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EL NAUFRAGIO DEL "LUSITANIA"
La Teoría de la conspiración bélica acerca del lujoso transatlántico torpedeado

Torpedo!... Torpedo a estribor!» Ése fue el aterrorizado grito que lanzó el vigía del trasatlántico británico Lusitania, que surcaba las aguas a gran velocidad, a la altura de la costa meridional de Irlanda, el 7 de mayo de 1915. Pero no hubo tiempo para corregir el rumbo, para tratar de evitar la acción del proyectil, que se estrelló contra su objetivo.

A veinte kilómetros de distancia, en la Old Head Kinsale, una punta que se ama al mar, al sur de Cork, una multitud admiraba el paso del gigantesco trasatlántico construido por la Cunard Steam Ship Co. Quienes tenían prismáticos quedaron perplejos al ver cómo empezaba a elevarse del barco una débil columna de humo. Un hombre controló su reloj: eran las 2:11 de la tarde. Dieciocho minutos después, el Lusitania se había hundido bajo las olas arrasando consigo a 1198 personas, 124 de las cuales eran americanas.

El último dato terminó por cambiarle curso de la historia, porque la muerte los pasajeros norteamericanos condujo a la intervención de Estados Unidos América en la Primera Guerra Mundial y aseguró así la victoria de los aliados.

El hundimiento del Lusitania no fue sólo uno de los sucesos clave en el curda la guerra más sangrienta que el mundo hubiera conocido hasta entonces, también enfrentó a los historiadores con un misterio que hasta hoy todavía no ¡Ido resuelto. El misterio puede ser descrito en pocas preguntas: ¿Era el ¡(tonto un barco de pasajeros o era un buque de guerra? ¿Es cierto que transportaba armas? ¿Fue el trasatlántico sacrificado de intento, a fin de obligar Estados Unidos de América a intervenir en la guerra?

El Lusitania fue proyectado con el objetivo de ganar la Cinta Azul, condición reservada al barco que cruzaba el Atlántico en menos tiempo; dos líneas marítimas alemanas se habían repartido el trofeo anual desde 1897. La construcción del trasatlántico fue subvencionada por el almirantazgo británico mediante acuerdos secretos con la Cunard, que no fueron revelados hasta mucho tiempo más tarde. El buque medía 203 metros de largo; estaba capacitado para transportar, con gran lujo, a 2300 pasajeros y a los 900 tripulante Navegaba a 25 nudos y estaba artillado con doce cañones de 6 pulgadas.

El último viaje del trasatlántico, de Nueva York a Liverpool, comenzó el de mayo de 1915. Los alemanes advirtieron a los pasajeros que pensaban viajar en el Lusitania que desistieran de su propósito y cancelaran sus reserva Subrayaron que todo barco de pasajeros perteneciente a un país enemigo que entrara en aguas de la zona de guerra se exponía a ser atacado. Se prevenía los gobiernos neutrales de que no deberían permitir que sus «tripulaciones, pasajeros o mercancías» utilizaran esos barcos.

La embajada alemana en Washington llegó incluso a publicar en los periódicos americanos anuncios que advertían: «A los viajeros que proyecten embarcarse en una travesía por el Atlántico, se les recuerda que existe estado de guerra entre Alemania y Gran Bretaña, y que los barcos de bandera británica pueden ser destruidos. Los pasajeros que viajen por la zona de guerra en bu cos de Gran Bretaña o de sus países aliados, lo harán bajo su propia responsabilidad»

A pesar de todo, 188 americanos reservaron pasajes a bordo del Lusitania en cuya “inocente» declaración de carga no figuraban las más de 4000 cajas de municiones que transportaba, destinadas a contribuir al esfuerzo de guerra de los aliados.

Mientras el trasatlántico se alejaba de Nueva York, muchas personas, a otro lado del Atlántico, temían por la suerte del Lusitania.

Winston Churchill por entonces primer lord del almirantazgo, organizó una reunión en la que participaron lord Fisher, jefe de la marina, y varios expertos en inteligencia naval; éstos habían recibido el encargo de preparar un informe sobre las consecuencias probables del hundimiento de un trasatlántico con pasajeros norteamericanos a bordo. Casi al mismo tiempo, el embajador de Estados Unidos da América en Londres se preguntaba, en una carta dirigida a su hijo, qué baila ‘<el Tío 5am si un trasatlántico lleno de pasajeros americanos fuera volado en pedazos». Por su parte, el rey Jorge V concedió una audiencia al cornijal Edward House, enviado especial del presidente Woodrow Wilson; durante la entrevista, se dice, el rey formuló al coronel esta pregunta: ¿Qué haría Amén’ a si los alemanes hundieran el Lusitania?

Todos los elementos estaban preparados para el desastre. El 7 de mayo, al Lusitania se aproximaba a la costa irlandesa; el capitán, comandante Willliam Turner, apodado Bowler Bill, (Bill, el Lanzador), sólo había recibido un aviso del peligro que tenía delante: se trataba de un radiomensaje firmado por al vicealmirante sir Henry Coke —cuyo cuartel general estaba situado en Queenstown, Cork— que rezaba: «Submarinos en actividad a la altura de la costa meridional de Irlanda.»

Uno de esos submarinos era el U20, y estaba bajo el mando del comandante, Schwieger; el U20, que había permanecido en el mar desde el 30 de anterior y viajaba de regreso a su base, en Wilhelmshaven fue el primero avistar el barco. Pero al principio Schwieger no reconoció el trasatlántico; solo pudo describirlo como “un bosque de mástiles y chimeneas»: por entonces Lusitania era el más imponente de los bancos del mundo.

Cuando se acercaba a la punta de Kinsale, el trasatlántico cambió de rumbo “A partir de ese momento se dirigió en línea recta hacia nosotros —contaría Schwieger—; no podía haber elegido un rumbo más perfecto si hubiera tratado deliberadamente, de ofrecemos un blanco.»

Cuando el barco se hubo acercado a solamente 365 metros, el capitán Schwieger ordenó que se disparara el torpedo. Hizo blanco en el barco, sobre estribor debajo del puente. El agua entró con una presión demasiado fuerte y pudo ser contenida por los 119 compartimentos estancos de que estaba ¡do, La proa desapareció bajo un mar calmo, al tiempo que el barco comenzaba a inclinarse hacia estribor.

Cuando la proa chocó con el fondo del mar, a 96 metros de profundidad, la it quedó un rato al aire, con sus enormes hélices apuntando hacia el cielo.

Luego, el inmenso casco del trasatlántico se deslizó, arrojando humo y burbujas, hacia el fondo del mar. La superficie marina se pobló de pronto con patéticas figuras; el Lusitania estaba bien equipado con salvavidas, pero no hubo tiempo de usarlos. De las 1198 personas que perecieron, 785 eran pasajeros, y de éstos 125 eran niños, Una mujer embarazada, que dio a luz durante el viaje, pereció junto con su pequeño hijo.

A partir de entonces, se ha desarrollado una rigurosa controversia entre los historiadores. Se trata de saber silos alemanes tenían razón al juzgar al Lusitania como un objetivo de guerra legítimo; también se intenta aclarar si el trasatlántico iba armado y si transportaba un cargamento bélico. Pero la pregunta 1 más inquietante es ésta: ¿Envió el gobierno británico al Lusitania a u a ruta suicida, a través de aguas infestadas de submarinos alemanes, con el objeto de forzar a los americanos a entrar en la guerra?

Los misterios que rodean el hundimiento del Lusitania han sido exhaustiva mente examinados por los historiadores, de manera especial por el escritor Colin Simpson, cuyo libro sobre el tema propone varias y polémicas conclusiones acerca de la tragedia del Lusitania.

La primera de ellas indica que el barco iba armado con, por lo menos, doce cañones de 6 pulgadas y que transportaba un abundante cargamento de municiones y explosivos. Simpson dio cuenta de que el Lusitania fue sometido, en un dique seco de Liverpool, en 1913, a modificaciones que lo capacitaban para ser dotado de artillería pesada en caso necesario. Así el trasatlántico quedó en realidad transformado en crucero de guerra auxiliar. El autor sostiene que una de las calderas del buque fue convertida en un depósito de cartuchos, dotado de montacargas que podían elevar los proyectiles hasta la cubierta.

Más discutible es la segunda aseveración de Simpson, según la cual el almirantazgo británico (y esto culpa directamente a Churchill) retiró los destructores escolta que protegían el Lusitania, a pesar de que se sabia que los submarinos alemanes interceptarían su ruta.

Lo cierto es que el capitán Turner no recibió nunca la información de que los barcos de guerra que custodiaban barco habían sido desviados y enviados a otro destino.

El propio Turner, que sobrevivió al hundimiento, afirmó durante el resto de su vida que había recibido un mensaje en código naval, con la orden de modificar el rumbo de la nave y dirigirla hacia el punto donde el submarino alemán la estaba esperando.

Durante los años que dedicó a la investigación, Simpson exhumó documentos hasta entonces no publicados, procedentes de los archivos nacionales le Washington, del almirantazgo y de la empresa naviera Cunard. Estos documentos lo llevaron a creer, igual que a otros muchos historiadores, que después del desastre norteamericanos y británicos se pusieron de acuerdo para tender sobre el caso un tupido velo encubridor. Se afirma hoy que la declaración de carga del buque fue falsificada; además, en los partes oficiales de Henry Coke, tanto como en el registro de señales del almirantazgo, faltan las entradas correspondientes al 7 de mayo: son las únicas páginas perdidas de los documentos oficiales en todo el periodo de la guerra.de los grandes misterios que ha dejado perplejos a los investigadores es a de que el Lusitania se hundiera tan rápidamente.

El torpedo dispara el submarino alemán era del tipo G, cuyo poder de destrucción y de penetración es sólo moderado. Sin embargo, ese único torpedo hundió un o transatlántico en sólo 18 minutos: este hecho no ha sido explicado. Afirma que el transatlántico tenía un peligroso defecto de diseño en su estructura. Los motores y la maquinaria ocupaban demasiado espacio, por lo arte del carbón que transportaba el barco tenía que ser almacenado en armamentos que no habían sido proyectados para ese fin.

Fueron los mecánicos quienes eligieron, para almacenar el carbón, los compartimentos estancos especiales, un elemento destinado a aumentar la seguridad del barco, compartimentos o cámaras de aire, que deberían haber mantenido el rilo a flote, estuvieron, durante el trágico viaje, cargados de carbón hasta el tope.

Pero hay otra razón, más siniestra, que explicaría el rápido hundimiento del buque. Los buzos que descendieron hasta el fondo del mar para revisar el transatlántico hundido, informaron que uno de los costados y la parte inferior del o habían sido destruidos por una explosión producida en el interior de la nave.

Esta explosión debió haber sido mucho más poderosa que la causada un torpedo de tipo G. Lo que pudo causar una explosión de esa naturaleza es lo que continúa siendo un misterio.

Una explicación plausible sería que, en las bodegas del Lusitania, a pesar de lo que aseguraba la declaración oficial de carga, no sólo se almacenaba manteca y queso, planchas de latón y conservas de carne. ¿Estaban allí las 4000 cajas municiones que, como se admitió más tarde, viajaban clandestinamente a o? ¿Era el Lusitania en realidad un transporte de material bélico, que camuflaba su verdadera naturaleza detrás de 1198 personas inocentes y vidas al sacrificio?

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CUAL ES EL ROSTRO DE DIOS?
La imagen que aparece sobre el sudado de Turín asombra al mundo cristiano

En 1898, la fotografía sólo era un hobby, un entretenimiento para quienes se dedicaban a ella. El arqueólogo italiano Secundo Pia era uno de esos meros aficionados; pero la fotografía que obtuvo en la capilla de los duques de Saboya, en la catedral de Turín, alcanzó para el conjunto de la cristiandad una profunda significación.

Porque el negativo conseguido por Pia parecía mostrar el rostro de Cristo. El joven arqueólogo era la primera persona a la que se permitió fotografiar más famosa reliquia de la catedral, el sudario de Turín, en el cual —se afirmaba— Cristo fue envuelto después de la crucifixión. Siempre se dijo que el darlo contenía el contorno borroso del cuerpo de Cristo, aunque lo mismo afirmaba de cuarenta o más piezas de lino conservadas en diversas iglesias de toda Europa. Pero cuando tomó su fotografía, obtuvo como resultado un neto negativo fotográfico que muestra a un hombre crucificado. Debido a que la fotografía científica era una disciplina relativamente nueva desconocida, la sorprendente placa obtenida por Pia no fue al principio acertada como genuina por todos.

Hubo que esperar hasta 1931, cuando el sudario fue nuevamente fotografiado, esta vez por el fotógrafo profesional Giusepe Enri,. que contaba con medios técnicos más adecuados- Y la sorprendente placa que éste obtuvo terminó por convencer a los escépticos, al mismo tiempo que llamaba la atención de todo el mundo sobre la reliquia de Turín. Hoy, después de largos años de investigación científica, el Santo Sudario d Turín puede ser «lerdo» casi como un libro. Y nana una historia que se prolonga durante 2000 años. El sudario de Turín tiene 4,25 metros de largo y 1 metro de ancho. Su tela una mezcla de algodón y de lino, tejido con una trama en forma de espiga, u estilo propio de Palestina durante el primer siglo de nuestra era.

Los científicos suizos han llegado incluso a analizar el polen que contenía la tela, y lo ha datado también del siglo La tela, de color crema, aparece marcada con u borroso contorno castaño que dibuja el cuerpo de un hombre; tiene también manchas de sangre, más oscura y del color de la herrumbra Las marcas indican que el hombre estaba desnudo, medía 1,55 metros de estatura, tenía un cabellera que le llegaba hasta los hombros y llevaba barba. También muestra claramente que el hombre fue torturado y crucificado. Las manos fueron clavadas por las palmas; los pies fueron fijados juntos, con un solo clavo Las manchas de la tela muestran que el cuerpo recibió más de cien latigazos, muchos de ellos infligidos con un tipo de látigo formado por un mayal, al que se sujetaban bolas de metal pesado. Y muestran también que el hombre recibió t lanzazo en el costado.

Es fácil aceptar que la sangre haya manchado el sudario, pero no resultó sencillo comprender cómo pudo la sangre marcar el contorno del cuerpo en -tejido y permanecer visible durante tantos siglos. Una explicación popular indica que la resurrección provocó una liberación sobrenatural de energía que marcó perdurablemente la tela. Más científica parece la teoría de que las manchas fueron fijadas al sudario por las emanaciones de la piel (probablemente amoníaco), o por el sudor, mezclado con las esencias funerarias del ritual judío.

La más reciente y la más asombrosa de las teorías, sin embargo, es la que han propuesto los científicos de la Fuerza Aérea de Estados Unidos de América; para ellos, la imagen que aparece en el sudario fue grabada por un estado, calculable en microsegundos, de intensa radiación. Se han llevado a cabo numerosas investigaciones, tratando de rastrear los sus orígenes el viaje del sudario.

La primera referencia al sudario de la crucifixión aparece en el Evangelio de San Marcos, donde se nana que la vestimenta en la que Cristo había sido envuelto apareció en la tumba vacía- Transcurrieron trescientos años antes de que el sudario volviera a ser mencionado: reencuentra en los relatos de los peregrinos a Jerusalén. Por aquel entonces prenda sagrada pasó de Palestina a Constantinopla, y de allí a Francia, adonde llegó en el siglo XIII. A fines del siglo XV, el sudado pasó a manos de Luis I, quien se comprometió a resguardarlo de todo peligro; a tal fin construyó una capilla en Chambeiy, donde el sudado permaneció un tiempo.

Pero en 1532, el fuego arrasó la capilla y dañó la arquilla de plata en la que reposaba la reliquia. Se supone que fue entonces cuando el sudado plegado recibió las marcas simétricas de que madura que ahora ostenta. La tela fue cuidadosamente zurcida por las monje. y finalmente, en 1572, se trasladó a la catedral de Turín.

Si la historia del sudario, como hemos visto, es tan incierta, ¿por qué tanto, cristianos están convencidos de que representa el único retrato genuino le Jesucristo? Miles de personas fueron crucificadas por los romanos en Palestina: ¿Por qué pensar que justamente esta prenda sepulcral es la de Cristo? La respuesta a esta pregunta la han proporcionado los científicos. Éstos sostienen que la figura impresa sobre el sudario demuestra que os cabellos de le víctima estaban intensamente manchados de sangre.

La fuente de esa sangre eran rasguños a lo largo de su frente. Es una evidencia que concuerda con el relato del Nuevo Testamento acerca de la corona de espinas que fue clavad,,, con cruel soma, alrededor de la cabeza del "Rey de los judíos”.

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LA MALDICIÓN DE "TUTANKAMON"
La muerte cayó sobre quienes osaron perturbar el sueño de los faraones.

De pronto, en medio de la noche, un perro comenzó a aullar en aquella casa decampo de Inglaterra. El constante, lastimero aullido terminó por despertar la familia que ocupaba la casa. Pese a los esfuerzos de la familia, el perro no pudo ser calmado: el desdichado animal siguió aullando hasta que sin aliente, exhausto, cayó muerto.

Este extraño suceso ocurrió en Hampshire, en la casa que poseía lord Carnarvon, un arqueólogo aficionado de 57 años, perteneciente a la nobleza. En el momento en que el perro comenzó a aullar, el propio lord Carnarvon agonizaba, a miles de kilómetros de su casa, en una habitación del hotel Continental, de El Cairo. La maldición del rey niño, el faraón Tutankamon, se cobraba a sus dos primeras víctimas, a las que seguirían muchas mas.

La maldición faraónica era algo que lord Carnarvon conocía bien; no solo porque el aristócrata era un entusiasta egiptólogo, sino porque alguien se recordó cuando todavía estaba en Inglaterra preparando la última y más ambiciosa de sus expediciones a Egipto: la que debía llevarlo hasta la fabulosa tumba de Tutankamon, llena de inapreciables tesoros. Lord Carnarvon recibió un, misteriosa advertencia, formulada por un célebre místico de aquella época, el conde Hamon. Su mensaje decía: «Lord Carnarvon. No entre en tumba. Peligroso desobedecer. Si ignora advertencia enfermará sin recuperación. La muerte lo reclamará en Egipto.» El aristócrata tomó tan en serio esta advertencia que consultó dos veces a una adivina. Las dos veces, la vidente le predijo que moriría muy pronto y en misteriosas circunstancias.

A pesar de todo, Lord Carnarvon siguió adelante con la expedición; es que con ella se hacía realidad una ambición que lo habla absorbido durante largos años. Cuando llegó a Egipto, se mostró airosamente valiente, restando importancia a la maldición faraónica; en ese mismo momento, la maldición de Tutankamon tenía aterrorizados a los trabajadores nativos, empleados en la excavación de Luxor. Arthur Weigall, uno de los socios más importantes de expedición, se sintió impulsado a declarar: «Si Carnarvon baja a la tumba con ese humor despreocupado, no le doy mucho tiempo de vida.»

El 17 de febrero de 1923, Carnarvon y su equipo se abrieron camino has! la cámara funeraria del rey niño egipcio. En ella, lord Carnarvon y su colega norteamericano, Howard Carter, se encontraron tesoros que ni siquiera hubieran sido soñados: oro, piedras y gemas preciosas, así como el ataúd de oro macizo que contenía el cuerno momificado de Tutankamon. Sobre la tumba había una inscripción, que los expedicionarios consiguieron traducir. Rezaba: «La muerte llegará a los que perturben el sueño de los faraones.»

Dos meses más tarde, el ya famoso lord Carnarvon despertó en su habitación del hotel Continental y dijo: «Me siento muy mal.» Cuando su hijo acudió verlo, Carnarvon estaba inconsciente. Murió esa misma noche. El hijo del aristócrata estaba descansando en el cuarto contiguo en el momento en que Carnarvon moría. Tiempo después, el muchacho recordó que «las luces se apagaron en toda la ciudad de El Cairo; encendimos velas y rezamos».

La muerte de Carnarvon fue atribuida a la infección que le transmitió un mosquito; la infección, se dijo, lo debilitó y causó el comienzo de una pulmonía. Se agregaba un dato extraño: el cuerpo momificado del faraón egipcio tenía una pequeña mancha sobre la mejilla izquierda, exactamente en el mismo sitio donde el mosquito había picado a lord Carnarvon.

Poco tiempo después se produjo otra muerte en el hotel Continental. El arqueólogo norteamericano Arthur Mace, uno de ‘los miembros más destaca dos de la expedición Carnarvon, comenzó a quejarse de cansancio y súbita mente entró en coma; murió antes de que los médicos pudieran diagnosticar el mal que padecía.

Los egiptólogos comenzaron a morir uno tras otro. Un íntimo amigo de lord Carnarvon, George Gould, viajó precipitadamente a Egipto tan pronto como se enteró de la muerte del aristócrata inglés. Gould visitó la tumba del faraón y al día siguiente sufrió un colapso, caracterizado por la fiebre alta. Murió doce horas más tarde.

El radiólogo Archibald Reid, que examinó con rayos X el cuerpo de Tutankamon, fue enviado a su casa, en Inglaterra, apenas comenzó a quejarse de agotamiento. Murió poco después. Richard Eethell, que durante la expedición actuó como secretario personal de Carnarvon, fue encontrado muerto en la cama, víctima de un ataque cardíaco.

El industrial británico Joel Wool fue uno de los primeros invitados oficiales, ver la tumba del faraón; murió poco después, víctima de una misteriosa, fiebre. En un lapso de seis años —los que duró la excavación de la tumba d, Tutankamon—, murieron doce de los arqueólogos presentes en el momento del descubrimiento. Y, al cabo de siete años, sólo dos de los miembros del equipo original de excavadores estaban aún con vida. No menos de otras veintidós personas vinculadas a la expedición murieron de manera prematura entre ellas figuran lady Camavon y el hermanastro del aristócrata arqueólogo Este último se suicidó, aparentemente en medio de una crisis de locura súbita.

Uno de los afortunados supervivientes fue el codirector de la expedición, Howard Carter. El arqueólogo siguió mofándose de la legendaria maldición faraónica y murió por causas naturales en 1939.

Pero la maldición de los faraones siguió cobrando su precio en víctimas. muchos años después de la desaparición de Carter. En 1966, el gobierno de El Cairo encargó a Mohammed lbrahan, director de Antigüedades de Egipto que organizara una exposición de los tesoros de Tutankamon en París. lbraham se opuso a esa decisión y tuvo un sueño premonitorio, según el cual debería enfrentarse personalmente a un peligro de muerte silos tesoros del faraón salían de Egipto.

Cuando lbraham salía de la última reunión, en la que había tratado infructuosamente de convencer a los funcionarios gubernamental, fue atropellado y muerto por un coche. Tres años después, el único superviviente de la expedición Carnarvon a la tumba faraónica, Richard Adamson, de 70 años de edad, concedió a la televisión británica una entrevista. En ella se proponía «demoler el mito de la maldición egipcia».

Adamson, que habla actuado como guardia de seguridad de loo Carnarvon, explicó a los telespectadores: «No creo y no he creído en ese mito, ni por un solo momento.» Más tarde, cuando abandonaba los estudios de tele visión, el taxi que lo llevaba chocó; Adamson fue arrojado sobre la carretera un camión, que giraba en ese momento, estuvo a escasos centímetros de aplastarle la cabeza.

Era la tercera vez que Adamson hablaba en público para desmentir la leyenda faraónica. La primera en que explicó francamente su incredulidad, su mujer murió veinticuatro horas más tarde. La segunda vez, su hijo se fracturó la columna vertebral en un accidente de aviación.

Después de su choque en la carretera, Adamson, que se restablecía de su” heridas craneales en un hospital, confesó: «Hasta ahora me he negado a creer que mis desgracias familiares tuvieron algo que ver con la maldición de lo” faraones. Pero ya no me siento tan seguro.»

El temor a la maldición de los faraones volvió a surgir en 1972, mientras la máscara de oro de Tutankamon era embalada antes de viajar a Londres, don de había de ser exhibida en el Museo Británico. El hombre que tenía a su cargo en El Cairo la operación del traslado era el doctor Gamal Mehrez, que había sustituido al malogrado Mohammed lbraham en el cargo de director de Mil antigüedades de Egipto.

El doctor Mehrez no creìa en la maldición faraónica. Decía: «Yo, más que ninguna otra persona en el mundo, he estado en contacto con las tumbas y las momias de los faraones; sin embargo, todavía estoy vivo. Soy la prueba viviente de que todas las tragedias vinculadas con los faraones han sido una simple coincidencia. Por el momento, al menos, no creo en la maldición.»

El doctor Mehrez estaba en el Museo de El Cairo, organizando los último detalles de la mudanza, el día que los exportadores llegaron para instalar la inapreciable carga en los camiones. Esa tarde, después de haber observado 1, operación de carga, Mehrez murió. Tenía 52 años; las causas de su muerte fueron atribuidas a un colapso circulatorio.

Imperturbables, los organizadores de la exposición continuaron con los preparativos. Un avión del Comando de Transportes de la Real Fuerza Aérea, destinado a la tarea de llevar las reliquias a Gran Bretaña. En los cinco año que siguieron al día del vuelo, seis miembros de la tripulación de la aeronave fueron víctimas del infortunio o fueron visitados por la muerte. El oficial Riel, Laude, piloto jefe del avión Britann la, y el ingeniero de vuelo gozaban de un excelente salud. Pero ambos estaban destinados a morir muy pronto. La esposa Parkinson informó que, a partir del vuelo, el aviador habla sufrido un ataque cardíaco anual, siempre en la misma época del año en que había transportado las reliquias egipcias. El último ataque acabó con él, en 1978; tenía ente 45 años.

El comandante Laurie había muerto dos años antes también víctima de un ataque cardíaco. Cuando Laude murió, su esposa dijo: «Es maldición de Tutankamon, esa maldición lo ha matado.» Laude no tenía que 40 años.

Durante el vuelo del Britannia, el oficial que mandaba a los técnicos, Ian Landsdowne, golpeó con el pie, en broma, la caja que contenía la máscara mortuoria de Tutankamon. Comentó, riendo: «Acabo de patear el objeto más del mundo.» La pierna con la que dio el golpe estuvo escayolada durante meses: sufrió graves fracturas cuando, de manera inexplicable, una escalera la que había subido se derrumbó bajo su peso.

El oficial de navegación, teniente aviador Jim Webb, perdió todas sus pertenencias cuando su casa resultó destruida por un incendio. Una joven que viajó a bordo del avión Britannia en aquel vuelo tuvo que abandonar la RAF después de sufrir una e operación.

Un camarero del Britonnia, el sargento Brian Rounsfall, reveló, en el vuelo de regreso a Londres jugamos a las cartas utilizando el ataúd como mesa. Por turno, nos sentábamos sobre la caja que contenía la máscara mortuoria, do y bromeando acerca de ella. No fuimos irrespetuosos: sólo nos divertíamos un poco.» En la época del vuelo, Rounfall tenía 35 años de edad. En los años siguientes sufrió dos ataques de corazón.

Existe alguna manera lógica de explicar esas muertes misteriosas y esa acumulación de desgracias sobre tantas personas vinculadas a las reliquias de Tutankamon?

El periodista Phillip Vandenburg estudió, durante años, la leyenda sobre la maldición de los faraones y aportó dos sugerencias interesantes. En su libro The Curse of tire Pharaohs, demuestra que las tumbas, dentro de las pirámides, eran ambientes propicios para la supervivencia de bacterias; a lo largo de los siglos, dice el autor, éstas podrían haber desarrollado nuevas y descocidas especies cuyo poder se hubiese mantenido hasta la actualidad.

Vandenburg señaló también que los antiguos egipcios eran expertos en el o de venenos; y algunas drogas no necesitan ser ingeridas para matar: pueden ser letales por contacto, por penetración en la piel. Así sugiere que los egipcios podrían haber mezclado sustancias venenosas con la pintura de las redes interiores de las tumbas, que luego fueron selladas y convertidas en reductos herméticos.

Por esta razón, los antiguos ladrones de tumbas, que incursionaban en éstas, practicaban un pequeño orificio en la pared de la cámara, a fin de que el aire fresco circulase, antes de atreverse a forzar la cámara.

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LA GRAN PIRÁMIDE GIZEH
Una edificación ante cuya construcción se hubieran acobardado los ingenieros modernos

La gran pirámide de Gizeh, en Egipto, debía ser el último monumento, un gran monumento, digno del hombre al que conmemorada: el rey Khufu, más conocido por su nombre griego, Keops; uno de los gobernantes más poderosos que haya conocido el mundo antiguo. A lo largo de los terraplenes del Nilo, se elevan alrededor de cuarenta pirámides, pero una de ellas puede ser comparada con la gran pirámide de Gizeh. Este monumento mide más de 137 metros de altura y abarca una superficie cuadrada de unos doscientos treinta metros de lado.

Los bloques de piedra usados en su construcción —2.300.000— fueron cortados con gran precisión y tienen un peso que varía de 2 a 15 toneladas. Los grafos de Napoleón calcularon que contiene piedra suficiente como para construir un muro de 2,73 metros de altura y 91 centímetros de grosor alrededor toda Francia. base de la pirámide es un cuadrado perfecto; los cuatro lados encaran exactitud a los cuatro puntos cardinales. Las esquinas constituyen ángulos os que rozan la perfección.

Todavía hoy, a pesar de la difusión de la fotografía, resulta difícil imaginar imponente es la pirámide sin haberla visto con los propios ojos. Pero O años atrás el monumento era todavía más impresionante: estaba revestida con una reluciente caliza blanca (saqueada desde hace mucho tiempo para utilizada como material de construcción en otras zonas) y coronada por un casquete de oro batido, que medía nueve metros...muchos se preguntan si la gran pirámide es sencillamente una maravilla técnica de la antigüedad o un monumento que posee una significación más profunda, una significación mística. medida que se conocen nuevos aspectos de la antigüedad, surgen pruebas irrefutables de que las civilizaciones pretéritas alcanzaron, frecuentemente, asombrosos niveles de sabiduría científica. Algunas de ellas parecen haber poseído, incluso, conocimientos de los que hoy carecemos.

Por ejemplo: Como se las arreglaron los antiguos egipcios, que ni siquiera habían descubierto rueda, pera levantar la gran pirámide, valiéndose solamente de palancas y rodillos? ¿Cómo pudieron tallar los gigantescos bloques de granito con asombrosa precisión? ¿Cómo pudieron endurecer el bronce de sus herramientas hasta dotarlo de una resistencia que hoy resulta inimitable? ¿Cómo adquirieron la audacia que les permitió acometer un proyecto de tal magnitud Intimidada incluso a los más inquietos y aventurados arquitectos o ingenieros modernos? gran pirámide está asentada sobre una meseta rocosa, a 16 kilómetros de Cairo. Se cree que, antes de levantarla, los egipcios construyeron una base exactamente nivelada, para lo cual debieron edificar un muro de barro alrededor de la meseta. Luego, seguramente inundaron el área cercada. A medida que el agua fue luego gradualmente drenada, aparecieron los sitios salientes, protuberancias, que emparejaron hasta que quedó una vasta superficie plana. Sobre esta base, más profunda que la que sostiene nuestros rascacielos modernos, las cuadrillas de trabajadores comenzaron a arrastrar los gigantes bloques de arenisca, desde las canteras. El material para construir la cobertura de caliza brillante tuvo que ser traído desde más lejos: de las canteras situadas en los terraplenes del Nilo. Las rocas fueron arrastradas en trineos, través de suaves rampas; una vez llevadas al sitio adecuado, los canteros se encargaron de cortarlas con toda exactitud.

La tumba se cavó, como un profundo túnel, en el basamento de roca maciza sobre el que se levantaría la pirámide; ésta fue la tumba que se previó utilizar en el caso de que el emperador muriera antes de que el monumento estuviera terminado. Luego se construyó otra tumba, ya dentro de la pirámide, pero a un nivel inferior a la que debería ser la verdadera cámara funeraria: ésta fue emplazada en el corazón mismo de la pirámide, a unos cuarenta y dos metros sobre el nivel del suelo. A esta cámara mortuoria se llegaba por un pequeño pasadizo, que desembocaba en una majestuosa galería de 7,5 metros de altura.

Dentro del pasadizo fueron emplazados enormes «tapones» de granito. de manera que éste pudiera ser bloqueado para siempre una vez que los sacerdotes hubieran completado los ritos fúnebres dentro de la cámara funeraria. Pero a pesar de todos estos complicados preparativos, parece que jamás se depositó un cadáver en la gran pirámide. Los egiptólogos están divididos en dos grandes grupos: los que creen que os monumentos poseen alguna significación profunda y misteriosa y los que creen que son simples tumbas. Pero, si la gran pirámide es una mera tumba, por qué esa ausencia de un cuerpo sepultado y por qué esa matemática precisa de cada muro, de cada pendiente, corredor y cavidad.

Tal como demuestran las tumbas del Valle de los Reyes —donde los arqueólogos encontraron la tumba de Tutankamon— los cadáveres eran habitualmente enterrados junto con obras de arte y objetos de valor. Cuando los ladrones hacían sus incursiones en las tumbas, robaban lo que encontraban de valioso, difícilmente se llevarían un cadáver. Sin embargo, cuando la gran pirámide fu violada por primera vez, en el año 800 de nuestra era (el violador fue un joven califa de Bagdad, Al Mamun), no se encontró ningún cuerpo eh ella. De hecho, después de penetrar en la pirámide, Al Mamun no se convirtió e un saqueador.

El califa había oído leyendas según las cuales la gran pirámide contenía cartas y mapas astronómicos, el cristal que no se rompía y los metales más puros. Después de una peligrosa y ardua perforación de las grande defensas de granito, llegó finalmente a la cámara mortuoria del rey.

Todo lo que encontró en ella fue un sarcófago vacío y sin tapa y el ataúd de piedra Al califa le parecía imposible, después de haber visto los grandes tapones d roca, inviolados hasta ese momento, que alguien le hubiera precedido en si penetración en el monumento. Investigó en busca de pruebas, tales como un entrada forzada o rastros de saqueo, pero no encontró nada de eso. De manera que se fue, decepcionado y perplejo, preguntándose para qué fines se habían construido el vasto monumento. Desde ese momento, la gran pirámide no volvió a ser perturbada durante siglos, hasta que los científicos y matemáticos británicos y franceses comenzaron a interesarse por ella, en los siglos XVII y XVIII.

En 1683, John Greaves, un estudiante de Oxford, exploró la cámara mortuoria del rey y quedó maravilla do ante la precisión de sus medidas, que no se apartaban de la simetría «n siquiera en una milésima parte de un pie».

Los descubrimientos de Greaves atrajeron la atención de otros universitarios británicos, entre los que se contaba sir Isaac Newton; todos trabajaron empeñosamente para descubrir el secreto de la pirámide, pero fracasaron. En la década de 1830, un aventurero inglés, el coronel Richard Howard Vyse, dirigió un equipo de investigadores; su principal hallazgo fue el de los dos conductos, de 23 centímetros de diámetro, que comunican los frentes norte sur de la pirámide con la cámara mortuoria real. Cuando estos conductos fueron despejados, el clima dentro de la cámara mortuoria permaneció inamovible, a -2°C, cualquiera que fuese la temperatura que reinaba fuera de la pirámide. Se trata de una temperatura ideal para la preservación de los modelos de pesas y medidas científicas que, según las narraciones legendarias acerca de la tumba, habían sido guardados en ella.

Treinta años más tarde, otro inglés, John Taylor —hijo del director y editor del periódico The Observer— realizó otros descubrimientos sin siquiera mover-se de su gabinete. Taylor sometió a un examen crítico todo lo que hasta entonces se sabía acerca de la gran pirámide y escribió su libro- The Great Pyrarnié Why Wes It Built ond Who Built It?; en él llegó a la conclusión de que los egipcios que construyeron la pirámide «sabían que la Tierra era una esfera’. mediante la observación del movimiento de los cuernos celestes en relación a la superficie terrestre, calcularon la circunferencia del planeta. Deseaban dejar para la posteridad el más correcto e imperecedero registro que pudieran conseguir».

Los estudios de Taylor revelaron que la relación entre la altura de la pirámide y su perímetro es la misma que la que existe entre el radio de un círculo y su circunferencia. Esto parece demostrar que los egipcios conocían el valor de Pi, el inapreciable principio matemático que, hasta hace poco, todos creían que se había descubierto 3500 años después del florecimiento de la civilización egipcia. Los análisis de Taylor fueron confirmados por el brillante matemático Charles Piazzl Smyth, que fue astrónomo real de Escocia. A partir de entonces, surgieron a raudales nuevas teorías acerca de las pirámides. Algunas eran realmente Interesantes, otras sólo excéntricas; algunas tenían un profundo sentido místico y religioso, otras se mostraban prácticas y científicas.

Una de las explicaciones que se propusieron consistía en que la gran pirámide había sido diseñada como un reloj gigantesco. En 1853, el físico francés Jean Baptiste Biot dedujo que el ancho y nivelado pavimento que se extiende junto a las caras sur y norte de la gran pirámide eran en realidad una superficie graduada para recibir la sombra del monumento. En invierno, la pirámide proyectaría su sombra sobre el pavimento norte; en verano, el revestimiento de caliza pulida reflejaría el sol sobre el pavimento sur. De esta manera, era posible leer en ellos el día del año y la hora del día. David Davidson, un ingeniero británico de Leeds especialista en estructuras, y su colega de Yorkshire, Moses E. Cotsworth, adoptaron y profundizaron la propuesta de Biot.

Según ellos, los egipcios, utilizando la pirámide, podían medir la duración real del año con una exactitud de milésimas de segundo. Otra de las explicaciones afirmaba que la gran pirámide constituye en realidad un inmenso observatorio astronómico. En el siglo XIX, el astrónomo británico Richard Proctor demostró que uno de los corredores de la gran pirámide, conocido como pasaje descendente, estaba exactamente alineado con la estrella que señala el polo norte de la Tierra. En los días en que la pirámide fue construida, el papel actual de la estrella Polar correspondía a Alfa Draconis, pero el leve desplazamiento del eje de la Tierra a través de los siglos modificó las cosas.

A medida que la gran pirámide se ha movido con la Tierra, el pasaje descendente aparece ahora alineado con la estrella Polar, Proctor conjeturís que las diversas muescas y ranuras que aparecen en el interior de la gran pirámide, en la galería mayor, pudieron haber tenido la función de sostener bancos y plataformas móviles, para que los observadores estudiaran, con sus instrumentos ópticos, el paso de las estrellas a través de la entrada de la galería.

Los miembros del Instituto de Piramidología, de Londres, creen que la gran pirámide profetiza con precisión el futuro de la humanidad. Según este instituto, puede demostrarse, mediante un complicado sistema de mediciones y cálculos matemáticos, que el gran monumento egipcio predijo el éxodo de los judíos desde Egipto, la crucifixión de Cristo, el estallido de la Primera Guerra Mundial (episodio que, según los miembros del instituto, constituyó el comienzo de la desintegración de antiguo orden, tal como profetizaron Daniel y Jesús) y el comienzo del milenio en el otoño de 1979. Esta fecha —postula el instituto -londinense— marca el comienzo de los 1000 años (milenio) en que Cristo reinará sobre la Tierra; esta era terminará con Armagedon y el día del juicio en 2979.

El escritor Peter Tompkins, autor de un exhaustivo estudio sobre los mistes de Gizeh, publicó en 1971 un libro en el que intentaba resolver el enigma e rodea a la gran pirámide. Tompkins asegura que los sacerdotes egipcios metieron al faraón Khufu o Keops una tumba gigantesca. Pero una vez que monarca sancionó y doté de fondos el proyecto, los sacerdotes comenzaron construir no una tumba, sino un inmenso edificio destinado al conocimiento científico. Y, cuando murió, el iluso Khufu no fue enterrado allí.

En colaboración con el doctor Livio Strechini, profesor de historia antigua en Wliliam Paterson College de Nueva Jersey, Tompkins resumió las conquistas científicas de los constructores de las pirámides y llegó a las siguientes conclusiones:

La gran pirámide constituye un centro, cuidadosamente elegido, desde el cual pudo establecerse toda la geografía del mundo antiguo.

El monumento fue utilizado como observatorio, desde el cual se trazaron los mapas y las clasificaciones de las estrellas con una precisión notable.

Los lados y ángulos de la pirámide se utilizaron como medidas base en toda la cartografía antigua.

La estructura de la gran pirámide tuvo en cuenta el valor matemático Pi,

El monumento pudo ser una “biblioteca» práctica del sistema de pesos y medidas vigente en el mundo antiguo

Los constructores conocían la circunferencia exacta de la Tierra y la duración exacta del año (incluyendo unos márgenes de error calculables en la dos mil cuatrocientos veintidós avas parte de un día). Es probable que los egipcios conocieran también la medida de la órbita de la Tierra alrededor el Sol, el peso especifico del planeta, el ciclo de 26 000 años de los equinoccios, la aceleración de la gravedad y la velocidad de la luz. - hecho de que los antiguos egipcios, 3000 años antes del nacimiento de o, hayan podido saber todo esto constituye un enigma. Y, si realmente dan estos conocimientos ¿cómo los consiguieron y por qué fue olvidado ate tantos siglos?.

Para todo aquel que contempla la gran pirámide, resulta evidente que fue construida por una civilización muy avanzada. Y uno no puede menos que preguntarse si esa civilización poseyó también poderes con los que los hombres hoy sólo pueden soñar.

El «poder» de las pirámides

Durante mucho tiempo se ha afirmado que las pirámides generan misteriosas fuerzas, cuya naturaleza no puede explicarse. Se han efectuado numerosas pruebas a fin de demostrar que las estructuras piramidales constituyen imanes para los rayos cósmicos, o que obran como verdaderas centrales de electricidad estática. También existen abundantes relatos acerca de personas que, tras visitar las pirámides, han adquirido el poder de predecir su propio destino. A menudo, los turistas sufren un shock o se desmayan cuando visitan los monumentos del antiguo Egipto.

El 12 de agosto de 1799, Napoleón visitó la cámara mortuoria del faraón en la gran pirámide. Después de un rato, Napoleón pidió a su guía que lo dejara solo. Cuando finalmente salió, el conquistador de Europa se mostraba pálido y perturbado. Cuando le preguntaron qué le habla sucedido, respondió bruscamente: «No quiero referirme nunca más a este asunto.» Luego, en distintas etapas de su vida, él mismo confesarla que habla previsto su futuro mientras permanecía solo en el interior de la gran pirámide. Poco antes de morir, parece que estuvo a punto de revelar su secreto a uno de sus ayudantes.

Pero se interrumpió para decir: «De qué sirve hablar de esto? no me creería.» Pero los casos más extraordinarios que parecen poner de manifiesto el poder de las pirámides han sido protagonizados por gente común, sin mentalidad científica, que nunca han estado en Egipto. Se trata de gente que confiesa haber obtenido notables éxitos utilizando modelos de cartón, metal o plástico construidos a la escala exacta de la gran pirámide. Se afirma que estos modelos tienen el poder de mantener afiladas las hojas de afeitar durante largo tiempo, de conservar frescos los alimentos, de promover sentimientos de paz y de armonía e Incluso de ayudar a predecir el futuro.

En la década de 1850, un francés llamado Bovis visitó la gran pirámide y, entre los habituales desperdicios que dejan los turistas, descubrió el cuerpo de un gato muerto: un cuerpo notablemente bien conservado, como si hubiera sufrido un proceso de momificación. Cuando regresó a Francia, Bovis experimentó con modelos de pirámides, construidas a escala, y comprobó que ayudaban a conservar frescos los alimentos. Cien años después, el ingeniero checoslovaco Karel Drbal leyó las investigaciones de Bovis.

En los países de allende el telón de acero había una aguda escasez de bojas de afeitar, y Drbal quiso averiguar si el poder de las pirámides alcanzaba también a los metales. Construyó un modelo de pirámide y comprobó que las hojas de afeitar que guardaba en el modelo no se desafilaban nunca. Cuando se presentó ‘en la oficina de patentes de Praga, en 1959, los funcionarios no le creyeron. Pero, una vez el jefe de la oficina hubo comprobado la eficacia del procedimiento, Drbal recibió la patente número 91.304. Nadie sabe mediante qué mecanismos operan las pirámides. La única pista al respecto es una vieja leyenda, que data de la Primera Guerra Mundial, según la cual las hojas de afeitar que se dejan a la intemperie, a la luz de la Luna, amanecen desafiladas.

El filo de esas hojas está compuesto de diminutos cristales; y, si la energía generada por los rayos de la Luna puede desafilar una hoja de afeitar, ¿por qué no puede la energía generada por una pirámide ayudar a mantenerla afilada? Para que una pirámide funcione, existen ciertas reglas invariables a -seguir. Debe ser construida de modo que la base y una cara guarden la relación 15,7 a 14,94; y sus caras deben estar alineadas con los cuatro puntos cardinales. La hoja de afeitar debe descansar a 3,33 unidades de altura, y los filos deben orientarse en la dirección este-oeste. Nadie puede explicar cómo funciona el secreto poder de las pirámides, pero hay miles de personas en todo el mundo que juran haber comprobado su eficacia.


A Jesús lo clavaron en la cruz por los pies y las manos. Además, le pusieron una corona de espinas y una vez muerto, le clavaron una lanza en el costado. En siglos posteriores se han repetido las noticias de personas vivas con heridas espontáneas que coinciden con una o varias de las llagas de Cristo.

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ESTIGMAS

Marca o señal en el cuerpo. En su sentido religioso se refiere al fenómeno de llevar las llagas de la crucifixión de Cristo físicamente. Estas llagas se manifiestan en las manos, pies, el costado y la cabeza de ciertos santos como signo de su participación en la pasión de Cristo.

Los estigmas pueden ser: Visibles o invisibles; sangrientos o no; permanentes, periódicos (generalmente resurgiendo en días o temporadas asociadas con la pasión de Cristo) o transitorios. Los estigmas invisibles pueden causar tanto dolor como los visibles. Los estigmas pueden permanecer muchos años, como el caso del Padre Pío, quien los llevó por 50 años y fue el primer sacerdote que se conoce estigmatizado. (San Francisco tenía las estigmas pero no era sacerdote). Al morir sus estigmas desaparecieron milagrosamente.

Therese Neumann (1898-1962) le aparecieron por primeras vez en 1926, provocando una avalancha de curiosos

LOS ESTIGMAS SAGRADOS:

Los estigmas (del griego stigma. picadura, punto, señal) pueden adoptar diversas formas. Algunos de ellos no pasan de ser hematomas o manchas en la piel, pero en otros casos pueden llegar a causar dolor. Lo más habitual es que sean heridas abiertas que al cabo de un tiempo terminan sanando, pero en algunos casos son permanentes aunque no supuran ni se infectan. El fenómeno de la estigmatización parece estar limitado casi exclusivamente a ios católicos romanos, y afecta en particular a mujeres.

LOS PORTADORES DE LAS HERIDAS

Hasta el momento han sido santificadas 80 de las personas estigmatizadas. Los estigmas por si solos no son motivo de santificación para la Iglesia, que se rige según otros criterios. La autenticidad de los estigmas es cuestionada una y otra vez, sobre todo debido a la poca fiabilidad de las fuentes históricas. En algunos casos se da por sentado que la descripción de los estigmas de una persona es una prueba del vínculo de dicha persona con Jesús.

Uno de los primeros que habló de las «señales de Cristo» fue el apóstol Pablo en su epístola a los Gálatas. No obstante, aunque algunas fuentes posteriores lo afirman, no está del todo claro que se refiriera a los estigmas. En cambio, san Francisco de Asís (hacia 1181-1226) es un caso comprobado de estigmatización.

LAS HIPÓTESIS

Existe una teoría que sostiene que el hombre es capaz de influir sobre su cuerpo a través de su mente. Se tiene noticia de personas que han sido capaces de realizar actos sobrehumanos en situaciones extremas, como levantar objetos pesadísimos. Dado que los estigmas aparecen principalmente entre los católicos, seria lógico pensar que esas personas son tan devotas que su cuerpo se provoca de alguna forma esas heridas. Sin embargo, también se han dado unos cuantos casos de estigmas en no cristianos. Otra posibilidad es que los afectados padezcan una forma peculiar de histeria, es decir, una sobreexcitación que puede provocar distintos síntomas, como hemorragias subcutáneas. Se ha intentado respaldar esta teoría con sesiones de hipnosis y, en efecto, a las personas objeto de estudio les salieron manchas oscuras en los lugares de las llagas de Cristo.

Los estigmas pueden ser don de Dios (como en los santos) o falsificación o causados por el sujeto por problemas mentales. En algunos casos de carácter diabólico. Es por eso que la iglesia ha establecido criterios para determinar la autenticidad de los estigmas.
Algunos criterios: Las llagas están localizadas en los lugares de las cinco llagas de Cristo.

¿HERIDAS AUTENTICAS?

Alrededor de los estigmas también ha habido impostores. Hay quien se contenta con explicar que una vez llevó los estigmas sagrados, pero otros llegan a infligírselos ellos mismos para poder mostrar las cicatrices como prueba. Los casos más extremos están protagonizados por personas que mantuvieron abiertas durante mucho tiempo las heridas que ellos mismos se habían causado, en perjuicio de su salud. A pesar de no ser un fenómeno demasiado frecuente, en fechas recientes se han conocido algunos ejemplos de estigmatización, que, además, han sido documentados por la ciencia. No obstante, todavía no se ha podido ofrecer una explicación del todo convincente.

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AL BÚSQUEDA DEL DORADO
Después de todo puede no haber sido un lugar, sino una persona

Muchos aventureros han luchado, asesinado y saqueado en el curso de la búsqueda de El Dorado. A menudo, también han ofrendado sus propias vidas persiguiendo algo que quizá no haya sido más que un sueño generado por la codicia. Todo empezó cuando los españoles invadieron el imperio de los incas, en el Perú, en 1532 y descubrieron una fastuosa acumulación de oro que incluía muchas y bellísimas obras de arte. Los invasores ocuparon la ciudad de Cuzco y apenas podían dar crédito a sus ojos cuando vieron el botín que estaba a su disposición.

En Cuzco, las paredes del templo del emperador estaban enchapadas en oro, e incluso las cañerías que conducían el agua estaban hechas del precioso metal. Los españoles invadieron el imperio inca y capturaron al emperador, Atahualpa; luego pidieron por él un rescate increíble: exigieron que se llenase de oro una enorme habitación de 7.0 X 5.0 metros hasta una altura de más de 2,50 metros. Los incas pagaron el enorme rescate, pero los invasores, dirigidos por Francisco Pizarro, pisotearon el acuerdo y asesinaron a su rehén a sangre fría.

No satisfechos con las formidables riquezas de que se habían apoderado, los conquistadores, en un alarde de rapacidad y de crueldad, desmantelaron el Imperio de los incas y lo despojaron de la mayor parte de sus riquezas. La codicia de los invasores no hizo sino crecer cuando oyeron relatos según los cuales existían tesoros aún más grandes en el norte, más allá de las fronteras del imperio inca, en un sitio que la gente llamaba El Dorado. Los mitos y las leyendas que rodeaban El Dorado eran muchas y variadas: algunos afirmaban que se trataba de una ciudad perdida; otros, que era un templo repleto de tesoros, escondido en lo profundo de la selva; hubo incluso quienes afirmaban que El Dorado era una montaña de oro macizo. Una de las teorías que actualmente gozan de mayor aceptación, sin embargo, sostiene que El Dorado era una persona: probablemente el jefe del pueblo chibcha (o muisca).

Los chibcha ocupaban el extremo norte de los Andes, y su jefe residía en la región donde hoy se levanta la capital de Colombia, Bogotá. El Dorado recibió ese nombre debido a la ceremonia chibcha que señalaba u ascenso al trono. El rito comenzaba cuando el pueblo se reunía a orillas del lago de Guatavita, de forma circular y rodeado de altas montañas; las celebraciones duraban varios días; en el momento culminante, el jefe que ascendía al oro, rodeado por sus sacerdotes, embarcaba en una balsa de juncos, que era conducida hasta el centro del lago. Se quemaba incienso y las flautas entonaban su misteriosa música, que se difundía sobre las aguas. Una vez la balsa estaba en el centro del lago, el nuevo jefe chibcha era desnudado y todo su cuerno se revestía con polvo de oro. Mientras el sol producía resplandores en su cuerno, el nuevo jefe cogía objetos de oro y los dejaba caer en el lago, como una ofrenda a los dioses de su pueblo. El ejemplo del jefe era seguido luego por el pueblo reunido en las orillas; cada uno aportaba su tributo, arrojando objetos de oro al agua. Así fue como el fondo del lago Guatavita llegó a contener una de las más ricas colecciones de objetos de oro del Nuevo Mundo. Curiosamente, el pueblo chibcha, el pueblo de El Dorado, no poseía yacimientos de oro propios.

Conseguían el metal precioso mediante la guerra y el intercambio comercial; eran dueños de la única mina de esmeraldas de todo el continente y poseían también enormes depósitos de sal; por lo tanto, trocaban por oro estas dos valiosas mercancías. En junio de 1535, Georg Hohermuth, gobernador alemán de Venezuela, partió en busca de El Dorado, contando con un dato que le habían proporcionado los nativos: «De donde viene la sal, viene también el oro.» Hohermuth salió al frente de una fuerza expedicionaria integrada por 40 hombres; buscaron durante tres años enfrentando las más espantosas condiciones geográficas y climáticas. Cuando la expedición regresó a Venezuela con 300 de sus integrantes habían perecido; por una ironía del destino, los expedicionarios habían estado a sólo 100 kilómetros del lago de oro. Al año siguiente, el formidable conquistador español Sebastián de Benalcázar partió también en busca del lago; unos meses después, un aventurero alemán, Nicholaus Federmann, se embarcó en la misma misión.

Al mismo tiempo, el jurista español Gonzalo Jiménez de Quesada organiz6 una expedición al interior de los Andes. Condujo a sus hombres hasta una región rica en sal y ocupé una serie de poblaciones chibcha. Los expedicionarios torturaron a los habitantes hasta que revelaron el origen de las esmeraldas que poseían. Un indio le dijo a Jiménez de Quesada que «el lugar del oro” en, el pueblo de Hunsa. El conquistador se apoderó del pueblo y descubrió que en las casas chibcha, construidas de madera y mimbres, había numerosas placas de oro. También descubrió grandes montones de esmeraldas y sacos que contenían oro en polvo. Los expedicionarios arrancaban los adornos de oro que los chibcha usaban en las orejas y en la nariz, antes de sacrificar a los prisioneros.

Al saquear la casa del jefe de la población, hallaron que estaba revestida con láminas de oro macizo y que contenía un fabuloso trono, hecho de oro y esmeraldas. Jiménez de Quesada continué su búsqueda de El Dorado y finalmente se reunió con Benalcázar y Federmann en la región central de Colombia; allí fundaron la ciudad de Santa Fe de Bogotá. La suerte jugó a los cazadores de fortuna una irónica mala pasada: llegaron al lago de oro, pero no encontraron El Dorado.

Porque El Dorado ya no existía la dinastía de los jefes chibcha que celebraban la ceremonia del oro en la balsa habla sido derrocada tras una dura lucha por el poder unos años antes. En 1545, el hermano de Jiménez de Quesada, Hernán, realizó un enérgico intento para apoderarse de los tesoros que contenía el lago Guatavita. Esclavizó a un considerable número de indios chibcha y los obligó a formar una cadena humana desde el borde del lago hasta la cima de un ceno. Los esclavos cogían el agua en cubos, que pasaban de mano en mano y eran volcados del otro lado de la montaña. Esta operación se llevó a cabo durante tres meses y el nivel del lago descendió 2,70 metros; varios cientos de objetos de oro quedaron al descubierto con el descenso de las aguas, cerca del borde del lago, antes de que el intento fuera abandonado. Cuarenta años más tarde se organizó un intento aún más ambicioso de secar el lago.

Un comerciante español reclutó un ejército de 8000 indígenas y lo lanzó a construir un profundo canal, para drenar el Guatavita. El intento tuvo más éxito que el de Hernán Jiménez de Quesada: el nivel de las aguas descendió 18 metros. El comerciante pudo apoderarse de numerosos objetos de oro y de valiosas esmeraldas; pero los corrimientos de tierra obstruyeron finalmente el canal de drenaje y también este proyecto tuvo que ser abandonado. A principios del presente siglo, una empresa británica se propuso desaguar completamente el lago.

Consiguió excavar un canal que hizo descender al mínimo el nivel de las aguas; pero el fango depositado en el fondo del lago era demasiado blando y demasiado profundo, lo que impedía caminar sobre él. Luego, el fuerte sol de la región endureció el lodo hasta convertirlo en una dura roca, y cuando la compañía consiguió hacer llegar al laso un equipo de perforación, ya era demasiado tarde: el lodo endurecido obstruía el canal de drenaje y las lluvias habían llenado de nuevo el Guatavita.

A partir de entonces, el gobierno colombiano dictó una ley que protege al ago de las incursiones de los cazadores de tesoros. Sin embargo, las fabulosas riquezas de El Dorado continúan atrayendo a los aventureros. Muchos viajeros contemporáneos que han visitado las tierras de los Incas refieren que muchos indígenas, descendientes de los pueblos que celebraban el ritual del oro, todavía practican hoy ceremonias similares, lejos de los ojos ávidos de los extranjeros. Los descendientes de los chibcha se reúnen en un valle secreto, en la alta montaña, para celebrar sus antiguos ritos; los sacerdotes danzan ante su pueblo, ocultos sus rostros con máscaras de oro, tal como lo hacían sus ancestros. Por lo tanto, el espíritu de El Dorado sigue vivo, como vivo permanece el misterio de su fabuloso tesoro.

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