 lanzamientos, de los cuales solo 8 fracasaron. Nombres como Gato Negro A-1, Tigre A-2, Jaguar A-3, Leopardo A-4, Sonda Pantera A-5, etc., fueron característicos de esta empresa. Uno de los lanzamientos del ICTE, que se cumplió solo en su faz balística, debió llevar en la cabeza del cohete equipos destinados a indicar el desarrollo de la alta atmósfera mediante una explosión que liberó pequeñas placas metálicas de dimensión apta para ser captadas por el radar.
Otro de los experimentos estuvo destinado a verificar un sistema para combatir el granizo. La carga útil del proyectil produce en esos casos una explosión y la siembra de productos químicos en frentes de tormenta con granizo, origina el efecto beneficioso de convertirlos en lluvia.
Autoridades del ICTE expresaron en esa oportunidad que con un costo de 35 pesos, cada proyectil neutraliza un kilómetro de granizo, siendo por lo tanto de mucha aplicabilidad por su bajo costo, especialmente en Mendoza, donde este fenómeno meteorológico destruye anualmente grandiosas fortunas. Finalmente se produjo el más espectacular y emocionante lanzamiento que consistió en el viaje de Alfa y Gamma, dos pequeñas ratas de laboratorio, hasta una altura de 8000 metros aproximadamente, luego la pequeña cápsula con las dos viajeras fue recogida en tierra, donde cayó suavemente gracias a un paracaídas de reducidas dimensiones, a solo 100 metros del punto de lanzamiento.
Alfa ya era una astronauta consagrada, pues dos semanas antes había participado de una experiencia semejante junto con su congénere Beta, que no participó en el último experimento.


EL PROGRAMA EXAMETNET

El 14 de junio de 1967 se realizó en Chamical una prueba, que formaba parte del programa mencionado, de investigación científica de la estratósfera. Para ello se utilizó un cohete Arca, de 2,50 metros de largo y 12 centímetros de diámetro, con un peso de 40 kilogramos. En esa oportunidad el artefacto transportó una carga útil de 8 kilos y alcanzó una altura de 75 kilómetros.
Después de separarse del cohete portador, la instrumentación científica descendió suspendida de un paracaídas metálico, siendo su movimiento seguido por radar.


EL EXPERIMENTO “ION-AER 1/67” (Iones y Vientos)

El 31 de agosto de 1967, desde la base Chamical se produjo el lanzamiento de un cohete Niké-Apache de dos etapas, no guiado, estabilizado por cuatro aletas, de 8,50 metros de longitud, 44,4 centímetros de diámetro y 720 kilos de peso, de construcción norteamericana, que alcanzó 222,5 kilómetros de altura.
Su lanzamiento obedeció al plan de estudio de las capas esporádicas de la ionósfera, que aparecen y desaparecen en forma intermitente; los datos transmitidos arrojaron valiosa información sobre la densidad de los iones y los electrones, flujos de radiación “X” y ultravioleta y el campo magnético longitudinal y transversal.
Luego –el 2 de setiembre- se llevó a cabo el lanzamiento del segundo Niké Apache, habiendo alcanzado en esta oportunidad una altura de 225 kilómetros.
En total se realizaron experiencias con cinco cohetes: dos Niké y tres Centauro, estos últimos de fabricación francesa.


EL PRIMER LANZAMIENTO EN MAR CHIQUITA

El 14 de setiembre de 1967, el periodismo oral y escrito del país daba a publicidad los pormenores de varios lanzamientos simultáneos que se efectuaron el día anterior.
Por una parte se trataba de iniciar las actividades en el futuro Centro de Experimentación y Lanzamiento de Proyectiles Autopropulsados denominado Celpa Atlántico, y por otra Celpa I, en Mar Chiquita, provincia de Buenos Aires y en La Rioja respectivamente. Ese día, en Mar Chiquita, a 100 metros del Océano Atlántico, se encontraba instalado una especie de gigantesco cañón. Era un tubo de lanzamiento del cohete meteorológico Arcas 29,336 de fabricación norteamericana.
El conteo regresivo se realizó por altoparlantes, y al llegar a cero igual a cero, ante la mayor expectativa de los concurrentes, se escuchó un fuerte y seco estampido. A las 16.45 al Arcas comenzó a alejarse a razón de 1200 metros por segundo.

El centro de control hacía su primer contacto y la estación de telemetría informaba: “Primera etapa de ascensión cumplida.” Todo iba bien. Después de cuarenta minutos la ojiva que llevaba el cohete comenzaba a enviar los primeros datos de la atmósfera atlántica con nitidez asombrosa. Momentos más tarde la misma iniciaba su regreso a tierra pendiendo de un paracaídas.
Casi simultáneamente, desde Chamical se efectuaba el lanzamiento de un cohete Hasp, de características similares al utilizado en Mar Chiquita, en cuanto a su alcance: 70 kilómetros aproximadamente.

Las motivaciones que llevaron a las autoridades aeronáuticas a efectuar el experimento en Mar Chiquita, fueron las de comprobar la adaptabilidad de esa zona, cercana al Atlántico, para establecer una futura base de lanzamientos con fines meteorológicos, cuestión que se veía favorecida por su inmejorable situación geográfica y su proximidad a la base aérea de Mar del Plata.

La experiencia conjunta, que se denominó “Exametnet”, Alfa (Mar Chiquita) – Bravo (Chamical), obedecía a exigencias del programa de investigación conjunta NASA, CNAE (Comisión Nacional Aeroespacial de Brasil) y CNIE (Comisión Nacional de Investigaciones Aeroespaciales de la Argentina), para la determinación de valores termodinámicos de la estratomesósfera, datos que se obtuvieron con un detector meteorológico terrestre, que fueron enviados 48 horas después a EE.UU. para su control e investigación definitiva. De esta manera quedó concretada la primera experiencia espacial en la costa atlántica argentina.

El futuro Celpa-Atlántico abarcará nada menos que 1700 hectáreas, desde el sector conocido como la Bolsa, especie de isla rodeada casi totalmente de agua salitrosa y en la cual se deberá construir un puente de 200 metros para llegar a ella. Es evidente que en la base aeroespacial en el futuro se desarrollarán actividades de tal importancia que la misma se constituirá en una de las más modernas del continente americano.
Cinco días de estos acontecimientos –8 de setiembre- noticias procedentes de las Naciones Unidas expresaban que la Argentina había propuesto a ese organismo internacional que se subvencionara el funcionamiento de la base espacial de Chamical, así como de la que se está construyendo en la costa Atlántica, cerca de Mar del Plata. La propuesta argentina fue recibida por el Subcomité científico y técnico del Comité de las Naciones Unidas para el uso pacífico del espacio ultraterrestre. Al poco tiempo, la mencionada subcomisión confirmó la recomendación del patrocinio de la UN para la instalación de la base en Mar Chiquita.



cohetes
("Pantera" es un cohete experimental totalmente argentino y privado del año 1970 que transportó una mona como tripulante a 20 km. de altura. Fue construido por el ICTE - Instituto Civil de Tecnología Espacial)

EXPERIMENTO CÍVICO-MILITAR

La segunda semana de diciembre de 1967, la base Chamical fue nuevamente escenario de un triple lanzamiento de cohetes Orion II.
En esta oportunidad se pudieron apreciar los esfuerzos conjuntos realizados por el Centro Nacional de Radiación Cósmica (CNRC), el Instituto de Ingeniería Eléctrica de la Universidad Nacional de Tucumán y el IIAE de DINFIA. Los objetivos perseguidos con estas experiencias eran tres: a) Medición de rayos X de energía superiores, mediante un cristal de ioduro de sodio. La electrónica del sistema analiza las pérdidas de energía, separándolas en canales; b) Medición de la componente cargada de la radiación cósmica primaria, desde los 50 kilómetros de altura y c) poner a prueba la telemetría, que además de los otros canales, incluye un canal correspondiente a un sensor de temperatura interior del sistema.

Para la medición de rayos X se separó la mitad superior del cono ojiva, en forma automática; al alcanzar el cohete los 50 kilómetros de altura. De este modo, el detector quedó expuesto directamente a la radiación incidente. Como aspecto de interés se agrega que los cohetes portaron como carga útil cuatro contadores Geiger, para mediciones cósmicas y su información se recogió en dos estaciones telemétricas ubicadas en tierra, en papel y cintas, para su posterior interceptación y estudio.


RIGEL “R-01”

A casi siete años del primer lanzamiento de un cohete Alfa Centauro y en el mismo escenario de tal acontecimiento, Chamical, la cohetería argentina logró un nuevo éxito en su carrera espacial. Más exactamente, el 17 de diciembre de 1967, un nuevo cohete de fabricación nacional llamado Rigel, de capacidad suborbital, despegó de la base para cubrir rápidamente 295 kilómetros de altura.

Durante el vuelo, que se prolongó 9 minutos, se comprobó que a pesar de las aceleraciones, vibraciones violentas y cambios de temperatura y presión, todos los equipos, incluidos los de telemetría, funcionaron correctamente.
El Rigel, cohete de dos etapas (Orion II y Canopus) cumplió con todas las mediciones e investigaciones que estaban previstas dentro de su programa de labor. Durante su trayectoria, los radares siguieron al cohete hasta llegar a 100 kilómetros de altura, luego se dirigió hasta las Salinas Grandes, en Santiago del Estero, a 220 kilómetros del punto de lanzamiento. Su trayectoria fue una parábola cuya cúspide alcanzó la altura a que suelen pasar los satélites artificiales.

Por sus características, es un cohete de múltiples aplicaciones, que según el IIAE permitirá cubrir un amplio campo de la actividad de la investigación espacial en el hemisferio sur, ya sea por su rendimiento como por la altura alcanzada por el mismo, única en las experiencias latinoamericanas.
El costo estimado del cohete –costo de experimentación y no de producción- fue alrededor de veinte mil pesos, muy inferior al de los cohetes norteamericanos y franceses utilizados en nuestro país.
Con anterioridad a esta experiencia, precisamente el 11 de junio de 1967, se disparó desde esta misma base un cohete Rigel, con una segunda etapa inerte, para evaluar el comportamiento dinámico del proyectil.

Hablar a esta altura de los acontecimientos sobre la capacidad técnico científica de los responsables de la cohetería argentina sería innecesario, pudiendo agregar como aspecto ponderable que el diseño del Rigel no es copia de ningún vehículo extranjero, ya que por su construcción y concepción puede considerarse totalmente argentino.


NUEVO EXPERIMENTO BIOLÓGICO

Si retrocedemos al día 11 de abril de 1967, cuando se llevó a cabo una experiencia con la rata “Belisario”, podremos apreciar que tanto las autoridades de Aeronáutica, como los científicos y técnicos civiles y militares, jamás se detienen, quedando ello demostrado con la prueba realizada más tarde, el 30 de agosto de 1969 en la base de Chamical, operación en la cual participó una rata blanca: “Dalila.” El cohete empleado fue un Orion II, de 188 kilos de peso, que alcanzó una altura de 20 kilómetros a una velocidad de 2850 Km/hora. La cápsula que transportó a “Dalila” pesaba en total 65 kilos.

El pequeño animal realizó el vuelo en estado de tranquilización, para lo cual se empleó un nuevo método, es decir, la aplicación de una anestesia que inhibe al animal de sus reacciones de defensa, pero que mantiene una normalidad sobre los parámetros fisiológicos. Dicho método fue desarrollado por el cuerpo biológico del Instituto de Medicina Aeroespacial.

Previa separación de la cápsula, los paracaídas se abrieron normalmente posibilitando así el descenso suave de la misma. La búsqueda y recuperación de aquella estuvo a cargo de un equipo compuesto por dos radares “Cotal", un avión especialmente instrumentado, un helicóptero y el sistema de comunicaciones radioeléctricas de enlace. La cápsula se posó sobre un árbol, a 17 kilómetros al Este del lugar de lanzamiento, siendo recuperada por el sistema mencionado.

Transcurridos 45 minutos del lanzamiento, “Dalila” se encontraba con vida y en los laboratorios donde era sometida a distintos análisis por parte del cuerpo biológico del Instituto.

Los objetivos fijados con esta experiencia fueron: a) Comprobar el funcionamiento de los sistemas medidores de temperatura; b) Controlar el ritmo cardíaco y respiratorio y c) Comprobar el sistema de frenado y recuperación de la cápsula. Con esta experiencia se dio cumplimiento a la cuarta etapa de la prueba que se denominó “Bio II” y que culminaría con el lanzamiento de un mono al espacio.
El vuelo del Orion II con el roedor a bordo –hito fundamental en los planes espaciales argentinos- significó, a juicio de los responsables de esta experiencia, todo un éxito.


SETIEMBRE DE 1969

El 12 de setiembre de ese año se cumplieron dos lanzamientos de cohetes con fines científicos y tecnológicos en Chamical.
El primero de ellos se realizó –al igual que en noviembre de 1966- en forma coordinada con otro similar efectuado en la base de la isla Wallops que la NASA tiene en Estados Unidos, y, como en aquella oportunidad, se empleó un cohete Niké-Apache (norteamericano) que alcanzó 250 kilómetros de altura. El mismo está provisto de dos etapas y transportó una carga útil de 30 kilos desarrollada en la Universidad Nacional de Tucumán, tendiendo a la medición de parámetro de la región ionosférica, comprendida entre los 90 y los 150 kilómetros de altura.

El segundo lanzamiento –tres horas y media después- consistió en un cohete Rigel (nacional) que llegó a 300 kilómetros de altura.
La operación total estuvo a cargo del Departamento de Aeronáutica de la Universidad de La Plata y de la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CNIE.)
Finalmente, cabe acotar que ambos lanzamientos estuvieron coronados por el éxito, y se obtuvieron en esa oportunidad los objetivos prefijados.


NAVIDAD 1969

Las experiencias con cohetes Rigel modelo 01 desarrolladas el 17 de diciembre de 1967 y el 12 de setiembre de 1969, contribuyeron a la obtención de un vehículo de trayectoria balística con capacidad suborbital, adaptado exclusivamente para experiencias científicas. Las alturas alcanzadas –300 kilómetros- son únicas en las experiencias latinoamericanas, no existiendo en esta parte del continente un cohete de producción nacional que haya alcanzado dicha cota.
En tales circunstancias quedó demostrado, una vez más, que nuestro país dispone de una capacidad técnica apta para llevar a cabo grandes realizaciones en este campo de la ciencia.

El año 1969 culminaría con la realización de tres experiencias llevadas a cabo los días 22 y 23 de diciembre, que sumadas a las otras tres realizadas en agosto y setiembre hicieron un total de cinco lanzamientos y seis experimentaciones. En efecto, en la noche del 22 de diciembre se inició lo que se denominó Experiencia Navidad con el lanzamiento del más poderoso de los cohetes construidos hasta el presente en el país: el Castor, prototipo que equivale a la mayor aspiración de nuestros técnicos y científicos, siendo el resultado de grandes esfuerzos por parte del IIAE.

El Castor comprende dos etapas, la primera está integrada por 4 cohetes Canopus y la segunda por otro artefacto igual.
En la experiencia de referencia sólo se empleó la primera etapa, siendo la segunda inerte o lastrada, causada por la cual llegó solo hasta 70 kilómetros de altura, siendo su performance del orden de los 500, altura que se espera lograr en las próximas experiencias, con todo el cohete armado.

La segunda prueba de la Experiencia Navidad también se llevó a cabo en la noche del 22 de diciembre y consistió en el lanzamiento de un cohete Rigel 04, de dos etapas, una integrada por un CANOPUS I y la segunda por un Orion II. La altura y velocidad alcanzadas fueron las previstas por el IIAR y la Universidad Nacional de Tucumán. Al día siguiente, a las 06.30 se efectuó la prueba más importante de la experiencia con el lanzamiento de un simio al espacio. En tal circunstancia, fue instalado en la ojiva un mono caí llamado “Juan.”

Ante una curiosa y expectante asistencia el proyectil rojo y gris se alejó hacia las alturas con su preciada carga. Ocho minutos después el helicóptero, encargado de la recuperación de la cápsula “Amanecer”, partía para cumplir su tarea de rescate. La espera ansiosa culminó con un revuelo de técnicos, periodistas y curiosos. La cápsula fue recuperada y traída con el pequeño simio sano y salvo, luego de alcanzar una altura de 60 kilómetros.

La cápsula en que viajó el monito “Juan” mantuvo durante todo el vuelo un ambiente rico en oxígeno con bajo porcentaje de anhídrido carbónico y de humedad. Por ese motivo, dispositivos especiales aseguraron una aislación térmica y acústica adecuada y proporcionaron una atmósfera debidamente oxigenada, con ventilación adecuada y control de la humedad y anhídrido carbónico. La temperatura se mantuvo equilibrada dentro de los límites fisiológicos normales. Además, se registraron electrocardiogramas, el ritmo respiratorio y la temperatura del cuerpo del animal, así como también diversos parámetros dinámicos del propio vehículo, todo lo cual fue logrado mediante la utilización de registradores telemétricos a distancia. Para una mayor ilustración en cuanto a las características del simio enviado al espacio, es dable destacar que el mismo es de origen misionero, fue cazado por personal de Gendarmería Nacional, tenía 2 años de edad, medía unos 30 centímetros de altura y pesaba 1400 gramos.

Esta experiencia significó la culminación del Proyecto Bio II y la concreción de la máxima aspiración: el lanzamiento y recuperación de la mayor carga útil transportada hasta el presente en nuestro país, y la ubicación privilegiada obtenida por nuestra cohetería dentro del marco mundial.


ANTROPOS 1

El éxito logrado por el IIAE alentó a los integrantes del Instituto Civil de Tecnología Espacial (ICTE) a acelerar sus estudios e insistir en el lanzamiento de seres vivientes al espacio, integrado dentro de su Operativo Antropos 1º. Así, el domingo 1 de febrero de este año (1970), llevó a cabo en el partido de Coronel Brandsen –Pcia. de Buenos Aires- la experiencia 150 de tal operativo, que consistió en el lanzamiento de un cohete Pantera X-1, de 110 kilos de peso, en cuya ojiva se instaló una monita caí previamente acostumbrada gradualmente a la fuerza centrífuga.

La experiencia se realizó con éxito en cuanto al funcionamiento del cohete, de sus mecanismos electrónicos de transmisión de datos por telemetría, así como de los mecanismos encargados de expulsar el paracaídas de recuperación. No obstante, el amarre del paracaídas no soportó el brusco tirón de su apertura, por lo cual la cápsula se precipitó a tierra por lo que no pudo recuperarse con vida al animal que portaba.
Pero este fracaso no desanima de ninguna manera a los hombres del ICTE, que siguen estudiando sus sistemas para futuros ensayos.

Mientras tanto, las autoridades del IIAE se encuentran abocadas a la obtención de un propulsante más potente y de fabricación nacional, pues el empleado hasta el presente es de origen francés y por lo tanto resulta antieconómico. Pero, aquí también se espera lograr éxito, aunque ello exija un aumento en el presupuesto asignado inicialmente para estas actividades. Los resultados finales retribuirán con creces las inversiones que hoy se hagan en esta materia.


ACTIVIDADES DEL ICTE


El Instituto Civil de Tecnología Espacial, organismo que ya tiene una vasta experiencia en lanzamientos de cohetes –experiencia del 4 de junio de 1967- realizó otro operativo el día 2 de febrero del corriente año, pero esta vez en la localidad de BRANDSEN (Pcia. de Bs. As.), denominándose esta experiencia “Antropos 1.”

Nuevamente, los organizadores del lanzamiento, trataron de lanzar un cohete cuya carga sería también una mona; si bien el lanzamiento fue un éxito en lo que hace al prototipo empleado, no lo fue en cuanto a la recuperación del simio, que se estrelló con su capsula de carga útlil y se enterró casí metro y medio en el lugar de caída; la causa: el amarre mecanico de las cuerdas sustentadoras del paracaídas que debía permitir el suave descenso de la mona, no resistió el fuerte tirón al abrirse el paracaídas de recuperación.



-Características del cohete y carga útil

Carga útil: Mona “CLEO”, peso 1.300 Kg
Etapas: 1
Peso total: 110 Kg
Altura aprox.: 20 kms
Combustible: sólido, 70 kgms
Empuje del motor: 2.400 kgms
Tiempo de combustión: 5 seg.


PROGRAMA “DRAGON 70”

En la Base de reciente creación, llamada CELPA-MAR DEL PLATA (en un principio: CELPA-ATLANTICO), precisamente, instalada en MAR CHIQUITA y formando parte de las actividades espaciales, organizado por el Comando en Jefe de la Fuerza Aérea, a través de la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CNIE), para el presente año, el 1 de mayo se lanzó el cohete ORION II –nacional- que ya había sido experimentado a través de numerosos y exitosos lanzamientos. En esta oportunidad se contó nuevamente con la valiosa colaboración de los especialistas de la Universidad Nacional de Tucumán que tuvieron a su cargo el desarrollo, construcción y calibración de la telemetría de abordo del cohete, cuya carga útil pesó 26 kgms. Con este prototipo, ya estábamos acostumbrados al éxito, y esta vez aconteció lo que era de esperar, pues, el mismo se elevó a 75 kms. en 5 minutos.
El objetivo de esta primera experiencia –dentro del programa señalado- era medir los rayos X producidos en la galaxia que llegan a nuestro planeta al ser absorbidos por la atmósfera.

La otra experiencia, considerada la más importante realizada en América Latina y por ende en nuestro país, consistió en el lanzamiento de un cohete de fabricación francesa. El 6 de mayo, en el centro espacial, de aspecto importante y sugestivo, se observaba la plataforma especialmente traída de FRANCIA, de la que emergía la fina y elevada perspectiva del cohete, notándose en las inmediaciones una compleja red de radares, estaciones telemétricas y otros instrumentos destinados a guiar y controlar el curso del proyectil a la que se sumaban las estaciones móviles de rastreo.
Exactamente a las 19.26 hs. todos los asistentes pudieron observar un fuerte resplandor seguido de un escaso segundo de silencio y luego un ruido atronador que marcó la partida del cohete; una estela lumínica que significaba la corrección de su ascenso quedó tras él.

Una vez que la carga útil alcanzó su punto máximo de altura, los elementos que la integran comenzaron a enviar datos a tierra, los que recibidos simultáneamente por 3 estaciones distintas de telemetría, eran interpretados por computadoras electrónicas. Los organismos que intervinieron en esta gran experiencia fueron el CNE, que financió el experimento; el Laboratorio de Radiación Cósmica del Instituto de Física de la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología de la Universidad de Tucumán; el IIAE de CORDOBA; CITEFA; el Laboratorio de Electrónica Espacial de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires; el Centro Nacional de Estudios Espaciales de FRANCIA, organismo este que tuvo a su cargo la proporción del cohete, la rampa y los pupitres de control de tiro, la asistencia y dirección técnica para el lanzamiento; la NASA: Universidad de RICE-TEXAS y el Servicio Meteorológico Nacional.

El desarrollo, construcción y calibración de la carga útil, el diseño y puesta a punto de la estructura portadora de los aparatos de medición, equipos de lanzamiento y cálculo de la trayectoria del cohete y estaciones receptoras de tierra, fueron elementos y materiales totalmente argentinos que hicieron posible el éxito obtenido en esta ocasión. Los objetivos científicos de la experiencia fueron tres: 1) Medición de protones y electrones en la zona magnética del Atlántico Sur, 2) Medición del espectro de energía de rayos X galácticos y 3) Medición de los rayos X reflejados en la atmósfera terrestre, a 30 kms. de altura; sobre el segundo punto existe interés mundial.
-Características y performances del cohete:

Nombre: DRAGON 1- Nº de serie 037.

Origen: Francés.
Etapas: 2.
Longitud: 7 metros.
Peso carga útil: 60 Kg (no recuperable.)
Altura alcanzada: 480 kms (aprox.)
Propulsante: sólido.
Peso total: 1.215 Kg

Tiempo de combustión:
1ra. etapa: 16 seg.
2da. Etapa: 39 seg.
Distancia caída carga útil: 340 Km aprox.



Finalmente y como corolario del presente trabajo, resulta auspicioso recordar que a principios de octubre de 1969, se realizó una reunión de autoridades de la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CNIE) y el Comité de expertos enviados por EE.UU. para considerar las condiciones de la Base MAR CHIQUITA, para valorar los experimentos realizados y los futuros programas.
De aprobarse por parte de dichos expertos la utilización de la base mencionada, la misma se convertiría en la tercera base de lanzamientos del mundo, dependiente de las Naciones Unidas, después de Cabo Kennedy, la instalada en THUMBA, en la INDIA.

La ARGENTINA ocupa actualmente el octavo lugar en antigüedad espacial, integrando así el núcleo en el cual se hallan identificados los países más desarrollados del orbe.





FUENTE: Preparó para el Museo Nacional de Aeronautica el Lic.Roberto J. Martínez


Acá encontré algo mas!
http://www.jpcoheteria.com.ar/Historiapdf.pdf

Fuentes de Información - La Cohetería en la Argentina

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5 comentarios - La Cohetería en la Argentina

@el_senior_89 Hace más de 3 años
+30
@tomijajaja12 Hace más de 3 años +1
Argentina
@Glegoo Hace más de 3 años
me regalas uno?
@TANGO111 Hace más de 3 años
y la cadetería?
espacio
@cosmonauta_83 Hace más de 3 años
Excelente post +10