Historia Argentina desde el 1800

aquí información sobre la historia argentina:

Primeros movimientos revolucionarios:

En octubre de 1807, Francia y España firman el Tratado de Fontaneblo, por el cual se disponen a invadir Portugal y dividirlo entre Napoleón, Maria Luisa y Godoy. Este Tratado tiene dos consecuencias directas que son fundamentales para el desarrollo posterior de la historia en América: por un lado, produce la huida de la corona portuguesa que va a ubicarse en Brasil; y, por el otro, produce la invasión de ejércitos franceses en España con la excusa de poder penetrar el territorio portugués.
En mayo de 1808 se produce el Motín de Aranjuez, que es un movimiento popular que, liderado por un grupo de nobles, exige a Carlos IV (rey de España) a abdicar en favor de Fernando VII (su hijo). Este Motín demuestra el inmenso desprecio que la población sentía por Carlos IV y su primer ministro, Godoy; pero, también demuestra como las esperanzas del pueblo descansaban sobre Fernando VII, el “rey deseado”.
En mayo del mismo año, Napoleón, en la denominada Farsa de Ballona, preocupado por el desprestigio de la monarquía española, obliga a Fernando VII a que devuelva la corona a su padre para que este, a su vez, la entregue a Napoleón que abdica en su hermano José.
El hecho de que las tropas francesas hayan estado ocupando el territorio español, sumado a que el nuevo rey de España era francés, motivan a que se produzca la “Guerra de Independencia Española”. La resistencia española se organizó de dos maneras: la primera, militar, teniendo importantes triunfos sobre los ejércitos napoleónicos, como la batalla de Baillen; pero también se organizó políticamente, en Juntas de Gobierno que representan un poder paralelo al reinado de José Bonaparte en diferentes puntos de España.
Estas Juntas, que van a ser el modelo de las que luego se van a crear en América, deciden que por razones prácticas es más conveniente tener una Junta Central, que se crea en Sevilla. Esta Junta considera a Fernando VII el rey legítimo.

Respecto a América, los tres hitos sucedidos (Tratado de Fontaneblo, Motín de Aranjuez y Farsa de Bayona), con la consecuente formación de Juntas de gobierno, producen una crisis de legitimidad.

La Junta de Sevilla, conciente de que el Virrey Liniers (que gobernaba el virreinato en 1808) no respondía a ninguna autoridad debido a la prisión de Fernando VII, decidió enviar delegados para que se la reconozca a ella como legitima sucesora del “rey deseado”.
Estos enviados, intentaron convencer a Liniers, quien se demoró en tomar una decisión. Esa demora generó diferentes levantamientos que representan las posturas que criollos y peninsulares sostenían indistintamente:
a) Francisco de Elio, desde Montevideo (que geográficamente era parte del Virreinato del Río de la Plata, cuya capital era Buenos Aires), decide organizar una Junta en nombre de Fernando VII, tal como se había hecho en España, desconociendo al virrey Liniers y a la Junta de Sevilla.
b) Martín de Alzaga, en lo que se conoce como la “Asonada del 1º de enero”, desde Buenos Aires, decide una conspiración para desplazar a Liniers. Ésta fracaso debido al apoyo de los regimientos, particularmente de los Patricios, que se había formado como consecuencia de las Invasiones Inglesas.

Estos levantamientos son interpretados de formas distintas según la historiografía que los analice. Ciertos autores consideran que representan los primeros pasos para el movimiento emancipador que comenzara a cobrar fuerza en mayo de 1810; para otros autores, en cambio, se trata de todo lo contrario, y son movimientos que pretenden asegurar el orden español frente a las dudosas actitudes de Liniers, que no que parecía querer reconocer a la Junta de Sevilla y que era de origen francés.

La crisis se ahonda aun más cuando a fines de 1809 los franceses lograron llegar a Sevilla, haciendo que la Junta tenga que disolverse para dar lugar a un nuevo órgano: el Consejo de Regencia, que se ubicó en la Isla de León.

Puntualmente en lo que se refiere a las relaciones entre peninsulares y criollos, resulta evidente que siguen actuando en conjunto. Lo que los distinguía no era el lugar de nacimiento, sino intereses más personales (por ejemplo, económicos, en contra del monopolio español y a favor del liberalismo ingles).
Desde que se produce la invasión napoleónica a España, surgen grupos de criollos y peninsulares que en conjunto están a favor de esperar al “rey deseado”, o bien, que en conjunto están a favor de aprovechar la ocasión para comenzar un movimiento emancipador.


La organización entre 1810 y 1816

Luego de los diferentes movimientos que surgieron en América a raíz de la prisión del rey Carlos IV y Fernando VII, la Junta Central de Sevilla se dio cuenta de que era necesario nombrar a un nuevo virrey que, al ser elegido por ella, iba necesariamente a tener legitimidad. Para este cargo, fue elegido Baltasar Cisneros, que llegó al Virreinato del Río de la Plata en junio de 1809.
Como una de sus principales medidas, conciente de los intereses económicos que se habían despertado a raíz de las invasiones inglesas y asesorado por Mariano Moreno, resolvió abrir el comercio en las Indias.
Cuando a fines de ese mismo año (1809) los franceses llegaron a Sevilla, la Junta Central se disolvió, creándose en su lugar el Consejo de Regencia en la Isla de León, que tenía como función, en la medida en que le fuera posible, mantener la independencia de España.

Pero con este nuevo órgano de gobierno, sucedió lo mismo que había sucedido con la Junta: nadie en América lo considera legítimo.
Cisneros, entonces, sintiendo que no representaba a nadie, ya que la Junta que lo había nombrado había sido disuelta, resolvió convocar una reunión de consulta a los Jefes de los Regimientos el 18 de mayo de 1810. De esa reunión surgió la idea de que el poder había retornado al pueblo. Debido a eso, se decidió la convocatoria para un Cabildo Abierto el 22 de mayo, donde se discutiría entre los vecinos si era conveniente o no reconocer al Consejo de Regencia, y si Cisneros debía continuar o cesar en su cargo. De esas discusiones surgieron tres posiciones:
a) el partido del Virrey: que sostenía que Cisneros debía seguir gobernando;
b) el partido del Cabildo, que consideraba que lo más lógico era que éste asumiera la representación de la soberanía;
c) el partido del Pueblo: que quería conformar una Junta de gobierno, eligiendo ellos mismos los representantes.
En ese 1º Cabildo Abierto se decidió el 24 de mayo la formación de una Junta de gobierno, tal como las que habían funcionado en España. Pero, en realidad no cambiaba el orden establecido, ya que el presidente de esa Junta seguía siendo Cisneros.
El Partido del Pueblo, no estaba de acuerdo con la decisión tomada, por lo que, liderados por French y Beruti, se movilizó hacia la actual Plaza de Mayo para quejarse de la situación. Frente a esta movilización, Cisneros renuncio. Nuevamente acéfalo el poder, se dio lugar a una nueva votación por la que se conformo una nueva Junta; esta, a diferencia de la anterior, si estaba conformada mayoritariamente por criollos, lo que introducía un importante cambio .

Formada al Junta, se resolvió el envió de delgados a las diferentes intendencias y provincias que componían el virreinato, para que estas aceptaran la nueva Junta de gobierno como representante legitimo, y, a su vez, para que enviaran diputados para integrarse a la misma.
En la mayoría de los lugares donde se enviaron a estos representantes, hubo conflictos. Asi, por ejemplo, la intendencia del Paraguay, que no acepto a la Junta, se independizo del virreinato para siempre.

Obviamente, alguno de los diputados si lograron incorporarse, ya sea por la fuerza o por propia voluntad. Asi, entre los nuevos y los viejos, se creo un nuevo órgano: la Junta Grande. Antes de que esta pueda realmente tomar el control, es importante señalar que existieron dos grandes posturas: por un lado, Saavedra, que consideraba que la Junta Grande era lo correcto, y que era mas legitima por contener a todo el virreinato; y, por el otro, Moreno, que consideraba que una Junta Grande enlentecería las decisiones, que Buenos Aires tenia históricamente la superioridad como para considerarse la “hermana mayor”, y que los nuevos diputados deberían incorporarse a un nuevo órgano mas de tipo legislativo que ejecutivo.
Pese a las discusiones, triunfo la postura saavedrista, y la Junta Grande gobernó. Dos fueron principalmente los problemas a los que tuvo que enfrentarse, por un lado, sus numerosos miembros realmente hacían que todas las decisiones tomadas fueran muy lentas y burocráticas, y, a su vez, la guerra que tuvo que enfrentar contra aquellos que no la había aceptado, le resulto complicada y en muchas ocasiones fue vencida.

Los meses pasaron, y estos dos problemas se fueron agravando día tras día.
En septiembre de 1811, cuando debían elegirse nuevos diputados, la Junta se decidió disolverse, y se formó en su lugar un nuevo gobierno: el Triunvirato, conformado por tres personas (Paso, Chiclana y Sarratea), y asistidos por tres secretarios (Rivadavia, Vicente López y Planes y José Pérez).
Este “Primer Triunvirato” se convirtió en “Segundo Triunvirato” a raíz de una revolución. En octubre de 1812, cuando había que votar para elegir un nuevo triunviro, se produjo el complot entre la Sociedad Patriótica (que representaba los mismos intereses que Mariano Moreno) y la Logia Lautaro (que se había formado a raíz de la llegada de Europa de ciertos personajes con ideas liberales, tales como Zapiola, San Martín y Alvear). La conspiración logro no solo que el Primer Triunvirato se disuelva, sino también que se conforme el Segundo (Álvarez Jonte, Paso y Nicolás Rodríguez Peña).
Este Segundo Triunvirato tenía dos objetivos definidos: declarar la independencia y firmar una Constitución. Para que estos se cumplieran, convocó a la Asamblea General Constituyente que se reunió en 1813. Allí, se hicieron importantes avances en dos direcciones:
1) medidas sociales (elimina el tormento y la tortura, extingue el Tribunal de la Inquisición),
2) símbolos patrios (acuña moneda, hace el himno y la escarapela, decide el 25 de mayo como fiesta patria).
Pero, sin embargo, no se lograron los dos objetivos para los que se había convocado, es decir, la independencia y la constitución.

Ese mismo año (1813), se juzgo conveniente cambiar nuevamente la forma en que se estaba administrando el poder ejecutivo, y se decidió la conformación del Director Supremo. El primero con el cargo fue Posadas, luego Alvear, a continuación Rondeau y finalmente Álvarez Thomas.
El hecho de que en menos de tres años haya habido un numero tan considerable de Directores Supremos, delata los serios inconvenientes que tenían tanto los criollos como los peninsulares entre si.
Sus inconvenientes, tenían raíces ya incluso antes de mayo de 1810. Existían dos posturas completamente opuestas: quienes querían la independencia y quienes no.
Estos conflictos convivieron había el 9 de julio de 1816, donde, si bien se presentaron distintas posturas, al menos, se resolvió que las Provincias Unidas del Sud eran independientes.

el congreso de tucuman y la declaracion de la independencia

El Congreso es convocado por Álvarez Thomas, en su calidad de Director Supremo. En él se reunieron representantes de todas las provincias, con la excepción de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y la Banda Oriental, que estaban bajo la influencia del caudillo Artigas.
“El Redactor” fue el diario oficial del Congreso, y en primer número aseguro que a pesar de las provincias disidentes, el mismo tenía carácter supremo, debido a que no correspondía esperar que todas las provincias estén de acuerdo, y bastaba con que sean la mayoría.

El Congreso se enfrentaba a un momento difícil para la revolución, y, por ende, para la Declaración de la Independencia. Esto se debía a:
1. que en Europa había comenzada “La Restauración”, es decir, que caído Napoleón Bonaparte (y con él, las influencias de la Revolución Francesa), en los diferentes países europeos que habían estado bajo su égida, se comenzó a volver al antiguo orden, con los antiguos monarcas que habían sido sacados del poder. En España, vuelve el “rey deseado”, Fernando VII.
2. que en América, la guerra contra los realistas se estaba perdiendo: por un lado, el ejercito del Norte estaba anarquizada, y, por el otro, el Alto Perú y Chile estaban dominados por los españoles.

La primera preocupación que el Congreso tuvo a nivel interno, fue la designación de un nuevo Director Supremo que fuera reconocido como autoridad para toda la futura Nación. Con ese fin, se eligió a Pueyrredón, un hombre que había transitado por el escenario político y que no era asociado a ninguna de las facciones que diferirían en el transcurso del Congreso.

Es importante recordar, la constante presión que San Martín intentaba ejercer sobre los diputados reunidos, a fin de que aceleren la declaración, debido a que la “campaña libertadora” ya esta siendo llevada a cabo.

El 9 de julio de 1816, finalmente, mientras el Congreso era presidido por Laprida, se afirmo:
“Declaramos solemnemente a la faz de la tierra que es voluntad unánime e indubitable de estas Provincias… …investirse del alto carácter de Nación Libre e Independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli”.
El 21 de julio, se agregó, debido al avance portugués bajo el comando de Lecor:
“y de toda otra dominación extranjera”.

Además de la Declaración de la Independencia, objetivo en el que todos estaban de acuerdo, se discute cual forma de gobierno iba a ser más adecuada para las Provincias Unidas del Sud. Las posturas eran:
1. cuicos, representada por Belgrano, que considera que los pueblos de América no podían ser gobernados sin un rey, y proponía que sea elegido para ese cargo algún descendiente de los Incas.
2. logistas, representada por San Martín, que proponía que se continué con la misma forma, es decir, que gobierne el Director Supremo.
3. republicanos, representado por Jaime Sudanés, que, obviamente, proponía que se establezca una Republica.


En cuanto a las relaciones con España, queda claro que ya para este entonces en el ánimo de casi todos los hombres del Plata estaba presente la idea de una separación definitiva de la metrópoli. Las causas que llevaron a este cambio de postura, que no era, tal vez, tan contundente en 1810, se relacionan directamente con los sucesos en España: al principio, el poder francés (y la consecuente idea de “el amo viejo o ninguno”); y, al regreso de Fernando VII, la poca habilidad de este personaje para adaptarse a los cambios que había acontecido a partir de la Revolución Francesa, es decir, su gran error político al intentar gobernar de forma absoluta.

La guerra por la independencia Americana

La guerra de independencia duro 14 años, durante 10 de ellos, la conducción correspondió a las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Los dos bandos que se enfrentaron (realistas, ya sea de origen español o americano, VS independentistas) tenían una concepción continental de la guerra, es decir, que o bien pretendían toda la América libre, o bien toda la América Hispánica.
Los centros de la revolución fueron el Río de la Plata y Venezuela (más tarde, con la figura de Bolívar, que es el encargado de independizar los países del Norte de América). El centro realista fue Lima, que se mantuvo en pie hasta 1824.
Es por esto, que todas las acciones de la guerra de independencia se resuman, desde el punto de vista americano, en luchas para consolidar esos centros revolucionarios y luego en una marcha desde el norte hacia el Perú para reducir el baluarte realista.

Para el Río de la Plata, en un primer momento, la situación con los países limítrofes era:
1. Chile se había adherido a la revolución, pero sería constantemente agredido por los realistas
2. Paraguay se había independizado del que había sido el Virreinato del Río de la Plata, pero no contaba ni con recursos ni con formas de contactarse con los realistas
3. el Alto Perú, por sus recursos y por la inmediación al virreinato del Perú, constituía el frente militar realista más importante
4. Montevideo era una seria amenaza por su proximidad a Buenos Aires y por la gran disponibilidad de fuerzas navales, de las que los revolucionarios carecían.

La guerra de independencia comenzó, en realidad en 1810, cuando personajes como Belgrano y Balcarce fueron enviados a las diferentes provincias e intendencias con el objetivo de formar lo que posteriormente se llamo como la “Junta Grande”. En este primer episodio de la guerra, el Río de la Plata no solo perdió el Paraguay, sino que confirmó a los realistas el poder sobre el Alto Perú.

Hacia 1814 apareció en escena un hombre que había llegado a Buenos Aires en 1812 y había sido encomendado, en ese momento, para formar un ejército de elite. Ese hombre fue San Martín, y con el cambiaron los planes y las estrategias de la guerra, que no parecían estar dando resultados y amenazaban la futura independencia.
Desde 1815, entonces, San Martín, se dedicó a armar un fuerte ejército en Cuyo, con el objeto de defender esa región de un ataque español desde Chile (que constantemente pasaba del apoyo a la revolución, a la caída en manos de los realistas), para luego pasar a la ofensiva.
El plan de San Martín, que en 1817 había terminado de preparar el Ejército de los Andes, consistía en alarmar a los españoles en Chile con ataques secundarios que los obligarían a dispersarse, mientras el grueso del ejército cruzaba los Andes. El plan funcionó: aunque los realistas eran mayores en número, se dispersaron y San Martín obtuvo un éxito rotundo.

Cuando terminó la campaña a Chile, en Buenos Aires, Pueyrredón (que era el Director Supremo), que había sido quien más había apoyado el plan de San Martín y quien con grandes esfuerzos lo había sostenido económicamente, decidió renunciar. Su renuncia se debió a dos principales razones: por un lado, la anarquía que ya en el territorio de la Argentina comenzaba a aflorar, y que estallaría en 1820; y, por el otro, que consideraba que dejaba el país ya independiente, y con la mitad del camino asegurado para avanzar hacia Perú.
Con la renuncia de Pueyrredón, los problemas en la Provincias Unidas, y en encuentro sostenido con Bolívar en Guayaquil, San Martín decidió retirarse.


La identidad nacional a fines del siglo XIX

Aunque el Litoral y el Interior eran realidades distintas ya desde las discusiones en torno a la emancipación en 1810, el impacto inmigratorio los diferenció una vez más: mientras en Buenos Aires y el Litoral la gente padece el impacto inmigratorio, en el Interior, ni las costumbres ni las creencias de los habitantes se ven alteradas.

Esta situación esta íntimamente relacionada con la discusión en boga alrededor de 1880: la identidad nacional.
La relación nace a raíz de que los “hombres del ´80”, cuyo principal objetivo es transformar la Argentina tradicional en Argentina moderna, introducen en pos de esa transición una serie de modificaciones en diferentes ámbitos:
a) en la economía, se daba un vuelco hacia el liberalismo;
b) las políticas estatales, se laicizaban cada vez más;
c) en lo social, se había optado por introducir cierta clase de extranjeros.
Esas modificaciones, que en el campo social involucran a la inmigración, no se dan en igual medida en Buenos Aires y sus alrededores que en el Interior del país, y eso produce, por ende, que la “modernización” del país no llegue al mismo tiempo a las dos regiones.

En Buenos Aires, centro de esa preocupación en torno a la identidad nacional, se cuestionaban el inmenso crecimiento poblacional: para 1853 la población en Argentina no llegaba al millón de habitantes, de los cuales solo 3200 eran extranjeros; en cambio, para 1910, la población había crecido a siete millones, y tres millones y medio de ellos eran extranjeros.
La población, por supuesto, estaba dividida en torno a los sentimientos e ideas que esa nueva realidad les despertaba: algunos consideraban que la influencia de los inmigrantes podía servir para el progreso y la evolución de la nación; otros, en cambio, pensaban que se trataba de la sustitución de la sociedad argentina.

En este último sector, llegaron a producirse reacciones anti-extranjeras, que criticaban sistemáticamente a los inmigrantes y manifestaban el temor de que los argentinos fueran desalojados de su patria por los extranjeros.

Este punto es importante para analizar las relaciones entre Argentina y España, porque de los tres millones y medio de extranjeros que habitaban Argentina para 1910, la mayoría era de españoles e italianos.

La Inmigración para la Generación del ´80

La generación del ´80 es fundamental para entender la transición que se produce entre la Argentina “tradicional” y la “moderna”. Estos hombres, que generalmente se identifican con las presidencias Mitre, Sarmiento y Avellaneda, y donde se destacan las acciones e ideas de hombres como Alberdi, introdujeron cambios en tres aspectos fundamentales:
1. la educación,
2. la inmigración,
3. la economía.

El caudal inmigratorio que llego a la Argentina fue tan notorio, que por más de setenta años el 70% de la población de Buenos Aires, y casi el 50% de la población de las demás provincias “fuertes” argentinas (como Córdoba y Santa Fe), era extranjero. De este dato cabe analizarse dos puntos:
1) como se consiguió que ingrese tanta población
2) si fue satisfactorio o no el resultado de la inmigración

Del primer punto, cabe destacarse para comenzar que, obviamente, tal cantidad de extranjeros no ingresaron a la Argentina por casualidad, sino que la inmigración fue buscada por los diferentes gobiernos de la generación del ´80.
Ya desde la constitución de 1853, a la que Buenos Aires se incorpora casi diez años más tarde, se puede leer en el Preámbulo:
“promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”.
Además, Alberdi afirmaba en sus obras:
“Gobernar es poblar, definir de otro modo el gobierno es desconocer la misión americana. Cualquiera que sea su Constitución no será por muchos años otra cosa que la Constitución de un desierto”.
Estos extractos demuestran como el fomento de la inmigración era un objetivo primordial para el gobierno argentino.

Las formas en que se buscó el ingreso de los extranjeros fue variada, cabe destacarse:
a) que ya desde el gobierno de Mitre, existían agentes en el exterior (sobre todo en los principales países de Europa) que funcionaban como “propaganda” para la Argentina, asegurando que en dicho país existían excelentes condiciones climáticas para la agricultura y la ganadería, etc.
b) la Ley de Inmigración y Colonización (de octubre de 1876), donde se creaba un Departamento General de Inmigración que tenia entre sus funciones ayudar a los inmigrantes a conseguir un trabajo y hogar.

En cuanto a los resultados de la inmigración, no fueron los esperados. Claramente habían entrado al país numerosos extranjeros, pero no de los países que se habían esperado. La inmigración argentina fue mayoritariamente española e italiana, pero los hombres como Sarmiento y Alberdi eran admiradores de las culturas inglesas, alemanas, etc. Para ellos eran esas culturas europeas las avanzadas, las que traerían la ciencia y la industria de los países “civilizados”, y no las culturas europeas que llegaron.

La idea de la inmigración tenía un doble objetivo: por un lado, poblar un país que estaba escasamente ocupado; y, por el otro, civilizarlo, a partir de los valores (sobre todo del trabajo) y de los avances tecnológicos que ya existían en Europa (Inglaterra, por ejemplo, estaba viviendo su primera revolución industrial).
Ni italianos ni españoles servían, según los hombres del ´80, para mejorar el país, y aunque se intento controlar a los inmigrantes que querían ingresar, fue imposible frenar el la llegada masiva de los mismos.


El centenario

Los años que anteceden al centenario son fundamentales para comprender la realidad que se vivía en Argentina para 1910.
La entrada masiva de los inmigrantes, y con ellos, de las ideas en boga en Europa por la “cuestión social” (es decir, el anarquismo y el socialismo), crearon un clima tenso en la sociedad. De ese clima surgió una ley que es fundamental: la “ley de residencia”, que autorizaba al poder ejecutivo a ordenar la salida del territorio nacional a todos los extranjeros que cometieran crímenes o delitos de derecho común, y a todos los que con su conducta comprometieran la seguridad nacional o perturbaran el orden publico.
Junto con esa ley, se decretaron los “estados de sitio”, que fueron la otra herramienta utilizada por el poder ejecutivo para intentar frenar la violencia que constantemente se desataba en las calles.

Los inmigrantes, pese a la situación de malestar, continuaban emigrando a la Argentina, forzados, principalmente, por la situación de Europa, pronta a la Primera Guerra Mundial.
Es asi como para 1910 no solo existían los inmigrantes que continuaban llegando masivamente, sino también los hijos nacidos en el país de los primeros inmigrantes. Estos últimos tenían entre veinte y treinta y cinco años, y aspiraban a la participación política y al ascenso social; muchos de ellos habían conseguido estudiar en la Universidad, y eran ingenieros, médicos o abogados.
La masa inmigratoria, con sus deseos de ascender, sumada a la actividad militante de sindicalistas anárquicos y socialistas, a la crítica de los intelectuales de la elite y a la crisis económica, crearon las tensiones que caracterizarían el principio de siglo.

Para 1910, la situación económica había cambiado, y Argentina se había convertido en el “granero del mundo”. Ese clima de aparente bienestar, produjo en el ánimo de los políticos la intención de organizar grandes festejos para el Centenario.
Se organizaron grandes desfiles y exposiciones, se invitaron a importantes personajes, como a la famosa bailarina Isadora Ducan, y se enviaron invitaciones a todos los reyes y gobernantes del mundo occidental.
El movimiento obrero, que seguía disconforme, considero que la ocasión era perfecta para dar a conocer la real situación de los habitantes del país. Asi, la FORA organizó una huelga general para la semana de mayo y realizó una manifestación que reunió a más de 70.000 personas frente a la penitenciaría de la calle Las Heras, donde se pidió la liberad de los presos sociales, como Simón Radowitzky.
El gobierno de Figueroa Alcorta decretó nuevamente el estado de sitio, y, posteriormente sancionó la Ley de Defensa social, por la que se limitaba seriamente la actividad sindical, prohibiendo el ingreso de extranjeros que hubieran sufrido condenas, y estableciendo que para realizar actos se debía solicitar permiso a la autoridad pertinente.
Pese a la dura represión, los fastuosos festejos del centenario se vieron afectados por numerosas huelgas y actos de sabotaje llevados adelante por los anarquistas.


Las relaciones entre Perón y Franco

Con la finalización de la Segunda Guerra Mundial y la derrota de los países del Eje, España se encontró aislada y rechazada por la Comunidad Internacional. El régimen del General Francisco Franco, quien accedió al gobierno tras una sangrienta guerra civil en la que contó con el apoyo de la Italia fascista y la Alemania Nazi, fue objeto de las críticas tanto de los países de Europa oriental como de los países de Europa occidental.

En estas difíciles circunstancias, el régimen español encontró en febrero de 1946 una fuente de esperanzas en el triunfo electoral del Coronel Juan Domingo Perón. El nuevo presidente argentino, según los informes de su embajador en Buenos Aires, el conde de Bulnes, se había mostrado siempre cercano a España y, además, estaba rodeado de consejeros cercanos que revelaban simpatía hacia su país, destacándose entre ellos, José M. Figuerola.
De hecho, desde su ascenso al gobierno y hasta 1949, Perón prestó importantes ayudas económicas y políticas a España. Las razones que se encuentran para justificar este apoyo son variadas, pero, generalmente, se señalan la presión de Estados Unidos (que limitaba el espacio de la política económica de la Argentina en la arena internacional en momentos en que los tradicionales lazos comerciales con Gran Bretaña se debilitaban seriamente), y la simpatía de Perón hacia un régimen fuerte y anti-comunista encabezado por un militar.

Ya en los sucesos que rodearon el ingreso de Perón a la Casa Rosada, a principios del mes de junio, saltó a la vista que el nuevo gobernante de la República pretendía hacer manifiesta su buena disposición hacia Madrid, prestándose especial atención a los representantes españoles en la ceremonia de jura. Franco había enviado para aquella ocasión una delegación especial encabezada por el Almirante Salvador Moreno Fernández, en el buque de guerra "Galicia", cuyos marineros participaron en el desfile militar luego de la ceremonia que tuvo lugar en el Palacio Presidencial.

No obstante, Perón no se conformó con meros gestos verbales. El 30 de octubre de 1946 ambos países firmaron el Convenio Comercial y de Pagos, cuya meta era asegurar el abastecimiento de cereales a España. Argentina se comprometió a vender a los españoles un mínimo de 400.000 toneladas de trigo en 1947, y 300.000 en 1948, y asimismo cubrir con sus ventas el 90% de las necesidades que España no pudiera satisfacer con su propia producción entre los años 1949- 1951. También se prometió la venta de cuantiosas cantidades de maíz, aceites comestibles y tortas oleaginosas. Por su parte, España se comprometió a enviar a cambio palanquilla, chapa negra, plomo, corcho, etc., y asimismo saldar las deudas que se habían acumulado a lo largo de 4 años como consecuencia de la concretización de acuerdos anteriores entre ambos países. En el marco del nuevo acuerdo, Argentina otorgó al régimen de Franco créditos en condiciones sumamente favorables.
Más allá de los acuerdos económicos, en diciembre, la Argentina salió en defensa de España en el curso de los debates de la ONU respecto a la "cuestión española", y, en enero de 1947, haciendo caso omiso de las recomendaciones de la Asamblea General de dicha organización, arribó a Madrid un nuevo embajador argentino, Pedro Radío, el cual fue recibido en España con gran entusiasmo. Otro de los sucesos destacables en la trama de las estrechas relaciones que se iban entretejiendo entre ambos países entre 1946 y 1949 fueron la visita a España de la esposa del Presidente argentino, Eva Duarte de Perón, en junio de 1947, y el Protocolo Franco-Perón de abril de 1948, firmado días después que el gobierno de Washington torpedeó una iniciativa del Congreso americano de incluir a España en el Plan Marshall. Con este Protocolo, el crédito acordado a España en convenios anteriores, que alcanzaba a 350 millones de pesos y que, estaba totalmente utilizado, se amplió a 1.750 millones de pesos. Las relaciones entre ambos países llegaron a uno de sus puntos culminantes durante la visita a Buenos Aires del Ministro de Asuntos Exteriores español, Alberto Martín Artajo, en octubre de ese año. Era ésta la primera visita de un Canciller español en América del Sur desde que las ex-colonias habían obtenido la independencia, y a su término, ambos estados firmaron cuatro acuerdos sobre inmigración, validez de títulos universitarios, servicio militar e intercambio de libros y publicaciones.

Esta colaboración con la España franquista requirió una constante justificación por parte del Presidente Perón y de los diversos voceros de su régimen, tanto en el frente externo como en el interno. El embajador español escribía a Madrid: “ni el intelectual, hecho a través de la influencia francesa, ni el profesional que amplió sus estudios en Norteamérica o París, ni el estanciero (rico propietario de abolengo español y principalmente vascongado, con largos años de residencia en París o Londres), ni el político radical (de la liga de los derechos del hombre) ni el conservador (aunque con raras excepciones), y mucho menos el socialista, comunista o demócrata progresista son hispanófilos".

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2 comentarios - Historia Argentina desde el 1800

@enzokpo2010 +1
eh buen post my friend te de dejo 10 para tu coleccion jajaj