DÉBORAH FRIEDMANN

Uruguay registra los valores más bajos de campo magnético a nivel mundial, según el primer monitoreo finalizado la semana pasada. Esto afecta a los satélites, pero también la vida cotidiana sobre la Tierra.

Los satélites de baja altura, que circulan de 200 a 300 kilómetros de la Tierra suelen sufrir desperfectos cuando pasan sobre Uruguay. A nivel de la superficie, los GPS presentan problemas más a menudo que en otros sitios. También las radiocomunicaciones.

Esto sucede porque el país se encuentra en el centro de la Anomalía Magnética del Atlántico Sur -una región que abarca también Paraguay, el Sur de Brasil y gran parte de Argentina-caracterizada por tener valores de campo magnético del entorno de 23.000 nanoteslas, significativamente inferiores a la media mundial que es de 60.000.

La ubicación de la anomalía ha variado a través del tiempo. En 1.500, por ejemplo, estaba cerca de África. "Hoy la tenemos prácticamente arriba nuestro", señala a El País la geóloga y geofísica Leda Sánchez. A su vez, en la anomalía el campo magnético no es parejo sino que hay variaciones.

Lo que hasta ahora no se había efectuado era un monitoreo para conocer más allá de los modelos teóricos, cuáles son los valores en el país. Y a su vez, compararlo con los observatorios ubicados dentro de la anomalía. Esa fue la tarea que emprendieron Sánchez y el doctor en Astronomía Gonzalo Tancredi, desde el 8 al 17 de septiembre en el Observatorio de Aiguá (Maldonado).

Los resultados fueron valores de entre 22.882 y 22.948 nanoteslas (nT). Esos datos fueron comparados por los expertos con registros de los mismos días de los otros observatorios ubicados dentro o cerca de la anomalía: Hermanus (Sudáfrica), Port Stanley (Islas Malvinas), Trelew (Argentina) e Isla Ascensión.

"Estos son los menores valores registrados de todos los observatorios que están establecidos", afirma Tancredi. "Son los menores valores mundiales de un observatorio", aclara (ver gráficos)

Más allá de los cambios esperados en la intensidad de campo magnético entre los registros diurnos y nocturnos los investigadores están interesados en registros especialmente bajos o altos que documentaron, señala Sánchez.

Es que son justamente esas variaciones las que pueden producir consecuencias en la electrónica. "Cuando hay un incremento brutal en la amplitud es cuando se corren riesgos, que por ejemplo se queman circuitos", agrega la especialista.

A mediados de noviembre, una delegación del Observatorio Nacional de Brasil vendrá a Uruguay para efectuar nuevas mediciones y continuar los estudios en el país.

CONSECUENCIAS Las mediciones confirmaron los bajos registros esperados para el país, situación de la que se conocen algunas consecuencias. Y resta estudiar múltiples. Ese es uno de los motivos por los que Tancredi y Sánchez, con el apoyo de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República, plantean instalar el primer Observatorio Geofísico en Uruguay (ver nota aparte) donde se efectúe un monitoreo continuo del campo electromagnético.

Una de las afectaciones claras es a los satélites. Alrededor de la Tierra hay cinturones de radiación, donde hay partículas atrapadas. La Anomalía del Atlántico Sur produce que esos cinturones estén mucho más cerca de la superficie terrestre -a entre 100 y 200 kilómetros- mientras, en otras regiones, como Europa, se ubican a una distancia sustancialmente mayor.

"Los satélites de baja altura o los transbordadores espaciales viajan a alturas de 200 o 300 kilómetros. Si pasan por Europa, a esa distancia, están en una zona donde no los alcanza el cinturón de radiación. Pero cuando pasan por acá sí. Reciben partículas energéticas y esto produce desperfectos en la electrónica y errores en los instrumentos", dice Tancredi.

Otra de los consecuencias son para las radiocomunicaciones o las señales de satélite. Eso se debe a que dependen de la última capa de la atmósfera, la ionósfera, que aquí esta "perturbada" por la anomalía. "Las ondas de radio funcionan porque rebotan en la ionósfera. Los GPS, cuando mandan señal, tienen que atravesarla. Se ha visto que en estas zonas el número de errores que producen las señales es mucho mayor que en otras partes", explica Tancredi.

Además, esta región tiene una mayor incidencia de rayos que otras y científicos han especulado en que puede tener relación con la Anomalía del Atlántico Sur.

Por otra parte, el campo magnético terrestre interactúa con el del Sol. "Además de las variaciones de largo plazo el campo magnético de la Tierra se ve afectado por variaciones a corto plazo, producto de la interacción con el cambiante campo magnético solar y el viento solar. Las tormentas solares producen tormentas geomagnéticas, con consecuencias a nivel de las tele y radiocomunicaciones", señalaron Tancredi y Sánchez en la propuesta para instalar el Observatorio Geofísico.

La actividad del Sol varía. El próximo máximo está previsto para 2012 o 2013, lo que tendrá consecuencias sobre la Tierra. Y aunque se desconoce exactamente qué provocará, es esperable que por el incremento de la dependencia tecnológica las dificultades sean mayores que hace 12 años, en el pico anterior. "A nivel de superficie, como hay poco desarrollo científico en la región, es poco lo que se ha investigado", apunta Tancredi.