Estos nuevos exploradores pueden darse el lujo de vivir sus sueños gracias a sus extraordinariamente profundos bolsillos. Significativamente, sus ambiciones exceden por lejos la de las naciones, que no tienen planes de enviar personas a tanta profundidad.
El avance está ocurriendo ahora en parte debido a los progresos en materiales, en baterÃas y en electrónica, que están bajando los costos y aumentando la capacidad de los sumergibles. Aun asÃ, el desafÃo es formidable. Los más difÃciles de construir son los compartimientos para la tripulación, cuyas paredes deben ser muy delgadas, fuertes y diseñadas con precisión para soportar las toneladas de aplastante presión. Los ingenieros están utilizando materiales inesperados, como esferas de cristal resistente a la presión.
Los humanos han descansado sus ojos en el Challenger Deep sólo una vez, hace medio siglo, en un navÃo de la armada de los Estados Unidos.En el descenso se quebró una ventana. El aterrizaje sobre el fondo revolvió tanto barro que los buzos pudieron ver poco y no tomaron ninguna fotografÃa. Estuvieron allà sólo 20 minutos.
Las incursiones a profundidades menores se han multiplicado con los años. Desde el descubrimiento del Titanic en el lecho del Atlántico Norte, en 1985, cientos de exploradores, turistas y cineastas (incluyendo a Cameron) han visitado el más famoso naufragio del mundo, que descansa a más de tres kilómetros de profundidad. El Challenger Deep y otros abismos similares forman parte de un vasto sistema de fosas en el lecho marino que cruzan el planeta. Los más profundos se encuentran en el PacÃfico Oeste.
El último gran desafÃo. A principios de abril, Branson dio una conferencia de prensa en Newport Beach, California, para presentar su sumergible. "El último gran desafÃo para los humanos -dijo Branson, el fundador de Virgin Atlantic y Virgin Galactic- es explorar las profundidades oceánicas". El vehÃculo y su nave madre costaron unos 17 millones de dólares, y se sumergirÃa este año.
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