5 experimentos mentales de la filosofia


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El asno de Buridán


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El asno de Buridán es el nombre que se le da al animal que protagoniza un antiguo argumentocontra Jean Buridan, defensor del libre albedrío y de la posibilidad de ponderar toda decisión a través de la razón. Para satirizar su posición, algunos críticos imaginaron el caso absurdo de un asno que no sabe elegir entre dos montones de heno (o, en otras versiones, entre un montón de avena y un cubo de agua), y que a consecuencia de ello termina muriendo de inanición (o de sed). Se trata, según algunos, de una paradoja, ya que, pudiendo comer, no come porque no sabe, no puede o no quiere elegir qué montón es más conveniente, ya que ambos montones le parecen iguales.

El ejemplo viene a mostrar que si todos nuestros actos estuviesen determinados por motivos no podriamos decidir. Si la solución al problema del asno es que efectivamente sabemos que existe el libre arbitrio, el hombre puede decidir más allá de razones deterministas.

Imaginemos casos menos extremos y más intuitivos de la misma paradoja: piénsese en alguien que sigue la máxima de hacer siempre primero lo que es más urgente y, enfrentado ante varias tareas urgentes, su propia deliberación acerca de cuál es la tarea prioritaria le hace perder valiosísimo tiempo. O piénsese en una persona que ama a dos pretendientes ¿Puede amarlos a ambos con la misma fuerza y perderlos a ambos por culpa de su indecisión?


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El cerebro en una cubeta


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Imaginemos que eres una persona a la que un científico desquiciado ha extraído el cerebro. Dicho órgano es colocado dentro de un recipiente especial que contiene un líquido con nutrientes que permitirá mantenerlo con vida. Las neuronas de tu cerebro han sido conectadas por medio de cables a una supercomputadora

Este aparato, de tecnología altamente sofisticada, trabaja con un programa que genera en tu mente la ilusión de que tu vida transcurre de manera normal. Pero, en realidad, la falsa percepción sensorial de tu mundo ilusorio es resultado de los impulsos eléctricos que llegan a tu cerebro. La siniestra computadora simularía una realidad virtual. Cuando quieras mover una mano, por ejemplo, la computadora producirá la ilusión adecuada para que sientas que manejas la mano según tu voluntad

Ahora yo te digo taringuero que tu cerebro esta conectado a una máquina que crea en tu cerebro la ilusión de estar visitando mi post. Ah, que cambia tu forma de ver las cosas.




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El dilema del tranvía


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El dilema del tranvía es un experimento mental en ética.

Un tranvía corre fuera de control por una vía. En su camino se hallan cinco personas atadas a la vía por un filósofo malvado. Afortunadamente, es posible accionar un botón que encaminará al tranvía por una vía diferente, por desgracia, hay otra persona atada a ésta. ¿Debería pulsarse el botón?

La mayoría de los que consideran este problema creen que está permitido accionar el interruptor.

Las respuestas son variables, por ejemplo, la respuesta varía si la persona a la que tenemos que sacrificar es un trabajador de la compañía que hace su trabajo reparando la vía o es una persona que camina irresponsablemente por ella. O tal vez esas cinco personas son ladrones asesinos, y la otra persona sea buena ciudadana. Se las dejo para pensar.


5 experimentos mentales de la filosofia

La máquina de experiencias


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Constituye uno de los más renombrados intentos de refutación del hedonismo (Búsqueda del placer y la supresión del dolor) ético, utilizando para ello una idea de elección entre la realidad diaria y una realidad simulada aparentemente preferible.

Supongamos que existiera una máquina de experiencias que proporcionara cualquier experiencia que usted deseara. Neuropsicólogos podrían estimular nuestro cerebro de tal modo que pensáramos y sintiéramos que estábamos escribiendo una gran novela, haciendo amigos o leyendo un libro interesante. Estaríamos todo el tiempo flotando dentro de un tanque, con electrodos conectados al cerebro. ¿Debemos permanecer encadenados a esta máquina para toda la vida, preprogramando las experiencias vitales. Por supuesto, una vez en el tanque usted no sabría que se encontraba allí; pensarás que todo eso era lo que estaba efectivamente ocurriendo. Otros también pueden encadenarse y tener las experiencias que quieran, de modo que no hay necesidad de mantenerse fuera para servirlos. (Olvídate de problemas tales como ¿quién daría mantenimiento a las máquinas si todo el mundo estuviera encadenado a ella?) ¿Te encadenarías? No debes abstenerte por razón de los pocos momentos de aflicción entre el momento en que ha decidido y el momento en que se encadena. ¿Qué son unos pocos momentos de aflicción comparados con toda una vida de dicha? (si esto es lo que escogiste). ¿Y por qué sentir angustia en absoluto, si su decisión es la mejor? ¿Qué nos preocupa a nosotros, además de nuestras experiencias?

Primero, queremos hacer ciertas cosas, no sólo tener la experiencia de hacerlas. En el caso de ciertas experiencias, es sólo porque, primero,queremos hacer las acciones por lo que queremos la experiencia de hacerlas o pensar que las hemos hecho. (Pero ¿por qué queremos hacer las actividades en vez de meramente experimentarlas?)

Una segunda razón para no encadenarse a la máquina de experiencias es que queremos ser de cierta forma, ser un cierto tipo de persona. Alguien que flota en un tanque es una burbuja indeterminada. Encadenarse a la máquina es una especie de suicidio.

En tercer lugar, encadenarse a una máquina de experiencia nos limita a una realidad hecha por el hombre, a un mundo no más profundo ni más importante que aquel que la gente puede construir. No hay ningún contacto efectivo con ninguna realidad más profunda; aunque su experiencia se pueda simular. Esto clarifica la intensidad del conflicto sobre drogas psicoactivas, a las cuales algunos consideran tan sólo como máquinas de experiencias locales; otros, como caminos hacia una realidad más profunda; algunos consideran como equivalente a entregarse a una máquina de experiencias.


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La habitación china


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La habitación china es un experimento mental, propuesto por el filósofo John Searle que formula la idea de que la mente es como un programa de ordenador, Searle la llama "inteligencia artificial fuerte". Dicha tesis es una analogía entre el funcionamiento del cerebro y el funcionamiento de los ordenadores digitales que opera en ambas direcciones:

La mente funciona igual que un programa de ordenador, siendo el cerebro una especie de ordenador biológico. La mente es al cerebro lo que el sistema operativo es al ordenador.

Un ordenador, convenientemente programado para simular la inteligencia humana, no sólo es una simulación de inteligencia sino que es inteligencia. Dicho de otro modo: los ordenadores digitales pueden tener mente.

La crítica de Searle a esta tesis va dirigida a la definición misma de "ordenador digital". Es esencial para nuestra concepción de lo que es un ordenador que sus operaciones puedan especificarse de manera completamente formal, en términos de símbolos abstractos (unos y ceros, por ejemplo). Pero esos símbolos no se refieren a nada, no tienen significado, no tienen contenido semántico.

Y ahí está el problema de la tesis de la Inteligencia Artificial: nuestros estados mentales (nuestras creencias, deseos, etc...) sí tienen contenido semántico (La mente implica la manipulación de símbolos), aparte de los rasgos formales que puedan tener a diferencia de las computadoras... ¿Se entiende?

Osea taringueros, que las computadoras con inteligencia propia van a esperar un rato más.


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Recomendada (Si no la viste, mirala)
- Dime, ¿qué es el amor? - Amor es abrir un poco más mis ojos y acelerar mi respiración un poco y calentar mi piel y tocar.

- Si fue creado para amar entonces se puede suponer que sabe odiar. Y si se ve empujado a esos extremos ¿de qué es capaz?



¡Esto fue todo taringueros hasta el próximo post!


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