El historiador Jorg Friedrich y el novelista Gunter Grass abrieron en su día la caja de los truenos cuando quisieron exponer y llevar a debate algunas y controvertidas políticas bélicas que los aliados ejecutaron durante la Segunda Guerra Mundial. Las alusiones de ambos se centraban en los ataques deliberados e indiscriminados contra poblaciones civiles.

Jorg Friedrich se centró de forma particular en como los mandos militares aliados ElincendioJorgFriedrichinvolucraron deliberadamente a la población civil alemana en los bombardeos de saturación para desmoralizar y fomentar una especie de “golpe interno” lo que en teoría llevaría a acelerar la caída del Tercer Reich. La estrategia de bombardeo estratégico de los aliados se comenzó a especificar durante el verano de 1941. Conocido como “moral bombing”, la estrategia también buscaba de forma especial, minar el tejido social alemán, en especial la mano de obra mediante el asesinato de cientos de miles de personas que residían en las grandes ciudades. El resultado, no menos de 600.000 muertes civiles entre ellos 75.000 niños.

Tras finalizar la guerra, gran parte de la sociedad alemana quedó traumatizada por el grado de devastación que sufrió el país y por las atrocidades ejecutadas por el Tercer Reich en su propio país y en los países vecinos. Este trauma se convirtió durante muchos años en una conciencia de culpa ya fuera por colaboración indirecta, por no atreverse a rebelarse, por haber denunciado a un vecino o por haber creído en una banda de criminales sin escrúpulos que incluso asesinaban en secreto a aquellos que consideraban “inferiores mentales”.

En las últimas décadas surgieron voces aisladas pero firmes en Alemania que pedían aún con la propaganda-bombardeosvoz baja el derecho de los alemanes al recuerdo de sus propias victimas civiles. Estas voces se hicieron oír más y terminaron por desatar una polémica que no se abrió por elogiar o defender a los militares o al personal militar caído en combate, sino por el simple recuerdo de las victimas inocentes alemanas.

Este debate, de gran actualidad, suscita la pregunta clave acerca de si realmente fueron tan necesarios los bombardeos de los aliados sobre zonas civiles que causaron un horror espantoso. Existía y existe un gran riesgo de ser catalogado de revisionista además de estar expuesto a los ataques de los investigadores británicos que consideran que se esta cuestionando la moralidad de su héroe nacional, Winston Churchill. Hasta ahora la tesis “oficial” era que todas las atrocidades ocurridas durante la Segunda Guerra Mundial, eran obra exclusiva de Hitler y por tanto salirse de ese guión, supondría cuanto menos un error.

El diario inglés Daily Mail expresó en su momento que Jorg Friedrich “tergiversa los hechos históricos para justificar los crímenes de Hitler” y el The Independent en una editorial comentaba que “Estoy dispuesto a presentar mis excusas a los indios, a los descendientes de los esclavos africanos que nosotros hemos deportado, a todas las razas que hemos sometido, pero no a los alemanes“. El nieto de Winston Churchill expresó a la BBC: “Quien comenzó la guerra, quien invadió Checoslovaquia, Polonia ….? Quien comenzó los bombardeos destinados a aterrorizar a la población?...”. Otro ejemplo de cierre de filas fue la opinión de Richard Overy, profesor del King’s College de Londres que declaró a Liberation que los bombardeos no representaban acto de venganza, sino de actos de guerra “estrechamente vinculados a las operaciones terrestres“.

Otros británicos no menos ilustres si tuvieron serias dudas mientras se producían los hechos tratados. Tal es el caso de George Bell que se dirigió a la Camara de los Lores, en 9 de abril de 1944 con estas palabras. “Cómo es posible que el Ministerio de la Guerra no entienda que la devastación progresiva de las ciudades es una amenaza para las raíces de la civilización misma? Los aliados representan algo mas que el mero poder.

En la misma línea Richard Strokes, diputado laborista, sugirió el 6 de marzo de 1945, durante el debate parlamentario a cuenta del bombardeo de Dresde que “Desde mi punto de vista, no se pueden admitir bajo ningún concepto los bombardeos de terror“.

Al menos 160 ciudades de más de 100.000 habitantes fueron atacadas desde el aire por los aliados, principalmente por la aviación británica, liderada por Bombardero Harris. El circulo del mariscal del aire Arthur Harris, era partidario acerrimo del bombardeo estratégico y querían devolver de forma centuplicada los daños que la Luftwaffe había provocado en Inglaterra. En total los bombarderos aliados soltaron 1,27 millones de toneladas de bombas sobre territorio alemán.

El libro de Friedrich, Der Brand (El incendio) relata la memoria de las victimas de aquellos bombardeos, una tarea que hasta entonces nadie se había encargado de recopilar de la forma en que lo ha hecho este. El libro recoge principalmente de actas de la policía que interrogaba a los supervivientes tras terminar el bombardeo.

Uno de los ‘raids’ aéreos, la operación sobre Wuppertal, fue considerada como un gran éxito y el Times comentó que ninguna otra ciudad industrial alemana había sido borrada del mapa como esta. Se tardó semanas en contarse las víctimas. El 80% de los edificios fueron destruidos y 3400 personas murieron. En este ataque se utilizaron por primera vez de forma “exitosa” las bombas incendiarias y desde entonces se haría uso de estas de forma masiva y terrorífica.

La ofensiva aérea aliada llegó a su cenit entre enero y mayo de 1945, cuando ya era conocido el colapso cercano de la maquinaria de guerra nazi. Sin embargo las bombas siguieron cayendo sin piedad y según algunas fuentes, el 80% de las bombas que alcanzaron Alemania desde el aire fueron lanzadas a partir de agosto de 1944, cuando el final de la guerra estaba tan cerca como ineficaz se volvía el Ejército alemán.

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Otros bombardeos se hicieron célebres por la saña y las nuevas técnicas de destrucción que se emplearon. El calamitoso bombardeo de Dresden constó de cuatro ataques aéreos consecutivos que se realizaron entre el 13 y el 15 de febrero de 1945, doce semanas antes de la capitulación de la Alemania nazi. Mil bombarderos pesados, dejaron caer más de 4.000 toneladas de bombas altamente explosivas junto con todo tipo de dispositivos incendiarios e incluso bidones cargados con fósforo. Toda esa mezcla se lanzó de forma deliberada con la intención de crear tormentas de fuego que consumieron el centro histórico de la “Florencia del Elba” en la que no menos de 18.000 personas perecieron. Pero si Dresden se hizo desgraciadamente famosa y fue una catástrofe de proporciones descomunales, los bombardeos Hamburgo provocaron 40.000 muertes.

Peor aún, la campaña de bombardeo sobre Tokio iniciada el 24 de noviembre de 1944, se convirtió en el bombardeo no-nuclear mas destructivo de la historia. Las casas japonesas bombardeo-Tokyode madera, fueron fácil presa del fuego y los incendios se extendieron por la ciudad sin apenas posibilidad de ser extinguidos. Los americanos, conocedores de ello, llegaron a lanzar 42.700 toneladas de napal, sólo en en julio de 1945. Los bombardeos se prolongaron hasta el 8 y el 10 de agosto y en total provocaron la muerte de 100.000 japoneses.

En el libro, “A paso de cangrejo”, de Gunter Grass, el escritor declaró: “Nunca deberíamos haber silenciado este sufrimiento solo por el hecho de que nuestra culpa era omnipresente y nuestros lamentos ocuparon todos estos años, mientras dejábamos que la ultra derecha se apropiara de esa realidad“. El escritor vino a recordar otros acontecimientos traumáticos que o bien han sido ignorados o no se les ha dado la relevancia que se merecen ya que fueron victimas alemanas civiles las que perecieron.

Una de estas catástrofes en las que se centro Grass, fue el hundimiento del trasatlántico alemán Wilhelm Gustloff al final de la Segunda Guerra Mundial. El 30 de enero de 1945 este buque alemán transportaba cerca de 10000 civiles, principalmente refugiados y tras ser torpedeado por submarino soviético, se hundió en apenas una hora falleciendo en él entre 8800 y 9300 personas. Tan sólo 3 meses después del hundimiento del Wilhelm Gustloff un nuevo submarino soviético ataca y hunde en tan sólo 7 minutos al barco hospital alemán MS Goya, lleno también de refugiados. Perecen entre 6100 y 7000 personas.Wilhelm-Gustloff

Días antes de finalizar la guerra, tres cargueros y un buque de gran tamaño, el trasatlántico Cap Arcona, fueron bombardeados y ametrallados por la Royal Air Force británica en la bahía de Lübeck (mar Báltico) el 3 de mayo de 1945 en la que ha sido una de las mayores catástrofes navales de toda la Historia. El caso del Cap Arcona y los tres cargueros que le acompañaban, es en parte diferente ya que las victimas no eran alemanas sino prisioneros procedentes de campos de concentración.

Los alemanes ante el avance soviético y el cercano fin de la guerra, decidieron evacuar a miles de prisioneros del campo de concentración de Neuengamme tratando de eliminar todas las huellas para encerrarlos posteriormente en buques y hundirlos en alta mar. El Cap Arcona junto con los cargueros Thielbek, Athen y Deutschland cumplirían con tan macabro plan. Antes de que los submarinos alemanes dispararan sus torpedos contra los buques, cuatro escuadrones de cazabombarderos Typhoon se prepararon para atacar. Anteriormente un avión inglés había recibido fuego antiaéreo durante un vuelo de reconocimiento, procedente de tropas alemanas aún presentes en los buques.

La RAF ignorando (según la versión oficial) la presencia de los prisioneros en los buques, inició el ataque bombardeando y ametrallando los barcos. El Thielbek izó una bandera blanca pero cap-arconafué ignorada. La aviación continuó atacando los buques sin oposición e incluso ametrallaba a aquellos que se habían lanzado a las gélidas aguas y que seguramente ahora sí eran distinguibles como prisioneros de guerra. Sólo 316 personas pudieron salvarse, 7500 prisioneros de 28 nacionalidades (en su mayoría rusos y polacos de los campos de concentración) fueron asesinados durante 30 minutos de incursión aérea. Hasta 1971, siguieron llegando a la costa restos humanos del Cap Arcona, “Rey del Atlántico Sur”, nave almirante de la flota de trasatlánticos alemanes y buque de lujo de tres chimeneas.

Según la versión dada por los británicos, el avión de reconocimiento que sobrevoló la bahía, lo hacia a 10.000 pies por lo que no pudo distinguir a los prisioneros. También se esgrimió como pretexto, la presencia de una flotilla militar alemana junto a los cuatro buques.

En el año 2000, el historiador Wilhelm Lange expuso como los británicos eran conscientes de la existencia de estos buques prisión un día antes de los bombardeos sin embargo esta información no se dio a conocer.

El crimen de guerra del Cap Arcona es el culmen a muchas de las injustificadas e innecesarias atrocidades que perpetraron los aliados durante la Segunda Guerra Mundial y que nunca han sido tratadas por historiadores y mucho menos aparecen o aparecerán en libros escolares.