El origen de la raza aria (Según los nazis)

El esoterismo nazi está unido a sus concepciones de la raza superior, el arianismo y el “destino manifiesto” (que, antes que me salte algún purista, sí, es un concepto estadounidense, pero ilustra mi punto como comparación) de la raza alemana.

Alemania como nación tiene escasos ciento cincuenta años; como decían los aterrorizados ingleses, Alemania fue un gigante que un día apareció en el centro de Europa de la mano de Otto von Bismarck. Esto de la generación espontánea posaba un problema difícil para los orgullosos alemanes: ¿de dónde había salido su nación? Los franceses tenían más de mil años de reyes y la leyenda merovingia incluía al propio Jesucristo; los italianos tenían al imperio romano; los Balcanes a Alejandro Magno; los griegos tenían de dónde elegir. Si Europa fuera una ciudad, hasta barrios distantes como Suecia y Rusia tenían mil años de historia. Los alemanes necesitaban cualquier cosa que les diera historia.

Racismo

Los arios según los nazis en sesenta segundos: fueron los conquistadores del mundo antiguo, una raza que se extendía desde la India hasta Europa. Una nación de guerreros, soldados de ojos azules, pelo rubio y piel blanca. Altos, esbeltos, de mandíbula cuadrada. Y ciertos alemanes eran sus descendientes y usando cierta manipulación genética y cruces seleccionados se podía recuperar la antigua cepa, degradada por cruces desafortunados.

nazismo Reynhardt Heydrich, el nazi "racialmente perfecto". Joven soldado de la SS y de una generación posterior a los jerarcas, Heydrich fue elegido por Himmler como su mano derecha sólo por su presencia física aria. Entre otras, fue el verdadero ingeniero de la masacre de la "solución final"

Pero ninguno de los jerarcas nazis aparte de Goering tenían ese físico. Himmler, el jefe de la policía secreta, se tocaba la cabeza cuando alguien se atrevía a señalárselo y decía que ciertamente él no parecía ario, pero su cerebro sin duda sí lo era. Qué tenía el cerebro de Himmler que no tuviera el de Einstein, sigue siendo un misterio. Y por otro lado, cuando se miraban a su alrededor, los alemanes encontraban en su antigüedad caseríos de tierra y empalizadas de madera. Nada demasiado formidable para compararlo con el imperio romano, el persa, el otomano.

Empecemos por una cosa: “arios” es la designación hindú de los adoradores de los dioses brahmanes. Hasta ahí. Algunos dicen que se trataba de un pueblo que llegó del norte de la India y conquistó el subcontinente. Eso ya es dudoso, no se ha comprobado que existiera tal pueblo, pero algunos indicios impiden descartarlo. Pero nada tuvo que ver con los alemanes, hasta que los alemanes los obligaron, cuando los pobrecitos ya no podían defenderse.

El cuento empezó a finales del siglo XVIII en Inglaterra, no en Alemania, con James Parsons. Como hombre de su tiempo, tenía un inmenso caudal de intereses que cubrían la inmortalidad del cangrejo, el doble cuerno del rinoceronte y los fósiles vegetales del archipiélago británico. Y eso que había estudiado era medicina el hombre. A Parsons le apasionaba solucionar el enigma de los confusos orígenes de los irlandeses y acudió a su único libro de referencia: la Biblia.

hittler

Según la Biblia, luego del diluvio los hijos de Noé se dispersaron estableciendo las sociedades actuales: Sem estableció los pueblos del medio oriente, Cam los pueblos africanos y Jafet los demás, incluido el europeo. Lo de “incluido” es un decir: Parsons hizo la inclusión y en adelante sólo se ocupó de ellos, pues si Jafet hubiera tenido que ser el padre de “los demás” eso significaba chinos, hindúes, australianos, aztecas y pielrojas, todos los cuales ya eran conocidos. Nada más que Jafet con su(s) mujer(es) poblara la China ya lo volvería un envidiable modelo de rol.

En todo caso, el problema de Parsons era otro: ¿venían los irlandeses de Jafet? Y de ser así ¿cómo probarlo? Siguiendo el camino de encontrar la lengua hablada antes de Babel, Parsons introdujo una modificación: ¿cuál era la lengua de Jafet? Si era cierto (y era inconcebible dudarlo) que todas las lenguas tenían origen en él, al compararlas debían tener similitudes. Y considerando el razonamiento matemático universal, decidió comparar los nombres de los números y de las operaciones de esa disciplina. En el proceso inventó, solito, los principios de la lingüística comparada y en 1767 publicó un libro probando que el bengalí, el danés, el español, el inglés, el persa, el latín, el francés y el alemán se derivaban de la lengua de Jafet.

¿Qué hacía un médico, que había publicado artículos interesantísimos sobre los cachos del rinoceronte, investigando irlandeses? El libro no desató entusiasmo hasta veinte años después cuando sir William Jones, un magistrado del tribunal de la India, desarrolló sus hipótesis. Algo va de que lo diga un médico que examina helechos a un juez reconocido: Jones probó las similitudes entre el sanscrito, la antigua lengua de la India, y los idiomas europeos. En la conferencia de Jones, bien conocida por sus lamentables aunque involuntarios efectos, llamó esas lenguas por primera vez “arias”.

Arios

Pero ¿por qué se parecían el idioma de los sacerdotes hindúes y el alemán? Llega Friedrich Schlegel, una mezcla rara hasta en ese tiempo: un contable interesado por la historia. Se entusiasmaba con todo y cuando supo de Jones y Parsons se preguntó ¿y si los alemanes no venían de Tierra Santa, sino del Himalaya? La idea era que una antigua raza habitaba a los pies del Everest hasta que un horrible crimen los pasó de pacíficos vegetarianos a carnívoros guerreros. Forzados a dejar su idílico hogar, un grupo se dirigió al sur y colonizó la India y otro salió al noroeste y colonizó el norte de Europa. ¿Por qué iba un pueblo a abandonar “las verdes praderas de Asia” para irse al desolado páramo que era el norte de Europa? Schlegel alegaba que en las leyendas sánscritas aparecía una montaña mágica y salieron a buscarla. ¿Y el nombre de ese pueblo que llegó hasta Alemania? Los arios. Fue la primera vez que dejaron de ser un grupo lingüístico para convertirse en un pueblo. Pero ¿quiénes eran? Y entra Theodor Benfey.

raza aria

Un genio precoz, tuvo que ver gente menos capaz pasándole por delante toda su vida por ser judío. Para conocer el lugar de origen de ese pueblo Banfey comparó las raíces de nombres animales y vegetales, pensando que señalarían un entorno. Y según su investigación, los ecosistemas del norte de Europa eran los más repetidos en las comparaciones y concluyó que los arios habían salido de Europa hacia la India y no al revés.

Ya estamos a mediados del siglo XIX y el proyecto de unificación alemana va a toda marcha, así que el cuento les llegó a los nacionalistas en un momento perfecto: se apoderaron de la descripción física de los altos y salvajes guerreros rubios, la hicieron caber a la fuerza en su propio estereotipo racial y ahora los alemanes habían arrancado del Rhin a conquistar hasta la India. Tenían su historia.

jafet. La familia aria de la propaganda nazi. Toda su mitología giraba sobre la pureza racial. Como unos rubios ojiazules produjeron unos morenos delgados como los hindúes nunca lo explicaron

Los alemanes quedaron de ancestros de Aristóteles, Julio César y hasta el Dalai Lama, si los apuran. Y habían llegado a reclamar lo suyo. Esos son los pobres arios de la imaginación hitleriana y justificaron el mayor genocidio de la historia: arrancaron como hijos de Jafet en la Biblia y acabaron como inexistentes protovikingos en los discursos de superioridad racial. Y hasta el sol de hoy, aparte de su lenguaje, no hay rastros que prueben su existencia como sociedad

Fuente: http://experienciatarot.com/nazis-y-esoterismo-2-el-origen-de-la-raza-aria/