(Psicología) Topología de la ambigüedad

Topología

Puede suceder, si prestamos atención, que un exceso de definiciones nos estreche la imaginación y por colación reduzca el pensamiento y constriñe al cuerpo a sentir casi siempre los mismos afectos.

La definición trae la ilusión del orden en la superficie, de hecho el pensamiento definitorio organiza en estáticos paisajes la realidad mental, clasifica la realidad objetiva y encuadra la fantástica. Las definiciones funcionan como férreos puntos de referencia predeterminados que se conjugan entre sí. Engranadas las definiciones, el pensamiento es circular o se desliza en línea recta, aquello que llamamos clisé.

A veces creemos que pensamos, pero en verdad, estamos haciendo un enroque de posiciones referenciales que siempre nos lleva a una contundencia mental, material, o fantástica, por ende a una superficie ordenada y clara, con el cuerpo dispuesto a sentir el afecto correspondiente.

La ambigüedad es una fugitiva de la superficie moldeada de significados unívocos.

La ambigüedad no parte de ningún punto de referencia, su única organización es la creación constante de múltiples sentidos por donde transitar, por un tiempo no demasiado prolongado, sino, se solidificaría un solo recorrido. Su esencia creativa, consiste en dejar intersticios móviles para no quedar jamás atrapado en una forma. Abre posibilidades, y éstas, no están remitidas a un caótico infinito, sino conectadas a las condiciones contextuales presentes. Puede ser esto, lo otro, aquello, lo demás y el resto a la vez, no se define como esto, o aquello, o lo demás, sino que mezcla, esto, lo otro, aquello, lo demás y el resto. También juega con el tiempo, puede ser esto y más tarde lo otro para dejar de ser aquello, y lo demás lo puede creativizar en: un ni, en un quizá, en una y, en una probabilidad.

De ahí que la ambigüedad desconoce, el relato fidedigno, la repetición del pensamiento, la reproducción en línea recta, la que circula en el medio-ambiente. Agrieta el terreno firme y seguro sin atacar o dejar bajo sospecha el pensamiento definitorio, simplemente existe, entre las sedentarias categorías organizativas de la realidad mental, material, y fantástica.

El ser ambiguo es negado, ya que es puesto rápidamente en una definición estándar, es rechazado por su imprecisión, nunca calificado de lo nuevo por venir. El ser ambiguo se lo focaliza, como la parte siniestra que aterroriza la estabilidad del poder, del poder que establece las formas de ser, de pensar y de sentir consensuadas para mantener la armonía de una digna opresión.

La ambigüedad no aparece en la grosería de las formas, sino en una elegante y fina estética del sentimiento de ser en un cuerpo, suspendido por los susurros de las fantasías que laten en los velos de la libertad.

Claro que necesitamos la precisa definición, armando conceptos que desembocan en categorías y éstas construyen teoría, dentro de una específica epistemología donde se planta la ciencia. Necesitamos la ciencia y su método, pero en bajas dosis, porque su extrema y extensa ramificación en lo cotidiano, encorseta invisible, los cuerpos que piensan y sienten. Todas las ciencias terminaron siendo exactas, en la construcción de un laberinto geométrico con precisas trincheras para cada cuerpo amenazado.

La ambigüedad no se planta. Se desliza, se desplaza por conductos furtivos difíciles de aprehender, nunca la vas a encontrar en el mismo lugar, muy difícil de verla en la realidad de los “medios” y mucho menos en los cuerpos que corren alocados por la calle para llegar al punto, tampoco la vas a encontrar en los claustros académicos, ella es libre.

Lo ambiguo desata la imaginación de lo posible dentro de un mundo imposibilitado. Descompone el cuerpo y lo inventa de nuevo, pero siempre atrevido, haciendo carne lo sentido, transpirando partículas de múltiples sentidos. Ensancha, amplía, crea, explora, experimenta, no se resigna con la quietud, no fabula, interpela.

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