El post que buscas se encuentra eliminado, pero este también te puede interesar

Psicoanálisis, ¿ciencia, moda o ideología?

Psicoanálisis, ¿ciencia, moda o ideología?

Psicoanálisis, ¿ciencia, moda o ideología?

por Gregorio Klimovsky.

(Artículo)*

¿Es el psicoanálisis una ciencia? Sus teorías, ¿son ciertas? Estas preguntas no son mera curiosidad. Por el contrario, formuladas en Buenos Aires poseen gran importancia. Pues esta ciudad presenta el fenómeno de ser uno de los lugares del mundo en que esa disciplina más se ha difundido. En cierto modo, la metrópoli rioplatense es quizá la capital planetaria del psicoanálisis, si se tiene en cuenta la cantidad de especialistas que practican o adhieren a las ideas freudianas, o la parte significativa de la población que recurre al auxilio de esas técnicas terapéuticas. Se calcula que, de cada mil habitantes de esa zona, dos al menos se psicoanalizan.
Por otra parte, dejando de lado cuestiones asistenciales, no cabe duda de que esta disciplina tiene para los argentinos una enorme significación cultural. El vocabulario freudiano ha irrumpido y conquistado la literatura, la filosofía y aún la política de nuestras latitudes. Quizá no es erróneo afirmar que el psicoanálisis se ha transformado en una ideología y aún en una teología psicológica, con la cual muchos de nuestros conciudadanos se guían en medio de intrincados problemas sociales e individuales. Los sociólogos encuentran en todo esto un interesantísimo tópico para investigar. ¿Qué nos pasa que necesitamos de ese modo al ideario freudiano? ¿Por qué lo apreciamos tanto?
Pero, pese a su atractivo, no es nuestra intención analizar este interrogante. Ocurre que, en razón del valor que nuestro ámbito cultural otorga a esa forma de pensamiento, la gente quiere saber a qué atenerse y pregunta si las tesis psicoanalíticas son verdaderas o no. Pues, en caso negativo, estaríamos siendo víctimas de una superstición o superchería, con las graves consecuencias que eso tiene para la racionalidad de la conducta de nuestra población. Por ello, lo más urgente parece ser aclarar en un primer paso cuál es el valor del psicoanálisis como conocimiento.
Por desgracia, las opiniones están muy divididas. Si acudimos a las máximas autoridades mundiales en filosofía de la ciencia para que nos asesoren, nos encontraremos confundidos. El que tal vez sea el mayor epistemólogo contemporáneo, Karl Popper, tiene una opinión muy negativa sobre la disciplina inventada por Freud, a la que considera caprichosa, arbitraria e incontrastable. En cuanto al máximo rival de Popper, el historiador de la ciencia Thomas Kuhn, tampoco muestra aprecio alguno por el estudio del inconsciente. Ni hablar de nuestro compatriota el físico y metodólogo de la ciencia Mario Bunge, que ha hecho una especialidad de la diatriba contra el psicoanálisis, viéndose a sí mismo como una especie de mesías iluminista que vino al mundo para librarnos de esa demoníaca pseudociencia.
Los psicólogos a veces no muestran mayor simpatía. Los conductistas, desde Watson a Skinner, consideran al discurso psicoanalítico como una fantasía metafísica plena de vocablos que mencionan entidades no observables y que no hay modo de controlar. Eysenck se ha especializado en mostrar que los experimentos no dan razón (y a veces refutan) a las afirmaciones de los discípulos de Freud, y van Rillaer se ensaña contra éste presentándolo como un ingenuo desde un punto de vista metodológico. Piaget fue más prudente y simplemente se manifestó escéptico, pese a que a menudo usa sin empacho ideas que corresponden al campo freudiano.
Pero hay opiniones significativas en dirección contraria. Adolf Grünbaum, el mayor especialista norteamericano en epistemología del espacio y del tiempo, ha dedicado numerosos y aun voluminosos trabajos a la metodología del psicoanálisis. Él cree que en esta disciplina hay algo valioso que puede ponerse a prueba, si bien no comparte una conocida opinión, ya expresada por el propio creador del psicoanálisis, según la cual es la clínica la que controla o confirma las hipótesis pertenecientes a este sector del conocimiento. El importantísimo epistemólogo inglés John O. Wisdom es aún más entusiasta, y no sólo le otorga importancia y validez a las teorías freudianas sino que él mismo ha contribuido al progreso de las investigaciones en este campo. Los epistemólogos y filósofos franceses han mostrado siempre una inclinación favorable a los aportes freudianos; ése es el caso de personajes tan dispares como Sartre, Althusser o Bachelard. También lo es la Escuela de Frankfurt, en especial de Jürgen Habermas. En una aproximación más “cientificista”, puede señalarse a los psicólogos cognitivos como Erderlyi que reconocen las anticipaciones de Freud a estas investigaciones más relacionadas con los aportes de la informática, la lingüística y la neurología contemporánea. O el célebre psicólogo conductista, especialista en técnicas experimentales – sobre todo en relación con el aprendizaje-, Hilgard, para quien el psicoanálisis es uno de los grandes logros científicos de nuestro siglo.
Desolado y desorientado, el lector se preguntará sin duda: ¿a quién creer?
En este punto es necesario dividir el tema en tres partes.
En primer lugar, está la cuestión lógica de si la estructura de las teorías psicoanalíticas satisface los requerimientos mínimos para constituir desde un punto de vista metodológico un discurso científico con sentido. Luego viene la pregunta por la verdad de tal discurso. Y, por último, está el interrogante por la corrección de la actividad práctica y clínica de los propios psicoanalistas, y por el valor de sus monografías e investigaciones.
En cuanto al primer punto, es necesario desde ya señalar que Freud no era un ignorante en cuestiones relacionadas con el método científico. Todo lo contrario. La lectura de los escritos del médico vienés muestra una notable claridad de ideas en cuanto a la naturaleza de las hipótesis científicas, el papel de la deducción lógica y de la inferencia científica. Los criterios para comparar teorías, definir conceptos y ordenar las afirmaciones son nítidos y acertados (tal vez como consecuencia del seminario de tres años -acerca de Aristóteles- en el que él participó nada menos que bajo la dirección del notable filósofo Franz Brentano). El valor decisivo de la observación y de la experiencia para medir la fuerza de las teorías es cosa obvia para él. En realidad, en los párrafos en que el autor de Interpretación de los sueños expone su pensamiento epistemológico se puede encontrar un verdadero tratado de epistemología, con notables anticipaciones a lo que décadas después serían las innovaciones de Popper, por ejemplo. Lo que menos puede decirse de Freud es que es un ingenuo inexperto en materia de sistematización del conocimiento. Es cierto que su discurso es un tanto coloquial y desordenado, pero un análisis algo detenido, una lectura más prolija permite descubrir una construcción hipotético deductiva de las teorías, con una apropiada jerarquía deductiva y una potente contrastación con los hechos clínicos. Se ha querido ver defectos. El primero: falta de aspectos cuantitativos. Como dice Bunge, si no hay cantidad, no hay medición; si no hay medición, no hay ley exacta. Esto ya no puede sostenerse así, en el momento mismo en que la matemática, gracias a la teoría de conjuntos y al método axiomático se ha vuelto no cuantitativa, relacional y estructural. La topología, por ejemplo, no es una ciencia cuantitativa. El psicoanálisis, probablemente, sea una disciplina destinada al estudio de estructuras (psíquicas) y no de estadísticas o correlaciones. En este sentido, el parecido es con la lógica matemática, la informática, la lingüística y la moderna antropología.
Otro reproche: en el discurso freudiano hay términos que designan entidades no observables. Y hacer eso es metafísica, no ciencia. Este argumento no es otra cosa que un prejuicio empirista, según el cual lo científico consiste en observar y experimentar, pero no en especular acerca de la constitución última de las cosas. Esto queda desmentido por la teoría atómica en química, que es una magnífica teorización acerca de no observables como la estructura de las moléculas, por ejemplo. Lo mismo decimos de la teoría de los genes, la moderna teoría de la herencia -la genética-.
El balance del examen lógico de las teorías de Freud y de sus seguidores es más bien positivo, aunque hay notables diferencias de calidad, fuerza es reconocerlo (especialmente, de acuerdo con nuestra opinión, en el caso de Lacan y sus seguidores). En cuanto al problema de la validez, se dispone de una abundante casuística que mostraría que para algunos casos y cierto tipo de afecciones, el psicoanálisis es más eficaz que otras terapias, lo cual sería un modo de contrastación positiva a favor de los freudianos. Hay que recordar que nadie piensa hoy que se pueda probar categórica y definitivamente una teoría; lo que es factible es mostrar que, por ahora y provisoriamente, hay acuerdo con los hechos y cierta eficacia predictiva. El propio Freud admitía que alguna vez el psicoanálisis será superado por teorías mejores. Pero es claro que su expectativa era que eso sucedería muy lejos en el futuro, no ahora. En este sentido, la ubicación del psicoanálisis como conocimiento de la realidad no es mala, y es análoga a las de muchas otras teorías de prestigio, especialmente en el ámbito de las ciencias humanas o de la medicina.
Queda la última cuestión. Lo que hay que decir aquí es más delicado, pues nos vemos obligados a juzgar hábitos concretos de desempeño profesional. En esto nuestra actitud no es ya tan positiva. Sin duda que contamos con científicos de primera línea. Pero una gran mayoría de psicólogos y psicoanalistas no proceden con mucha claridad metodológica, de acuerdo con los cánones aconsejados por la lógica. Definiciones vagas, uso de meras analogías, confusión de metáforas con verdaderos datos, hipotetizaciones no contrastadas, la actividad y los escritos de muchos especialistas adolecen de cierta arbitrariedad y de falta de sustentación. Sería de desear una aproximación más estrecha y seria entre la metodología científica y el uso de las teorías psicoanalíticas, ya que éstas dan mucho más que lo que el uso no lógico puede conseguir. Hay señales claras de que muchos analistas se hacen conscientes de esta situación. En el futuro, la práctica profesional y las investigaciones en este campo prometen hacer honor a los aspectos positivos que desde el punto de vista epistemológico exhiben estos tópicos.

*En Asuntos Culturales, junio de 1989, Buenos Aires.


Otros post relacionados:
¿Es infalsable el psicoanálisis?
http://www.taringa.net/posts/ciencia-educacion/17783712/Es-infalsable-el-psicoanalisis.html
Acerca del carácter científico del psicoanálisis.
http://www.taringa.net/posts/ciencia-educacion/17783817/Acerca-del-caracter-cientifico-del-psicoanalisis.html

1 comentario - Psicoanálisis, ¿ciencia, moda o ideología?

@Pucho34 +1
Excelente post, por fin algo intelectual.
@Ninguneano
ciencia