Actualmente, se conoce que la luz viaja a una velocidad de 299.792.458 metros por segundo, lo que también equivale a decir: unos 300.000 kilómetros por segundo, o 1.079 millones de kilómetros por hora.

La velocidad de la luz

Pero medir un período de tiempo tan breve, fue algo que no se logró sino hasta la modernidad. En la Antigüedad estaba admitido que la luz necesitaba cierto tiempo para ir de un punto al otro. Durante el siglo VXII se comprobó, no obstante, que la luz se propaga en el espacio de manera casi instantánea.

Newton y Huygens sabían que la luz tardaba cierto tiempo en propagarse, pero ninguno encontró la posibilidad de medir la velocidad de la luz.

La primera medida de esta clase fue realizada por el astrónomo danés Ole Römer (Roemer o Rømer), en 1676. Había observado los satélites de Júpiter para estudiar la manera en que se eclipsaban a intervalos regulares cada vez que pasaban por detrás del gigante planeta durante su movimiento orbital.

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Römer observó con sorpresa que los eclipses no se producían con una regularidad perfecta, sino que ocurrían un poco antes de la época lógicamente prevista, cuando Júpiter se encontraba cerca de la Tierra, y un poco más tarde cuando Júpiter se alejaba de nuestro planeta.

El astrónomo danés dedujo entonces que la luz se propaga quizás en un tiempo dado para efectuar la distancia Júpiter-Tierra. Partiendo de esa idea, calculó que la velocidad de la luz era de 309.000 km/s, cifra que superaba el valor que hoy conocemos tan sólo por unos 9.000 km.

En 1725, Bradley confirmó este resultado utilizando otro método. Hacia la mitad del siglo XIX, Fizeau y otros físico confirmaron y mejoraron las medidas de la velocidad de la luz efectuadas por Römer y Bradley, empleando métodos puramente experimentales.

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Cabe señalar, por último, que la velocidad de la luz es, naturalmente, una medida de tiempo para caracterizar el lapso que tarda en viajar la luz de un lugar a otro.

Sin embargo, del concepto de velocidad de la luz se desprende el de año luz. Los años luz son una medida de distancia astronómica, no de tiempo.

Por ejemplo, cuando se dice que la estrella más cercana al Sistema Solar, Próxima Centauri, se encuentra a 4,22 años luz significa que la luz que emite nuestra estrella vecina tarda 4,22 años terrestres en llegar a la Tierra y ser observada por nosotros.

Ese largo tiempo nos habla también de la increíble distancia en la que se debe encontrar dicha estrella: precisamente, unos 37.817.019.821.952 kilómetros.

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