Tormenta de arena




Una tormenta de polvo, tormenta de arena o polvareda es un fenómeno meteorológico común en el desierto del Sahara de África septentrional, en las Grandes Llanuras de Norteamérica, en Arabia, en el desierto de Gobi de Mongolia, en el desierto Taklamakán del noroeste de China, en Argentina, en la zona de la Pampa seca y en otras regiones áridas y semiáridas.
Las tormentas de polvo severas pueden reducir la visibilidad a cero, imposibilitando la realización de viajes, y llevarse volando la capa superior del suelo, depositándola en otros lugares. La sequía y, por supuesto, el viento contribuyen a la aparición de tormentas de polvo, que empobrecen la agricultura y la ganadería. El polvo recogido en las tormentas puede trasladarse miles de kilómetros: las tormentas de arena del Sahara influyen el crecimiento del plancton en el oeste del Océano Atlántico y, según algunos científicos, son una fuente importante de minerales escasos para las plantas de la pluvisilva amazónica. Las tormentas de polvo pueden observarse a menudo en fotografías tomadas desde satélites. Cuando el polvo en suspensión es arrastrado por fuertes corrientes de aire hacia otros lugares y llueve, se dice que llueve barro, porque todo se llena de gotitas de barro que se secan, y acaban ensuciándolo todo.



Suelen producirse en primavera y, aunque poco conocidas, las tormentas de polvo son —en

palabras del profesor Andrew Goudie, de la Universidad de Oxford— “un fenómeno que no atrae la atención debida” aunque sean capaces de transportar grandes cantidades de este material a distancias increíbles, por ejemplo desde el Sahara hasta Groenlandia y desde China hasta Europa.

Los datos que proporcionaron los científicos en el Congreso Geográfico Internacional, celebrado en 2004 en la ciudad escocesa de Glasgow hacen pensar que las tormentas de polvo se están volviendo más frecuentes en algunas partes del mundo. También observaron que la cantidad di este material que viaja por el planeta es de 2.000 a 3.000 millones de toneladas anuales.

Los avances en la monitorización de imágenes por satélite han logrado localizarla mayor fuente de polvo: está situada en la depresión de Bodéle, en Chad. Según señaló Goudie, “el polvo terrestre es uno de los componentes que ha demostrado tener más importancia de la que se pensaba por su naturaleza migratoria”. Cuando las partículas de polvo o arena se posan en el terreno, salinizan el suelo, transmiten enfermedades, ya que muchos agentes microbianos pueden quedar “ençanchados” en él: contaminan el aire, alteran la luminosidad de los casquetes solares. Además, son sumamente peligrosas debido a la dificultad para ver y respirar. En la península arábiga, por ejemplo, el viento Simún puede llevar tanta arena que no permite ver nada.

El polvo contra los EE.UU.


En los años 30, los vendavales de polvo que asolaron las grandes llanuras estadounidenses forzaron la emigración de millones de personas lejos de sus granjas. Tan potentes pueden llegar a ser estas tormentas que en marzo de 2003 una de ellas frenó el avance de las tropas de EE.UU. y Reino Unido en la guerra contra Iraq. En agosto de 2004, se vivió

en Bagdad la peor luego de aquella que tuvo lugar en 2003 y la ciudad, envuelta en una nube, parecía más fantasmagórica de lo habitual. China es uno de los países que más sufre el problema. No en vano el 18,2 por ciento de su superficie se ha desertizado ocasionando una pérdida anual de 6.680 millones de dólares. Por ese motivo, el gobierno de ese país se ha empeñado en emprender acciones que permitan frenar la tendencia.

El polvo ciega a los ojos, a veces son tan fuertes que impide ver lo que hay a nuestro alrededor.








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