La llamada “Santa Inquisición”, es sin dudas una de las manchas más oscuras y difíciles (o imposible) de limpiar por la Iglesia Católica.

La "santa" inquisición


Su idea original, era la de combatir las herejías y fomentar el desarrollo contínuo de la moral y la ética. En realidad, era un intento sin escrúpulos para hacer crecer el número de practicantes católicos y también fue utilizado por los gobernantes para mantener mediante el terror el dupuesto orden popular.
Nos cuenta www.apocatastasis.com, que la Inquisición tuvo origen cuando fue instaurada por el Papa Gregorio IX, allá por 1231, en el siglo XII, pero alcanzó su máxima crueldad (lo que la hizo famosa), allá por finales del siglo XIII. Si bien fuera de España, práctimente dejó de existir en el siglo XV, esta misma página dice textualmente: “En España, por el contrario, fue potenciada por los Reyes Católicos, constituyéndose en Sevilla (1480). Abolida por las Cortes de Cádiz(1812), fue reestablecida por Fernando VII, antes de su definitiva extinción en 1834. En América, la Inquisición fue establecida por Felipe II en 1570, y tuvo tribunales en México, Lima y Cartagena de Indias. Sólo tenía jurisdicción sobre criollos y españoles y no sobre los indios.”

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Dice ahora Wikipedia, que las cifras fuero aproximadamente estas:
Suiza: 4000 personas ejecutadas de un total de un millón de personas (4 por cada
mil).
Polonia-Lituania: unas 10.000, en una población de 3.400.000 (casi 3 por cada mil).
Reino Unido: miles de ejecutados. Destacar además que en este país protestante existió la figura de los punzadores, los cuales se dedicaban a "cazar" y ejecutar brujas de forma lucrativa.
Alemania: donde más gente es ejecutada, hasta un total de 25.000 personas de unos 16 millones (1,5 personas por cada mil).
Dinamarca-Noruega: 1.350 de 970.000 personas (1,4 por cada mil).
España: 59 brujas (de unos 125.000 procesos llevados por la inquisición).
Italia: 36
Portugal: 4
Veamos ahora los métodos de “persuasión” a confesar libremente sus pecados

flauta del alborotador

La flauta del alborotador era un instrumento de tortura de origen italiano, que utilizaba la Santa Inquisición en los siglos XVII y XVIII para casos de blasfemia.1 Se solía usar de forma pública. El collar se cerraba por detrás el cuello, y los dedos eran colocados entre la barras de hierro, que eran apretadas por el verdugo a voluntad,2 llegando a todo tipo de heridas en los dedos, hasta el aplastamiento de carne, huesos y articulaciones. Esta tortura era fundamentalmente una forma de exposición a la vergüenza pública. Dolorosa y muchas veces fatal. Se imponía para castigar delitos menores: conflictividad, blasfemia en primer grado, insultos, alteración del orden público, etc. En Italia, según referencias de varios archivos, a menudo se aplicaba a los que provocaban alboroto delante de la iglesia durante las misas.

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“La dama o doncella de hierro”

La doncella de hierro de Nuremberg era antropomórfica, con una cara que se podría reconocer como María la madre de Jesús y un cuerpo formado por dos puertas que lo asemejaban a un ataúd. Medía más de dos metros de alto y casi uno de ancho, por lo que era suficientemente grande para contener a un hombre plenamente desarrollado. El prisionero condenado tenía que pasar a través de siete salas con siete candados antes de su prevista ejecución. Al final de un largo pasillo se encontraba la cara de una especie de guardarropa de hierro que recordaba vagamente una figura humana. Por fuera, la doncella parecía inofensiva y nada peligrosa, pero en su interior había unos clavos ocultos de hierro cuyo fin no era matar rápido, sino torturar despacio. El objetivo último de este artilugio en general era empalar a la víctima e infligirle un gran dolor y castigo.
Clavos
Lo que más llama la atención es la presencia de docenas de clavos punzantes y oxidados. Estaban diseñados para ensartarse en la víctima esquivando los órganos vitales en cuanto la doble puerta se cerrase. Esto permitía que la persona siguiese viva y en posición vertical.Además,había un clavo no movible que estaba en la posición del pene para inflingir mas daño.
Espacio confinado
En segundo lugar, el hombre condenado estaba sujeto en un espacio extremadamente pequeño para maximizar su nivel de sufrimiento.
Puertas
Otra característica secundaria pero importante era que las puertas de hierro podían ser abiertas independientemente. Esto era útil para comprobar que la víctima estaba teniendo un sufrimiento suficiente y negar el riesgo de posibles escapes.
Insonorización
Las puertas de la doncella de hierro tenían un grosor considerable. Al parecer fueron especialmente concebidas para asegurarse de que los gritos de dolor del condenado no pudieran ser escuchados mientras ambas puertas estuviesen cerradas.
Funcionamiento
Las puertas eran cerradas lentamente para que las puntas de los clavos pudiesen penetrar en los brazos y piernas del hombre en varios puntos, además de otras muchas partes de su cuerpo como pueden ser el pecho, los hombros o los ojos, pero sin llegar a matarlo directamente; aunque esto le causaba un gran dolor durante un par de días hasta que finalmente moría. Aunque esto no ha podido ser probado, expertos historiadores afirman que los clavos en la parte interior a la puerta eran movibles. Se piensa que podían ser recolocados o cambiados de sitio dependiendo de lo que se necesitase para el individuo en cuestión, dependiendo de su fisionomía y del crimen realizado. De esta manera, el resultado global sería más o menos letal y mutilante dependiendo de donde se colocasen los clavos.

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La cuna de Judas

La cuna de Judas es un instrumento de tortura utilizado principalmente para sacar confesiones. Consiste en una pirámide puntiaguda, sobre la cual se alza a la víctima para después dejarla caer una o varias veces, de modo que la punta topara con la zona genital o anal con mayor o menor presión dependiendo de cómo evolucionara la confesión. Era utilizado en Europa en tiempos de la Inquisición siendo conocido con el mismo nombre (alusivo al apóstol traidor) en inglés (Judas Cradle; también, Judas Chair), alemán (Judaswiege) e italiano (Culla di Giuda). También es conocido con el nombre de Vigía (en portugués), Veglia (en italiano) o Veille (en francés), es decir, «vigilia», pues el condenado era dispuesto de tal manera que si se dormía y relajaba el cuerpo, caía sobre la punta hiriente del instrumento. También se atribuye su uso, con algunas 'mejoras' (adición de electricidad, añadidura de cinturón), a las dictaduras militares hispanoamericanas del siglo XX. Se atribuye su invención al jurista boloñés Ippolito Marsili (1450-1529).

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El aplastacabezas

El aplastacabezas es un instrumento de tortura aplicado en la edad media en Europa, por la inquisición y destinado a reventar los huesos del cráneo. La maquina denominada "Aplasta cabezas" estaba compuesta por dos barras de hierro forjado, y en cada punta, tornillos con el principio de prensa o morsa. La barbilla de la víctima se colocaba en la barra inferior, y el casquete era empujado hacia abajo por el tornillo. Los efectos de este proceso son evidentes. Primero, se destrozan los alvéolos dentarios, después las mandíbulas, y luego el cerebro se escurre por la cavidad de los ojos y entre los fragmentos del cráneo. El mismo principio físico era utilizado en máquinas como el aplastapulgares o el aplastarodillas.

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La sierra

La sierra es un método de tortura y muerte utilizado desde tiempos bíblicos. Para mantener a la víctima consciente el mayor tiempo posible, además de evitar que se desangrase antes de tiempo, le colgaban boca abajo, de forma que su cerebro estuviera bien irrigado. Mientras, el verdugo comenzaba a serrar al condenado desde el ano o los genitales verticalmente hacia el abdomen, de tal forma que no perdía el conocimiento hasta que la sierra llegaba al ombligo y algunas veces hasta al pecho.

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La Pera

La pera de la angustia era un instrumento de tortura consistente en un objeto metálico con forma de pera que era introducido en la vagina de la víctima. Una vez en el interior, se abría, produciendo numerosos desgarros en el útero a los que muy pocas mujeres lograban sobrevivir. Se aplicaba en la Edad Media a aquellas mujeres de las que se decía que habían tenido relaciones sexuales con Satanás o con alguno de sus familiares. Hay una variante de este objeto que dice que también se usaba en bocas o ano.

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Zapatos castigadores

Los zapatos metálicos de la imagen poseen en la planta unos pinchos que en caso de apoyar al planta de pie se clavan por la parte baja del pie, para no perforarte debias mantenerte de puntillas el máximo tiempo posible, para más sufrimiento este método de tortura se combinaba con un sistema que inmobilizaba las manos y muñecas cerca de la cabeza y te obligaban a permanecer erguido.

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El tenedor de los herejes

Dotado de dos puntas en cada uno de sus extremos, este cruel tenedor estaba ideado para que los herejes confesaran permitiéndoles mover la boca únicamente para hablar susurrando. Por medio de un cinturón se fijaba el tenedor al cuello del torturado que debía mantener el tiempo máximo la cabeza hacia atrás para no clavarse en el esternón y la barbilla los afilados pinchos.

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Las botas

Las piernas de la victima se colocaban entre dos planchas de madera que se unían por medio de cuerdas. entre las piernas se situaban unas cuñas que la persona que realizaba la tortura golpeaba repetidamente con un martillo, se podían introducir hasta una docena de estas cuñas, cada vez que se realizaba un golpe preciso los huesos de las piernas se fragmentaban. Cuando se retiraban las tablas lo que antiguamente eran las piernas se convertía en un amasijo de huesos rotos que tan sólo la piel impedían que cayeran al suelo.

La "santa" inquisición


La zarpa de gato

El torturado era colgado desnudo y con un instrumento dotado de garfios en la punta y era "rascado".
Las afiladas uñas de esta zarpa de gato desgarraban la piel y arrancaban tiras de carne, a menudo los garfios penetraban tan hondo que dejaban el hueso a descubierto e includo podían "rascarlo". El torturado solía morir desangrado o quedaba inconsciente debido al dolor.

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El potro de tortura

Te tumbaban en un mesón de madera y ataban las muñecas al cabecero de esta, los pies se ataban a su vez fijados a un rodamiento que por medio de un mecanismo iba enrollando la cuerda de tus pies, al hacerlo se generaba una tensión que hacia que el cuerpo se estirase al máximo.

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Purificando el alma

En muchos países católicos, el clero creía que las almas malditas se podían limpiar si se hacia ingerir al condenado agua hirviendo, carbón ardiendo o ambas en combinación.
Esta tortura solía producirse después de que el prisionero hubiese confesado su herejía cosa que normalmente ocurría tras haber sido previamente torturado y en muchos casos antes de ser ejecutado.

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Silla de interrogatorios

Cientos de afilados pinchos componían el respaldo y asiento de esta silla de torturas. Pinchos que por medio de una especie de cinturones que podían presionar al torturado a la silla se clavaban en toda la parte de atrás del cuerpo. Para que el sufrimiento fuese mayor se colocaba bajo la silla de hierro ascuas ardiendo que calentaban la silla y quemaban a la víctima.

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La rueda

A la víctima normalmente desnuda se le ataban las articulaciones al suelo, fijaban por medio de unas maderas y se le iban destrozando los huesos de estas uno por uno con la brutal rueda de hierro, cuando todos los huesos eran papilla únicamente mantenida por la carne y la piel que los envolvía se le ataba a la rueda para ser expuesto a la muchedumbre, durante días se sobrevivía entre grandes dolores.

La "santa" inquisición


Desgraciadamente, existieron muchos más y todo esto en nombre de Dios.

Una leyenda para amenizar:
Cuenta una leyenda, que un poderoso rey, que gobernaba un territorio de grandes riquezas, quería saber cual era el verdadero dios y así seguirlo. Para ello citó a los representantes de las religiones más populares. El musulmán, destacó la justicia de Alá y la sabiduría de Mahoma. El judío, destacó la solidaridad e historia del pueblo judío. Por último, el católico hizo notar la humildad y bondad de Dios.
Al cabo de un tiempo, el rey los volvió a citar y les dijo que ya había tomado su decisión. Entonces, comenzó a fundamentarla.
Le dijo al musulmán: “Pude ver asombrado, la increíble pasión de tu pueblo por su dios. También quedé impresionado, ya que no necesitan ir a una mezquita para orar y lo hacen públicamente”.
Le dijo al judío: “Es increíble, todo lo que pasó tu pueblo y como mantuvo su fé. También me agradó su solidaridad”.
Por último dijo al católico: “Pude ver como tu iglesia predica la humildad y su sede está plagada de oro, pude ver como los católicos dicen ser creyentes y no asisten a la misa cada domingo y también quedé horrorizado por la llamada “Santa inquisición”.
Por todo esto, he decidido que el verdadero dios y al que voy a seguir es el Dios católico”.
Los musulmanes y judíos, se tomaban la cabeza y cuestionaban la decisión del soberano y gritaban ¿Por qué?
El rey dijo “ Si después de todo lo que ví de la iglesia católica todavía sigue habiendo creyentes en Dios, quiere decir que este es el Dios verdadero”

Fuentes:
www.apocatastasis.com
http://es.wikipedia.org
www.escalofrio.com
Un poco de mi locura

Por su tiempo gracias