¿Qué es matar?

¿Qué es matar?



¿Qué es matar?


Reflexionando sobre la despenalización del aborto, uno de los argumentos más citados es sobre el mandamiento “no matarás”. Pero, me parece que el engaño está en la comprensión de la totalidad del significado del término “matar”.

El diccionario Houaiss, entre varias definiciones que presenta para este verbo, dice: “causar gran perjuicio o daño a; arruinar”. Y también: “causar sufrimiento a; mortificar, afligir; herir”. Vemos, con eso, que matar no es solamente quitarle la vida a alguien, sino también practicar cualquier acto que impida que alguien tenga una vida de calidad, dignidad, felicidad.

Permitir que una criatura no deseada venga al mundo en una familia sin estructura, sin condiciones de ofrecerle una vida mínimamente digna, exponiéndola a la violencia, malos tratos, pérdida de la autoestima y tantos otros males, no significa dar a luz a un ser, sino condenarlo a muerte; una muerte social y psicológica, que va a generar la peor de todas las muertes: LA ESPIRITUAL.

Las criaturas que andan por la calle, entregadas a su propia suerte, no nacieron; fueron arrojadas al mundo, como fruto de la inconsecuencia e irresponsabilidad de adultos desesperados, muchos de los que apenas repiten la historia de abandono y omisión de la que fueron víctimas.

Estos niños, primero son odiados por sus progenitores y después pasan a ser odiados por la sociedad. La misma sociedad que levanta la bandera del derecho a la vida es capaz de dar vuelta la cara en actitud de asco, y atravesar la calle para no pasar cerca de un menor indigente tirado en el suelo, oliendo a heces y orina. Eso se llama hipocresía.

A los que le gusta señalar pecados, necesitan ver que el error no está en interrumpir un embarazo no deseado, sino que está antes: en la banalización del sexo, en la desinformación, en los innumerables factores que llevan a que una pareja se relacione y engendre un hijo con la misma falta de compromiso con la que encaran la vida misma.

No estamos haciendo apología del aborto; estamos diciendo “no” a la hipocresía. Las mujeres no dejan de abortar porque es ilegal. La decisión de interrumpir un embarazo tiene como motivo principal el hecho de que no es deseado, causado por factores que van desde una noche de locura hasta la violencia sexual. Si se toma esta decisión, será llevada a cabo, independientemente de su legalidad, en clínicas clandestinas, que pueden llevar a esas mujeres a la muerte, mutilación o secuelas de procedimientos mal realizados.

La legalidad del aborto permite que estas mujeres puedan ser atendidas clínicamente de la forma correcta, y no pongan su vida en riesgo. Eso es derecho a la vida.

La legalidad del aborto evita que niños inocentes vengan al mundo para sufrir y tener una vida miserable.

La legalidad del aborto evita la clandestinidad de los procedimientos quirúrgicos.

Una mujer que desea interrumpir un embarazo, sea por el motivo que fuere, no es una criminal, es un ser humano afligido, que necesita ser acogido, amado, orientado y no condenado. Es este el papel que la IURD ha realizado como Iglesia.

A todas las personas que miran hacia estas mujeres con odio e intolerancia, creyendo que con esto están agradando a Dios, miren esta palabra: “Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él”, (1 Juan 3:15).

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