Quien fue LOLA MORA??



Fue la primera escultora argentina. La más polémica. Adelantada varias décadas a los códigos socilales de su tiempo, por los que debió soportar duros ataques.

Quien fue Lola Mora?


Se adelantó demasiado a su tiempo. Haber sido la primera escultora Argentina fue visto por la mayoría de sus contemporáneos como una osadía imperdonable, y no fue su única impertinencia: Lola Mora se comportó a principios del siglo XX de un modo que sólo sería admitido décadas después y, paradoja de paradojas, sus principales enemigas fueron las mujeres. Pagó, y sigue pagando aún hoy, cuando sólo es una momia anónima en una necrópolis ignorada, el hecho de haber sido mujer, hermosa, inteligente, y libre, sobre todo libre. Tanto que se animó a divorciarse en un momento en que sólo las reinas, como Victoría de Inglaterra, o las meretrices famosas, como Mata Hari o La Bella Otero, ejercían el derecho a la independencia de criterio. Abrió para sus congéneres un camino por el cual luego transitaron Victoria Ocampo, Alicia Moreau, Eva Perón, y otras mujeres que dejaron su marca en el siglo que se va.

A pesar de sus méritos, Dolores Mora de la Vega es una víctima del olvido. Incluso su apellido es casi ignorado, y sólo perdura su nombre artístico, pero no como el de una persona, sino como el de una fuente semioculta, a la cual la hipocresía, que suele ejercer poderes más disuasivos que el sentido común, obligó a transhumar dentro de Buenos Aires hasta que quedó instalada en su emplazamiento actual en la costanera sur, adonde la llevaron en 1918, cuando en ese paseo se daban cita prostitutas y marineros, en lo que era uno de los patios de atrás de la ciudad.

La fuente en cuestión, a la cual su autora llamó El Nacimiento de Venus, luego conocida como de las Nereidas, y ahora llamada de Lola Mora, es tan hermosa como las de Trevi o de los Ríos de Piazza Navona, de Roma. Pero su creación le ganó agravios, acusaciones de obscenidad, ostracismo social y, reacción forajida, la destrucción a martillados de varias de sus esculturas.

obra

Lola nació en Trancas, Tucumán, en 1866. Sus padres -de quienes hay poca noticia- la enviaron al colegio Nuestra Señora de/ Huerto, adonde iban las niñas a las que se educaba "para hacer un buen matrimonio", carrera que no le interesaba particularmente. Ignoraba las lecciones de zurcido, bordado, cocina y administración del hogar; prefería pintar, o se escapaba para aprender alfarería con las indias diaguitas o calchaquíes de la región. Sus contemporáneos han dejado constancia de que era hermosa y sensual, y de que su mano -y el resto de su anatomía- "era la mayor ambición de muchos jovencitos de buena familia". Quería ser artista, y una boda temprana -en esos años era frecuente que se celebrara apenas se ingresaba en la adolescencia- no estaba en sus planes.

En 1936, cuando murió Lola Mora, Buenos Aires festejó su cuarto centenario e inauguró el Obelisco, sobre el cual Baldomero Fernández Moreno, el de Setenta balcones y ninguna flor, escribió uno de sus mejores sonetos, que puede leerse en la pared sur del monumento. La avenida 9 de Julio, la más ancha del mundo, estaba a punto de ser habilitada. En Berlín se realizaron los Juegos Olímpicos y el cuarteto argentino de polo, y un boxeador, Oscar Casanovas, ganaron sendas medallas de oro. Carlos Saavedra Lamas, ministro de Relaciones Exteriores, fue laureado con el premio Nobel de la Paz. Fue el primer latinoamericano en obtener esa distinción. En España, el general Franco se sublevó e inició una guerra que desangró durante tres años a la Madre Patria.

La muerte de sus padres cuando Lola tenía 20 años de edad no modificó su argumento de vida: comenzó a pintar retratos, y con ello sobrevivió hasta que un comprovinciano suyo llegó a la presidencia de la Nación -Julio El Zorro Roca- y le otorgó una beca para estudiar escultura en Roma. Las familias de ambos eran amigas en Tucumán, y el político y conquistador del Desierto conocía a Lola desde la cuna.

En la capital italiana la belleza de "la argentinita del pelo peinado por el viento", como la llamaba el escultor Augusto Rodin, causó estragos. Presumibiemerite, el creador de El beso y el Pensador sucumbió al encanto de esos ojos de sombra y sueño y de la piel cetrina de Lola -por ello sus padres la llamaron Mora-, al igual que muchos notables europeos. El rey Humberto y a reina Margarita la visitaban en su atelier, y compraban sus esculturas, que hoy deslumbran en los palacios de la Casa Saboya.

Luis, príncipe de Mónaco, y antepasado de Rainiero, quiso hacela su esposa. El marqués de Sangiovanni y un esgrimista llamado - amaso Grecco (un playboy de la época) estuvieron a punto de convencerla de abandonar su soltería. Pero sólo a punto. Vestida con pantalones -algo insólito para principios de siglo-, con su melena al viento, Lola prefería relaciones sin compromiso y trabajar en lo suyo. Quienes jamás habían tenido una pasión semejante por el arte no la comprendían, y menos por ser una mujer: ¿acaso Dios las había creado sólo para que se casaran y tuvieran hijos?

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En 1900, Luis Hernández, sobrino nieto del autor del Martín Fierro, la llevó al altar. El matrimonio no le sentó bien. Regresó a Italia y siguió haciendo la misma vida que llevaba de soltera.

En 1903, el ex presidente y fundador del Jockey Club, Carlos Pellegrini, la visitó en Roma y le habló para que regresara e hiciera una fuente en la Argentina. . Lola aceptó, contra la opinión de su marido, del cual se separó en 1.909. Allí, en el lugar elegido para el emplazamiento, la Plaza de Mayo, martillo y cincel, se puso a trabajar inmensos mármoles de Carrara, mitológicos dioses del mar. Los hizo desnudos, sin púdicas hojas de parra. Algunas damas porteñas se burlaron públicamente de Lola

Inspirada en el escultor napolitano Gian Lorenzo Bernini, considerado uno de los grandes escultores de todos los tiempos, Lola trabajó el noble mármol de Carrara para su obra cumbre, a la cual llamó El Nacímiento de Venus, aunque hoy se la conoce como la Fuente de Lola Mora.

Es un grupo escultórico pleno de belleza y movimiento: la base es una enorme valva, en donde tres tritones, con briosos caballos marinos, cantan la buena nueva del advenimiento de la diosa del Amor. En el centro, dos nereidas (también se la llamó la Fuente de las Nereidas) sostienen una valva más pequeña, de donde nace Venus. Está emplazada en la Costanera Sur de Buenos Aires, frente a la Reserva Ecológica.

La insidia fue sólo el principio; hubo luego presiones políticas y de grupos religiosos, y las estatuas nacientes hicieron su primer viaje hasta la avenida Alem, que por entonces se llamaba Paseo de Julio. Pero los pacatos volvieron a patalear: allí, arguyeron, tritones y Venus seguían ofendiendo el pudor porteño, por lo cual se los exilio en la costanera sur, frente al Balneario Municipal.

vida

'Lamento que la impureza que algunos llevan dentro de su alma haya primado sobre el placer estético de contemplar un desnudo humano, la más maravillosa arquitectura que -haya podido crear Dios", contraatacó Lola, a quien, dicho sea de paso, le divertían las peleas.


Sus amigos Carlos Pellegrini y Bartolomé Mitre le encomendaron otra tarea: las estatuas de Carlos de Alvear, Narciso Laprida, Mariano Fragueiro y Nicolás Avellaneda, para colocarlas en el Congreso de la Nación. Pero en 1914 falleció Roca, que era el más fervoroso admirador y defensor de Lola, y los mármoles de los próceres también iniciaron un peregrinaje. El de Avellaneda fue a la ciudad que lleva su nombre, del otro lado del Riachuelo; el de Fragueiro. a Córdoba; el de Laprida a San Juan y Alvear, a Corrientes.

Dos leones majestuosos y una mujer que simbolizaba la libertad, así como la estatua de Aristóbulo del Valle fueron destruidas a martillazos, para que 'esa loca aprenda de una buena vez quién manda’

Lola se hartó, efectuó algunas sugerencias sobre el destino los mármoles (impracticables, dadas sus dimensiones), y se fue a Salta, donde estaba segura descubriría petróleo. Fracasó y quedó en la miseria. No volvió a pintar ni a esculpir. En 1936, ya en el final de su vida, devastada por la locura, en los días de lluvia caminaba hasta la costanera sur, y con una toalla secaba afanosamente los rostros perfectos de las estatuas que ella misma había esculpido.

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Fuentes
http://www.oni.escuelas.edu.ar/olimpi2000/santa-fe-norte/argentina-trascendente/personajes_destacados.htm

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