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Grandes Enigmas de la Humanidad. Parte 7.

Antes que nada les cuento que aquí en mi casa coleccionamos algunos de los fascículos que vienen en los diarios. Hace un tiempo transcribí uno de los mas interesantes que tenemos y he decidí compartirlo con uds. Espero que los disfruten.

En el post de hoy veremos:

*La guerra de Troya
*El desaparecido batallón de Norfolk
*Julio César, una premonición fatal
*El espía hermafrodita de Luis XV
*La pirámide de Keops


Grandes Enigmas de la Humanidad. Parte 7.

Grandes Enigmas de la Humanidad
Parte 7


La guerra de Troya.
Un conflicto no comprobado

Obras de arte de la literatura occidental. La Ilíada y La Odisea describen sucesos que se habrían desarrollado en 1200 antes de Cristo. Sin embargo, desde hace un siglo, historiadores y arqueólogos se interrogan acerca de la realidad del célebre conflicto que opuso, según Homero, a griegos y tróyanos: la guerra de Troya.
París, hijo del rey de Troya, Príamo, está al origen del conflicto. Llamado a juzgar la belleza de las diosas del Olimpo, elige a Afrodita, divinidad del amor, que le promete la más bella mujer de Grecia, Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta, París conquista a Helena: ésta abandona su ciudad, su marido y su hija para seguirlo. Para vengar a su hermano burlado, Agamenón, el poderoso rey de Micenas, organiza una expedición destinada a destruir Troya.

paranormal
La treta que decidió la Victoria griega: la introducción del caballo en Troya, detalle de una pintura de Giambattista Tiépolo


El sitio de Troya
" (...) Cada cual mandó entonces a su auriga que tuviera dispuestos el carro y los corceles junto al foso; salieron todos a pie y armados, y levantándose un inmenso vocerío antes que la aurora despuntara. Delante del foso ordenáronse los infantes y a éstos siguieron de cerca los que combatían en carros. Y el Cronida promovió entre ellos funesto tumulto y dejó caer desde el éter sanguinoso rocío, porque debía de precipitar al Hades a muchas y valerosas almas. Los teucros pusiéronse también en orden de batalla en una eminencia de la llanura, alrededor del gran Héctor (...). Armado de un escudo liso. (Héctor) llega con los primeros combatientes. Cual astro funesto, que unas veces brilla en el cielo y otras se oculta detrás de las pardas nubes, así Héctor, ya aparecía entre las delanteras, ya se mostraba entre los últimos, siempre dando órdenes y brillando como el relámpago del padre Zeus, que llena la égida (...) Agamenón, que fue el primero en arrojarse a ellas (las falanges teucras), (...) mató a Oileo (...). Este se había apeado del carro para sostener el encuentro, pero el Atrida le hundió en la frente la aguzada pica, que atravesó el casco, a pesar de ser de duro bronce, y el hueso, conmovióle el cerebro y postró al guerrero cuando contra aquél arremetía..." Homero, La Ilíada, canto XI


El relato homérico
El primer poema, La Ilíada, empieza con el relato de la cólera de Aquiles, héroe griego (hijo de un mortal y de una diosa). La guerra de Troya continuó hasta cerca de nueve años, y Agamenón acaba de apoderarse de una prisionera, Briseida, recompensa de Aquiles. Este, furioso, se retira a su tienda y rehúsa volver al combate.
No es sino a la muerte de Patroclo, su amigo más querido, muerto por el troyano Héctor, que vuelve a las armas para vengarlo. La Ilíada termina con la muerte de Héctor y los grandiosos funerales celebrados en honor de Patroclo por su amigo. El relato se organiza en una sucesión de cuadros que describen escenas de guerra. En La Odisea, historia del largo y difícil regreso de Ulises, rey de Itaca, a su patria, sabemos algo más acerca de los nueve primeros años de la guerra, y sobre todo, acerca del final del conflicto y el famoso episodio de! caballo de Troya. Los historiadores griegos del siglo V antes de Cristo, Heródoto, autor de las Historias y Tucídides, a quien debemos la Guerra del Peloponeso, aportan a la tradición homérica explicaciones históricas y políticas. Para el primero, los troyanos representan a los eternos enemigos de Grecia, es decir, a los persas o a los medos. La guerra de Troya sería entonces, según el "Padre de la Historia", una primera guerra médica. El análisis de Tucídides es más político. Para él, el conflicto descrito por Homero simboliza la primera tentativa de unión de los griegos para lanzarse a una conquista, en suma, una primera forma de imperialismo helénico. Luego, la veracidad de los poemas no es puesta en duda por los antiguos: los sucesos que describen tienen, a sus ojos, una realidad histórica.

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El rapto de Helena, detalle de una tapicería de los Gobelinos, siglo XVII (Cheverny).


El testimonio de la arqueología
¿Es esta realidad la de la Grecia micénica del siglo XIII antes de Cristo? Los descubrimientos arqueológicos no parecen confirmarlo. En el siglo XIX, el alemán Heinrich Schliemann, apasionado por la obra de Homero, empieza sus excavaciones en búsqueda del emplazamiento de Troya. No descubre sino una pequeña aldea, bautizada por los arqueólogos con él nombre de Troya VII según el orden de las capas arqueológicas. El yacimiento data de períodos anteriores a los de la supuesta guerra y los vestigios lo muestran tan pequeño y pobre que no se comprende por qué los griegos habrían levantado semejante ejército en su contra. Más aún, cuando las excavaciones efectuadas en Micenas, la ciudad del rey Agamenón, revelan, por el contrario, abundantes tesoros. Luego, la hipótesis de una incursión contra Troya con el objetivo de obtener un botín no puede sostenerse. En cambio, en 1953, un descubrimiento capital abre el camino a otra interpretación de la guerra. Ese año se descifra la escritura, bautizada lineal B. de las tablillas encontradas en las ruinas del palacio de Cnosos en Creta y en Pylos, en el Peloponeso, que muestran que se trata de la misma lengua: una forma primitiva de griego. Esto significa que existió realmente una expansión del poderío helénico. Así, la hipótesis de un rey de Micenas suficientemente poderoso para formar semejante coalición y conducirla tan lejos es históricamente fundada. Historiadores y arqueólogos se apasionan con el debate. Para algunos, Homero describió efectivamente la situación política del siglo XIII antes de Cristo. En cambio, según otros, los evidentes anacronismos contenidos en el texto épico corresponden a las condiciones de vida de la sociedad en la que vivía el aedo, es decir, al siglo VIII.

Una expedición pequeñísima...
Lo seguro es que la Troya de Homero no tiene nada que ver con la pobre aldea descubierta sobre la costa turca. Además, la destrucción de la ciudad troyana no corresponde cronológicamente al período de grandeza de los palacios micénicos. Finalmente, los vestigios de éstos no se parecen a las descripciones que hace Homero. ¿Habría que concluir que los relatos homéricos no tienen ninguna realidad histórica y que la famosa guerra no existió? Un gran historiador, M. I. Finley hizo avanzar el debate en un sentido determinante.
En su obra El Mundo de Ulises , afirma que no es ni en el mundo micénico (siglo XIII) ni en el de las ciudades del período arcaico (siglos VIII-VI) donde hay que buscar la inspiración o el modelo homérico. La sociedad descrita en La Ilíada y La Odisea seria la de los tiempos oscuros de la historia griega, el período que separa la caída de Micenas del nacimiento de las ciudades-estado.
Los investigadores de hoy van más lejos y distinguen tres niveles de lectura en los textos homéricos. Por una parte, se trata de una obra poética de ficción que escapa por esta razón a la interpretación histórica.
Por otra parte, el aedo se refiere efectivamente a tiempos míticos lejanos, los de la edad de oro del poderío micénico. Pero los detalles de la sociedad que describe, es este el tercer nivel de lectura posible, son en realidad los de su tiempo,
Así, sí en verdad hubo una expedición helénica en Asia, seguramente no fue de la amplitud de la legendaria guerra de Troya: pero el alcance y la importancia del suceso fueron magnificados posteriormente. Quizás justamente, como lo decía Tucídides, porque esta empresa fue una acción en común de los griegos contra otro pueblo.

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Ruinas de Troya.


La posteridad literaria de la guerra de Troya
Los héroes de la guerra de Troya sirvieron de modelos y de inspiración a numerosas obras.
El teatro antiguo. Los trágicos griegos, Esquilo, Sófocles y Eurípides, trataron a los personajes y los episodios de manera muy personal. Así, tanto la partida del ejército aqueo hacia Troya y la inmolación de la hija del rey Agamenón, Ifigenia, que permitió a la flota obtener vientos favorables, como el regreso de Agamenón, después de diez años de guerra y su asesinato por su esposa Clitemnestra, tienen versiones muy diversas.
El teatro clásico francés. Numerosos escritores del siglo XVII retoman los temas desarrollados por las tragedias griegas. Jean Racine consagró una obra a la difícil partida de la expedición contra Troya: Ifigenia. Se dedica al personaje de Agamenón, obligado a escoger entre su hija y la continuación de una guerra que él mismo suscitó. Los deberes del rey prevalecen sobre sus sentimientos de padre, y Agamenón acepta el sacrificio de su hija.
En el siglo XX. Algunos grandes autores utilizaron estos mitos antiguos para expresar sentimientos absolutamente contemporáneos. Cuando Jean Giraudoux publica La guerra de Troya no tendrá lugar, Francia está en vísperas de la Segunda Guerra Mundial y la obra expresa las inquietudes y los debates que agitan a la opinión pública de la época. Asimismo, en plena Ocupación, Jean-Paul Sartre escribe Las Moscas, una obra que pone en escena el regreso de Orestes, hijo de Agamenón, venido para vengar a su padre, asesinado por los que se apoderaron del trono y "ocupan" Micenas: Clitemnestra y su amante Egisto.


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El desaparecido batallón de Norfolk
¿Soldados que se esfuman en una nube?

Uno de los casos de desapariciones más famosos, tal vez porque no se trata de un individuo, sino de un grupo de hombres, se produjo durante la Primera Guerra Mundial, cuando el batallón del Regimiento Real de Norfolk se desvaneció en los Dardanelos, en plena campaña, en el mes de agosto de 1915.
Entre marzo y diciembre de 1913, Inglaterra y Francia intentan adueñarse de los Dardanelos, punto estratégico que controla las comunicaciones entre el Mediterráneo y los puertos rusos del Mar Negro. Pero los ejércitos del Imperio otomano, dirigidos por los alemanes, mantienen en jaque al cuerpo expedicionario occidental. Las pérdidas son tan importantes (46.000 muertos), que los aliados abandonan finalmente la lucha en diciembre.

La desaparición del Norfolk
La historia de la desaparición del batallón de Norfolk es conocida por el relato de los soldados de la Mancomunidad que asistieron a este acontecimiento. El 21 de agosto de 1915, durante el ataque de la península de Gallipoli, uno de los episodios más sangrientos de la campaña de los Dardanelos, veintidós soldados neozelandeses de una compañía de ingenieros vieron al cuarto regimiento de Norfolk, formado por 267 hombres, dirigirse a socorrer al cuerpo de ejército del Comando Unido de Australia y Nueva Zelanda (CUANZ), que estaba atacando la cota 60, al sur de la bahía de Suyla.
Mientras se encontraban en el lecho seco de un río, los soldados del Norfolk penetraron dentro de una extraña nube. En cuanto todos los hombres desaparecieron detrás de la cortina de bruma, la nube se elevó suavemente para alejarse en el cielo, contra el viento, perdiéndose rápidamente de la mirada de los observadores. No se veía ningún ser vivo en el pequeño valle y Turquía afirmó no haber capturado jamás a ningún miembro de ese regimiento.

julio cesar
La península de Gallipoli en Turquía, ocupada por los soldados de la Mancomunidad británica en 1915.


El testimonio de los soldados neozelandeses (1965)
(El 21 de agosto de 1915) El día había despuntado y estaba claro, sin nubes a la vista (...) Sin embargo, había quizás seis u ocho nubes en forma de "hogaza de pan" todas parecidas que flotaban encima de la cota 60. Se pudo ver que a pesar de un viento sur que soplaba con tina velocidad de 6 a 8 km/h. estas nubes no cambiaban ni de lugar ni de forma. Con respecto a nuestro punto de observación de una altura de 150 m, planeaban con cerca de 60 grados de elevación (1.200 m de altura). Bajo este grupo y en posición estacionaria sobre el suelo, se encontraba otra nube parecida en cuanto a su forma, que medía cerca de 250 m de largo, 65 m de alto y 60 m de ancho. Esta nube era extremadamente densa, hasta el punto de parecer sólida, y se encontraba a una distancia de entre 900 y 1.100 m del combate que se desarrollaba en el territorio ocupado por los ingleses (...) Nuestra posición en altura dominaba la cota 60 por unos 90 m. Un poco más tarde, esta nube singular recubrió el lecho seco de un río a menos que haya sido un camino encajonado, y pudimos distinguir perfectamente sus costados y sus extremos, mientras estaba posada sobre el suelo. Como todas las demás nubes, era de color gris claro. Se vio entonces que un regimiento inglés compuesto por unos centenares de hombres, el cuarto de Norfolk, remontaba ese camino o lecho de río hacia la cota 60. Cuando llegaron hasta la nube, penetraron en ella sin vacilar pero ninguno de ellos salió para combatir sobre la cota 60. Cerca de una hora más tarde, una vez que el último soldado hubo desaparecido en su interior, la nube se elevó muy discretamente del suelo y, como cualquier nube o neblina, subió lentamente hasta juntarse con las otras nubes (...) que parecían "arvejas dentro de su vaina". Durante todo este tiempo, el grupo de nubes se había mantenido inmóvil, pero en cuanto la extraña nube que se había levantado del suelo alcanzó su mismo nivel, partieron todas hacia el norte, es decir hacia Tracia (Bulgaria). Después de unos 3/4 de hora habían desaparecido


Las contradicciones
Este relato se apoya sobre el testimonio hecho cincuenta años después de la campaña de los Dardanelos, Redactado, luego de un encuentro conmemorativo del CUANZ, por tres soldados neozelandeses que pertenecían a la tercera sección de la primera compañía de ingenieros, este testimonio fue presentado como un llamado a prestar declaración destinado a las personas que eventualmente se encontraran todavía vivas y que hubieran asistido a este hecho. Un examen del documento reveló, sin embargo, varios errores de hecho en el relato, que hacían dudar de su confiabilidad. Así, el cuarto regimiento de Norfolk mencionado por los tres soldados no es un regimiento sino un batallón y éste, por lo demás, terminó la campaña de los Dardanelos. En cambio, otro batallón del mismo regimiento, el quinto de Norfolk, fue efectivamente reportado como desaparecido luego de un ataque.
Este tuvo lugar, no el 21 de agosto como lo indica el documento sino el 12, de acuerdo con los archivos militares ingleses y sucedió a cinco kilómetros de la posición supuesta por los testigos neozelandeses. Sin embargo, existe otro texto que relata un episodio similar, escrito poco después de la campaña, en el que no se encontró ninguna contradicción ni afirmación dudosa, y cuyo testimonio parece claramente más confiable.

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Este valle de Gallipoli, hoy día tan apacible guarda talvez los restos de los soldados capturados por una misteriosa nube.


¿Recuerdos verídicos o sugestiones posteriores?
Se trata del Informe final de la Comisión de los Dardanelos, publicado en 1917. Según este documento, una extraña bruma, que reflejaba los rayos del sol, cubrió la bahía y la llanura de Suyla el 21 de agosto, desdibujando las trincheras ocupadas por los otomanos y permitiéndoles, de ese modo, disparar más fácilmente sobre los aliados. Pero por más extraño que esto pareciera, tal fenómeno meteorológico era al parecer corriente en la región. Es igualmente ese mismo día 21 de agosto, en el curso de la tarde, que el informe cita el ataque de la famosa cota 60 por 3.000 hombres del CUANZ.
Al leer los dos episodios descritos en este documento oficial, las semejanzas con el tardío testimonio de los soldados neozelandeses son impactantes. De hecho, este último más parece una mezcla de los dos acontecimientos presentados en el informe final, como distintos, pero relatados en dos páginas enfrentadas.
Talvez esta disposición pudo influir en la memoria de los tres testigos. Habría que agregar que del quinto de Norfolk, que se reportó efectivamente como desaparecido se recuperaron 122 cadáveres a partir del 23 de septiembre de 1919. Y, si se toma en consideración que 27.000 de los 34.000 muertos, entre soldados ingleses y del CUANZ, nunca fueron sepultados, se puede suponer que los cuerpos de los 145 soldados que faltan hayan podido ser mezclados con la tierra de un campo de batalla ahogado bajo un calor terrible que podría haber sido un factor de putrefacción acelerado. Estos diversos elementos no constituyen ningún apoyo en favor de la autenticidad del testimonio de los tres neozelandeses.
Sin embargo algunos autores siguen viendo allí el relato de un hecho real y justifican las contradicciones sobre la identidad del batallón a la fecha de aparición de la extraña nube aduciendo ciertas fallas en la memoria que serían del todo normales después de cincuenta años. No es tampoco menos cierto que los documentos oficiales de la época hablan de una bruma de una gran superficie y no de una nube de 250 metros de largo posada sobre el suelo. Se podría pensar que si un fenómeno como ese se hubiera producido habría llamado inmediatamente la atención de los observadores militares que están siempre al acecho de un ardid del enemigo.

Luis XV
Los hombres del Comando Unido de Australia y Nueva Zelanda se lanzan al ataque. Mientras trataban de apoyar a este cuerpo de ejército, desaparecieron los soldados del Norfolk


Extrañas víctimas de guerra
En su libro Desapariciones misteriosas, editado en 1973, Patrice Gasten cita otros casos de grupos de militares que, aparentemente, se desvanecieron tan repentinamente en medio de la guerra.
En España. En 1707, durante la guerra de la Sucesión Española, 4.000 hombres del archiduque Carlos de Habsburgo, que luchaban contra los ejércitos de Felipe V, se pusieron en camino una mañana hacia un corredor de los Pirineos. Nunca más se supo de ellos, a pesar de todas las investigaciones. Habían desaparecido con sus armas y pertrechos.
En Vietnam. En 1858, cuando los franceses atacaban al ejército del reino vietnamita, 650 zuavos del cuerpo expedicionario avanzaban hacia Saigón, que se encontraba a unos 20 km. Los seguía otro grupo de soldados y, repentinamente, desaparecieron sin que nadie pudiera saber qué les pasó.
En China. En diciembre de 1923, Japón habla invadido una buena parte de China y sus ejércitos avanzaban hacia Nankín, la capital china. El coronel LI Fu Sien decidió oponer una última resistencia y colocó a 3.000 de sus hombres bien armados a lo largo del Yangtsé. A la mañana siguiente, se dio cuenta que todos habían desaparecido, menos un centenar que se había guarecido cerca de un puente. Ni éstos ni ningún otro centinela vieron a los 3.000 hombres abandonar su puesto y los archivos japoneses no mencionan haber capturado a ninguno de ellos.


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Julio César, una premonición fatal
La muerte de Julio César

El 15 de marzo del 44 antes de Cristo, a Las 11 de la mañana, César fue asesinado. Veintitrés golpes de espada derriban al dueño de Roma. Se cubre el rostro con su toga para no ser desfigurado, pero, antes de morir, en un último gesto de decencia, esconde sus piernas debajo de su vestimenta.
Los asesinos confiesan que su móvil era impedir que César restableciera la monarquía. Querían salvar la república. Sin embargo. César se negó siempre a tomar el título de rey. ¿De qué le serviría si ya ejercía una monarquía de hecho? Nombrado dictador vitalicio por el senado el 14 de febrero del 44, ya poseía todos los poderes. La acción de los conspiradores, lejos de restablecer la república, provoca una guerra civil en el Imperio.

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Julio César (Vaticano, Museo Pío Valentino).


Señales inquietantes
Sin embargo, el 15, día de los idus de marzo, poco faltó para que la intriga fracasara. Según el historiador Suetonio, autor de Vida de César, mucho antes de estos hechos aumentaron los presagios que debieran haber despertado la desconfianza de la víctima. En primer lugar, Spurinna, el arúspice, es decir, el sacerdote que lee el destino en las entrañas de las víctimas, advierte a César que correrá un gran peligro el día de los idus de marzo. Luego se descubre en Capua la tumba del fundador de la ciudad, Capys: el monumento contenía una extraña tablilla de bronce, con la siguiente inscripción:

"Cuando hayan sido descubiertas las osamentas de Capys, un descendiente de Iule (que César reclama por ancestro) caerá por los golpes de sus deudos, y pronto Italia expiará su muerte por medio de terribles desastres..."

A esto se agrega el extraño comportamiento de los caballos que César ha consagrado al dios del Rubicón, después de haber franqueado este río con su ejército y desatado la guerra civil de la cual salió vencedor. Unos días antes de la muerte del dictador, estos animales se privan obstinadamente de la comida y derraman abundantes lágrimas (Suetonio). Finalmente, la víspera de los idus, un pájaro reyezuelo que llevaba una rama de laurel es despedazado por otros pájaros en la sala donde debe reunirse el senado.

Los presagios según Suetonio
Los últimos días (antes de su muerte), el César se entera de que las manadas de caballos, que había consagrado al dios del río, al franquear el Rubicón y que había dejado sin guardia, se privaban obstinadamente de alimentarse y derramaban abundantes lágrimas. Además mientras sacrificaba, el arúspice Spurinna le advirtió "que tomara precauciones frente a un peligro que no se postergaría más allá de los idus de marzo". La víspera de estos mismos idus, un pájaro reyezuelo que llevaba una rama de laurel volaba hacia la curia de Pompeya. Abandonando los árboles vecinos varios pájaros de diferentes especies lo persiguieron y lo despedazaron en esta misma habitación. Durante la noche anterior al asesinato, César se vio en sueños volando sobre las nubes y apretando la mano de Júpiter; por su parte su mujer Calpurnia soñó que el lecho de su hogar se desplomaba y que sostenía a su marido, apuñalado entre sus brazos, luego, de pronto la puerta de su habitación se abrió sola... Suetonio, César, LXXXI traducción de Henri Ailloud, Les Belles Lettres, 1931.


Una noche agitada
A medida que se aproxima la fecha fatal, las señales se hacen más precisas. Durante la última cena de César, éste discute con sus invitados acerca de la mejor manera de morir. El prefiere "la más inesperada", que se cumplirá. En las horas siguientes, su sueño se agita, probablemente perturbado por esta conversación. Sueña una pesadilla en la que vuela sobre las nubes y aprieta la mano del dios Júpiter. Aún más inquieta, su mujer, Calpurnia, sueña que el techo de la casa se desploma y que sostiene en sus brazos a su marido, que ha sido apuñalado.
Muy asustada por estos sueños, Calpurnia le ruega a César que no salga. Este cede: le pide a su amigo Marco Antonio mandar que se devuelvan los integrantes del senado. Pero Brutus, el hombre a quien César considera como su hijo y que forma parte de los conjurados, asiste a la cena. Consciente de que la conspiración está a punto de fracasar, interviene de pronto. Insiste que tal comportamiento no es digno del César. ¿Es acaso hombre que se deje impresionar por sueños y vanos presagios? Estas palabras convencen finalmente al dictador de no cambiar sus planes.

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La muerte de César, pintura de Vincenzo Camuccini. (Nápoles, Museo de Capodimonte)


El día del crimen
César sube a su litera y se dirige hacia el senado. A su paso un hombre se aparta de la multitud, le entrega una nota e insiste que la lea enseguida. Pero Julio César se distrae. ¿Qué contiene entonces este mensaje, que lo hace tan urgente? Nada menos que la revelación de la intriga...
En el trayecto, se encuentra además con el sacerdote Spurinna. Le hace notar bromeando "Y bien, llegaron los idus de marzo". Así es, responde tranquilamente el adivino, llegaron, pero aún no han pasado... Sin inmutarse, Julio César sigue su camino. Cuando llega a su destino, los sacerdotes ofrecen los sacrificios. Inmolan víctima tras víctima, sin resultados. Sólo obtienen malos presagios. Y cuando el dictador, decepcionado, se vuelve hacia donde se está poniendo el sol, los sacerdotes ven una señal aún más siniestra. Finalmente, César entra en la curia donde se encuentran reunidos los senadores. Su escaño de oro ya está rodeado por un grupo de veintitrés senadores. Un vigésimo cuarto se quedó afuera para evitar que Marco Antonio pudiese socorrer a su amigo. Sin sorprenderse por esta aglomeración, Julio César avanza con confianza y se sienta. Los senadores siguen estrechando el cerco. Se levanta para repelerlos, pero uno de ellos tira su toga. Es la seña esperada. Los conspiradores empuñan la espada que llevaban escondida entre los pliegues de su ropa. Todos golpean al César: un solo golpe será mortal. Sorprendido de encontrar a Brutus entre sus asesinos, Julio César habría exclamado su famoso: "Tú también, hijo mío". ¿Tuvo tiempo de darse cuenta de que hubiera sido mejor escuchar los presagios, y no a su corazón o la voz de una presunta razón?

Predecir el futuro
En Roma, dos categorías de hombres ejercen sus talentos de adivino y dan a conocer la voluntad de los dioses: los augures y los arúspices.
Los augures. Son los expertos oficiales. Están agrupados en un colegio que tiene, según las épocas, entre seis y quince miembros. El augur usa un bastón encorvado con el cual define en el cielo o en la tierra el espacio (llamado tempíum) en el cual observará las señas celestes: fenómenos meteorológicos tales como truenos y relámpagos, indicaciones proporcionadas por el vuelo de los pájaros. También se fija en los auspicios (expresión que significa examinar a los pájaros), observando el apetito de los pollos sagrados. Descubre presagios en el movimiento de cuadrúpedos o de serpientes y toma además en cuenta en sus predicciones, incidentes ocurridos durante la adivinación. En Roma, todo acto público debe ser consultado a los augures: la convocación y la llegada de las asambleas, el nombramiento de los magistrados, la partida de los ejércitos a la guerra... Sin embargo, el poder real de los augures, importante bajo la monarquía, disminuye con el tiempo, de manera que a fines de a república su consulta es una mera formalidad.
Los arúspices. Son los sacerdotes de rango inferior. Frecuentemente considerados charlatanes, Catón el moralista dice de ellos: "Dos arúspices no pueden mirarse sin reírse". Según una costumbre de origen etrusco, observan las entrañas de animales sacrificados, sobre todo bestias con cuernos. Examinan los pulmones, el bazo, los riñones, el estómago, el corazón y especialmente el hígado. El estado sólo recurre a ellos para completar los auspicios oficiales.


Grandes Enigmas de la Humanidad. Parte 7.


El espía hermafrodita de Luis XV
Carlos Genoveva de Eón

Al servicio de Luis XV, luego de Luis XVI, espía travesti, este caballero De Eón intriga a la corte: ¿es hombre o mujer? En Londres, donde vive habitualmente, se hacen apuestas: en 1771, se apostaron cerca de 300.000 libras esterlinas sobre el sexo del caballero- dama.
El 5 de octubre de 1728, en Bourgogne, el jurista Luis de Eón de Beaumont informa al párroco de Notre Dame del nacimiento de su hijo Carlos Genoveva Luisa Augusto Andrea Timoteo. Extraños nombres para un niño: tres son masculinos y tres femeninos. Alumno brillante. Carlos Genoveva estudia en el colegio Mazarino en París y obtiene su diploma a los veinte años. Fiel a la tradición familiar, sigue los estudios de derecho que lo convierten en un joven abogado del foro.
Además es un hombre activo y deportivo: aprende con entusiasmo el arte de la esgrima y se convierte en un perfecto caballero. Su temperamento sorprende un poco: no se le conoce novia o amante, ni participa de las acostumbradas calaveradas de los jóvenes de su edad. Sin embargo, nadie se cuestiona: para todos, Carlos Genoveva de Eón es hombre.

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Carlos Genoveva de Eón: ¿caballero o dama?


Casanova y Carlos Genoveva
Casanova, especialista en mujeres, si hubo alguno, describe en sus Memorias al caballero Carlos Genoveva de Eón, con quien tuvo la oportunidad de cenar en Londres en casa de Guershi, embajador de Francia. ''Fue en la mesa de este embajador donde conocí al caballero De Eón, secretario de embajada que más tarde dio tanto que hablar en Europa. Este caballero De Eón era una bella mujer que antes de entrar a la diplomacia había sido abogado y capitán de la Legión de Honor: sirvió a Luis XV como soldado valeroso y negociador consumado. A pesar de su espíritu ministerial y sus modales de hombre, no necesité ni quince minutos para reconocer que era una mujer, ya que su voz era demasiado franca para ser una voz de castrado, y su figura demasiado redondeada para ser la de un hombre, sin considerar la falta de barba, que puede ser un defecto accidental en un hombre tan bien constituido como cualquiera en cuanto al resto.


Una joven turbadora
En 1755, el príncipe de Conti, que coordina los asuntos secretos del rey encarga al caballero De Eón una delicada misión en Rusia. Debe contactarse con la zarina Isabel, sin que nadie se entere, y ganar su confianza.

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Carlos Genoveva examinado(a) por unas matronas, grabado de la época.


Efectivamente, las relaciones diplomáticas entre Francia y Rusia están en un punto muy bajo, y Luis XV decidió revertir esta situación. Carlos Genoveva es un joven muy agraciado, de rasgos finos y delicados: para su misión Conti decide disfrazarlo. Lo hace portar documentos falsos a nombre de Lía de Beaumont, y es una joven turbadora la que se encamina hacia San Petersburgo.
Carlos Genoveva lleva a cabo su misión de una manera sorprendente, ya que la bella Lía de Beaumont se hace tan amiga de la zarina hasta el punto de convertirse en su lectora favorita. A su retorno a Paris, surgen las preguntas. Carlos Genoveva es una niña demasiado perfecta para ser sólo un travesti, se murmura. ¿Cómo un hombre disfrazado habría podido engañar a una mujer, cuando su papel lo obligaba a pasar mucho tiempo en la intimidad con la zarina? En ese momento se descubre que el caballero es lampiño y que parece tener una figura que le favorece. ¿No será en realidad una mujer? ¿Acaso será un travesti cuando está vestido de hombre?

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El caballero De Eón con delantal de masón, grabado de época (Paris, Biblioteca Nacional)


Europa confundida
La carrera del caballero De Eón prosigue con éxito: vuelve a Rusia, lleva a cabo varias misiones en Europa para Luis XV, vestido como de hombre o como de mujer. Se convierte en capitán de la Legión de Honor y recibe la cruz de San Luis por su bravura en el combate. Los rumores cesan, sólo un hombre puede dirigir así a las tropas al combate, se piensa; ¡Juana de Arco ha sido olvidada por completo! En 1762, Carlos Genoveva es enviado como secretario de embajada a Londres, ahí, el caballero desconcierta: sin que las intrigas políticas lo exijan, aparece vestido de hombre o de mujer. Sin darle explicaciones a nadie, a veces habla como mujer.
Los londinenses están sorprendidos por este extraño francés. ¿O esta extraña francesa? Surgen las apuestas; durante veinte años, numerosos ingleses apostaron enormes sumas de dinero sobre el sexo de Carlos Genoveva. En 1771, su monto total alcanza la increíble suma de ¡300.000 libras esterlinas! El caballero-dama está exasperado, pero se abstiene de dar cualquier precisión y de desmentir lo que sea. Carlos Genoveva de Eón es un misterio. Presionado para aclarar su situación por medio de un enviado del rey que no es otro que el dramaturgo Beaumarchais, Carlos Genoveva firma una declaración en la que revela finalmente su sexo. Estamos en el año 1774. Apoyado por las constataciones de varios médicos, declara ser mujer.

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Asalto de esgrima entre el caballero De Eón y M. de Saint-Georges, en Londres en 1787, grabado según una pintura de Robineau.


Los espías de Su Majestad
Luis XV, rey inteligente pero indeciso, aumenta durante su reinado las misiones de "información" antes de tomar decisiones. Se dedica al espionaje, tanto interno como externo, en paralelo con una intensa actividad diplomática europea.
El príncipe de Conti, "ministro secreto" del rey hasta 1756, crea un verdadero servicio de información y de acción. Las informaciones que obtiene prueban ser de gran utilidad durante la guerra de Sucesión de Austria. Conti intriga por obtener para Francia el trono de Polonia y, gracias al caballero De Eón, logra reanudar con la zarina los lazos rotos por un embajador torpe. Recluta para el rey a otros valerosos oficiales a los que convierte en "enviados secretos".
El conde de Choiseul, que lo sucede como ministro de confianza del rey, utiliza durante mucho tiempo los métodos de su antecesor, tanto para embaucar a los parlamentarios rebeldes, como para llevar a España a una nueva guerra contra Inglaterra. La guerra de los servicios es una realidad, ya que el conde de Saint Germain, enviado secreto de otro ministro (Belle-Ile), trabaja por lograr la paz con esta misma Inglaterra


La anciana de Londres
El rey obliga entonces al antiguo caballero a no disfrazarse nunca más de hombre y a conservar su estatuto femenino hasta su muerte. Se pagan las apuestas. El destino de Carlos Genoveva está sellado: en lo sucesivo se llamará mademoiselle De Eón.
Ahora bien, ésta no logra acostumbrarse a su condición. Su sexo la aleja del ejército, de los negocios, de la diplomacia. La inacción le pesa. Luis XV ha muerto y Luis XVI está en el trono, Carlos Genoveva ve ahí la oportunidad de cambiar su situación. En 1777, viaja a Versalles y aparece en la corte con su uniforme de capitana de la Legión de Honor. Le suplica a Luis XVI que le den la libertad de volver a usar su personalidad masculina. En vano. El rey y sus ministros Vergennes y Maurepas son inflexibles; el caballero ha abandonado definitivamente el escenario; seguirá siendo mademoiselle de Eón. Carlos Genoveva vuelve a Londres y poco a poco se acostumbra a su condición femenina. Ya no se viste de hombre. Durante más de treinta años, lleva la vida de una lady respetable, que envejece. La Revolución francesa y la ejecución del rey no cambian sus costumbres: está resignada. La anciana muere en Londres, el 21 de mayo de 1810, a la edad de ochenta años. Algunos médicos y luego quince testigos examinan su cuerpo. Es el de un hombre, ¿Por qué un hombre ambicioso, activo, dinámico como Carlos Genoveva de Eón aceptó entonces vivir cerca de cuarenta años haciéndose pasar por mujer? ¿Cómo es posible que en 1774 los médicos hayan declarado que el personaje era una mujer? ¿Qué imperiosa razón de estado obligó a Luis XVI a negarle absolutamente al caballero el retorno a la vida normal? Finalmente, ¿por qué luego de la desaparición de ambos monarcas De Eón no retomó su verdadera personalidad? Mademoiselle De Eón, capitana de la Legión de Honor, sigue siendo un enigma.

julio cesar


La pirámide de Keops
Un conservatorio de los conocimientos matemáticos

La más gigantesca construcción de la Antigüedad, clasificada por los griegos entre las Siete Maravillas del mundo, ¿es acaso la simple sepultura de un faraón imbuido de grandeza o se debe ver en ella la obra hermética de los astrónomos y matemáticos egipcios?
Desde su ascensión al trono, el faraón Keops (o Khufu) lanza la más colosal empresa de construcción de todos los tiempos, su tumba tendrá la forma de una gigantesca pirámide. Escoge la meseta de Gizeh, al abrigo de las crecidas del Nilo, pero lo suficientemente cerca del río para que los bloques de piedra puedan ser transportados en balsas, y confía la obra a los arquitectos reales; el príncipe Hemiunu y el príncipe Wepenmofret.

El Egipto de Keops
Cuando Keops sube al trono en 2696 antes de Cristo, los dos grandes reinos que, desde hace mil años ya forman Egipto están hace poco unificados. Representante de la IV dinastía, Keops traslada la capital a Maidum en Gizeh, cerca de Menfis. Faraón ambicioso y voluntarioso, secundado por un visir eficiente, Keops lanza numerosas y fructíferas incursiones en Libia y Nubia, donde explota las minas. Además, las campañas en Sudán permiten traer importantes botines en hombres, ganado y metales. Al este, el Sinaí se valoriza y expediciones regulares traen madera preciosa del Líbano. Pero Egipto sigue siendo un país mayoritariamente agrícola, ubicado en un largo corredor al borde del Nilo, cuyas crecidas fertilizan la tierra. Igualmente el río facilita los desplazamientos: Egipto es un reino centralizado, organizado alrededor de una administración sumamente jerarquizada. Gracias al aparato burocrático, el faraón dispone plenamente de los recursos del país. El reino de Keops y de sus sucesores puede interpretarse como la primera edad de oro de Egipto antiguo.


Una obra formidable
"Más de cien mil hombres trabajaron durante veinte años", nos dice el historiador griego Heródoto. Seguramente exagera. En realidad, cinco mil hombres trabajan permanentemente en la cantera: se trata de trabajadores especializados, arquitectos, contramaestres y talladores de piedra, profesionales de la construcción y de la decoración. Durante el periodo de las crecidas del Nilo, es decir alrededor de tres a cuatro meses, el rey recluta campesinos por miles. Estos, obligados por el río a abandonar las tareas agrícolas, van a realizar el trabajo más pesado, particularmente el transporte de las piedras. Contrariamente a lo que muy a menudo se cree, no se trata de esclavos, puesto que se les remunera por su trabajo.
La mayoría de las piedras necesarias para la construcción de la pirámide son extraídas de afloramientos sobre la propia meseta; la técnica es simple: se insertan cuñas de madera en las fallas de las vetas calcáreas y se empapan de agua. Al hincharse la madera, hace estallar la piedra. Los bloques son tallados y después llevados en trineos hasta los pies del monumento. Los obreros disponen de herramientas de cobre y piedra dura, utilizan grandes cantidades de palancas, de cuerdas de caña trenzada y rampas de tierra que permiten llevar las piedras a la altura deseada.
Según las pinturas de la tumba de Dehutihotep, se sabe que de esta manera bastan 172 hombres para transportar una estatua de sesenta toneladas y ocho hombres solamente son necesarios para un bloque normal de dos toneladas y media.
Para el revestimiento final, Keops hace traer por barco piedra calcárea blanca, brillante y fina de Troyu y granito de Assuán. Las piedras son perfectamente calzadas, no se puede insertar entre dos bloques ni la hoja de un cuchillo, La pirámide, blanca y lisa, es finalmente recubierta en la cima por láminas de oro que reflejan los rayos del Sol.
Lamentablemente, este revestimiento no consiguió llegar hasta nuestros tiempos: en 1400, un sultán "guiado por el profeta" destruyó esta obra maestra, reliquia de los "tiempos de ignorancia". Para el Islam, este monumento dedicado a "dioses falsos" no merece más que desprecio. La pirámide es profanada, la momia de Keops es despedazada para despojarla de su oro y los últimos tesoros saqueados.

keops
La exploración de la pirámide de Keops no ha agotado los misterios del imponente monumento. Por el contrario...


El misterio de los números
El primer occidental en penetrar en la gran pirámide es el coronel inglés Howard Vyse, quien, en 1830, despeja los pasillos obstruidos a golpes de dinamita. Sus apuntes interesan a un editor londinense, John Taylor.

Luis XV
La pirámide de Keops, una de las Siete Maravillas del mundo antiguo, medía originalmente 147 m de altura y 230 m de lado, su base cabría más de 5 hectáreas.

Este, a partir de las cifras entregadas por el oficial (y sin nunca haber visto la pirámide), elabora extrañas teorías sobre la simbología matemática contenida en el monumento. Primero, utiliza como unidad de medida el codo real vigente en los tiempos de Keops. Junto a su amigo, el astrónomo Charles Piazzi Smyth, establece que, dividiendo la suma de los cuatro lados por el doble de la altura de la pirámide, se obtiene 3,14, o sea el número π (pi). Por otra parte, dividiendo la superficie de la base por la superficie lateral y la superficie lateral por la superficie total, se obtiene 1,618, es decir, el número áureo evocado por el filósofo griego Pitágoras.
El número áureo equivale a

batallon

Estos datos incontestables no tienen nada de sorprendente. Los egipcios, desde el Antiguo Imperio, poseen conocimientos matemáticos elementales, que aplican manifiestamente a la gran pirámide. Las deducciones anteriores son el simple resultado de sus admirables cualidades estéticas y del equilibrio buscado por sus arquitectos.
Los trabajos de Taylor y Smyth se vuelven más confusos cuando, cansados de no establecer descubrimientos extraordinarios inventan el codo piramidal. Logran entonces una serie de conclusiones asombrosas: el perímetro de base es cien veces el número de días del año, la altura de la pirámide es una milmillonésima de la distancia de la Tierra al Sol.
A pesar del aspecto estrafalario de sus cálculos, Taylor y Smyth suman adeptos: a finales del siglo XIX, la meseta de Gizeh es invadida de iluminados que, regla en mano, toman toda suerte de medidas. El reconocido arqueólogo sir Flinders Petrie sorprende en el vestíbulo de la cámara mortuoria, a un individuo rebajando un bloque de granito para darle una dimensión conforme a su teoría. Para algunos, la pirámide es el evidente sostén de profecías. Anuncian, "gracias a la sabiduría de los sabios antiguos", una gran guerra para 1928, la segunda venida de Cristo en 1936 y el fin del mundo en 1953...

La admirable orientación de la pirámide
La orientación de la pirámide es igualmente admirable, pero sin que sea necesario explicarlo con hipótesis fantasiosas, las cuatro fachadas están orientadas hacia los cuatro puntos cardinales con una precisión sorprendente: la distorsión es sólo de 3,6" de arco. La civilización de Egipto antiguo desarrolló numerosos conocimientos precisos, especialmente en matemáticas y astronomía. Los egipcios, acostumbrados a observar las estrellas para determinar el ritmo de las crecidas del Nilo, utilizaron un método simple pero efectivo: marcaban sobre un muro la ubicación de la salida y puesta de una estrella situada al norte y la bisectriz de la proyección de estas marcas sobre el suelo les indicaba el norte exacto. Además, el pasillo descendiente de la pirámide se inscribe en el ángulo exacto que hace la Tierra con la estrella polar. ¿Habría que deducir que la pirámide no es sino un observatorio?
Ciertamente no. Notemos solamente que con ocasión de la edificación de una tumba real, los arquitectos, así como se pinta un fresco o una decoración, adornan el monumento con todos sus conocimientos. Así, el faraón que pasa a la otra vida con todos sus bienes, se lleva además la sabiduría de su época.

La función de la pirámide
Desde la Antigüedad, la gran pirámide sorprende y los autores se suceden para tratar de explicar la razón de ser del impresionante monumento.
Interpretaciones antiguas y medievales. Según Aristóteles, fue erigida para manifestar el poderío real. Para el historiador latino Ammiano Marcelino era una enorme biblioteca; sus cámaras estaban destinadas a conservar los archivos de los sabios. Según el cronista y viajero del siglo XII, Benjamín de Tudela, era un silo gigantesco que José (hijo del patriarca Jacob y ministro del faraón Keops) mandó construir para conservar el trigo para los siete años de vacas flacas.
Desde el siglo XIX. Esotéricos y excéntricos se oponen a las explicaciones, demasiado prosaicas para ellos, de los arqueólogos: la gran pirámide no podría ser otra cosa que un hito para que el arca de Noé reencontrara su camino, o un observatorio donde se conservarían las "grandes ecuaciones del Universo". El sarcófago de granito rojo encontrado al interior de la cámara real no seria sino el Arca de la Alianza de Moisés. En cuanto a los partidarios de la teoría de la Tierra hueca, ven en la gran pirámide una puerta de acceso a un universo interior...
En nuestros días. Médiums pretenden que la gran pirámide emite una fuerza magnética intensa: concluyen, con una aparente lógica, que los bloques de piedra fueron trasladados por extraterrestres gracias a una poderosa fuerza anti-gravitacional. El objetivo de estos seres sería esconder un reactor nuclear. El escéptico no tendría más que buscar bajo la arena de la meseta de Gizeh; encontraría los restos de una nave espacial... Finalmente, la esfinge, símbolo de una raza superior venida del espacio, habría sido construida al mismo tiempo que la gran pirámide por unos atlantes descendientes de extraterrestres que habrían escapado de la desaparición de su continente.


norfolk


Glosario

Aedo: Poetas o cantores profesionales ambulantes. Su exposición requería una cierta técnica, ayudado por un fondo de música instrumental.
Ardid: Artificio, medio empleado para conseguir algo
Auriga: Un auriga era un esclavo que debía conducir la biga, vehículo ligero tirado por dos caballos, que era el medio de transporte de algunos romanos.
Idus: Idus (latín, ‘idus’), palabra del antiguo calendario romano, por la que se denominaba al día 13 de ocho de los doce meses: enero, febrero, abril, junio, agosto, septiembre, noviembre y diciembre, y también al día 15 de los cuatro restantes meses: marzo, mayo, julio y octubre.
Imbuido: Infundir, inculcar a alguien ideas o sentimientos.
Zuavos: Zuavo es el nombre que se le dio a ciertos regimientos de infantería en el ejército francés a partir de la década de 1830.

hermafrodrita


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4 comentarios - Grandes Enigmas de la Humanidad. Parte 7.

RMartin83 +1
TE FELICITO. ESTO ES UN POST! LASTIMA QUE YA NO ABUNDAN POR TARINGA...
davidgar91 +1
RMartin83 dijo:TE FELICITO. ESTO ES UN POST! LASTIMA QUE YA NO ABUNDAN POR TARINGA...

idem