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Ulises que era muy inteligente, después de fracasar en varios intentos, tuvo la gran idea de construir un caballo de madera gigantesco apoyado sobre una base con ruedas que abandonó a las puertas de la ciudad de Troya. Los troyanos, deslumbrados por el gigantesco caballo, abrieron el pesado portón de la ciudad y lo empujaron dentro. Ellos no sabían que el caballo contenía una sorpresa que los llevaría a su fin. Dentro del caballo estaban escondidos numerosos soldados. Cuando llegó la noche y los troyanos estaban descansando, los soldados abrieron una puerta secreta y se escabulleron dentro de la ciudad. Luego abrieron el pesado portón que franqueaba la entrada para permitir la entrada del resto de las tropas griegas, que aguardaban escondidas en un bosque cercano.

Así se logró destruir la ciudad de Troya.

Las naves de Ulises, como todas las de la época, eran pequeñas. No tenían más que una vela y un puñado de remeros para impulsarlas. Trataban en lo posible, de no perder de vista la costa, para poder buscar refugio en caso de tormenta.

Muchas veces el clima les jugaba una mala pasada. En este caso, al tiempo de partir, un fuerte viento empujó las naves hacia una isla ocupada por los Cicones.

Ulises, encontró que en esa isla había un gran tesoro y envió a sus hombres a recoger el botín. Los Cicones, rápidamente se armaron para defender sus posesiones emprendiendo una feroz lucha cuerpo a cuerpo contra los navegantes.

Como los Cicones eran muy numerosos ganaron la batalla. Ulises perdió el botín y muchos hombres en la lucha. Pero con los que habían logrado salvarse, logró huir velozmente aunque con mucha tristeza por el resultado adverso de la expedición.

Los lotófagos, se llamaban así porque solamente se alimentaban con la flor del loto. Esta flor tenía raras propiedades. Por un lado era deliciosa como la miel, pero por otro lado producía efectos secundarios a los consumidores.

Los que prueban la flor del loto, inmediatamente olvidan el pasado cercano y el remoto. Tampoco recuerdan los proyectos para el futuro. Sus días transcurren sin angustias ni sufrimientos, ya que no recuerdan nada, y tampoco cumplen con sus deberes y obligaciones porque han olvidado todos los proyectos. Solo pasan el tiempo, tirados sobre la playa, gozando de sus sueños dichosos mientras consumen la flor del loto.

Ni bien llegaron a la isla, Ulises envió a un grupo de hombres a investigar ya que necesitaban aprovisionarse de agua dulce y otros víveres.

Los lotófagos eran muy amigables. No solo los recibieron con los brazos abiertos, sino que también les dieron a probar su alimento favorito: la flor del loto.

¿Qué sucedió? Los navegantes, apenas probaron el fruto delicioso, olvidaron a Ulises, a Itaca, la tarea encomendada, las penas y sufrimientos que habían soportado y se tendieron sobre la playa olvidando sus obligaciones como el resto de los lotófagos, fantaseando sueños de felicidad.

Al acercarse con las naves a la isla, pudieron divisar campos fértiles, bosques espesos y hasta un manantial de agua dulce que fluía entre rocas, rodeado de una arboleda que proporcionaba una sombra apacible.

Al rodearla, vio Ulises, que la isla poseía un puerto natural, ideal para fondear las naves y explorar ese territorio.

Al día siguiente, Ulises y un grupo de doce valientes hombres, se internaron en el bosque cargados con vino, miel y otras provisiones con la esperanza de conocer a sus afortunados habitantes.

Ulises desconocía que esa isla estaba habitada por los Cíclopes, un pueblo salvaje que desconocía a cualquier autoridad y tampoco creía en los dioses.

Avanzando en su expedición, muy pronto encontraron una gruta oculta entre ramas de laurel. A su alrededor se extendía un muro de troncos y piedras de enorme tamaño. La cueva era la morada de un gigante, pero no estaba allí, pues había salido a apacentar su rebaño de ovejas
Ulises
Mitologia