La comida de los dioses

El CHOCOLATE

El árbol de cacao fue cultivado muchos siglos antes de Cristo por los Mayas, sin embargo la larga y dulce historia de esta planta fue iniciada por los Aztecas. De hecho, el nombre viene de la palabra azteca “cacahult”. Las fechas fundamentales en la vida de este fascinante e irresistible alimento son tres:
1502 - Cristóbal Colón es el primer europeo que prueba el cacao.
1527 - Cortés vuelve a España con las preciadas semillas.
1737 - El botánico Carl Linneo clasifica el árbol del cacao con el nombre científico de Theobroma, o “alimento divino”.

La comida de los dioses

Trescientas sustancias químicas que deleitan nuestro paladar y más de cuatrocientos componentes aromáticos que estimulan el olfato, son las características que, juntas, crean la especial complejidad de su sabor que, es la base del poder de este placer terrenal al que nadie se puede resistir. Es el único alimento que se funde exactamente a la temperatura del cuerpo. La preparación del chocolate se lleva a cabo en tres etapas: la torrefacción, se tuestan los granos (semillas) y se elimina la acidez; mezclado, se un el cacao con el azúcar en proporciones especiales ya que de ello depende el producto final; conchado, se ablanda la pasta un con proceso que dura horas o días. La etapa más delicada de la preparación es la torrefacción: los granos, previamente secados y descascarillados, son sometidos a una temperatura entre 120°/140° C controlados por expertos que deciden cuándo el producto ha alcanzado el calor justo y ha tomado su característico aroma. En España tuvo mucha difusión al ser adoptado como bebida oficial de los Reyes y la corte española. Se popularizó también en Francia por intermedio de María Teresa (hija de Felipe IV) casada con Luis XIV (el Rey Sol) la cual tenía el hábito de tomar chocolate. En Francia se difundió una bebida un poco menos espesa respecto a la que se tomaba en España. La costumbre se extendió, así, en los salones de las principales ciudades europeas, beber chocolate era símbolo de distinción y elegancia.

México

LEYENDA DEL CACAO Y EL CHOCOLATE

Esta historia comienza muchos siglos antes de la Conquista, en tiempos en que los pueblos olmecas, mayas y aztecas habitaban el centro y el sur del territorio que hoy conocemos como república mexicana.

Escrito está en el Tonalámatl, el libro de los augurios de los sacerdotes de la diosa Xochiquetzal, la historia de cuando los dioses, compadecidos de los trabajos que pasaba el pueblo tolteca, resolvieron que uno bajara a la tierra para ayudarles, enseñándoles las ciencias y las artes. Decidieron que fuera Quetzalcóatl, que hacía tiempo se empeñaba en ayudar a los toltecas, quien tomara forma humana y descendiera sobre Tollan, la ciudad de los hombres buenos y trabajadores.

Y así se hizo: “Quetzalcóatl descendió por un rayo de la estrella de la mañana, dejando asombrados a los toltecas con su aparición, particularmente por su indumentaria hecha toda de una materia luminosa, y por su blanca y rizada barba, luminosa también. Todo el pueblo comprendió que aquel aparecido no era un simple mortal , desde luego, le rindió adoración, rompiendo sus feos y oscuros dioses de barro.

Junto con Quetzalcóatl, dominaba el dios Tláloc (“el señor que está dentro de la tierra”), el dueño de las lluvias, dador de la vida y dueño de las almas separadas de los cuerpos. Reinaba también Xochiquetzal (“flor emplumada”) la diosa de la alegría y el amor, esposa de Tláloc y descubridora del pulque. Todos los dioses eran buenos, y dirigidos por Quetzalcóatl enseñaron al pueblo tolteca el saber, hasta hacerlo sabio y artista, conocedor de la marcha de los astros, lo que le permitió medir el tiempo y señalar en el calendario el cambio de las estaciones para aprovechar las lluvias y levantar las cosechas.

Quetzalcóatl les dio además a los toltecas el don de una planta que había robado a los dioses, sus hermanos, quienes la guardaban celosamente, porque de ella obtenían una bebida que, pensaban, sólo les estaba destinada a ellos. Quetzalcóatl sustrajo el pequeño arbusto de flores rojas, prendidas a largas ramas de hojas alargadas, inclinadas hacia la tierra, a la que ofrecía sus oscuros frutos. Plantó en los campos de Tula el arbolito y pidió a Tláloc que lo alimentara con la lluvia, y a Xochiquetzal que lo adornara con flores. El arbolillo dio sus frutos y Quetzalcóatl recogió las vainas, hizo tostar el fruto, enseñó a molerlo a las mujeres que seguían los trabajos de los hombres, y a batirlo con agua en las jícaras, obteniendo así el chocolate, que en el principio sólo tomaban los sacerdotes y los nobles.

Fue licor sagrado y lo tomaban agrio o amargo. Más tarde se le mezcló con miel, y a la llegada de los españoles, éstos le agregaron azúcar y leche, tomándolo caliente y haciéndolo la bebida de lujo de la época colonial.
Dioses

Así pues, Quetzalcóatl fue dador del cacao en sus cuatro clases: el cauhcacahuatl, el mecacahuatl, el xochicacahuatl y el tlalcacahuatl, que era el que tostaban, reservando los otros tres para moneda, pues el fruto se consideraba símbolo de riqueza. Los toltecas fueron ricos y sabios, artistas y constructores; gozaban del rico chocolate y eran felices, lo cual despertó la envidia de los dioses, más aún cuando descubrieron que tomaban la bebida destinada únicamente a ellos.

Juraron venganza, contra Quetzalcóatl primero y contra el pueblo tolteca después. Para eso llamaron a Tezcatlipoca – “espejo humeante”, dios de la noche y de las tinieblas. Este dios, enemigo de Quetzalcóatl, el dios luminoso, bajó a la Tierra por el hilo de una araña y disfrazándose de mercader se acercó a Quetzalcóatl para ofrecerle la bebida que Xochiquetzal había descubierto.

El dios luminoso se hallaba en su palacio inmensamente triste, pues un sueño le había hecho saber que los dioses preparaban su venganza y temía por el pueblo al que había hecho rico, sabio y feliz. Quetzalcóatl bebió del jugo que se le ofrecía, que era el octli , el jugo fermentado del metl, el maguey, llamado por el pueblo tlachiuhtli – o sea, el pulque. Quetzalcóatl lo bebió y se embriagó, con gran regocijo del malvado Tezcatlipoca, y bailó y gritó ante el escándalo del pueblo que lo miraba hacer gestos ridículos. Después se durmió, y, al despertar, con la boca amarga y en la cabeza un dolor profundo, se dio cuenta de que los dioses lo habían deshonrado y que se preparaba la ruina del pueblo tolteca y la caída de la gloriosa Tollan.

Al sentir Quetzalcóatl que ya nunca podría ver a los que había enseñado a ser buenos y honrados sin tener una gran vergüenza, decidió marchar hacia el rumbo de la estrella vespertina, su casa. Marchó entonces hacia el mar, hacia la llamada Nonoalco – en las playas de lo que hoy es Tabasco – y, allí arrojó, por última vez, las semillas del cacao, que bajo su mano florecieron y quedaron ahí como la postrer dádiva del dios luminoso. Después entró en el mar y, aprovechando un rayo de luz de la estrella de la tarde, se volvió a su morada de luz.

Y ahora sabemos por qué ya no florece el cacao en el Altiplano y solamente se le cosecha en tierras lejanas, donde pasó sus últimas horas el dios luminoso, el dador de la bebida de los dioses: el chocolate.

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9 comentarios - La comida de los dioses

@Wallt_Billy
Me dio ganas de tomar chocolatada
@Gonzalo_1982
el diego simpre tubo una buena dieta
@Ackura
Toma blisk te los devuelvo jaja +10
@YONATHAN_angel
eso depende crei q era segun la mit. griega q es nectar y ambrosia creo