Lenguaje animal

Lenguaje animal

Bueenas Tarigueros! Hoy les traigo un post sobre "el lenguaje animal", espero que les guste!

perros


ENTRE LAS PALABRAS Y LA ECOLOCALIZACIÓN
LENGUAJE ANIMAL

ballenas

MIENTRAS QUE UNA PARTE DE LOS ETÓLOGOS y linguistas considera el habla como algo exclusivamente humano, otra fracción de la ciencia actual asegura que los diferentes códigos de señales que usan los animales para comunicarse son verdaderos lenguajes, aunque de grado más simple que el nuestro. POR ÁNGELA POSADA-SWAFFORD Y FEDERICO KUKSO
loros


delfines


CONVERSACIONES EN EL REINO ANIMAL

EL CANTO DE UN PÁJARO, EL BRAMIDO DE UN CIERVO o los destellos que emite una luciérnafa no son sino mensajes para atraer a sus congéneres hacia el apartamiento o a potenciales presas para cazarlas. La ciencia estudia todas estas formas de expreción animal y hasta qué punto tienen similitud con el humano.
comunicación



monos



lenguajeUn perro de raza beagle llamado Harry pone su nariz en la pierna de su sueña, se dirige hacia la puerta y lanza un gemido. Mensaje recibido: "Quiero salir". Fifi, la gata siamesa, salta sobre el escritorio y guía a su amo hasta su plato de comida, como diciendo "tengo hambre".
Estos casos domésticos prueban que los seres humanos nos comunicamos a cierto nivel con las criaturas irracionales, como saben los biólogos y los etólogos que, para estudiar el comportamiento animal, graban sus sonidos y luego les reproducen la grabación para generarles reacciones determinadas. Ahora bien, que seamos capaces de entenderlos al ciento por ciento o que los animales hablen entre sí igual que charlamos con el vecino es una cuestión delicada que provoca un apasionado debate. Un sector de la comunidad científica considera la comunicación como una escala que va desde lo más simple hasta lo más complejo y en las que el lenguaje humano ocupa el escalón más alto. Para los seguidores de esta idea, los ensayos con grandes simios que han aprendido a comunicarse con personas prueban que las diferencias entre el lenguaje animal y el humano son más una cuestión de grado que de clase.
Por el contrario, otros especialistas creen que el lenguaje es lo único que hace a nuestra especie diferente de los demás seres vivos. Para ellos, el habla es sagrada; es el último obstáculo que interpone entre el hombre y los animales, y no tiene nada que ver con la comunicación animal. Por ejemplo, un estudio de 2005 del psicólogo de la Universidad de Wisconisn-Madison Charles Snowdon concluye que "aunque existen muchas similitudes entre los controles del idioma en la región subcortical del cerebro de humanos y monos, no hay paralelismos en áreas de Broca y Wernicke". En esta línea, numerosos linguistas definen el lenguaje a partir de características humanas como la creatividad, las reglas sintácticas y la habilidad para usar símbolos abstractos y darles significado en el pasado, presente y futuro.
No obstante, cada vez más investigadores cuestionan esta visión antropomórfica. En la última reunión interdisciplinar Evolang, que organiza la Universidad de Utrecht, en Holanda , se debatió la tesis del linguista Noam Chomsky de forma independiente, sin tener en cuenta los protolenguajes que pudieran haber desarrollado los simios que nos precedieron en la línea evolutiva. Algunos estudiosos apuntaron que el primer código linguístico humano consistió en gesticulaciones manuales y que el modo en que las aves canoras imitan los trinos de sus padres tiene muchos paralelismos con la forma en que los niños aprenden a hablar,
Además en oposición a los estudios de Snowdon, el psicólogo Jacques Vauclair y sus colegas de la Universidad de Provenza, en Francia, hallaron que en la refión de Broca de chimpancés y babuinos existen las mismas simetrías de los puntos que parecen ser los precursores de los centros del lenguaje de las personas.




humano.




Animales
»BEBÉS Y MONOS, CON LA DERECHA
Las investigaciones de este especialista francés en cognición probaron que el hemisferio izquierdo está más desarrollado en los niños, chimpancés y babuinos diestros. Vauclair también demostró que tanto los chimpancés como los bebés de 11 meses de edad tienden a usar la mano derecha para comunicare y señalar lo que quieren, y que, en el caso de los niños, estos gestos acompañan los primeros balbuceos del habla.
Por su parte, el biólogo y etólogo de la Universidad de Northern Arizona Con Slobodchikoff ha aportado nuevos datos al debate con una investigación sobre los perros de la pradera de Gunnison, Cynomys gunnisoni, una de las variedades de esta especie que existen en Norteamérica. Al analizar el comportamiento de tan peculiares roedores, comprobó que son muy sociables, viven en colonias y disponen de un sistema de comunicación que incluye abundante información.
Slobodchikoff y su equipo constataron ciertas variaciones en los ladridos o señales que mandaban a sus congéneres, para avisarles, por ejemplo, si el potencial predador que se acercaba era terrestre o aéreo y sobre su tamaño. También son capaces de distinguir los colores de informar sobre ellos, como prueba el hecho de que emitían un sonido diferente cuando el investigador que realizaba el trabajo de campo llevaba una remera azul, verde o amarilla. Al parecer, este lenguaje no es innato, sino que lo aprenden, ya que Slobodchikoff observó que cada colonia de Cynomys gunnisoni manejaba su propio dialecto.
Pero ¿es esto un lenguaje verdadero? Si este tiene que tener, entre otras características, significado, productividad -un sistema de comunicaciópn en el que es posible crear y comprender sin dificultad mensajes nuevos- y desplazamiento -capacidad para referirse a hechos u objetos que no se hallan especial o temporalmente presente-, los perros de la pradera tendían, según Slobodchikoff, un lenguaje propio.

biólogo



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Slobodchikoff constató que los perros de la pradera son capaces de distinguir los colores e informar sobre ellos



»HAY QUE EXPRESARSE PARA APAREARSE
En todo caso, los animales logran que sus mensajes sean entendidos a través de miles de formas diferentes, lo cual demuestra el importante papel que juega la comunicación en la biología. Las criaturas de la naturaleza usan los cinco sentidos para expresarse y hacen gestos con todos los apéndices de su cuerpo y en todas las posiciones imaginables. Emiten comunicados a través del olor; pían, bufan, gritan, resoplan, gruñen o cantan; lanzan señales ultrasónicas y subsónicas, eléctricas e infrarrojas, a base de pulsos de luz o cambiando la pigmentación de la piel; si es necesario bailan, palmotean o hacen vibrar la superficie sobre la que caminan. Desde las luces de los peces abisales y los patrones de color del calamar hasta la compleja vida social de los delfines, el reino animal ofrece un abanico de códigos de comunicación necesarios para que los individuos de las especies sexualmente reproductoras puedan aparearse.
Muchas veces, los mensajes se envían de forma espontánea e inconsciente. Cuando llega el momento oportuno, las hembras de polillas, titís y topos usan el olor con una intensidad tan poderosa que son capaces de atraer a un macho que está a kilómetros de distancia o impedir la ovulación de otras competidoras de su especie. Las libélulas macho sobrevuelan a las hembras y las agarran para un encuentro aéreo; el tamaño, forma y patrones de color les comunican su identidad femenina, pero con un pincel y una gota de pintura, un investigador podría confundir al pretendiente. En otros casos, los animales necesitan transmitir sus intenciones de forma más selectiva. Un mensaje estándar sería: "Hola, soy un macho. Repróduzcámonos". Pero como la competencia es feroz, deberá presentar un eslogan más efectivo; por ejemplo: "No solo soy un macho, sino uno muy bueno". Ahora bien ¿las hembras eligen en función de la mejor campaña publicitaria?

Dr. Dolittle



ecolocalización
Los animales logran que sus mensajes sean entendidos a través de miles de formas diferentes




» LA IMPORTANCIA DEL MARKETING
Desde que Charles Darwin se hiciera la misma pregunta, los especialistas en evolución han propuesto varias fórmulas para explicar el criterio de selección de pareja por parte de ellas. En algunas especies, el macho proporciona alimento, ayuda y protección, y la hembra escoge al que mejor la va a proveer, quizá de forma no muy diferente de lo que sucede en la especie humana. Pero en otros casos, él es simplemente un donante de esperma, y ahí es donde la cuestión se complica. La hembra puede elegir en función de rasgos que se correlacionen con buenos genes: el macho con el cuerpo más grande, la voz más profunda o el despliegue más espectacular. O bien decantarse por un individuo más longevo, lo que implica que ha sobrevivido más y puede aportar genes de supervivencia. O tal vez prefiera escoger al candidato de aspecto más saludable, al que baile con más frenesí o al que tenga el plumaje más perfecto. Asimismo, podría inclinarse por tipos dominantes, de esos que son capaces de proteger los territorios más extensos o mejor situados.
En todos estos casos, dicen los investigadores, la hembra confía en la señal que le envía el otro sexo, lo cual podría ser un error de acuerdo con ciertas circunstancias. Por ejemplo, los pavos reales: si ellas eligen a los pretendientes que tienen las colas más impotentes, están empujando a la evolución a producir colas cada vez más largas. Pero en algún momento, las plumas alcanzarán tal extención que se volverán una carga muy pesada para el macho, y lucir un plumaje ultralargo ya no significará que su dueño es un candidato sano, sino más bien un ejemplar hermoso, pero agobiado. Es decir, estaría vendiendo una publicidad engañosa y vacía.
Con el tiempo, las hembras aprenderían a identificar los rasgos en los que basarse para elegir machos saludables. Algunos expertos piensan que para que una determinada señal masculina constituya un mensaje fiable, debe suponer un costo para su emisor. Es lo que llaman el principio de handicap. O lo que es lo mismo, solo los machos verdaderamente poderosos pueden permitirse el lucimiento de cornamentas pesadas, plumas espectaculares o bailes y cantos fantásticos, en suma, de exhibir despliegues caros y por eso, las hembras buscan la llamada, el baile o las plumas de lujo.
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Hay especies que se las ingenian para hacer trampa y emitir comunicados erróneos no solo en el amor, sino en la guerra o en la vida social



» LOS MÁS MENTIROSOS DE LA FAUNA
Aun así hay especies que se las ingenian para hacer trampa y emitir comunicados erróneos no solo en el amor; sino en la guerra o en la vida social. El frailecillo es una pequeña ave que anida en los acantilados, expuesta a los depredadores. Cuando un potencial enemigo se acerca, en lugar de congelarse o salir despavorida, levanta un ala lastimosamente, como si estuviera rota, y camina rápidamente, lo justo para mantenerse fuera del alcance del intruso. Una vez que lo ha guiado lejos del nido, ¡oh, sorpresa!, el supuesto herido eleva vuelo como el Ave Fenix y regresa a su rincón familiar.
Este tipo de tretas no son exclusivas de especies con cerebros relativamente complejos como los de las aves. Las luciérnagas son protagonistas de un fascinante drama de impostura digno de las novelas de misterio. El macho emite un patrón específico de pulsos de luz con un órgano especial situado en su abdomen, luego observa si la hmbra le manda la respuesta apropiada y, en caso positivo, se acerca para aparearse. Pero el Don Juan podría llevarse una desagradable sorpresa al arrimarse a esa bombilla tan seductora, porque existen hembras depredadoras de alguna especies de luciérnagas que copian las señales luminosas de otras para atacar y comerse a los pretendientes desprevenidos. Así, aunque las luces más ostentosas proporcionan a la luciérnagas masculinas una ventaja evolutiva en lo que se refiere a la atracción de las hembras, también presentan el efecto adverso de que atraen más fácilmente a depredadores.
Cuesta imaginar que un insecto sea consciente de que está recurriendo a artimañas, pero hay ejemplos entre los simios que no dejan duda de que lo hacen con plena conciencia. En su libro La política de los chimpancés, el zoólogo y etólogo holandés Frans de Waal describe situaciones en que diversos individuos de esa especie a los que estudió en el Burges'Zoo, Arnhem (Holanda), actuaron con intención de engañar. Por ejemplo, un chimpancé llamado Yeroen comenzó a cojear visiblemente luego de resultar herido en una pelea con su congénere Nikkie. Pero, después de observarlo atentamente, De Waal y su equipo descubrieron que Yeroen solo renqueaba cuando estaba dentro del campo de visión de Nikkie. En cuanto doblaba la esquina, el cojeo desaparecía como por arte de magia.
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BUENA MEMORIA Y DISPOSICIÓN
Una perra border collie ha aprendido el nombre de 1.022 objetos diferentes.

En mayo de 2004, cuando tenía solo dos meses, Chaser fue comprada por John W. Pilley, un profesor de psicología retirado. Este había leído un informe en la revista Science sobre Rico, un border collie alemán al cual sus dueños le habían enseñado a reconocer 200 objetos. Decidió probar con Chaser y comenzó a entrenarla entre 4 y 5 horas diarias. La perrita pronto mostró una predisposición especial y un gran entusiasmo en el aprendizaje, al punto de que su dueño tuvo que ir ampliando frecuentemente la dotación de juguetes usados que utilizaba en el entrenamiento. El año pasado sometió a Chaser a una serie de pruebas y publicó los resultados obtenidos en la revista Behavioural Processes. Según estos, la perrita era capaz de reconocer por su nombre a 1.022 objetos diferentes y podía tocar, olfatear o tomarlos deacuerdo con la orden que se le impartía.
perros Además, si se le mencionaba una palabra desconocida, elegía algún objeto que no estuviera entre los que ya había aprendido. Aunque los logros son indudables, es claro para los científicos que Chaser no elaboraba conceptos abstractos como los sustantivos que aprenden los niños, sino que simplemente relacionaba los objetos con el sonido de la palabra que lo identifica. No obstante, su dueño se propone determinar si al alterar el orden de algunas palabras ya conocida por Chaser, esta cambia el significado que les atribuye.


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SERES QUE INTRIGAN A LA CIENCIA
loros La rana dorada de panamá es muy estudiada por los biólogos por su curioso lenguaje gestual a base de mover los brazos.


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EL CAMINO DE LAS FERMONAS
comunicación Las hormigas se comunican mediante mensajes químicos: emiten feromonas, por ejemplo, para indicar a sus congéneres el camino más corto, según un estudio de la compañía francesa Eurobios.


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DICHO Y HECHO
En los últimos años, científicos de todo el mundo han descubierto curiosos casos de lenguaje y comunicación animal. He aquí algunos de ellos.

-Cuando una hormiga muere, sus compañeras lo detectan y la trasladan fuera del nido en menos de una hora. Según Dong-Hwan Choe, de la Universidad de California, lo saben gracias a dos mensajeros químicos, dolicodial e iridomirmecina, que las vivas secretan en su cutícula y que se evaporan a los 40 minutos al morir. Así se deshacen de los cadáveres en descomposición, fuente de patógenos y contaminantes.
-Un equipo de Evolución Cognitiva de Harvard sometió a 14 titís de cabeza blanca a un aprendizaje acústico de palabras inventadas -shoybi, shoyka, shoyna- que compartían el prefijo shoy. Luego les reprofujeron por el altavoz otra lista de vocablos, alternando alguno en el que shoy aparecía al final y no al inicio. Al oír la palabra cambiada, los monos se que daban mirando el altavoz, prueba de que pueden reconocer el orden de concatenación de sonidos, básico para el aprendizaje.
-Las polillas tigre, Berholdia trigona, emiten ultrasonidos para interferir el sistema de orientación por sonar de sus depredadores los murciélagos, según William Conner, de la Universidad de Wake Forest, en Carolina del Norte.
-Los pitidos, gorjeos y silbidos que emiten algunos colibríes no son vocales, como se creía, sino producidos con las plumas de la cola, según una investigación de la Universidad de Berkeley.
-Un estudio del biólogo colombiano Carlos Rocha muestra que la rana dorada de Panamá, Atelopus zeteki, se comunica mediante un lenguaje corporal a base de señas y gestos de las extremidades superiores.
-La bióloga californiana Emily DuVal descubrió que los machos del ave saltarín cola de lanza, Chiroxiphia lanceolata, bailan en pareja para impresionar a la hembra. Uno de los dos ayuda voluntariamente al otro a conquistarla sin esperar recompensa inmediata, pero esa conducta solidaria le facilitará el convertirse en dominante en el futuro y recibir en su momento apoyo coreográfico de otro macho para conseguir pareja.

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ANDERSON REPASA LAS DESTREZAS COMUNICATIVAS DE DIVERSAS ESPECIES
"EL DR. DOLITTLE ESTABA EQUIVOCADO"
AL CONTRARIO DEL PROTAGONISTA DE LA PELÍCULA INFANTIL, el lingüista Stephen Anderson cree que, aunque se expresan de múltiples formas, los animales nunca podrán hablar. Les falta la sintaxis, una facultad combinatoria exclusiva de la mente humana.
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Verás, esos otros médicos, los llamados veterinarios, no entienden el idioma de los animales. Imagínate teniendo que acudir a un doctor que no es capaz de comprender una sola palabra de los que dices, obligado a explicarte en su propia lengua lo que tienes que hacer para curarte. Esos veterinarios... ¡son unos estúpidos!". Todo esto lo afirma con sorna el loro Polinesia, uno de los personajes de la serie de cuentos infantiles del doctor Dolittle, escrita por el autor británico Gugh Lofting (1886-1947) y popularizada por una película de los años 60, con Rex Harrison en el papel principal, y otra versión de 2001 protagonizada por Eddie Murphy.
¿Quién no ha deseado alguna vez ser ese extravagante y entrañable científico bendecido con el don de entender a todos los animales y de hablar con ellos? El magnetismo que este personaje ejercía sobre los niños de todo el mundo se basa en la creencia ampliamente arraigada de que los habitantes de la fauna, desde las abejas hasta los bonobos, se comunican mediante códigos similares al lenguaje humano. Por eso se pensaba que deberíamos poder aprender sus idiomas y que ellos podrían comprender los nuestros. Sin embargo en 2004, el lingüista estadounidense de la Universidad de Yale, Stephen Anderson, vertió un jarro de agua fría sobre esta idea en su libro Doctor Dolittle's Delusion (El espejismo del doctor Dolittle).
biólogo



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Anderson admite que si bien existen paralelismos, nuestro código de comunicación es cualitativamente distinto al de los animales




» EL ARTE DE COMBINAR PALABRAS
La obra explora la comunicación entre los animales y la personas, y los sistemas cognitivos desde un punto de vista lingüístico; t concluye que el concepto que alumbra las aventuras del célebre doctor es una falsa ilusión, ya que toma un punto de partida erróneo. En efecto, los animales no son capaces de adquirir o utilizar un código de signos tan complejo como el nuestro. "Dolttle estaba equivocado. Una cosa es la comunicación y otra distinta, el lenguaje. Los seres irracionales tienen formas variadas de comunicarse, pero el buen doctor perdió la perspectiva cuando quiso equipar esas habilidades con la facultad humana que llamamos lenguaje", señala Anderson. Este reputado profesor repasa todo lo que actualmente se sabe acerca de las destrezas comunicativas de una amplia variedad de especies: la danza de las abejas, el croar de las ranas, los gritos de aviso de los monos y las notables habilidades cognitivas y de aprendizaje de bonobos y loros. Luego las compara con los infinitamente más sofisticados recursos del lenguaje humano, hablado o escrito. Anderson admite que existen paralelismos, pero establece que las diferencias son aún más notables y confirman el punto de vista de que nuestro código de comunicación es cualitativamente distinto del de los animales.
"Las abejas son capaces de indicar la dirección, distancia y calidad de las fuentes del polen a sus compañeras obreras por medio de una danza en zigzag, y hay quien se basa en eso para afirmar que disponen de una especie de mapa cognitivo del terreno en el que viven", escribe Anderson. Pero a continuación cita una serie de experimentos en los que se hace volar a los himenópteros por túneles con señales en las paredes para socavar esta hipótesis. Estos ensayos indican que la percepción espacial de las abejas es una función derivada exclusivamente de su experiencia visual subjetiva y no de una capacidad de abstracción cartográfica. El loro africano Alex, entrenado por la bióloga Irene Pepperberg (ver Alex, el insólito parlanchín), se hizo famoso por su facultad para entender el significado de una serie de palabras que tenía que identificar. Después de ver los vídeos de Alex en acción es fácil concluir que el ave, como los personajes del doctor Dolittle, domina los fundamentos del lenguaje humano. "No tanto", dice Anderson, quien concede que los seres irracionales, como Alex o Koko -la gorila que aprendió de sus entrenadores más de mil señales manuales-, tienen habilidades especiales, pero insiste en que sus logros no demuestran que estén usando un idioma. ¿Por qué? "Porque les falta la sintaxis. Esto es algo tan intrincado y los animales están tan mal equipados para dominarla que por más recompensas que les des nunca podrán organizar las palabras en una combinación con sentido, como los humanos", explica. Los intentos expresivos de Koko son grupos de términos inconexos como "tú, Koko, ama, rodilla, hace".
Nosotros damos por sentado que las frases tienen una forma estructurada, explica el linguista, porque es algo que aprendemos de forma natural, pero en realidad se trata de un mecanismo sumamente complejo. Por ejemplo, decir algo aparentemente simple como "Creo que Pedro está durmiendo" implica un mensaje cuidadosamente compuesto: expresa quién es el sujeto que piensa (yo); lo que está haciendo (dormir) el sujeto de la oración subordinada (Pedro) y cuándo lo está llevando a cabo (ahora, no ayer ni mañana). Cambiar la construcción o el orden de la palabras -por ejemplo, "Pedro cree que yo dormía" -produce un significado totalmente distinto. Las reglas sintácticas, que los animales ni entienden intuitivamente ni son capaces de aprender de las personas, nos permiten usar las palabras para ensamblar una gema ilimitada de combinaciones que cualquier otro ser humano puede comprender.
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Para este lingüista, todas las formas de comunicación son valiosas y merecedoras de atención



» INCLUSO LAS BACTERIAS INTERCAMBIAN INFORMACIÓN
"¿Hasta qué punto el lenguaje está determinado por nuestra herencia genética?", se pregunta Anderson. Y agrega: "Para responder habría que aclarar lo que queremos decir con lenguaje y diferenciarlo de lo que es comunicación. En ocasiones, usamos el término para referirnos a una serie de fenómenos -el lenguaje corporal, el lenguaje de los sueños, el lenguaje de las señales de tránsito- que en realidad expresan comunicación. Nadie niega que los chimpancés se comunican. Las bacterias también lo hacen. El tema no es si la comunicación tiene lugar o no; la hay visual, olorosa, auditiva, química... La clave es entender cómo se produce y en qué sistema está basada. Cuando sometemos la comunicación humana a un estudio riguroso, emerge un sentido de lenguaje mucho mas específico y complejo", puntualiza este lingüista, que, sin embargo, no convence a todos sus colegas. comunicación animal


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» ¿ESTAMOS O NO POR ENCIMA DEL RESTO?
Entre sus críticos se encuentran Emily Sue Savage-Rumbaugh, de la Universidad del Estado de Gregoria, que lleva 25 años estudiando las habilidades cognitivas de los simios. Esta zoóloga asegura que algunos de los primates de sus experimentos son linguisticamente capaces de producir frases como "Kanzi persigue a Sue", y que Anderson sitúa al Homo sapiens un escalón por encima del resto del reino animal.
Por ejemplo, los ruiseñores macho pueden cantar ciento de canciones, cada una compuesta por 40 notas distintas, pero sus variaciones de tonos no evocan significados específicos de la forma en que las combinaciones de palabras en una frase sí lo hacen. Si estas aves canoras entonan sus piezas con un estilo libre, parecido al del free-jazz, es porque las hembras prefieren a los tenor que disponen de repertorios mas amplios y complejos.
Para Anderson es absurdo intentar equiparar las interacciones de los seres irracionales, por maravillosas que sean, con el lenguaje humano. Además, piensa que los investigadores deberían estudiar estas formas de comunicación de manera objetiva e imparcial en lugar de tratar de encajaras a fuerza en un discurso a favor de los animales: " A lo largo de la historia, el lenguaje se ha considerado una característica que define a nuestra especie y la separa de las demás criaturas, pero en los años 70 empezó a atacarse esta visión. A los lingüistas nos encantaría descubrir esta habilidad de forma relevante en otros primates, pero la realidad es que no la encontramos cuando los estudiamos de cerca. Claro que tenemos muchas cosas en común con los simios, pero el lenguaje no es una de ellas".


» UN TRUCO VERDADERAMENTE GENIAL
El lingüista de Yale cree que "se debe dejar de considerar como objetivo principal el que los animales aprendan el idioma en el sentido humano y, en camio, usar las destrezas comunicativas que pueden adquirir como una ventana a sus procesos cognitivos. Todas las formas de comunicación son valiosas y merecedoras de atención".
Sin embargo, las personas contamos con una herramienta única: "Se dice que los lingüistas estamos obsesionados por la sintaxis, pero no es por vicio. Parece razonable afirmar que la esencia del lenguaje reside aquí, en la flexibidad expresiva que resulta de la combinación sintáctica. Puesto que ninguna otra especie sabe usarla, se diría que los principios sintácticos de la gramática son específicos de nuestra biología. De dónde viene la sintaxis y cómo son preguntas fascinantes. Los humanos somos únicos -no más que cualquier otra especie, pero tampoco menos-. Dicen que el zorro tiene muchos trucos y el erizo solo uno, pero muy bueno. El nuestro es realmente genial"
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HABILIDADES EQUINAS
perros
En su libro, Anderson cita a Kluger Hans -Hans, el Inteligente-, un caballo del matemático alemán Von Osten del que a inicios del siglo XX se decía que realizaba operaciones arméticas y otras tareas intelectuales. En realidad, respondía pateando en el suelo a estímulos producidos de forma inconsciente por su dueño.


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HABLANDO CON MASCOTAS
loros
El etólogo úngaro Vilmos Csanyi, autor de Si los perros hablaran, cree que éstos han desarrollado habilidades comunicativas al coevolucionar con los humanos y que podemos tener gran interacción con ellos, igual que con los gatos.

delfines


SABÍA 150 PALABRAS Y CONTABA HASTA 7
ALEX, EL INSÓLITO PARLANCHÍN

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¿LAS AVES SON CAPACES DE TOMAR DECISIONES BÁSICAS y manejar un lenguaje reducido? Los sorprendentes logros de Alex -un loro que ha sido estudiado durante 30 años por la bióloga Irene Pepperberg- nos hacen reflexionar.

Hasta qué punto puede ser importante una bolita de plumas de medio kilo de peso? Alex tuvo que morir para que pudiera averiguarlo", escribe la bióloga y etóloga neoyorquina Irene Pepperberg en su libro Alex y yo, la extraordinaria historia de su relación con el ave parlante más famoso del mundo. Los especialistas afirman que su trabajo con este loro africano gris, que murió por causas naturales en 2007 cuando tenía 31 años, revolucionó nuestros conocimiento sobre la inteligencia, comportamiento y destrezas comunicativas de los animales.
Alex -un acrónimo de Avain Lerning Experiment; esto es, experimento sobre el aprendizaje de aves- se convirtió en el compañero más querido de la investigadora y pasó su vida aprendiendo a desarrollar habilidades muy complejas que hasta entonces se creía que sólo estaban al alcance de algunos primates. De hecho, este loro terminó echando por tierra la idea de que solo nuestros parientes más cercanos, como los chimpancés, pueden transmitirnos lo que están pensando.
"En 1977, cuando compré a Alex y empecé mis investigaciones con él, pensé que, si le enseñaba a comunicarse, le podría hacer preguntas acerca de cómo veía el mundo a través de su cerebro de loro", indica Pepperberg. Y continúa: "En aquella época, la mayoría de los científicos estaban convencidos de que los animales eran incapaces de pensar. Mas bien defendían todo lo contrario, ya que para ellos los seres irracionales venían a ser algo así como autómatas o robots cuyo comportamiento estaba condicionado por estímulos externos".
A partir de un enfoque diferente y un método de enseñanza absolutamente novedoso, Alex aprendió a identificar objetos según su color, forma, textura, y cantidad, como ya hacían algunos chimpancés y delfines. Su habilidad para comunicarse era similar a la de un niño de dos años y su capacidad para resolver problemas se asemejaba a lo de uno de cinco. Poco a poco, el avispado loro aprendió el alfabeto, llego a manejar un vocabulario de 150 palabras, sabía los nombres de 50 objetos y podía contar hasta siete.


monos
Alex convenció a la mayoría de los expertos de que algunas aves pueden desarrollar habilidades cognitivas complejas y comunicárselas a otros



» DE LA REPETICIÓN A LA COMPRENSIÓN
"Nuestro amigo no se limitaba a repetir lo que decíamos. Endía perfectamente el significado de las palabras", escribe su dueña y preparadora. "Cualquier persona que tenga un loro -continúa Pepperberg- sabe que estas aves aprenden espontáneamente algunos términos, pero esno no es lo mismo que enseñarles a expresar cosas que tengan sentido. El primer paso en el entrenamiento de Alex fue asociar los sonidos que hacía cuando reconocía un objeto que le gustaba. Resultó que lo que más le atraía era el papel, en concreto, las tarjetas de cartulina que utilizábamos para guardar números telefónicos. El ave disfrutaba mucho desmenuzándolas con el pico".
A mediados de los 70, los investigadores empezaron a prestar atención a algunas hipótesis que contemplaban el comportamiento desde un punto de vista evolutivo. El psicólogo británico Nicholas Humphrey ya había propuesto por entonces que la inteligencia se desarrolla más como una respuesta al medio ambiente social que al entorno natural, esto es, que avanza en mayor medida cuanto más complejo es el colectivo en el que vive el animal. Según Humphrey, esa sería, de hecho, la razón por la que algunos primates son inteligentes. Eso sí, hay que diferenciar claramente entre los grupos de individuos y las manadas. En estas últimas, sus miembros viven en aglomeraciones protectoras, pero curiosamente no mantienen relaciones sociales complejas con los demás.
Cuando inició su investigación, Pepperberg se planteó que Alex podría tener destrezas cognitivas avanzadas, ya que en el medio salvaje los loros forman sociedades complejas. Además, son longevos y viven el suficiente número de años como para que merezca la pena invertir el tiempo que lleva el aprendizaje cognitivo. Si a eso se le sumaba su habilidad para vocalizar palabras, este loro gris parecía el sujeto más adecuado para el experimento.
La etóloga cuenta que "Alex tenía dos entrenadores. Inicialmente, el principal (A) le pedía al secundario (B) que nombrase el objeto que le estaba mostrando. Si B contestaba correctamente, A le daba una recompensa; si la respuesta era errónea, se ganaba una amonestación. Así, el entrenador B se convertía en el modelo para Alex y al mismo tiempo en su rival, ya que competían por la atención del instructor principal. De cuando en cuando, éste le pedía al loro que nombrara alguna cosa y lo premiaba o apercibía en función del resultado; es más, si acertaba, le regalaba el objeto. Por ejemplo, si Alex identificaba un papel como tal, se lo dábamos. Lo mismo ocurría con las palabras madera o llave. Así llegó incluso a identificar correctamente una llaver roja como llave, aunque sólo le habíamos entrenado con modelos de color plateado. Fue un excelente comienzo.
Al principio, los estudios de Pepperberg crecibieron escasa atención y le denegaron tanto el dinero necesario para financiar las investigaciones como la publicación de los artículos que remitía a la revista Nature, pero ella siguió adelante con su empeño: "Nada nos iba a detener. Alex y yo seguimos trabajando junto con mis asistentes". En 1978, el loro podía nombrar correctamente siete objetos y colores, y relacionar algunas de sus propiedades incluso sin haber experimentado previamente una combinación particular de las mismas. Entendía los conceptos más grande, más pequeño, igual y diferente, y podía contar hasta seis, incluyendo el cero. Era casi tan hábil como Poloniesa, la lora políglota de la película Dr. Dolittle. Incluso sabía disculparse ante la investigadora y sus ayudantes cuando se comportaba como un niño malcriado.

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humano.


SIEMPRE DISPUESTO A PARLOTEAR
Animales
Nuestro protagonista con su dueña y cuidadora, la cual destaca que el diligente animal no solo se comunicaba con ella, sino con cualquiera de los ayudantes de su laboratorio.

biólogo

» ES DIFÍCIL NO TENER DUDAS
El hecho de que siempre hubiese varios colaboradores distintos en el laboratorio era crucial. Los investigadores del comportamiento animal no olvidan lo fácil que es ser víctima de del llamado efecto de Kluger Hans -Hans, el Inteligente-, que recibe su nombre de un caballo alemán que, aunque parecía saber contar, simplemente reaccionaba a unas claves que su único entrenador le enviaba de forma inconsciente. Pero el caso de Alex era bien distinto. Hablaba y colaboraba con cualquiera que pasara por allí, no sólo con Pepperberg.
A pesar de todo, algunos investigadores piensan que las destrezas de este animal solo son el resultado de la memorización por repetición y no de un pensamiento abstracto, como se lee en el artículo anterior sobre el espejismo del doctor Dolitlle. No obstante, nuestro protagonista convenció a la mayoría de los expertos -incluso a la revista Nature, que inicialmente rechazó el informe sobre sus progresos- de que algunas aves, como los loros grises africanos, pueden desarrollar habilidades cognitivas complejas y sofisticadas, y comunicárselas a otros. "Pórtate bien. Te quiero. ¿Vienes mañana?", le dijo Alex a Pepperberg la noche antes de su muerte. "Sí, vengo mañana. Yo también te quiero, Alex".

murciélagos
Dr. Dolittle


ecolocalización



MARIANA MELCON, BIÓLOGA ESPECIALISTA EN BIOACÚSTICA
"LOS DELFINES Y LOS MURCIÉLAGOS VEN LOS SONIDOS"

comunicación animal
UNOS EN EL AGUA Y OTROS EN EL AIRE, estos mamíferos cuentan con un sexto sentido desconocido por el ser humano: el sentido de la ecolocalización, una especie de sonar o radar natural, estudiado por esta investigadora argentina, del que se valen para orientarse y cazar en la oscuridad.

lenguaje animal

Ellos se ríen, saltan y nadan. Hacen piruetas, solos o acompañados, y se acompañan muchas veces el desplazamiento de los barcos como si cabalgaran en las olas. Y aunque pareciera que no necesitan hacer nada para coordinar sus movimientos, en realidad, se comunican entre sí. Y lo hacen muy bien: los delfines son el claro ejemplo de que los seres humanos no somos la única especie capaz de comunicarnos con nuestros semejantes por medio de un lenguaje sonoro. Uno de los primeras personas en comprobarlo científicamente y de investigar sus habilidades comunicatorias fue el neurofisiólogo estadounidense John C. Lilly que en la década de 1950 instaló en las Islas Vírgenes un laboratorio dedicado especialmente al estudio y adiestramiento de estos mamíferos acuáticos. Su objetivo secreto: desarrollar un método o técnica para que los delfines puedan comunicarse con los seres humanos (y viceversa).
Entre experimento y experimento, Lilly y su equipo descubrieron que los delfines se comunican entre sí de varias maneras. Por ejemplo, a través de movimientos corporales, como el chapoteo con la cola, y también a través de silbidos inteligibles para nuestros oídos ya que su tono y su frecuencia son diez veces más altos que los captados por los seres humanos.
Desde entonces, las investigaciones en busca de las bases del lenguaje del delfín no han dejado de sucederse. Estudios posteriores comprobaron que cuando nace un delfín, su madre le silba una y otra vez para que su bebé reconozca su voz y también para ayudarlo a crear su propia “firma” de voz o silbido personal y único. Es más: estudios indican que cuando se juntan dos especies de delfines, intentan comunicarse en un lenguaje común.
“Probablemente los delfines tengan una especie de lenguaje como las orcas, de las que se sabe que tienen distintos dialectos. Las ballenas jorobadas tienen diferentes cantos dependiendo si son del Atlántico o del Pacifico. Pero lo que caracteriza a los delfines es que tienen un sentido extra, un sistema que nosotros no tenemos —cuenta la bióloga argentina Mariana Melcon del Instituto de Oceanografía Scripps, de la Universidad de California, Estados Unidos, que se dedica a estudiar las diversas formas de comunicación de estos y otros animales marinos”—. Es un sonar natural llamado llamado ‘ecolocalización’ a través del cual ven los sonidos. Como también hacen los murciélagos en el aire, los delfines emiten un sonido o chasquido, enfocan hacia donde ellos quieren ‘ver’ u obtener información, el sonido viaje en el agua, rebota en objetos y vuelve en forma de ecos. Esos ecos, esa imagen, es lo que terminan analizando”.



et��logo
—¿Este campo de estudio tiene un nombre en particular?
—Sí. Se lo conoce como “bioacústica”, la disciplina que se focaliza en conocer cómo recibe los sonidos un animal, cómo se comunica, cómo se comporta y responde ante distintos sonidos. Y se puede estudiar a nivel molecular, fisiológico, evolutivo, comportamental. En el caso de los delfines, utilizan la ecolocalización para navegación, para encontrar presas y seguirlas, y para no chocarse con obstáculos. Es un sistema muy preciso, de milímetros de margen de error. Los delfines pueden llegar a detectar una presa a cientos de metros o a lo sumo a mil metros de distancia. Los delfines utilizan la ecolocación para alimentarse o cuando están buceando en profundidad. Cazan de noche y ecolocalizan de 300 m para abajo. Se cree que los delfines desarrollaron este sistema por el tipo de su alimentación. Tienen que seguir a su presa en aguas muy profundas.


Lenguaje animal
—¿Qué tipo de delfines estudia?
—En el laboratorio trabajamos con especies del sur de California más que nada, delfines picudos, delfines nariz de botella, delfín común, calderón gris, marsopa de Dall, delfín de flancos blancos del Pacífico y zífidos varios. Pero también estudiamos ballenas azules, jorobadas, Fin, Sei, Minke, de Bryde, ballena gris.


perros
—¿Sólo investigan sus formas de comunicación?
—No. Ahora estoy estudiando el impacto ambiental del ruido antropogénico, es decir, el realizado por el ser humano. Queremos ver cómo afecta no sólo a delfines sino también a ballenas. Para eso distribuimos en el agua hidrófonos, micrófonos acuáticos que graban autónomamente, a 1300 m de profundidad, en el Océano Pacífico, enfrente de la ciudad de San Diego, Estados Unidos. Vemos la correlación que hay entre la presencia de animales y embarcaciones, sonares, explosiones. No sabemos si debido a los sonares artificiales estos animales alteran sus rutas o si suben antes a la superficie para no escuchar el sonar. Sí vemos cómo los ejercicios navales los alteran. Este impacto hipotéticamente explicaría por que muchas veces se ven a delfines y ballenas muertas en las playas, varadas. Se desorientan y mueren.



ballenas
—Los delfines no son los únicos animales que pueden ver los sonidos. En 1938 se descubrió que los murciélagos emitían unos sonidos inaudibles muy agudos y recibían ecos que les daban información con respecto al entorno. ¿Sabe si el sistema de ecolocalización de murciélagos y delfines es parecido?
—La ecolocalización en murciélagos y delfines no es exactamente la misma. Cambia el tipo de sonidos y las características del medio. Uno es en aire y otro agua. Hay también sistemas primitivos de ecolocalización en cierto tipo de aves. Para llegar a estudiar a los delfines tuve que hacer primero una parada, un desvío, y estudié a los murciélagos en la Universidad de Tübingen, Alemania, y en el Weizmann Institute of Science, de Israel. En el aire, este sistema les funciona a los murciélagos hasta un alcance de unos diez metros. Es de mediano alcance. Ciertos investigadores dicen cien metros pero me parece algo exagerado.



loros
—¿Y qué experimentos realizaba?
—Trabajé con murciélagos zorros voladores. Cuando los murciélagos vuelan están ecolocalizando. Los seres humanos no podemos escuchar el sonido que hacen. Sí lo distinguimos cuando cambia el comportamiento de ecolocalización. Estudiar ecolocalización en murciélagos es más fácil que estudiar a delfines en el agua. A los murciélagos, por ejemplo, hay que entrenarlos para hacer determinadas tareas. Por ejemplo, lo que hacía era que salieran volando de mi mano e ir más o menos derecho a una plataforma de aterrizaje. Los seguía con cámaras y micrófonos para saber qué tipo de sonido emitían y cuándo, si cambiaban cuando querían cazar un gusanito. También los confundíamos un poco: con ecos o poníamos un reflector por detrás y veíamos cómo lidiaban para estimar distancias. Estudiamos también murciélagos que se alimentan de flores de cactus en el desierto en Baja California y poníamos reflectores en el cactus para ver cómo se guiaban ante estos obstáculos.



delfines
—¿Cuáles son las principales dificultades a la hora de trabajar con estos animales?
—Lo más difícil es estudiar la imagen mental a nivel electrofisiológico que se forman como consecuencia de los ecos. En Israel, quise saber si los murciélagos se representan tridimensionalmente el espacio o si lo hacen en capas. Supongo que es tridimensional por cómo se manejan en el espacio.




comunicación
—En estos sistemas de ecolocalización natural se basó el ser humano para desarrollar el radar y el sonar, ¿no es verdad?
—Así es. A lo largo de la historia, los seres humanos nos hemos copiado de este sistema de localización presente en murciélagos y en delfines. Lo más parecido es el sonar en el agua o los radares que hacen que los aviones se puedan guiar en el aire y no se choquen. Nos inspiramos en la naturaleza pero a nivel tecnológico los superamos.
Aún así me sigue sorprendiendo esta habilidad natural, cómo un animal puede a partir de los sonidos tener una imagen acústica de lo que lo rodea. Ven los sonidos. Nosotros los seres humanos estamos muy acostumbrados a la visión y no somos tan concientes del poder de la audición.




monos
—¿Cree que algún día sepamos cómo y cuándo nació este sistema de ecolocalización en los animales?
—Es difícil. Nunca sabremos como este sistema de ecolocalización surgió. No hay un registro fósil de eso. La ecolocalización podría ser vista como una adaptación evolutiva al medio ambiente. Los murciélagos son nocturnos, pueden ver, pero a la hora de encontrar un insecto utilizropio sentido de audición.


PARA SABER MÁS
www.alexfoundation.org/index.html Web de la Alex Foundation, entidad dedicada a la investigación sobre las habilidades cognitivas y comunicativas de los loros.




lenguaje


LAS BALLENAS Y SUS CANTOS
LOS TENORES DEL MAR
Algunos cantos representan agresión o competición, otros afecto y preocupación.

humano.
“Hay ciertos biólogos marinos que consideran que los cantos de ciertas ballenas pueden ser considerados un lenguaje —agrega Melcon—. Las ballenas jorobadas tienen cantos muy complejos. Se han estudiado cómo va variando año a año, cuánto se mantiene. En el Océano Atlántico, por ejemplo, hay un tipo de canto y en el Pacífico, otro. Se vio también que cuando una ballena del Atlántico pasó al Pacífico al año siguiente ese océano cambió el patrón de cantos”.
Científicos de la Universidad de Queensland, Australia, lograron analizar durante tres años los sonidos emitidos por 61 grupos de ballenas jorobadas mientras viajaban frente a la costa este de Australia y detectaron que muchos de los sonidos de las ballenas coincidían. Así identificaron 34 tipos diferentes de formas de comunicación.
Otro estudio de “zoosemiótica” esta vez realizado por biólogos marinos del Instituto Tecnológico de Massachussets confirmó que el lenguaje de estas ballenas posee su propia sintaxis y que está compuesto por lo que parecerían ser frases. El equipo liderado por Ryuji Suzuki constató que durante seis meses al año los machos de ballena jorobada de distintos grupos entonan el mismo canto durante la época de apareamiento para atraer a las hembras. Y no sólo eso: tal forma de comunicación evoluciona con el tiempo, se añaden nuevas frases musicales y se abandonan otras. Y una vez que se introduce un cambio en un grupo, todos lo machos lo adoptan para seguir cantando en coro. Algunos cantos representan agresión o competición, otros afecto, preocupación o desafío territorial.
Lo curioso es que antes de la década de 1960 nadie sospechaba de la complejidad de los cantos de las ballenas, seres que surcan los mares desde hace 36 millones de años. De hecho fue recién en 1967 cuando los biólogos estadounidenses Scott McVay y Roger Payne sorprendieron al mundo al dar a conocer sus pioneros estudios sobre los cantos de las ballenas jorobadas o, como los bautizaron, “ríos de sonido interrumpidos”.



Animales
El proyecto Speakdolphin tiene como objetivo expandir la comunicación entre delfines y humanos




COMUNICACIÓN INTER-ESPECIES
DIÁLOGOS PASADOS POR AGUA
Experimentos y proyectos que buscan que delfines y humanos, finalmente, se entiendan

biólogo
Uno de los más interesantes proyectos de investigación de comunicación animal se llama Speakdolphin.com, dirigido por un tal Jack Kassewitz. Sus instalaciones se encuentran en Florida, Estados Unidos, y según sus estatutos tiene como objetivo “expandir la comunicación entre delfines y humanos”. Sueñan con entablar un vínculo, un puente comunicativo entre ambas especies. Hay muchas cosas que les gustaría saber de estos animales y, bien previsores, armaron una lista de aquello que les gustaría saber, entre las que figuran: “¿con qué nombre se conocen como especie?”, “¿se acuerdan de haber vivido sobre tierra?”, “¿por qué salvan vidas humanas?”, “¿creen en la vida después de la muerte?”, “¿creen en un dios?”, “¿se pueden comunicar con otras especies?”.
Para conocer un poco más de estos cetáceos, el equipo de Kassewitz imagina y desarrolla toda clase de juegos y experimentos. Por ejemplo, los entrenan para utilizar computadoras de pantalla táctil para realizar ciertos juegos y los incitan a realizar actividades cooperativas para ver cómo se comunican entre sí y cómo coordinan acciones entre sí. También analizan con computadores sus silbidos y hasta están en estos momentos probando un instrumento para descifrar el “idioma” de estos mamíferos marinos. El artefacto en cuestión se llama CymaScope capta que capta las vibraciones sonoras generadas por los delfines en el agua, permitiendo visualizar su estructura tridimensional en un gráfico. El ingeniero John Stuart Reid afirma que descifrar estos gráficos se parece mucho a interpretar los jeroglíficos egipcios. “Ahora que los gorjeos, chasquidos secuenciados y silbidos que emiten los delfines se pueden convertir en imágenes, tenemos una importante herramienta para descifrar su significado”, sostiene este investigador.
“Creo que a la gente de todo el mundo le gustaría tener la oportunidad de hablar con un delfín —sostiene Jack Kassewitz—; y estoy seguro de que a los delfines les encantaría hablar con nosotros”.




murciélagos



Bueno gente, esto fue todo, capas medio largo, pero me pareció interesante. Espero que les haya gustado!



Fuente:
Revista "Muy Interesante" nro 305
Dr. Dolittle

ecolocalización


Comunidades:


comunicación animal
lenguaje animal
et��logo


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5 comentarios - Lenguaje animal

@IchigoGyunyu Hace más de 2 años +1
lindas imagenes!
@craftmanJr Hace más de 2 años +1
Te dejo 10 por el esfuerzo realizado
Buen post
@craftmanJr Hace más de 2 años +1
PPGSturgess dijo:
craftmanJr dijo:Te dejo 10 por el esfuerzo realizado
Buen post


Muchas gracias! (:

Perdoná, me equivoqué y dejé 10 en tu otro post, el de scouts
Igual estaba completo.
@dmperez777 Hace más de 2 años -1
ballenas

al parecer no es en tu post...
estamos always novatos