Tanto Kirchner (gobernador de Santa Cruz) como M*n*m (Presidente de la Nación) formaron parte de uno de los mayores fraudes de nuestra historia…

Como fué destruida la imagen y luego entregado YPF. Uno de nuestros capitales estratégicos mas importantes durante casi un siglo.

Por empezar… Rodolfo Terragno relata el cambio de discurso de nuestro ex presidente respecto al tema:


En 1992, Kirchner ayudó a M*n*m a privatizar YPF


Ahora dice que aquella privatización fue “un genocidio”

Fue este jueves, en el Salón Sur de la Casa Rosada. Allí había dos víctimas de amnesia “lacunar”: ésa que borra la memoria de un evento determinado.
Los pacientes eran el Presidente Néstor Kirchner y el Secretario General de la Presidencia, Oscar Parrilli. Ambos han olvidado que –de no haber sido por ellos dos— Carlos Saúl M*n*m no habría podido privatizar YPF.
Kirchner dijo en el Salón Sur: “Sabemos el genocidio que pasó nuestra industria petrolera, la increíble privatización (…) Si YPF hubiera quedado en manos nuestras estaríamos recaudando (…) entre 20 y 25 y hasta 30.000 millones de dólares por año”.
A su lado, Parrilli aplaudía.
Ninguno de los dos recordaba, al parecer, su participación en eso que (ahora) el Presidente llama “genocidio”.
M*n*m quería sancionar la Ley de Privatización de YPF pero no podía. No tenía, en el Congreso, los votos necesarios: aparte de la abierta negativa de la UCR, enfrentaba resistencias dentro del propio PJ.
Kirchner ofreció la solución. Él había asumido, el 21 de agosto, la presidencia de la Organización Federal de Estados Productores de Hidrocarburos (OFEPHI), que agrupaba a Chubut, Formosa, Jujuy, La Pampa, Mendoza, Neuquén, Salta y Santa Cruz.
Si la privatización era reclamada de modo unánime por la OFEPHI –argumentó Kirchner– se vencerían muchas resistencias.
Pero la solución tenía un precio: la Nación debía pagar –acuerdos extrajudiciales mediante– sumas multimillonarias que las provincias de la OFEPHI reclamaban por regalías supuestamente “mal liquidadas”.

Pocos conocen la vinculación entre los
“fondos de Santa Cruz” y el papel decisivo
que Kirchner tuvo en la privatización del
petróleo


Ya el 30 de agosto de 1991, M*n*m –junto con sus ministros Domingo Cavallo y José Luís Manzano– habían suscrito una curiosa “conciliación” con Santa Cruz. Por ella, la Nación “reconocía” una deuda de 480 millones de dólares con la provincia. Pero el “reconocimiento” quedaba impúdicamente sujeto a la sanción de la Ley de Privatización de YPF. Si no se aprobaba esa ley, el reconocimiento –decía con todas las letras una cláusula del acuerdo– “quedará sin valor y efecto alguno, y no podrá ser invocado como antecedente de ninguna especie”.
El martes 22 de septiembre de 1992, los gobernadores de la OFEPHI se reunieron con Manzano, en el Ministerio del Interior, y resolvieron montar un lobby.
Acto seguido, Kirchner ofreció una conferencia de prensa en la misma Casa Rosada. Desde allí pidió apoyo para la privatización de YPF e instó a que los disidentes, al menos, dieran quórum.
Al día siguiente, Clarín publicó, con foto de Kirchner, la noticia: “Provincias petroleras hacen lobby por la aprobación”. Ese lobby no se limitaría a la exhortación pública. Los diputados debieron sortear presiones y tentaciones.
La tarea fue efectiva. Esa noche, Diputados aprobó el proyecto de ley.
Parrilli (entonces diputado nacional por Neuquén) fue el miembro informante. Durante el debate, sostuvo: “No pedimos perdón por lo que estamos haciendo (…) Esta ley servirá para darle oxígeno a nuestro gobierno y será un apoyo explícito a nuestro compañero Presidente M*n*m”.
Un año después, en un libro titulado Cuatro años en el Congreso de la Nación, 1989-1993, Parrilli se jactó de haber impulsado la privatización: “Hoy YPF es la gran empresa petrolera privada nacional, que domina más de la mitad del mercado de los combustibles”.
La venta de YPF tuvo, también, ventajas para el gobernador Kirchner. Dos meses después de sancionada la ley, Cavallo, Manzano, Kirchner y De Vido firmaron el “acta acuerdo” por la cual se fijó la suma que correspondía a Santa Cruz.
En definitiva, la provincia recibió, en 1993, US$ 654 millones. Con ellos, adquirió acciones. Las de YPF, le permitieron un gran negocio. Las compró en US$290 millones y, seis años más tarde, las vendió por US$670 millones. Hizo, así, una diferencia de unos US$380.
654 + 380 = 1.034. Kirchner envió ese millar de dólares a dar la vuelta al mundo.
Nunca hubo restitución plena ni adecuada rendición de cuentas. Sin embargo, la justicia se ha desentendido del tema. Guillermo Montenegro —juez federal designado por Kirchner— se declaró incompetente y remitió la causa a la provincia. El 1° de junio de 2005, Santiago María Lozada, Juez de Instrucción Nº 1 de Río Gallegos, mandó las actuaciones al archivo.
Los “fondos de Santa Cruz” han sido motivo de acusaciones y debates. Pocos conocen, sin embargo, la conexión entre esos fondos y el decisivo apoyo que Kirchner brindó a la privatización de YPF.

M*N*M , LA DICTADURA… Como se fue “cocinando” el asunto:

Gustavo Lahoud, Licenciado en Relaciones Internacionales, investigador en temas energéticos y de recursos naturales del Instituto de Investigación en Ciencias Sociales de la Universidad del Salvador, relata con rigor académico, y con pasión, la historia de la privatización de YPF. Hoy, que el tema de la disposición del petróleo está nuevamente en el tapete, conviene que repasemos la historia.

Introducción

Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) fue el principal activo estratégico y económicamente viable del Estado argentino entre 1922 y 1992, logrando expandir la oferta y la producción de energía en todas sus formas (combustibles derivados del crudo, gas natural y electricidad), diversificando el suministro eléctrico (sobre la base del gas natural que distribuía Gas del Estado, más la hidroelectricidad y en menor medida la nucleoelectricidad) y permitiendo una configuración de la estructura socioeconómica del país basada en la industrialización para sustituir importaciones de productos de consumo masivo, además en industrias claves como el acero, petroquímica, automotriz, aeronáutica y naval, y en el avance científico-tecnológico del campo nuclear.

Más, con YPF el Estado formuló e implementó una serie de políticas de planificación energética que resultaron en el desarrollo de un aparato productivo que posibilitó mejores ventajas competitivas en la economía nacional y condiciones de vida para los ciudadanos.

No obstante, el modelo económico de la Dictadura Militar (1976-1983) basado en las rentas agropecuaria y financiera, la desindustrialización, el estancamiento científico-técnico, la desregulación de los mercados, el ajuste estructural y el endeudamiento externo, dejaron las bases y cimientos para su completa enajenación posterior, la cual se ejecutó durante los dos gobiernos de Carlos Saúl M*n*m: la primera etapa culminó en 1993 y la segunda en 1999 (De Dicco, 2004c).

El objetivo de este artículo es, justamente, dar cuenta del conjunto de argumentos esgrimidos por las autoridades de la última dictadura militar que posibilitaron la articulación de una estrategia discursiva -ciertamente muy convincente- cuyo objetivo fundamental fue “desacreditar y desvirtuar” la rica y pujante historia del YPF SE. como principal activo estratégico del país. Es importante considerar que sin este conjunto de argumentos y sofismas muy bien urdidos, difícilmente se hubiera podido encarar un proceso de enajenación y extranjerización de los activos del sector hidrocarburífero argentino que derivó en la definitiva reformulación del modelo energético en la década de los ’90.

Por otra parte, en la maquinaria que se puso en marcha a fin de lograr tales propósitos, no debe olvidarse el papel estratégico que desempeñaron los medios de comunicación gráficos y televisivos que -de la mano de algunos personajes popularmente conocidos, como los casos de los periodistas Bernardo Neustadt y Mariano Grondona- comenzaron a elaborar una estrategia comunicacional que combinó desinformación con datos falsos con el malhadado objetivo subalterno de masificar una serie de argumentos cuya trama central fue la vinculación directa del así denominado “modelo económico estatista” con el pasado de infortunios económicos que el país sufrió durante décadas.

A su vez, otro de los aspectos esenciales que generalmente no son abordados con seriedad en lo que respecta al caso YPF, es la mecánica de endeudamiento fraudulento en la que la empresa fue intencionalmente involucrada para justificar, entre otras cosas, el carácter deficitario, ineficiente y hasta corrupto de la conducción estatal de la misma. En el tratamiento de los argumentos se considera fundamental vincular las estrategias comunicacionales con la dinámica de endeudamiento público que el país estableció como patrón estructural de la política económica especulativa y de renta financiera instaurada desde 1976. En ello, YPF ha sido un actor privilegiado y la alianza gobierno militar-medios de comunicación-conducción y administración económica constituyen el núcleo duro que debe examinarse exhaustivamente a fin de desvelar el origen fraudulento de las argumentaciones elaboradas hace ya treinta años.


POR QUÉ SE PRIVATIZÓ YPF: LA TRAMA EN FUNCIONAMIENTO.

En efecto, entre los principales argumentos falsos empleados para “entregar” YPF al capital privado, sobresalen los siguientes:

“YPF da pérdidas”;
“la corrupción institucionalizada”; y;
“el Estado no está en condiciones de realizar inversiones de capital de riesgo en exploración hidrocarburífera”.
Primero, no puede decirse que YPF daba pérdidas porque la Dictadura Militar la había utilizado, gracias a su transparente gestión pasada, para adquirir empréstitos del exterior, los cuales no fueron destinados a la misma sino al Ministerio de Economía y en varios casos a cuentas bancarias en Suiza de funcionarios militares y civiles de la Dictadura; y, por otra parte, porque el fin de una empresa pública es la rentabilidad social, y no la maximización de ganancias como único objetivo, propio de una empresa privada. Asimismo, a pesar del endeudamiento ilegítimo e incluso de los precios de los combustibles para el mercado interno fijados por la petrolera estatal (bajos en comparación con los internacionales, pero acorde con los costos operativos del país, y que nunca sufrieron influencia alguna por las crisis petroleras internacionales de 1973 y 1979), los cuales limitaban con fuerza el nivel potencial de utilidades, YPF registraba balances con resultados positivos relevantes.

Asimismo, dentro de este argumento, es importante detenerse en el paulatino proceso de endeudamiento público al que fue sometida YPF por parte de la administración económica de la última dictadura. EL deliberado accionar de los funcionarios tenía como objetivo fundamental producir un estado de insolvencia financiera y patrimonial que permitiera, entonces, dar cabida a los argumentos que sostenían que la empresa estaba mal administrada y daba pérdidas. Por ende, el paso siguiente sería la apertura de la empresa al capital externo, la progresiva liberalización de los distintos sectores de la cadena hidrocarburífera y, como meta final, la desarticulación del sistema integrado de energía heredado de las pasadas décadas de planificación centralizada en materia energética.

La profusa y contundente investigación realizada en el marco de la conocida causa Olmos(1) sobre la forma en que las autoridades de la última dictadura construyeron la ingeniería económica y financiera que permitió el endeudamiento fraudulento de la Argentina, incluye notables descripciones de pericias contables realizadas en la empresa YPF. En este caso, la investigación de los ilícitos cometidos fue uno de los ejes fundamentales que permitieron reconstruir la trama de la operatoria financiera que posibilitó un irracional endeudamiento de la compañía.

En tal sentido, se citan algunos párrafos del fallo sobre la deuda externa argentina -emitido por el juez federal Dr. Jorge Ballestero el 13 de julio de 2000- que hablan por sí solos sobre los perniciosos mecanismos creados para endeudar a las empresas públicas, siendo el caso del YPF el más ruinoso para los activos públicos del país.

En las conclusiones del fallo, el citado magistrado manifiesta que “…las empresas públicas, con el objeto de sostener una política económica, eran obligadas a endeudarse para obtener divisas que quedaban en el Banco Central, para luego ser volcadas al mercado de cambios…Todo ello se advirtió en no menos de cuatrocientos setenta y siete oportunidades, número mínimo de hechos que surge de sumar cuatrocientos veintitrés préstamos externos concertados por YPF, treinta y cuatro operaciones concertadas en forma irregular al inicio de la gestión y veinte operaciones avaladas por el Tesoro Nacional que no fueron satisfechas a su vencimiento.”(2)

Asimismo, en el caso específico de YPF, su endeudamiento externo por capital únicamente se multiplicó por doce entre diciembre de 1975 y marzo de 1981, concentrando “… al 31 de marzo de 1984 el 17.65% del total de la deuda externa registrada entonces para el sector público por capital únicamente, resultando ocioso indicar que el rubro petróleo en todo el mundo origina importantes beneficios, configurando además un elemento estratégico en la vida de las naciones del mundo actual y en al del futuro previsible.”(3) Por lo que se puede apreciar, verdaderamente contundente.

El segundo argumento –referido a la existencia de una “corrupción institucionalizada”- estaba fuertemente vinculado a un tipo de apropiación y control de los espacios de decisión pública que habían terminado por convertir al Estado en un auténtico coto de caza de un conjunto de sectores de intereses relacionados directa o indirectamente con las Fuerzas Armadas, todo lo cual terminó por consolidar un proceso de paulatina “feudalización” de las agencias públicas que fueron entregadas a la influencia y decisión de los distintos sectores de poder concernidos.

Pero, en el caso de YPF, a pesar de la corrupción institucionalizada -que incluía parte de su directorio que actuaba como “cajero” de los gobiernos de turno y a las burocracias sindicales “abulonadas” a sus cargos- los balances operativos seguían exhibiendo utilidades. A todo ello, debe sumarse el escenario de profunda inestabilidad institucional que la Argentina sufrió por aquellos años, caracterizados por las continuas interrupciones militares de gobiernos democráticos muy débiles sustentados en bases de legitimidad popular ciertamente controvertidas (recordar los años de proscripción del peronismo en la vida política argentina).

En efecto, lo que queremos señalar es que existían condiciones de excepcionalidad política y de progresiva desinstitucionalización que posibilitaron que los activos estratégicos del país –como el sector energético en general y su principal instrumento de intervención y control, YPF SE- fueran debilitados y descapitalizados por una persistente alianza entre los sectores militares, las burocracias económicas ligadas a los intereses empresariales tributarios del modelo de renta y financiero y determinadas dirigencias sindicales que decidieron mirar para otro lado mientras este escenario económico se consolidaba a través de las políticas de liberalización financiera y de masiva destrucción del tejido industrial argentino, cuya contracara fue la concentración en materia de propiedad e ingresos operada en todos los sectores de la economía.

El tercer argumento -que refiere a la supuesta incapacidad del Estado para realizar inversiones de capital de riesgo en exploración hidrocarburífera- es, tal vez, el más escandaloso de los sofismas que se podrían haber construido como eje argumental en torno a la situación de la YPF estatal.

En verdad, esta auténtica mentira institucionalizada y difundida a través de los medios de comunicación que hablaban reiteradamente sobre la ineficiencia y corrupción asociadas a la “presencia asfixiante” del Estado en materia económica, se parece mucho a aquello que el gran pensador argentino Arturo Jauretche refería como las “Zonceras argentinas”. Ciertamente, una de las zonceras más graves en el tiempo de la última dictadura militar fue la que asociaba al Estado y su intervención y regulación en la economía con las supuestas tendencias “premodernas y reaccionarias” que insistían en promover una administración ineficiente de los recursos económicos. En tal sentido, se recuerda el famoso latiguillo del ex Ministro de Economía Alfredo Martínez de Hoz, cuando decía que “…achicar el Estado es agrandar la Nación”. Sin dudas, la más eufemística de las Zonceras argentinas.

Ahora, si analizamos cuidadosamente la evidencia empírica existente sobre las inversiones de riesgo en materia de exploración hidrocarburífera en el país, veremos cómo este argumento se cae automáticamente por su falta absoluta de rigurosidad. En efecto, estas cifras demuestran que la petrolera estatal fue responsable del descubrimiento del 95% de las reservas de hidrocarburos del país durante sus 70 años de existencia. Esta amplia etapa histórica comprende el período que se extiende entre la fundación de la empresa en 1922 –bajo el gobierno radical de Marcelo T. de Alvear- hasta comienzos de la década del ’90, cuando bajo la administración M*n*m comienzan a hipotecarse los activos de la firma cambiando su razón social y su estatus jurídico para convertirla en una Sociedad Anónima. (Ver De Dicco, 2006).

Por otra parte, si se comparan los esfuerzos exploratorios de los años ’80 con los correspondientes a la gestión privada, se observa una enorme brecha, ya que la gestión estatal de YPF realizó en los años ’80 un promedio anual de 117 pozos exploratorios, y la gestión privada entre 1999 y 2005 registra un promedio anual de apenas 26 pozos exploratorios, sobre la base de datos de la Secretaría de Energía de la Nación. Cabe señalar que los datos concernientes a la década de 1990 han sido falseados por las compañías petroleras, con el conocimiento de los secretarios de Energía “m*n*mistas”, para justificar el supuesto incremento de reservas inmediatamente después de la privatización de YPF, en un contexto de “desaparición irracional de reservas”.

Finalmente, tomamos dos argumentos que devienen de nuestro rico pasado histórico en materia hidrocarburífera y que nos permiten pensar la problemática de las inversiones de riesgo y el papel de los capitales extranjeros. Los mismos tienen, según creemos, una notable actualidad. En efecto, los mismos avalan cómo la actividad privada y las inversiones extranjeras pueden ser controladas y aprovechadas por un Estado fuerte, protector del interés nacional. Ambos se refieren a la época peronista.

1) El hecho de decir que la exploración y explotación petroleras debían quedar en manos de YPF no significaba el rechazo de toda colaboración, ya que YPF podía firmar contratos con empresas privadas, extranjeras o nacionales, sin que esto implicara la concesión de los dominios minerales. El capital, venga de donde viniere, será bienvenido siempre que cumpla el requisito esencial de estar subordinado al desarrollo de la Nación. Mientras que el gobierno nacional no conspire contra sus propias instituciones no hay por qué temer; en todo caso, sí mucho por regular y controlar.

2) La ley 14.222, sancionada en agosto de 1953, determinaba el tipo de radicación y los sectores beneficiados con mucho detalle. La materialización del aporte podía abarcar dos formas: fondos de divisas a ingresar mediante transferencias bancarias, o bienes físicos (máquinas y/o herramientas) o inmateriales (patentes, marcas, etc.). Los beneficios más importantes consistían en la posibilidad de remitir las utilidades a partir del segundo año de la radicación, voluntariamente y sin previa autorización, por un equivalente del 8% anual del capital registrado, y la repatriación de capitales, luego de diez años, en cuotas equivalentes al 10 o 20% anual. Por el artículo 12, el Poder Ejecutivo podía eximir total o parcialmente del pago de derechos de aduana las maquinarias, los equipos y otros bienes vinculados a la puesta en marcha de la industria. Hasta 1955, momento en que cesó su vigencia, se permitió la radicación de catorce empresas extranjeras por una inversión de 12.200 millones de dólares, todas en el sector industrial. (Ver Bernal, 2005).

Estos notables ejemplos muestran hacia dónde debe orientarse la mirada. Justamente, hacia la naturaleza del gobierno que controla la política nacional, sus objetivos económicos y el modelo de país perseguido.

A modo de conclusión.

El conjunto de argumentos sobre los que hemos trabajado en este artículo difícilmente sorprenda al lector atento a la realidad política, económica y social de nuestro país. Peor, siempre es necesario volver sobre la muchas veces esquiva y elusiva memoria histórica argentina para buscar datos, descubrir “los otros argumentos” y, a partir de allí, reconstruir nuestro pasado histórico reciente.

La necesidad de desasnar a los ciudadanos argentinos sobre la destrucción económica y productiva que nuestro país ha sufrido en los últimos treinta años tiene –en el caso de YPF- una actualidad más que relevante, más aún si se piensa en retrospectiva sobre las modificaciones que se han impuesto en materia energética en los últimos diecisiete años. Las mismas, posibilitaron la consolidación del programa extranjerizante de la última dictadura militar. Los ejes discursivos que justificaron y validaron masivamente estos cambios, estuvieron intrínsecamente vinculados con los tres argumentos sobre los que hemos trabajado en este artículo. De allí que su actualidad sea tan evidente a ojos de los ciudadanos bien informados. Sepa la comunidad argentina y nuestro gobierno dar cuenta de este momento histórico a fin de comenzar a desandar este ruinoso pasado que avergüenza a los argentinos.



REFERENCIAS:

1 Se trata de la causa iniciada por Alejandro Olmos, que ha sido un brillante ciudadano que ha brindado buena parte de su vida a la dilucidación de las decisiones políticas que derivaron en el monumental endeudamiento del país. En los ’80 – más exactamente, el 4 de abril de 1982- Alejandro Olmos formuló una denuncia contra José Alfredo Martínez de Hoz, fundando la misma en el hecho de que el plan económico concebido y ejecutado por el Ministro de Economía de la Nación en el período 1976/1981, se realizó con miras a producir un incalificable endeudamiento externo. Este proceso concluyó el 13 de julio de 2000 cuando- después de 18 años- el juez federal Jorge Ballestero produjo un fallo en el que consideró probados todos los cargos formulados oportunamente, pero, debido al tiempo transcurrido -que provocó la prescripción de la acción penal sobre los responsables- ninguno de los imputados fue preso y giró las investigaciones al ámbito Legislativo para que se obrara en consecuencia.

2 Universidad Nacional de Rosario (2001): “Cuadernos de Historia Viva. Serie 2: La historia del tiempo presente. Sentencia completa del juicio a la deuda externa argentina”. Escuela de Historia, Facultad de Humanidades y Artes, Año 1, UNR, Rosario, Santa Fe, p. 143.

3 Universidad Nacional de Rosario, op. Cit. pp. 137-138.



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