Los guiños de la cara oculta de la Luna

Los guiños de la cara oculta de la Luna


Los guiños de la cara oculta de Luna


...y vimos lo que jamás vieron ojos vivos.


Astronomia


Podría pensarse que la Luna, o al menos la superficie lunar, no puede ser más conocida. A fin de cuentas, lleva ahí desde mucho antes de que los primeros humanos surgieran sobre la faz de la Tierra. Noche tras noche, nos ha acompañado como la otra gran luminaria celeste, además del Sol. Determina las mareas de nuestros mares y océanos, y muchos creen que también el estado de ánimo de las personas y otros animales. Su ciclo de casi treinta días alrededor de la Tierra definió muchos calendarios de la Antigüedad e inspiró nuestra forma actual de contar los meses. Numerosas civilizaciones incluyeron de manera destacada a Luna en su panteón de divinidades. Todo el mundo la conoce.

Y sin embargo, Luna presenta un curiosísimo fenómeno gravitatorio conocido como acoplamiento de marea o también blocaje tidal, un barbarismo este último que para mi desgracia me gusta más. Debido a este efecto, algunos cuerpos menores que orbitan en torno a otros mayores sincronizan su movimiento de rotación con el de traslación, lo que a veces se usa para estabilizar satélites artificiales. En el caso de Luna, el resultado es bien conocido: siempre nos enseña la misma cara, en cualquier momento del año y en todos los puntos de la Tierra.

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Es la cara visible la que observan siempre los astrónomos, los aficionados y los enamoradizos. A la cara visible viajaron todas las misiones tripuladas –sí, los norteamericanos lo hicieron, y además seis veces, mal que les sepa a los conspis–, así como la mayor parte de las naves robóticas. La cara visible de Luna está llena de cosas que hemos puesto allí, entre ellas los conocidos espejos para mediciones telemétricas, y de ella trajeron las sondas norteamericanas y soviéticas todas las muestras de rocas lunares que tenemos ahora en la Tierra. En realidad, debido a la libración, puede verse hasta un 9% de los bordes de la cara oculta, pero no más.

(Por cierto: ¿sabes cómo descubrir al primer vistazo si Luna está en cuarto creciente o en cuarto menguante? Pues muy sencillo: Luna es mentirosa. Si parece formar una C, entonces está decreciendo. Si parece formar una D, entonces está creciendo.)

Decíamos, pues, que Luna siempre nos enseña la misma cara. Y por ese mismo motivo, ningún ojo terrestre había visto jamás su cara oculta, la que mira siempre hacia el espacio exterior. Hasta un día de octubre de 1959, año y medio antes del viaje de Gagarin, cuando una sonda soviética llamada Luna-3 dio la vuelta a su alrededor y obtuvo las primeras fotografías para enseñarnos lo que jamás vieron ojos terrestres vivos.


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Fotografiando las intimidades de Luna


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Sonda Luna-3


Una de las cosas que los conspis de los alunizajes ignoran habitualmente es que hubo muchísimas misiones a nuestro satélite, tanto soviéticas como estadounidenses. Decenas de naves de las series Pioneer, Luna, Sputnik, Ranger, Surveyor, Lunar Orbiter, Zond / Lunokhod y finalmente Apolo la rodearon, la fotografiaron, se estrellaron sobre ella, recogieron muestras e hicieron mil cosas más con animales a bordo y sin ellos. El éxito del Apolo 11 con Armstrong, Collins y Aldrin es el éxito de la primera misión tripulada a Luna.

Se trató de una carrera entre superpotencias a la que ambas partes destinaron grandes recursos y numerosos lanzamientos. La primera nave en alcanzar Luna (de hecho, la primera en llegar a un lugar extraterrestre) fue la soviética Luna-2 de Sergei Korolev, mediante un impacto controlado, el 13 de septiembre de 1959. Lanzó los escudos habituales con la hoz y el martillo (igual que los estadounidenses ponían la bandera de las barras y estrellas), que aún siguen allí y seguirán allí durante varios miles de millones de años. Además de la cosa emblemática, Luna-2 se dedicó a tomar diversas mediciones de su campo magnético y otras tareas científicas durante la aproximación a nuestro satélite natural.

Los guiños de la cara oculta de la Luna


Inmediatamente a continuación, el 4 de octubre de 1959, una nueva nave espacial creada por el diseñador jefe partió de Baikonur en dirección a la Luna. Su intención era ver algo que jamás había visto ningún ojo terrestre, en los millones de años de la historia de la vida: la cara oculta de la Luna. En fechas tan tempranas, esto representaba un desafío extraordinario y también fascinante para una humanidad en mantillas espaciales. Esta nueva nave se llamaba Luna-3.

Luna-3 era un objeto de 278 kilos y medio, que fue lanzado –como siempre, en aquellos tiempos– mediante un cohete R-7 Semyorka. Para una época tan temprana (en esos momentos, los Estados Unidos aún andaban liados con minúsculos satélites en órbitas cercanas a la Tierra), Luna-3 era una nave espacial enormemente ambiciosa, avanzada y potente. Fue la primera totalmente estabilizada en los tres ejes, con un sistema de guía autónoma por fotocélulas referida a la luz del sol y de la luna (el origen de las guías astroinerciales). Iba alimentada por paneles solares, y equipaba diversos instrumentos científicos; entre ellos, una cámara con sistema autónomo de revelado y transmisión de imagen. Este conjunto completamente automatizado de captación y transmisión de fotografías se llamaba Yenisei-2, desarrollado por KMZ (que también hacía y hace las populares cámaras Zenit).


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Este sistema de fototelegrafía Yenisei-2 era asombroso para su tiempo. Usaba una cámara de doble lente AFA-E1, una unidad de revelado autónomo y un escáner electromecánico con su correspondiente transmisor, muy similar a un fax (¡en octubre de 1959, oiga!). Los objetivos eran de 200 mm (f/5.6) y 500 mm (f/9.5). La película, protegida contra las radiaciones y el calor, constaba de 40 placas de 35 mm. Después, las fotografías se revelaban automaticamente a bordo al estilo de la época: revelado, fijación y secado. A continuación, un haz catódico las iba barriendo por líneas (1.000 líneas horizontales de resolución), el valor luminoso de estas líneas era recibido en un fotomultiplicador, y éste se retransmitía a la Tierra mediante video analógico por FM. Un circo tecnológico, vamos.

Luna-3 sobrepasó el polo sur lunar a 6.200 km de altitud dos días después, entre el 6 y el 7 de octubre de 1959. A continuación orbitó nuestro satélite por su cara oculta, tomando 29 fotografías desde unos 65.000 km de distancia. Después de dar la vuelta a la luna entera, se aproximó de nuevo a la Tierra en una amplia órbita. El 18 de octubre pasaba cerca de nuestro planeta, momento en que se le ordenó comenzar a transmitir las imágenes. Logró hacerlo con 17 de ellas. Después, marchó; seguramente terminaría abrasándose en la atmósfera terrestre.


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Las fotografías no eran de una calidad extraordinaria. Sin embargo, bastaban para hacerse una idea general del aspecto de la cara oculta de la luna e identificar los accidentes geográficos más notables (a pesar de que en ese momento el sol estaba justo detrás del satélite y por tanto no se proyectaban sombras). Después de analizarlas cuidadosamente, pudieron identificar unos 500 de estos accidentes geográficos, y en 1960 la Academia Soviética de Ciencias publicaba el primer Atlas de la Cara Oculta de la Luna. Como descubridores, se permitieron el lujazo de ponerle nombre a todo: por eso tiene un montón de nombres soviéticos y también de científicos de fama mundial, a modo de declaración internacionalista.

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Mapa de la cara oculta de la Luna


Los guiños de la cara oculta de la Luna


Casi seis años después, el 20 de julio de 1965, la sonda Zond-3 partió de Baikonur para repetir la misión con cámaras más modernas y actualizadas. En esta ocasión, las imágenes fueron espectaculares. Esto permitió la publicación, en 1967, de la segunda parte del Atlas de la Cara Oculta de la Luna; en la edición soviética original, cubría el 95% de la misma.

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El 3 de febrero de 1966, la también soviética Luna-9 fue la primera nave automática en aterrizar sobre nuestro satélite, y en transmitir imágenes desde su superficie (en la cara visible); le siguió Luna-13, a finales del mismo año. Pero los rusos se habían quedado con ganas de saber más sobre la cara oculta, así que mandaron varias más. Los norteamericanos, por su parte, lograron también una buena colección con el programa Lunar Orbiter a partir de 1967. En 1968, la misión norteamericana Apolo 8 –uno de los precedentes del Apolo 11 que aterrizaría finalmente con humanos a bordo– permitió a sus tripulantes observar su aspecto en persona. Así fue como vimos lo que jamás vieron ojos vivos; al menos, ojos vivos terrestres.


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La cara partida de la Luna


La característica más notable de la cara oculta de la Luna es que la pobre tiene la jeta partida a trompadas. Buena parte de los asteroides que se dirigen al sistema Tierra-Luna terminan estrellándose allí (nos hace un poco de escudo gravitatorio). Como éstos vienen desde el exterior, lógicamente se estampan sobre todo en esta cara permanentemente exterior. Por ese mismo motivo, hay muchos más accidentes geográficos en la cara oculta que en la cara visible: miles, de hecho.

Como la Luna es un astro muerto, sin actividad interior significativa (aunque puede que una parte de su núcleo esté aún fundida), estos accidentes perduran y perdurarán durante muchos millones de años... a menos de que llegue algún meteorito más a cargárselos. En su forma actual, las características geográficas de la cara oculta difieren bastante de las de la cara visible. Para empezar, hay muy pocos mares (apenas un 2,5% frente al 31,2 % del lado que vemos; uno de ellos, cómo no, fue bautizado Mar de Moscú). En su lugar, están los miles de cráteres causados por todos estos impactos. El accidente más notorio es, de hecho, uno de estos cráteres. Esta situado en el polo sur, es parcialmente visible desde la Tierra y recibe el nombre de Cuenca de Aitken; con dos mil quinientos kilómetros de diámetro, constituye uno de los impactos más grandes que se conocen en el Sistema Solar. Otros grandes cráteres son Hertzsprung, Apolo, Mendeleev, Korolev (no confundir con el cráter Korolev de Marte) o Gagarin.

A lo largo de las últimas décadas, diversas naves de numerosas nacionalidades han pasado por detrás de la Luna, obteniendo en el proceso cartografías mucho más detalladas que aquellas de los años '50 y '60. Estas mismas naves han tratado de localizar algún rastro de agua, pues desde tiempo atrás se venían detectando distintas combinaciones de hidrógeno y oxígeno. Recientemente la NASA en cooperación con la Agencia Espacial India anunció que habían confirmado su presencia; pero se requiere un mayor esfuerzo de verificación. En todo caso, de haberla, está en cantidades minúsculas (menos que en los desiertos más secos de la Tierra) y muy esparcida o en lugares de difícil acceso, lo que haría muy difícil su recuperación y explotación. En este sentido, Marte sigue resultando mucho más prometedor.


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En general, sólo hay una cosa en la cara oculta de la Luna que mejore las posibilidades de exploración de la cara visible: su aislamiento de la contaminación radioeléctrica terrestre. Por tanto, resultaría el lugar idóneo para instalar un gran radiotelescopio de extrema sensibilidad, blindado de nuestras propias emisiones por la misma masa lunar (una alternativa sería el Punto de Lagrange L2). También se habla de que allí las concentraciones de helio-3 –un potencial combustible de fusión futuro– deberían ser mayores; aún así, seguimos hablando de muy pocas partes por millón.

En realidad la Luna –que, según la hipótesis mayoritaria, no es más que un fragmento de la Tierra– no contiene gran cosa que no podamos encontrar en nuestro propio planeta. Se ha postulado que un cosmopuerto en su superficie –debido a la menor gravedad– sería extraordinariamente más eficiente, pero en la actualidad no existe ninguna aproximación factible ni desde el punto de vista tecnológico ni desde el punto de vista económico.

La Luna, el astro más brillante del cielo nocturno, madre de incontables tradiciones y leyendas, siempre nos fascinó. Y quisimos ir, y fuimos. Sin embargo, hoy por hoy no parece haber nada de gran interés allí. Permanece ahí, llena sin duda de misterios y cosas extraordinarias por descubrir, que quizá torne estúpida esta última frase en algún futuro más o menos próximo. Ojalá.


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1 comentario - Los guiños de la cara oculta de la Luna

@Moozh Hace más de 4 años
no lo lei man, pero parece un muy buen post, bien armado e interesante! toma +5

toma media luna!
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