Origen y evolución de los humanos

La historia de la divergencia de los primates


El lugar de la especie humana en la evolución de la vida

Desde la antigüedad, el origen y la evolución de nuestra especie han desvelado a investigadores de múltiples áreas del conocimiento. Asimismo, las diferentes religiones han proporcionado y proporcionan explicaciones sobre nuestro origen y nuestra relación con otros seres vivos.

En los últimos tiempos, el tema ha ocupado el centro de la reflexión de varias áreas del conocimiento científico, principalmente la antropología biológica, la paleoantropología, la primatología y la biología molecular. Son
disciplinas que abordan la evolución de los grandes primates y la divergencia de nuestra especie como parte de ese grupo.

Los primates son el orden de mamíferos del que forman parte, entre otros, los humanos modernos y sus
ancestros extinguidos más cercanos (véase el recuadro ‘Posición taxonómica de los humanos y de los grandes
simios’), y están estrechamente relacionados con los roedores y los conejos. Estudios recientes basados en datos genómicos y paleontológicos sugieren que los primates se diferenciaron de los roedores y los conejos alrededor de 80 millones de años atrás (figura 1). Luego, los primates mismos se diferenciaron con el correr de los milenios: la primera divergencia que nos interesa señalar se produjo hace unos 45 millones de años, cuando los monos del Nuevo Mundo se separaron de los del Viejo Mundo. Más tarde, hace aproximadamente 30 millones de años, ocurrió entre los segundos la divergencia de los gibones y de los primates superiores u homínidos, grupo que comprende a los grandes simios (orangután, gorila y chimpancé) y a los homíninos (humanos y parientes cercanos extinguidos).

Este artículo procura guiar al lector en un recorrido de la historia evolutiva de nuestra especie, iluminado por la evidencia más reciente tomada de estudios tanto del genoma como de la morfología de especies actuales y extinguidas. El punto de partida es el grupo evolutivo o clado de los primates homínidos. Algunas de las preguntas más relevantes que se plantean en el recorrido son: ¿Qué divergencias ocurrieron en la historia evolutiva de grandes simios y los homínidos? ¿Cuándo y dónde se produjeron? ¿Qué cambios en la morfología y el comportamiento ocurrieron durante la evolución humana? ¿Qué factores o procesos condujeron a esas divergencias y, por lo tanto, son responsables del origen de nuestra especie?


¿DE QUÉ SE TRATA?


Los seres humanos (Homo sapiens) somos la única especie viva del género Homo. Integramos el grupo de los homínidos con los orangutanes, los chimpancés y los gorilas, grupo del que también formaron parte otras especies extinguidas. Las relaciones entre todas ellas merecen ser revisadas a la luz de la información genética actualmente disponible.



Origen y evolución de los humanos

Figura 1. Esquema de las relaciones filogenéticas o de parentesco evolutivo de los primates. Está basado en el genoma mitocondrial completo y muestra los momentos en que ocurrieron las divergencias más importantes que menciona la nota. Ma significa millones de años atrás. Fuente: GenBank.


POSICIÓN TAXONÓMICA DE LOS HUMANOS Y LOS GRANDES SIMIOS


Las clasificaciones taxonómicas modernas son útiles para comprender la evolución de los organismos porque suelen reflejar la historia de las especies que componen cada grupo. Los seres humanos –igual que sus cercanos parientes los simios– son mamíferos placentarios, un grupo que se diferenció hace más de 200 millones de años del resto de los vertebrados, es decir, de los animales dotados de columna vertebral. Los mamíferos placentarios tienen sangre caliente (técnicamente, son homeotermos), pelos, glándulas mamarias que producen leche y sus hembras llevan las crías durante un período relativamente prolongado en el vientre, al cabo del cual las paren. Por lo último, se los llama vivíparos. un grupo de mamíferos placentarios son los primates; incluye a los prosimios (lemures y otros), los simios (monos del Viejo y Nuevo Mundo) y los homínidos (orangután, gorila, chimpancés y humanos). Nuestra especie pertenece al género Homo, que junto con los integrantes de varios géneros extinguidos (Ardipithecus, Australopithecus, Kenyanthropus, Orrorin, Paranthropus, Sahelanthropus) integra el grupo de homínidos llamado homíninos.



La divergencia del linaje humano de los grandes simios

Desde la publicación en 1859 de la obra de Charles Darwin El origen de las especies, las ciencias biológicas han discutido intensamente sobre el origen del linaje humano y su divergencia de otras especies vivientes de primates que reconocen con aquel un ancestro común. En particular, se han centrado en las relaciones de parentesco evolutivo entre los grandes simios (chimpancé, gorila y orangután) y el hombre actual.

Hasta aproximadamente fines de la década de 1980, las hipótesis sobre relaciones de parentesco evolutivo entre los primates se basaban en el análisis de rasgos anatómicos como las características del cráneo o la dentadura (ver recuadro ‘Relaciones filogenéticas y tiempos de divergencia’). Un problema de esos estudios es que distintos rasgos conducen a diferentes agrupamientos de las especies. Algunos investigadores, por ejemplo, postularon que el chimpancé, el gorila y el orangután conforman un grupo evolutivo emparentado divergente de los humanos, mientras para otros las dos especies vivientes de chimpancé y el hombre están estrechamente relacionadas, en contraste con el gorila y el orangután que conforman dos ramas más distantes del árbol evolutivo.

A partir de 1990 se produjo un apreciable avance de las técnicas de la biología molecular y en la obtención de datos genómicos. A diferencia de los estudios morfológicos, que permiten postular hipótesis muy dispares según qué rasgo morfológico se elija, los análisis genómicos sugieren un único árbol de relaciones de parentesco basado en la información almacenada en las secuencias de ADN nuclear o mitocondrial. En el caso comentado, la información genómica apoya la hipótesis que vincula a chimpancés y humanos, y aleja a ese grupo de gorilas y orangutanes. La mencionada figura 1, que indica los resultados de dichos estudios, se basa en análisis del genoma mitocondrial completo.

Los mismos estudios filogenéticos sugieren que la divergencia de los humanos de las especies de primates más cercanas ocurrió en África, donde viven actualmente los gorilas y los chimpancés. Esta conclusión coincide con datos del registro fósil, en el que los paleontólogos han encontrado en ese continente fósiles con caracteres que relacionan a los humanos con los chimpancés. En la región del Chad, en el África central, así como en Kenia y Etiopía, en el África del este, han desenterrado numerosos fósiles de especies que probablemente integraron el linaje humano, entre ellas Sahelanthropus tchadensis, Ardipithecus ramidus y Orrorin tugenensis (figura 2). Uno de los últimos hallazgos, realizado en Chad, corresponde a un conjunto de individuos de la primera de esas especies, para los que se estimó una antigüedad de entre 6 y 7 millones de años, es decir, serían muy cercanos al ancestro común de nuestra especie y de los chimpancés, pues según los estudios más recientes la divergencia de los humanos y de estos grandes simios de su ancestro común se habría producido hace alrededor de 7,5 millones de años. Por lo tanto, dichos fósiles hallados en el Chad indican la edad mínima de la aparición en la Tierra de nuestro linaje.


RELACIONES FILOGENÉTICAS Y TIEMPOS DE DIVERGENCIA


Se da el nombre de filogenia o filogenética a la historia evolutiva de un grupo taxonómico, es decir, a las hipotéticas relaciones evolutivas o de parentesco entre las especies. Esas hipótesis generalmente se representan por un esquema con forma de árbol y proveen una buena estimación de los acontecimientos evolutivos del pasado de un clado, entre ellos la sucesión de divergencias que dieron lugar a las especies actuales y a sus inferidos ancestros extinguidos. Tradicionalmente, la filogenia se basó en los rasgos morfológicos; en la actualidad, muchos investigadores argumentan que es necesario apoyarse en la genética molecular para reconstruir la evolución de esos rasgos morfológicos y poder fundamentar una filogenia como la presentada en la figura 3.

Desde la década de 1990, los estudios de las relaciones filogenéticas se han renovado con el avance de las técnicas de la biología molecular y con la obtención de datos genómicos. Estos datos se analizan hoy con el auxilio de métodos estadísticos y de complejos modelos matemáticos sobre cambio de diferentes regiones del genoma. Los últimos permiten calcular los tiempos de divergencia de las especies de manera conjunta con el registro fósil.



evolucion


Divergencias dentro del propio linaje humano

Aunque el estudio de los primates vivientes arroja luz sobre las relaciones de parentesco entre nuestra especie y las que le están más relacionadas, no permite comprender la evolución de nuestro linaje. Esto se debe a que las especies más cercanas a nosotros están hoy extintas. Para ello, la única fuente directa de información es el registro fósil, del que se procura deducir cuándo y cómo aconteció la divergencia entre nuestra especie y las más estrechamente emparentadas con ella (véase recuadro ‘Fósiles
de homíninos’).

La figura 3 indica las relaciones de parentesco evolutivo entre integrantes de la familia de homínidos: el hombre moderno (Homo sapiens), otras especies del género Homo, varias especies de homíninos de los géneros Australopithecus y Paranthropus, los chimpancés (Pan troglodytes y Pan paniscus) y los gorilas (Gorilla gorilla). El árbol de esa figura se obtuvo mediante análisis morfométricos de los cráneos, pero también refleja hipótesis basadas en otros datos morfológicos. Como se podía esperar, todas las especies de Homo están emparentadas y tienen un ancestro común relativamente cercano; más distantes (es decir, con un ancestro común más lejano) están los australopitecos y parantropos, y más lejanos aún, los chimpancés y gorilas.


ciencia


Los únicos estudios genómicos sobre esas especies fósiles han sido realizados sobre hombres de Neandertal, para los cuales se ha secuenciado el genoma completo. Ellos demostraron la relación cercana de esa especie del género Homo con la nuestra que se advierte en la figura 1.

La mayoría de los restos fósiles más antiguos de nuestros ancestros han sido hallados en África, en Chad, Kenia, Tanzania, Etiopía y Sudáfrica (vuélvase a la figura 2). Además de destacarse Sahelanthropus tchadensis, por ser cercano al momento de separación del linaje humano de los chimpancés, de Tanzania y Kenia provienen los restos más tempranos de una especie ancestral cercana a la nuestra, Homo ergaster, con una antigüedad entre 1,5 y 1,9 millones de años. Otras especies más recientes indicadas en dicha figura, seguramente divergentes de nuestro linaje, como Homo heidelbergensis (entre 100 y 600 mil años) y Homo neanderthalensis (entre 30 a 200 mil años), han sido desenterradas fuera de África. Homo erectus es una especie de gran interés en la evolución de los homíninos; su registro más temprano fuera de África (del este de Asia) data de hace aproximadamente 150 mil años. Su vinculación con nuestra especie es en estos momentos objeto de discusión.


FÓSILES DE HOMÍNIDOS

Fósiles de algunos géneros de homíninos nombrados en el texto. La lista no es exhaustiva y evita las arduas discusiones sobre el nivel taxonómico (especie o género) de muchos de los hallazgos.

Sahelanthropus tchadensis. Proviene de Koro Toro, en el Chad, y fue datado entre 6 y 7 millones de años atrás. Tiene características similares a los chimpancés.

Ardipithecus ramidus. Encontrado en Awash Medio, en Etiopía, y fue datado entre 4,5 y 5,7 millones de años.

Orrorin tugenensis. El primer espécimen de esta especie fue desenterrado en Tugen Hills, en Kenia, y datado entre 5,6 y 6,2 millones de años. Es morfológicamente similar al chimpancé, pero algunos análisis sugieren que podría haber caminado erguido.

Australopitecus (anamensis, afarensis, africanus y sediba) y Paranthropus (boisei y robustus). Hallados en Etiopía, Kenia, Tanzania y Sudáfrica, con edades entre 1,3 y 4 millones de años. Constituyen el primer registro indiscutible de cambios anatómicos asociados con el caminar bípedo. Los Paranthropus eran extremadamente robustos.

Homo (habilis, rudolfensis, ergaster, erectus, antecessor, heidelbergensis, neanderthalensis y sapiens). Los ejemplares más tempranos fueron encontrados en Kenia, Tanzania, Sudáfrica, España y Alemania, con edades entre algunos miles y 2,4 millones de años. El cráneo de todas estas especies es similar al del hombre moderno, y exhibe los cambios anatómicos del esqueleto asociados con caminar bípedo.



Cambios en la morfología y el comportamiento ocurridos durante la evolución de los humanos

Los estudios genómicos han mostrado que existen grandes similitudes genéticas entre nuestra especie y otras del mismo género, como Homo neanderthalensis, lo mismo que con los restantes homínidos o grandes simios. Pero estudios anatómicos llevados a cabo en los últimos 150 años han destacado sustanciales diferencias en la morfología (véase recuadro ‘Métodos para estudiar el cambio morfológico en la evolución de los homínidos’) y en el comportamiento.

De particular interés para el análisis de la evolución humana es que gran parte de los cambios observados entre los homínidos han ocurrido aparentemente de manera asociada. Esos cambios pueden agruparse en los dos ejes principales que indica la figura 3: la alteración de los miembros inferiores relacionada con la postura erecta y locomoción bípeda, y la modificación del tamaño y la forma del cráneo, con el consecuente aumento del tamaño cerebral. Lo último se vincula con un período más prolongado de crecimiento y maduración, con el desarrollo del lenguaje, con el uso de herramientas y con el control del fuego. Aunque estos no son los únicos cambios observados, son posiblemente los de mayor importancia para diferenciar a nuestra especie del resto de los
primates.

La anatomía del fémur –el hueso superior de nuestra pierna– presenta características típicas de un organismo bípedo en especies tan antiguas como Orrorin tugenensis (unos 5,8 millones de años atrás), el segundo en antigüedad de nuestros ancestros homíninos, luego de Sahelanthropus tchadensis. En Australopitecus afarensis también se advierten muchas de las modificaciones anatómicas de las extremidades inferiores que permiten el desplazamiento bípedo y son características de todas las especies de Homo. A esas modificaciones anatómicas se agregan evidencias encontradas en la región de Laetoli, en Tanzania, como huellas de pisadas de varios individuos que, en la opinión de muchos investigadores, caminaban de una manera muy similar a los humanos actuales. La figura 4 muestra tres esqueletos de australopitecos que revelan grandes similitudes con la pelvis y la pierna de nuestra especie.


antropologia


Las figuras 5 y 6 muestran la compleja modificación de la estructura del cráneo de los homíninos, con una mayor flexión de la base, la región facial más retraída y un aumento en el tamaño relativo y absoluto de la caja cerebral. Esto se ha considerado de tal importancia que generalmente se emplea para caracterizar al género Homo y resolver la pertenencia a él de determinados taxones. Así, el tamaño cerebral, que es de 400-500cm3 en Australopitecus afarensis, de 650-800cm3 en Homo habilis y de 800-1200cm3 en Homo erectus, alcanza los 1400-1500cm3 en nuestra especie Homo sapiens. Se piensa que a estas variaciones correspondieron una mayor complejidad cerebral y el desarrollo de formas más eficientes de comunicación, particularmente el lenguaje articulado, lo mismo que un comportamiento más complejo y el desarrollo de la cultura propia de las especies más recientes del género Homo.

humanos


Procesos y mecanismos responsables de la evolución del linaje humano

Si bien en los últimos años se han registrado grandes avances en nuestra comprensión del origen y la evolución de la especie humana, todavía resta mucho por conocer. El lugar de origen, el tiempo de divergencia y el patrón de parentesco del linaje humano y del de los otros grandes primates han sido intensamente discutidos desde finales del siglo XIX y están relativamente claros; las incógnitas subsistentes corresponden a los factores o mecanismos responsables de los cambios morfológicos y del comportamiento de las diferentes especies de homínidos.

Muchos de los cambios mencionados, lo mismo que los episodios de divergencia, estuvieron asociados con modificaciones en los ambientes ocupados por las especies en cuestión. A la luz de los estudios comparativos de las especies actuales de primates, es posible deducir que el ancestro común del linaje humano y de los chimpancés vivió en una selva tropical, que tenía hábitos entre arbóreos y terrestres, y que su dieta era rica en frutas. Asimismo, se puede concluir que el posible primer miembro del linaje humano, Sahelanthropus tchadensis,
probablemente ocupó un ambiente diferente. Por la fauna asociada con esa especie y por el contexto geológico en que vivió, se puede pensar que habitó un ambiente de bosques en galería, más abiertos que la selva tropical, y que esos humanos debieron ser menos arbóreos y no basar tanto su alimentación en fruta.

Los ambientes abiertos también fueron característicos de otras especies del linaje humano, como los australopitecos y las numerosas especies del género Homo. En esta historia debemos también prestar atención a los cambios ambientales que comenzaron a ser generados por los propios humanos. Al ambiente natural se agregaron las interacciones sociales, que adquirieron progresiva complejidad, y sumadas a la transmisión de conocimientos generaron lo que hoy conocemos con el nombre de cultura. El pensamiento antropológico tradicional vio estos cambios como responsables de la evolución de los homínidos, en particular de la del género Homo.

Si bien no se puede negar esta asociación del ambiente en que habitaron las especies de homínidos con los cambios morfológicos y de comportamiento que experimentaron, para la ciencia moderna una asociación no es prueba de causalidad. Muchos estudios recientes señalan, además, que el ambiente no fue el motor central de esa clase de cambios. Se piensa que homíninos de diversas especies fueron capaces de explorar nuevos ambientes impulsados por cambios debidos a otros mecanismos, particularmente aquellos acaecidos durante la
vida de los individuos (técnicamente, cambios ontogénicos). En esto nuestros conocimientos son aún exiguos y reclaman más estudios. Estamos todavía a cierta distancia de comprender los factores y mecanismos que condujeron la evolución del linaje humano y generaron los rasgos característicos de los humanos modernos.


MÉTODOS PARA ESTUDIAR LOS CAMBIOS MORFOLÓGICOS EN LA EVOLUCIÓN DE LOS HOMÍNIDOS


Los estudios morfológicos de especies cercanas, como las que integran la familia de los homínidos, consideran principalmente diferencias de grado; por ejemplo, el cráneo humano y el de ambas especies de chimpancés están conformados por el mismo conjunto de huesos, pero difieren en su tamaño y proporciones. El estudio de esas variaciones recurre a técnicas denominadas morfométricas, que registran y confeccionan estadísticas de las diferencias de tamaño y forma de estructuras anatómicas. A partir de la década de 1980 las técnicas morfométricas fueron revolucionadas por la aplicación de métodos geométricos basados en las coordenadas cartesianas de puntos anatómicos (figura 6).



Consideraciones finales

Debido a que muchas de las preguntas a que nos hemos referido en esta nota son de carácter histórico, el avance del conocimiento que permita responderlas depende de las evidencias que se obtengan de especies actuales y extinguidas, así como del refinamiento de los modelos teóricos que intenten explicarlas. El futuro cercano de área de conocimiento promete ser agitado, particularmente por el rápido avance de las técnicas de obtención de datos moleculares de especies extinguidas, y por la comprensión creciente de los mecanismos que controlan el desarrollo ontogénico de los primates.

Los sensibles avances en la secuenciación y en el análisis de genomas completos resultaron de gran importancia para entender cómo se produjeron los cambios morfológicos y de comportamiento que nos interesan. Hoy disponemos de secuencias completas del genoma de alrededor de veinticinco especies de primates, incluidos Homo sapiens y Homo neanderthalensis. Pero para comprender las causas de los cambios acaecidos durante la evolución de los primates necesitamos teorías más elaboradas, que permitan tomar en cuenta una mayor complejidad de variables e interrelaciones entre las poblaciones y su ambiente.