River o Boca. Independiente o Racing. El fútbol es sinónimo de pasión y en ese mundo no hay lugar para los tibios. Amado por muchos, odiado por varios, Fernando Niembro aprendió a través de sus treinta y cinco años de experiencia como periodista deportivo a esquivar las balas –aunque alguna que otra haya pegado en su ego– y a ganarse la confianza de quienes mueven los hilos del deporte preferido de los argentinos. Confeso hincha de Nueva Chicago, el comentarista publicó su tercer libro, La última palabra, donde recopila y cuenta a su manera las más de cien entrevistas realizadas desde el programa de televisión de Fox Sports que dio nombre a la publicación. Nombres como Luciana Aymar, Fangio, Maradona y Gaudio desfilan entre sus páginas contando todo. Desde las frustraciones hasta los éxitos.

–El primer capítulo de su libro está dedicado a los miedos. ¿Usted tuvo que superar muchos para ocupar su lugar?

–Sigo teniendo miedo, eso nunca se va a ir. Soy un tipo muy responsable y a pesar de la experiencia que tenga trabajando, sé que puedo dar opiniones que pueden molestar, dar a conocer investigaciones y eso me obliga a tener el miedo como una alarma siempre encendida para saber que tengo que ser prudente.

–Más en un deporte que significa tanto para los argentinos…

–La gente cambia de religión, de mujer, de marido, pero nunca cambia de equipo de fútbol. El equipo es algo tan importante como cualquier órgano del cuerpo y hay muchos que han dado hasta la vida por él. Los deportistas también tienen miedos: a lesionarse, a tener un accidente, al fracaso, a no tener éxito, a que la carrera se acorte, a no gustar…

–Muchos periodistas deportivos rozan la obsecuencia con los futbolistas. ¿Cómo se hace para evitarlo?

–El periodista que no tiene por lo menos diez adversarios es porque nunca emitió una opinión. Lo que decimos puede no gustarles a todos y en el deporte si criticás a alguien te dan vuelta la cara. Estaría bueno que se dé el debate, pero en la Argentina no hay un lugar de discusión que nos permita ponernos de acuerdo sin enojarnos.

–¿Cree que esa intolerancia supera el ámbito del deporte?

–Totalmente. Si yo soy peronista, entonces soy amigo de los negros. Y si soy burgués, entonces le chupo la sangre al país. Todo es blanco o negro. Yo ya perdí la esperanza de que en el deporte haya tolerancia. Las generaciones más jóvenes llegan con los mismos vicios que tenían los de antes: hay que decirles que son los mejores, grandes estrellas…

– ¿Y qué sucede cuando se compara a grandes estrellas como Messi y Maradona?

–En un momento me pareció que estaba bien compararlos. Con los años me di cuenta de que no podemos hacerlo. La Argentina tiene cuatro ídolos: Di Stéfano, Sívori, Maradona y Messi. Mientras que Sívori, el mejor jugador de Europa en el ’57, jugaba en canchas sin césped, ropa incómoda y pelotas pesadas, hoy juegan con botines que son un guante hecho a medida, campos de juego sintéticos y ropa aerodinámica. Es muy injusto medir si uno es mejor que el otro porque las condiciones eran totalmente distintas.

–Fuera de las habilidades, se pueden comparar sus personalidades. ¿Cree que comparten el nivel de carisma?

–Maradona fue un gigante que le puso corazón como pocos y nunca puso una excusa. Jugaba con el tobillo inflamado como si fuera un pomelo y viajaba 10.000 kilómetros dos veces en cuatro días para jugar en la Selección. Messi gana 12 millones de dólares anuales en el Barcelona, el club que lo cuida, le paga y lo protege. Si viene acá a jugar por la Selección y se lesiona, es muy serio. No digo que no se entregue, pero Maradona no pensaba en eso.

–Además vienen de cunas distintas…

–Todas las personas son distintas. Maradona salió de la villa, le costó mucho jugar en Primera y cuando llegó, todavía vivía en la villa. Messi se fue a Barcelona y ahí lo criaron en un mundo ideal. Maradona es un rebelde: protesta, es líder, tiene exabruptos… Messi no se puede rebelar ante nada porque nació en una cuna de oro. Y eso se traduce en la cancha, aunque tienen gambetas parecidas y ambos tienen una innata habilidad para el fútbol.

CRÍTICAS. "El fútbol se emparejó para abajo". "Los mejores jugadores se van muy jóvenes". "La Argentina no respeta su historia". Las quejas de los hinchas se multiplican cada domingo. Para Niembro hay una manera de ver el vaso medio lleno. "El fútbol que se juega hoy es distinto. Antes no existía la investigación que hoy existe. Antes los equipos entrenaban tres veces por semana y hoy entrenan todos los días y los sistemas de entrenamiento físico son diferentes", asegura el periodista, quien afirma que, en lo táctico, antes había más espacio en la cancha porque los jugadores eran más lentos mientras que hoy el despliegue achica los espacios, "y eso le quita belleza".

–Entonces, ¿dónde está la belleza del fútbol?

–En la eficacia de un sistema táctico. El de ahora no es ni mejor ni peor fútbol, sólo es distinto y hay que estudiar para saber leerlo. Es muy bueno saber cómo neutralizar a un jugador sin pegarle una patada. Si estoy en el equipo contrario, no quiero que Messi me haga 4 goles.

–¿Por qué Messi todavía no explotó con la Selección como en el Barcelona?

–Porque en Sudamérica le ha costado mucho más. Él, en Europa, cuenta con la admiración de los propios y de los extraños. Los contrarios quedan admirados frente al juego de Messi, lo miran, lo siguen, falta que lo aplaudan y lo abracen cuando mete el gol. Esas cosas acá no pasan.

–¿El resto del mundo está celoso de Messi?

–Por supuesto. Los que más celosos están de Messi son los brasileños. Ellos no tienen una figura como él y las figuras nuevas que aparecen en Brasil no tienen el tamaño de Messi. Hoy, los brasileños están celosos del fútbol argentino.

–¿Está conforme con la creación de "Fútbol para todos"?

–Me hace feliz que el fútbol le llegue a la gente, lo que no me gusta es que nos cueste tanto a nosotros. Veo que hay vías alternativas, fórmulas de comercialización que permitirían al Estado ganar plata, tanto como el dinero que le paga el Estado a la AFA.

– ¿Le gustaría participar?

–No me lo han ofrecido y si me lo ofrecieran no sé si a esta altura de mi vida lo podría hacer. Ya bastante fútbol tengo en la semana con mis viajes y Fox Sports. Además, quien es el relator y el director general periodístico es mi socio, Marcelo Araujo.

–¿Qué siente por él?

–Es el hermano que nunca tuve y yo lo soy para él también. Andamos por la vida juntos desde hace mucho tiempo. Pero también lo critico. A veces exagera y dice muchas malas palabras. Yo se lo digo porque él es el director de nuestra escuela de periodismo deportivo. "Los pibes hablan así", me dice. Y tiene razón, lamentablemente…

EL PODER. Hace 32 años que Julio Grondona es el presidente de la Asociación de Fútbol Argentino. Y su gestión generó desde comparaciones con el personaje más famoso de Francis Ford Coppola ("El padrino", hasta halagos. El hombre más poderoso del fútbol argentino confía en Niembro y es uno de los pocos periodistas a los que concede entrevistas.

–¿Cree que Grondona es un buen dirigente?

–Lo mejor que hizo Grondona es haber generado un seleccionado de primer nivel. Messi es Messi gracias a Grondona. Él se avivó que había un chico que se llamaba Messi en las inferiores de Newell’s que había gustado al Barcelona. Messi pudo haberse puesto la camiseta de España, entonces Grondona lo advirtió y le dijo al técnico de las divisiones inferiores de la Argentina que lo convocase al sub 15 porque "nos lo roban los españoles". Grondona robó la joya de la corona y se la trajo a la Argentina e hizo que si un jugador luce la camiseta argentina, ésta valga un poco más.

–¿Qué le critica?

–En el fútbol local Grondona es muy especial. Tiene marchas y contramarchas. Hubo un accidente en la cancha de Nueva Chicago, nos descontaron 18 puntos y nos mandaron al descenso. River, Vélez, Boca, Independiente y Racing hacen los mismos líos, pero no los sancionan. Grondona sabe proteger al que tiene poder y no tiene la misma vara para medir a los clubes. Él hace que los clubes sobrevivan entregándoles dinero de la AFA y eso no es justo porque beneficia a quienes deberían ser castigados.

–¿Qué cambios necesita el fútbol?

–Una organización mucho más profesional. Hoy no vas a las canchas argentinas por la violencia, no hay comodidades, las entradas son caras, no hay estacionamiento, se pueden agarrar a tiros…, eso tiene que cambiar y Grondona es responsable de que no cambie. Tiene una estructura mental chapada a la antigua.

–Daniel Vila es el único que hasta ahora se lanzó a ocupar su lugar. ¿Ve posible que haya un recambio?

–No lo sé. Es un dirigente con muchas ansias, pero del interior. Y normalmente a la gente del interior le cuesta mucho más todo. Sé que está muy convencido de muchas cosas, pero va a tener que confrontar. Porque Grondona dijo: "A mí de la presidencia me van a sacar con los pies para adelante".


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