Anécdotas, parábolas, fábulas y reflexiones.

espero que les guste mi nuevo post.


Asamblea en la carpintería

Anécdotas, parábolas, fábulas y reflexiones.

Hubo en la carpintería una extraña asamblea; las herramientas se reunieron para arreglar sus diferencias. El martillo fue el primero en ejercer la presidencia, pero la asamblea le notificó que debía renunciar. ¿La causa? Hacía demasiado ruido, y se pasaba el tiempo golpeando.

El martillo reconoció su culpa, pero pidió que fuera expulsado el tornillo: había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo.

El tornillo aceptó su retiro, pero a su vez pidió la expulsión de la lija: era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás.

La lija estuvo de acuerdo, con la condición de que fuera expulsado el metro, pues se la pasaba midiendo a los demás, como si él fuera perfecto.

En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo, utilizando alternativamente el martillo, la lija, el metro y el tornillo.

Al final, el trozo de madera se había convertido en un lindo mueble.

Cuando la carpintería quedó sola otra vez, la asamblea reanudó la deliberación. Dijo el serrucho: “Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestras flaquezas, y concentrémonos en nuestras virtudes”. La asamblea encontró entonce que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba solidez, la lija limaba asperezas y el metro era preciso y exacto. Se sintieron como un equipo capaz de producir hermosos muebles, y sus diferencias pasaron a segundo plano.

Cuando el personal de un equipo de trabajo suele buscar defectos en los demás, la situación se vuelve tensa y negativa. En cambio, al tratar con sinceridad de percibir los puntos fuertes de los demás, florecen los mejores logros. Es fácil encontrar defectos— cualquier necio puede hacerlo—, pero encontrar cualidades es una labor para los espíritus superiores que son capaces d inspirar el éxito de los demás.

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Una preciosa factura

Cierta tarde un pequeño se acercó a su madre, que preparaba la cena en la cocina, y le entregó una hoja de papel en la que había escrito algo. Después de secarse las manos y quitarse el delantal, ella leyó lo que decía la nota:

Cortar el césped del jardín ..................................$ 15.00
Limpiar mi cuarto esta semana .........................$ 5.00
Cuidar de mi hermano .......................................$ 5.00
Ir a la panadería .................................................$ 0.50
Sacar la basura toda la semana .........................$ 2.50
Libreta con buenas calificaciones .......................$ 50.00
Limpiar el patio ....................................................$ 5.00
TOTAL ADEUDADO:............................................$ 83.00

Al terminar la lectura, la madre miró con seriedad al chico mientras él aguardaba expectante. Y sin decir palabras, ella tomó un lapicero y en el reverso de la misma hoja anotó:

Por llevarte nueve meses en mi vientre y darte la vida nada ....................NADA
Por tantas noches de desvelos, curarte y orar por ti....................................NADA
Por la alegría y el amor de nuestra familia..................................................NADA
Por el temor y las preocupaciones cuando enfermabas...............................NADA
Por comida, ropa y educación.......................................................................NADA
Por tomar tu mano y darte apoyo.................................................................NADA

Cuando el niño terminó de leer lo que ella había escrito, tenía los ojos llenos de lágrimas. La miró a los ojos y le dijo:— Te quiero, mamá. Luego tomó el lapicero y escribió con letra muy grande en el papel: "TOTALMENTE PAGADO"

¿Por qué reclamamos derechos que no concedemos a los padres?¿No es muy clara la diferencia entre las "cosas" y el amor?

Papi, ¿cuánto ganas por hora?

En el mismo momento en que lo vio llegar a casa, un niño le preguntó a su padre:
— ¿Papi, cuánto ganas por hora?
Así, con voz tímida y ojo de admiración, un pequeño lo recibía al término de su trabajo. El padre maró con rostro severo al niño y repuso.

— Mira, hijo esos datos ni tu madre los conoce, no me molestes que estoy cansado.
—Pero, papi — insistía —, sólo es una pregunta: ¿cuánto ganas por hora?

La reacción de su padre esta vez fue menos severa y contestó:

—Bueno, hijo, pues $ 10.000 la hora.
—Papi, ¿ me podrías prestar $ 5.000?— preguntó de inmediato el pequeño.

El padre montó en cólera y tratando con brusquedad al pequeño le dijo:

—¡Así que era esa la razón de saber lo que gano! ¡Vete a dormir y no molestes, muchacho aprovechado!

Al caer la noche, el padre había meditado sobre lo sucedido y se sentía culpable. Tal vez su hijo quería comprar algo. En fin, queriendo descargar su conciencia se asomó al cuarto de su hijo.

—¿Duerme hijo?—Preguntó el padre.

—No, papi, dime— contestó entre dormido.

— Aquí tienes el dinero que me pediste— respondió el padre.

— Gracias papi, —contestó con alegría el pequeño. Y metiendo su manita bajo la almohada sacó otros billetes.

—Papi, ahora ya lo completé todo: tengo los $ 10.000. ¿Me podrías vender una hora de tu tiempo?

¿Qué tanta atención prestas a tus hijos? ¿Alguna vez has pensado en la soledad, la inseguridad o los miedos de los niños?

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El Perrito Cojo

El dueño de una tienda estaba poniendo en la puerta un cartel que decía: "Cachorros en venta". Como esa clase de anuncios siempre atrae a niños, de pronto apareció un pequeño y le preguntó:

—¿Cuál es el precio de los perritos?

El dueño contestó:

—Entre treinta y cincuenta dólares.

El niñito se metió la mano al bolsillo y sacó una monedas.

—Sólo tengo $2,37. ¿Puedo verlos?

El hombre sonrió y silbó. De la trastienda salió una perra seguida por cinco perritos, uno de los cuales se quedaba atrás. El niñito inmediatamente señaló al cachorrito rezagado.

—¿Qué le pasa a ese perrito?— preguntó.

El hombre le explicó que el animalito tenía la cadera defectuosa y cojearía por el resto de su vida. El niño se emocionó mucho y exclamó:

—¡Ese es el perrito que yo quiero comprar!

Y el hombre le replicó:

— No, tú no vas a comprar ese cachorro. Si realmente lo quieres, yo te lo regalo.

El niñito se disgustó y, mirando al hombre a los ojos, le dijo:

— No, no quiero que usted me lo regale. Creo que vale tanto como los otros perritos, y le pagaré el precio completo. De hecho, le voy a dar mis $2,37 ahora y cincuenta centavos cada mes, hasta que lo haya pagado todo.

El hombre contestó:

— Hijo, en verdad no querrás comprar ese perrito. Nunca será capaz de correr, saltar y jugar como los otros.

El niñito se agachó y levantó su pantalón para mostrar su pierna izquierda, retorcida e inutilizada, soportada por un gran aparato de metal. Miró de nuevo al hombre y le dijo:

— Bueno, yo no puedo correr muy bien tampoco, y el perrito necesitará a alguien que lo entienda.

El hombre se mordió el labio y, con los ojos llenos de lágrimás, dijo:

— Hijo, espero que cada uno de estos cachorritos tengas un dueño como tú.

En la vida no importa quiénes somos, sino que alguien nos aprecie por loo que somos, nos acepte y nos ame incondicionalmente.


reflexiones

El Mejor Obsequio

A un amigo mío David, su hermano le dio un automovil como regalo de Navidad. Cuando salió de su oficina, vio que un niño estaba al lado del brillante auto nuevo, admirandolo.

—¿Este es su auto, señor?—preguntó.

David afirmó con la cabeza y dijo:

—Mi hermano me lo dio de Navidad.

El niño estaba asombrado.

—¿Quiere decir que su hermano se lo regaló y a usted no le costó nada? Vaya, cómo me gustaría...

Desde luego, David sabía lo que el niño iba a decir: que le gustaría tener un hermano así. Pero lo que dijo estremeció a David de pies a cabeza.

—Me gustaría porde ser un hermano así.

David miró al niño con asombro e impulsivamente añadió :

—¿Te gustaría dar una vuelta en mi auto?

— ¡Oh sí, eso me encantaría!

Después de un corto paseo, el niño preguntó, con los ojos chispeantes:

— Señor, ¿no le importaría que pasáramos frente a mi casa?

David sonrió. Creía saber lo que el muchacho quería: enseñar a sus vecinos que podía llegar a casa con un gran automovil. Pero, de nuevo, estaba equivocado.

—¿Se puede detener donde están esos dos escalones?— pidió el niño.

Subió corriendo y en poco rato David lo vio regresar, pero no venía rápido. Llevaba consigo a su hermanito lisiado. Lo sentó en el primer escalón y señaló hacia el auto.

—¿Lo ves? Allí está, Juan, tal como te lo dije, allí al frente. Su hermano se lo regalo de Navidad y a él no le costo ningún centavo, y algún día yo te voy a reglar uno igualito; entonces, podrás ver por ti mismo todas las cosas bonitas de loes escaparates de Navidad, de las que te he hablando.

David se bajó del carro y sentó al niño enfermo en el asiento delantero. El otro niño, con los ojos radiantes, se subió en la parte de atrás, y emprendieron un paseo navideño memorable.

Esa Nochebuena, David comprendió lo que siempre le había oído decir a sus maestros y a sus padre: Hay más dicha en dar que en recibir.


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3 comentarios - Anécdotas, parábolas, fábulas y reflexiones.

@MatuMoBar99 Hace más de 1 año +3
@MrTheOne Hace más de 1 año +3
fabulas
@Cybork Hace más de 1 año +2
Excelente, gracias por compartir