Los gobiernos radicales (1916-1930)

Los gobiernos radicales (1916-1930)

El radicalismo se impuso en las elecciones de 1916, 1922 y 1928:

1916-1922: Hipólito Yrigoyen
1922-1928: Marcelo T. de Alvear
1928-1930: Hipólito Irigoyen
1930: Un golpe militar encabezado por el Gral. José F. Uriburu derroca a Yrigoyen.

Los desafíos planteados por la ampliación del régimen político

La construcción de la ciudadanía

La Ley Sáenz Peña de 1912 que estableció la ampliación del sufragio y el voto secreto y obligatorio fue un primer necesario paso para la construcción del régimen político democrático en la Argentina, aunque no suficiente.
En las primeras décadas del siglo XX, “la ciudadanía” aún no se había conformado: la mayoría de votantes en condiciones de votar manifestaban indiferencia y desinterés por los asuntos de gobierno y consideraban la política como una cuestión de caudillos y dirigentes políticos. En este contexto, la reforma electoral tuvo como principal efecto la obligatoriedad del voto, mecanismo a través del cual se construiría forzadamente la ciudadanía. De este modo, el Estado obligaba a los ciudadanos a ejercer su derecho a participar en la elección de sus representantes.
No obstante, la ampliación de la participación no se define simplemente por el número de ciudadanos que votan, sino principalmente, por las garantías existentes para una elección libre y responsable por parte de los votantes. Desde este punto de vista, el establecimiento del voto secreto fue importante para terminar con el fraude, uno de los pilares principales del régimen oligárquico. Pero la falta de experiencia por parte de los ciudadanos favoreció la persistencia de prácticas de manipulación de la voluntad de los electores y del fraude, sobre todo en algunas provincias del interior del país.

Democracia política y cuestión social

Los sectores dominantes de la elite gobernante y también los dirigentes de los partidos de la oposición (UCR y PS) consideraban que la reforma electoral debía servir para democratizar el régimen político y hacer posible que las demandas y conflictos sociales se canalizaran por vías institucionales. Los grupos dirigentes advertían que la sociedad argentina se hacía cada vez más compleja y que los conflictos se multiplicaban. Los intelectuales y políticos sostenían la necesidad de dar credibilidad al sistema democrático a través de una profunda reforma en las prácticas de la participación política. Sólo entonces, los ciudadanos se convencerían de que sus demandas iban a ser escuchadas y comprendidas por un Estado comprometido en la resolución de los problemas. Así abandonaría su indiferencia política o la protesta por medio de mecanismos violentos.
Desde 1910, los dirigentes conservadores, socialistas y radicales compartieron la preocupación por alejar a la masa de la población de las propuestas políticas que ponían en riesgo el sistema de dominación vigente. De aquí que admitieron (con diferentes matices) que para lograr ese objetivo debían asumir una postura negociadora con los nuevos actores sociales que protagonizaban los conflictos, es decir, debían dar respuesta a la llamada “cuestión social”. Sin embargo, quedaba por resolver el tipo de respuesta que debía darse y, llegado el caso, si los grupos sociales que se beneficiaban con la organización económica vigente iban a tolerar transformaciones que afectaran sus intereses.
Este dilema se planteó con mayor profundidad a partir de 1916, con la llegada a la presidencia del candidato radical Hipólito Yrigoyen, quien asumió con el apoyo electoral de algunos sectores de la elite conservadora y de gran parte de los sectores medios urbanos de la Capital federal y otras ciudades del interior del país.

El primer gobierno de Hipólito Yrigoyen (1916-1922)
Los gobiernos radicales (1916-1930)

Las relaciones con los grupos conservadores

Si bien las elecciones de 1916 consagraron Presidente de la República a Yrigoyen, la UCR fue minoría en el Congreso nacional y en la mayor parte de las provincias, que mantuvieron gobiernos y Legislaturas conservadoras. La UCR recién logró la mayoría en Diputados hacia 1918, mientras que los conservadores sostuvieron la mayoría en Senadores durante todo el período.
Además de su mayoría numérica como oposición política, los conservadores mantuvieron sus poderes económico y social tradicionales: La Sociedad Rural continuó operando como grupo de presión sobre los gobiernos y miembros de la elite siguieron vinculados con las empresas de capital extranjero. Poro otro lado, el nuevo presidente mantuvo a los jefes del ejército y de la marina que ocupaban ese cargo desde antes de 1916, y designó como ministros a hombres que eran ganaderos de la provincia de Buenos Aires o estaban vinculados en su actividad económica con el sector exportador.
En este contexto, los objetivos del gobierno radical no fueron fáciles de compatibilizar. Por un lado, debía asegurar el modelo de organización económica que beneficiaba a los terratenientes exportadores y, por el otro, y al mismo tiempo, impulsar reformas destinadas a mejorar la posición económica de los sectores medios urbanos, que habían sido una porción considerable de su base electoral.
Para cambiar la adversa relación de fuerzas, Yrigoyen contó con el recurso de la intervención federal. En unos casos, los motivos fueron conflictos institucionales entre los poderes provinciales o claras evidencias de fraude, en otros, se debió a intenciones netamente políticas. En general, las intervenciones contaron con el apoyo popular porque se vivían como el fin del “viejo régimen fraudulento”.

Las relaciones con los sectores medios urbanos

El nuevo estilo político inaugurado por el presidente radical fue acompañado por la participación de los grupos urbanos que lo habían votado y que hasta entonces habían permanecido relegados. Los radicales concebían a esta participación como la manifestación de un nuevo espíritu democrático. La oposición –incluidos los socialistas–, en cambio, describían la relación entre Yrigoyen y los sectores medios urbanos como la que existían en un “gobierno de la plebe”, y se referían a la clientela de los comités como “la chusma”.
Las crecientes vinculaciones entre Yrigoyen y los sectores medios urbanos (sobre todo de Buenos Aires) se manifestaron en la implementación de políticas orientadas a beneficiar los intereses de esos grupos, tales como el aumento del gasto público para sostener la expansión del empleo público y el incremento de los tributos que debían pagar los habitantes de las provincias del interior del país con respecto a los de la provincia de Buenos Aires. Esta fuerte vinculación provocó tanto el descontento de la elite que participaba de la UCR como de los obreros urbanos que no se beneficiaban con el incremento de la burocracia estatal.

Las consecuencias económicas de la Primera Guerra Mundial (1° GM)

La postura del gobierno de Yrigoyen frente a la 1° GM fue la neutralidad; se trataba de un conflicto entre las principales potencias mundiales y Argentina debía permanecer al margen. El principal argumento del radicalismo ante los países en guerra fue el carácter soberano de su decisión de no intervenir en apoyo de ninguno de los dos bandos en pugna.
Sin embargo, las consecuencias económicas de la guerra se hicieron notar rápidamente. Entre 1913 y 1917, la economía argentina vivió una depresión originada por la interrupción de las exportaciones y una disminución de las importaciones. Durante esos años, el desempleo se generalizó entre los sectores obreros vinculados con el sector exportador. Luego, entre 1918 y 1921, cuando comenzó un período de auge por la creciente demanda de productos argentinos, rápidamente se generalizó la inflación. Esta situación benefició a los terratenientes exportadores por el mayor precio que recibían por sus productos, mientras que perjudicó a los trabajadores asalariados urbanos por el aumento del costo de los alimentos, los alquileres, y ciertas confecciones. Esta situación también perjudicó a los arrendatarios, ya que el aumento de las exportaciones hacía aumentar el costo de los arrendamientos.

Las transformaciones en la producción agropecuaria y en la industria

Si bien el sistema de producción agrícola cerealera no sufrió variaciones y el régimen de la gran propiedad latifundista no se modificó, fue significativo el crecimiento de los productos industriales, como el caso del algodón, requerido durante los años de la guerra para la industria textil. También se incrementaron los cultivos de yerba mate, maní, caña de azúcar y arroz. Este aumento, fomentado por el Estado y también por grupos terratenientes tradicionales, significó la rápida incorporación al sistema de producción capitalista de zonas del país hasta entonces marginales (Chaco, Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe, Córdoba y Misiones).
La producción ganadera también sufrió importantes transformaciones. La innovación fundamental fue la utilización de la técnica del enfriado para la producción masiva de carnes para la exportación. Este cambio agravó el enfrentamiento entre criadores e invernadotes, conflicto que se agudizó hacia 1922, después del paréntesis que la guerra había impuesto a la producción del enfriado. Como consecuencia de los avances en la sustitución del congelado por el enfriado, los precios bajaron y muchos ganaderos que se habían beneficiado con la exportación del congelado durante la guerra debieron liquidar sus planteles y tierras sus tierras, ya que no pudieron hacer frente a los onerosos créditos que habían tomado durante la expansión; otros comenzaron a cultivar cereales alentados por su mayor rentabilidad. Los criadores reclamaron entonces la intervención del gobierno.
En el caso de la industria, ésta, entre 1914 y 1933, se consolidó como un importante sector de la economía argentina. Si bien la 1° GM perjudicó a las industrias vinculadas al capital extranjero, como los ferrocarriles, y a las empresas casi artesanales, por otro lado, originó un proceso de concentración entre las industrias que fabricaban productos que sustituían los bienes importados destinados al mercado interno. La guerra entonces, estimuló el lento proceso de sustitución de importaciones. No obstante, el crecimiento por rama fue muy dispar: las industrias relacionadas con el sector exportador, sobre todo los frigoríficos, crecieron rápidamente, mientras que fue más lento el crecimiento de la producción de alimentos y bebidas para abastecer el mercado local.

Las reformas legislativas a favor de los sectores medios urbanos y rurales

Los efectos de la inflación sobre el poder adquisitivo de los consumidores urbanos colocaron al gobierno radical recientemente asumido en una posición complicada. Si no intentaba al menos mitigar los efectos de la inflación, corría el riesgo de perder el apoyo de los sectores medios urbanos y debilitar la posición de la UCR frente al PS. Pero, al mismo tiempo, no debía alterar las bases de funcionamiento de la economía primaria exportadora, evitando cualquier intento de enfrentamiento con la elite.
Ante esta situación, el gobierno elaboró una serie de reformas con el propósito de mejorar los ingresos de los sectores medios urbanos. En primer lugar, consideró la posibilidad de aumentar la cantidad de cargos en la administración del Estado y expandir el empleo público. Para ello, era necesario aumentar el gasto público, lo que se podía lograr con el aumento de los derechos aduaneros que pagaban las importaciones y que eran la fuente más importante de la recaudación fiscal. Sin embargo, esta medida resultaba inviable porque afectaba directamente a los consumidores urbanos, por lo que la única solución era que el Congreso encontrara otra forma de aumentar el presupuesto (recordemos que la oposición era mayoría). Además, para hacer frente al problema de la desocupación urbana propuso un plan de obras públicas.
También durante los dos primeros años de gobierno, los radicales promovieron una serie de reformas tendientes a mejorar la situación de los arrendatarios rurales. Entre ellas podemos nombrar: la creación de un banco agrario; el intento de establecer un impuesto temporario a las exportaciones agropecuarias para aliviar la situación de los chacareros; y plantearon la compra de barcos mercantes con el fin de reducir los costos de los fletes en las travesías atlánticas.

Oposición conservadora y fracaso de las reformas legislativas

Como era de esperar, ninguno de los proyectos que proponían las reformas económicas a favor de los sectores medios urbanos y rurales fe aprobado por la mayoría conservadora de los cuerpos legislativos, con excepción del impuesto transitorio sobre las exportaciones.
Tal como adelantamos anteriormente, si bien la Cámara de Diputados desde 1918 contó con mayoría radical, el Senado, en cambio, estuvo siempre controlado por los conservadores. A través de un complejo juego institucional, el Senado se transformó en el baluarte de la oposición oligárquica y vetó constantemente las propuestas del reformismo democrático impulsadas por legisladores radicales y socialistas.
Por primera vez desde 1880, los poderes de gobierno (ejecutivo y legislativo) representaron intereses sociales diferentes y los enfrentamientos entre ambos expresaron la lucha política entre fuerzas sociales y políticas con intereses contradictorios.

La expansión del empleo público

A partir de 1918, la recaudación fiscal mejoró por el nuevo impuesto a las exportaciones y también porque las importaciones retomaron su ritmo anterior a la guerra, Esto permitió al gobierno iniciar una política de expansión del empleo en la administración pública. Entre 1919 y 1922, Yrigoyen puso los cargos públicos a disposición de los caudillos de los comités del partido radical. Los principales beneficiarios de esta política clientelar fueron los hijos de los inmigrantes –en su mayoría profesionales- de Buenos Aires y de otras ciudades importantes del Litoral. Este sistema de patronazgo estatal no benefició, en cambio, a los inmigrantes –quienes carecían del derecho de sufragio-, ni tampoco a obreros ni empresarios. El PS fue uno de los principales opositores a este sistema.
La política de expansión del gasto público provocó descontento entre diversos grupos sociales en la Capital Federal y en diversas regiones del interior del país. De este modo, emergieron opositores en el seno del partido radical, alarmados por la creciente centralización de l poder en la persona del presidente y de la riqueza en la ciudad de Buenos Aires, comenzaron a oponerse al “manejo personal” del gobierno que realizaba Yrigoyen.

La reforma universitaria

Desde comienzos de siglo, los sectores medios urbanos expresaron su disconformidad por los numerosos obstáculos que los jóvenes enfrentaban para acceder a las carreras universitarias, requisito para el ejercicio de las profesiones liberales.
En junio de 1918, los estudiantes de la Universidad de Córdoba organizaron una serie de huelgas que alcanzaron a otras facultades. Los objetivos de los universitarios eran modificar los planes de estudio y poner fin a la influencia de la Iglesia en la educación universitaria. Los estudiantes reformistas afirmaban que el sistema educativo era hasta entonces “antiguo y mediocre” y que no permitía la libertad de pensamiento.
Para modificar esta situación, el movimiento demandó el establecimiento del principio de autonomía universitaria, es decir, el derecho a que cada universidad se diera su propio gobierno. Además, exigieron que el nuevo gobierno contemplara la participación de los estudiantes, los estudiantes y los graduados en las diferentes casas de estudio.
Además de reclamar la democratización del gobierno universitario, los reformistas declararon que las universidades debían ser ámbitos en los que se respetara la liberta de opinión e ideológica y la gratuidad de la enseñanza. De aquí que reclamó la supresión de las cátedras vitalicias a cargo de profesores elegidos por el rector y su reemplazo por profesores nombrados luego de la realización de concursos públicos.
El gobierno aceptó las demandas más concretas de los estudiantes. La acción más importante fue la creación de nuevas universidades que ampliaron las posibilidades de los sectores medios de acceder a la educación universitaria.

Las relaciones con el movimiento obrero

La principal expectativa de la elite dirigente en relación con la reforma electoral de 1912 había sido que mediante tal reforma se incorporaran a los obreros al sistema político, debilitando así la fuerza de las organizaciones obreras que proponían medidas de acción directa para obtener mejorar en sus condiciones de trabajo y vida. Sin embargo, los conflictos ocurridos durante el primer gobierno radical pusieron en evidencia que tal objetivo no se había cumplido. Por un lado, la movilización de los obreros dependía del nivel de satisfacción que los gobiernos daban a sus reclamos; por otro, como el funcionamiento de la economía primaria exportadora se basaba en el mantenimiento del bajo costo de la mano de obra, los grupos sociales que controlaban el sector exportador no estuvieron dispuestos a otorgar aumentos de salarios ni a aceptar leyes que establecieran y protegieran el derecho de los trabajadores.
Después de 1914, el conflicto entre obreros y capitalistas se agravó porque la situación económica de los obreros urbanos se deterioró notablemente, tanto por los niveles de desocupación como por la inflación. En consecuencia, el número de huelgas aumentó considerablemente.
Ante este panorama, el gobierno radical se enfrentó nuevamente con una contradicción en sus objetivos: debía proteger los intereses de los sectores propietarios y, al mismo tiempo, tomar medidas que aseguraran el voto de los obreros al partido radical (quienes mayoritariamente votaban al PS). Por esta razón, en materia laboral, los radicales se propusieron alcanzar la “armonía entre las clases”, en donde el Estado cumpliría la función de árbitro en los conflictos entre obreros y patrones. Esta intención gubernamental coincidía con los objetivos del sindicalismo que, por esos años, se consolidaba como la corriente con más fuerza en el seno del movimiento obrero. A diferencia de los socialistas que pujaban por lograr mejoras sociales por la vía legislativa, los sindicalistas tenían como objetivo el aumento de los salarios, y como método de lucha principal la huelga.
La postura del gobierno fue ambigua respecto del movimiento obrero: mientras que algunas ocasiones intervino en conflictos entre los sindicatos y la patronal a favor de los trabajadores, en otros casos envió al ejército o a la policía para reprimir a los huelguistas. La decisión dependía de qué sector de los obreros estaba en el conflicto y en qué sector de la economía. En general el Estado defendía a los trabajadores cuando se trataba de un conflicto con alguna empresa de capital extranjero. Pero, fundamentalmente, las decisiones se regían por las necesidades electorales del momento.

La “Semana Trágica”: en enero de 1919, una huelga realizada por los obreros de los Talleres Metalúrgicos Vasena en demanda de una jornada laboral de ocho horas y el pago de horas extra se extendió en otra fábricas de la Capital Federal. Presionado por los empresarios metalúrgicos, el gobierno decidió imponer el orden enviando primero a la policía y después al ejército, que reprimieron a los trabajadores. Los enfrentamientos se sucedieron durante varios días y hubo alrededor de cien muertos.
Durante esta semana surgió la Liga Patriótica, una organización integrada por miembros de la elite que decían defender el orden social y la “nacionalidad más pura del país”. En grupos armados, recorrían las calles de la ciudad en sus autos, protegían a los rompehuelgas y fueron muy activos en la represión de las huelgas.

La Patagonia rebelde: este es el nombre que llevan el libro escrito por Osvaldo Bayer y la película dirigida por Héctor Olivera, que narran los acontecimientos sucedidos en Río Gallegos (Santa Cruz) en 1921 y 1922, cuando se produjeron huelgas obreras en reclamote mejoras en las condiciones de trabajo y aumento de salarios. Según Bayer, la falta de compradores para la gran cantidad de lana acumulada durante la guerra originó una crisis que afectó a los estancieros, comerciantes y peones. Los trabajadores que vivían y trabajaban en condiciones inhumanas ante la falta de pago y de trabajo ocuparon estancias y tomaron rehenes, Las presiones de los terratenientes decidieron al gobierno a enviar al Cnel. Héctor Varela con fuerzas del ejército para restablecer el orden en la zona. Después de una etapa de negociaciones, Varela inició una represión indiscriminada y decenas de huelguistas fueron fusilados.

El gobierno de Marcelo T. de Alvear (1922-1928)
historia argentina

Las dificultades para mantener los apoyos tradicionales

Entre 1921 y 1922, Yrigoyen se propuso asegurar el triunfo radical en las elecciones presidenciales. Para ello, intervino las provincias que no tenían gobernadores radicales y profundizó la aplicación de medidas favorables a los sectores medios. Emprendió una campaña para abaratar el costo de vida: congeló temerariamente los alquileres e intentó sin éxito reducir el precio del pan, la carne y el azúcar. Los comités de barrios retomaron la práctica de la beneficencia política, pero ahora destinada a los obreros, muchos de ellos desocupados por la nueva depresión iniciada en 1921.
En 1922, como era de esperar, los radicales ganaron las elecciones. Pero al interior de la UCR comenzó un debate sobre si debía continuarse o no con las líneas de acción políticas, económica y social impulsadas por Yrigoyen. Esta discusión reflejaba la lucha entre los diversos sectores sociales que conformaban la base electoral del partido. Este enfrentamiento se mantuvo durante toda la presidencia de Marcelo T. de Alvear, quien asumió la presidencia en octubre de 1922.
Alvear pertenecía al grupo de la elite que había fundado el partido radical en la década del noventa. Su vicepresidente, Elipidio González, fue sugerido para ese cargo por Yrigoyen, en tanto había sido jefe de policía durante su gobierno. Esto da cuenta de la influencia que tuvo –o que intentó tener- Yrigoyen desde el comienzo del mandato de Alvear.

Crisis política y división del radicalismo

Las dificultades para encontrar un equilibrio entre los intereses de los grupos de la elite y los de los sectores medios que apoyaban al partido fueron características del segundo gobierno radical. Los miembros de la elite exigieron el retorno de la legalidad constitucional, lo cual significaba que debían cesar las intervenciones federales a las provincias por simple decreto del Poder Ejecutivo y que el gasto público debía estar bajo el control del Congreso. Estas exigencias apuntaban a debilitar el poder de los caudillos barriales que aseguraban el apoyo popular a Yrigoyen, para de ese modo, debilitar el poder del ex presidente en el propio partido radical.
Como la reducción del gasto público implicaría una pérdida de apoyos políticos importantes para el gobierno, se propuso aumentar el ingreso fiscal mediante el aumento de los aranceles aduaneros a ciertos productos importados. Esta decisión se relacionaba además con el impulso que quería darse desde el gobierno a algunos sectores de la industria nacional, como el de elaboración de alimentos.
Sin embargo, estas decisiones no conformaron a ninguno de los dos sectores. Hacia 1923, Alvear había perdido el apoyo de sus ministros conservadores, de la mayoría de los legisladores radicales, y los comités del partido se dividieron entre los que apoyaban al presidente y los que estaban con Yrigoyen. Así, en 1924, Vicente C. Gallo, el nuevo ministro del Interior de Alvear, anunció la creación de un nuevo partido: la Unión Cívica Radical Antipersonalista. Este “antipersonalismo” aludía a las técnicas de patronazo implementadas por Yrigoyen.

Intervenciones estadounidenses: a partir de 1925 se registró un importante aumento de las inversiones estadounidenses en nuestro país, que se efectivizaron a través de empresas relacionadas con la industria frigorífica, la energía y los bienes de consumo durable. La irrupción masiva de capitales estadounidenses provocó una fuerte competencia con los inversores ingleses, que hasta ese momento controlaban los principales sectores de la economía argentina. Esta rivalidad se manifestó en la competencia en el área de los transportes, entre los automóviles importados de EE.UU. y los ferrocarriles británicos. También se agudizó la competencia entre las empresas frigoríficas de cada país. Este conflicto de intereses llevó a un progresivo deterioro de las relaciones con Gran Bretaña y a una cada vez mayor influencia de Estados Unidos, tal como ocurría en la mayor parte de los países latinoamericanos.

Movilidad social y cambios culturales

La década del veinte en Argentina estuvo signada por acelerados cambios y gran movilidad, cuyo eje fue la ciudad de Buenos Aires, centro económico del país.
El ascenso social de los sectores populares fue un fenómeno característico de esos años. La incorporación de muchos hijos de inmigrantes a la participación política, al empleo público, o a los estudios universitarios (entre otras actividades), significó el paso de la condición de “hijo de obrero” a la de integrante de los sectores medios, lo que implicó no sólo una mejora económica sino una vía de reconocimiento social, en tanto ciudadanos.
Estos cambios sociales produjeron también modificaciones en la fisonomía de los principales centros urbanos, y en particular, de Buenos Aires. Surgieron nuevos barrios y los viejos cambiaron de aspecto. Los nuevos medios de transporte, como tranvía y el subterráneo, sumados a los ómnibus y colectivos, permitieron acortar las distancias entre los suburbios y el centro, permitiendo el traslado de obreros desde sus hogares hacia sus lugares de trabajo. Además, cada barrio fue adquiriendo un perfil definido: aquellos fabriles y portuarios asumieron un tono marcadamente obrero (Parque Patricios, Boedo, Barracas, La Boca); otros, fueron típicamente de sectores medios (Villa Urquiza, Devoto, Palermo y el centro de Belgrano); y el barrio Norte, nucleó a la elite porteña.
Frente a la cultura de la elite tradicional, se fue constituyendo una nueva cultura, resultado de la fusión entre grupos nativos y los nuevos grupos de inmigrantes, con aspiraciones de ascenso social. Mientras que la cultura de la elite se alimentaba de sus raíces criollas y se adornaba con el reflejo de la cultura burguesa europea (reflejada en la asistencia al teatro Colón, al Hipódromo Nacional, a las tertulias literarias, etc.), la cultura popular se nutría del fútbol, de los cafetines, de los cabarets y de las milongas.

El segundo gobierno de Yrigoyen (1928-1930)

La redefinición de los apoyos sociales

En 1928, Yrigoyen fue elegido nuevamente como presidente de la República. Su segundo gobierno se vio afectado tanto por la profunda crisis internacional que estalló en 1929, como por la creciente oposición interna.
A raíz del quiebre del radicalismo de 1924, Yrigoyen trató de consolidar su base de apoyo social en los sectores medios, lo cual se puso de manifiesto, por ejemplo, en la composición de su gabinete: dos de sus ministerios fueron ocupados por hombres salidos de sus comités barriales, representantes de la tradición radical popular. Además, los representantes radicales en el Congreso eran en su mayoría hijos de inmigrantes y mucho de ellos profesionales universitarios. Esta era una diferencia significativa con el primer mandato, en el que un gran número de los legisladores pertenecían a la oligarquía.

La reorientación de la política económica

Con el fin de beneficiar a los sectores medios dependientes de la administración estatal, el tercer gobierno radical continuó impulsando un desarrollo industrial limitado. Los yrigoyenistas impulsaron además la nacionalización de los recursos petroleros del país, que en esos años eran explotados por empresas de capital estadounidense, y también el monopolio estatal de su destilación y distribución. El desarrollo de esta nueva actividad económica generaría una necesaria ampliación de la burocracia estatal y la consecuente oferta de nuevos cargos que serían distribuidos entre los sectores medios urbanos dependientes del Estado.
No obstante, en septiembre de 1929, el Senado, impulsado por loas oligarquías de las provincias petroleras, se negó a considerar las leyes sobre petróleo. Desde entonces, Yrigoyen se propuso obtener el control del Senado y retomó la práctica de las intervenciones federales.
En política económica, el antiimperialismo de Yrigoyen durante esos años se limitó a enfrentar a los Estados Unidos. En cambio, los intereses británicos fueron apoyados activamente por el gobierno.
Durante 1929, fueron varias las misiones comerciales inglesas que llegaron con el objetivo de reducir la competencia de los capitales estadounidenses y el déficit de la balanza comercial argentina. El gobierno radical acordó la libre importación de material rodante para los ferrocarriles, redujo los derechos aduaneros sobre las importaciones de seda y acordó también la importación de equipos de refinación de petróleo.

El impacto de la crisis económica mundial

En octubre de 1929 se produjo una grave crisis económica que afectó a todo el sistema capitalista mundial Sus repercusiones en Argentina se notaron de inmediato: bajaron los ingresos aduaneros, quiebras de empresas y comercios, devaluación del peso nacional, disminuyeron las exportaciones y las importaciones, hecho que fue acompañado por caída de los salarios y por una elevada desocupación.
Los problemas económicos y financieros que originó la crisis y la política de endeudamiento externo que inició el gobierno para asegurar su posición, enfrentaron al gobierno con todos los grupos sociales que lo habían apoyado. Las principales entidades que agrupaban a los terratenientes y a los exportadores se aliaron contra Yrigoyen y buscaron apoyo de grupos descontentos del ejército.

El golpe militar de 1939 y el derrocamiento de Yrigoyen

El 6 de septiembre de 1930, un golpe militar encabezado por los generales Agustín P. Justo y José F. Uriburu puso fin a la segunda presidencia de Yrigoyen. La oligarquía terrateniente retomó el control del Estado y de la administración pública. La quiebra de la continuidad de las instituciones democráticas a través de un golpe de Estado fue la solución que la oligarquía encontró frente a las profundas contradicciones que generó la ampliación de la democracia en un contexto de profunda crisis económica.
Hacia 1930 el ejército estaba conducido por oficiales que compartían los principios del liberalismo conservador, muchos de ellos pertenecientes a las familias de la elite dirigente. El golpe fue llevado a cabo por ese sector del ejército, representado en la persona de Justo. También participó un grupo debilitares nacionalistas, influidos por las nuevas ideas del fascismo europeo, encabezados por Uriburu. Si bien el golpe fue iniciado por este último, en1932 asumió la presidencia el Gral. Justo.




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6 comentarios - Los gobiernos radicales (1916-1930)

@sargazos +4
ah, los viejos tiempos cuando uruguay ganaba mundiales
@leo-loco
AAJAJAJAJAJAAJAJJA, un crack! :')
@francoozorio1 +3
Gracias Amigo Ahora podre entender Mas sobre Yrigoyen gracias esta muy excelente aparte tiene imágenes y vídeos gracias me sirve para rendir el lunes 18 de febrero.A favoritos golpe del 30
@BetoBarrios +1
completisimo, justo lo q necesitaba... GRACIAS CAPO...
@BraianSra
me estas salvando la papa en historia, lastima que tenga paja de leer
@Diasus
Muy bueno el post y muy completo. Gracias locura!