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Los malos de la historia

Alejandro Magno:

Alejandro sólo tenía veinte años cuando se convirtió en rey de Macedonia. En sólo doce años logró tanto, que desde entonces se le conoce como Alejandro Magno. El padre del ilustre conquistador, que había llevado a Alejandro a campañas militares, lo preparó en muchas formas para que asumiera el reinado y, de hecho, en la importante batalla de Queronea le dio el mando de la caballería después del asesinato de su padre, Alejandro actuó rápidamente para hacer valer su autoridad, asegurar las fronteras de Macedonia y disolver una rebelión en Grecia. Después puso su atención en el sueño de su padre: la invasión al Imperio Persa



Los malos de la historia
Busto de Alejandro Magno. Este busto de Alejandro Magno es una copia romana de la cabcia dc una estatua, posiblemente de Lisipo. Aunque aspiraba a ser otro Aquiles heroe trágico de la Iliada de Homero, Alejandro también buscó mas honores divinos. Afirmaba ser descendiente de Hlércules, héroe griego adorada como dios y, como faraón de Egipto, recibió reconocimiento como deidad viviente.

Las conquistas de Alejandro

No cabe duda que Alejandro estaba tentando mucho la suerte al atacar el Imperio Persa, el cual, aunque debilitado en algunos aspectos, todavía era un estado fuerte. La flota de Alejandro era inferior a la armada persa, la cual reclutaba sus naves de los fenicios y de otros pueblos costeros del occidente de Asia; además, difícilmente se podía decir que sus finanzas estuvieran en su mejor momento.

Roma

El ejército de Alejandro tendría que vivir fuera del ambiente rural y obtener victorias rápidas con el fin de hacerse de los recursos necesarios para continuar la batalla. Lo la primavera del año 334 a. de C., Alejandro penetró en Asia Menor con un ejército de alrededor de 37 000 hombres. Casi la mitad de éstos eran macedonios, y el resto eran griegos o de otros pueblos aliados, La caballería, que desempeñaría un papel decisivo como fuerza de choque, se componía de alrededor de 5000 elementos. Al ejército lo acompañaban arquitectos, ingenieros, historiadores y científicos, indicación clara de la gran visión de Alejandro, así como de las expectativas optimistas que alentaba al comienzo de su campaña.

Su primera confrontación con los persas —en la batalla del río Gránico, en el año 334 a. de C. casi le costó la vida; no obstante, llego a representar una gran victoria. En la primavera del año 3331. de C., toda la mitad occidental de Asia Menor había caído en las manos de Alejandro, y las ciudades griegas jónicas del suroeste de Asia Menor habían sido liberadas” del opresor persa. No todos estos estados querían ser liberados y, más bien, consideraban a Alejandro simplemente como su nuevo amo.

Mientras tanto, el rey persa Dario III movilizaba sus fuerzas para detener el ejército de Alejandro. Aunque las fuerzas persas eran numéricamente superiores a las de Alejandro, la batalla de Isos se libró en un terreno angosto que suprimía la ventaja de la superioridad persa, por lo que resultó otro éxito macedonio. La causa no se vio favorecida por el hecho del retiro espectacular de Darío del campo de batalla en un momento que todavía no estaba claro quien resultaría victorioso. Después de su victoria en Isos del año 333 A.C. Alejandro sitio las ciudades portuarias de Tiro y Gaza, con el fin de evitar el control pesa del mar. Egipto capituló sin presentar batalla, así que para el invierno de 332 a.C. Siria, Palestina y Egipto estaban bajo el dominio de Alejandro. Asumió el tradicional título de faraón de Egipto y fue aclamado como hijo de Amón”, que para los griegos equivalía a ser considerado como el hijo de Zeus. Alejandro también construyó la primera de una serie de ciudades que adoptaron su nombre (Alejandría), la cual sería la capital administrativa griega de Egipto. Llegaría a ser (hasta nuestros días) una de las más importantes ciudades en el mundo mediterráneo.

En tanto, Darío daba muestras de tener voluntad de concertar la paz, ofreciendo a Alejandro toda la tierra que estaba al occidente del río Eufrates. Este rechazó el ofrecimiento e inició la ofensiva. Se movilizó ahora hacia el territorio de los reinos del antiguo Cercano Oriente y, en el verano del año 331 a. de C., entabló la decisiva batalla contra los persas en Gaugamela. En dicho lugar, era evidente que las fuerzas de Alejandro eran inferiores en número en comparación con el ejército persa, el cual se había emplazado en una planicie abierta y despejada con objeto de que los carros de guerra pLidieran maniobrar a sus anchas. Alejandro pudo romper el centro de la línea persa con una caballería pesada, a la cual siguió la infantería. La batalla derivó en una fuga desordenada, pero Darío se las arregló para escapar. Después de su victoria en Gaugamela, Alejandro entro en babilonia y luego se dirigió a las capitales persas de Sosa y Persépolis, donde se apropio de los tesoros persas y se adueñó de inmensas cantidades de oro y plata.

Atila

Alejandro y Darío en la batalla de Isos. Este mosaico helenístico tardío proveniente de Pompeya describe la batalla de Alejandro y Darío III, rey de Persia, en lsos, en el año 333 a. d C. Alejandro desembarcó sus tuerzas en el oeste de Asia Menor, en el año 334 a. de C, con el fin de comenzar su campaña persa, y enfrentó primero a Darío en Isos, donde el angosto terreno inutilizó a la macona de los persas.

Alrededor del año 330 a.C, Alejandro se puso de nuevo en marcha. Después que Darío fuera asesinado por uno de sus propios hombres, Alejandro asumió el titulo y las ¡unciones de Gran Rey de los persas. Sin embargo, no le satisfacía descansar sobre los despojos del Imperio Persa. En los siguientes tres años, se movilizó hacia el este y noroeste, llegando hasta el lejano Pakistán actual. En el verano del año 327 a. de C., penetró en la India, que en ese entonces estaba dividida en varios estados en guerra. En el año 326 a. de C., Alejandro y SUS ejércitos llegaron a las llanuras noroccidentales de la India. En la batalla del río Hydaspes, Alejandro ganó una batalla brutalmente peleada Cuando Alejandro manifestó su determinación de marchar al este para conquistar más territorio de la India, sus soldados, cansados de una campaña tras otra, se amotinaron y se rehusaron a continuar. Alejandro accedió a sus demandas y estuvo (le acuerdo con regresar, de modo que condujo a sus tropas por el sur de Persia, a través del desierto Gedrosiano, donde sufrió fuertes pérdidas a consecuencia de las abrumadoras condiciones del desierto. Alejandro y lo que quedaba de su ejército se dirigieron a Susa y después a Babilonia, donde planeó más campañas. Pero, en el mes de junio del año 323 a. de C. debilitado por sus heridas, la fiebre y, tal vez, un exceso de alcohol, murió a la temprana edad de treinta y dos años.

Los ¡deales de Alejandro

Alejandro es uno de los grandes personajes más enigmáticos de la historia. Los historiadores, aun basándose en las mismas fuentes brindan distintas descripciones de él. Algunos lo pintan como un visionario idealista, y otros, como un ser maquiavélico y despiadado ¿Como se concebía a sí mismo Alejandro Magno? Sabemos que buscaba imitar a Aquiles, el héroe del poema la Ilíada de Homero. Bajo su almohada Alejandro tenía una copia de la lijada y una daga. También afirmaba ser descendiente de Hércules, el héroe griego al cual llegó a adorarse como un dios. Sin lugar a dudas, Alejandro aspiraba a recibir honores divinos; como faraón de Egipto se convirtió en un dios viviente, de acuerdo con la tradición egipcia e, incluso, en determinado momento, expidió instrucciones a las ciudades griegas para que lo declararan Dios.

Algunos historiadores han argumentado que Alejandro creía en un ideal de humanidad universal. Como evidencia, citan el hecho de que alentaba a sus soldados a contraer matrimonio con las mujeres nativas, y en Susa, en el año 324 a. de C., celebró en masa unas nupcias de diez mil de sus soldados con nativas. Alejandro mismo se casó con mujeres orientales (Estateira hija de Darío, y Roxana, hija de un barón bactriano). ¿Estaba Alejandro actuando en aras de un elevado ideal o, simplemente, buscaba una manera pragmática de unificar sus dominios recién obtenidos? Al inicio de sus conquistas, asumió actitudes de gobernante persa. Se autonombró Gran Rey y exigió a sus súbditos que se inclinaran ante él, al estilo persa. Vistió vestimentas persas, utilizó a persas como administradores adiestró a jóvenes nativos en los métodos militares macedonios los sus compatriotas macedonios objetaron estas trazas de despotismo, así como el trato igualitario que daba a los persas. Algunos llegaron al extremo de intentar asesinarlo. Sin embargo, Alejandro debió haber sentido la necesidad de fusionar a griegos y macedonios junto con los persas en una sola clase gobernante que le garantizara el control de un imperio tan extenso. Uno se queda con la impresión personal de que él aspiraba más a una monarquía autocrática, que a una encumbrada visión de la unión de la humanidad.

El legado de Alejandro

Pese a sus ideales, motivos o puntos de vista sobre si mismo, un hecho se impone: Alejandro creó en verdad una nueva era, la helenística. III término helenístico proviene de una palabra griega que significa “imitar a los griegos”. Así, este calificativo resulta apropiado para describir una era que atestiguó la difusión de la lengua y las ideas griegas en el mundo no griego del antiguo Cercano Oriente. La destrucción de la monarquía persa a manos de Alejandro extendió el gobierno griego—macedonio a lo largo de una dilatada área. Creó oportunidades para los ingenieros, intelectuales, mercaderes, soldados y administradores griegos. En tanto que los griegos continentales seguían comprometidos con los ideales de tas ciudades-estado, aquellos que siguieron a Alejandro y a sus sucesores participaron en una nueva unidad política basada en el principio de la monarquía. Alejandro había transformado su ejército de ser una fuerza macedonia a convertirse en una fuerza internacional, la cual le había jurado exclusiva lealtad a él. Después de su muerte, sus sucesores se valieron de la fuerza para establecer monarquías militares que dominaron el mundo helenístico. El poder autocrático —basado en la fuerza militar y en las pretensiones de un gobierno divino— llego a convertirse en una característica usual de dichas monarquías helenísticas y fue parte del legado político que Alejandro dio al mundo helenístico. Su visión de imperio fue sin duda inspiró a los romanos que, por supuesto, lucren los herederos reales del legado tic Alejandro.

No obstante, Alejandro también dejó un legado cultural. Como resultado de sus conquistas, la arquitectura, la literatura, la lengua y-el arte griegos se diseminaron por todo el Cercano Oriente. Los centres urbanos de la época helenística —muchos de los cuales fueron fundados por Alejandro y sus sucesores—se convirtieron en impulsores de la difusión de la cultura griega. Alejandro fundó una serie de ciudades y de asentamientos militares, llamados Alejandría, para proteger puntos estratégicos y para supervisar amplias áreas. La mayoría de los colonizadores eran mercenarios griegos. Se ha calculado que en el curso de sus campañas, Alejandro reclutó de 60.001 a 65.000 mercenarios adicionales provenientes de Grecia, de los cuales, cuando menos 36.000 se establecieron en las guarniciones militares y en las nuevas ciudades. A la vez que los griegos esparcían su cultura hacia el este, ellos mismos se veían influidos de manera inevitable por los USOS orientales. Así, el legado de Alejandro incluía una de las características básicas del mundo helénico: el choque de la fusión de culturas diversas.

Alejandro se reúne con un rey hindú

En sus campañas en la India, Alejandro peleó varias batallas difíciles :En la batallas del rio Hydaspes tuvo a un fuerte oponente en la persona del rey hindú Poro, después de vencer a Poro, Alejandro lo trató con respeto, según Ariano, el antiguo biógrafo de Alejandro.

Ariano, las campañas de Alejandro

En la acción Poro demostró ser todo un hombre, no sólo como comandante, sino como soldado del valor más real. Cuando vio a caballería dispersa, a la mayoría de sus soldados muertos y a sus elefantes muertos o vagando sin rumbo y desconcertado por lo que acontecía en el campo de batalla su comportamiento fue muy distinto al del rey persa Darío: a diferencia de Darío, él no dirigió la lucha para salvar su pellejo, sino que tan pronto como se -lograba reunir una sola unidad de sus hombres, peleaba con bravura. Fue sólo hasta que lo hirieron que dio vuelta al elefante en que iba montado y empezó la retirada... Alejandro, ansioso por salvar la vida de este valiente y gran soldado, envió a un hindú llamado Meroes, un hombre del que le dijeron había sido amigo de Poro por mucho tiempo. Poro escuchó el mensaje de Meroes, detuvo su elefante y desmontó, estaba muy angustiado por la sed, de modo que cuando revivió después de beber, le dijo a Meroes que lo llevara con presteza ante Alejandro.

Alejandro informado de su llegada, cabalgó para reunirse con él... Cuando se encontraron, refrenó su corcel y observó a su a adversario con admiración: representaba la magnífica figura de un hombre, con más de 2 metros de estatura y de gran belleza personal; su porte no había perdido nada de su orgullo; su aire era el de un valiente que se reúne con otro, de un rey en la presencia de otro, con quien él había peleado honorablemente por su reino.

Alejandro fue el primero en hablar. “Qué,” dijo, “deseas que haga contigo? “Trátame como se trata a un rey”,…se dice fue lo que contestó Poro. “Por mi parte,” dijo Alejandro, complacido por la respuesta, “tu petición será concedida. ¿Pero, no hay algo que desees para ti?” “Todo” dijo Poro, “está contenido en esta ultima petición”

La dignidad de estas palabras dieron a Alejandro incluso más placer, y devolvió a Poro la soberanía sobre sus súbditos agregando a su reino otro territorio incluso más grande. Así que, en realidad, trató a un valiente como se trata a un rey, y de ahí en adelante encontró en él, en todo sentido, a un amigo leal.

Cleopatra

Anibal:

Alejandro conquistó Asia, llegando hasta la mismísima orilla del río Indo, doblegando al imperio persa, en manos de un monarca pusilánime y débil, tan querido por sus generales que fue asesinado por ellos. Recibido como salvador en Egipto, fue ordenado faraón por los sacerdotes nativos, que preferían un dominio griego mil veces a un dominio persa. Y era el ídolo de su ejército, que sólo en circunstancias extremas fue capaz de contradecirlo. Además de ser rey por derecho de Macedonia y por tanto, dueño y señor de su voluntad real.

César, por su parte, no teniendo rival que se le enfrentara (Pompeyo era otro suertudo que tuvo enfrente a alguien más capaz que él), hizo de las Galias territorio romano, pero tuvo el mérito discutible de derrotar a una sarta de tribus que constantemente peleaban entre sí y rara vez se ponían de acuerdo, con un poderoso ejército que obedecía a su voluntad y le seguiría hasta el fin del mundo (Apartando el genio militar indiscutible de César, esta es una verdad histórica. Y es que duélale a quien le duela, obviando a Vercingétorix y algunos pocos otros, el sentimiento nacional galo era poco menos que irrisorio.)

Pero Aníbal, ¡ah! ¡Aníbal!

calígula

En 219 ANE, Aníbal tomó Sagunto. Roma, que ya había advertido a Cartago algo como: “Caquita nené, eso no se toca”, se sintió herida en su amor propio de potencia y pidió explicaciones a Aníbal. Las burlas de éste y la negativa de Cartago a aceptar las exigencias romanas (¡así serían!) provocaron la ruptura de las hostilidades. Había comenzado la Segunda Guerra Púnica.

De inmediato Roma despachó dos ejércitos, uno hacia España, bajo el mando de Publio Cornelio Escipión (hijo de aquel otro Escipión que había luchado en Sicilia) y otro hacia Cartago, comandado por Tiberio Sempronio Longo. Pero este otro ejército no llegaría a las costas de África. Cuando Escipión llegó a España, Aníbal ya no estaba allá. Pero no estaba en Cartago, no. ¡Estaba en Italia!

En 218 ANE, con más de 90 mil hombres, Aníbal había cruzado el Ebro hacia el norte de la península ibérica, bordeado los Pirineos y a través del sur de la Galia, cruzó el Ródano antes de que Escipión pudiera darle alcance y se adentró en los Alpes.

En 5 meses, Aníbal se encontraba en la Galia Cisalpina, con unos 25 mil hombres. Había hecho lo que nadie se había atrevido a intentar jamás: ¡Había cruzado los Alpes! Y encima, llevaba hasta elefantes en su ejército. Cierto es que había perdido las dos terceras partes, pero quienes lo acompañaban, como a Alejandro, lo adoraban y estaba dispuestos a morir por él.


Anibal
A finales del 218 ANE, en la batalla del río Tesino, chocaron por primera vez los ejércitos romano y cartaginés. Fue un ligero enfrentamiento, pero mostró claramente la superioridad de las armas cartaginesas. Escipión tuvo que replegarse más allá del Po y esperar a Sempronio, que venía desde el sur de Italia matando caballos.

A orillas del río Trebia, afluente del Po, tuvo lugar el segundo enfrentamiento. Aníbal envió como señuelo parte de la caballería cartaginesa, que provocó al ejército romano y lo arrastró en una loca aventura a través del río. Las heladas aguas del río en pleno invierno calaron hasta los huesos romanos y cuando llegaron al otro lado, la infantería cartaginesa esperaba en posición de ataque y la caballería volvió grupas, esta vez completa y reforzada con los elefantes de Aníbal.

Las legiones romanas pelearon con valor, pero no pudieron evitar la derrota. A costa de grandes pérdidas, lograron retirar parte de su ejército de la Galia Cisalpina. Contentos por este repentino cambio de fortuna, los galos se aliaron a Aníbal.

En la primavera de 217 ANE, Roma envió al general Cayo Flaminio con un ejército mayor aún que el de Escipión y Sempronio juntos. El objetivo era aniquilar totalmente a Aníbal, que avanzaba peligrosamente al encuentro de Roma.

Pero Flaminio era un incapaz que, desesperado por derrotar a Aníbal, no tomó las precauciones necesarias. Aníbal llegó al lago Trasimeno y observó un estrecho corredor limitado a un lado por una colina y al otro por el lago. Convencido de que por ahí debían pasar los romanos, emboscó a sus hombres tras la colina y esperó tranquilamente que el ejército del Lacio llegara.

Lo que siguió fue desastroso. El enorme ejército romano, muy superior al cartaginés, fue masacrado en su totalidad. El mismo Flaminio murió en la batalla.

historia

Los romanos, aterrorizados, declararon estado de guerra en la ciudad y nombraron a Quinto Fabio Máximo dictador. Máximo era un hombre inteligente y comprendió que enfrentar a Aníbal en una batalla campal equivaldría a ponerle en las manos la llave de la ciudad. Así pues, decidió llevar a cabo una estrategia similar a nuestra moderna guerra de guerrillas. El ejército cartaginés sería constantemente hostigado y los enfrentamientos directos serían evitados. Por su táctica, Fabio fue apodado “Cunctactor” (de un vocablo latino que significa “el que dilata”)

Pero los honorables romanos no compartían la certeza de Fabio sobre su táctica y consideraban una cobardía esa dilación constante de enfrentar una batalla. Por ello, Fabio fue depuesto como dictador y los cónsules electos en 216 ANE, Cayo Terencio Varrón y Lucio Emilio Paulo, partieron con un ejército romano de 86 mil hombres a enfrentar a Aníbal.

En Cannas, a unos 300 km al sudeste de Roma, se encontraron nuevamente ambos ejércitos. Aníbal contaba con 50 mil hombres, casi la mitad de los efectivos romanos. Alentado por esto, Varrón presentó batalla y el cartaginés la aceptó.

Aníbal había colocado a la infantería en el centro y la caballería dividida en los extremos. Mientras los extremos presentaban batalla a los costados romanos, los infantes cartagineses retrocedieron, sin romper las filas, hasta presentar una formación similar a una bolsa. Después, tras estar todo el ejército romano rodeado por dicha bolsa, la caballería cartaginesa, que ya había dado cuenta de los laterales latinos, atacó al ejército desde la retaguardia y cerró el círculo.

Los romanos, desesperados por romper las líneas cartaginesas, cayeron en la emboscada al aire libre mejor urdida de la historia. El ejército de 86 mil hombres fue literalmente ahogado por las tropas de Aníbal. El cónsul Paulo murió en la batalla y Varrón, temiendo enfrentarse a la ira del senado romano por su incapacidad, se suicidó.

Roma había enviado tres ejércitos al encuentro de Aníbal y los tres habían sido aniquilados. Parecía el fin de la potencia italiana. Algunos aliados del Lacio, entre ellos la ciudad de Capua y Sicilia, se pasaron al bando cartaginés. Pero los romanos, dando un increíble ejemplo de heroica obstinación, conformaron un nuevo ejército y, aprendida la lección, decidieron continuar con la táctica de Fabio: Hostigar a los cartagineses sin presentar batalla. Además, la historia habría de darle un general capaz de enfrentar a Aníbal en poco tiempo.

En Hispania, Publio Cornelio Escipión luchaba, verdad es que sin mucho éxito, por contener a Asdrúbal. En 212 ANE, el general romano murió en batalla y asumió el mando su hijo y tocayo. El nuevo Publio Cornelio Escipión ostentaba entre sus tempranas hazañas haber salvado la vida de su padre en la batalla de Tesino. Joven y temerario, sería el adalid salvador de Roma.

En el Mediterráneo, la flota romana se ocupaba de que Aníbal no recibiera refuerzos de Cartago, mientras el nuevo cónsul, Marco Claudio Marcelo, marchaba sobre Siracusa para castigar su deslealtad hacia Roma. En la toma de Siracusa, murió Arquímedes, el genial científico griego, quién había contribuido con sus inventos a retrasar la caída de la ciudad, asesinado por un soldado romano. Roma también tomó Agrigento, posesión cartaginesa en Sicilia y castigó terriblemente a la ciudad de Capua.

En Hispania, el joven Escipión tenía en jaque a Asdrúbal. Pero de alguna forma, el cartaginés, siguiendo los pasos de su hermano a una llamada desesperada de éste, escapó del cerco romano y cruzó los Alpes para unirse a Aníbal. Y aquí entró a jugar una de las grandes casualidades que cambian el curso de la historia:

Mientras un ejército romano rondaba a Anibal en el sur, en el norte otro vigilaba a Asdrúbal. El general al norte envió un mensajero a su hermano en el sur, donde fijaba un itinerario y un punto de reunión y por “cosas del destino” (Ñó, guión de culebrón), dicho mensaje fue a parar a manos romanas. El general romano al sur, juzgando necesario el abandono de la vigilancia sobre Aníbal, partió hacia el norte y se unió al otro ejército romano. A unos 200 kilometros al nordeste de Roma, a orillas del rio Metauro, el ejército de Asdrúbal fue derrotado por los ejércitos romanos. La cabeza del general cartaginés fue arrojada en el campamento de Aníbal.

malos

Pese a aquella historia con visos de derrota, el genial Aníbal aún no se rendía. Estuvo casi 4 años más en Italia rondando la ciudad eterna intentando comprometer en una batalla al ejército romano. Pero el fantasma de Cannas rondaba Roma y no se decidían a presentar batalla.

No obstante, las cosas se presentaban favorables a Roma. En 206 ANE, un ejército bajo el mando de Escipión derrotó en Hipa, Hispania, a una coalición cartaginesa superior en hombres. El general romano mostraba su valía y Roma captó el mensaje. Además, Cartago perdió el imperio hispano conquistado por Amílcar Barca, lo cual le dejaba sin recursos militares, entiéndase soldados, armas y pertrechos.

Escipión concertó una secreta alianza con Masinisa, rey de Numidia, y eludiendo una vez más a Aníbal, partió hacia Cartago en 204 ANE. Con una serie de rápidas y aplastantes victorias, puso a Cartago al borde del colapso y la ciudad fenicia llamó a Aníbal. Corría el año 202 ANE.

En Zama, a 160 km al oeste de Cartago, los dos ejércitos al fin se encontraron. Aníbal seguía siendo un gran general, pero tenía enfrente esta vez a otro de los grandes. Además, Escipión mandaba un ejército romano que se lo jugaba todo, apoyado por la caballería númida, extremadamente perjudicial para sus enemigos, Aníbal, un ejército de mercenarios cartagineses e italianos, con un reducido número de veteranos, sobrevivientes de sus campañas italianas. Al fin, la maquinaria de guerra cartaginesa, agotada tras años de campaña, sucumbió al genio de un general romano. En Zama, Aníbal fue derrotado y el ejército de Trebia, Trasimeno y Cannas fue aniquilado totalmente. Cartago fue obligada a rendirse por el propio Anibal, firmando un tratado de paz poco menos que humillante en 201 ANE.

Roma no olvidó tan fácilmente a aquel que los había humillado y aterrorizado por años. En 196 ANE, una Cartago económicamente recuperada bajo la guía de Aníbal recibió un pedido romano: Entregar a Aníbal. El cartaginés, consciente de lo que podía esperar de sus compatriotas, escapó al imperio seleúcida de Antíoco III. Nunca más podría agredir directamente a Roma. La pesadilla cartaginesa había terminado.

Tras la segunda guerra púnica, Roma había ganado Hispania y Sicilia. Hispania fue dividida en Hispania Citerior (Interior) y Hispania Ulterior (Exterior). Estas posesiones romanas en Hispania sólo abarcaban la porción sur de la península ibérica.

Ahora Roma era más poderosa que nunca, dueña y señora de Italia, y con posesiones distantes, empezaba a oler a imperio desde lejos. Y no se detendría ahí.

Hacia el 200 ANE, Antíoco III “el Grande”, dominaba el imperio seleúcida, fragmentado y débil, sólo unido por el pulso de acero de su gobernante. Grecia estaba dividida entre la liga aquea y la liga etolia. Filipo V dominaba Macedonia, mientras el Egipto Tolemaico languidecía bajo Ptolomeo V, un niño de 11 años.

No había poder mediterráneo real y capaz de enfrentarse a Roma. Cartago, la reina de los mares, estaba vencida y Roma levantaba orgullosa su mirada hacia los reinos helenísticos del este. Y muy pronto, habría de extender algo más que la mirada.

anibal

Julio Cesar:

Julio César nació en Roma en el año 100 ac en una antigua familia de patricios, llamada Julia, cuya ascendencia, se decía, se remontaba hasta la diosa Venus.

Nerón

El padre de Julio César, quien también Cayo Julio César, alcanzó el rango de pretor. Su madre provenia de una familia plebeya rica e influyente, de la rama de los Cotta. Julio César, al crecer entre la clase baja de la población, aprendió al parecer varios idiomas, incluyendo hebreo y algunos dialectos galos. Al vivir Julio César en esas condiciones, en el seno de una familia patricia con limitaciones económicas, caía en una desventaja para su futuro político. No obstante, el joven Julio César aprendió mucho de su infancia, apreciando el poder del liderazgo para el hombre común. Además, Julio César contaba con la ventaja de su herencia patricia y de un genio político que lo llevaría a la cúspide del poder romano.

Los Julios Césares, aunque patricios, no contaban con grandes riquezas para los patrones de la aristocracia romana de la época y debido a eso, su familia no ostentaba cargos prominentes en la República romana. Su tía Julia se casó con el gran general y reformador Cayo Mario, líder de la facción progresista del Senado, los Populares, adversarios de los Optimates (conservadores). Marío fue un personaje que influiría favorablemente en Julio César, y captaría la admiración de este. Cuando se enemistó con Sila, éste al respecto del genio de Julio César, mencionó que era tan peligroso como muchos Marios.

Al final de la vida de Mario, las luchas entre las dos facciones políticas habían llegado al punto de originar la guerra civil en el año 86 dc, cuya consecuencia a largo plazo fue la dictadura (concepto romano del término) de Lucio Cornelio Sila. En el año 85 ac, poco tiempo después que Julio César cumpliera 15 años, su padre murió de enfermedad. Muchas de las propiedades de su padre y Mario fueron dejadas al joven Julio César.

Julio César no tenía otra opción que apoyar a la facción progresista debido a sus lazos familiares (sobrino de Mario, esposo de Cornelia, quien era hija de Cinna). Debido a esta situación, Sila ordenó que Julio César se divorciara de Cornelia para así probar su lealtad al nuevo régimen, a lo que Julio César en un acto de rebeldía, se negó. Sila, al enterarse de la negativa mandó a capturar y asesinar al joven Julio César. Pero fue la intervención de su familia y amigos lo que lo liberó de la segura muerte. Sus tíos Marco, Cayo y Lucio Aurelio Cotta, junto con las vírgenes vestales y el propio yerno de Sila, Mamerco Emilio Lépido Liviano, convencieron al Dictador de perdonarle la vida. No obstante, Julio César no regresó a Roma sino que partió a Oriente a formar parte de la campaña contra Mitrídates VI, en la cuál Julio César se distinguió por su valor en combate y su capacidad de liderazgo.

A la muerte de Sila en el 78 ac, Julio César regresó a Roma e inició carrera como abogado en el Foro romano, siendo reconocido por su gran oratoria. Sus principales víctimas eran los políticos corruptos acusados de extorsión.

Julio César y los piratas
Julio César, no contento consigo mismo, viajó a Rodas para estudiar filosofía y retórica. Durante el viaje, su barco fue abordado por piratas, quienes acostumbraban pedir rescate por los ciudadanos romanos que capturaban humillándolos al exhaltar sobremanera su nobleza y echándolos de cabeza al mar. Se dice que el jefe de los piratas, miró a Julio César y decidió pedir 20 talentos de oro, a lo que éste, en un arranque de osadia y arrogancia, exigió que se pidieran 50, a lo que el pirata accedió y como le había caído en gracia el joven Julio César le aseguró que aunque dieran veinte 20 lo liberaría, a lo que Julio César le respondió "Como gustes, pero te advierto que más adelante los colgaré a todos de los palos de esta nave". Transcurrieron 38 día, y Julio César se instaló rápidamente entre los piratas, casi como un invitado o un amo, retando y ofreciendo discursos a los. Luego de que el rescate fue entregado, Julio César fue liberado y rápido en sus acciones, Julio César se apresuró a Mileto, donde reunió gente y armas, y sin perder tiempo regresó a la isla de Farmacusa donde aprendió a los sorprendidos piratas. Luego, fueron conducidos a la autoridad romana, a quienes no les interesaba castigarlos, sino más bien el botín. Julio César, dándose cuenta de eso, tomó una parte del botín y la otra la entregó a la autoridad, y al ver que el castigo no llegaba, Julio César se apresuró a Pérgamo donde se había ganado el respeto y la admiración de la gente, ordenó sacar a los piratas de sus celdas y después de un discurso, los hizo colgar en los palos de su propia nave. Esas acciones le valieron la popularidad y admiración entre el pueblo.

AlejandroMagno

En el 69 ac, Julio César sufrió la muerte de Cornelia, así como la de su hijo que nació muerto y poco después pereció la tía Julia. Contrario a la costumbre de la época, César insistió en organizar funerales públicos para ambas. Ambos funerales sirvieron también para desafiar las leyes de Sila que prohibían mostrar imágenes de Mario o de su hijo en público. pues dichas imágenes fueron exhibidas en el sepelio de Julia, y en el sepelio de Cornelia, la imagen de su padre Cinna. Eso fue muy apreciado por la opinión pública y repudiado por los Optimates.

Julio César en la Hispania Ulterior


Julio César fue electo cuestor por la Asamblea del Pueblo en el 69 ac, con 30 años de edad, como estipulaba el cursus honorum romano. En el sorteo subsiguiente, Julio César obtuvo un cargo en la provincia romana de Hispania Ulterior, situada en lo que es hoy día Portugal y el sur de España. Fue aquí donde Julio César pasó por un breve estado de depresión en el cual a los pies de una estatua de Alejandro Magno, lloró amargamente comparando sus acciones con las del gran conquistador Macedonio, diciendo "Este hombre, a mi edad, ya había conquistado el mundo!!".

Julio César regresó a Roma, donde prosiguió su carrera como abogado hasta ser electo Edil en el 65 ac, el primer cargo del cursus honorum ( institución de la República Romana, aunque nominalmente siguió existiendo durante el imperio, que servía para escalar puestos en la jerarquía y funcionariado romano) que tenía facultades de imperium (poder público). Dentro de las funciones de un edil se encontraban, la regulación de las construcciones, del tránsito, del comercio y otros aspectos de la vida diaria, también eran los encargados de organizar los juegos en el Circus Maximus, para los que el edil Julio César, tendría que aportar dinero de su propio bolsillo, pues el herario público para éstos no era suficiente. En el caso de Julio César, éste tendría que aportar una fuerte cantidad puesto que pretendía impulsar su carrera política con éstos, lo cuál consiguió con éxito, llegando a desviar el curso del Tíber para una representación en el circo, sin embargo acabó el año con deudas del orden de varios cientos de talentos de oro.

No obstante, el éxito como edil fue una ayuda importante en su elección para pontifex maximus en el año 63 ac, después de la muerte de Quinto Cecilio Metello Pío. El cargo de Julio César implicaba una casa nueva en el Foro, la Domus Publica, el hacerse cargo de toda la vida religiosa de Roma y custodia de las vírgenes vestales. También significaba el alivio del fin de las deudas de Julio César.

Julio César, al tomar posesión del cargo de pontifex maximus fue involucrado en un escándalo. Después de la muerte de Cornelia, Julio César se casó con Pompeya, nieta de Sila, cuyo deberera hacerse cargo de la organización de los ritos de la Bona Dea en diciembre, exclusivo a las mujeres consideradas sagradas. Sin embargo, durante las celebraciones, Publio Clodio (un joven líder demagogo, considerado peligroso) pudo entrar en la casa disfrazado de mujer. Pompeya fue señalada como culpable de este sacrilegio, y se le fue exigido el divorcio. Julio César reconoció en público que no la consideraba culpable, pero accedió diciendo "La mujer de César tiene que estar por encima de toda sospecha".

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El escándalo de Catilina
Julio César fue electo pretor en el año 63 ac y Marco Tulio Cicerón cónsul. Durante su consulado, Cicerón descubrió una conspiración para remover a los magistrados electos, la cual era liderada por Lucio Sergio Catilina, un patricio frustrado por su poco éxito político. A consecuencia de esto cinco prominentes romanos aliados de Catilina. Esto fue un hecho que conmocionó a la sociedad romana, pues en pocas ocaciones ciudadanos romanos eran ejecutados y cuando se hacía era sólo después de complejos procesos judiciales. La actitud de Julio César fue de rechazo a esta medida usando para esos fines su gran oratoria, sin embargo fue vencido por la insistencia de Marco Porcio Catón. El Joven y los 5 hombres fueron ejecutados ese mismo día. En esta dramática reunión del Senado el romance de César con Servilia, hermana de Catón, salió a la luz. Los opositores políticos de Julio César lo acusaron de formar parte de la conspiración de Catilina, mas esto nunca se comprobó y no hizo daño alguno a su carrera. Luego de su complicado año como pretor, Julio César fue nombrado gobernador de Hispania Ulterior.

El primer triunvirato: Julio César, Pompeyo y Craso


Al ser electo Cónsul Julio César en el año 59 ac contó con otro cónsul electo como enemigo: Marco Calpurnio Bíbulo, quien dijo retirarse de la vida política para, según el, dedicarse a buscar presagios en los cielos, pretexto con el cual, podría frenar las reformas de Julio César. En ese entonces, Pompeyo, personaje que había obtenido importantes logros militares y había adqurido el título de Pompeyo Magno, estaba en disputa con el senado por la cuestión de asignarles tierras de cultivo a sus veteranos de guerra. Y por último se encontraba Craso, otro personaje que se había hecho rico debido a su función corrupta con la brigada de bomberos que sólo apagaba los incendios si el propietario del bien accedía a vendérselo a bajísimo precio, estaba tratando de obtener el liderazgo del ejército en la guerra contra el Imperio Persa. Fue así como (por mediación de Julio César) Julio César, Pompeyo Magno y Craso formaron un grupo particular dispuesto a ayudarse a tomar el poder, conocido como primer Triunvirato (El segundo triunvirato quedó constituido por Octavio, sobrino de César, Marco Antonio y Lépdio).

A Julio César le resultaba de utilidad el dinero de Craso y de la influencia y popularidad de Pompeyo ianza informal.Para afianzar la estabilidad del triunvirato Pompeyo se casó con la hija de Julio César: Julia Caesaris. Hambriento por obtener gloria militar, Julio César marchó a la conquista de las Galias tan pronto recibió poderes proconsulares para gobernar las provincias de Galia Transalpina (actualmente al sur de Francia) e Iliria (la costa de Dalmacia), mismos que le otorgaban cinco años.

Julio César y su aventura en Britania
Julio César se había enfrascado en la invasión de Britania después de sus campañas contra los germanos. En ese entonces no se sabía si Britania (la actual Inglaterra) era una isla o un continente. Se decía que era una tierra misteriosa y con muchas promesas de ser un lugar de oportunidad, y para un aventurero como Julio César representaba una atractiva propuesta de conquista. Sin embargo, la campaña de Julio César en Britania no fue muy exitosa, y no consiguió grandes logros de la misma debido a las grandes dificultades que sufrió en el desembarco por el clima y la resistencia de los guerreros de Britania, que aunque fue conquistada por las armas no quedó completamente dominada más que en palabras. Durante el desembarco se cuenta la anécdota de que al estar recelosos de saltar al agua los legionarios y enfrentar a los britones que se encontraban relativamente cerca de las naves, uno de los portaestandartes de 13a. Legión (la favorita de Julio César) saltó al agua llevando el águila (cuya pérdida, era totalmente indigna para las legiones) después de gritar "¡Saltad conmigo, soldados, si no queréis que nuestra águila quede en poder del enemigo! Yo , al menos, cumpliré con mi deber para con la república y con mi general". Después, en esa batalla en la playa Julio César obtuvo la victoria.

Julio César vs Vercingétorix: La Guerra de las Galias
Julio César tuvo que regresar con las manos vacías a la Galia. Y bajo este escenario del consulado y el triunvirato, Julio César inició las Guerra de las Galias (58 ac - 49 ac), tras la revuelta de los líderes Galos al enterarse de la pobre campaña de Britania y al estado dividido de las legiones romanas. Fue Ambiórix, el jefe de los Eburones, el que inició la resistencia contra la dominación delas legiones de Julio César, al tiempo que otros líderes Galos comenzaron a tomar las armas también, principalmente con ataques por sorpresa sobre los desprevenidos romanos, que no obstante siempre lograron contener la situación. Julio César trató de dar muerte a Ambiórix a toda costa y pronto su crueldad y violencia se fueron asentuando en su deseo de dar término a la rebelión, sumiendo al país en un profundo terror, cosa que fue mal vista en Roma, donde para variar se cargaba con el fracaso de la campaña de conquista de Persia, donde el triunviro Craso fue muerto.

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Al reorganizarse, los Galos nombraron como jefe supremo al príncipe Vercingétorix, caudillo de los Arvernos. Éste era un personaje fuerte y corpulento que representaba los ideales galos y ejercía un un fuerte liderazgo sobre ellos. Julio César contaba ahora con un digno rival. Vercingétorix sometió a una dura disciplina a sus tropas, casi igual que la de las legiones romanas. Cada uno emprendió la guerra por su lado, Julio César conquistando castillos y fortalezas, y Vercingétorix incendió veinte ciudades para cortar las líneas de suministros de Julio César, diesmando y deteniendo los esfuerzos de los romanos.

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Ante tales tácticas Julio César trató de buscar apoyo en sus antiguos aliados, pero éstos le traicinaron y se sumaron a la rebelión Gala. La estrategia de Vercingétorix, consistía en seguir quemando ciudades de manera que los romanos no pudieran rehabastecerse y finalmente se vieran obligados a salir del país. Aunque algunos jefes Galos se mostraron en desacuerdo objetando que aunque tuvieran éxito después no tendrían donde vivir, sin embargo Vercingétorix logró hacerlos entrar en razón y contó con su apoyo, mientras que las noticias alentaron a más jefes Galos a sumarse a la rebelión contra Julio César. Más tarde Julio César, decidió enfrentarse directamente a Vercingétorix poniendo sitio en Gergovia, obligándole al sitiado a entablar batalla, misma que Julio César pierde, en un encarnizado combate, teniendo que retroceder junto con sus legiones, más sin embargo no fue un fracaso total puesto que ninguna legión se ha perdido. Las noticias de la batalla corren rápidamente y Julio César presencia como los pocos pueblos galos que le habían sido fieles le abandonan. Por otro lado la victoria Gala no hace otra cosa que encender la fé en la victoria final de Vercingétorix.

Después Julio César acude a Germania para reclutar una potente caballería, más sin embargo se dirige al sur, junto a todos los que tenían algo que temer de los Galos sublevados, en una marcha que más parece una franca huída. Es entonces cuando el entusiasmo de los Galos presenta una oportunidad para Julio César. Ante las negativas de Vercingétorix, quien prefería seguir con sus tácticas de guerrillas que tan buenos resultados habían dado, los jefes Galos lo obligan prácticamente a base de insistencia a presentar batalla en campo abierto contra las legiones romanas. La batalla llenó de entusiasmo a las tropas Galas, y pronto se alistaron para presentar batalla al ejército en fuga de Julio César. Más, sin embargo, la batalla tomaría un resultado muy distinto al esperado por los Galos, puesto que la caballería Germana reclutada por Julio César inclinaría la balanza a su favor, derrotando con su ayuda al numeroso ejército Galo, que combatía con ventaja numérica, pero no eran rivales para las tropas veteranas de Julio César. Vercingétorix, junto con el resto del ejército Galo, perdiendo los ánimos de combatir retrocedió a refugiarse en Alesia.



Precisamente aquí se revelaría el genio estratégico de Julio César, quien con pocas provisiones, en una maniobra valiente y osada, decide perseguir a Vercingétorix y poner sitio a Alesia. La estrategia de Julio César, consistió en rodear a la ciudad con un anillo de obstáculos (compuesto por lodo, ramas secas que dificultaran el avance en caso de que las fuerzas de vercingétorix trataran de salir, y unas empalizadas que eran interrumpidas cada cierta distancia por torres de madera), que asegurara el aprisionamiento del ejército Galo hasta asegurar su rendición. Vercingétorix, al darse cuenta de los planes de Julio César, decidió actuar y atacar por sorpresa con su caballería la construcción de la obra, en el único lugar que todavía no estaba construido, pero la intención de vercingétorix, no era la de aniquilar las fuerzas de Julio César ni mucho menos, sino pasar a través de ellas para convocar a los líderes Galos a que intervinieran en su auxilio. El ataque tuvo éxito y los jinetes lograron atravezar las defensas todavía inacabadas. Julio César en respuesta a esto y en su estrategia más gallarda y legendaria, decide encerrarse a sí mismo creando otro anillo con las mismas características pero en sentido opuesto, para resistir el contraataque de las fuerzas galas, que atacarían desde afuera de la ciudad.

Los malos de la historia

Las obras defensivas de Julio César estuvieron listas en cinco semanas, mientras que el ejército de rescate Galo se presentó poco después. Hubieran hecho rendir a los Romanos al cortar su línea de suministros y símplemente esperar, aunque los Galos sitiados hubieran sufrido estragos también, más sin embargo impacientes desencadenaron un ataque desorganizado contra las defensas de Julio César, sufriendo graves pérdidas y siendo perseguidos después por la caballería Germana, que sembraba muerte e incertidumbre. Luego en otro ataque simultáneo en el mismo punto, los Galos casi logran atravezar las defensas que eran ya casi insosteniblemente defendidas por las legiones de Julio César, más ante sus palabras y su presencia en los puntos más comprometedores de la batalla los Galos consiguieron ser rechazados. Ante tal fracaso, el heróico Vercingétorix decidió entregarse a los romanos por el bien común, y salió de las murallas de Alesia, entregándose a Julio César y poniéndose de rodillas ante él. Vercingétorix fue arrestado y mandado a roma como trofeo, y seis años después decapitado. Vercingétorix es hoy en día considerado un héroe en territorio Francés.

De acuerdo con Plutarco, la campaña resultó en 800 ciudades capituladas, 300 tribus sometidas, un millón de galos reducidos a la esclavitud y otros tres millones muertos en los campos de batalla.

Julio César cruza el Rubicón
Mientras ocurrían estos hechos, Julia, la hija de Julio César, había muerto durante un parto y Craso, también había fallecido en su campaña contra Persia. El triunvirato se había disuelto y ahora sólo dos figuras se disputaban el poder: Julio César y Pompeyo. La facción conservadora aún era adversaría de Julio César y fue con ésta precisamente con quien se alió Pompeyo. En un intento por seguir contando con el apoyo de Pompeyo y prevenir una guerra civil, Julio César le ofreció la mano de una de sus sobrinas, más Pompeyo se casó con Cornelia Metella, hija de Metellus Scipio, uno de los peores enemigos de Julio César.


El senado lidereado por Pompeyo, en una actitud agresiva (tomada por temor a la gloria acaparada por Julio César en su campaña Gálica) le envió a César una proposición, mandar una de sus escasas légiones a oriente para vengar a Craso y devolver la otra a Pompeyo que se las había prestado para la Guerra de las Galias. Pero los ánimos se tornaban cada vez más agresivos para Julio César y de nada servían los intentos de apaciguarlo por parte de sus amigos Marco Antonio y Curión. Finalmente, la desición fue tomada, y le fue exigido a Julio César deponer su ejército o declararse enemigo de Roma. Ante tales amenazas y saber que no tenía más alternativa Julio César toma una desición y marcha sobre roma, en su camino, decide cruzar el Rubicón (un río italiano, que estaba prohibido cruzar por cualquier general preparado con su ejército) y al realizar el cruce sabe que no puede dar marcha atrás (de ahí que la frase "cruzar el rubicón" es utilizada para expresar que lo que en lo que se ha decidido no se puede arrepentirse). Se cuenta que cuando cruzó el Rubicón, al llegar al otro extremo, Julio César dijo "Allea Jacta Est", es decir: "La suerte está echada". Esta acción dio inicio a la guerra civil romana.

Roma

Los Optimates, incluidos Metellus Scipio y Catón el joven, huyeron hacia el sur, sin saber que César estaba acompañado apenas por su decimotercera legión.

Julio César derrota a Pompeyo
Julio César persiguió a Pompeyo hasta el puerto de Brundisium en el sur de Italia, con la esperanza de poder rehacer su alianza, pero éste se negó a entablar toda conversación y huyó hacia Grecia con sus seguidores. Entonces, Julio César fue a Hispania en una marcha forzada de apenas 27 días, para derrotar a los seguidores de Pompeyo en esa poderosa provincia, de la cuál extrajo más fuerzas para enfrentar a Pompeyo, perdonando la vida de sus seguidores. Depués de asegurar la retaguardia, y de organizar las instituciones políticas.

Atila

Cleopatra:

Cleopatra nació en Alejandría en el año 69 a.C. Pertenecía a la familia de origen griego de los Tolomeos, que reinaban en Egipto desde que, a la muerte de Alejandro Magno, su imperio se dividió en tres partes: Macedonia, Siria y Egipto. Su padre era Tolomeo XII, y era hermana de dos Tolomeos, otra Cleopatra, Berenice y Arsinoe. Era hija de una de las dos esposas de Tolomeo, pero no sabemos exactamente cuál de ellas fue.

Cleopatra

Cleopatra era políglota: se cuenta que ella fue la única de su familia que habló el egipcio, ya que su lengua materna era el griego. También se dice que hablaba otras, como el etíope, el árabe, el meda o el hebreo. Físicamente, no tenía una gran belleza (no era muy alta y sufría alopecia), pero sabía cómo hacerse notar, pues era muy locuaz. Además, fue una gran reina, preocupada por su pueblo, que además compartía creencias con los egipcios, lo que le dio popularidad.

La princesa tuvo que vivir muchas luchas hasta hacerse con el poder. Siguiendo la costumbre egipcia, se casó con su hermano Tolomeo XIII, que era muy joven: sólo tenía diez años. Tuvo muchos conflictos con sus hermanos y hermanas. Tras producirse revueltas en 58 a.C., su padre tuvo que huir a Roma, y quedaron como reinas sus hermanas Cleopatra VI y Berenice IV. Posteriormente, tras el regreso de su padre en 55 a.C., puso en el trono a Cleopatra VII y Tolomeo XIII. Cuando murió su padre, Pompeyo nombró rey a Tolomeo y expulsó a Cleopatra de Egipto. La reina eligió exilarse en Siria, donde comenzó a formar un ejército.

Mientras, en Roma se producía la Guerra Civil entre César y Pompeyo. En 48 a.C. tras la batalla de Farsalia, en Grecia, los dos combatientes llegaron a Egipto. Pompeyo fue asesinado por los cortesanos del rey. Cleopatra aprovechó el momento para volver a Egipto, y se presentó ante César metida en un tapiz. El general romano colocó en el trono a los dos hermanos, pero Tolomeo XIV apartó del poder a Cleopatra. Éste murió ahogado, Cleopatra quedó como única gobernante de Egipto, así que César la casó con Tolomeo XIV, su otro hermano. Hasta entonces, era rey de Chipre gracias a César. Durante la Guerra Civil de Roma se produjo el incendio de la Biblioteca de Alejandría, una gran colección de libros mandada construir por Tolomeo I. Esta colección se vio incrementada generosamente con el regalo de César a Cleopatra de 200.000 libros.

calígula

Julio César y Cleopatra se convirtieron en amantes, a pesar de la diferencia de edad. Tuvieron un hijo: Tolomeo XV César, también llamado Cesarión por los egipcios. Julio César regresó a Roma en 47 a.C. para celebrar su victoria en Egipto, llevando consigo a Cleopatra y a su hijo. Su relación con Cleopatra, así como la identidad del padre de Cesarión, no eran desconocidos por los romanos.

En Roma, Cleopatra se ganó muchos enemigos, que la veían como una amenaza, por lo que muchos escritores e historiadores se encargaron de ofenderla e insultarla. La reina de Egipto caía muy mal en Roma. Vivía en una casa cerca del Tíber, junto a su hijo, pero seguía como la amante de César, por lo que no pasó penalidades.

Sin embargo, los senadores vieron en César una amenaza cuando descubrieron que pensaba proclamarse emperador. Por eso, urdieron un plan para asesinarlo el 15 de marzo del año 44 a.C. aprovechando la sesión del Senado. Esa conspiración dio resultado, y César fue asesinado. Tras su muerte, Cleopatra tuvo que volver a Egipto con su hijo. Allí, envenenó a su marido, Tolomeo XIV, y quedaron reinando ella y Cesarión.

La ajetreada vida de Cleopatra se vio de nuevo alterada en el año 41 a.C. Tres años después de la muerte de César, había un nuevo triunvirato, formado por Lépido, Octavio y Marco Antonio, que gobernaba todo el Imperio. A Marco Antonio le correspondía el control sobre las provincias orientales, entre las cuales se encontraba Egipto, territorio que visitó ese año.

Durante su visita, conoció a Cleopatra, de la cual se enamoró. Ambos, mientras vivían una apasionada relación, unieron sus fuerzas para conquistar un nuevo imperio que le hiciera sombra a Roma.

Antonio estaba casado con la hermana de Octavio, pero, aún así, se casó con Cleopatra. Ambos se estaban convirtiendo en leyendas vivientes y ya habían sido identificados con dioses, tanto griegos como egipcios: Antonio, con Dioniso y Horus; Cleopatra, con Afrodita e Isis.

historia

El poder de Antonio y Cleopatra, que conquistaban terrorios del Imperio en el este del Mediterráneo, no estaba pasando desapercibido en Roma, por lo que se provocó otra Guerra Civil: Octavio, sobrino e hijo adoptivo de César, decidió acabar con ellos y conseguir el poder del Imperio.

En el años 31 a.C., Marco Antonio decidió desembarcar en Italia, para lo cual los dos amantes juntaron sus flotas. Sin embargo, el previsor Octavio se le había adelantado, y les bloqueó con sus barcos en Actium, un promontorio situado en la costa noroeste de Grecia. También desembarcó un poderoso ejército terrestre en Iliria, en los Balcanes.

Antonio y Cleopatra tenían que decidir entre quedarse y resistir en la Península Balcánica, donde tenían que enfrentarse al ejército terrestre de Octavio, o renunciar a sus sueños de conquista y regresar al seguro Egipto. Finalmente optaron por esta última, decisión en la que el temor de Cleopatra influyó mucho.

Sin embargo, para escapar de Actium, debían enfrentarse a la flota de Octavio, dirigida por Agripa, en una batalla que sería, sin duda, complicada. Mientras Octavio ordenó que las velas de los barcos se dejaran en tierra para provocar una navegación más ágil, Antonio prefirió que las colocaran, para poder huir más rápidamente a Egipto. Los generales también fueron distintos en su táctica de ataque: Octavio prefería hundir los barcos enemigos atacándolos con espolones; por su parte, Marco Antonio ordenó que se los abordara antes de hundirlos.

De repente, sin saberse el motivo, aunque probablemente para conservar sus barcos o debido a su propio miedo, Cleopatra mandó a su flota que se retirara del combate. Marco Antonio, al verla, dejó su flota y la acompañó. Mientras Antonio y Cleopatra se alejaban, los hombres del primero siguieron luchadndo, hasta que Octavio ordenó que incendiaran la flota enemiga. El ejército naval de Antonio se vio diezmado, mientras Octavio sumaba un triunfo más a su carrera militar.

malos

Octavio desembarcó en Egipto y luchó contra Marco Antonio. En el año 30 a.C., Marco Antonio se suicidó. Según una versión, lo hizo por haber sido finalmente derrotado por las tropas de Octavio. Sin embargo, según otra, se debe a que Cleopatra, que preveía que iba a perder, simuló su suicidio cuando Octavio le envió un mensaje en el que se le declaraba y le pedía que matase a Marco Antonio, esperando que su amante decidiera quitarse la vida. Cuando Cleopatra intentó seducir a Octavio, éste, que había mentido, le dejó claro que había sido derrotada.

Tras el suicidio de Marco Antonio, Cleopatra decidió suicidarse. La leyenda cuenta que lo hizo dejando que un áspid le mordiera. Cleopatra ya había pasado a la Historia como la mujer que había logrado hacer sombra al Imperio Romano.

Cleopatra, la reina de Egipto, ha aparecido en dos ocasiones en "Xena": la primera, en "El rey de los asesinos" ("The King Of Assasins", y la segunda, en "Antonio y Cleopatra" ("Antony & Cleopatra".

El el primer capítulo, desarrollado en Grecia, Jett, el hermano gemelo de Joxer, quería asesinar a la reina por orden de su hermano Tolomeo. Gabrielle, Joxer, Autolycus y Xena lo impideron. En el segundo, Cleopatra sólo aparecía dos minutos, ya que en la primera escena era mordida, mortalmente, por una serpiente enviada por Bruto. En el resto del capítulo, Xena fingía ante Marco Antonio que era la reina.

Dos actrices han interpretado a Cleopatra: en "El rey de los asesinos", la encargada fue la neoyorkina Gina Torres, que es conocida por interpretar a Nébula en "Hércules". En "Antonio y Cleopatra", fue interpretada por Josephine Davison, que también dio vida a la diosa Artemisa en "La maternidad" ("Motherhood".

anibal

Segunda parte : http://www.taringa.net/posts/ciencia-educacion/13888831/Los-malos-de-la-historia-parte-2.html

Gracias por pasar comenten .....

2 comentarios - Los malos de la historia

@KenIcky +1
Buena info, pero ni se te ocurra agregar en la lista a Adolf Hitler, al final la historia le esta dando la razon por lo que hizo, sino mira lo que estan pasando los palestinos y la mierda del estado de Israel y EEUU que lleno de judios los apoyan.
@zerox207
envia fuente ._. plz
KenIcky dijo:Buena info, pero ni se te ocurra agregar en la lista a Adolf Hitler, al final la historia le esta dando la razon por lo que hizo, sino mira lo que estan pasando los palestinos y la mierda del estado de Israel y EEUU que lleno de judios los apoyan.