Volcan san salvador


Historia del volcan de san salvador


El segundo día de la Pascua del Espíritu Santo (23 de mayo de 1575), la ciudad de San Salvador -ya asentada en el valle de Quezalcuatitán, su actual ubicación- es destruida por un devastador terremoto.

Este movimiento telúrico -con probable epicentro entre las actuales localidades de San Marcos y Santo Tomás- echa por tierra a la primera iglesia mayor o parroquial de la ciudad, erigida entre 1546 y 1551 con gruesas maderas, adobes y tejas.

Aunque solo hubo tres personas muertas, la gravedad de los daños hace que el rey español Felipe II emita una cédula real para suministrarle ayuda a la destruida localidad, documento que es firmado en Madrid, el 18 de noviembre de 1576.

En 1581, un terremoto causa alarma entre la población de la renaciente San Salvador, en la que ocasiona cuarteamientos en tapias de adobe y en recubrimientos de calicanto.

El 21 de abril de 1594, la pequeña urbe sansalvadoreña de 3,500 habitantes -entre españoles, ladinos, indígenas y negros- es azotada por un violento megasismo, que tira por el suelo al más de medio millón de tostones de las buenas edificaciones del lugar, como lo eran la Iglesia Parroquial, los conventos de Santo Domingo y San Francisco, el hospital de indios, los portales y las casas del Cabildo.

Entre dos y tres mil ducados es calculado el valor de cada una de las casas de los vecinos principales, las cuales estaban construidas de calicanto, adobe, ladrillo y tejas.

Aunque la mortandad solo alcanza a trece personas -entre ellas, el cura párroco Francisco Ramos-, los lugareños quedan sumidos en la pobreza y el desánimo, por lo que la reconstrucción empieza hasta siete años más tarde.

En 1625, un nuevo megasismo echa por tierra a la ciudad de San Salvador.

El 3 de noviembre de 1658, San Salvador, Quezaltepeque y las localidades circunvecinas son reducidas a escombros por violentas sacudidas, originadas en las grietas volcánicas que hacen surgir a la pequeña elevación del Playón (140 metros) en el valle de Nixapán, situado al norte del Volcán de San Salvador y al oeste de Quezaltepeque.

El 30 de septiembre de 1656, un terremoto originado en la erupción del volcán de San Salvador causa la completa destrucción de esta ciudad, mientras que la lava arrasa con Nejapa.

En 1671, 1707 y 1730, sendos terremotos dejan en ruinas a la ciudad de San Salvador.

En 1683, un horrendo movimiento de tierra causa la destrucción parcial de la iglesia del pueblo de Ostúa, en el actual departamento de Santa Ana.

Durante un eclipse lunar, a la una de la madrugada del lunes 6 de marzo de 1719, un megasismo por subducción y de una probable magnitud 7.0 grados Richter destruye a San Vicente y a San Salvador, causa grandes grietas en diversos puntos de los alrededores de la capital provincial y provoca en ella la muerte de siete personas.

En el primer cuatrimestre de 1733, largas series de temblores causan alarma en la zona occidental del país, donde resultan con daños de consideración muchas residencias y los templos de La Trinidad (Sonsonate) y Dolores (Izalco).

El 5 de mayo de 1736, un fuerte sismo arruina buena parte de las casas y templos de Panchimalco y San Francisco Chinameca.

El 13 de mayo de 1748, un destructor megasismo de origen volcánico, con una probable magnitud de 6.4 grados Rihcter, causa daños graves en casas de la zona central del país, donde también resultan arruinados los templos de San Juan (Cojutepeque), Olocuilta y Aculhuaca (ahora parte de Ciudad Delgado).

El 14 de abril de 1765, varios temblores iniciados desde marzo arruinan Ilopango, San Cristóbal, San Martín, San Pedro Perulapán y San Bartolomé Perulapía, aunque también causaron ruinas en Izalco y Caluco. El foco de conmoción (epicentro) es situado en las alturas de Texacuangos, en los alrededores del Lago de Ilopango.

El 29 de julio de 1773, el llamado "terremoto de Santa Marta" destruye por completo a la ciudad de Guatemala. En El Salvador, arruina por completo a los templos coloniales de Tacuba, Caluco y Asunción Izalco.

En julio de 1774, algunos sismos causan severos daños en varios pueblos de la Cordillera del Bálsamo, especialmente en Huizúcar y Panchimalco.

El 30 de mayo de 1776, la capital de la Intendencia de San Salvador es arruinada por un violento terremoto, originado por la fosa de subducción, que destroza el templo de Dolores Izalco. Cálculos posteriores estiman su magnitud en 7.5 grados Richter.

A las 2: 30 de la tarde del 29 de noviembre de 1783, un terremoto causa gran devastación en la entonces villa de San Vicente de Austria y Lorenzana. Destruidas la Iglesia Parroquial y gran cantidad de casas, las pérdidas materiales son calculadas por las autoridades edilicias en casi 50 mil pesos.

Desde las ocho de la noche del 21 hasta el día 23 de septiembre de 1787, la localidad oriental de San Miguel se ve sometida a los vaivenes de la tierra, originados en una masiva erupción del volcán cercano, lo que sume en el terror a los pobladores de la zona.

San Salvador y sus pueblos aledaños, especialmente Antiguo Cuscatlán, son arruinados por dos grandes movimientos de tierra, ocurridos uno a las 2: 15 de la tarde del 2 de febrero de 1798 y el otro siete días más tarde. Con probable magnitud 6.2 grados Richter, el epicentro es localizado en un antiguo cráter de explosión del volcán de San Salvador, laguna desecada artificialmente por alemanes, a fines del siglo XIX, para dar paso al actual complejo industrial llamado Plan de La Laguna.

En 1806, un fuerte temblor siembra destrucción en la ciudad de San Salvador.

El 10 de agosto de 1815, ocurre un terremoto en toda la intendencia colonial de San Salvador. La Iglesia de la Presentación o de San José queda muy deteriorada, pero la Iglesia Parroquial (ahora Iglesia del Rosario), que solo tiene tres años de haber sido concluida, sufre pocos daños. Son dañadas las prisiones -donde se encontraban encarcelados varios de los próceres independentistas-, la Iglesia de Panchimalco, el puente sobre el río Acelhuate, las cañerías de barro y muchas casas particulares.

El 7 de febrero de 1831, un fuerte movimiento de tierra causa ruina y destrucción en la ciudad de San Salvador.

Un terremoto causa graves destrozos en Chinameca, en diciembre de 1838.

A las quince horas del 22 de marzo de 1839, Viernes de Dolores, un gran movimiento de la tierra desquicia muchas casas en San Salvador. Las cercanas localidades de Quezaltepeque, Nejapa y Opico sufren severos daños.

A la una de la mañana del primer día de octubre de 1839, un terremoto de 5,9 grados de magnitud destroza muchas viviendas en la ciudad capital. Las réplicas continúan por más de 15 días, por lo que el entonces presidente de El Salvador, el general hondureño Francisco Morazán, ordena el traslado de las oficinas gubernamentales a la vecina Cojutepeque.

A la medianoche del 22 de junio de 1847, un temblor causa muchos perjuicios en los pueblos de la costa y cordillera del Bálsamo.


A las 10:55 de la noche del Domingo de Resurrección (16 de abril de 1854), un gran evento sísmico -anunciado desde el Viernes Santo por sucesivas sacudidas y fuertes retumbos subterráneos- derriba por completo a San Salvador.

El inquieto educador viroleño José María Cáceres sitúa el foco de conmoción a media legua al sureste de San Jacinto, en la cadena situada al sur de San Marcos. La magnitud probable es calculada en 6.6 grados Richter.

Tan destructivo suceso es captado para la historia por los dibujos y escritos parisienses del andariego Arnold Boscowitz, al igual que por los estudios científicos del viajero alemán Moritz Wagner.

Debido a la ruina total de la ciudad, el general y presidente José María San Martín ordena el traslado del gobierno a Soyapango y después a Cojutepeque &endash;que cumple su papel como capital desde el 17 de abril de 1854 hasta el 28 de junio de 1858-, la movilización de la Universidad Nacional y del Colegio de La Asunción a San Vicente -donde permanecerán del 13 de agosto de 1854 al 2 de diciembre de 1858- y la fundación de Nueva San Salvador, en la llanura de la hacienda Santa Tecla (25 de diciembre de 1854).


Pocas semanas después de la destrucción total de San Salvador por el terremoto del 16 de abril de 1854, un fuerte movimiento telúrico causa graves daños en San Vicente, Cojutepeque y la región de los Texacuangos.

Series de sismos nocturnos fuertes se abaten sobre San Salvador, San Vicente y Cojutepeque entre febrero y abril de 1855. Se destaca el de las cuatro de la madrugada del 14 de abril. En diciembre de ese mismo año, estremecedores movimientos terráqueos, originados por el volcán migueleño, producen alarma general en la zona oriental.

Antecedido y seguido de frecuentes temblores, un megasismo hace sufrir mucho a la capital salvadoreña, Cojutepeque, el 6 de noviembre de 1857, aunque no es percibido en la antigua y ruinosa San Salvador. El epicentro es ubicado en el cerro Cus-cus, al sur del lago de Ilopango.

A las diez horas del 8 de diciembre de 1859, un movimiento sísmico ondulatorio, de larga duración y 7.3 grados de magnitud probable, parte de las alturas cercanas a la población de Comasagua y se detiene en la altiplanicie de Santa Cruz, próxima a la ciudad de Guatemala. Los pueblos atravesados por dicha onda destructiva son Comasagua, Atiquizaya, Jalpatagua, Oratorio, Cuajiniquilapa, Corral de Piedra y Cerro Redondo.

Del 3 al 6 de diciembre de 1860, una serie de sismos provoca pánico entre las personas de San Salvador y lugares aledaños, además de que provoca grietas de cierta gravedad en el templo colonial de Panchimalco.

Un gran temblor se hace sentir en San Salvador, a las 5 y 30 de la tarde del 30 de junio de 1867. Es seguido por otros muchos durante la noche.

Sin ningún fundamento científico, los 81 sismos que se abaten sobre en la región vicentina entre la mañana del 29 y la tarde del 30 de diciembre de 1872 son atribuidos a los cerros El Brujo y Sihuatepeque. En esta última fecha, la ciudad de San Vicente es dañada con severidad por un terremoto, antecedido y seguido de frecuentes y pavorosos sacudimientos.

A las 4 y 30 de la tarde del 4 de marzo de 1873, un megasismo volcánico de 6.4 grados de magnitud probable se convierte en la consecuencia de una serie de frecuentes temblores que inició a las once horas del 22 de febrero, con epicentro en las alturas de Texacuangos, entre el cerro de Chinameca y Santiaguito, al sur de la laguna de Ilopango. Son dañadas con severidad las poblaciones de Santo Tomás, Soyapango, Ilopango, Mejicanos, Aculhuaca y Paleca (hoy Ciudad Delgado).


Aunque las sacudidas posteriores al sismo del 4 de marzo continuaron, su intensidad fue disminuyendo con el correr de los días, al grado tal que ya para el día 15 casi había desaparecido el temor de que adviniera una catástrofe de mayor envergadura y la población había comenzado a pasar las noches en el interior de sus viviendas.

Sin embargo, a las dos de la mañana del 19 de marzo de 1873, un primer gran movimiento de la tierra, acompañado de retumbos, alerta a los habitantes capitalinos, los que seis minutos más tarde abandonan sus viviendas.

Este hecho impide mayor mortandad cuando, a las 2:10 a.m., sobrevienen una fuerte detonación subterránea y un violento megasismo vertical, oscilatorio y ondulatorio echa por el suelo, en menos de cinco segundos, a la antigua San Salvador, de la que solo queda en pie una quincena de estructuras públicas y privadas, estremecidas por una réplica del sismo tres horas más tarde.

Al trasmonte del cerro de San Jacinto, aparece una luz rojo-violeta, emitida en ráfagas intermitentes, y se percibe un olor sulfuroso sofocante. El foco de conmoción es ubicado por la comisión científica gubernamental -compuesta por el general belga André van Severen y el profesor Luciano Platt-, en las alturas de Texacuangos, sobre los bordes lacustres de Ilopango.

El Gran Hotel de Europa, de la familia Lardé (después Edificio Dueñas y ahora Cafetería Don Arce), destruido por el terremoto del 19 de marzo de 1873.






La destrucción material de la ciudad es rescatada del olvido por la magia de las fotografías de Armand Harcq -director de su propia Academia de Bellas Artes- y la pluma artística de W. R. Kennedy, capitán de la fragata inglesa Reindeer, fondeada en el puerto de La Unión y que, tras el suceso telúrico, es destacada al muelle de La Libertad, adonde llega el día 21.

Sentido hasta en la localidad hondureña de Gracias, este megasismo también causa graves estragos en poblaciones nacionales como San Jacinto, San Marcos, Santo Tomás, Santiago Texacuangos, Olocuilta, Mejicanos, Ayutuxtepeque, San Sebastián, Aculhuaca, Cuscatancingo, Apopa, Soyapango, Tonacatepeque, San Martín y Santa Tecla.

Sin previo aviso, a las ocho de la noche del 2 de octubre de 1878, un violento sismo causa la destrucción de los ranchos pajizos y casas de adobe de Jucuapa, aunque las vecinas Tecapa (hoy Alegría), Chinameca, El Triunfo y Santiago de María sufrieron grandes daños y víctimas. Su intensidad máxima es calculada en VII grados Mercalli.

Entre el 21 y el 31 de diciembre de 1879, la zona circundante al Lago de Ilopango sufre una serie de más de 600 temblores, con intensidades y magnitudes variadas. A las 23: 38 horas del día 27, un temblor giratorio de 50 segundos de duración causa destrozos en edificaciones públicas y privadas del pueblo de Ilopango y de la aldea de Asino. Toda esta actividad culminó con erupciones en el centro del lago, que dieron origen, entre enero y marzo de 1880, a los dos peñascos conocidos como "los cerros quemados".

El 6 de noviembre de 1884, tres fuertes movimientos nocturnos obligan a la población vicentina a acampar en los patios de las casas y en el parque de la localidad.

El 25 de marzo de 1899, un violento megasismo destruye, de forma parcial, a la iglesia parroquial de San Vicente, diseñada, construida e inaugurada el 8 de diciembre de 1808 por el presbítero, doctor y prócer Antonio Molina y Cañas. Entre 1902 y 1905, la tesonera obra del sacerdote Nicolás A. Durán logra restaurar los aspectos derruidos de esta última iglesia parroquial de la otrora localidad colonial de San Vicente de Austria y Lorenzana.

Cerca de las 7:00 de la noche del 15 de septiembre de 1902, un violento atolín, tsunami o maremoto siembra la destrucción y la muerte en las costas comprendidas entre los puertos centroamericanos de San José (Guatemala) y La Libertad (El Salvador), aunque la mayor ruina se produjo en la Barra de Santiago. Especulaciones hechas en 1990 fijaron en 7,9 grados la magnitud de ondas de superficie para el sismo subacuático que dio origen a este fenómeno.

Pese a que fue imposible saber el número exacto de personas heridas y de víctimas mortales, esta última cifra rondó las 400 personas.

El 18 de julio de 1912, un violento temblor de origen volcánico -calculado en 1974 y 1993 como de 5,9 grados en la magnitud de sus ondas de superficie y una intensidad máxima de VII Mercalli- causa daños en las localidades occidentales de Armenia, Izalco y Santa Ana. Su epicentro es fijado en 13,87 LN y 89,57 LO, con profundidad focal de 10 kilómetros.

A las 7:20 p.m. del 6 de septiembre de 1915, un fuerte sismo por subducción estremece a San Salvador y causa destrozos en Juayúa, Salcoatitán y el sur de Apaneca, además de que en Santa Ana causa cinco víctimas mortales y en San Vicente hace sonar las campanas de los templos y daña gran cantidad de viviendas.

El profesor e investigador científico Jorge Lardé y Arthés realiza varios estudios y observaciones relacionados con este fenómeno, los que plasma en su opúsculo El terremoto del 6 de septiembre de 1915 y los demás terremotos de El Salvador.

Con epicentro fijado en 13,90 LN y 89,60 LO y a una profundidad de 60 kilómetros, este evento terrestre fue estimado, en 1980, en 7,7 grados de magnitud y una intensidad máxima de VIII-IX Mercalli.

A las 18: 55, 19: 30 y 20: 45 horas del jueves 7 de junio de 1917, día de Corpus Christi, tres grandes terremotos de origen volcánico destruyen a San Salvador y a otras localidades como Apopa, Nejapa, Quezaltepeque, San Juan Opico, Santa Tecla, Armenia, San Julián, Sacacoyo, Tepecoyo, Ateos, Caluco y San Vicente.

Un mes después de esa tragedia, a las 08: 22 del martes 13 de febrero de 2001, un terremoto de 6,6 grados Richter deja sentir, durante 20 segundos, su fuerza destructora en los departamentos centrales y paracentrales de Cuscatlán, San Vicente y La Paz, que son declarados como zona de emergencia por las autoridades nacionales.

El epicentro es localizado en una falla local de San Pedro Nonualco, a 30 kilómetros de San Salvador, situada a una profundidad focal de entre 8,2 y 13 kilómetros.

La destrucción abarca entre el 50 y el 95 por ciento de las viviendas de la ciudad de San Vicente, Cojutepeque, Paraíso de Osorio, Candelaria, Verapaz, San Emigdio, San Juan Tepezontes, San Miguel Tepezontes, Guadalupe y los cantones Santa Cruz Analquito y Miraflores abajo. Además, se reportan daños en viviendas de la ciudad de Chalatenango, una iglesia de Apopa y en el muelle artesanal del puerto de La Libertad.

Los cómputos preliminares arrojan un saldo de 315 personas fallecidas, 92 desaparecidas o soterradas, 3399 lesionadas y 252,622 damnificadas. Muchas de ellas residían en las localidades devastadas, al igual que en San Pedro Perulapán, San Cayetano Istepeque, Santa Cruz Michapa, Zacatecoluca, San Martín, San Rafael Cedros, cantón La Flor de San Martín y Candelaria, localidad esta última en la que perecen varios párvulos y su profesora, al quedar soterrados por su centro educativo.

Un número de 71 derrumbes de diversas consideraciones es reportado en los volcanes de Santa Ana y San Vicente, la Cordillera del Bálsamo, los cerros de San Jacinto y Las Pavas, carreteras hacia Santa Ana y San Francisco Chinameca y los kilómetros 45-49 y 51-53 de la Carretera Panamericana.

Entre otros daños materiales, se reporta gravedad o destrucción total en 57008 viviendas, 82 edificios públicos, 73 iglesias, 111 escuelas y 41 hospitales y unidades de salud. A raíz de este nuevo movimiento terráqueo, el inicio del año escolar sufre nuevos retrasos en casi todo el territorio nacional.

Unidos con los cómputos de los daños causados por el sismo del 13 de enero, el país sufre pérdidas estimadas en 1603.8 millones de dólares, los que equivalen al 12.1 % del producto interno bruto (PIB), el 43.5% de las exportaciones salvadoreñas y el 75% del presupuesto general de la nación para el ejercicio anual 2001.

Después de este evento natural, los sismógrafos reportan varios cientos de sismos secuelas, los que oscilan entre los 1.8 y 5.3 grados Richter.

El miércoles 28 de febrero de 2001, a las 12:50, un sismo de 20 segundos de duración es sentido en diversos puntos del territorio nacional, al igual que en los demás países centroamericanos. El epicentro fue localizado a 40 kilómetros al sur de la bocana del río Jiboa, por lo que se le considera una fuerte réplica o secuela del terremoto del 13 de enero anterior.

Las mediciones nacionales, centroamericanas y estadounidenses del evento natural difieren sensiblemente, porque el Centro de Investigaciones Geotécnicas del país le asigna 5.6 grados Richter y una profundidad focal de 54,2 kilómetros, mientras que el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS) le confiere 6.1 grados y 65,2 kilómetros de profundidad hipocentral. Por su parte, el Instituto Nacional Territorial de Nicaragua (INETER) registró el sismo como de 6.0 grados y el Centro de Sismología de América Central (CASC) le otorgó dos décimas menos.

Aunque cundió el pánico, no se reportó daños de gravedad y solo resultó herido un menor de dos años, residente en el departamento de Usulután.