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Pensamientos de J. J. Rousseau

Pensamientos de J. J. Rousseau

Algunos pensamientos de Jean Jacques Rousseau, autor del reconocido libro "El contrato social"

Tengan en cuenta que fueron escritos en el siglo XVIII



Si fuera príncipe o político no perdería tiempo en decir lo que se debe hacer: lo haría.

El hombre ha nacido libre y por todas partes se encuentra encadenado. Si un pueblo está obligado a obedecer y obedece, hace bien; pero si debe sacudir el yugo y lo sacude, hace mejor, cuando tiene fundamentos para recuperar la libertad o no los había para quitársela.

En el Estado, el placer de mandar reemplaza el amor que el jefe no siente por su pueblo.

Si un hombre se hace esclavo de otro se vende por su subsistencia. ¿Pero un pueblo por qué se vendería? Un jefe está muy lejos de proporcionar al pueblo su subsistencia, sino que del pueblo obtiene la suya ¿los ciudadanos darían entonces su persona y también sus bienes? No veo qué conservan. Sostener esto es una locura, la locura no genera derechos.

El Estado ha sido instituido con un fin que es el bien común. Ahora bien, únicamente sobre este interés común debe ser gobernada la sociedad.

Cuando se forman asociaciones parciales, y una de estas asociaciones es tan grande que siempre supera a las demás, entonces no hay más voluntad general, pues prevalece una opinión particular.

No se puede imponer a la sociedad cadena alguna que le sea inútil. Debe haber una causa,

El príncipe (el Jefe) no está por encima de las leyes, pues él es un miembro del Estado.

Se llama república a todo Estado regido por leyes, bajo cualquier forma de administración, pues entonces, sólo se gobierna por el interés público y es realidad la cosa pública.

El legislador sabio examina si las leyes que redactará son adecuadas para el pueblo al que están destinadas.

Dado que la fuerza de las cosas tiende siempre a destruir la igualdad, la fuerza de la legislación debe siempre tratar de mantenerla.

La opinión es un concepto todavía desconocido por nuestros políticos, pero del cual depende el éxito de todos los demás elementos de la república.

El gobierno, para ser bueno, debe ser relativamente más fuerte a medida que el pueblo es más numeroso, pero entonces los depositarios de la autoridad pública tendrán más tentaciones y medios para abusar del poder.

Tomando el término en sentido estricto, no existirá jamás una verdadera democracia. Es contrario al orden natural que gobierne la mayoría, y la minoría sea sólo gobernada.

Todas las formas de gobierno no son adecuadas para todos los países.

En cualquier forma de gobierno la persona pública consume y no produce, obteniendo la substancia consumida del trabajo de los demás miembros del Estado, así que éstos tendrán que producir más que lo que consumen, entregando impuestos.

Si el gobierno logra usurpar la soberanía del pueblo, el pacto social se rompe y los ciudadanos ya no están obligados a obedecer. La democracia degenera en oclocracia, la aristocracia en oligarquía y la realeza en tiranía.

Quien usurpa la soberanía popular no es tirano sino un déspota.

Si queremos crear instituciones duraderas, no soñemos con hacerlas eternas. Para triunfar no es necesario intentar lo imposible. El soberano (el pueblo) confirma incesantemente las leyes que no anula pudiendo hacerlo.

Si el ciudadano nombra diputados y se queda en su casa, al costo de su dinero tendrá representantes que podrían vender su patria. Dad dinero y tendréis más cadenas. Considero la prestación de servicios por el ciudadano menos contraria a la libertad que los impuestos. Los diputados no son el pueblo, son sólo comisarios.

La única decisión que toma el pueblo es la elección de los representantes, no bien ellos son elegidos, el pueblo es esclavo de sus decisiones.

¿Cómo pueden ser libres los opositores si están sometidos a leyes sin su consentimiento?

En un Estado cada uno puede tener las opiniones que le plazca sin que le corresponda al soberano conocerlas, pues no es asunto suyo la suerte de los ciudadanos en una futura vida eterna, con tal que sean buenos ciudadanos en ésta. Sólo se debe ser intolerante con la intolerancia, de cualquier tipo.



Gobierno


Jean Jacques Rousseau. Escritor, compositor y filósofo nacido en Ginebra de habla francesa. (1712-1778)


Fuente: Extraído y transcripto personalmente de los libros de J. J. Rousseau

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