Los aztecas practicaban muchos sacrificios cada año, y no están completamente claras las razones. Sin embargo, sí se sabe que las prácticas sacrificiales se dieron de forma muy regular hasta que los españoles llegaron a Tenochtitlán en 1519. Pero ¿dónde, a quiénes y por qué sacrificaban los aztecas?

El Templo Mayor

El Templo Mayor estaba localizado en el medio de Tenochtitlán, y en el imperio azteca era el lugar donde las víctimas eran ofrecidas a los dioses en sacrificio. Este Templo estaba dedicado a dos de los más importantes dioses de los aztecas, Huitzilopoctli y Tlaloc. En la cúspide del Templo había dos templetes gemelos, dedicados a cada una de estas deidades. Allí, en la cúspide del Templo, los prisioneros, y también mujeres y niños eran sacrificados y su sangre derramada para aplacar la sed de los dioses.


Sacrificios aztecas

¿Quiénes eran sacrificados?

Los aztecas sacrificaban a diferentes tipos de personas, pero el principal caudal de sacrificios estaba dado por los prisioneros de guerra. Estos eran importantes para los guerreros desde el reinado de Itzcóatl, quien realzó la importancia de la captura por sobre la matanza, porque estos enemigos se convertían en el alimento de Huitzilopoctli. Los guerreros recibían la promesa de que, a cambio de la captura de enemigos, su estatus social se vería elevado.

Por ello, el número de cautivos aumentó drásticamente, pero aún Huitzilopoctli debía ser alimentado. Según el artículo consultado en PLU (Donde se cita a Sagan, 1974), aquellos que eran sacrificados se convertían en ayudantes del dios Sol, en forma de aves cantarinas y mariposas.

Por otra parte, no todas las víctimas eran prisioneros de guerra. Importantes cantidades de esclavos eran también sacrificados. Además, ciertos jóvenes y doncellas eran elegidos para personificar a determinados dioses y diosas. Estos eran tratados con gran cuidado y ternura en el año precedente al momento de la ejecución, según el Codex Dresden, del siglo XVI.

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¿Por qué?

Los sacrificios eran muy importantes para los aztecas porque creían que sin estos sacrificios los dioses los dioses no recibirían sus honras y el mundo llegaría a su fin. La noción central era que sin muerte no podía haber vida. Sin esa alimentación constante a Huitzilopoctli, además, el Sol dejaría de salir. El sacrificio, entonces, era para mantener el equilibrio del universo, y evitar el fin del mundo.

Crítico para comprender las motivaciones detrás del ritual es el concepto de “tonalli”, que significa “espíritu animado” o “animador del espíritu”. Se creía que en los humanos ese factor de animación estaba en la sangre, que se concentra en el corazón cuando una persona se asusta. Esto explica el “hambre” de los dioses por el corazón humano. Sin el sacrificio, todo movimiento se detiene, incluso el del Sol. Por ello, cuando los aztecas efectuaban estos sacrificios, lo hacían preocupados de mantener el sol en su órbita.